X-X-X-X-X: cambio de escena.
*w*w*w*w*w*: escena que transcurre al mismo tiempo en diferente lugar.
Transmisión restablecida.
Todos los días observaba aquella foto, era inevitable que se le formara una sonrisa cada vez que la veía y que su mente se llenara de recuerdos sobre su equipo y, en especial, de ella. La misma imagen que le había regalado era la que él sostenía en esos momentos. Aunque una razón por la que número Uno quería volver a la Tierra era para saldar cuentas con Padre, había otra que le resultaba importante y era que anhelaba verla otra vez, decirle lo que nunca antes pudo. Se recostó con desgano en el espaldar de la silla donde se encontraba, lanzó un suspiro y se llevó una mano en la frente mientras que con la otra arrugó un poco la fotografía. Al recordar su próxima decomisión se sintió frustrado porque pensaba que había sido inútil todo el esfuerzo que implicó haberse alejado de su familia y amigos para efectuar ese cometido en el espacio. Aunque escuchó rumores de que probablemente su borrado de memoria no sucedería, el resto de su equipo no corría con la misma suerte; por eso tenía que verlos, saber cómo estaban, hablar con ellos otra vez. Su petición de volver fue rechazada, pero eso no significaba necesariamente que había desechado la idea de viajar a su planeta. Se incorporó de golpe en el asiento al ocurrírsele un plan, encontraría otro método para retornar a su antiguo hogar, así fuera en contra de las leyes establecidas. Meditó un poco sobre lo que se le vino a la mente pero ese deseo no abandonaba su cabeza.
De pronto arrugó los ojos debido a una intensa luz que alumbraba el fondo de su habitación, levantó una ceja porque sabía que nadie lo acompañaba ahí dentro. Con sigilo sacó su arma del bolsillo y caminó disimuladamente hacia la lucecita parpadeante que se incrementaba más y más. Cuando llegó, logró divisar una sombra que emergía de la iluminación y saltaba directo a él. Rápidamente le lanzó un proyectil antes de que la silueta tocara el suelo, haciéndole perder el equilibrio y quedando Nigel encima del asaltante con el arma apuntando a su cabeza. Hubo un poco de forcejeo, pero el oponente no pudo vencerle.
—¿Quién eres, chamaco, y qué haces en mi habitación?
—¡Numero Uno, no ha pasado mucho tiempo y ya no me reconoces! —expresó con algo de dificultad el intruso. Uno frunció el ceño y despacio alejó su arma de la cabeza del otro; esa voz gangosa la reconocería en cualquier parte. De un salto se quitó de encima para que el otro muchacho pudiera levantarse y así confirmar sus sospechas: 74.239. Se quedó de pie, sorprendido de ver otra vez al que lo había enviado a un mar de nostalgia, melancolía y hasta casi depresión. El científico sacudía el polvo de su bata con tranquilidad, para después decir.
—No te quedes ahí parado, debes venir conmigo de inmediato para la otra misión que se te ha asignado. Ahora toma mi mano y no la sueltes—. Nigel levantó una ceja y le miró con desconfianza por su último comentario. El dientón rápidamente bajó su extremidad y carraspeó— ¡No vayas a pensar mal! ¡Vámonos ya!
—¿Y ahora a dónde me llevarás? ¿A otra dimensión? —replicó con recelo el niño. Antes de que su acompañante pudiera contradecirle, apareció otra voz en la habitación.
—Confía en nosotros, número Uno, necesitamos tu ayuda.
Cuando el inglés volteó su cabeza, abrió los ojos al descubrir quién era la otra persona. Portaba un smoking negro con corbata y unas gafas cubrían sus ojos. Nigel contuvo el aliento mientras miraba al científico y al moreno de traje, negó con la cabeza y miró hacia la puerta de la habitación. Los dos niños le agarraron las manos antes de que escapara y los tres desaparecieron en el interior de la luz; sin que nadie supiera lo que había ocurrido.
X-X-X-X-X
En la casa del árbol los miembros del sector V estaban en el sillón que quedaba frente a la plataforma donde su líder les estaba dando indicaciones de que pronto llegaría una patrulla del Escuadrón de Decomisión para llenar unos datos sobre su última misión y asegurarse que la futura adolescente no tuviera algún indicio de querer huir o traicionar a la organización. Procedimiento de rutina que se hacía con todos los agentes que estuvieran a punto de cumplir trece años; en el caso de Cinco faltaban tres días. El resto del equipo estaba cabizbajo, habían sufrido una pérdida y ahora pasarían por otra. Tres apretó un poco la mano de su novio; él le dedicó una pequeña caricia; Dos alzó la vista hacia la morena quien al percibir su mirada giró a los ojos a otra parte, suspiró pero se atrevió a comentar una idea que tenía en mente.
