Sé que debía actualizar el miércoles pasado :'v pero hubo un percance. Lo bueno es que ya estoy aquí XD y este miércoles también actualizaré así que esta semana tendrán doble capítulo como premio :3


X-X-X-X-X: cambio de escena.

*w*w*w*w*w*: escena que transcurre al mismo tiempo en diferente lugar.


Transmisión restablecida.

No concebían la idea de que alguien hubiera conseguido derrotarlos tan fácilmente y, lo peor de todos, aquellos niños, sus posibles versiones del pasado, les resultaban tan familiares que llegaba a un punto tétrico, ¿por qué estaban ahí? ¿Qué buscaban? ¿Quién los envió?

—Ahora que tenemos su atención, escuchen. —Dijo Número 1 con sus manos en la espalda—, nuestro fin no es asustarlos, aunque por sus miradas creo que eso acaba de pasar. Somos ustedes hace cuatro años en el pasado, cuando tenían… bueno, corazón. Hemos venido para advertirles sobre algo que probablemente acabe con sus vidas. Se los contaremos bajo la condición de que nos harán caso y no habrá ninguna excusa o pregunta. Lo que les diremos es por nuestro bien, por ende, el suyo también. Si dicen que sí, deben acompañarnos para más detalles. Si dicen que no, pues…

—Pues, ándale —respondió el líder de DNT como si viniera del inframundo. Los cinco jóvenes se lanzaron a sus infancias sin escuchar más de lo que tenían que decirles.

Abby se abalanzó sobre Número 5 con una patada voladora que la niña pudo esquivar; era como si la morena solo pateara al aire pues la agente no se dejaba doblegar. Por último, la niña le indicó con el dedo que la atrapase, a lo cual, la muchacha cedió y fue directo a ella, mas Cinco logró hacerla caer y quedar encima de su oponente quien forcejeó un poco hasta quitársela. La niña se levantó de inmediato mientras negaba con la cabeza y se preparaba para la siguiente ronda.

Número 4 usó un pedazo de metal como escudo para los proyectiles que el rubio adolescente le lanzaba. Disparaba con más potencia con tal de derribarlo, pero el niño saltaba para esquivarlo; logró lanzar el metal como frisbee hacia su atacante y hacerlo soltar su arma. El güero lo veía con furia mientras se sobaba la mano. Ambos corrieron para agredir al otro con tanta fuerza que no se distinguía quién era el mejor.

Kuki lanzó hacia su versión más joven un golpe con el que fue a dar al suelo. Número 3 tenía una enorme sonrisa en su rostro y quiso ir a su encuentro a abrazarla; la asiática aprovechó esa oportunidad para agarrarla del cuello y alzarla en el aire, aunque al principio la niña se asustó, con sus uñas raspó el brazo de la joven obligándola a soltarla. Ambas se miraron a los ojos con el ceño fruncido y continuaron luchando.

Número 2 corría en círculos con desesperación, sabía que si paraba una sola vez estaría frito. Atrás de él, Hoagie utilizaba un enorme cañón para lanzarle misiles, lo que menos deseaba era verlo.

—¡Quédate quieto, pequeña sabandija! —exclamó el castaño.

—¡Solo tres segundos más! —gritó el gordito.

El joven decidió ignorar su patético auxilio de clemencia, pero a lo que él se refería era que, literalmente, en tres segundos se quedaría sin municiones. Abrió los ojos como platos, jaló el gatillo varias veces pero ya no salía nada. Comenzó a gruñir apretando su arma.

—¡Mierda! —la arrojó al suelo.

—¿Buscas esto, patán? —dijo Dos con el nuevo cartucho de misiles en la mano—, ¿acaso no has aprendido que es mejor llevar estas cosas contigo para evitar esta conversación? —Negó con la cabeza. Hoagie corrió hacia él de puro coraje, pero el niño sabía que sin armas su versión adolescente no era nada.

