X-X-X-X-X: cambio de escena.
*w*w*w*w*w*: escena que transcurre al mismo tiempo en diferente lugar.
Transmisión restablecida.
987-Alfa estaba incrédulo ante las palabras de Uno: ¿Regresar a la tierra? Uno de sus mejores agentes le pedía tremenda barbaridad en el momento menos adecuado porque los necesitaba a todos para una misión especial, sobre todo a él.
—Al menos dame tus razones. —expresó el extraterrestre tratando de mantener la calma.
—Usted más que nadie sabe qué se siente abandonar un lugar en el cual no completaste tu objetivo. —dijo Uno.
987-Alfa fue otro gran amigo de Nigel, llegó a contarle misiones de su pasado, trabajos, incluso secretos que no le confió a nadie más. Por eso, el líder agachó la cabeza cuando entendió el trasfondo de las palabras de su compañero.
—Esto es por Padre, ¿verdad?
—Me estuve comunicando con mi antiguo equipo hace unos meses y, con mucha dificultad, lograron enviar una carta. Aquí está para que la lea.
987-Alfa agarró el papel que le dio su compañero y revisó el contenido.
Padre no se ha aparecido desde que tú te fuiste, pero no creemos que se haya retirado del crimen como están empezando a pensar otros sectores, incluyendo a la base lunar… quizás esté ideando un plan y sólo espera el momento preciso para llevarlo a cabo. Aunque solo son nuestras especulaciones.
O quizás se fue al Sindicato de los Simios Arcoíris para aprender a ser un peluchínapapachable.
Esa fue Tres, nos obligó a escribir eso. Lo sentimos, no pudimos borrarlo.
987-Alfa levantó una ceja por lo último que leyó, pero comprendió por qué era importante para Uno volver. Lanzó un suspiro.
—Escucha, sé que Padre es un peligro para tu planeta, sus actos perversos han llegado hasta nuestros oídos —esbozó una pequeña risa—, usamos su historia para asustar a ciertos agentes, a veces como broma y otras en serio; pero estoy seguro que la Tierra tiene buenos agentes, deja que ellos se encarguen. Aquí tu misión es crucial, por eso mantengo mi respuesta y no cambiaré de opinión.
—Comprendo 987-Alfa, lamento haber molestado —Uno agachó la cabeza al entender que sus pequeños intentos por regresar fueron un fracaso.
—Tranquilo, cómo negarle conversación a quien encontró una gran mina de cultivo de teserracto, con eso estamos un paso más cerca de cumplir con nuestro objetivo —elogió el líder supremo a su compañero. Éste solo dio media vuelta para retirarse, pero su superior le detuvo al llamarlo una vez más.
—Y otra cosa… he recibido informes de Padre también. No va a hacer nada, confía en mí. —987-alfa le mostró una sonrisa.
"No lo conocen como yo", pensó el muchacho para girar y sonreírle de igual manera a su jefe. Asintió con la cabeza y después se marchó.
Inmediatamente el rostro amable de 987-alfa desapareció, se recostó en el espaldar de su silla y se llevó las manos a su cabeza. Por un lado se sentía mal al haber negado la petición de uno de sus más confiables, trabajadores y leales agentes; pero no podía permitirle irse así nada más. Habían avanzado tanto en el proyecto y gran parte de eso era por él. Aunque lo comprendía más de lo que éste llegara a imaginarse, al aceptar el puesto de líder supremo tuvo que dejar atrás muchas cosas: sueños inconclusos, amistades perdidas, amores nunca desarrollados; pero comprendió que los sacrificios valían la pena, ya que lo hizo por el bien de los niños de toda la galaxia. Esperaba que Uno algún día pudiera entenderlo también; por eso no se arrepentía de su decisión. Solo anhelaba que el humano no cometiera alguna clase de locura. La regla de la decomisión no había hecho una excepción con este operativo, ni siquiera por el hecho de que ya no viviera en la Tierra. Así que su borrado de memoria seria al cumplir los trece, y ya le faltaba un año para eso, algo absurdo en su opinión, pero era una ley que Nigel tenía que acatar. Uno estaba consciente de que a los trece seria dado de baja, otra razón más por la que el líder supremo se sentía triste. Por eso, él solicitó un permiso para que número Uno formara parte del escuadrón especial de agentes dobles que hay en la Tierra. Sería una sorpresa que estaba deseoso de dársela.
—Tranquilo número Uno, que este no será tu último año. —habló para sí mismo con una sonrisa en el rostro.
