Gracias a Lissadonado, estoy actualizando *-* espero disfrutes la lectura! :'D


X-X-X-X-X: cambio de escena.

*w*w*w*w*w*: escena que transcurre al mismo tiempo en diferente lugar.


Transmisión restablecida.

Adentrada la noche, en las afueras de la gran mansión, una sombra se sacudía entre los arbustos, con sigilo observaba a los pocos ninjadolescentes que se les había asignado hacer guardia ese día. Una vez que se aseguró que todos estuvieran lo suficientemente distraídos como para notar su presencia, trepó a un árbol, lanzó una soga hacia la terraza y se abalanzó en ella con rapidez. Ya arriba apuntó con su láser al candado de una de las puertas que guiaba al sótano para entrar. Completó la primera fase con algo más de esfuerzo que lo requerido. Decidió ignorar el asunto y concentrarse en lo que realmente había venido a hacer. Recuperar el artefacto más valioso de Los chicos del barrio. A pesar de que la cantidad de agentes disminuía a un ritmo alarmante, él seguía en pie. Ya se estaba cansando de que Padre se metiera una y otra vez con su organización y no permitiría que KND se desvaneciera sin dar batalla, sin reclamar su venganza por lo que los adultos y DNT le hicieron. La mayoría de los agentes con los que creció habían sido decomisionados, sus mejores luchadores, sus más allegados, sus amigos, su primer amor. Al enterarse que el sector X fue saboteado en seguida pensó en el bienestar de la niña que había podido dar vuelta a todo su mundo, a la que le hubiera pedido ser su novia si hubiera tenido la oportunidad, pero para cuando sus tropas llegaron al lugar asaltado ya era demasiado tarde. Ninguno recordaba nada. Ni siquiera ella. La batalla contra el enemigo se estaba convirtiendo en una situación tan asfixiante que él había olvidado cómo ser un niño, jugar, reír, tener nuevas experiencias. Ella sería una de sus nuevas experiencias, pero jamás pudo confesarle sus verdaderos sentimientos y jamás podrá hacerlo, ya no la volvería a ver.

Por eso había tomado la arriesgada decisión de ingresar a la mansión completamente solo. Avanzó mediante una escalera hacia los ductos de ventilación en busca de la habitación donde estaba resguardado el chip. Estaba consciente de que las posibilidades de ser descubierto y decomisionado eran altísimas, sabía que estar sin refuerzos o algún acompañante era ir contra los protocolos establecidos desde hace tiempo; pues como dijo un extraordinario agente: "Nunca vayas solo a una misión." La ironía del asunto era que gracias al agente que pronunció esas palabras, el mismísimo número Uno, él se encontraba solo en su actual travesía. Era gracias a ese agente que había perdido a 93. Era gracias a ese bastardo que alguna vez se lo conoció como "agente" que la organización entera estuviera a punto de fallecer. Y aunque era verdad que siempre admiró todas las hazañas que él y su equipo, el legendario sector V, habían realizado, número 55, el actual Líder Supremo de los Chicos del Barrio, sabía que en este momento no quedaba ni una pizca de lo que ellos antes fueron. Todo había cambiado.

Lo único que les quedaba era el chip y no iba a permitir que le arrebataran eso también. Era lo único que podía mantener, su esperanza.

Retirando polvo y telaraña de su cuerpo se arrastraba con incomodidad por los estrechos ductos. Se detuvo cuando notó que por una rendija podían notar su sombra dos guardias que estaban caminando por el pasillo. Escuchó con dificultad la charla entre ambos, algo acerca del extraño comportamiento de Padre porque ese día no había salido de su oficina en ningún momento y que tampoco sus pupilos habían aparecido. Levantó una ceja ante tal descubrimiento, era bastante insólito que ni DNT estuviera vigilando la vivienda en esos momentos, algo tramaban entre manos. Aunque para él significaba una ventaja, pues probablemente pasaría desapercibido toda la noche.