Número 1 estaba de pie en la silla del espectro con una pose de kung fu, atento a los movimientos de su oponente, quien mantenía una pose parecida. Ambos se miraban justo a los ojos, podían leer en sus pensamientos que sentían repugnancia hacia el otro. Nigel odiaba a los niños, y como carecía de recuerdos sobre su niñez, quien estaba al frente también formaba parte de su lista. Por su parte, Número 1 no podía creer que ahora no hace más que obedecer las órdenes de Padre como perro faldero y que él mismo sea igual a su tío.

—Reconócelo, vamos ganando. —rompió el silencio el agente.

Nigel pintó una sonrisa.

—No tienes ni idea de con quién te estás metiendo. —Dio unos pasos hacia el niño quien caminó hacia un lado,los dos atentos ante cada movimiento.

—Claro que lo sé, soy tú, ¿recuerdas?

—Tú no eres ni la mitad de lo que soy ahora.

—Y no tienes ni idea de cuán orgulloso me siento por eso.

—Entonces, ¿qué haces aquí? ¿A qué vinieron? ¿A demostrarnos que de niños también éramos buenos luchadores?

—Eso, y a no cometer errores de los que podrían arrepentirse, ¿o qué? ¿Nunca has pensado en cómo eras cuando tenías mi edad? Acaso no te preguntas porqué sientes un vacío en ti. Ese algo es lo que te oculta Padre. —Nigel se mostraba indiferente a lo que el otro decía, sólo tenía en mente una cosa: cerrarle la boca.

—¿Quieres saber mi respuesta? —Alzó sus manos para formar una bola de fuego y lanzarla a Uno. Él dio un salto alto para esquivar las llamas; cuando tocó el suelo, recibió un golpe en la cara del cual de inmediato se incorporó y lanzó un golpe a su adolescente. El inglés trató de atraparlo, pero el pequeño se escabullía con facilidad hasta quedar en la espalda de su oponente. Uno aprovechó para patearle y hacerlo caer de rodillas. El niño estaba por lanzársele encima, pero Nigel volteó deslizando su pierna en el suelo y le hizo perder el equilibrio. De un salto, Uno golpeó el pecho del espectro quien dio unos pasos hacia atrás y tosió un poco por la falta de aire.

—No puedes engañarme. Sé que quieres saber la verdad, encontrar esa pieza perdida que divaga en tu mente.

El inglés se incorporó, corrió hacia su pasado y lo tomó del brazo alzándolo hacia su cara. Número 1 trataba de zafarse pero no podía.

—Si quiero una respuesta, me la darás a mi manera —gritó.

—¿Eso crees? —dijo el niño haciendo algo de fuerza—, tú y yo somos iguales, todo lo que me pase a mí, creará el mismo dolor en ti.

—Yo no estoy muy seguro de eso. —Su mano emanó un aura roja candente que fue directo al brazo de Uno. Él lanzó un grito al sentir el intenso calor del fuego quemando su brazo, un ardor que traspasaba hasta su piel.

—¡Uno! —Cinco gritó desde lo lejos; corrió para auxiliarlo, pero su adolescente se le lanzó encima.

—¿A dónde vas, mocosa?—, bufó con un tono burlón. La niña gruñó de la furia, y tuvo que concentrarse en quitarla de su camino.

Numero 1 cerró los ojos y apretó los dientes, trataba de zafarse, el dolor era algo inexplicable. Nigel, por otro lado, sonreía malévolamente, siempre disfrutaba ver el dolor de un niño, pero en ese momento sintió un pequeño mareo por su cabeza. Una especie de escenas volaron por su mente, todas aleatorias e indescifrables. Tal fue el asombro que soltó al pequeño quien cayó sentado con un inmenso dolor en el brazo. El inglés no salía de su trance, frunció el ceño porque odiaba la incertidumbre, esas dudas que se le presentaron de repente lo volvían loco.

Cinco cruzó miradas con Uno, él asintió con la cabeza. Ella corrió en dirección a Dos. Su adolescente practicaba una llave con su cuello y despeinaba su cabello con fuerza, el gordito gritaba de la desesperación. La morena se colocó delante de ellos y llamó a su adolescente.

—Ven aquí, preciosa —anunció la pequeña. La muchacha cogió impulso y lanzó una potente patada que iría directo a la niña, mas ésta se agachó para dejar un nuevo objetivo al pie de la joven: Hoagie. El castaño vio estrellitas mientras decía incoherencias cuando recibió la pisada; Abby hizo una seña de dolor.