X-X-X-X-X
Días, semanas, meses, pasaban rápido sin que él pudiera retenerlos; era costumbre que desaprovechara las muchas oportunidades que la vida le brindaba… días en que no decía una palabra… semanas donde ganaba la cobardía y después abundaba la amargura… meses sin resultados positivos, porque en el preciso momento que agarraba valor para expresar sus sentimientos, su cerebro se rehusaba a dejarlos salir. Pero ya se estaba hartando, no quería esperar más. Sabía que Kuki tenía paciencia, pero no le duraría para siempre. Llegaría el día en que otro chico más guapo e inteligente se le adelantaría y la perdería ante sus propios ojos. Por eso Cuatro se había resuelto a confesar sus sentimientos a su amiga y amor secreto por años. Era hoy o nunca, nada lo iba a detener. Aunque no se iría sin algún consejo primero, por eso fue con su mejor amigo por ayuda. No es que Dos fuera un experto en el amor, pero era el único que sabía su secreto, y estaba un paso adelantado ya que él tenía una relación estable. Los dos se encontraban en la habitación de Hoagie, éste sentado en la orilla de la cama con Wally al frente sentado en una silla.
—Recuerda, lo que más le gusta a Tres es la sinceridad, así que no salgas con otra mentira. —dijo Dos apuntándole con el dedo a Cuatro.
—Aun así tengo miedo… ¿y si me rechaza?
—Cuatro, por favor, lo de ustedes se veía venir y todo el mundo lo sabe. No te dejes llevar por el miedo, verás que todo va a salir bien.
El güero agachó la mirada. "Miedo", eso era lo que sentía en este momento. No estaba del todo convencido de lo que haría, y lo que menos deseaba era arruinar su amistad. Pero, por otro lado, anhelaba saber qué sentía ella por él. Anhelaba ser más que su amigo, anhelaba estar al lado de la niña que le robó el corazón. Aunque confesarse es cosa de valientes, eso le consta. Alzó la mirada para hacerle una última consulta a su amigo.
— ¿Y tú cómo se lo dijiste?
Esa pregunta agarró desprevenido al regordete, pensó por unos instantes hasta darse cuenta a dónde Cuatro quería llegar— ¿Qué cosa? —intentó hacerse el que no sabía con la esperanza de que el otro dejara el tema.
—Pues a Cinco. —No fue así—, ¿cómo le confesaste tus sentimientos?
¿Cómo? Recordó que la manera como le dijo fue muy rápida, algo brusca. Eso no fue una confesión. Según las novelas que veía su abuela a las ocho de la noche, eso no fue una confesión; solo interrumpió las palabras de Cinco porque en ese momento no quería escucharlas. El resto de cosas pasaron sin pensar, sin planear. No podía sugerirle a Cuatro hacer lo mismo, no era su estilo y tampoco se imaginaba a Kuki en el papel de Abby. Eso no era para ellos.
—Créeme, no te vendría bien hacer lo mismo que yo.
El casi eterno minuto que Cuatro esperó hasta que Dos se dignara a hablar no valió la pena por su respuesta. Su semblante cambió de uno de súplica a uno de decepción en cuestión de segundos. Sentía que su compañero le ocultaba algo, pero solo era una sensación. Al parecer la confesión dependería de él por completo. Eso no era buena señal. —Lo que pasa es que no quieres decírmelo—, Dos lanzó un suspiro por el reproche de su amigo, éste no podía comprender lo complicadas que eran esas cosas. Cuatro puso a trabajar su mente para recordar ese detalle que le daba vueltas en la cabeza desde que su amigo inició esa relación. Era el hecho de que él nunca había comentado que le gustara Cinco, estaba seguro que era otra persona. Cuando se acordó de quién, le mostró una sonrisa acusadora a su compañero.
— ¿No se supone que a ti gustaba 86? ¿Desde cuándo cambiaste de opinión?
Dos levantó ambas cejas y su boca se abrió por el asombro ante la inesperada pregunta. Luego miró por todos lados cómo si dentro del cuarto hallaría la respuesta mientras jugueteaba con sus dedos. Cuatro empezó a reír por su manera de actuar. —Ya párale, carnal —el Güero reía más— ¿Qué nunca escuchaste la frase "pasado pisado"? —le gritó exaltado.
—Bueno, bueno —se calmó un poco—. No te esponjes —dejó de reír—, por lo menos las cosas marchan bien entre los dos.
Hoagie, quien hasta ese momento mostraba una expresión de molestia, cambió su semblante por uno de suma tristeza. Eso no era normal.
— ¿Verdad? —preguntó Cuatro con preocupación por el repentino vuelco de emociones de su compañero— ¿Las cosas están bien entre los dos?
—Por supuesto —mintió Dos—, no te preocupes por eso. Deberías mejor pensar en que el tiempo se acaba para ti. Así que anda, creo que es el momento perfecto para que le digas a Tres lo que sientes —levantó su pulgar y le mostró una leve sonrisa.
—Tienes razón —Cuatro asintió con la cabeza— ¡Es ahora o nunca!
