He estado subiendo este fic sin leer nada D: Si encuentran algún error de trama, incluso de ortografía, les recuerdo que estos capítulos los tengo escrito desde los 16 años (y yo era bien mensa en aquel entonces xddd). Por alguna razón no quiero corregirlo, los que leen se darán cuenta que la trama y escritura van a ir madurando poco a poco hasta llegar al nivel que escribo ahora. No sé... quiero dejar plasmada esa evolución aquí (o tal vez escribo igualito y no he mejorado nada :'v)


X-X-X-X-X: Cambio de escena

*w*w*w*w*w*: Escena transcurrida al mismo tiempo en diferente lugar.


Transmisión restablecida.

Los agentes mantenían su sorpresa al ver a su antiguo líder, Número Uno, frente suyo, sin encontrar las palabras adecuadas que decirle, simplemente se congelaron ante su presencia. El inglés decidió seguir con la información.

—Sé que es una sorpresa verme, pero esto es algo urgente. La organización está colgando de una cuerda floja, incluyendo a GKND.

Esperó respuesta de sus amigos, mas seguían estáticos, con la misma postura y los ojos bien abiertos. Él suspiró hondo para seguir hablando; de repente sintió como se le arrojaron encima envolviéndolo en un cálido abrazo. Emoción, felicidad, alegría, era una mezcla agradable de sentimientos. El deseo de verlo otra vez, hablar con él, se había vuelto realidad. Aunque al principio no quiso, Uno no pudo resistirse ante tanto gozo y les correspondió a la caricia. Le empezaron a hacer preguntas que él contestaba con gusto; rieron cuando se dieron cuenta que estaban hablando al mismo tiempo. Como antes, volvían a estar los cinco juntos. Esa escena conmovió a Infinito al grado de pintarle una pequeña sonrisa, quien no estaba muy cómodo con aquello era el científico que a la primera oportunidad aprovechó para separarlos.

—Bueno, bueno, basta de tanto cuchicheo. —expresó, pero ellos lo ignoraron.

—Chicos, yo también los extrañé muchísimo, por eso regresé. —Comentó Nigel con una gran sonrisa– Y fue ahí cuando todo cambió. —Ahora su semblante mostró seriedad.

—¿De qué hablas? Acabas de llegar y no ha pasado nada. —Abby encogió los hombros.

—En realidad, vine hace tiempo. —replicó Nigel.

—¿Y por qué no nos avisaste? —inquirió Wally levantando una ceja.

—De hecho, número Cuatro, ustedes ya lo sabían. —intervino Infinito en la conversación.

Los niños se quedaron en silencio por la incertidumbre de saber a qué se refería con aquella declaración.

—¿Esto es alguna clase de acertijo? Porque no entiendo nada. —Dos se rascó la cabeza.

—Espera, yo sé la respuesta. —Tres se llevó un dedo a la boca para pensar— ¡Pato!

—¡No, no es un acertijo! —añadió 74.239 acercándose al resto—. El asunto es que los trasladamos aquí, porque al día siguiente número Uno volvería a la Tierra provocando así "el complot" y la perdición de los Chicos del Barrio. Claro que él no se lleva toda la culpa, ¡porque solo siguió órdenes de ustedes!

Cinco levantó ambas cejas y cruzó los brazos, Cuatro arrugó el entrecejo y la nariz mientras golpeteaba un dedo contra su cabeza, Tres tenía la mano en la barbilla y la boca virada pues todavía buscaba solución al acertijo.

—¡Muy bien, ya me perdí! —expresó Dos con impaciencia.

El dientón lanzó un suspiro de fastidio.

—Escuchen, ustedes están en una época que estarán, para evitar donde estuvieron, ya que ahora están aquí. —A los cuatro se les formó un enorme signo de interrogación en la cabeza. El cerebro se les hizo ensalada porque ninguno entendió qué quiso decir con eso. Hasta Uno lo miró con sorpresa.

—Osea hellow, ¿qué clase de explicación es esa, 74.239?

—Está bien les mostraré. —dijo el científico. Hizo señas con la cabeza para que lo siguieran hacia una ventana con la cortina cerrada—. Damas y caballeros, ¡bienvenidos al futuro!

Desenrolló la persiana; una música de suspenso sonó, los muchachos observaron que afuera había autos voladores, personas con trajes plateados, grandes edificios y robots. Ninguno podía creer lo que veía, estaban emocionados ante la realidad.

Nigel se llevó la mano a la cabeza.

—¡Por favor, 74.239! —retó Infinito— apaga esa música y el televisor. Deja tus payasadas para después.

— ¡Oh, cielos! Por un momento creí que realmente estábamos en el futuro. —expresó Dos con decepción. El resto asintió con la cabeza.

—Ah no, eso sí es verdad, estamos en el futuro. —corrigió Infinito, hablando con tranquilidad.

El entusiasmo de los niños volvió. Cuando el moreno abrió la ventana original observaron la misma ciudad de Cleveland que ellos conocían.