—Oigan, no creo que esto deba ser pura tristeza, si nos quedan tres días hay que aprovecharlos al máximo, pronto nosotros también seremos decomisionados así que pasemos el mayor tiempo posible juntos —expresó un poco rápido y con algo de timidez. Cuatro apoyó su plan.
—Tienes razón, gordo, si nos van a decomisionar debemos pasar momentos inolvidables.
—Opino igual, ¿qué crees tú? —le preguntó Tres a Cinco quien mantenía los brazos cruzados y el semblante serio desde que Dos habló. Sus amigos la miraron con algo de temor por su reacción pero ella de inmediato les mostró una sonrisa—. Chicos, si no fuera por ustedes yo nunca hubiera cumplido con mi papel. Gracias por ser un gran equipo y grandes amigos. —Los muchachos le sonreían bastante y asentían con la cabeza—. Pero basta de charlas aburridas —indicó Cinco—, ¿quieren ir al parque de diversiones?—. Todos la apoyaron con euforia y se levantaron; los cuatro niños fueron hacia la puerta dispuestos a salir a relajarse un rato, mas en la entrada recién aterrizaba la nave de la patrulla de decomisión, comandada por 86 junto a otros dos agentes. Sus sonrisas lentamente se borraron y los cuatro lanzaron un suspiro—. Primero, debemos atenderla—, dijo la morena con un tono de aburrimiento. Todos la apoyaron, esta vez con desgano, y regresaron adentro.
Los operativos husmeaban hasta en el último rincón de la casa, tomando notas meticulosas de todo, mirando con suspicacia al sector V para averiguar incluso el color de sus calcetines. Dos y Cuatro los observaban con desconfianza, Tres solo los ignoraba ya que estaba escogiendo qué simio llevar al parque. 86 le estaba haciendo unas preguntas a Cinco y le entregó su reporte de la misión. Abby estaba un poco nerviosa, pronto todos los recuerdos de su niñez serían suprimidos de su memoria para siempre. Antes opinaba que era lo justo porque se hacía por el bien de la organización, pero ahora que era su turno, no se sentía completamente segura si era lo correcto. Miró a su acompañante con sorpresa, puesto que acordó que ella igualmente estaba próxima a su treceavo cumpleaños. Fanny le vio de reojo pero seguía leyendo el reporte.
—No estás equivocada, tienes el privilegio de ser mi última decomisión porque en un mes me voy yo también.
—¿Y no te duele dejar todo esto? ¿Cómo puedes actuar como si nada va a pasar?
Pese a aquel comentario la pelirroja seguía mostrándose serena, como si no sintiera nostalgia o tristeza al respecto; detuvo su lectura para alzar su vista al infinito.
—Sé que es duro, pero aquí es donde se demuestra si eres buen agente. Pensar en ti, en tus amigos, en tus aventuras o mantenerte leal a la organización que te dio todo y aceptar lo que te piden. —Observó a la morena—. Hay que ser fuertes y claro que me duele mucho; por eso fui de las mejores, porque esto no se repetirá.
Las últimas palabras que mencionó impresionaron a Cinco. Tenía razón, lo que habían vivido no se repetiría, asintió con la cabeza y sonrió. En ese momento notó los ojos vidriosos de la pelirroja y se dio cuenta del sufrimiento que llevaba en su interior; quizás podía aparentar que no le afectaba, ambas sabían disimular que no les lastimaba, pero eso no quitaba el hecho de que fuera doloroso. Abby colocó su mano en el hombro de la muchacha.
—Número Cinco espera que cuando seamos adolescentes nos llevemos mejor.
—Sí, claro. La única que seguirá viendo lo bello del mundo será Tres. —Señaló a la susodicha—. Probablemente tú te conviertas en ninjadolescente y sería terrible si yo fuera tu mano derecha. —Abby rodó los ojos y sacó su mano del hombro; por esa y más razones ellas nunca fueron muy unidas. Finalmente el escuadrón había terminado su revisión.
—Muy bien, el área está limpia. Nos vemos en tres días —indicó 86 a los otros agentes; antes de retirarse, la pelirroja sacó un sobre de su bolsillo. — ¡Número Dos! —gritó tan fuerte sin notar que el pobre muchacho se encontraba a su lado.
— ¿Qué pasa? —replicó el niño sobándose el oído.
