X-X-X-X-X: cambio de escena.

*w*w*w*w*w*: escena que transcurre al mismo tiempo en diferente lugar.


Transmisión restablecida.

Ya hace tiempo que los agentes dejaron de formar equipos. Ahora los sectores estaban compuestos por casi veinte operativos y las guaridas eran escasas puesto que la mayoría habían sido ya destruidas. Cada quien trabajaba por su cuenta y se defendía por sí mismo, sólo a fin de mes se reunían la mayoría de miembros de la organización en el único lugar que todavía no había sido encontrado por los villanos: el refugio del sector X, aunque eso cambiaría ese día. Los niños estaban concentrados leyendo sus reportes, cargando sus municiones o investigando información cuando, de repente, sonó la alarma que anunciaba a un proyectil desconocido acercándose; nadie pudo reaccionar a tiempo para cuando el explosivo impactó y formó un agujero en la pared. Mientras tosían, se levantaban del suelo o llamaban a sus compañeros, del humo emergieron cinco sombras. A ningún niño se le hizo difícil reconocerlos; no sabían cómo llegaron o qué querían, pero no los dejarían salirse con la suya. Mirándolos con desprecio, se colocaron en pose de batalla mientras esperaban la típica orden que ellos siempre usaban. Una vez que escucharon "¡chicos del barrio, a sus posiciones!", corrieron a su encuentro para enfrentarlos.

Los ninjadolescentes veían encantados cómo los niños se acercaban a ellos para atacar; consideraban fácil la tarea que se les había encomendado y cada uno estaba dispuesto a llevarse ese chip sin importar quién se entrometiera en su camino. Porque, aunque no se llevaran bien entre ellos, la única razón por la que les gustaba unirse era acabar con los chicos del barrio, luchar contra ellos y borrarles su memoria. Después de todo, esa era la misión principal de DNT.

—Que comience la fiesta —susurró Abby mientras sacaba dos rayos y disparaba sin cesar. Cada uno tomó una dirección diferente para encontrar el aparato.

Tres agentes se interpusieron en el camino de Hoagie, lanzando chicles y mostaza de sus pistolas. El castaño activó un escudo que protegió todo su cuerpo de los proyectiles y bostezó para burlarse de sus contrincantes quienes, al verlo, dispararon con más furia. Él sonrió de lado y con sus dedos contó hasta tres. Cuando terminó, las municiones de los niños se agotaron y ellos se miraron entre sí asustados. El joven tronó los huesos del cuello y se señaló a sí mismo. De inmediato, transformó su escudo en una plataforma voladora, se trepó encima y comenzó su embestida contra los operativos que no tuvieron otra opción que correr para evitar que el rayo decomisionador, que disparaba como metralleta, les alcanzara.

Por otro lado, un niño corrió con ímpetu hacia Wally. Estaba dispuesto a asestarle un porrazo con su bastón de metal, pero cuando llegó no pudo tocarlo porque su oponente extrajo un bastón similar de detrás de su espalda. Ambos metales chocaron entre sí. El güero trató de agredir primero dirigiendo su vara a la cabeza del niño, mas aquel esquivó su ataque al deslizarse entre sus piernas. El agente buscó los pies del muchacho para impactarlo, pero el rubio de un salto evadió el bastonazo. Después lanzó su vara en el aire, tomó al infante y pateó su estómago haciéndolo soltar su bastón para quebrarlo en dos con un rodillazo. En ese instante, su vara descendió directo a su mano y él la giró para golpear por última vez al pequeño como si fuera pelota de béisbol.

