X-X-X-X-X: Cambio de escena.

*w*w*w*w*w*: Escena trascurrida al mismo en diferente lugar.


Transmisión restablecida.


Centenares de adolescentes seguían las filas hasta poder probar su inocencia. Aparentemente no había manera de salir. Pero él no lo veía imposible. Difícil, tal vez, pero sea como fuere, tenía que sacar su trasero y los de sus amigos de ese chiquero. Lo único que necesitaba era un plan.

Y fue ahí cuando se dio cuenta que detrás de las gradas, dejaban ir a algunos jóvenes que ya habían interrogado y resultaron inocentes sigilosamente para que nadie logre darse cuenta, y funcionaba, nadie lo notaba… a excepción de él.

—Mira eso. —Chad le dio un golpe en el hombro a su compañero.

El muchacho de piel morena se dio cuenta lo que hacían con los inocentes.

—Si intentamos escapar, correremos más riesgo. —respondió Mauricio.

—Prefiero eso a que me interroguen. Avísales.

Chad dio unos pasos adelante con sigilo para que nadie se dé cuenta que se estaba escapando de la fila. Mauricio buscó a las chicas que estaban a tres filas de distancia, con cierta dificultad, cruzó miradas con la pelirroja. En un lenguaje de señas, le avisó lo que tenían en mente.

"Nos iremos de aquí, estén pendientes."

Ella asintió levemente con la cabeza y le avisó a Rachel. Pero ninguno de ellos sabía que ya los estaban asechando. Y, efectivamente, él notó las señas que se lanzaron. Cuando buscó con la mirada a Chad, se dio cuenta que ya no estaba a lado de su compañero. Logró encontrarlo unos metros lejos, hacia la derecha; con eso descifró a dónde se dirigía. Caminó hacia el australiano que se encontraba en las filas, tratando de mantener el orden. Habló unas palabras en su oído, provocando que Wally frunza el ceño.

Sin embargo, no estaban lidiando con unos tontos. Inmediatamente, Mauricio se dio cuenta de la charla entre el güero con su líder, así que decidió hacer algo al respecto. Empujó al muchacho que estaba delante de él haciendo que lo vea con molestia.

— ¡¿Qué estás mirando?! —le gritó y lo tiró al suelo, llamando la atención de muchos.

Incluyendo la de Chad. El moreno le enfatizó sigilosamente que tenga cuidado, señalando a los ninjas que estaban vigilando sus pasos. Una batalla de miradas se presentó en esos momentos, en ese segundo, Nigel y Chad se mantuvieron perplejos a verse fijamente a los ojos. El rubio se dio cuenta de una cosa, lo descubrieron, pero al menos no iba a permitir que el resto caiga. El inglés pintó una sonrisa en su rostro, notó la incertidumbre del rubio sobre qué debía hacer ahora, siempre le gustaba cuando sus contrincantes se sentían entre la espada y la pared tan solo con su presencia.

—Beatles… llévalo al interrogatorio. —habló el líder.

Wally se acercó a paso rápido donde Chad. Solo tenía unos segundos para idear un plan. ¿Cómo salir ileso de esa? Mauricio se mantenía estático, él sabía que apenas hiciera algo, los tildarían a todos de sospechosos principales. Pero también tenía que buscar una solución, simplemente no hallaba cuál. Lo único que rogó, fue que Dios y la pericia de Chad lo salve.

El tiempo terminó, Wally ya estaba frente a frente con Chad.

— ¿Prefieres a las buenas, o a las malas? —Amenazó el güero.

—Prefiero esto.

Al término de su frase, alzó el brazo derecho, donde tenía puesto un anillo grueso en el dedo de en medio, y le dio un puñetazo justo en el rostro del ninja, tan fuerte que casi lo tiró al suelo. Después de lo sucedido, emprendió la carrera. Nigel actuó en consecuencia prendiéndose en fuego, lanzando la mayor cantidad de municiones hacia él.

Mauricio no pudo evitar reírse ante el plan que salió de la mente de su amigo, pero le pareció la mejor idea que haya tomado.

— ¡Hey! Si él puede escapar, ¡Nosotros también! —gritó.

Provocando ese ahínco que todos necesitaban para exasperarse y querer largarse de ahí. Los adolescentes corrieron descontroladamente hacia esa supuesta salida, en completo frenesí. Eran tantos que parecía imposible domarlos.