—Lo sé, el mundo no ha avanzado mucho tecnológicamente —añadió, desilusionado—. Eso es lo que pasa cuando los adultos dominan el mundo— susurró para sí mismo—, adultos despreciables.

—Estamos solo cuatro años en el futuro. —corroboró Uno.

—Oigan, a número Cinco no le gusta que le hagan este tipo de bromas. Nadie puede viajar en el tiempo.

—¡Nadie excepto yo! Y número Infinito —74.239 señaló al mencionado sin darle suma importancia—. Pero si no nos quieren creer… tal vez "nosotros" les hagamos cambiar de opinión.

Otra interrogante se agregó a su cabeza. Aunque no demoraron en obtener la respuesta cuando vieron entrar a Infinito y 74.239 ¡de adolescentes! Quedaron atónitos al ver a ese par a su lado exactamente igual a como eran niños (incluso la vestimenta), solo que más estirados. Se miraron entre sí; no sabían cómo responder ante tantas extrañezas.

—Es un gusto volver a verlos, sector V —saludó la versión adolescente de Infinito—, nosotros los trajimos aquí con esto. —Mostró una piedra verde—. Es una pequeña máquina del tiempo. Solo pongo el día en que quiero regresar y la roca se transporta a ese período, abriendo un portal y desafiando las leyes del espacio-tiempo. La buena noticia es que con esto podríamos ganar el premio Nobel; la mala es que no somos los únicos que poseemos este artefacto. Padre tiene una igual, con la cual verifica que en el pasado, es decir su tiempo, las cosas salgan como él planeó.

—En nuestro tiempo Padre creó un arma infalible para acabar con todos los Chicos del Barrio —añadió Nigel—, se dio cuenta que la única manera de que abandonemos la organización era borrándonos la memoria.

—Él quería nuevos "hijos" ya que su primer experimento, Los de la otra cuadra, fue destruido por el agente aquí presente. —El científico adolescente señaló a Uno—. Por eso atacó la base lunar; deseaba acabar con la organización y fue un momento oportuno para hacerlo, porque todos estaban concentrados en otro asunto que les haremos saber más tarde. Reunió a los mejores villanos para cumplir con su objetivo.

—Fue a la base lunar porque solo ellos tenían bajo su poder el teserracto —añadió el pequeño dientón.

—¿Teserracto? Creí que ese elemento no existía. —inquirió Dos.

—No existe en la Tierra, pero muchos seres de afuera conocían sobre el mineral —complementó Uno—, siendo más específico, yo lo encontré junto a mi equipo de GKND. Mi autoridad superior me comentó el plan que tenía el Concejo Galáctico para acabar con los adultos. Como ese elemento afecta la memoria, sería utilizado en la mente de los mayores para hacer que olviden su odio hacia los niños. Sin embargo, no se había tomado en cuenta los efectos secundarios que puede causar a quien se le aplique: cambios de personalidad, locura, bipolaridad, ira excesiva. Con solo una pequeña dosis, la persona podría convertirse en alguien diferente. Era muy arriesgado y peligroso, por eso se canceló la misión.

—Como líder de los Chicos del Barrio Galácticos, concluí que lo mejor sería enviar el mineral a un lugar que nadie conociera y evitar que cayera en manos equivocadas. Por eso lo mandé a la Tierra —continuó Infinito—, no conté con que Padre supiera de su existencia y destruyera el centro de la organización. Colocó el teserracto en unas incubadoras que había creado para decomisionar a los agentes y adoptar nuevos hijos. Ustedes fueron sus primeras víctimas.

—Después de eso, la base lunar quedó destruida en su totalidad. Los pocos operativos que quedaban huyeron de ahí. Actualmente el lugar está irreconocible. —Se lamentó el adolescente de smoking.

—Número Cinco aun no entiende en qué parte entramos nosotros.

—¿Bromeas? Yo no entiendo nada. —exclamó Cuatro.

—No interrumpas, esto se pone más interesante. —dijo Tres.

—Bueno, somos una pieza muy importante —afirmó Uno—, yo les dije cómo desactivar el teserracto. Solo nosotros lo sabemos… nosotros del futuro. Por eso la misión es hacerlos recordar la solución a este lío.

—Y el tiempo no está de nuestro lado. Pasó algo inesperado; no sabemos por qué, pero Padre trajo a su versión del pasado. Y con los dos al acecho, es cuestión de segundos que nos ataquen. Así que trabajaremos en cubierto. —explicó 74.239 adolescente.

—Porque ambos Padres nos reconocerían, ¿cierto? —continuó la asiática.

— ¿Tú sí entendiste? —cuestionó el rubio.

—Correcto, Tres, ¡y presta más atención, Cuatro! —retó el niño de mandil—, pero mientras no levantemos sospechas todo marchará bien.

—Si me acompañan a esta pantalla observarán ciertas recopilaciones que hicimos de sus vidas actuales para que sepan a quiénes se enfrentarán. —explicó el moreno adolescente. Todos le siguieron hacia un proyector que mostraba imágenes en la pared.

—Y créanme, chicos, las cosas han cambiado. —dijo Nigel triste.

—Entonces, ¿ya te creció cabello? —bufó Dos.