A la izquierda, Kuki fue bloqueada por dos agentes que se colocaron uno delante y otro atrás para que no escapara. La asiática sonrió e indicó con su dedo índice que el de adelante se acercara. Fue una mala decisión porque el pequeño no supo qué hacer cuando sintió su brazo torcerse por el agarre de la chica quien lo alzó de su extremidad herida, haciéndolo gritar, y lo arrojó al de atrás. El niño logró eludirlo y, rápidamente, arrojó cajas de jugo de naranja a la joven. La precisión con la que ella evadía los proyectiles era casi perfecta; sus saltos, volteretas, movimientos, era como si el agente lanzaba las municiones simplemente para que la japonesa se luciera. Se acercó para patear lejos el arma del infante y a él arrojarlo hacia donde estaba el otro agente que recién se levantaba, pero volvió a caer con el otro encima suyo. La muchacha no hizo más que acomodarse el flequillo de su cabello cuando terminó.

Abby se encontraba en medio de una ronda que habían formado cuatro chicos; ellos se intimidaban y encogían de temor al percibir la calma de la morena. Se quedaron inmóviles por un instante, observándose. El más arriesgado decidió agredirla primero, aunque sólo atacó al aire porque ella dio un salto rápido. La chica aventó su puño en la cara del segundo que se acercó; el tercero fue hacia su persona con golpes y patadas constantes que ni rozaron su cuerpo. Ella aprovechó para agarrar los hombros del chiquillo y estampar su cabeza con la de él para que cayera al suelo. Cuando los dos primeros se le volvieron a aproximar, la chica se agachó y giró su pierna a los pies de ellos para desplomarlos una vez más. El último que estaba tras su espalda pensó atacarla por sorpresa, pero la morena lo observó de reojo y al instante que lo iba a atacar, un rayo noqueó al niño. La muchacha no tuvo que voltear para saber quién era, suficiente con sentir el calor que emanaban las bolas de fuego que él tiraba a los dos agentes con quienes estaba luchando.

Nigel devolvía cualquier proyectil con una porción extra de ardor logrando que todos se dispersaran de su camino. Utilizó volteretas para evitar las pocas pelotas de tenis que le lanzaron y se topó con la espalda de Abigail. A ambos los cercaron una ronda de seis agentes que se les abalanzaron al mismo tiempo. Él la levantó tomándola de los brazos para que girara y pateara a cada uno de ellos; ninguno quedó libre del veloz impacto y Abby aterrizó encima de uno. Cuatro de ellos se pusieron de pie. Al notarlo, el inglés tomó a uno de los derribados y lo usó como soga para arrojar a tres nuevamente al suelo. De inmediato volteó y unió sus manos para formar una especie de escalón en donde la morena pudiera treparse y diera una media luna en el aire que iba dirigido para el último pequeño que permanecía de la ronda; el pobre no pudo evadir ese golpe.

Con el camino despejado, los cuatro se detuvieron para tomar un respiro antes de adentrarse a la guarida.

—¿Quién dijo que se detengan? —expresó con ira el líder—, no estamos aquí para perder el tiempo. —Su mano formó una bola de fuego para derribar a un agente que se había levantado con la intención de activar unos misiles que se hallaban en la pared. —Me pregunto qué harían ustedes sin mí—se burló del resto quienes lo observaban con furia, él levantó las manos y los hombros—. Solo les digo la verdad, así que dejen de mirarme de ese modo. Gilligan, ve al cuarto de controles y desactiva toda la seguridad. Lincoln, Beatles, háganle guardia y no permitan que nadie se entrometa. Sanban, tú vienes conmigo al sótano para llevarnos el chip. Y ya no vuelvan a cometer estupideces, ¡andando!—Ellos siguieron inmóviles por unos segundos mientras lo veían ir directo al sótano de la base. Él siempre disfrutaba herirles el ego, era como una clase de venganza para su deleite.

—¿Acaso se cree el único que hace bien su trabajo? —La asiática siempre se mostraba ofendida ante tales humillaciones—¿Cuál es su maldito problema?

—Siempre se levanta de mal humor. —Hoagie trató de calmarla—. Solo quiere molestar.

—O tal vez es cierto que algunos se concentran en otra cosa —bufó Abby con una sonrisa malévola. La japonesa le miró y rodó los ojos—. Al cuarto de controles ¡ahora!—mandó.