—Eso… ¿dolió?

—¡Cállate! —Ordenó él mientras se sobaba la cabeza.

Cinco tomó a Dos y le dio su gorro.

—Activa la señal, ¡pero ya!

—¿Tan rápido? No se supone que…

—¡Dije ya! —Dos sobó su oído debido al grito. Sacó de su bolsillo un control, apenas lo presionó, la nave tambaleó de un lado a otro sin cesar haciendo que los tripulantes perdieran el equilibrio.

—Dime que no hiciste, ¡lo que yo creo que hiciste! —gritó Hoagie molesto de que hayan saboteado su hermosa nave.

Pero, efectivamente, lo hizo. Dos activó una especie de botón de autodestrucción "universal", todo acorde al plan que habían efectuado en su guarida secreta. Los cinco niños se acercaron a la ventana con algo de dificultad por el zamarreo que provocaba la nave, mientras los adolescentes apenas mantenían el equilibrio. Uno trató de no mostrar dolor y observó de reojo a los jóvenes que lucían inútiles debido al desastre, le sonrió al resto de su equipo porque aún tenía una última cosa en mente. La nave estaba a pocos metros de tocar suelo y acabar con quienes estaban dentro, pero en lo único en que se concentraba DNT era tener a los niños bajo su mando. Cuando notaron que se iban, corrieron hacia los pequeños, estiraron los brazos y brincaron para atraparlos, pero en ese momento, los cinco agentes dieron un salto al mismo tiempo. Todo ocurrió en cámara lenta, tan lenta que Tres hasta tuvo tiempo suficiente para despedirse de los adolescentes con una enorme sonrisa en su rostro; ellos miraron extrañados ese gesto.

Cuando el tiempo volvió a la velocidad normal, los adolescentes se encontraban flotando sobre la nada debido al hoyo que "mágicamente" apareció en la pared, los pequeños pudieron abandonar la nave, no sin antes, Uno disparó una especie de cuerda que agarró a todos los jóvenes, los unió e, instantáneamente, se amarró en la rama alta de un árbol dejando a DNT colgados como piñata.

Una nave, piloteada por 74.239, recogió al sector V antes de que tocaran el suelo y se marchó a toda velocidad sin que los adolescentes se dieran cuenta. Los chicos suspiraron aliviados, puesto que solo se valieron de su instinto para realizar esa travesía; cualquier paso en falso hubiera puesto en peligro sus vidas.

—Demoraron unos segundos más de lo planeado, me deben una por estar atento. —dijo el científico.

—¿Quieres saber lo que te debo? —bufó el Güero con el ceño fruncido mientras remangaba su buzo, pero Tres lo tomó de los brazos a tiempo para calmarlo.

Uno no dijo nada, sino que de inmediato fue a su camarote de la nave para estar solo. Quiso alzar la manga de su buzo pero el pedazo de tela se había impregnado en su piel, apenas la tocó sintió un fuerte ardor. Respiró hondo antes de volver a intentarlo, pero percibió otra mano tocándolo. Lanzó un quejido del dolor y la molestia porque lo habían descubierto, aunque sabía exactamente quién era. Abby tomó unas tijeras y cortó la manga del abrigo con cuidado y a una distancia de su piel para no hacerle más daño. Despacio separó la tela cortada de su extremidad hasta retirarla por completo.

—¡Oh por Dios! —Exclamó al ver su quemadura—, ¡hay que llevarte a la enfermería! —Iría directo a avisarle al resto, pero Nigel tomó su brazo. Uno negó con la cabeza cuando ella volteó.

—Yo veré como me recupero, no es la gran cosa. Tenemos asuntos pendientes más importantes. —Cinco se cruzó de brazos y negó con la cabeza.

—No has cambiado nada, nene.

—Gracias por notarlo.

Tanto él como ella mostraron una pequeña sonrisa, pero Abby no estaba nada cómoda con la herida de Nigel. Se le acercó un poco para ayudarlo y llevarlo a emergencias, pero Uno se apartó con rapidez tomando su propio brazo con algo de cuidado ya que no parecía estar consciente de la gravedad de su herida. La muchacha suspiró.