— ¡Quédense quietos! ¡ES UNA ORDEN! —gritaba Wally con la nariz ensangrentada.

Tanto él como Nigel se elevaron en los aires para controlarlos a todos. El inglés creó una pared de fuego.

—¿No escucharon? —su voz sonaba suave. Y de pronto, sus ojos se formaron como dos llamas ardientes—. ¡Quietos!

Sin embargo, esa reacción no intimidó a nadie en absoluto. Ya nadie quería hacer caso, ¡los encerraron si su aprobación! Aunque él trato de detenerlos, los resultados no eran favorables, o al menos como lo veían antes. Después de lo acontecido con 55, pocos, por no decir nadie, los veían con los mismos ojos.

— ¡Fue por su culpa que se haya escapado!

—Ni siquiera pudieron detener a un simple niño.

—No nos acusen de algo que ustedes provocaron.

Todos comenzaron a luchar con sus propias manos con el fin de escapar. Pero esas palabras, esas ofensas, esos insultos, Nigel no podía permitir que pisoteen su ego de ese modo. Estaban faltando el respeto al líder, su líder, nadie merecía siquiera tomarse el lujo de hacerlo. Él formó con sus manos una esfera de fuego, del tamaño de un balón de soccer, cuando estaba completamente hecha la lanzó hacia el australiano, quien se elevó en los aires y, con su garrote, lo lanzó hacia los adolescentes, provocando una explosión seguido de un ligero temblor en la tierra.

Ese fue el aviso indicado para notar que el espectro estaba molesto. Pero nada detenía la algarabía. Los adolescentes se decidieron a huir de ahí.

Los ninjadolescentes estaban tan concentrados con el grupo de rebeldes, que no prestaron atención a los movimientos de Chad, quien se acercó a Mauricio y se chocaron las manos en son de triunfo.

—Aun no cantemos victoria. Hay que salir de aquí. —añadió el rubio.

—En realidad, celebraba por el golpe que le diste al güero. —el moreno comenzó a reír después de decir eso. Chad solo negó con la cabeza con una sonrisa.

Mientras, las dos chicas también entendieron el mensaje. Ambas se escabullían con el fin de pasar desapercibidas.

— ¿Donde están Chad y Mauricio? —susurró Fanny a su amiga.

—Luego los veremos. Si nos unimos, levantaremos más sospechas.

—Sospechas sobre ¿qué?

Las dos dieron un respingo al escuchar esa tercera voz. Al darse la vuelta, sus rostros mostraron más furia cuando notaron que, precisamente quien las descubrió, fue la japonesa, mostrando su distintiva sonrisa malévola en su rostro. Ella negaba con la cabeza.

—Definitivamente tenía razón, ustedes no tienen el coeficiente intelectual necesario para darse cuenta que esa tontería de plan no iba a funcionar —Ella rió, esta vez un poco más fuerte. Movió su dedo índice formando un círculo en el aire—. Media vuelta.

*w*w*w*w*w*

Chad y Mauricio caminaban como si alguien respiraba en sus nucas, debían estar atentos a cualquier paso en falso. Pero el rubio no se dio cuenta del puño que se dirigió a su cara, con tanta fuerza que lo tiró al suelo. Antes de que él se levante, sintió como un pie presionaba su espalda.

—De parte de Beatles. —dijo la líder de los ninjadolescentes—, y tú…

Le apuntó al moreno con el rayo decomisionador. Mauricio levantó las palmas de sus manos haciendo señas de calma.

—Que ni se te ocurra escapar o pierdes la memoria. —Concluyó.

Los tres mantuvieron silencio. Sabían que en el momento que ella se enterara, no tendría piedad, pero seguía siendo doloroso que protagonice aquella escena.

—No es lo que tú crees. No somos los traidores. —se excusó el moreno.

—Me importa un carajo, ¡ahora caminen! —Ella cogió el cuello de la camiseta de Chad para levantarlo. Antes de que él pueda hacer algo, alguien agarró sus brazos para inmovilizarlo con unas esposas.

—Debiste pensarlo bien antes de golpearme. —regañó el güero, encaminándolo entre empujones.

Abby colocó las esposas en las manos de Mauricio, quien no opuso resistencia.

—Debe ser una broma. —dijo él.

—Ustedes provocaron esto.

—No —Volteó levemente hacia ella—. Tú lo hiciste.