—Como ordenes, jefe —respondió Wally con sarcasmo; la morena le asestó un golpe y caminó primero al lugar, seguida de los dos muchachos que andaban con fastidio. Kuki suspiró y fue donde se había dirigido Nigel.

A unos pocos metros de llegar a la habitación de controles, un robot gigante comandado por un niño se interpuso en el paso de los tres jóvenes. El robot corrió hacia ellos pero los adolescentes saltaron muy alto para lanzar un golpe.

Por otro lado, Nigel luchaba contra dos agentes devolviendo, con suma precisión, los ataques de sus oponentes el doble de doloroso. Sin embargo, no se percató que encima de él otros dos extendían una red con la intención de atraparlo. Dieron un salto, pero antes de cumplir su objetivo, Kuki les propinó una patada para lanzarlos lejos contra una pared. Ella había agarrado el hombro de su compañero para tomar impulso lo que provocó que él perdiera el equilibrio y casi cayera al suelo.

—¡Ves lo que haces! ¡Yo lo tenía todo controlado! —retó el espectro y con un manotón quitó la mano de la chica.

—Oye, con un "gracias" hubiera bastado —dijo la asiática con el ceño fruncido.

—Solo quédate aquí y no te metas, ¿de acuerdo? —Siguió su camino chocando a propósito su hombro con el de ella.

—Y a ti qué te pasa, ¿eh? —le gritó, pero él decidió ignorarla.

La japonesa se sobaba el hombro, observando fijamente adonde había ido el muchacho. Estaba de espaldas contra los niños que habían atacado a Nigel, quienes ahora se levantaron para atacarla por detrás. Ella consideraba que nadie podía tratarla de ese modo, ¡mucho menos él! Sí, era su líder y todo eso, pero no significaba que se quedaría de brazos cruzados por lo que acababa de hacerle. Estaba sumida en sus pensamientos planeando cómo tomar represalias mientras los agentes se le acercaban más. Sus manos se hicieron puños, la impotencia de no poder responderle le frustraba, así que se limitó a lanzar un gruñido tan fuerte y alto, como la niña mimada y engreída que era. Volteó con todas sus fuerzas y tomó la cabeza del niño que se le había aproximado más, lo alzó en el aire y lo estampó en el suelo. El resto quedó perplejo, parecía que no se había percatado de su presencia, pero sucedió lo contrario. Kuki tomó del pie al niño que yacía en el suelo y lo arrojó a dos de ellos. Los demás le atacaron lo mejor que podían, pero para ella no significaba nada. Siempre había sido de las más temidas, razón por la cual, no iba a dejar pasar ese denier.

El robot apuntó con un lanzallamas que Wally evadió al dar una voltereta, después disparó al cañón robótico y los destruyó en su totalidad. El niño quedó sobresaltado mientras miraba temeroso entre el arma y al muchacho. El rubio corrió hacia la máquina que, a tiempo, sacó un tentáculo que lo lanzó lejos aunque aterrizó de pie. Sin embargo, a toda velocidad, el tentáculo intentó aplastarlo pero, a solo unos centímetros, una espada fina lo partió en dos.

—No me lo agradezcas —indicó la morena.

—No pensaba hacerlo —respondió y corrió una vez más hacia el robot.

El agente gritó con potencia aplastando con fuerza la palanca del tentáculo de nuevo, aunque estaba incompleto, era del tamaño suficiente para acorralar a Wally contra la pared y llevarse a Abby consigo. Ninguno de los dos se pudo zafar.

—¡Bien hecho, Beatles!

—¡A mí no me eches la culpa!

El niño reía triunfante debido a que sentía que estaba ganando la batalla, pero en ese momento algo atravesó el cristal de los controles donde estaba. No se percató a tiempo del proyectil que provocó una explosión dentro del robot y que lo expulsó fuera. La máquina se desactivó e hizo inútil al tentáculo que agarraba a los dos. Para cuando se acercaron al niño, este los miraba con confusión y temor mientras se sobaba la cabeza y con sus ojos escaneaba el lugar.