—Número Cinco sabe cuánto quieres arreglar este tiempo, ella también lo desea más que nada, pero si queremos que eso pase, debemos trabajar juntos. No pienses solo en ti mismo, déjate ayudar, por algo somos un equipo, ¿no?

El inglés se mantuvo silencio, ya no podía disimular el dolor que sentía su brazo por la quemadura, además, comprendía lo que Abby quería decir. Había momentos en los que olvidaba que todavía tenía un equipo aquí en la Tierra. Asintió con la cabeza.

—Tienes razón… siempre la tienes.

Abby se sonrojó un poco y mostro una sonrisa pícara.

—Ay, no te hagas el humildito —Le dio un golpe en el hombro del brazo herido. Abrió los ojos y se llevó ambas manos a la boca cuando escuchó a su amigo gritar del dolor— Oh, perdón—. Tomó de inmediato su brazo para calmarlo.

Nigel observó inmóvil aquel gesto, inseguro de porqué sentía nervios y un calor por todo su cuerpo. Cuando su mirada se posó en la niña un leve sonrojo pintó sus mejillas. Su otra mano temblaba con ganas de levantarla y devolver el tacto, pero por alguna razón no lo hacía, estaba asustado por cómo reaccionaría ella ante tal acto. Su instinto igual le decía que lo hiciera, pero cuando apenas lo estaba considerando, Abby lo soltó despacio.

—Llamaré al resto. No te muevas. —indicó ella. A punto de irse, Nigel la detuvo con el habla.

—Gracias, Abby —Ella volteó a verlo con una sonrisa.

—Para eso estamos, jefe. — Fue con prisa hacia el resto del equipo.

Él sonrió de igual manera. "¿Estamos?" con esa palabra se preguntó si algún día sería capaz de confesarle sus sentimientos. Ni siquiera pudo tocar su mano, aún no tenía el valor para hacer algo tan grande como eso. Lo que más anhelaba era decirle la verdad, que una de las razones por las que quiso regresar fue para volver a verla, porque la extrañaba más que a cualquiera, porque la quería… la amaba.

Amor. Una palabra que probablemente ahora ya no formaba parte de su personalidad. ¿Cómo fue que un sentimiento tan intenso fue suprimido con fuerza? ¿Sería cierto que su adolescencia era tan cruel y despiadada? ¿Acaso él podría recuperar al chico del barrio que alguna vez llevó dentro? Salió de sus pensamientos cuando escuchó las voces de sus amigos sorprendidos de la noticia que les acababan de avisar. Eso era precisamente lo que quiso evitar: asustarlos y desviarlos de su propósito, pero Abby tenía razón, debía dejarse ayudar. No quería ser egoísta, no como lo era ahora.

X-X-X-X-X

Los cinco adolescentes seguían colgados de la rama de árbol en completo silencio. Sólo se escuchaba el cantar de los pájaros, sonidos provenientes de algunos insectos, el viento que golpeteaba las hojas y también meneaba esa soga lentamente.

—Esto… es… humillante —comentó Hoagie.

—¡Ya no aguanto más!¡Que alguien me baje de aquí! —gritó Kuki desesperada.

—¿O qué? ¿La princesa va a llorar? —Se burló Abby.

—¿Acaso tú no quieres salir? —añadió Wally furioso. La morena alzó ambas cejas.

—Disculpa, pero yo no veo que hagas algo al respecto.

—A decir verdad, ninguno de los dos. —El castaño se unió al debate.

—¡Quieren dejar de hablar y sacarme esta soga! —continuó gritando la pelinegra.

—No será cuando tú lo digas —respondió el Güero.

—Muy bien, bipolar, ¿del lado de quién estas? —bufó la morena.

—Yo creo que del lado de "¡hay que hacer algo para salir!" —vociferó Hoagie.

—A quién crees que le alzas la voz, ¿eh? —contestó Abby.

—¡Dejen de ser chillones y ayuden a bajarnos! —exclamó Wally.

—Y cuando lo hagamos, ¡recuérdenme golpearlos a todos! —añadió Kuki.