El Güero se levantó de la silla con la frente en alto y su puño en el aire, dispuesto a ir en ese instante donde sea que estuviera Tres a confesarle lo que sentía. Salió corriendo de la habitación de Dos para encontrarla. Mientras corría pensaba en lo ocurrido hace unos instantes en el dormitorio, pero no podía hacer nada ya que el otro muchacho no quería hablar del tema, por eso no insistió en quedarse. Además, ahora lo más importante era hablar con Kuki. Fue a su habitación…pero no había nadie dentro. —Ha de estar en la sala—. Se dirigió al lugar, pero tampoco estaba allí. Después de unos minutos regresó al cuarto de Dos, lo encontró llorando.
— ¿Dos has visto a…? ¿Acaso estás llorando?
— ¡Ay! ¿Qué? ¿Qué? Yo…es que es un libro muy conmovedor —bufó el regordete mientras sostenía un texto. Cuatro lo cogió, leyó el título y le dirigió una mirada de sorpresa al muchacho.
— ¿La boda de los simios arcoíris?
— ¡Fue la boda más hermosa! —De su rostro brotaban más lágrimas.
— ¡¿Esta Tres aquí o no?!
—Cuatro, estuviste aquí hace diez minutos, ¡es obvio que no está! —El rubio abandonó de inmediato la habitación, Dos respiró aliviado—. Por poco me descubre—, se secó las pocas lágrimas que le quedaban.
Por si acaso, Wally fue a su propia habitación pero sin resultados, Tres tampoco estaba ahí. Fue al baño, el balcón, la cocina, ¿dónde rayos se encontraba la asiática? Cinco, recostada en el sofá de su alcoba, leía una revista y comía chocolates cuando de repente Cuatro entró a la habitación sin siquiera tocar la puerta. — ¡Kuki! —Cuatro exclamó con fuerza provocando que Cinco gritara del susto.
— ¿Cuatro? ¡Casi me matas de un infarto!
—Lo siento, pero no veo a Kuki, ¿sabes dónde está?
—No puedo creer que te hayas olvidado —comentó la chica mientras se llevaba la mano a la cabeza.
— ¿Olvidar qué cosa? ¡¿Por qué siempre olvido todo?! —gritó al final Wally y levantó los brazos de manera dramática.
Abby rodó los ojos, se levantó del sofá y le extendió un anuncio acerca de la inauguración de una nueva tienda de batidos.
— ¿Qué onda con eso?
—Ayer preguntaste quién quería acompañarte a probar esos batidos.
—Ya…
—Y una niña se ofreció a hacerlo.
—Ya…
—Quedaron en verse a las 10:30 de la mañana, ¿has visto qué hora es?
Poco a poco recordaba esa conversación y quién aceptó ir con él. Fue Kuki. Rogaba que solo hayan pasado unos diez minutos, pero cuando vio el reloj de su muñeca era ya tarde.
— ¡11:45! —acto seguido salió disparado hacia a la tienda, que estaba a cuatro calles de la casa del árbol.
—Kuki, número Cinco nunca entenderá qué le viste a ese güero —expresó la morena, mientras negaba con la cabeza y lanzaba una risa.
Cuatro corría lo más rápido que sus piernas le permitían (con tantos vehículos que lo podían ayudar decidió correr). Al llegar buscó con la mirada algún rastro de la niña, pero al recorrer toda la tienda solo encontró globos y serpentinas; sonaban aplausos y había mucha gente; no obstante, la persona que quería no se encontraba allí, al parecer se la había tragado la tierra.
Ella llegó temprano, supuso que él vendría diez o veinte minutos tarde, quizás hasta media hora. Pero al parecer la dejó plantada, pues había pasado más de una hora. No es que eso fuera una cita, solo que su mente lo imaginó así por unos instantes, más las cosas no salieron como esperaba. Se quedó en el lugar para disfrutar del espectáculo, hasta le regalaron un llavero de los simios arcoíris. Si él hubiera estado allí, habría expresado su odio y desagrado ante estas criaturas. Sonrió al pensar en el muchacho. Siempre era lo mismo, sin saber cómo, todo lo que él hiciera le causaba felicidad. Apoyó los codos sobre la mesa y suspiró, quizás ella sea feliz al verlo pero parecía que en él es todo lo contrario. No la consideraba lo más importante; ni siquiera fue a la inauguración. Claro que Kuki no era impulsiva, ni buscaría esto como una razón para dejar de hablarle de por vida. Iría a la casa del árbol a preguntarle qué pasó. Le escucharía, comprendería y al final le perdonaría. Porque así era ella. No podía resentirse con sus amigos, mucho menos con él. Lo quería demasiado, quizás más de lo que éste imaginaba. Se dispuso a ir directo a su hogar a aclarar las cosas, aunque tal vez le daría un par de golpes por no presentarse, simplemente lo dejaría pasar y ellos seguirían como siempre. A veces ella deseaba que fueran algo más, así como Dos y Cinco, pero sabía que no debía presionarlo. Tal vez un día él le dijera lo que quería oír. Solo que su mente se había creado la ilusión de que sería hoy; pero se equivocó, tendría que esperar más.