—¡Osea hellow, eso no importa! —exclamó el calvito.

—Por como respondió parece que no. —susurró Cinco. Los otros tres rieron fuerte.

—Ya dejen de burlarse de mi calvicie o no sigo en la caricatura, gracias. —comentó Uno cruzando los brazos.

—Solo recuerden —interrumpió Infinito—, ustedes ya no son amigos, ni chicos del barrio, tampoco adolescentes normales. No se sorprendan por lo que están a punto de ver. Dicho esto, número Uno, ¿puedes?

Sus risas se detuvieron de golpe, ahora se sentían preocupados por lo que les iban a mostrar.

—De acuerdo, empezaré contigo, Cinco.

—Está bien, mientras no sea como mi hermana no habrá problema. —La morena sonrió pero al ver a Nigel agachar la cabeza su semblante cambió— ¿por qué tengo un mal presentimiento de esto?

—Solo… observa. —El inglés encendió el proyector.

En pantalla se mostró un típico día escolar: jóvenes paseando por los pasillos; conversando con los amigos y, quizás, con alguna nueva conquista; buscando cuadernos en los casilleros; estableciendo citas. Todo normal hasta que apareció una chica de aspecto tosco y rudo; su ropa lo confirmaba, unos leggins y chaqueta corta de cuero azules, una blusa negra por dentro, su cabello ondulado siempre alborotado, en cada oreja dos perforaciones. La gente le abría paso, sabían que si se metían con ella era una pérdida segura. Nadie se enfrentaba a Abigail, si apreciaban su vida no lo hacían; no con la chica que encerraba en los casilleros a quien se le pegara la gana, los arrojaba al bote de basura así fueran más pequeños que ella o les lanzaba comida a la cara en la hora del almuerzo. Y disfrutaba hacerlo, simplemente le encantaba. Cinco tragó saliva al ver su nuevo aspecto, estaba claro que no se parecía a Cree, era mucho peor.

—¿Eres bravucona? ¡Genial, bienvenida al club! —comentó Cuatro con mucha emoción. Alzó su mano para chocarlas con Abby, pero ella le miró con molestia—. Solo decía —murmuró.

—Otro detalle es que tienes compañía para hacer tus asuntos —continuó Uno.

—¿Quiénes? —dijo ella con curiosidad.

En la proyección, Abby se acercaba a dos muchachas. Una rubia, cabello lacio, jeans cortos, blusa naranja mangas largas cubierta por una chaqueta negra de cuero sin mangas; la otra era pelirroja con un mechón tinturado de verde, piel colorada con pecas en el rostro, una blusa verde oscuro, leggins negros y encima una falda corta naranja. La morena sacudió una funda llena de huevos podridos; las otras dos jóvenes sonrieron bastante porque eso era lo que les faltaba para molestar a los miembros de la orquesta. Un nerd caminó por ahí, olvidando el peligro al que se exponía. La rubia fue a pedirle "amablemente" su tarea de historia, el muy valiente se negó a entregarla. Diez minutos después, el mismo niño colgaba de su ropa interior en el asta de la bandera. Los estudiantes disfrutaban escuchar los llantos y súplicas del muchacho, en especial esas tres chicas que ahora estaban acompañadas a dos varones de mayor edad: un rubio de cuerpo fornido y un moreno de temple tranquilo.

El sector V no abría más la boca simplemente porque no podía.

—¿Esa era 86? —dijo Dos.

—¡Y 362! —exclamó Tres.

—¡Y ese es Mauricio! —añadió Cinco.

—Y el de acá es Chad, ¿no es cierto? —preguntó Cuatro.

—Ellos también fueron decomisionados —prosiguió Uno—, los cinco juntos se encargan de asustar al resto de estudiantes, cumplen muy bien con su "trabajo". Ahora, creo que debemos avanzar, así que te toca, Cuatro.

—¿Mi-mi turno? Está bien. —dijo nervioso el rubio.

Recostado en su silla dentro de clases, alzó la mirada cuando sintió que alguien le golpeteó el hombro. Miró con desprecio a quien le había despertado de su sueño, una morocha que tímidamente le extendió una pequeña nota. "¿Quieres salir conmigo?" se leía en el papel. Sus ojos se posaron entre el escrito y la muchacha, la examinaba con suma atención. El timbre de final de hora sonó, él rompió la hoja en pedazos y los lanzó a su cara, ella cerró los ojos al recibir los trozos. Sonrió de lado y se despidió con la mano dejándola con el corazón aplastado y humillado. Así era Wally, un joven que se robaba el suspiro de muchas, algunas capaces hasta de abandonar a sus novios. Pero a él no le importaba nada de eso, solo se concentraba en su vida, como un alma solitaria que se cuidaba por sí sola. Se había vuelto musculoso y (muy) atractivo, aunque todavía de baja estatura; portaba un abrigo naranja con las mangas recortadas, con la capucha siempre cubriéndole el cabello. Se sentaba solo en el almuerzo, escogía la última esquina en las horas de clase, no conversaba con nadie. No tenía amigos y no se esforzaba por buscarlos, solo se dedicaba a sus asuntos sin interesarle los sentimientos de otras personas. Eso era lo que se veía en pantalla.

