¿Por qué?
La brillante luz del amanecer, extrañamente me despertó -ya que no solía hacerlo-
Al abrir los ojos, no pude evitar quedar paralizada en mi lugar. El apacible rostro de Xena se encontraba tan cerca del mío, que me hizo detener la respiración en un parpadeo, como si fuese a despertarla por el simple hecho de decidir emanar mi aire sobre ella.
Entrecerré mis ojos, detallándola sin el permiso de mi mente. Parecía tan tranquila...tan entregada a Morfeo. Me gustaría que estuviese así por siempre...que se librase de toda pesada culpa que viene llevando hace tantos años en su espalda.
Deslicé la vista y me encontré con mi propio brazo rodeándola.
¿Cuándo paso?
Pensé, en mi inocencia, que mi tacto, el cual la cubrió toda la noche sin mi consentimiento, le había hecho descansar en paz...pero probablemente me equivocaba...si, seguro que sí.
Xena no quería hablar de lo sucedido en ese destino que nos tocó vivir...eso era una señal, una triste señal para mí.
Con un lento movimiento, desenredé mis brazos, intentando reincorporarme. Sin embargo, su mano me lo impidió, tomando uno y provocando que cayese de nuevo a su lado, cada vez más cerca de su armonioso semblante, para mi maldita suerte.
Mi corazón no lo soportaba. Se estrujaba de dolor e impaciencia por tomar esos labios y hacerlos míos. Tenía que alejarme, con urgencia.
Me aproximé un poco, con cuidado de no despertarla -Xena...
-mh...
-Ya amaneció...
-Un rato más...- musitó, deslizando torpemente su mano por mi espalda, y acurrucándose en mi pecho, generándome tormentosos escalofríos en el acto.
-Un rato más...y mi juicio habrá desaparecido...- medité, soltándome y levantándome con tal rapidez, que provoqué que sus ojos se entreabriesen.
-¿Gabrielle?- inquirió, con la voz apagada, al darse cuenta de mi rudo movimiento.
Me di vuelta de inmediato. No quería que visualizase la debilidad que irradiaba mi aturdido rostro.
-Iré al lago a bañarme...duerme un poco más si quieres...
Pude sentir su incertidumbre clavándose en mi columna. No quería tratarla así, pero necesitaba pensar...si no lo hacia, mi crudo carácter ganaría la batalla, revelando lo peor de mí.
Mis pasos, atemorizados por enfrentarla, se alejaron con velocidad de ella.
Al llegar, comencé a quitarme la ropa con una extraña lentitud. Me sentía tan frágil y cansada. Siquiera habíamos tenido nuestras cotidianas luchas en estos últimos días...entonces... ¿Por qué...por qué me sentía así?
Lastimosamente, sonreí para mí, conociendo a la perfección la respuesta.
-Porque me agota estar cerca de ti...sabiendo que tú no...
Callé mi hablar, incapaz de pronunciar esa verdad que destruía mi alma.
Largué un extenso suspiro y decidiendo relajarme, me adentré en el agua, no sin antes mirar a ambos lados, a la defensiva. Si había algo que aprendí de Xena...era el estar atenta en todo momento. Debo admitir que me he ganado algunos enemigos con el paso del tiempo, no podía descuidarme.
Confirmando que no se encontraba nadie a mis alrededores, mis ojos se cerraron, al percibir la gratificante y fresca sensación del agua recorriéndome. Me tranquilizaba...o eso quería creer.
Me hundí en el lago, dejándome llevar por la corriente. Estar debajo de este, ser acariciada por la dulce gravedad, logró ordenar un poco mis pensamientos.
-Deja de pensar en el pasado...Xena es mi amiga...y siempre lo será...solo eso...
Sintiendo la falta de aire, resurgí del agua, llevando las manos a mi cabeza, acomodando mi cabello hacia atrás.
Con curiosidad, tomé uno de mis mechones, analizando su largo -Está creciendo...- noté, resaltando las puntas que ya me llegaban por debajo de los hombros -debo volver a cortármelo...
Nunca fue mi intención deshacerme de mi adorada cabellera. Todo ocurrió por accidente.