Tres se levantó de su silla y fue a la puerta de salida. En ese momento Cuatro la vio, solo que un obstáculo se le interponía: la multitud, quienes aplaudían con emoción al último supuesto cantante del escenario. Intentó atravesarlos pero eran demasiados. Entre empujones, algunos gritos y golpes, logró llegar a la salida, pero Kuki ya se había ido. Pateó una roca que estaba en su camino, frustrado ya que desperdició otra oportunidad, y esta era peor porque era muy probable que ella estuviera enojada con su persona. Se dirigió cabizbajo hacia la casa, durante todo el camino pensaba en qué le hubiera dicho al alcanzarla. Más adelante, ella caminaba a paso lento y con desgano por la acera, pensando en que hubiera pasado si él llegaba. Para ninguno de los se cumplió lo que deseaban; parecía que todo estaba perdido.
Kuki detuvo un momento su caminar, miró al cielo y respiró profundo. Wally seguía con la cabeza agachada, pero la alzó por un segundo. Era como si el destino le diera una segunda oportunidad, ya que ella estaba frente a sus ojos. Sonrió en gran manera y apresuró su paso para alcanzarla. Pero ella decidió continuar con su regreso. Él no permitiría que se le escapara de las manos de nuevo, así que corrió a su encuentro y gritó su nombre para captar su atención.
Al voltear ella quedó pasmada, ¿qué hacía allí?, ¿cómo llegó?, ¿significa que sí fue?, ¿por qué no se acercó? Esas interrogantes pasaban por su cabeza. Tenía sentimientos encontrados. Por un lado, alegría al saber que no la olvidó; por otro, intriga ya que no fue a la hora acordada, era como si alguien se lo recordó y recién en ese momento apareció. De todos modos le mostró una dulce sonrisa, mientras el viento soplaba algunos mechones de cabello contra su cara. Lo esperó porque quería escuchar su explicación. Él apresuró su corrida. Sabía por su expresión que ella se sentía incómoda. Al llegar habló de inmediato para explicarse.
—Kuki…lo siento…no creas que lo olvidé, porque no fue así…bueno, no del todo… ¿a quién quiero engañar? ¡Sí lo olvidé! Pero lo hice por ti…estaba pensando…bueno me demoré porque estaba ensayando… algo así…he querido decirte algo desde hace mucho tiempo y…es que no es fácil decirlo…es algo que siento por…
—Wally —le interrumpió—. Sólo quiero saber por qué llegaste tarde. Te estuve esperando mucho.
Cuatro también notó que el semblante de su amiga era de cansancio y tristeza, esto lo hizo sentir más culpable de lo que ya estaba. Lanzó un suspiro de pena.
—Lo sé…lo siento mucho. Es solo que...
Ella posó su mano en el hombro del chico.
—Yo te comprendo, quizás estabas haciendo algo más importante.
— ¡Sí! Espera ¡No! Kuki, no es eso. Lo que pasa es...
— ¿Podemos ir a casa, número Cuatro?
En definitiva la muchacha estaba incómoda, no sólo eso, dolida también. Ella no usaba su número en esa clase de conversaciones, solo en las misiones. El chico debía actuar pronto u otra de sus muchas oportunidades se iría al caño, pues la niña empezó a caminar de nuevo para seguir su rumbo ¿Otra vez la dejaría ir? No, no lo volvería a permitir. Corrió de nuevo hacia donde estaba Kuki, le agarró la mano, la volteó, se empinó lo más alto que pudo y unió sus labios a los de la niña dándole el beso que tanto anhelaba. Ella tardó un segundo en reaccionar, pero cerró los ojos y cedió. En ese instante el resto del mundo se detenía para los dos. Todo parecía un sueño, pero era la realidad. Eso lo hacía más mágico, más dulce, más duradero. Mariposas revoloteaban por el estómago de ambos. Fue el beso más puro y tierno que hayan recibido alguna vez (la verdad era el primero). Al separarse, los dos estaban abrazados y se miraban directo a los ojos.
—Sé que quieres golpearme y lo acepto. La razón por la que me demoré fue que practicaba cómo decirte que tú... —Tres lo escuchaba con atención, eso lo puso más nervioso. Dio unos pasos hacia atrás soltándose, la asiática lo observó extrañada y un poco decepcionada. Después de uno cuantos segundos de incertidumbre decidió ignorar sus temores, agarró aire y continuó hablando. —Desde que te conocí, levantaste un nuevo sentimiento en mí. A veces no sé qué es, pero sé que es algo diferente. Kuki, tú me gustas mucho. No tienes idea cuánto. Te quiero bastante y me preguntaba si también me quieres de esa manera.