—¿Q…q…quiénes son ustedes?

Los adolescentes se miraron entre sí; ya sabían quién había lanzado esa bomba de decomisión. Él se encontraba arrimado al espaldar de la silla donde se había sentado haciendo que las patas delanteras se levantaran. Con su cañón en mano sopló el humo que sobraba de la boquilla de tal.

—Saben, hay ocasiones en las que ustedes se complican demasiado, solo había que apuntar al niño y ya ¿o qué? ¿Querían lucir sus piruetas? —Hoagie rió burlonamente.

Abby pateó las patas traseras de la silla para que el castaño cayera al suelo.

—¡Si estuviste sentadote todo este tiempo, ¿por qué no fuiste al cuarto de controles!

—¡Con calma, mujer! Ese robot cerraba el paso. Y como ustedes no pudieron con un simple niño, tenía que decomisionarlo.

—Mejor mueve tu trasero a la habitación de controles si no quieres que yo te dé una lección. —Wally amenazó con su puño en alto.

Unos disparos de mostaza eran lanzados hacia ellos. Cinco agentes corrían a su encuentro.

—Ve al cuarto de controles, ahora. —anunció la morena.

—¿Seguros? Porque si no pudieron con un niño…

—¡Muévete! —Ambos gritaron.

—Ta'bueno, pero no se enojen —refutó el castaño y se dirigió al cuarto.

Uno de los agentes se percató del plan de los adolescentes y alertó a los demás para que siguieran a Hoagie, pero Wally y Abby se interpusieron mientras mostraban sus puños.

Dentro de la sala control una niñita con lentes no había notado nada de lo que ocurría afuera. Escuchaba música mientras jugaba la nueva versión de los simios arcoíris. De pronto, sintió un ligero golpe a su hombro que la dejó inconsciente. Hoagie empujó el cuerpo de la infante al suelo y tomó su lugar en la silla; tronó sus dedos mientras estiraba los brazos hacia al frente. Al teclear en la computadora, se topó con una clave que denegaba el acceso. Hoagie suspiró.

—Déjame adivinar, ¿simios arcoíris? —habló mientras escribía lo mencionado y le atinó. En la pantalla se mostraron lo que las cámaras estaban filmando: Kuki peleaba con dos niños; Wally y Abby seguían con los agentes que había visto y Nigel estaba a la entrada del sótano luchando con unos agentes.

—¿Aun no llega? —El muchacho negó con la cabeza. Observó el ícono que desactivaría la seguridad, con un clic bastaba, pero como su líder no llegaba decidió navegar en la red. Encendió el video chat para ver a su amada, a la única chica que amaba, por quien era capaz de estar a su lado incluso si ya salía con su amigo, Patton. Nada era más romántico que un amor secreto, además que era muy sexy.

Una vez que acabaron con quienes los atacaron, los dos adolescentes se dirigieron al sótano. En la entrada vieron el último golpe que lanzaba Kuki a un agente para después colocar su pie encima de la espalda de ese e inmovilizarlo.

—¿Dónde está Nigel? —inquirió Abby.

—Se fue al sótano porque dijo que obtendría el chip "solo" —respondió la asiática, recalcando lo último con desprecio.

—No lo tendrán. —Los tres voltearon al escuchar otra voz que era un niño con un S.P.L.A.N.K.E.R. acercándoseles.

—Yo me encargo.—Wally sacó su vara y corrió hacia el agente. Ambas observaron como el rubio le dio una paliza al pequeño.

Para Abby, era como si los golpes fueran dirigidos a ella, y empezó a abrigar el dolor que veía reflejado en el rostro del infante. De inmediato apartó la mirada a otro lado para no seguir observando ese sufrimiento. Esos lapsos de pena compartida se habían vuelto constantes desde hace cierto tiempo, pero ella no podía albergar dichos sentimientos, mucho menos por un niño. Decidió poner su mente en cualquier otra cosa.