Al segundo, los cuatro comenzaron a gritarse e insultarse al mismo tiempo palabras inentendibles; habían perdido los estribos, todos menos uno: su líder. Simplemente era indiferente a los comentarios, ya que no era la primera vez (ni sería la última) que todos se faltaran el respeto de ese modo. Su mente reproducía vez tras vez lo que pasó hace un momento. Nadie jamás lo había humillado así y ahora viene de la nada un niño del "pasado" a enfrentársele, lo peor es que no logró derrotarlo como hubiera querido. Es verdad que lo hirió, pero, viendo los resultados, quien huyó fue el pequeño, mientras él estaba varado con cuatro gritones que no aguantaban verse. Impotencia, frustración, coraje, furia, sentía tanta furia que podía deformar la cara de quien tuviera a su lado. Un aura de fuego cada vez más potente invadió su cuerpo hasta que, finalmente, lanzó un grito de cólera y expulsó su calor hacia la soga liberando al resto en el acto. Todos cayeron al suelo debido a la sorpresiva proeza. El muchacho botaba fuego hasta por los poros y no dudó en desquitarse con el árbol al arrojarle un rayo que provocó que el tronco se partiera en dos y se deslizara despacio. Los demás veían pero no hacían nada al respecto, no era la primera vez que Nigel derrumbaba cosas y tampoco sería la última.

—Muy bien, ¿y el árbol qué te hizo? —preguntó Hoagie sentado en el suelo.

El inglés caminaba en círculos con la mano en la barbilla, pensando en cómo encontrar y acabar a los niños. Abby fue la primera en levantarse.

—Los vamos a encontrar.—Fue lo único que dijo para que el muchacho se le acercara con una bola de fuego en su mano derecha.

—Y qué te hace creer que será así de sencillo, ¿eh? "¿Los vamos a encontrar?" ¡¿Los vamos a encontrar?! ¡¿Cómo estás tan segura?! —Le gritaba a la cara, pero ella solo lo veía serena. Cuando por fin se calló, levantó su mano revelando una notita donde él pudo leer que les darían una segunda oportunidad en el estacionamiento. Nigel se limitó a gruñir porque, como era usual, Abby le ganó.

—A veces eres muy cascarrabias —expresó Wally mientras se levantaba y, por instinto, extendió su mano hacia Kuki para ayudarla quien giró su cabeza y se levantó sola. El muchacho bajo su brazo molesto con ella… y consigo mismo.

—Entonces hay que crear un plan de ataque hacia esos mocosos —anunció el líder.

—Abby cree que solo hay que conversar —dijo la morena. Nigel le lanzó una mirada de fastidio.

—Por primera vez en la vida, concuerdo con la marimacho —añadió Kuki. La morena le mostró el dedo de en medio.

—Apoyo la idea de Nigel —indicó el Güero—, yo no me fío de esos demonios.

—¿Le tienes miedo a esos chaparritos? —se burló Kuki.

—Algunos somos precavidos —respondió Nigel con una voz más profunda—, no como otros que solo tienen aire en la cabeza, ¿no es así Sanban?—. La japonesa cruzó los brazos y lo miró con repugnancia, esa era la gota que colmaba su paciencia,más porque notaba como él solo sonreía.

—¡Relájate! Espero que tengas el mismo valor cuando le diga a Padre que fue culpa de ustedes que hayamos perdido a esos niños—, exclamó de manera autoritaria.

—¡Pero también fue tu culpa! —Se defendió Kuki.

—¿En verdad piensas decirle a Padre? —intervino Abby.

—Él tiene que saberlo, así los acabará y descubriremos a qué diablos vinieron —respondió el inglés.

—¿Acaso Nigel Uno no puede solo? —cuestionó ella. Los otros dos rieron en voz baja.

—Si lo ves así de fácil, ¿por qué no los pudiste atrapar?

—Ya tenemos un punto de encuentro, creo que eso es suficiente —indicó la morena.

—Padre lo sabrá te guste o no —ordenó el líder.

—No sé por qué quieres decirle —inquirió Kuki.

—Él puede ayudarnos —dijo Wally. Ambas chicas lo miraron con sorpresa—. Debemos atrapar a esos mocosos de alguna manera, ¿no?