Pero con el tiempo, me di cuenta que tenerlo así, me hacía sentir más fuerte, me hacia verme más como una guerrera, y a esta altura, quería creer que era una. Necesitaba ser una, necesitaba ser...fuerte.
Lo sabía, muy dentro de mi ser, sabía que el camino del amor y la paz, a pesar de que lo anhelé, no era para mí. No era mi destino.
-Mi destino es...
-Gabrielle...
Su amable e inesperada habla, detuvo mis entrecortadas palabras.
No sé cuando su voz se volvió tan dulce...antes se destacaba por tener una tonada fría y calculadora, pero con el tiempo...mutó, transformándose en una perdición para mis oídos.
Elevé los ojos, y al instante, mis pupilas se ensancharon por tal imponente presencia. Estaba frente a una deidad, no cabía duda.
Su desnudo y moreno cuerpo, junto con su tenue sonrisa, me hizo estremecer. ¿Desde cuándo empecé a verla así? Ya no lo sé...
No pude responder, ni moverme. Solo permanecí pasmada, observando cómo se acercaba hacia mí, adentrándose en el lago con lentitud.
Percibiendo el peligro, me alejé de forma instintiva, al sentir su proximidad. Tenía que ocultar mi lujuriosa mirada, deprisa.
Ahora soy una guerrera, me considero una...y al igual que Xena, ya no puedo permitirme enamorarme de esa manera, solo nos pondría en peligro. Solo me haría más débil y vulnerable, más de lo que ya soy.
El solo pensar en perderla, me hizo esconder el semblante con mi mano. Ocultando aquellas lastimosas lágrimas que querían surgir.
-¿Qué sucede?
Volví a oírla, cada vez más cerca.
Sin animarme a destapar mi vergüenza, contesté.
-Nada, el sol...quema mucho hoy...
Sí, claro. No podría haber dicho una excusa más estúpida.
-Ajá...
Respondió, con su usual seguridad, la cual me incitó a observarla de reojo.
Su ceja alzada junto con su confiable sonrisa, confirmó mis sospechas, de que no creyó para nada en mis palabras. Como si alguien pudiese creer tal idiotez.
-Ven...te lavaré la espalda.
Agradecí que no insistiese en descubrir mi verdad...lo que no agradecí, fue sentir sus manos instalándose en mi desnuda piel. Claramente no estaba preparada para ello.
Por suerte se encontraba detrás de mí y no era capaz de vislumbrar mi notable rubor, que aumentaba acorde a sus caricias.
Me quedé inmóvil, apreciando como sus manos, cubiertas por una toalla, subían y bajaban por mi espalda con naturalidad, para luego rodearme los hombros, brindándome escalofríos.
-No tienes que hacerlo...- me animé a modular, con una tonalidad insegura, poco característica en mí.
-Quiero hacerlo...
La morena no podía transformar la situación en algo más difícil.
Tragué saliva con rudeza, al percibir que su mano había abandonado la tela con la que me estaba limpiando, para darle espacio a sus dedos, que comenzaron a deslizarse lentamente por mi espalda, formando círculos en el acto.
-Gabrielle...- susurró en mi oído, acariciándolo con su aliento.
-D-Dime...
Sin embargo, no escuché vocablo alguno. Su tacto se había detenido en una de mis cicatrices, obtenida en alguna ardua batalla.
Si...esas marcas eran la prueba del cambio en mí. Y las amaba por ello, pero Xena no parecía pensar igual.
-¿Te duelen?- continuó, mimándolas de una tortuosa forma.
-No, ya no...
-Lo único que duele...es lo que siento por ti...
Su aprecio me quemaba.
El silenció irrumpió el lugar, incomodándome. Realmente no sabía que decir.
-Lo siento...
Entreabrí mis ojos, que se habían dejado llevar por su suave tacto, estupefacta por su dolorosa disculpa.
-¿Xena...qué...?
Tuve que detener mi habla, de otra forma, iba a escapar de ella un sonido demasiado exagerado para mi gusto, ya que sus labios, para mi sorpresa, se encontraban rozando mi herida, depositando un tierno beso en ella, estremeciendo mi ya entumecido ser.