Para Kuki era como si sus ojos no pudieran despegarse de ese australiano; siempre había sentido cierta atracción hacia su persona aunque no se llevaran bien porque ni siquiera se dirigían la palabra, pero una parte de ella a veces sugería que lo que sentía era más que atracción por el muchacho; unos nervios extraños a veces le atacaban cuando él se le acercaba, más la asiática se había resuelto a jamás prestarle atención a esos sentimientos, por muy fuertes que fueran y que ella no supiera qué es lo que pasaba consigo misma cada vez que pensaba en Wally.

Nigel abrió la puerta del sótano de una patada. Dentro de una vitrina se encontraba el chip conectado a unos cables, pero al primer paso que dio el espectro todas las trampas se activaron. Gruñó y furioso encendió su intercomunicador.

—¡Gilligan, te dije que desactivaras la seguridad!

—¿Q-qué? Ah sí, sí... un momento... —Del otro lado de la señal se escuchaba la respiración agitada del muchacho y un murmullo de una voz femenina que solo se reía mientras él le indicaba que en un momento concluirían su "asunto pendiente". El inglés alzó una ceja mientras apagaba el intercomunicador.

—¿Pero qué rayos estará haciendo? —dijo para sí mismo. Al segundo las trampas se desactivaron. Agarró el artefacto para irse de inmediato, pero del techo apareció una niña que le caería encima. Él tomó los pies de la agente y la empujó; la muchacha cayó de pie y lo miraba con insensibilidad. —Número 93, líder del sector X, ¡cuánto tiempo sin verte! —Sonrió Nigel de manera sarcástica.

—¿Creíste que robar el chip sería sencillo? Esa es la fuente de poder de los chicos del barrio, ¡no permitiremos que te lo lleves!

—¿"Permitiremos"? —expresó una voz femenina. El inglés volteó para ver a la segundo al mando agarrando a un niño por el cuello, a su lado estaban Wally y Kuki—. Si solo quedan ustedes dos, bueno, más o menos. —Lanzó al niño al suelo para que la asiática le apuntara con un rayo de decomisión y con un solo disparo borrarle la memoria de quien fue agente de los chicos del barrio.

—¡No! —93 quiso correr hacia su amigo pero el espectro lanzó una patada en su estómago haciéndola caer de rodillas y dejándola sin aire.

—¿Qué pasa? ¿Te sientes triste?, ¿dolida?, ¿sin esperanza? Tranquila, al final lo olvidarás.—Chasqueó los dedos y fue a la vitrina del chip; Wally apuntó a la niña con el rayo quien no tuvo más remedio que agachar la cabeza, suspiró y negó ligeramente; no permitiría que ese artefacto formara parte de los ninjadolescentes. 93 presionó un botón que sacó de su bolsillo y el suelo comenzó a temblar. Nigel perdió el equilibrio, el resto apenas podía moverse puesto que el temblor se hacía más fuerte. De los altavoces resonó por toda la guarida una voz computarizada.

Autodestrucción activada. Autodestrucción activada.

—¡Esta guarida se destruirá con todo lo que hay adentro!

Después de decir eso, 93 corrió lejos. Una compuerta obstaculizó el paso al chip, estando a solo unos centímetros de Nigel. De la furia que tenía, comenzó a gruñir entre dientes y emanar un aura roja para al final gritar muy fuerte y prenderse en fuego, tal como lo hacía su tío.

—¡Tú, ve por 93! —Ordenó a Abby—.Y ustedes dos ¡traigan a ese maldito! —Wally y Kuki fueron donde Hoagie. El espectro impactaba la pared con una gran bola de fuego para romperla y obtener lo que quería.

—No me iré sin ese diamante.