Tres lo miraba con una expresión seria como si pensara qué responderle. Al güero no le gustaba la incertidumbre de la situación, pero por la demora supuso que la respuesta era negativa, así que empezó a sentirse desilusionado, mas todo eso acabó cuando Kuki le brindó una de las sonrisas que tanto le encantaban. —Wally, gracias por expresarme tus sentimientos—. Se le acercó para abrazarlo y susurrarle en el oído—. Yo también te quiero mucho, porque también me gustas—. Después de decir eso se separó de él. Cuatro sintió como si le dieran un shock eléctrico, se le puso la piel de gallina, y quedó pálido y estático. Kuki se sorprendió por su reacción, chasqueó los dedos frente a sus ojos para despertarlo, pero no lo logró. Ella frunció el ceño y le dio una bofetada para sacarlo del trance. Eso funcionó.
— ¿Eso significa…que… tú…sientes lo mismo por mí? —Tres asintió con la cabeza—, ¿E-e-entonces…tú y yo…deberíamos ser...?
—Así parece, Güero.
Cuatro quedó con la jeta abierta, Kuki rió y le dio un beso en la mejilla. Siguió caminando, cuando de repente escuchó unos gritos.
— ¡Ya tengo novia! ¡Y es Kuki Sanban! —La muchacha se sonrojó, tomó a Cuatro del brazo, que seguía gritando, y se lo llevó de vuelta a la casa del árbol. Los dos estaban muy contentos, ya querían ver la cara del resto cuando se enteraran de la noticia.
Pero al entrar vieron algo que les sorprendió: Cinco le dio una cachetada a Dos. La bofetada sin embargo no era como a las que ellos estaban acostumbrados a ver, porque ella estaba muy molesta después de hacerlo.
—Si nunca me quisiste, ¿por qué diablos estuviste todo este tiempo conmigo?
Con eso se marchó, Dos agachó la cabeza. Tres y Cuatro no sabían qué hacer. De inmediato se acercaron a su amigo.
— ¿Estás bien, Hoagie? —inquirió Tres preocupada.
— ¿Qué pasó? —añadió Cuatro.
—Hice lo que tenía que hacer—suspiró luego de decir eso.
Tres y Cuatro se miraron entre sí ¿Qué quiso decir con esas palabras?
—Tienes razón —Cuatro asintió con la cabeza— ¡Es ahora o nunca!
El Güero salió corriendo de la habitación de Dos para encontrarla.
Hoagie mantuvo su pulgar levantado por unos pocos segundos. Mientras bajaba la mano sentía como sus ánimos decaían más y más. Le daba vueltas a la pregunta que le hizo Wally: "Por lo menos las cosas marchan bien entre los dos, ¿verdad?"
—No, Cuatro, las cosas no están nada bien.
Hoagie estaba agradecido por estar al lado de la persona que más quería, hacía lo que fuera para que ella sonriera y se sintiera cómoda siendo su novia. Era algo incomparable apreciar esa nueva experiencia, siempre la disfrutaba porque aprendía algo nuevo, conocía más a su chica y la quería mucho; pero él siempre tuvo una duda que en vez de disminuir se incrementaba a paso rápido, y aunque siempre huyó de eso algún día debía de enfrentarlo. Tenía que aceptar que Abby no sentía lo mismo por él, que no lo quería como él deseaba o ella pensaba.
La primera cita fue estupenda para ambos. Habían sido amigos por mucho tiempo, así que no fue difícil encontrar tema de conversación. Eso pasó, hablaron como los amigos que eran sin dificultad. Una gran cita. En la segunda, Dos escogió el lugar, fueron a un restaurante de comida rápida. En la tercera, era turno de complacer a su chica como todo buen novio haría. Fueron al "Castillo de dulce", un lugar que estaba completamente construido con dulces. Azúcar, más alguien que amaba los dulces, más esa persona con dolor de estómago, era igual a su chica tendida en sus brazos. Aunque después Cinco le vomitó en la camisa, fue otra de las tantas citas estupendas que tuvieron. Sin embargo, en todas había un detalle que no era del agrado de Dos. Una foto, el retrato era de Uno y Cinco cuando eran pequeños. Abby la llevaba a cualquier parte, la mostraba más que el montón de fotos que se tomaba con su novio. Esa foto desglosaba varias preguntas: "¿Cómo estará Uno? ¿Se acordará de nosotros? ¿Cómo será la vida allá? Espero que Uno esté bien. Ojalá pueda enviarle una carta. ¿Seguirá vivo?". Quizás ella no lo notaba, pero parecía que le importaba más su amigo del espacio que la pareja que tenía a su lado. O al menos así lo percibía Dos. Además, ella empezó a posponer citas por el intenso trabajo que le mandaban. A Hoagie no le molestaba, solo que a veces le sugería que no se estresara mucho y se divirtiera con él, pero la respuesta que le daba no era para nada de su agrado. "Dos, tengo muchas cosas importantes que hacer como para relajarme. Cuando Uno las hacía no te molestaba." Uno, Uno, Uno, Uno. Siempre que tenía la oportunidad de nombrarlo lo hacía. Ese número era como una clase de maldición para Dos. Por más que intentó negarlo, huir de la realidad, tenía que admitirlo: Abby estaba enamorada de Nigel, no de él. Se podía decir que hasta lo amaba. Tanto como él a ella, pero no le correspondía. Nunca lo hizo. Dos sabía que si seguían juntos solo se lastimarían, más de lo que ya estaban. El pensar en eso provocó que involuntariamente llorara. No quería hacerlo, pero era incontrolable.