X-X-X-X-X

Su mirada perdida, sentada en el suelo, con las manos abrazando sus rodillas, lo único que invadía su mente era el pacto que el grupo entero había aceptado seguir: todo se trataba de una mala broma, era imposible viajar en el tiempo y menos que ellos realmente fueran su pasado. Pero algo en ella no reconocía por completo la resolución, aquel extraño encuentro resultó intrigante porque sintió muy familiar la manera con la que ese equipo de chiquillos se trataba. Como verdaderos amigos. En el presente era imposible que entre todos se trataran así, a duras penas actuaban como si fueran conocidos. Además la sensación de pena por ver el sufrimiento de un niño nunca desapareció durante la misión. Lo que más le llamó la atención, sin embargo, fue el especial acercamiento entre su niñez y… él. Su consternación por salvarlo sin importar lo demás y ese peculiar afecto que, al recordarlo le resultaba escalofriante, era mutuo. Suspiró y colocó su mano en su frente, esa aparición repentina la estresaba en gran medida. Un sentimiento nostálgico irrumpió su interior y no planeaba dejarlo pasar como si fuera broma. Estaba convencida de que se trataba de sus versiones del pasado que vinieron por una razón importante y ellos debían averiguarlo.

Rápidamente se puso de pie para buscar a los demás y convocar otra reunión pero unos ruidos captaron su atención. Escuchó unos vidrios romperse al otro lado de donde se hallaba, por precaución cargó su arma y se encaminó al lugar donde se originaba el estruendo. Con postura firme se arrimó al marco de la puerta que, con paciencia y destreza, pudo abrir sin dificultad. Asomó su cabeza examinando la habitación con cuidado de que alguien la notase. Al mirar al frente contuvo la respiración cuando observó todo el lugar hecho un desastre y al espectro menor apoyando sus manos con fuerza en el borde de una mesa con la cabeza agachada, su cuerpo emanaba un aura roja y en su rostro se percibía cómo aguantaba un intenso dolor. La ninja levantó ambas cejas cuando se fijó que el brazo de su líder estaba lastimado con una quemadura. Quiso hacer memoria de lo que pudo haber sucedido, pero sus pensamientos fueron interrumpidos al darse cuenta que algo se dirigía a su persona con rapidez. Al último segundo alejó su cabeza de vuelta al marco de la puerta, para darse cuenta que, tendido en el suelo, se encontraba un simple bolígrafo. Se dio cuenta que ese era uno de los tantos objetos que el enfurecido muchacho lanzó con fuerza del escritorio, y sin querer le impactaría en el rostro.

Él no podía creer lo que veía, su brazo, sin razón alguna, estaba tornándose a un color rojizo oscuro, como si en ese preciso instante lo estuvieran quemando y de una manera lenta y torturante. El dolor era extenuante. Tal como le había provocado a número Uno. Sus palabras se cumplieron, si algo le hacía daño a dicho niño, le sucedería lo mismo a él. Porque eran la misma persona y eso significaba que, efectivamente, ellos eran sus versiones del pasado. Cuando recordó cómo los infantes se salieron con la suya, burlando toda su pericia, la rabia se apoderaba de su ser. Con la poca fuerza que conservaba agarró el escritorio y, con un grito, lo arrojó al suelo logrando que se partiera. Aunque inmediatamente lanzó un quejido porque su brazo sentía cada vez más ardor. Cerró los ojos y con su mano sana cubrió el brazo herido. Aun si fuera cierto, él no aceptaría del todo que esos niños podrían venir del pasado.

Abby, por otro lado, consideró eso como prueba suficiente para aceptar el hecho de que dichos niños tenían algo importante que hacer aquí, y no pensaba mantenerlo más en secreto. Reuniría al resto del equipo para hablar del tema. Giró su cabeza para asegurar la puerta en silencio. Con el menor ruido posible la cerró y al segundo que se volteó, Nigel Uno estaba frente a ella.

—Odio cuando haces eso. —murmuró.

—No deberías estar aquí.

—Hay muchas cosas que no deberíamos hacer y sin embargo míranos. —Señaló el brazo del inglés.

—Se supone que acordamos no volver a hablar de ese tema.

— ¿No volver a hablar? Es nuestro pasado y nos compete a todos. Los demás merecen saber lo que te sucedió en el brazo. —Abby dio media vuelta para irse, pero Nigel la tomó del brazo jalándola con fuerza hacia él.