*w*w*w*w*w*

La líder del sector X buscaba con impaciencia una salida pero solo se topó con una enorme pared en su camino y, al voltear hacia atrás, vio a Abby justo detrás suyo. La morena le abalanzó un golpe en la cara derribándola, la niña agitó su cabeza y rápido se puso de pie para patear el estómago de su contrincante quien, sin dificultad, esquivó el ataque, saltó sobre su espalda y la golpeó para que cayera de rodillas; la agente se incorporó de inmediato y con sus piernas pateó los pies de la adolescente, sonrió con orgullo al ver a su oponente en el suelo y se dirigía hacia el otro lado de la pared pero tropezó una vez más con los brazos de la ex agente. Intentó levantarse, mas su cuerpo no respondió al sentir la boquilla de un arma en su frente. Tragó saliva y miró a la morena directo a los ojos con un semblante de súplica, siempre le habían contado lo vil que la líder de los ninjadolescentes podía ser, pero jamás pensó presenciarlo en carne propia.

—Tú, ¿en serio vas a hacerme esto? —inquirió ella para tratar de apelar a su compasión.

Abby sólo la contempló por unos segundos y, de repente, esa sensación volvió al grado que le impedía jalar del gatillo. Tragó saliva mientras su mano temblaba; no sabía por qué le sucedía aquello, no era la primera vez que decomisionaba a un niño o que ese le implorara piedad, ¿por qué no podía disparar? Cuando 93 observó como la muchacha lentamente bajó el arma, sonrió un poco porque sintió un pequeño rayo de esperanza, pero al instante fue noqueada por otro rayo que provocó que cayera inconsciente.

—¡No! —gritó la morena, aun confundida por ese extraño sentimiento. Al alzar la mirada vio al progenitor del disparo, era su mismo líder. Nigel se le acercó muy molesto con el chip en una mano.

—¿Piedad? ¿Sentiste piedad por un niño? No me imagino cómo se pondrá Padre cuando se entere de esto. —Abby solo bajó la cabeza con el ceño fruncido—. Deberías aprender de alguien que sí hace bien las cosas.

La morena rió de manera sarcástica.

—Es fácil para alguien que no tiene corazón. —Nigel la observó con el ceño fruncido, pero se mantuvo callado, esas palabras lo habían dejado sin respuesta.

Autodestrucción en 1 minuto.

Los niñitos corrían frenéticamente para escapar; no tenían idea de por qué estaban allí, pero estaban conscientes de que si no salían serían aplastados por los escombros. Nigel hizo un agujero en la pared como vía de escape. En ese instante, el suelo tembló con más fuerza haciendo que él soltara el chip de sus manos. Trató de agarrarlo sin buen resultado, pero antes de que el artefacto tocara el suelo, Abby lo cogió

—Me pregunto cómo se pondrá Padre cuando se entere de esto —sonrió mientras lanzaba el artefacto como si fuera pelota de béisbol.

Autodestrucción en 20 segundos.

—Tú ganas —refutó el líder; ambos salieron por el agujero.

Afuera ya estaban los otros tres adelantados entrando en la nave. Los pequeños se alejaron lo más que pudieron de ese lugar con mucho temor. Todos lograron entrar faltando cinco segundos para la explosión, encendieron los motores y se marcharon de ahí. Una vez que el contador llegó a uno la guarida se hizo historia.

El sector X era historia.

X-X-X-X-X

Dentro del vehículo, el inglés se recostó en el espaldar de la silla que se ubicaba en el centro de la nave, cerró los ojos y suspiró aliviado. Todo el peso de temor que llevaba encima pudo quitarlo de sus hombros una vez que se sintió a salvo.

—Ya saben, no hay que mencionarle ningún contratiempo a Padre. —Esa era la regla que habían mantenido desde siempre para evitar los castigos severos de su empleador —. Lo mejor es que salimos intactos en esta misión.

—Eso es lo que ustedes creen.