-Xena...
-Lamento que por mi culpa...hayas perdido tu pacífico camino...
Su voz sonó tan lamentable, que me atravesó por dentro.
Me di vuelta bruscamente, impidiendo que continuase su acción.
Me miró, entre anonadada y...no sabría decir bien lo que significaba esa profundidad en sus ojos. Solo era consciente de que estos, me intimidaban.
Juntando valor, que juré perder hace tiempo, dibujé una grata sonrisa en mis labios, reposando mi mano en su mejilla.
Era tan cálida...
-Xena, nada de esto es tu culpa, agradezco de verdad que hayas aparecido en mi vida, deja de lamentarte...
-Gabrielle...
-¿Ya te lo dije, no? Antes me sentía invisible, pero gracias a ti...encontré mi verdadera esencia...a la cual debo obedecer. Quiero hacerlo.
Juré notar como sus ojos se dirigían hacia mis labios, para luego volver rápidamente a mi mirada.
Deja de torturarme...
-Permanecer a tu lado...es mi destino- continué, pero un inoportuno pensamiento irrumpió mi mente al terminar mi devota frase, haciéndome recapacitar mis ideas -pero si eso te va a causar dolor...yo...
No pude continuar, ya que sus manos, que agarraron mis hombros con firmeza, me impulsaron, terminando aferrada a su desnudo pecho.
Aprecié como recorría mi espalda de forma desesperada, ascendiendo por esta, al mismo tiempo que su rostro se escondía en mi cuello.
Percibir su acelerada respiración en mi piel, fue una grata sensación, que me dejó en suspenso.
-Jamás...- retomó su habla, en un susurro.
Ya ni sabía a qué se refería...su cálido ser contra el mío, estacionó mis pensamientos en un lejano lugar.
-Admito que...me duele que salgas herida, pero más dolor sentiría si te alejaras de mí...
Mis ojos se entrecerraron, ante sus hermosas palabras. ¿Cuándo nos habíamos vuelto tan íntimas, cuándo...? Dependíamos tanto la una de la otra, que casi asustaba.
-Perdona por pensar tan egoístamente...
Finalmente desperté de mi consternación, correspondiendo su amoroso acto, y apretujándola contra mí, provocando que nuestros cuerpos chocasen, rozándose.
La descarga que me recorrió al percibir su húmeda piel...no...mejor ni pensar en lo que me generó.
-No eres egoísta...yo lo soy...
Aquel comentario la sorprendió, haciéndole alejarse del aprecio y quedando a poca distancia.
-¿Pero qué dices...?
-Yo soy la que decidió seguirte...la que te metió en muchos problemas, la que siempre te distrae por protegerme...
-Sabes bien que no es así, te has vuelto muy fuerte y...
-La que...- proseguí, interrumpiéndola, al mismo tiempo que mi visión descendía, inundada de pesar -la que...te hizo perder lo que más amabas...
Sus ojos se abrieron de par en par, al entender el significado de aquello. A pesar de todo, al contrario de lo que creía que sucedería, sus amables manos sujetaron mis mejillas, penetrando sus celestes ojos en mí.
-Yo también te hice perder lo que más querías...eso ya es parte del pasado, Gabrielle.
-Lo sé, pero...
Como si mis palabras le doliesen en el fondo de su alma, su calor otra vez me cubrió, acobijándome en su pecho. Su palpitar estaba descontrolado, brindándome esperanzas que no debía tener.
-Tú eres lo que más me importa ahora...tú eres...para mí...tú eres...
Su voz carecía de seguridad, perdiéndola cada vez más.
Confundida por su extraño monólogo, me animé a observarla de frente.
Lo que vi en su mirada, por poco me hizo lanzarme a sus labios en un arrebato.
-¿Por qué...por qué me miras así?- pensé, comenzando a acortar la distancia de forma instintiva.
-Gabrielle...yo...
Su voz fue interrumpida por el casi imperceptible sonido de una flecha, dirigiéndose directo a nosotras.
Observé como su feroz vista se posicionó en esta, decidida a detenerla, pero claramente estaba lejos de eso.