—No podemos tomar el riesgo de confiar en ellos ¡son niños! —alzó el volumen de su voz.

— ¡Tú no confías en nadie, ¿verdad?! —gritó al mismo tono de su acompañante—, solo por una vez, ¿podrías escuchar la opinión de alguien más?

Ambos se mantuvieron en silencio, mirándose fijamente, listos para atacar al otro si este empezaba. Abby era la que más se mantenía a la defensiva, pero pasaron varios segundos y Nigel no expresó ni una sola palabra. La morena lo observó con cierta admiración e intriga, no esperaba que se mantuviera callado. No era la primera vez que llegaban a eso, lo conoce, siempre le ha gustado tener la última palabra, ¿qué pasó ahora? Él tampoco estaba seguro qué era lo que sucedía consigo mismo. Nunca mostró tal cortesía a alguna persona, menos a alguien que no soportaba en ningún sentido, como ella; pero en este momento sintió que, simplemente, no debía gritarle. Y había algo más. La cercanía entre los dos le parecía muy extraña, se dedicó a observar con detalle a la persona que tenía al frente. Muchas veces había estado así de cerca con ella, ¿por qué ahora se sentía diferente? ¿Esas sensaciones tendrán algo que ver con su extraño encuentro? ¿Será que… ella fue parte de su pasado?

Los dos se encontraban en un pequeño trance que, de inmediato, fue interrumpido por un constante pitido de dentro del bolsillo del muchacho. Abby rápidamente miró hacia otro lado, mientras que Nigel se puso un auricular en el oído.

— ¿Qué sucede?

Querrás decir "qué no sucede". El líder supremo está frente mío. —Se cortó la llamada.

Abby levantó ambas cejas y abrió los ojos por el asombro ¿el líder supremo? Nigel, por otro lado, mostró la furia que tanto le caracterizaba, por haber estado tan concentrado en este "pequeño" desliz no pudo dar cuenta de lo que había sucedido.

—Esto tendrá que esperar. —dijo, acto seguido activó su auricular—, ¿dónde estás?

A la morena le tomó unos segundos reaccionar, agitó su cabeza levemente para darse cuenta que el inglés ya estaba unos metros lejos de ella. Lo siguió con rapidez porque, era cierto, había que dejarlo para después.

Los sentimientos siempre iban para después.

X-X-X-X-X

No era la primera vez que se enfrentaba a un adolescente. Sin embargo, el temor no lo abandonaba. Jamás lo había tenido tan cerca, cara a cara, sin nadie que lo pudiera auxiliar. Su rostro mostraba firmeza, su respiración aunque agitada, manifestaba seguridad. Debía revelar seguridad ya que algo que caracterizaba a su contrincante era que nunca perdía una batalla mano a mano. El enfrentarse a Wallabee Beatles era algo por lo que sentir recelo. El rubio, por su parte, sentía furia que se reflejaba en su semblante, apretó fuertemente su puño y soltó un bufido. Su enojo era tal que no le molestaría para nada darle su merecido a ese niño, sin importar la manera.

— ¡Mira cómo resultan ser las cosas, el más tonto pudo encontrarme! ¿Cuántas neuronas has quemado por pensar un poquito? —Se burló el pequeño.

—No intentes desafiarme, no tendré piedad contigo.

—Tranquilo. —Se puso en posición de batalla—. No la necesito.

El adolescente imitó su acción y se le abalanzó encima dispuesto a hacer que se tragara sus palabras, nadie se atrevía a llamarlo tonto. La batalla era tan reñida resultando imposible distinguir quién era mejor. Aunque el joven poseía superior tamaño y más fuerza, no contaba con que el agente con quien luchaba era el mismo líder supremo. No cedería con facilidad. Un "tira y hala" de fortalezas y destrezas, cada uno se defendía del otro como podía, entre varas y patadas trataban de protegerse. El joven lanzó un ataque sorpresa hacia el niño con su vara que casi logró derrumbarlo, mas este mediante una voltereta le quitó su garrote y lo asió para sí mismo. El agente apuntó al rubio con su, ahora, nueva arma y una sonrisa triunfante.