Hubo un inconfortable silencio en la habitación, Cuatro sintió como las miradas de sus compañeros le caían encima. Nunca le había gustado ser el centro de la atención, aunque ahora solo tenía una duda en mente.

—Pero, no entiendo —habló el australiano—, si soy así, ¿qué pasó con mi novia?

—¿Cuál novia? — inquirió el inglés. Notó que Wally agarró la mano de Kuki cuando formuló la pregunta–. Entonces, ¿ustedes ya…?

—Te has perdido de algunas cosas, amigo —expresó Dos posando una mano en el hombro de Uno.

—Quiero saber qué pasó —exigió el rubio.

—Recuerda que hemos olvidado todo. Si ustedes fueron… son, novios. Ahora eso no vale —explicó Nigel.

Había luchado tanto por conseguir su amor, y ahora por un borrado de memoria ¿su relación no significaba nada? Sintió un hueco en el estómago y frunció el ceño. Todos percibieron su molestia; Kuki para tranquilizarlo se arrimó a su hombro y le mostró una dulce sonrisa con los ojitos cerrados. Wally respiró profundo y acarició su cabello.

—Sé que no ayuda mucho, pero Tres también ha cambiado bastante.

—¿Soy mala ahora?

—Solo miren la pantalla.

Cuando los varones la veían, sonreían por impulso, le dedicaban halagos y siempre cumplían todo lo que pidiese; las mujeres, por otro lado, le sentían envidia, murmuraban a sus espaldas y siempre la criticaban. Ella, y su grupo de amigas, conformaban las chicas populares de la secundaria. No se podía esperar menos de Kuki, tan dulce, encantadora, carismática; conseguía todo lo que deseaba con solo tronar sus dedos. Y le gustaba aprovecharse de ese don y despreciar a quienes no lo poseían. Su negro cabello liso y largo, su suave piel, su esbelto cuerpo, vestida con una corta falda color negro, blusa sin mangas de color verde y zapatos de tacón alto; ella era perfecta y estaba consciente de aquello.

Los niños se acercaron a la pantalla para distinguir a las acompañantes de la japonesa. Descubrieron que eran número 23, número 10 y quien por corto tiempo fue número 49. Aunque ahora solo eran conocidas como Virginia, Catherine y Lizzie.

—¿Lizzie también fue decomisionada? —dijo Tres.

—Padre quiso asegurarse que ningún adolescente recordara cualquier indicio de la organización, por lo que también borró la memoria de quienes estuvieron relacionados con nosotros, como Lizzie. Aunque número 23 pudo huir de la decomisión masiva en la Luna, con el tiempo también le suprimieron sus recuerdos, junto a mi prima —aclaró Uno—, ninguna de ellas se acuerda algo de los chicos del barrio.

"Gracias, primor." Volvieron a prestar atención al video donde Kuki estaba cómodamente sentada mientras un chico limpiaba su pupitre y otro sostenía sus libros. Sus amigas disfrutaban del mismo privilegio y, además, se burlaban de los muchachos que las ayudaban. Como líder de las porristas era exigente, autoritaria y perfeccionista, sacaba de quicio a sus compañeras de equipo pero eso la tenía sin cuidado. Ella siempre ganaba al final. Su simpatía le hacía obtener la victoria en los concursos de belleza y si alguien quería opacarla, simplemente afrontaría terribles consecuencias. Era la preferida de los profesores porque siempre dejaba el nombre de la escuela en alto al llenarla de trofeos. Sacaba las mejores notas, no porque fuera la más aplicada, una leve sonrisa y colocarse el cabello detrás de su oreja era suficiente para que el maestro le regalara una buena calificación; y si no bastaba con eso, les complacía ciertos favores especiales. En el video se mostraba a la asiática acariciando la espalda del profesor de matemáticas mientras él le guiñaba ojo y aseguraba con llave la puerta del aula de clases.

—¿Qué pasará ahí dentro? —inquirió temerosa Tres.

—Yo no sé, ve la pantalla —respondió inocentemente Uno.

—¿Por qué el profesor se saca los zapatos? —preguntó Cinco.

—¿Y la leva? —añadió Dos.

—¿Y la corbata? —apuntó Cuatro.

—¡Muy bien, ya vieron suficiente! —intervino Infinito adolescente antes de que observaran lo peor.

— ¿Pero por qué? ¿Que iba a hacer? —reclamó Tres. Infinito se rascó la nuca y negó con la cabeza.

—Yo… no tengo nada que explicar, ustedes olvidarán eso, ¿de acuerdo? —Ellos asintieron con la cabeza aunque se sintieron inconformes con la respuesta.

—Te dije que borraras esa parte. —El moreno le susurró entre dientes a su pervertido amigo.

—Es solo que… no quería perderlo para siempre. —El científico mostraba una sonrisa más y más grande hasta que recibió un cocacho en la cabeza de parte del otro joven.