Después de unos minutos, Cuatro regresó al cuarto de Dos y lo encontró llorando.
— ¿Dos has visto a…? ¿Acaso estás llorando?
— ¡Ay! ¿Qué? ¿Qué? Yo…es que es un libro muy conmovedor —bufó el regordete mientras sostenía un texto. Cuatro lo cogió, leyó el título y le dirigió una mirada de sorpresa al muchacho.
— ¿La boda de los simios arcoíris?
— ¡Fue la boda más hermosa! —De su rostro brotaban más lágrimas.
— ¡¿Esta Tres aquí o no?!
—Cuatro, estuviste aquí hace diez minutos, ¡es obvio que no está! —El rubio abandonó de inmediato la habitación, Dos respiró aliviado— Por poco me descubre— se secó las pocas lágrimas que le quedaban.
Era momento de que Dos enfrentara sus dudas y aclarara las cosas. Así nada saliera como él desearía. Tenía que saber si Abby le correspondía o amaba a Nigel. Salió de su habitación para correr directo al cuarto de Cinco. Pero a mitad de camino se tropezó con la muchacha.
—Oh, lo siento —expresó Hoagie.
—Tranquilo, te estaba buscando. Voy a ver televisión, ¿vienes?
—Ah... bueno... es que... yo...
Cinco tomó eso como un sí y fue a la sala. Dos le siguió, aunque su corazón se aceleraba con cada paso que daba. Al llegar se sentó al lado de su chica, quien estaba aburrida observando los malos programas que había en el televisor. Cambiaba los canales sin propósito alguno. Dos la observó y lanzó un suspiro por los nervios. Colocó su brazo estirado en el borde del sofá. Cinco pensó que lo hacía para ella así que se recostó en él. Para Hoagie eso fue una grata sorpresa, que lo hacía dudar si debía enfrentar el tema. Si pasaba, su relación acabaría de inmediato. Él no quería eso, pensó que mejor conversarían en otro momento, pero como siempre el televisor hizo de su conciencia. Un canal decía: "Si realmente la amas, debes dejarla ir". Otro canal: "Ella no te pertenece, no le hagas más daño". Otro más: "No puedo seguir mintiendo, nuestro amor ya se acabó". Y la gota que derramó el vaso: "Y aléjate de mí amor, yo sé que aun estas a tiempo, no soy quien en verdad parezco y perdón, no soy quién crees, yo no caí del cielo…"
—Oh, esa canción es bonita —dijo Cinco mientras movía su cabeza al ritmo de la música, luego miró a Hoagie con una sonrisa—. Algún día quedarás como él —rió un poco, pero Dos no estaba de buenas.
— ¿Sabes qué? —le quitó el control del televisor y lo apagó—. Tenemos que hablar.
—Bueno, ¿qué pasa? —Abby se acomodó en el sofá y le miró con una expresión seria. Eso lo puso más nervioso.
—Pues…es que…lo que pasa es… que no me gusta la monotonía.
— ¡Ah! —Un pequeño silencio—, ¿y?
—Pues…sabes, he escuchado de relaciones que luego se transforman en… rutina.
— ¿Y tu punto es...? —Cinco cruzó los brazos y alzó la ceja, no entendía por qué Dos actuaba tan extraño. Eso le provocó más nervios.
—Bueno, eso pasa cuando no hay buena comunicación, y…lo que quiero decir es...
—Dos, ve al grano, ¿quieres?
Hoagie tragó saliva antes de continuar. Agachó la cabeza, pero la levantó enseguida.
—Abby… ¿Tú me amas?
Soltó las palabras de manera tan inesperada, sin pensar, que Abby no tuvo tiempo de procesar rápido cuál era su intención al preguntarle eso. Ahora fue el turno de ella de ponerse nerviosa porque no supo qué responder.
—Claro...por eso estoy contigo.