— ¿Ya te piensas rendir, güerito?

Wally gruñó con fuerza, encogió su brazo para coger impulso y lanzar su puño.

*w*w*w*w*w*

Su puño azotó la puerta con ímpetu, los dos ninjadolescentes que se encontraban a los costados dieron un salto del susto. Caminaba a paso rápido, con su mano en el oído para escuchar mejor lo que le reclamaban por el auricular.

—Sí, sí, sí, sé que es mi responsabilidad estar pendiente de la seguridad de la mansión, pero el asunto es que "se suponía" era mi día libre.

¿Día libre? ¡¿Día libre?! ¡¿Te parece que esto es un trabajo?! —vociferó por el otro lado su líder.

—A lo que me refiero es, primero, ese no debería ser mi problema y, segundo, puedo escucharte fuerte y claro ¡no tienes por qué gritar! —pronunció Hoagie.

Nigel y Abby se dirigían con rapidez a la recámara donde se hallaba el infiltrado.

— ¿Sacas algo con reclamarle? —murmuró la morena.

—Escuché eso. —Reclamó el inglés, habló otra vez por el auricular—, quizá haya un error en tu "maravilloso" sistema de seguridad.

— ¿Disculpa? —La muchacha rodó los ojos y siguió el camino del chico.

El castaño se acercaba a la torre de control.

—Mi sistema es más que maravilloso ¡yo mismo lo diseñé! Ni siquiera una paloma de dudosa procedencia puede atravesar con vida estos muros. Misiles, cañones, rayos láser, todo funciona con solo presionar un botón.

Me importa un pepino tus logros, el hecho es que ese niño está aquí dentro.

—Ni te atrevas a echarme la culpa. —Llegó a la torre de control—. Yo envié personalmente a alguien para que presione el…

Detuvo sus palabras cuando vio a quien "envió" besándose con su quincuagésimo novio. Ambos se separaron de golpe. El castaño se dio un palmazo en la frente.

Que presione el ¿qué? ¿Sigues ahí?

Kuki le hizo señas de súplica mientras negaba con la cabeza; Hoagie le apuntó con el dedo índice, amenazándola, ella enfatizó más sus plegarias para, al final, convencerlo. Él lanzó un suspiro.

—Olvidé decirle.

Lo olvidaste, no me digas ¡Ahora todos sabrán que hay un intruso por nuestra culpa!

— ¿No crees que se enterarán si gritas un poco más fuerte? —Sonó la voz de la morena por el auricular.

¡Deja de usar el sarcasmo conmigo!

— ¡Esperemos que eso mantenga tu bocota cerrada!

Los dos continuaron con su pelea. Hoagie rodó los ojos y colgó la llamada. Kuki se levantó de las piernas de su novio, acercándosele.

—Esta no es la primera vez que salvo tu sexy trasero. —dijo el castaño.

— ¿Ya has olvidado las tantas veces que he salvado el tuyo? —respondió ella con picardía en su voz. El castaño sonrió y le guiñó el ojo—. Ahora, ¿qué tan grave es?

—Tan grave como que el líder supremo se infiltró en la mansión. —La pelinegra abrió los ojos por el asombro, siguió al castaño hacia la cámara principal, quien buscó con la mirada al susodicho agente—. "There you are, my friend".

— ¿Te he dicho que suenas lindo cuando hablas en inglés?

—Todas lo dicen. —Después de teclear unos números, presionó un botón que cerró cualquier pasillo que llevara a los ninjas hasta el líder supremo, incluyendo la oficina de Padre.

— ¿A qué habrá venido número 55? —preguntó la asiática.

—Obviamente el chip. Tenemos algo que a ellos les pertenece, era cuestión de tiempo que intenten robarlo.

—Pero, hasta ahora no hemos podido desbloquearlo.

—Cierto. Por eso, la visita del líder no es tan mala después de todo. —Se dirigió a la puerta para marcharse, obligando a la japonesa a seguirlo.

— ¿No se supone que acabas de bloquear los pasillos?

—Menos este. De algo que todos estamos seguros es que esto fue gracias a un error, y nadie debe saberlo.