Se paralizó, no solo sorprendiéndome a mí misma, sino también a su propia persona, que quedó plantada en su sitio.
Percibiendo el peligro, mi mano se movió con rapidez, atrapando la flecha en el acto, que por poco terminó atravesando su cuello.
Sus ojos se perdieron en la escena, al igual que los míos. No podía creer que no fuese capaz de atajarla ¿Qué diablos le sucedía?
-¡Xena! ¡Reacciona!- dije, en un grito, tomando sus hombros y agachándola, al ver como más flechas nos atacaban.
-¡Tenemos que movernos!
Mi brazo la impulsó, nadando junto a ella, que parecía tan ensimismada en su debilidad, que no lograba despertar, dificultándome el pesado el recorrido.
Llegamos hasta la orilla, y de inmediato agarré una porción de mi ropa, tratando de cubrir mis partes más vulnerables, sin embargo Xena seguía perdida en la nada misma, acabando con mi tolerancia.
-¡CUIDADO!- grité con tal dureza, poniéndome delante de ella, que juré que mi entonación fue la que detuvo la flecha, y no mí ahora, ensangrentado hombro.
-¡Agghh!
Su vista, que se encontraba plasmada en el prado, ascendió al instante, al notar mi dolencia.
-¡GABRIELLE!
Obviando su desgarrador tono y sujetando mi herida, me incorporé, lanzándole su ropa y su espada, que se encontraba junto a mi confiable bastón.
-¡Pelea!
En mi mente, lo que dije solo tuvo un significado.
¡No mueras! No podría tolerarlo...
Observando, perpleja, mi nada serenado gesto, se vistió torpemente solo con su vestido de cuero y tomó la espada, aferrándose con fuerza de ella, pero sin quitar su asustada mirada de mí.
-¡Gabrielle, tu herida...!
-¡No te preocupes por mí y ataca!- solté, con la sangre hirviendo en mi interior, para luego sujetar mi báculo y ponerme a su lado, espalda contra espalda.
-¡Pero tú estás...!
Sin dejarla terminar, rompí el final de la flecha que se encontraba incrustada en mi piel. Noté como sus ojos se abrían cual platos, adivinando mi siguiente movimiento.
Conteniendo el dolor, choqué los dientes, para luego comenzar a atravesar aquella arma por mi hombro, quitándola ferozmente por delante. Tal cual como ella me había enseñado.
Casi caigo de rodillas por el agudo y punzante padecimiento que me atravesó, pero por suerte, sus rudos brazos me atajaron a tiempo.
Al instante la alejé, observando agitada y con pavor como unos cuantos hombres se acercaban corriendo hacia nosotras, con sus filosas espadas en alto.
-N-No te preocupes por mí, tendrás tiempo para eso más tarde...- musité, sonriendo de medio lado, intentando tranquilizarla.
Sus ojos se posaron en mí unos críticos segundos, que para mi fueron eternos. Para mi consuelo, asintió, derivando su visión hacia los desconocidos oponentes y pegando un salto encima de ellos.
Mi alma se alivió al escuchar su ya tan reconocido grito de gloria.
Miré absorta las golpizas que depositaba en aquellos hombres, con gran agilidad. Aún así, todavía faltaba algo...sentía que su flama se estaba extinguiendo...su espíritu de batalla había cambiado, eso era un hecho.
-Xena...
Con temor a perderla, me aproximé también, alzando de forma amenazadora mi arma, y depositándola en el vientre de uno de ellos, para luego voltearla, junto con el peso de mi cuerpo, y golpear en la nuca a uno que se encontraba detrás de mí.
La sangre escapó de mi herida, por moverme de manera estrepitosa. Delineé una sonrisa con dureza, sujetándola. No me importaba en lo más mínimo desangrarme en la escena. Protegería a mi querida amiga...aunque me costase la vida.
Otra vez, su vista se posó en mí, esta vez, tornándose furiosa. Creo que presenció mi padecimiento en primera persona.
-¡AHH!
Oí su grito de guerra de nuevo, detallando cómo clavaba iracunda su espada en la espalda de un muchacho, quitándola en el acto y dando giros con esta en su habilidosa mano, para luego sin siquiera ver a su próximo enemigo, incrustarla hacia atrás en el estómago de este.