Ella bajó la mirada, cerrando los ojos, porque sinceramente le dolía encontrarse en esa situación. Si dependiera de su veredicto, nada de esto pasaría, pero solo estaba siguiendo órdenes, aunque nadie quiera creer eso. Le dio un leve empujón a su prisionero para que camine.

Chad no pensaba rendirse, no lo iba a permitir, era su pellejo el que estaba en juego, y si aún quedaba algo que hacer, solo debía lanzarlo.

*w*w*w*w*w*

Kuki ya estaba detrás de Rachel. Estando a punto de colocarle las esposas en las manos. De pronto, ella se apoyó en el pecho de la asiática para elevarse con una mortal, quedar a sus espaldas, y darle una patada en la nuca que la mandó al suelo.

— ¡Corre! —le gritó a su amiga.

— ¿Y perderme la fiesta? —Fanny esbozó una risa seca.

Cuando Kuki se levantó, Fanny se le tiró encima para inmovilizarla, una acción no tan sencilla debido a que ella ya estaba esposada. La japonesa por otro lado, logró darle un golpe en la cara, lo cual debilitó su agarre, pero no lo suficiente para soltarla.

Rachel estuvo a punto de ayudarla, y de pronto, un láser impactó en su estómago, lanzándola al suelo de espalda. Mientras Fanny forcejeaba con Kuki, alguien jaló de sus cabellos, quitándola de encima. La pelirroja se quejó del dolor cuando sintió a alguien sentado encima de ella.

—Creo que hubiera sido mejor que te hayas ido de la fiesta. —bromeó Hoagie con picardía en su voz.

Rachel agitó su cabeza para levantarse, pero alguien ya estaba frente suyo apuntándole con el rayo. Ella frunció el ceño.

—Hagámoslo fácil. Si huyes, tu castigo será más doloroso. —habló el espectro.

La joven se mantuvo en silencio. Cuando alzó la mirada, notó a Wally y a Abby llevándose a sus amigos también. Hoagie ya tenía a Fanny inmovilizada, ya no había escapatoria, incluso si ella huía, lo descubrirían todo. La rubia frunció el ceño y extendió sus manos hacia él, uniendo sus muñecas. Nigel sonrió de lado. Pero antes de que él la aprisionara, Kuki le quitó las esposas de las manos del inglés con furia.

—Yo me encargo.

Con brusquedad, levantó a la rubia del suelo, llevándola entre empujones.

—No hemos hecho nada, no somos los traidores. —añadió Fanny a quien también la encaminaba hacia el interrogatorio.

—Eso lo decidiremos nosotros, nena. —respondió el castaño, quien sostenía sus brazos.

—Quién quita que ustedes sean los traidores. —murmuró para sus adentros, en señal de refutación. Al instante sintió un fuerte apretón en sus mejillas, que la obligaron a enfrentarse cara a cara con el muchacho.

—Oye, no querrás verme molesto, ¿verdad? Así que será mejor que controles esa boquita… o yo no me controlaré contigo. —advirtió con severidad.

Esperó respuesta o alguna clase de temor, mas solo observó a su rival apartando con fuerza su rostro hacia el lado contrario. Él produjo una sonrisa de burla mientras sus ojos inspeccionaban el cuerpo de la muchacha, contemplando con cautela y agrado cada parte de su figura. La incomodidad de la muchacha aumentó al sentir como él se acercaba a su rostro, la pelirroja se mantenía firme alejando la vista, sintió un hormigueo extraño cuando el chico le susurró al oído.

—Claro que no me molestaría hacer el interrogatorio a solas contigo.

Instantáneamente, ella se separó de tal agarre conservando su mirada hacia el piso. El castaño levantó una ceja y frunció el ceño, parecía broma que alguien como ella lo estuviera rechazando. Apretó fuerte sus muñecas y la empujó con rudeza para que caminara. Fanny no tenía más opción que seguirle, el resto ya había sido inmovilizado y no les quedaba alguna escapatoria. Solo podían esperar a salir vivos de dicho interrogatorio.

Una vez capturados los traidores, Nigel se elevó por los aires y presionó un botón de la manga de su armadura que abrió las puertas del gimnasio. Los presentes temían que se tratara de una trampa, por lo que los murmullos no se hicieron esperar. El líder mencionó haber hallado a los desertores por lo que eran libres de marcharse, aunque sus últimas palabras no fueron nada alentadoras.