—Supongo que el turno de Tres acabó. Así que seguiré contigo, Dos —concluyó Uno.

—¡Genial, ya quiero ver cuán diferente soy! —expresó el regordete con emoción.

En la pared se visualizó a un muchacho arrimado a un casillero; era obeso, cabello castaño, camisa celeste y con un gorro en la cabeza. Con ansias desenvolvió un paquete de hamburguesa del interior de su mochila, se lamió los labios y le dio un gran mordisco al alimento. Migajas y restos de salsa se pegaban en su rostro mientras él seguía devorando como si fuera animal.

—Bueno, no ha cambiado nada. —bufó Cinco.

—¡Oye, yo no como así! —se defendió Dos.

—Si estás igualito de panzón. —señaló Cuatro.

—Debes reconocer tu verdad, Dos. —añadió Tres.

—¿Cómo creen, mis chavos? Ese no es número Dos. —intervino Uno. Incluso Hoagie se sorprendió ante tal respuesta.

—Si ese no soy yo, ¿entonces quién? —indagó el castaño. Nigel apuntó a la pantalla.

"Oye, chamaco, ¿qué rayos haces en mi casillero". El gordo no pudo reaccionar a tiempo para cuando el atractivo muchacho caucásico de cabello castaño lo empujó lejos con hamburguesa y todo. Los niños abrieron los ojos y la boca al notar que el dedo del inglés señalaba a ese guapo joven. Al verdadero Hoagie le habían favorecido mucho los años, adelgazó bastante; aunque dentro de su camiseta blanca resaltaba su bien formado pectoral, producto de pertenecer al equipo de fútbol americano. Encima llevaba una camisa celeste desabrochada, pantalones cafés y una gorra del mismo color. Su seductor cuerpo junto a su extrovertida personalidad lo hacían merecedor de ser conocido como uno de los más populares y codiciados de la secundaria.

Hoagie rió con fuerza al observar a sus amigos jugar con la maleta del regordete, lanzándola entre todos para que él no la pudiera atrapar; se unió a la diversión hasta que un profesor les llamó la atención pero salieron exentos del castigo porque el entrenador fue a su defensa y rescate, chocó su mano con quien tenía a su lado: un chico de cabello como anaranjado con mechones rubios, usaba lentes oscuros y un grueso chaleco café. Al verlo de cerca, Dos lo reconoció de inmediato. Era Ace o, como él lo conocía, "El niño" con quien tuvo hace tiempo un enfrentamiento en el cielo, parecía que ahora fueran amigos de años. El resto pudo diferenciar a los dos sobrantes, ex-agentes de KND. Bartie, o número 35, niño que fue fuerte y dedicado a la organización, conocido también por su ligera timidez, lucía como si hubiera dejado todo eso atrás para convertirse en un mandón. Aunque más sorprendente fue contemplar al que por años había sido jefe de la Base Ártica, instructor de los nuevos cadetes, leal y valiente agente: número 60. En el proyector se observaba como sus prioridades se habían reducido a revisar que su flequillo estuviera bien peinado para impresionar a la chica que pasó a su lado.

El celular del castaño sonó, sonrió de lado cuando leyó el mensaje. Después de un rato, en las afueras del colegio, una linda rubia se encontraba recostada en sus piernas; más tarde, restregaba su nariz con la de una hermosa pelinegra dentro de una cafetería; en el parque una esbelta castaña lo abrazaba mientras le acariciaba su cabello con delicadeza. Había salido con las tres chicas el mismo día; ese era su estilo de vida, conocer diferentes mujeres que pudieran aprovechar el privilegio de tenerlo aunque sea minutos porque para él una no era suficiente y mientras fueran más mucho mejor. Le encantaba esa vida.

Ningún miembro del sector V imaginó que su futuro sería así, que tantos buenos operativos se hubieran convertido en típicos adolescentes sin otro propósito que vestirse bien para el próximo baile. Ya no querían seguir viendo pero todavía tenían una curiosidad.

—¿Tú como eres? —Se atrevió a preguntar Cinco. Uno suspiró y bajó la mirada, sus amigos se preocuparon por eso.

—Lo único que les advierto… es que traten de no reírse cuando lo vean. —expresó con burla el niño del smoking.

—Gracias, número Infinito —respondió el aludido de manera sarcástica—, bueno yo… solo les digo que las cosas han cambiado.

Al darse cuenta que el moreno bromeaba, los niños empezaron a reír; más cuando Tres señaló la cabeza calva de su exlíder.

— ¡Ya párenle y vean el video! —habló irritado el pelón.

En escena se asomó la cabeza pelada del chico con lentes oscuros, miró a todos lados con sigilo; una vez que se aseguró que el área estaba vacía, suspiró aliviado y caminó con tranquilidad por los pasillos. De súbito tintineó la campana de cambio de hora y una avalancha de estudiantes, que venían en sentido contrario, se encaminó hacia él. Cada quien aprovechó la oportunidad para propinarle un buen golpe o empujón; insultos, burlas, rechazos, era lo único que se escuchaba por parte de los alumnos y es que todos sabían con quién se metían, sabían que por mucho abuso que recibiese él nunca protestaría o reclamaría. Cuando la multitud se marchó pudo sacudir su buzo rojo del polvo, acomodarse sus gafas y levantarse del suelo mientras murmuraba cosas para sí mismo. Esa era la vida diaria de Nigel Uno, el más marginado de la secundaria, a quien nadie le prestaba atención pero era objeto de las más miserables humillaciones. Eso incluía a sus antiguos amigos.