Esa voz hizo que todos se mantuvieran alerta, miraban a distintas direcciones para hallar al intruso. Nigel fue quien más se desesperó en encontrarla con sus manos agarradas con fuerza a los brazos de la silla y el ceño fruncido con el que observaba sigiloso toda la habitación. Por alguna razón dicha voz le sonaba demasiado familiar. Después de unos segundos de silencio, los controles del piloto enloquecieron, el volante comenzó a manejarse solo y salieron chispas de ahí. Hoagie golpeó el tablero de controles y quiso revisarlo pero seguía chispeando hasta que se inició una pequeña explosión que logró activar las alarmas de la nave y lanzar al aviador de su asiento.

—¿Quién se atreve destruir mis controles? —gritó el castaño con furia.

Un par de risas se escucharon desde una esquina, todos voltearon la cabeza hacia el origen de los sonidos. Abby cargó su arma y disparó a distintas partes de la habitación, pero lo único que lograba era destruir el vehículo mientras que ciertas sombras se dispersaban hacia diferentes lugares dentro. Wally logró divisar una de ellas y le arrojó un pequeño disco volador pero no pudo hacerle ni cosquillas. Éste golpeó la pared por la frustración.

—Ya contrólense, chamacos, atacarnos no hará que nos vayamos.—Volvió a hablar la voz que tenía un fuerte acento inglés.

—Sí, ¡solo queremos ser sus amigos y lograr la paz mundial! —exclamó una alegre voz femenina.

—¿De qué estás hablando?

—Ese no fue nuestro propósito.

—¡Kuki, no vinimos a eso!

Con cada palabra que esos niños pronunciaban los adolescentes se atemorizaban más, las voces se les asemejaban mucho a las suyas cuando eran pequeños, pero eso era imposible. Quisieron pensar que todo era mentira, pero al escuchar el nombre de uno de ellos en esa voz, simplemente perdieron la cabeza.

—¿"Kuki"? —dijeron los cuatro al unísono.

La asiática abrió su boca por el asombro, pero agitó su cabeza para volver en sí y frunció el ceño.

—Si esto es una especie de broma, ¡no es nada divertido!

Al terminar de hablar no vio venir el porrazo que le dieron en la nuca, derribándola al suelo. Los demás entendieron que esa era señal de luchar, aunque no supieran quiénes habían ingresado. Sin embargo, su contraataque fue truncado ya que sus oponentes fueron más astutos al abalanzarles golpes y patadas en la oscuridad. Wally recibió un impacto en su rostro que lo impulsó a caer encima de Kuki; Hoagie fue embestido por un niño que le cayó de encima del techo, quien logró arrodillarlo y arrojarlo a los demás; Abby dio unas volteretas para atacar a una de las sombras pero no evitó un golpe que recibió con una especie de guante de boxeo directo a su estómago para al final caer encima de los tres muchachos.

—Muéstrense, ¡o yo los obligare a ello! —El líder se prendió en fuego que lanzó con potencia hacia los oponentes y el ataque cesó.

Nigel mostró una sonrisa triunfante al pensar que lo había logrado, pero, cuando menos se lo esperó, cinco puños se dirigieron con rapidez hacia su cuerpo haciendo que viera estrellitas. Mientras seguía mareado, los niños lo lanzaron hacia el resto que estaban tratando de levantarse pero recibieron el peso del cuerpo del inglés. Era la primera vez en cuatro años que DNT había sido derrotado; fueron humillados por quienes menos se imaginaron: unos niños, agentes de la organización que tanto odiaban. Claro que, esos niños no formaban parte de cualquier sector; eran los únicos capaces de vencer a cualquier villano de KND, incluso a sí mismos. Se formaron en una línea frente a los jóvenes; mostraban una sonrisa en sus rostros y un semblante sereno. Cuando los adolescentes alzaron la mirada todos abrieron los ojos y la boca contemplando fijamente a quienes tenían adelante; nadie articulaba palabra alguna, solo se dejaron llevar por el asombro.

Les resultaba imposible creer que quienes tenían al frente eran ellos mismos, pero, era verdad, el sector V había regresado.


Transmisión interrumpida.


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