—No necesitamos a Padre en esto —concluyó Abby. Wally rodó los ojos.

Y volvieron a los mismo: cada quien jalaba para su propio lado, porque pocas veces llegaban a un acuerdo.

Siempre alguien debía intervenir.

Todos dieron un salto y se taparon los oídos al escuchar el potente sonido que emitió ese cañón que formó en el cielo una luz fosforescente tan brillante que se podía ver a kilómetros.

—A veces pienso que debería casarme con esta belleza —expresó el tirador: Hoagie, quien todo ese tiempo estuvo recostado en el suelo con su celular en una mano porque estaba chateando. Los demás se mantuvieron callados, escuchando cómo el castaño tecleaba en su celular táctil con su dedo pulgar tan rápido que nadie podía igualarlo ni con dos manos—. Si preciosa, yo también te amo… —Parafraseaba lo que escribía.

—¡¿Por qué hiciste eso?! —exclamó el líder furioso. Recién en ese momento, el castaño alzó la mirada y arrugó el ceño.

—¿Qué cosa? ¿Esto? —Volvió a lanzar otra luz de bengala. Nigel quiso detenerlo, pero fue demasiado tarde; se puso tan molesto que comenzó a gruñir. Hoagie se levantó al ver lo rabioso que estaba su líder, pero no era el único.

—¿Qué quieres? ¿Que nos cuelguen en este momento? ¿Por qué descifras nuestra ubicación con nuestra nave destruida? ¿Quieres que todos nos vean caídos? —exclamó Wally.

—Corrección, mi nave destruida, pero al parecer a ustedes les afectó más —Negó con la cabeza—. Las naves son como las mujeres, buenas por un tiempo, pero después hay que desecharlas de alguna manera—. Tanto Abby como Kuki lo miraron molestas. —Y volviendo a lo importante, creo que lo único que hacen es chillar como bebitas porque nos derrotaron y su solución ¿es darle las quejas a Padre?

—¿A qué diablos te refieres? —dijo Nigel levantando una ceja.

—A que una vez que Padre se entere que unos chamacos nos vencieron, esta hermosa cara, — señaló su propio rostro—, no volverá a ser la misma. No voy a correr el riesgo de que me humille en frente de todos diciendo que unos niños destruyeron mi amada nave y creo que ustedes tampoco quieren eso, ¿o sí?

Todos se mantuvieron en silencio por unos segundos.

—Al menos dijiste algo sensato. —Abby se aproximó a su brazo para golpearlo tan fuerte que logró causarle dolor—. Excepto lo anterior, claro. —Sonrió sarcásticamente.

—Creo que todos estamos de acuerdo con eso —añadió Kuki.

Wally lanzó un suspiro de fastidio, pero asintió.

—Ninguno de nosotros quiere que alguien sepa de este bajón, ni siquiera Padre.

Nigel pensó por unos segundos su respuesta, aunque reconocía que todo lo que dijo el castaño era cierto, porque lo que menos quería perder era su reputación. Nadie merecía verlo caer jamás.

—Tienes razón —pronunció las palabras entre dientes.

—Siempre la tengo, pelón —indicó el castaño.

En eso, escucharon en la lejanía unos motores de otras naves de los ninjadolescentes que los hallaron gracias a las luces de bengala.

—Muy bien, Beatles, Sanban, no traigan a los ninjas acá, inventen cualquier excusa creíble, que la nave ya está en el cuartel y no den ningún detalle de la misión o del chip. —Los dos fueron de inmediato—. Lincoln, tú y yo iremos donde Padre a entregarle el artefacto y actuar como si nada de esto resultó ser un fiasco. —La chica asintió con la cabeza—. Y Gilligan… no vuelvas a llamarme pelón, jamás. —Él chasqueó con la lengua y le apuntó con sus dedos formados como pistola.

Y en el momento que todos voltearon hacia sus encargos, fruncieron el ceño. De la impotencia, del coraje, pero sobre todo, de la incertidumbre. "Sus vidas corren peligro", pero ¿de qué?


Transmisión interrumpida.


¿Review? :3