—Este… pues… ¡toma! —Le aventó el sobre en la cara—. De parte de número 68.
— ¿Y quién rayos es número 68?
— ¡Yo cómo voy a saberlo! ¡Solo léela!
Dos observaba con sospecha entre la carta y a la pelirroja quien se sentía un poco nerviosa y agachó la mirada. Ella suspiró fuerte y avisó a sus colegas que era momento de marcharse dejando al regordete con la curiosidad por saber quién era dicho agente. Ni sus amigos conocían su identidad. Hoagie optó por dejar para después el asunto, guardó la carta en su bolsillo.
Los planes de ir al parque no se habían desvanecido, pero antes, Cinco fue a su habitación a guardar la carpeta del reporte. El castaño la siguió con los ojos; a veces sentía que la decisión que tomó no fue la correcta. Aunque la chica se había resuelto a hacer borrón y cuenta nueva como si nada hubiera sucedido entre los dos, para él le era muy difícil olvidarlo. Verla todos los días provocaba un golpe nuevo a esa herida abierta y fingir que todo marchaba bien lo hacía más dificultoso. Pudo soportarlo por ese año, pero la decomisión de Abby estaba tocando sus puertas y Dos quedó con ese mal sabor de haberla "desechado" de su corazón, debía al menos disculparse, o mejor aún, saber la verdad. Una parte de él seguía creyendo que quizás no era el "número dos", que todo fue un error. Inmediatamente fue a la habitación de ella y entró para conversar. Cinco volteó al percibir que había alguien atrás suyo, cuando lo miró, mostró seriedad.
—Quiero hablar contigo.
—¿De qué? Nosotros ya no tenemos nada que decir.
—Mira, seré franco contigo porque quiero que lo sepas antes de que te olvides de mí. Tú aún me gustas, pero lo hice por ti. —Cerró los ojos y se encogió un poco por temor a que le golpeara. Cuando se incorporó solo notó que ella le veía extrañada.
— ¿A qué te refieres? ¿Todo este tiempo fue un malentendido?
—No, en realidad sí termine contigo. Es solo… el asunto es que…
— ¿Sabes algo? No sirves para este tipo de conversaciones. Déjalo ahí. —La morena estuvo dispuesta a irse pero Hoagie le agarró la mano, obligándola a verlo de nuevo, él no pensaba dejar ese asunto a medias.
—No soy para ti porque te gusta Nigel.
—¿Sigues con lo mismo? Estábamos mejor antes de que vengas.
—Solo reconócelo y moriré tranquilo. Bueno, estoy exagerando, era para poner algo de drama. Escucha, quiero disculparme por entrometerme en tu confusión amorosa, pero te pido que me digas la verdad, solo así sabré si tomé la decisión correcta —expresó Dos con mucha seguridad.
—Hoagie yo…
—Somos amigos, ¿no? Se supone que me tienes la confianza suficiente para contarme algo así. Estuviste a punto de decirme, solo debes repetirlo.
Cinco agachó la cabeza, se percató que en todo ese tiempo no se habían soltado la mano; cerró los ojos y arrugó el ceño. Aunque ambos se llevaron bien después de lo que pasó siempre hubo ese pequeño disgusto. Ella sabía que si seguía evadiendo el tema jamás le sacaría eso de la cabeza y al menos, por esos últimos días, no quería que su amistad se volviera incómoda. Alzó la mirada y suspiró. —Solo un poco, más ahora que no está. —Sentía mucha vergüenza después de habérselo dicho, deseaba encontrar una cueva solitaria para esconderse.
—¿Ves lo sencillo que es? —Sonrió el castaño—. Eso me hace sentir más aliviado ya que sé que tú no me amas como yo quisiera, sino a alguien que está en otra galaxia—. Con cada palabra expresada arrugaba más las cejas. —Viéndolo desde ese punto, no sé en qué parte está el alivio. —Encogió los hombros.
—Fui una pésima novia y ahora soy una pésima amiga. —Colocó la mano que tenía libre en su cabeza.
—No te sientas mal. Soy de hierro, resistiré —comentó Dos golpeándose el pecho con su puño.
—Ni siquiera merezco que me hables.
—Gracias por pensar así. Pero yo quise acabar con eso por nuestro bien. Quizás cuando tengamos cincuenta años estemos casados; o te cases con Nigel; o quedes viuda con treinta gatos en un asilo, ¿quién sabe? Tenemos una vida por delante y esta no será nuestra última relación; tú eres una chica muy bonita, encontrarás al indicado. Y yo estaré ahí para apoyarte.