Antes de entrar al aula sintió como alguien le agarró del cuello de la camisa y lo estampó contra la pared; abrió los ojos después del zamarreo para observar a su agresor o, en ese caso, agresora. Abby le exigió con palabras amenazantes su dinero; de manera torpe buscó en su bolsillo los pocos dólares que tenía con la esperanza de que ella no le golpeara pero sucedió todo lo contrario. A mitad de jornada se encontraba recogiendo libros de su casillero, cuando obtuvo los necesarios no se percató que alguien caminaba al frente; ambos chocaron y cayeron al suelo. Wally se puso de pie molesto y pateó con fuerza los libros del inglés. En la hora del almuerzo, ya solo faltaba una persona para su turno en la fila, sin embargo, las cuatro reinas comandadas por Kuki le ordenaron que se hiciera a un lado, intentó reclamar pero fue interrumpido cuando colocaron pudin de tapioca en su cabeza. Para la última hora, decidió sentarse en una esquina en la mitad del curso, pero tampoco encontró paz ahí porque Hoagie lo quitó de su asiento, después de replicar que él no lo había comprado lo abalanzaron hacia el basurero desde el segundo piso del edificio. Su vida era un desastre.

Los cuatro chicos alzaron una ceja y lentamente inclinaron la cabeza hacia el mismo lado y al mismo tiempo.

—Así que, ¿ni siquiera eres de los no populares? —preguntó Cuatro.

—Al parecer no eres… ¡nada! —dijo Dos.

—Lo que pasa es que no me junto con nadie —respondió Uno.

—O nadie se junta contigo bufó Cinco.

—Tan solo eres líder de tus amigos imaginarios —añadió Tres entre risas, provocando que los demás se unieran a su burla con fuertes risotadas; Uno solo hacía muecas para disimular su molestia.

—¡Saben, eso no es nada gracioso! —expresó 74.239 con un tono serio; los chicos detuvieron su diversión—. Es más gracioso como lo apodan: "El desquiciado." —Rieron con más fuerza acompañados del científico.

—¡Cállense, pero ya! Sé que no soy el más popular y su conejillo de indias, pero esa no es razón para burlarse—. El inglés trató de levantar su moral.

Después de calmarse, observaron la pantalla en completo silencio.

—Bueno… ahora entiendo que hemos cambiado mucho y será complicado hacer recordar a nuestros adolescentes —dijo Cuatro.

—No parece tan difícil, solo tenemos que convencer a una bravucona, un solitario, una presumida, un mujeriego y un desquiciado que nos ayuden —añadió Dos con los hombros encogidos.

—Entonces, ¡manos a la obra! —exclamó Tres.

—Es que eso no es todo, chicos. Fuera fácil si solo lidiáramos con nuestras personalidades, pero hay más y es peor de lo que creen —acotó Uno.

—Como dije antes, ustedes no son simples adolescentes —Infinito joven se acercó a ellos—. Piensen en esto. Siempre lucharon contra Padre, él pudo darse cuenta de su capacidad y habilidades. Estuvo buscando adoptar nuevos hijos, ¿quiénes creen que lideraron su lista?

El silencio de parte del sector se apoderó del ambiente. Sólo había un significado a las palabras del moreno.

—¿Significa que ahora somos malos? —expresó Cinco.

—¿Pero malos con "m" de "maníacos" o "m" de "mansitos"? —inquirió Tres mostrando una sonrisa nerviosa.

—Quizás seamos malos como Excuseitor —indicó Dos— unos villanos inofensivos que nunca lograron lastimar a los Chicos del barrio, ¿verdad?

—¿Cómo les explico? —74.239 hizo una pequeña pausa antes de continuar—. Fueron el sector que más problemas le causaron a Padre, su potencial superaba en gran medida a varios agentes que tenían cargos similares a los suyos, añadan las cuentas pendientes que número Uno se agregó. Si yo les digo que sus habilidades ahora son empleadas para el mal, ¡¿creen que se trate de una pequeñez?! En pocas palabras, ¡son más malos que todos los villanos que combatieron juntos! ¡Solo miren como los Chicos del Barrio de ahora los consideran!

Se visualizó un subterráneo mal oliente por las cañerías a su alrededor, en el lugar donde menos chorreaba tenía una pequeña tarima de madera desgastada; en las paredes habían grafitis con las iniciales KND mal trazadas; un grupo considerable de pequeños infantes se cubrían la cabeza de las gruesas gotas que expulsaban las tuberías, en sus rostros se percibía un aura de determinación y valentía, aunque también deseo de poder siquiera sentarse en una silla. Así lucían las actuales ceremonias de graduación de los nuevos reclutas, escondidos entre las sombras por temor a que los encontraran y atacaran, por eso es que muy pocos querían unirse a la organización a esas alturas. A la plataforma subió el líder supremo, número 55, un niño de once años que nunca mostraba temor o desesperación porque sabía que debía dar el ejemplo de fortaleza a sus compañeros: daría su discurso de bienvenida, a sus espaldas se había colocado una enorme cortina.