Sus ojos, al contrario de sus acciones, irradiaban arrepentimiento, uno que jamás pensé visualizar.
Se giró al instante, mirando como el joven caía de rodillas, agarrando con fuerza su herida. El dolor irradiaba de su rostro y como consecuencia, de nuevo, quedó paralizada, con la vista penetrada en él.
-¡Xena! ¡Detrás de ti!- exclamé, corriendo hacia ella con lo poco que me quedaba de energía, tratando de detener a un hombre que la había tomado por el cuello ante su descuido.
Sin meditarlo un segundo, tomé uno de los Sais que se encontraba colgado en mi cintura, y lo clavé en su propio cuello, percibiendo como su cuerpo se estremecía, temblando en la acción.
Aflojé el agarre, observando casi en cámara lenta, como caía desmayado en el prado.
No...eso no era solo un desvanecimiento. Otra vez, había vuelto a matar...
Pude notar como los zafiros ojos de mi fiel compañera, se impregnaron en mí, inmersos de culpabilidad.
-¡No me mires así! ¡No ves que lo hice por ti!- lloré en mis pensamientos, sin perder mi postura.
Los demás, al visualizar la ira en mis ojos, dieron pasos hacia atrás, atemorizados. Nunca pensé que llegaría el día en el que acobardaría a alguien.
Xena, reaccionando luego de mi atroz acción, se apresuró para poder aprisionar a uno, y aplicar su ya tan conocida técnica.
Lo miró con rencor, presionando los dedos en su cuello -He cortado el flujo de sangre en tu cuerpo...tienes treinta segundos para decirme por qué nos atacaron...
-¡Aggh...!- emitió el joven, cerrando los ojos con ímpetu, ante el tormento que recorría su cuerpo.
-¡DIME!
-H-Han puesto p-precio a tu c-cabeza...
Sus ojos no se inmutaron, a pesar de tal información -Continúa.
-S-Solo eso...n-no sé quién l-lo hizo...
Dudo unos momentos, antes de aplicar su técnica revertida, dejándolo caer en el pasto con violencia.
-Vete, y ni se te ocurra volver con tus queridos compañeros...
Como si sus órdenes fuesen supremas, todos retrocedieron, alejándose de allí velozmente.
Al instante se volteó, dirigiéndose a grandes zancadas hasta mi lastimosa persona, que se encontraba de rodillas en el suelo.
-¡Gabrielle!
Detuve sus pasos con mis manos, respirando con dificultad.
-Estoy bien...
-¡No, no lo estás! Déjame ver esa herida...- Hizo caso omiso, arrodillándose frente a mí.
Sus manos rozaron mi hombro, provocando que un quejido emanase de mi garganta.
-Tranquila...sobrevivirás. Haz hecho bien en quitarte la flecha.- musitó con orgullo, esbozando una sonrisa que escondía desconsuelo, mientras cubría con una tela mi herida.
Mi nublada vista se perdió en ella. Parecía tan vulnerable...esa no era la Xena que tan bien conocía. Algo le molestaba, algo le...perturbaba...
La incertidumbre me invadía, no dándome lugar a meditar con claridad.
-¿Qué te paso? ¿Por qué...no pudiste reaccionar?
Solo el silencio, y sus suaves caricias curando mi malestar, fueron su respuesta.
Apreté los puños con impotencia por su maldita actitud. Al parecer, mi paciencia, que últimamente se vio disminuida por los acontecimientos pasados, tocó fondo.
-¡Xena!- expresé, deteniendo su acción.
Posó sus ojos en mí, con un arrepentimiento que deseaba evitar.
-Deja de mirarme así...- murmuré, con tristeza y un cierto grado de enfado.
-Gabrielle...yo...
-¡No necesito tu lástima!- dije, empezando a sentir como mis lágrimas deseaban liberarse.-¡No me arrepiento de haber...!
-¡Basta!- interrumpió mi habla, sujetando mis brazos y poniéndome de pie.
-Xe...