—Eso sí, recuerdo a cada uno que me faltó el respeto y yo no olvido las cosas con facilidad.

Miradas pavorosas llenaron sus rostros, sabían que hablaba en serio y nada podía ser peor que la furia de Nigel Uno. El espectro se alejó de ellos dejándolos en completa libertad. Después de todo, consiguió lo que necesitaba. Ya tenía a los traidores.

Y eran todos suyos.

X-X-X-X-X

Meditar era una acción que jamás había realizado en su vida, por eso no concebía la necesidad de hacerlo en ese momento. Siempre se había valido por sus impulsos, lo primero que dictara su mente era lo que ejecutaba. Suspiró pues estaba cansada de que su cabeza se llenara de dudas, no lograba comprender por qué quería afrontar esa situación desde un punto de vista más maduro. Haber sido capaz de encerrar a sus propios amigos por algo que quizás no cometieron. Era como si nunca se hubiese dado cuenta de su propia frialdad. Pero ellos tenían que entenderle, su autoridad se lo había ordenado, su reputación ante Padre también estaba peligrando y si le ponían a elegir entre salvar la vida de otras personas y la de ella, se elegiría a sí misma. Ese no era momento para sentimentalismos, ni aunque fueran sus colegas a quienes trataría con insensibilidad. Se obligaría a sí misma a ser dura, porque de cualquier modo, nadie más lo haría por ella. Con decisión agarró la perilla para abrir la puerta. Pero alguien sostuvo su mano para detenerla.

—Detrás de mí. —le dijo.

—Ya quisieras.

Aunque Abby quiso zafarse del enganche, aquel se intensificó para impedir su paso. Siempre detestó que la obligaran a hacer cosas que no quería y, en definitiva, estar bajo el mando de Kuki Sanban era una de esas cosas.

—Es una orden. No creas que puedes esconder tu mirada, les tienes pena. Yo la tendría si fueran mis amigos. —concluyó la pelinegra.

—Cuida tus palabras, princesa. Puedo hacer que te calles en este momento —amenazó la morena—. Sé lo que voy a hacer. No me importa si estás adolorida por el golpe que recibiste y quieres vengarte por eso, yo me encargo.

La risita de Kuki se hizo notar.

— ¿Acaso crees que soy tan superficial como para querer desquitarme de esa manera? Solo quiero velar por el bien de la investigación. No quisiera meterme en problemas, esta vez, por tu culpa. —Abby alzó una ceja, desconcertada por aquellas palabras. La asiática avanzó unos pasos, acercándose un poco más a la puerta. —Para ser sincera, yo no te descartaría como sospechosa. Después de todo, tú eres quien les manda ¿no? —rió por lo bajo.

A un lado la madurez y la meditación, en esos momentos, lo único que Abby deseaba hacer era ponerla en su puesto. Sus instintos habían ganado la batalla. Agarró a Kuki por los hombros y la estampó contra la pared mientras presionaba con fuerza las muñecas de sus brazos delgados.

—Quiero que te entre en la cabeza dos cosas. Primero, yo nunca sería capaz de traicionar a nadie, así que ni se te ocurra insinuar lo contrario. Y segundo, no puedes faltarme el respeto. Aunque te moleste, aunque te fastidie reconocerlo, aunque lo odies, yo soy tu líder, yo soy la que doy las órdenes, no importa si…

— ¿Si comprometes con la credubilidad de la investigación?

La morena la observó con rabia, no habría nada que lograra cambiar la opinión de la asiática una vez que esa idea se le había cruzado por la mente. Kuki se apoderó de la conversación nuevamente.

—Me imagino que esa será tu táctica para obtener información, fuerza bruta. —Negó con la cabeza—. Yo no la considero eficiente. Una cabeza no sirve de nada sin un cuerpo, ¿no te parece? Así que, "sugiero" que aproveche mis facultades. Si así lo desea, "jefa" —Resaltó ambas palabras en sentido sarcástico—. Ahora, ¿podrías soltarme, por favor? Tengo un interrogatorio que realizar.