—Por último, recuerden, existe un grupo de villanos que son los peores. Ellos no tienen piedad con nadie, ni siquiera con los más pequeños, por eso nosotros debemos hacer lo mismo. Nuevos reclutas, deben odiarlos con todo sus ser o los comerán vivos —expresó el líder con convicción— Ahora, ¡demuéstrenme cuánto los aborrecen! ¡Les presento a sus peores pesadillas desde hoy!

Al revelar lo que había tras el telón, los chiquillos mostraron semblantes de rabia, empezaron a abuchear a la imagen que consistía en un enorme cartel de ellos vestidos con los trajes de ninjadolescentes; Wally y Kuki se encontraban a la derecha; Abby y Hoagie al lado contrario; en medio aparecía una sombra con la silueta de Nigel. Algunos de los agentes agitaron los puños; otros mostraban los dientes o gruñían pero la furia se desató por completo cuando número 55 gritó:

— ¡DNT, la escoria de los Chicos del Barrio!

En ese instante, todos los agentes se abalanzaron a la fotografía para destruirla con deprecio, coraje, rencor, ¡venganza! El sector V podía sentir cómo cada golpe iba dirigido a ellos; jamás habían presenciado que la organización entera odiara tanto a algún villano, a ninguno. El único deseo de esos niños era verlos derrotados, imposibilitados, que rogaran por piedad, acabarlos, dejarlos hecho polvo; así como quedó la imagen.

—¿Ahora ven a lo que nos referimos? —expresó 74.239 señalando la pantalla.

En otra escena, los niños corrían con desesperación para eludir los rayos que los atacaban, muchos ya habían sido noqueados, las escasas fuerzas que mantenían eran para defenderse con lo que tuvieran a su alcance. Gritaban como si fueran héroes en una guerra que ya hace tiempo había dejado de ser apta para su resistencia; sus guaridas eran destruidas, sus municiones se agotaban, sus esperanzas se desvanecían. Una fuerte explosión bloqueó la única salida disponible, entre el humo se observó cinco sombras, cada una con un rayo decomisionador. Cuando las siluetas se hicieron visibles, solo se los veía sonreír porque no había mejor placer para ellos que atacar niños sin piedad.

—El "amado" sector V quedó en el ayer. Lo que recuerda KND de ustedes… es lo que les han hecho —comentó el adolescente científico.

—Padre los entrenó por mucho tiempo para que lo único que tuvieran en mente fuera acabar con la organización —dijo número Infinito—. Supongo que si les sorprendió saber cuánto cambiaron en su vida diaria, les impactará conocer qué son ahora.

—Número Cinco. —comenzó el joven moreno—. Todos los ninjadolescentes están bajo tu mando porque eres su líder. Conforme ha avanzado el tiempo, los jóvenes se han vuelto más despiadados, son más eficaces para atacar e incluso torturar a los niños. Tu hermana dejó un legado excepcional que tú lograste superar en poco tiempo. Nadie te ha visto caer una sola vez, eres de las guerreras más fuertes del lado del mal. —Abby escondió los ojos bajo su gorra y respiró profundo.

—Número Cuatro. —habló el pequeño de smoking—. Tus tácticas de defensa le vinieron muy bien a Padre, prácticamente eres su arma destructora. Toda tu destreza en combate mano a mano es utilizada contra los niños. Nada te puede detener, te ordenaron eliminar a cualquier mocoso que se entrometa en el camino y lo cumples. Tu misión es ganar esta batalla, no importa cuál sea el costo. —Wally hizo puños sus manos y cerró los ojos con fuerza.

—Número Tres. —prosiguió el científico adolescente—. Siempre fuiste experta para las distracciones y eso no ha cambiado. Te muestras como un ángel dulce y débil pero en el momento menos esperado ¡liberas tus garras! Y aunque todos sepan que eres tramposa no pueden resistirse a tu encanto, hasta algunos niños te admiran, lo que usas como ventaja para borrarles la memoria sin algún signo de misericordia o clemencia. Porque una vez que caen en tus redes, no pueden salir. —Kuki tragó saliva y ocultó su rostro en el pecho de su novio.

—Número Dos, uno de los científicos más audaces que hemos tenido… sí, lo admití, ¡pero no lo repetiré! —expuso 74.239—, tu inteligencia ha incrementado la producción de armas que ahora son más peligrosas y potentes, con tus creaciones se ha podido decomisionar a la tercera parte de la organización con éxito y rápido. No importa cuánto progresen los Chicos del Barrio en defensa y municiones, nada se compara a tu letal contraataque. —Hoagie se llevó la mano a la nuca y negó con la cabeza.