Aunque no fuera su intención, Cinco sentía cada palabra como un punzón a su pecho. Le dolía haberse engañado a sí misma, haberlo ilusionado a él y que todo haya salido de mala manera; aunque ahora estaba agradecida porque él encontró una pequeña solución al asunto.
—Hoagie, en serio lo siento.
—No tienes por qué disculparte. Una cosa si te digo: tendré muchos amores platónicos como tu hermana, Shakira, o la vecina de la calle doce; pero tú eres y serás el mejor de todos.
La morena tenía las mejillas ruborizadas y sonrió de manera tímida.
—Yo no fui suficiente para ti, y eres lindo también, creo encontrarás a la indicada antes que número Cinco lo haga.
Ambos sonrieron y se miraron por unos segundos; él entrelazó sus dedos a los de ella, quien seguía sonrojada. La muchacha lo vio con ternura y se le acercó un poco, "al menos un último, como despedida", pensó y se aproximó a sus labios, Dos colocó una mano en su hombro; no le permitiría besarlo porque eso haría más difícil su proceso de olvidarla. Comprendiéndolo, le dio un fuerte abrazo del cual él correspondió. Cinco tenía los ojos cerrados, pero empezó a sentir una fuerte iluminación golpeando su rostro; al abrirlos divisó una luz en el fondo de su habitación.
—¿Qué es eso?
—Es mi corazón que late con fuerza —expresó el castaño fuera de sí.
—No tú. —Se separaron—. Eso.
—¿Y si es un fantasma? Nos cortará las cabezas y luego pondrá nuestros cuerpos en exhibición en la tienda de zombies que comen niños.
—Sea lo que sea, número Cinco va a inspeccionar. —Caminó hacia el rincón de su cuarto.
— ¡No me dejes! —Corrió a seguirla.
Cuando llegaron, notaron que una manta cubría la luz. Abby se agachó a recoger el trapo y observar que debajo había una roca, Dos suspiró aliviado. Pero la piedra no dejaba de parpadear, Cinco iba a agarrarla, mas al simple tacto de su mano con el objeto la luz comenzó a brillar con más potencia. Ambos dieron unos pasos hacia atrás, y en el momento menos esperado, de la luz apareció un enorme agujero acompañado de una fuerte ráfaga que empezaba a tragar todo. Los dos lucharon contra la corriente, pero era tan fuerte que estaba tragándose a la morena. Antes de ser arrastrada por completo al interior del hoyo, el regordete la tomó de la mano para sacarla con toda sus fuerzas y que él tampoco cayera.
—¡Vamos, trata de subirte!
—¿Qué crees que estoy haciendo?
En la sala Tres aun no decidía cuál de sus juguetes llevar a pasear, consultaba con su novio de vez en cuando. Ninguno de los dos había percibido o escuchado algo. Cuatro recostó su cabeza en el sofá y llevó las manos a su cara por centésima vez, ya se estaba cansando de las sugerencias de Kuki de cargar también un simio arcoíris. Suspiró un poco y solo se dedicó a observarla; se alegraba al saber que ya eran lo que él siempre había soñado y nada podía arruinar esa fantasía que se volvió realidad. En un descuido, se acercó a ella y le brindó un beso en la mejilla. La asiática se sonrojó y le sonrió.
—Te propongo algo —habló Wally—, hoy no llevaré uno de tus muñecos, pero la próxima semana veremos la película de los Simios Arcoíris en 3D.
—¿Harás eso por mí? —exclamó la niña con emoción.
—Así llore sangre —respondió su compañero. Ella le regaló un fuerte abrazo; después al rubio se le ocurrió otra idea.
—Además, como has sido muy atenta conmigo, te dedicaré un poema. —Se levantó del sofá para quedar frente a la muchacha.
— ¿Un poema? Pero ya lo has intentado otras veces y no te ha salido tan bien que digamos.
—Pues esta vez sí funcionará. —Cogió una gran bocanada de aire para hablar, pero en ese instante Dos comenzó a vociferarles con desesperación. Cuatro frunció el entrecejo, suspiró y decidió continuar con su labor. Tres volteó la cabeza, preocupada, y señaló hacia donde provenían los sonidos, su novio le hizo señas de que los ignorara y le prestara atención.
—Cuando las nubes… —empezó a recitar.
—¡Por favor, vengan rápido! —pero Hoagie no detenía sus griteríos.
—…con sabor a algodón de azúcar… —seguía con su cometido.
—¡Me duele mi bracito! —expresaba el castaño con consternación.
—…aparecen en mis pensamientos… —su tono de voz era de molestia.