Ella asintió con la cabeza. Ambos levantaron una ceja mientras, en su mente pasaba el mismo asunto. Despacio voltearon la cabeza hacia atrás, recordando al tercer integrante de la habitación quien mostró mucho miedo por las miradas amenazantes de los dos.

—Adelántate. —susurró la chica a su aliado. El castaño negó con la cabeza y con el dedo le hizo señas de degüello al ninjadolescente para después irse. La asiática se le acercó a paso lento, cual tigresa acechando a su presa, sacó un arma de su bolsillo y comenzó a girarla en su mano derecha. El joven empezó a sudar frío y reír con nervios.

—O-oye, no tienes que hacer esto, ¿sí? Prometo no decir nada, lo juro, en serio, ¡soy una tumba! —Kuki le apunto con su arma y la cargó—. No, no, no, no, no diré nada, lo juro, ¡No! —Se oyó un disparo.

*w*w*w*w*w*

Número 55 cayó debilitado al suelo, le era imposible levantarse. El güero se le acercó con su rayo decomisionador en mano.

—Te dije… que no tendría piedad contigo.

—Como podrías. —refutó el agente entre dientes.

— ¿Qué dijiste?

—Me sorprendería que alguien como tú sintiera misericordia.

Wally arrugó el entrecejo y torció su labio, por alguna extraña razón su cuerpo y mente quedaron suspendidos, como si no pudieran contraatacar. Retrocedió unos pasos, acto que el agente pudo percibir.

— ¿Qué te pasa? ¿Ya no te gusta que te vean como una máquina destructora que no hace más que seguir órdenes? ¡Vas a pagar por destruir lo que yo he amado!

Esa palabra le sonó muy familiar, como si la hubiera escuchado antes. Tambalearon sus manos como si ya no pudiera sostener su arma. No sabía qué le sucedía, parecía que esa palabra tenía un extraño efecto en su persona. Pero, ¿hacia quién podía llegar a sentir amor?

Wally…

Volteó con brusquedad cuando oyó eso, se asemejaba a una ¿niña? La confusión le provocaba un intenso dolor de cabeza, aunque no quería demostrar debilidad ante quien estaba al frente suyo. Gritó furiosamente agarrando del cuello al niño que había saltado para asestarle un golpe sorpresa. Lo arrojó al suelo y presionó su pistola contra la cabeza del agente.

— ¡Será mejor que te calles! ¡Tú no me conoces! ¡Ni siquiera sabes qué se siente realmente perder lo que has amado en tu vida!

—Déjalo.

Apunto de jalar el gatillo, recibió esa orden que provocó que le hirviera la sangre. Nigel, con una sonrisa malévola, observaba con gusto cómo su subordinado giraba su cabeza para enfrentarlo, estaba rojo de la furia con ganas de atacarlo aunque, la verdad, ninguna de sus acciones le intimidaba. Abby, en cambio, cruzó los brazos y se arrimó al marco de la puerta con pose de desgano.

—Lo tengo controlado. —El rubio contenía su cólera.

—Yo me encargaré ahora. —habló el inglés con un tono prepotente.

Sostenía su arma con tal potencia que parecía que estaba a punto de romperla, levantó al prisionero y lo lanzó a su líder. Este lo agarró entre forcejeos hasta inmovilizarlo.

—Hubiera sido lamentable que te hubieran decomisionado ¿no crees?

El niño se movía incesantemente para liberarse, Wally se levantó de golpe para retirarse. Al pasar por la puerta chocó su hombro contra el de Abigail haciéndola tambalear.

— ¡Ten cuidado, idiota!—le reclamó. Aunque también la ignoró, la morena lo observó con intriga y decidió seguir sus pasos.

—Este no es el final, Nigel Uno. —expuso el líder supremo a su archienemigo, quien rió en tono bajo.

—Apenas es el comienzo, "comandante". —enfatizó la última palabra de manera sarcástica. Los dos se miraron con furia y desprecio.

*w*w*w*w*w*

Cualquier objeto que el rubio encontrara a su paso era víctima de su furia y rabia expresada mediante golpes, gritos y berrinches. La pared recibía la peor parte, se encontraba ya agrietada de tanto impacto. Sin embargo, nada de lo que hacía lograba que se apaciguara. La morena al ver su conducto, simplemente negó con la cabeza.