Las manos de la morena comenzaron a temblar del coraje, una furia que solo la señorita Sanban podía provocar. No era la primera vez que ocurrían ese tipo de enfrentamientos por parte de ambas y, por lo general, era la pelinegra la que terminaba ganando. No tuvo más opción que resignarse, soltar sus brazos y aceptar que trabajarían en equipo, en especial porque los acusados eran personas muy queridas para ella. La asiática sonrió ante su muestra de derrota, acomodó su cabello y caminó segura hacia la habitación. Abby se mantuvo cabizbaja por unos segundos para después golpear la pared con su puño. Sin esperar más, abrió la puerta.

*w*w*w*w*w*

Tras escuchar el sonido de los portones, alzaron la mirada. El espectro se acercaba serenamente hacia los sospechosos que eran escoltados por Wally y Hoagie. Chad y Mauricio se encontraban sentados e inmóviles debido a sus esposas. Nigel los miraba con sigilo, sin articular palabra alguna. Sus pasos eran el único sonido que acompañaba esa habitación oscura. Los dos acusados lo miraban con intriga. Wally se sentía impaciente por empezar a partirles la cara así como el rubio hizo con él, su desesperación aumentaba a medida que el silencio de su líder permanecía. El güero azotó ambas manos en la mesa de metal, sin provocar susto de parte de nadie, era algo predecible.

—Ustedes están ocultando algo. —comenzó sin esperar órdenes. Acto que a su líder no le gustó para nada.

—Como cualquier adolescente en esta secundaria, lo que te incluye a ti, creo. —bromeó Mauricio.

—Tú sabes a lo que me refiero. —gritó con molestia el australiano.

—En realidad, ustedes comenzaron a perseguirnos. —intervino Chad.

—No lo hubiéramos hecho, si no levantabas sospechas. Como lo hiciste, henos aquí. —repuso Nigel. Colocó una laptop en el escritorio, obligando a Wally a retirar sus manos del lugar. El muchacho lo hizo refunfuñando. Encendió el ordenador que mostraba los videos de la cámara de vigilancia. Apenas los dos vieron esas imágenes, tragaron saliva.

*w*w*w*w*w*

El video mostraba a los cuatro muchachos aparecer disimuladamente en las afueras de la mansión, susurrando y manteniendo un bajo perfil. Kuki pausó el movimiento.

—Esto que estás sosteniendo en la mano —Señaló a la pelirroja quien la miró con desgano—. Formaba parte del fragmento que recuperamos de la bomba que nos atacó durante el interrogatorio de 55. Según el itinerario, no estaba permitido que ninguno de ustedes usara su traje o tecnología alguna. En pocas palabras, estaban robando. ¿Tienen alguna explicación?

De inmediato, Fanny se reclinó hacia delante con ímpetu.

—No nos culpen de algo que no hemos hecho.

—Fanny… —Rachel trató de calmarla.

—Es la verdad. Pueden perder el tiempo que quieran, de nosotros no sacarán nada.

La rubia hizo una pequeña mímica con la mirada exhortando a que se tranquilizara. Si mostraban nervios durante el encierro sería peor. Abby permanecía atrás en silencio, aunque le haya molestado, la japonesa tenía razón, debían manifestarles su fuga y hurto. Quería sacar a la pelinegra del cuarto pero lamentablemente no podía.

—Explícate.

Al pronunciar esas palabras sus dos amigas se intrigaron por su tono de voz, su mirada, el aura que transmitía. La morena se acercó a la mesa de metal, inclinándose con lentitud hacia ellas.

—Creo que al menos tienes una explicación de tu inocencia, ¿no?

— ¡Claro que la tengo! Escucha con atención —La escocesa aclaró su garganta—. No… somos… culpables… fin. —concluyó con cierta burla y cansancio en su voz.

—No sé si sepas, pero eso no te sacará de aquí. —añadió la japonesa.

— ¿Y qué? A mí no me molesta quedarme todo el día. —exclamó.

— ¡Muy bien, ya estuvo!

La pelirroja calló en seco al oírla intervenir. Observó a la rubia con sorpresa y arrugó ambas cejas. Rachel dirigió su mirada al frente con un temple serio y firme.

— ¿Quieres saber la verdad? Te diré la verdad.

La asiática notó que esas palabras no iban dirigidas a ella en lo absoluto. Torció su boca hacia un lado y cruzó los brazos, no estaba de acuerdo que la dejaran lado. La rubia miró a la agente, alzó una ceja y movía ligeramente la cabeza. Su rostro la invitaba a saber "la verdad". Fuera una trampa o no, lo importante era descubrirlo. La morena cogió la silla más cercana, la giró al revés y abrió las piernas para sentarse de una forma más cómoda. Con sus manos presionaba el espaldar de aquel asiento y alzó levemente la cabeza.