—¡Ya no aguanto, por favor, ayúdenme!
—…sé que eres tú la que estás… —gruñó entre dientes la última frase e hizo sus manos como puños.
—¡Wally, Kuki, auxilio! —suplicó con más fuerza.
—¡¿Qué ocurre, panzón?! —gritó con histeria al otro muchacho.
—¡Cinco está siendo absorbida por un enorme agujero que apareció de la nada y no puedo sostenerla más!
—¡Pues que la absorban más tarde! —replicó con impaciencia pero de inmediato se dio cuenta de la gravedad del asunto. Los dos fueron a la habitación donde se encontraban sus compañeros luchando por sus vidas contra el hoyo.
—¡A la hora que llegan! —exclamó Cinco muy irritada.
En cuestión de segundos, los tres empezaron a jalar con fuerza a la morena y estaba funcionando. Pero dentro de la brecha apareció una mano grande que encerró a los niños al interior. Forcejearon un poco más, aunque fue inútil, porque la mano atrajo consigo a los cuatro agentes haciéndolos caer a un abismo. Cinco fue la primera en descender al suelo, se levantó muy adolorida, colocó una mano en su cuello y revisó que no tuviera alguna herida. Sin previo aviso, Dos le cayó encima tirándola otra vez al piso. Después aterrizó Cuatro sobre los dos y al último Tres. Los chicos miraban a su alrededor aquel misterioso lugar, un poco mareados y desorbitados.
—¡Quítense de encima, pero ya! —exclamó su líder no aguantando más el peso de sus compañeros. Los niños se levantaron rápidamente. Se encontraban en un salón poco iluminado y polvoso, paredes apolilladas; todo brindaba al lugar cierto aire tétrico. Ellos solo observaban a su alrededor con algo de temor.
—Quizás esto sea un sueño —habló Cuatro.
—¿Y todos estamos soñando lo mismo? —bufó Dos.
Cuatro chasqueó los dedos.
—¡Exacto! —Asentía con la cabeza. Las niñas se miraron entre sí con ojos aburridones.
—Tranquilos, están en buenas manos —dijo una voz misteriosa. Todos miraron a los lados pero no veían a nadie.
—¿Quién eres? —inquirió Abby.
—No se molesten, no necesito presentarme. —De la oscuridad apareció 74.239, el científico de cabello naranja y enorme dientes; ellos se sorprendieron en gran manera al reconocerlo.
—¡Qué ternura que me recuerden! —Expresó con sarcasmo el muchacho—, porque yo no los extrañé, pero los necesitamos.
—¿Y para qué? —indagó Dos.
Otra voz habló. El mismo moreno de smoking y gafas negras que caminaba hacia ellos para descifrar su identidad.
—Para una nueva misión, diferente a cualquiera que hayan tenido. Y no tenemos mucho tiempo para llevarla a cabo.
—Buen chiste —dijo 74.239 mientras reía a carcajadas. Su colega no opinó nada.
—¡Número Infinito! —habló Cinco. De inmediato, los niños hicieron el saludo militar, el moreno inclinó la cabeza en muestra de agradecimiento.
—Entonces… nos tragaron de un agujero solo para avisarnos sobre una misión. ¿No pudieron simplemente llamar? —replicó el Güero.
—Como dije, esto es diferente. La salvación de todos los Chicos del Barrio depende de ustedes.
—Pero, ¿por qué? Todo estaba bien —comentó Tres.
—Bien dicho, número Tres, estaba —añadió 74.239, resaltando la última palabra—, pero su deber es salvarnos de las garras de… —Hizo una pausa dramática; los chicos esperaron su respuesta con curiosidad pero él seguía callado con el dedo índice arriba.
—¡¿De quién?! —preguntó Dos desesperado.
Los dos agentes giraron su cabeza para darle paso a un tercer miembro.
—De nosotros mismos. Nosotros causamos el problema y nuestra misión es acabar con esto.
De todos los asombros que obtuvieron, esa fue el más inesperado. La voz se le asemejaba bastante, quizás se estaban confundiendo debido a que no lo escuchaban hace tiempo. Cuando el extraño se aproximó a la claridad, ellos quedaron atónitos, impactados, con la boca abierta. Era él. Al que no habían visto hace ya años, al que creyeron no regresaría más, estaba ahí de pie, hablándoles acerca de una misión. Ese niño calvo con camisa roja, su antiguo líder y gran amigo: Nigel Uno.
Transmisión interrumpida.
Viajes en el tiempo señores, Oh yeah Bv (?)
¿Review? :3