—Y luego dicen que las chicas somos las escandalosas. —bufó.

—Yo lo tenía bajo control ¡estaba a punto de decomisionarlo! —Golpeó la pared por milésima ocasión.

—Por esa misma razón te detuvo. —Recién en ese momento detuvo sus movimientos—. 55, al ser la máxima autoridad de los Chicos del Barrio, es probablemente el único que sepa cómo desbloquear el chip, genio. Usa la cabeza para la próxima.

Con sus emociones a punto de explotar, ese comentario consiguió sacarlo de sus casillas otra vez. Tomó su vara y aporreó una maseta que se encontraba en una esquina, partiéndola en pedazos.

—Nadie sabe lo que pienso. —Otro porrazo—. ¡Nadie sabe lo que siento!

Siguió destruyendo con cólera el masetero ya roto. Antes de que continuara sintió como la chica agarraba su vara por detrás para que cesara su ataque.

—Con golpes nunca solucionarás nada. —exclamó. De inmediato, él le arranchó el bastón de sus manos. Ella frunció el ceño por eso.

— ¿Mira quién habla? ¿La que siempre que escucha algo negativo de sí misma responde con violencia? No sé qué clase de persona crees que eres pero, deberías mirarte al espejo más seguido.

Cruzaron miradas desafiantes entre sí. Después de unos segundos de silencio Wally se marchó. Abby apretó sus puños y gruñó entre dientes, no le faltaban ganas de propinarle una paliza, aunque sabía que al ceder estaría dándole la razón. Así que también dio media vuelta y se alejó con ira contenida. No obstante lo que le dijo la dejó pensando mucho. Lanzó un suspiro y masajeó levemente su cabeza con sus dedos, en ese preciso momento había otras cosas en qué preocuparse.

X-X-X-X-X

El agente arrugaba sus ojos debido a la radiante luz que caía directo a su rostro, abría y cerraba las manos varias veces para asimilar que era lo único que podía mover de su cuerpo, se sentía agotado por todas las cargas por la que estaba pasando. Con la poca fuerza que conservaba intentó desamarrarse las ataduras que los mantenían en esa silla en medio de aquel cuarto oscuro. Suspiró fatigado y agachó la cabeza, mas activó sus sentidos al sentir a alguien aproximándosele. Un aura de fastidio le invadió al observar lo que su agresor llevaba en la mano.

— ¿Quieres esto? —Era el castaño quien acercó el chip hacia el rostro del operativo.

— ¡Eso no te pertenece! —Gritó mientras luchaba con las sogas, de inmediato escuchó su risa malévola.

—No es culpa nuestra que no hayas entrenado bien a tus pupilos. Es gracias a su pésimo desempeño que pudimos obtener el chip, así que ¿no deberías estar molesto con ellos? —hablaba mientras jugaba con el objeto.

—No trates de engañarme, cerebrito, ¡todo esto es su culpa! —agitó su cuerpo con brusquedad, no obstante, apreció una corriente recorrer su cuerpo al sentir unas delicadas manos que masajeaban sus hombros.

—Relájate, chiquitín, ¿acaso esto no es demasiado para ti? —Intervino la asiática con un tono suave—, mira todo lo que has pasado por escondernos esta información, si hablas, tu sufrimiento acabará, no tienes por qué presionarte tanto.

—Nunca diré nada ¡Jamás les fallaría a los chicos del barrio!

— ¡Los chicos del barrio acabaron apenas pusiste un pie en la mansión! —Reclamó la morena mientras se acercaba a su cara con una mirada amenazante—, tú eres su soporte, sin ti no son nada, y ahora eres nuestro ¿por qué sigues pensando que puedes salir con tu memoria intacta de aquí?

—Ríndete ,55… —El espectro se aproximó a la luz—… ya no hay opción.