—Y número Uno, hijo del legendario número Cero; ahora nadie te recuerda de esa manera —tomó la palabra nuevamente Infinito adolescente—, tú no eres un ninjadolescente, sino otra clase de villano, el terror de KND, algunos se atreven a decir que hasta peor que Padre. Eres su "heredero", te brindó su poder, te enseñó sus técnicas, te implantó su maldad. Si tu equipo es malo, tú no te les comparas, siendo capaz de casi incendiar una escuela entera solo porque estaba poblada de niños. Eres la mano derecha de Padre, dominas a toda la comunidad adulta, un nuevo espectro. El líder detrás de todo esto. —Los cuatro le miraron sorprendidos, Nigel agachó la cabeza con mucha pena. Siempre sospechó que su tío estaría tras suyo para reclutarlo del lado del mal, más que su cumpleaños número trece estaba cerca, solo que, nunca imaginó que fuera capaz de ser tan cruel y despiadado. Que todos fueran así.

—Y eso no es todo… —74.239 estaba a punto de prender la pantalla, pero Uno lo detuvo.

—Creo que ya fue suficiente.

—Lo que acaban de ver no se compara a lo que han hecho.

—No necesitamos más para entender que somos unos traidores. —Se dirigió a su equipo—. Yo sé lo que sienten, mis chavos. Pero no estén decepcionados de sí mismos, porque estamos aquí para acabar con este feo futuro de una buena vez. Demostrémosle a todos que pueden confiar en nosotros aunque algunos no nos quieran creer. ¡Vamos a limpiar nuestro nombre! Gracias a esta máquina del tiempo, no será tarde para empezar, ¿están conmigo?

Los niños se miraron a sí mismos y a él; poco a poco sus rostros de temor cambiaron a uno de convicción.

—Si no lo hacemos, nadie lo hará —dijo Dos, acto seguido hizo un saludo militar—. Cuenta conmigo.

—Y conmigo. —Tres alzó su mano y la agitó con euforia—. Este futuro esta del asco.

—Acabaremos con todos los que lastimen a los chicos del barrio, incluyéndonos —añadió Cuatro mientras tronaba sus dedos.

—En pocas palabras, estamos dentro —concluyó Cinco con una sonrisa, luego sacó algo de su bolsillo—. Por cierto, creo que necesitas esto, jefe.

Uno se sorprendió al ver de nuevo esas gafas, que representaban más que un objeto para él. Sonrió agradecido a la morena y vio al resto de su equipo, asintió con la cabeza, las tomó y las colocó en su rostro. Alzó su mirada en son de orgullo.

—Entonces, ¿qué estamos esperando?

De inmediato, el dientón adolescente se encaminó a una computadora, tecleó algunos números y mostró en la pantalla unas coordenadas.

—Señores, este es el paso uno.

X-X-X-X-X

Padre golpeteaba con impaciencia sus dedos contra el escritorio mientras observaba con detenimiento a su acompañante: Padre, su versión del pasado, quien viajó sin permiso a la época actual y, de la nada, se atrevía a sugerirle una propuesta que alteraba sus ya elaborados propósitos, propósitos que lo habían ayudado a acabar casi por completo con la organización o a capturar a los miembros del sector V para hacerlos sus secuaces. El espectro no le ahorcaba sólo porque estaba consciente que se haría daño a sí mismo.

—Créeme, esta idea es mucho más ingeniosa y de igual manera dominarás el mundo —expresó el joven villano.

—¡Mira a tu alrededor! ¡Yo logré que el mundo esté bajo mi merced! Son contados los agentes sobrevivientes.

—Yo no pienso alejarme de tu plan, pero siempre se puede… mejorar las cosas. Supón que esto es una simple corrección a tu "magnífico método". Además, somos la misma persona, algo de confianza no estaría mal.

—Entiende —habló con desgano el malvado del futuro—, que si alteramos un poco las cosas podrían salir mal.

—O, simplemente, acabamos todo más rápido. —insistió su contraparte.

Padre suspiró. Al parecer su juventud no pensaba callarse con nada así que le hizo señas para que explicara su oferta. El otro adulto tomó un rayo decomisionador e implantó en el cargador un pequeño pedazo de un circuito integrado, apuntó hacia la ventana y disparó al infinito. Una ráfaga de humo infestó el lugar en cuestión de segundos; ese tiro había aumentado la potencia del rayo a un grado excepcional. El espectro mayor se puso de pie, levantó ambas cejas, llevó su mano a la barbilla y miró con asombro a su versión del pasado; jamás había meditado en que esa pieza de metal mejoraría sus técnicas. Ahora lo único que tenía que hacer era conseguir el objeto completo propiedad de los Chicos del barrio. Ellos usaban ese chip para controlar las vías de comunicación, almacenaje de municiones, la cantidad de agentes, entre otras cosas importantes. Padre sonrió de lado mientras encendía una pantalla táctil que se dividió en cinco compartimientos, luego habló por un micrófono; sabía exactamente a quiénes enviar para robar el artefacto.

—Queridos hijos, les tengo una nueva misión.


Transmisión interrumpida.


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