—Habla.

*w*w*w*w*w*

Aguardaron con curiosidad lo que el moreno iba a decirles, quien se acercó despacio hacia sus captores para iniciar su declaración. El más ansioso era Wally, mientras que Nigel, por su parte, se mostraba escéptico. Por fin, Mauricio se dispuso a hablar.

—¿Conoces a… "Pin Pon"?

Wally arrugó el ceño y abrió los ojos.

—¿Pin pon? ¿Que no es un muñeco... muy guapo y de cartón? —Los acusados asintieron con la cabeza.

—Sí. Se lava la carita... con agua y con jabón.

El güero golpeó la mesa con sus puños.

—¡¿Con agua y con jabón?!

—Sí, se lava la carita. —respondió con rapidez.

—Se lava la carita con agua y con jabón... —dedujo mientras posaba su mano en la barbilla.

Nigel observaba todo el espectáculo con exasperación, mientras masajeaba su sien en un intento de contener su cólera. No podía entender qué era lo que había dentro de la cabeza del australiano. Quiso pensar en otra cosa y fue en ese momento que se percató en quien no había hecho algún esfuerzo por colaborar. Ese fue el detonante para incitar su furia. Se acercó al susodicho.

—Disculpa las molestias, pero ¡¿no se te olvida que estamos dentro de una investigación?! —Recién en ese momento Hoagie alzó la mirada para notar a quien estaba frente suyo —. Algo de ayuda no estaría mal, ¿sabes?

—¿Bromeas? El güero lo está haciendo de maravilla. —expresó tranquilamente.

El inglés comenzó a balbucear y hacer puños sus manos, la poca paciencia que le quedaba se había chamuscado. Se dirigió a paso fuerte hacia la mesa metálica para encararlos.

—Y después, como yo andaba perdido, nos encontramos los dos. —Continuaba el moreno con su relato obteniendo la completa atención del australiano hasta que el espectro azotó, por enésima vez, la mesa con sus ojos llameantes.

—¡No estamos aquí para perder el tiempo! Entre más se demoren, más sospecharé que ocultan algo. Y si no piensan decírmelo, ¡no me molestaría encerrarlos en el calabozo!

—Tranquilo viejo, no puedes sentenciarnos sin saber si somos los verdaderos culpables. —explicó Chad.

—No pueden ocultarlo. Las pruebas lo demuestran —Señaló la laptop con las cámaras de vigilancia—. Ustedes tomaron el armamento para crear bombas sin autorización y que "coincidencia" que ese mismo día hubo una explosión con, exactamente, el mismo armamento.

—Sí, bueno, tomamos esas cosas pero no para armar una bomba. —continuó excusándose el rubio.

—¡¿Entonces para qué?! —gritó al final.

Mantuvo su respiración agitada para apaciguar su coraje mientras observaba a los prisioneros mirarse entre sí por unos segundos, que se estaban transformando en minutos. Estaban conscientes que debían hablar, también estaban hartos de aquella situación y si de todos modos decidían callar de cualquier manera lo descubrirían. No podían seguir encubriendo su secreto.

—Entra a la página de la escuela. En los titulares. —indicó Chad.

Nigel y Wally alzaron una ceja y se vieron el uno al otro desorientados. De repente, la imponente risa del castaño los hizo reaccionar.

—No me digan, ¿fueron ustedes? —Hoagie siguió carcajeándose, agrandando la curiosidad de los dos restantes. Rápidamente, el australiano sacó su celular para averiguar de una vez por todas a qué se referían.

*w*w*w*w*w*

Ambas quedaron boquiabiertas y estupefactas ante las imágenes que en la pequeña pantalla se exhibían. Cerraron sus ojos ante tal repugnancia. Abby alejó el celular unos metros mientras Kuki acariciaba su cabeza para calmar sus ligeras nauseas. Retomaron su vista a la reproducción para toparse con un panorama peor que causó que hicieran señas de dolor. La japonesa giró su cara hacia otro lado mientras sentía como se le erizaba la piel. Al dar un último vistazo a una ínfima fracción de segundos, las dos dieron un respingo al contemplar tremenda maniobra.