Wally no salió de la oscuridad, no tenía ganas de interrogar a nadie en esos momentos. Ambos líderes se veían directamente a los ojos sin doblegarse un poco. Nigel tuvo un extraño presentimiento al percibir que el niño no mostraba temor alguno. Más bien se lo sentía confiado, seguro. Ninguno de los infantes a los que había decomisionado le había transmitido tal ambiente. Y ni siquiera disimulaba, su certidumbre era real ¿acaso no le tenía miedo? Se le acercó y le apuntó con un rayo decomisionador.

—Dinos como desbloquear el chip o serás decomisionado.

—Me sorprende que adolescentes como ustedes no puedan descifrar claves hechas por niños. —Se burló el pequeño, actitud que molestó a sus agresores. En especial al líder quien rápidamente cargó el arma.

—Admite que estás perdido.

—No puedes borrarme la memoria ahora, nadie más sabe esas claves a excepción de mí. Entonces, quien parece que está perdido eres tú.

Lo más doloroso que podían atacar era su ego. Arrugó su entrecejo y un aura roja apareció por todo su cuerpo.

— ¿Dudas de lo que soy capaz de hacer? ¡Puedo decomisionarte en este momento!

55 mantuvo silencio por unos segundos. Sin bajarle la mirada.

— ¿Sabes cuál es el mejor ataque de los Chicos del Barrio? —Una gran sonrisa satisfactoria invadió su rostro—… el sorpresa.

Como si se tratase de una señal, una enorme explosión se formó en la habitación desde el otro lado, provocando que el lugar se llenara de un denso humo espeso.

*w*w*w*w*w*

Explosión que hizo temblar toda la vivienda, incluyendo la oficina de Padre.

— ¿Qué fue eso? —inquirió su versión del pasado.

Al segundo una alarma se activó por todo el lugar.

Intruso escapando. Intruso escapando.

Encendió las cámaras de vigilancia del salón de interrogatorios, al verlas azotó su puño contra la mesa de la rabia.

*w*w*w*w*w*

Nigel fue el primero en recuperar su posición de combate, buscó a través del humo al intruso. Miró hacia todos lados frenéticamente pues no pudo hallarlo, mucho menos en la silla a la que estaba atado hace unos pocos segundos. Escuchó la voz desconcertada de Hoagie preguntando por el chip, y a Kuki tanteando por todos lados para hallar el objeto que misteriosamente había desaparecido. Entre griteríos y reclamos unas luces potentes iluminaron la habitación, sonidos de motores de un cohete le acompañaron. Abby alcanzó a ver una nave que elevaba por los aires. Alertó al resto del improvisado escape. Se dirigieron al enorme agujero que había formado la explosión. Wally sacó un arma de su bolsillo para disparar a los motores que, por su imponente tamaño, no sentían ni cosquillas ante el ataque. Pese a los intentos de todos por detener el vehículo, el prisionero consiguió escapar.

— ¡No! ¡NO!

Ya había sufrido la humillación de un niño, no debía suceder otra vez. Junto a un grito de desesperación, desprendió todo su fuego a sus manos y lo lanzó hacia el cohete. Estuvo a punto de impactarlo, pero en el milisegundo se activó el turbo del vehículo y despegó como estrella fugaz. DNT, inútilmente, divisaba como la nave se alejaba hasta que ya no fuera visible a sus ojos. Le era imposible aceptar que algo así estuviera ocurriendo. No pudieron haberse distraído tanto por haber perdido la misión anterior, eso no debía afectarles. Sin previo aviso, el inglés se prendió en llamas de tal magnitud que el resto tuvo que alejarse a causa del ardor. Su ira no se percibía como siempre, era más bien como si profesara frustración. Frustración. Era lo que todos sentían en ese instante. Pudiendo haber enmendado su último error pero al segundo todo se echó a perder. En breves minutos, casi el escuadrón completo de ninjadolescentes inspeccionaba la habitación tratando de descifrar qué había acontecido.

De repente una especie de fuego carbonizó los pocos muros sobrevivientes. Unas llamas distintas a las de Nigel, fuego que hasta él mismo le temía. Padre se encontraba levitando al borde de lo que quedaba de la puerta, molesto, enardecido de cólera, pidiendo respuesta a una sola cosa.

— ¿Qué… acababa… de ocurrir?


Transmisión interrumpida.


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