—Entonces dime "Hoagie, te amo".
—Pero si tú ya lo sabes, lo he dicho antes.
—Pues no te molestara decirlo ahora.
— ¿Por qué tanta insistencia en el asunto?
— ¿Por qué no quieres decirlo? Quizás porque no lo sientes.
— ¡¿Qué?! Dos, yo te quiero mucho.
—Pero no me amas. Tú amas...tú amas a Nigel.
Esa afirmación le cayó como balde de agua fría a la chica. Estaba atónita ¿Cómo podía su propio novio desconfiar de ella?
—No pude cumplir mi parte —añadió Dos—, no pude hacer que te olvides de él. No paras de hablar de número Uno.
—Hoagie, yo hablo de Uno porque lo extraño… no porque me guste.
—Pero a ti te gusta… ¡Solo dímelo!
— ¡No tengo nada que decirte!
Sin darse cuenta se habían alzado la voz y peleaban como si fueran esposos. Ambos se miraron por un rato con el ceño fruncido, mas fue Dos el primero en calmarse, quizás debía dejar las cosas así, pero no quería, ya era hora de saber la verdad.
—No me mientas —habló como si susurrara, pero había dolor en su voz.
— ¿Cómo dices? ¡¿Crees que soy mentirosa?! —Eso exaltó más a Cinco.
—Ibas a confesármelo antes de que yo te diga lo que sentía, solo que aquella vez no quise escucharlo…yo te obligué a amarme, ¡reconócelo!
—Dudas de lo que siento por ti y tras eso me gritas. Hablaremos cuando estés más calmado.
Ella se levantó del sofá dispuesta a irse a otro lado. Tenía que calmarse para asimilar todo lo que ocurría. Trató de buscarle una explicación lógica a la situación. Mientras caminaba escuchó las últimas palabras de Dos que la dejaron helada.
—Yo ya no te amo —El chico lo dijo muy alto para que lograra oírlo, mientras se levantaba del sofá.
No iba a dejar las cosas así, ya no quería sufrir más. Estaba consciente de que para Cinco, siempre será el "número dos" en su corazón pues alguien ya le ganó el primer puesto. Por eso lo mejor era que todo acabara en ese momento. Abby se dio vuelta para mirarlo, tenía la boca y los ojos muy abiertos. Él mostraba un semblante sereno con los brazos cruzados, aunque por dentro estaba destrozado. Ella se acercó al sofá.
—Dos, yo sí te amo.
—No te engañes, sabes que no es cierto. Debemos darnos un tiempo, no creo que la solución sea seguir juntos, no te obligaré más a estar conmigo…puedes seguir pensando en Nigel, no me molestaré, seguiremos como amigos… solo quiero que seas feliz.
¿Pensar en Nigel? ¿Ser amigos? ¿Que sea feliz? Abby estaba hasta la coronilla por todas las acusaciones que su novio le daba. Se supone que debía confiar en ella, se supone que él estaría para hacerla feliz. De repente venía y le decía que dejaran las cosas así como si nada y que siguiera siendo feliz. Se acercó a él, pero no con el afán de dejarle la cara desfigurada, suficiente con una bofetada... y eso fue lo que hizo.
Wally y Kuki al entrar vieron algo que les sorprendió: Cinco le dio una cachetada a Dos. La bofetada, sin embargo, no era como a la que ellos estaban acostumbrados a ver, porque ella estaba muy molesta después de hacerlo.
—Lo siento, chicos, no quiero hablar ahora.
Dos dejó también la habitación. Tres quería acercarse para consolarlo, pero Cuatro tomó su mano y negó con la cabeza dando a entender que lo mejor era dejarlos solos. Quizás después se calmaran las cosas. Una mezcla de sentimientos se apoderó de la casa del árbol ese día, una nueva relación comenzó y otra terminó, y durante un largo tiempo nadie habló del tema.
X-X-X-X-X
Un año transcurrió desde que Tres y Cuatro se hicieron novios. Había pasado también bastante tiempo desde el último ataque, la última aparición de Padre, mas ahora era momento de saber dónde había estado todos esos años, que había estado haciendo, porque en todo ese tiempo no se encontró descansando, sino todo lo contrario: tenía algo nuevo entre manos tal y como el sector V siempre sospechó. Podría pasar desapercibido un poco más, pero sabía que ese período era especial, su momento de gloria para anunciar su aplastante regreso. —Este ataque a los Chicos del barrio será más sencillo, y no necesitaré de mi Padre para realizarlo. —alzó la mirada enfrentando el techo de la mansión desolada donde habitaba, levantó su dedo índice—. Ahí lo tienes zopenco, podré dominar al mundo ¡sin tu ayuda! —rió en forma frenética para después callarse de golpe.