—¡Ya saca eso! —exclamó la asiática. La morena obedeció en seguida. Su rostro seguía mostrando repulsión y fue más cuando escuchó las carcajadas de las interrogadas.

—Sí, después de eso, creo que lo pensaremos dos veces antes de entrar al salón de "educación sexual" —bufó la pelirroja.

—Ahí tienen un gran ejemplo práctico. —añadió la rubia. Continuaron con sus risotadas. La pelinegra las miró con ira y empezó a gruñir, no soportaba sus risas. Estando a punto de explotar, la morena alzó su mano para que hiciera silencio y se acercó a sus compañeras.

—Bueno, gracias por mostrarnos cómo la señorita Thompson se revolcaba con el director. Pero, insisto, ¡eso qué tiene que ver con su inocencia! —prorrumpió con furia al final.

—¿Acaso no te diste cuenta? —intervino Rachel, extendió su mano para que le entregaran el móvil, estando en su poder, avanzó la reproducción—. Aquí —Cedió de nuevo el aparato que estaba detenido en la peor escena. Las investigadoras apartaron la mirada, la rubia rodó sus ojos—. No tienen que ver solo escuchen. Nuestras voces se oyen en todo el santo video. —Apoyó su cuerpo contra el espaldar de la silla, cruzada de brazos mientras escuchaba a su amiga contener en vano su risa.

—Porque sí que es "santo". —Las dos continuaron riendo.

*w*w*w*w*w*

Wally seguía con la mandíbula caída y sus párpados abiertos. Nigel observaba con el ceño fruncido.

—¿Quién dijo que los hombres de 80 años no pueden hacer "el helicóptero"? —bromeó Chad.

—Con hélice y todo. —añadió Hoagie entre las risas de los otros dos. El espectro lo miró con desprecio. Alejó el celular y se acercó otra vez a ellos.

—No creo que su prueba de inocencia sean "Las cincuenta sombras del director". —expuso.

—¿Viste la fecha y hora de que lo subimos? —corroboró Mauricio. El inglés notó que el horario de la publicación era el mismo momento de la explosión. El moreno continuó—. Y no puedes decir que lo posteamos dentro de una nave ninjadolescente porque, como tú sabes, no podemos usar ningún otro tipo de páginas en la mansión ni en alguna nave. Una regla establecida por ti. —Sonrió de lado.

—¿Qué hay del armamento? Esto no prueba que usaran o no las herramientas para armar la bomba. —interrumpió el australiano con convicción, orgulloso de decir algo coherente

—¡Genio! —El castaño añadió desde la lejanía.

—¡Cállate! —reclamó el güero.

—Claro que sí. Sabíamos exactamente lo que íbamos a hacer para escapar. —concluyó Chad.

*w*w*w*w*w*

¡Oigan qué hacen ahí! Expresaron unas voces desde el video.

—He ahí la verdadera razón por la que el director nos perseguía. —explicó la escocesa.

—Los propulsores de las bombas ninjas también sirven como batería de auto, cosa que le faltaba al nuestro —manifestó Rachel—. El auto está en la cochera de mi casa, con dicho armamento en su interior, intacto, sin haber hecho "caboom". —concluyó.

—Ninguno de los dos logró vernos y se supone habíamos salido vivos de esa pero, gracias a ustedes, nos van a expulsar. —sentenció la pelirroja.

Con aquella declaración cayeron en cuenta de que estaban sin prueba o pista alguna para hallar al malhechor, o acusarlos a ellos. Probablemente el verdadero ya huyó del lugar.

—¡Ustedes deben ser los culpables! —Reclamó la japonesa, quien no pensaba perdonar el hecho de que la hubieran golpeado simplemente para encubrir un video pornográfico de sus profesores— ¡Se supone que ustedes hicieron la bomba!

—¿Qué pasa? ¿La bebé esta triste porque no pasó lo que quería? —Se mofó la rubia mostrando un puchero con sus labios. La aludida gruñó con fuerza y golpeó la mesa con ambas manos. Sin más que agregar, se alejó del cuarto. La morena contempló serena como se marchaba, debía detenerla, pero no tenía ganas de intervenir. Su mente planteó dudas acerca de la veracidad de las declaraciones de sus amigas, algo en ella le decía que no le habían contado toda la historia. Podía tratarse de una intuición de la que no tenía manera de probarla. Salió de sus pensamientos al escuchar un chasqueo de dedos.