Sin dejarme terminar, me estampó contra el tronco de un árbol cercano. Sus manos me acorralaron, apoyándose a ambos lados de mi cabeza, imposibilitándome escapar. No pude ocultar mi estancado estado, al igual que ella.
-Xena...
-Es mi culpa...todo es mi culpa...
Su cabeza se derrumbó, sin atreverse a mirarme.
-No sé que me sucedió- continuó, aferrando su agarre contra la madera, rasgándose, provocando que la sangre corriese por sus dedos -...solo...me quedé ahí, quieta...admirando en primera fila como te lastimaban ¡Lo siento tanto, Gabrielle!
En un impulso, su rostro se incrustó en mi pecho, hundiéndose en él, dejando caer su lamento en libertad. Y yo...en mi consternación, siquiera pude moverme.
-Perdóname...Gabrielle...
Me quitó el aire sentir su adolorida voz sobre mi cuerpo. Percibía su sufrimiento en mi alma... ¿Tan unidas estábamos como para poder sentir sus más profundos sentimientos?
-Tranquila, Xena, no fue tu culpa...- hablé por fin, elevando mi mano con dificultad y reposándola en su suave cabello, acariciándolo -tantas veces me has salvado, y a pesar de todo... ¿Te sientes así? No seas tonta...
Elevó un poco su vulnerable visión, clavándola en la mía. Eso solo consiguió desarmarme por dentro.
-Lamento haber sido tan ruda, es solo que...temí perderte...
Como si mis palabras fuesen su cura, se incorporó, sin quitar sus manos de mis costados. Su cercanía aumentaba, alertándome. Pero lo que más me hipnotizaba, eran sus profundos ojos, que cada vez más, mutaban en unos llenos de cariño...de amor...
Su aliento acariciando el mío, me hicieron perder la poca sensatez que me quedaba.
-Soy yo la que temía perderte...siempre...- susurró, mientras mordía sus propios labios, bajando sus parpados con lentitud, como si le costase pronunciar sus palabras -siempre...temo perderte...lo eres todo para mí.
-Por favor...deja de hacérmelo tan difícil...- pensé, dejándome llevar por sus manos, que ahora se deslizaban por mis hombros con delicadeza, y continuaban su tedioso recorrido rozando mi nuca, deteniéndose en esta.
También mordí mi labio con ímpetu, evitando que escapase de ellos, algo completamente inadecuado para tal situación.
-¿Por qué...no dices nada?
Su penetrante mirada se clavó en mí, tratando de traspasar la verdad detrás de mis afligidos esmeraldas.
¿Por qué? Ja... ¿Acaso no era obvio? Porque no podía...pero parece que mi corazón no se encontraba de acuerdo con mi mente, ya que mi boca se entreabrió, amenazando con desatar la verdad.
-Yo...
Por suerte, mis sentidos comenzaron a apagarse antes de poder formular todo lo que sentía por ella.
Desmayarme fue bastante oportuno.
-¡Gabrielle!
Fue lo último que llegué a escuchar, en un lejano eco. Necesitaba descansar...realmente, descansar.
Tercer capitulo entregado! Gracias por leer! nos vemos en el cuarto!
Chat'de'Lune: Gracias por seguir mi historia! y si, también leí a Lady bardo, otra genia! Respondiendo a tus cuestiones, Xena en su momento recordó a Gabrielle porque Alti al asfixiarla, sin querer le transmitió sus recuerdos. En cambio Gabrielle solo siente esa familiar sensación al ver a Xena, sin saber bien el por qué. Y bueno, Xena tiene miedo de revelarle lo que siente porque teme que sus enemigos tomen eso como ventaja, poniéndolas a ambas en peligro, por no decir que su camino es uno de redención, osea uno peligroso, e internamente no quiere que la bardo se convierta en una guerrera como ella y transite el mismo, solo quiere que siga su camino de paz. Pero claramente Gabrielle con el paso de las temporadas se convirtió en una digna guerrera. Igual no te preocupes que poco a poco se van a ir desatando las dudas, con el paso de los capítulos (esa es mi intención al menos jaja!) ya que voy a seguir resaltando lo que paso en ese mundo que vivieron, creado por el César.
Sin mas que decir, me despido! Gracias por leer! Besos!