Su venganza estaba a poco de llevarse a cabo. Si logró "encantar" a un sector entero de agentes una primera vez, podría hacerlo una segunda. Más ahora que "misteriosamente" desaparecieron sus niños de La Otra Cuadra. Lo curioso fue que la última persona que luchó con ellos fue número Uno. Se agregaba a la lista otra de las tantas razones para odiar a ese niño que destruyó el cumpleaños de sus "hijos", los aniquiló para no volver a verlos, acabando así con su mejor experimento, y lo más imperdonable… se llevó su pipa. ¡Nadie robaba su pipa! Los chicos del barrio la pagarían muy caro, sobre todo el sector V. Mostró en el escritorio unos planos de una incubadora de enorme tamaño, suficiente para que cupieran allí un grupo de humano. Dejó de leer el rollo para observar, mediante un televisor, que fuera de su oficina estaba construido uno de esos artefactos. Sonrió de lado y habló para sí mismo. —Ustedes me quitaron algo valioso, ahora será mi turno. Aniquilaré todos sus recuerdos, borraré sus memorias para siempre, por fin estarán bajo mi merced. Gracias al teserracto, eliminaré a los Chicos del barrio. ¡Intento número quince, aquí vamos!
Activó los altavoces para llamar a los heladeros de fuera de su salón y avisarles que comenzaran con la prueba. Uno de sus empleados ingresó con el temor de que ésta vez perdiera su memoria de por vida, pero debía seguir las órdenes por las buenas o sería torturado si lo hacía por las malas. Cualquier acto lo llevaría a lo mismo. Padre se acomodó en su sillón para contemplar el espectáculo. Los heladeros activaron la incubadora una vez que su colega estuvo dentro. Se vio una luz parpadeante mientras se escuchaba el grito desgarrador de la víctima. El villano solo sonreía, pensaba que esta vez había progreso, tal como supuso: "¡La quinceava es la vencida!..." o no. Las paredes de vidrio del artefacto comenzaron a temblar, la computadora encendió una alerta de peligro, los heladeros nerviosos presionaban botones para resolver el problema, pero no fue así. La incubadora explotó. Los secuaces quedaron chamuscados y despeinados. El espectro se levantó de su silla furioso, gruñó con fuerza y lanzó todos los planos que estaban en su escritorio. Ese plan iba de mal en peor y ya se estaba cansando.
— ¡Es como encontrar una aguja en un pajar! No entiendo por qué sigo con esto, a la antigua las cosas salían mejor. —pateó las hojas que habían caído en el suelo, pero al observar con atención se percató de una anotación que hizo en los papeles hace tiempo. Era una ecuación de cosmología física, usada en la teoría de la expansión del universo.
Expansión. Con esa palabra un nuevo plan comenzó a surgir en su cabeza, abrió un cajón de su escritorio y sacó un pequeño artefacto que construyó para depositar un chip.
— ¡Cómo nunca antes se me ocurrió! Implantaré este dispositivo en un rayo decomisionador y así lograré borrar sus memorias de mejor modo, será como una nube que ellos no podrán controlar. —empezó a reír de manera malévola.
— ¡No! ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? ¡No te alejes del plan! ¡Debes hacer tal y como yo te dije! —pronunció una voz al fondo de la habitación. Padre puso ojos aburridones y lanzó un suspiro.
— ¡Otra vez tú! Mira, yo no soy tu esclavo, puedo dominar el mundo como a mí me plazca ¡No como tú me lo ordenes! Eres más odioso que mi padre.
— ¿Siempre lo tienes que nombrar? Yo ya lo superé.
—Pero en tu caso han pasado años.
—Con más razón debes cifrar tu confianza en mí. El día se acerca, Padre. Yo ya había avanzado más cuando estaba en este tiempo, así que mejor te apresuras. Vendré al medio día.
Después de decir eso unos destellos de lo que parecía un portal desaparecieron junto al sujeto del otro lado. —Solo estás celoso porque ¡se me ocurrió una mejor idea! —gritó Padre a la pared, con su dispositivo en mano. En eso se percató de una luz parpadeante de donde se abrió el portal.
—Parece que alguien no aseguró la puerta con llave, ¿por qué quiere que haga las cosas a su manera? Tengo que saber la razón.
Padre metió la mano en la luz, ésta se incrementó a tal punto que toda la habitación quedó en blanco. Era tan brillante que cualquiera podía perder la visión. Al pasar un minuto, uno de los heladeros abrió la puerta.
—Padre, pondremos el modelo 16 en marcha, pero necesito los pla... —detuvo su habla al notar que adentro no había ni un alma. Nadie lo vio salir del lugar, ¿cómo desapareció? ¿A dónde había ido?
Transmisión interrumpida.
Subí hoy porque de ley que no iba a poder el viernes, así que este fic será de miércoles a miércoles ;v
¿Review? :3