—¿Hola? ¿No vas a sacarnos esto? —La escocesa agitó las esposas de sus manos. Abby se levantó con la llave que las liberaría. La pelirroja la miraba con irritación, aquello no sería algo fácil de perdonar, por otro lado, la rubia trataba de encontrar su mirada, mas sólo conseguía que la eludiera puesto que se encontraba viendo fijamente los grilletes.

—Sean ustedes o no, probablemente sepan quién fue. —Ambas la observaron con pasmo, no esperaban que dijera algo así. La morena las vio a los ojos aguardando respuesta. Rachel, de inmediato, se incorporó de su silla y se acercó a su rostro mostrando fastidio.

—¿Y qué te hace creer que sabemos algo?

Por primera vez en todo el interrogatorio, su voz denotó coraje, algo que la líder pudo sentir, aunque solo se limitó a encoger los hombros.

—No lo sé. Solo que… los conozco.

—¿Eso crees? —respondió larubia—. Yo creí conocerte también. Pero, al parecer, ambas nos llevaremos una decepción hoy. Tú no tienes tu culpable, y yo no tengo por qué seguir confiando en ti.

Con esas últimas palabras se retiró del lugar empujando a su rival con el hombro, seguida de la pelirroja quien le brindó una última mirada de desilusión. Abby no regresó a verlas, no obstante, por dentro, logró sentir la punzada. Por aquella equivocada acusación comprometió a sus amigos, los inculpó sin pruebas que la respaldasen. Aunque por más que lo intentaba, su intuición no desaparecía, los conocía muy bien como para distinguir que le trataban de engañar. Pudieron haber burlado a todos pero ella no caería en la treta. Aun si eran inocentes, encubrían al verdadero infractor, tenía que averiguar quién. Cuando sintió su presencia, volteó hacia su persona. Como si fuera un fantasma, había emergido de entre las sombras y se acercaba despacio a ella.

—No les crees, ¿cierto? Lo noto en tu mirada. —declaró el espectro.

Ella guardó silencio, claro que sentía que también él había desconfiado de sus declaraciones. Los dos sabían que algo no cuadraba. Ella trataba de recordar sus palabras, algún gesto o mirada que pudiera inculparlos. Podrían ser sus amigos, pero si eran rebeldes debía denunciarlos e imponerles su merecido castigo si era necesario. Y no pensaría dos veces en ejecutarlo.

—Las armas. Nunca las mostraron.

El espectro alzó una ceja, sí les mencionaron dónde hallarlas, mas resultaba que no había sido evidencia suficiente como para dejarlos ir. Percibió que la morena se alejaba sin responder con alguna explicación.

—¡Son unos traidores! —Alcanzó escuchar aquellas palabras pronunciarlas de su boca.

—No tienes pruebas. —refutó él, logrando que detuviera su paso. Ella giró, una vez más, para verle a los ojos.

—Las tendrás.

Nigel, se recostó en la pared y cruzó sus brazos con una pequeña sonrisa en el rostro mientras la veía partir. Ya comenzaba a extrañar a aquella muchacha dura e insensible que empujaba a cualquiera que se interpusiera en su camino. La chica andaba con rapidez, ignorando sus dudas mentales por su falta de sensibilidad hacia quienes apreciaba. Fuera quien fuera, anhelaba hallar al traidor para hacerlo que quisiera con su ser. Gracias a aquel personaje podría quedarse sola, sin amigos. Pero eso no le importaba, no era tiempo para la amistad, iba a actuar por impulso, sin importar que estuviera haciendo lo correcto o no.

Por su velocidad no pudo notar la presencia de alguien que se encontraba acechándola. Una vez lejos, dicha persona agarró su celular y tecleó un mensaje de texto a toda prisa.

Sigue sospechando. Es hora de poner en práctica la operación H.U.I.D.A.

Una vez enviado, metió el móvil en su chaqueta del equipo de football, acomodó su flequillo y caminó en lado opuesto, andaba por los pasillos de manera segura y confiada. Porque siempre había mostrado seguridad y sabía que nadie nunca sospecharía de él.


Transmisión interrumpida.


Y aquí tenemos a otro perzonaje zozpechozo :v creo que la dejé un poco fácil con él... ¿o no? Díganme ustedes por favor.

¿Review? :3