Ares & Afrodita

Mi mirada se encontraba inmersa en su tranquila respiración. Realmente amaba como su pecho se elevaba y descendía tan apaciblemente.

Con un notable esfuerzo de mi parte, emergí de mi embelesamiento y continué curando su herida, diluyendo en ella el néctar de una planta, que para mi suerte, era curadora.

-Estarás bien...- musité, acercándome a su frente y plantando un beso en ella.

Al reincorporarme un poco, no pude evitar quedar encantada de nuevo con su precioso rostro durmiente.

Sin embargo, las imágenes de aquella batalla, en la cual ella fue mi salvadora, aparecieron en mente.

Había asesinado...de nuevo, a causa de mi pecadora persona. Y no solo eso, también me había desplomado en su ser, reluciendo mi debilidad.

No lo merecía, no merecía su protección. Yo debía ser la que la protegiese de todo mal, la que la...devolviera a su camino de paz.

Pero no podía, era incapaz de hacerlo con estos sentimientos aturdiéndome.

-Gabrielle... ¿Cuándo te has vuelto tan fuerte?- formulé en mi mente, acariciando su suave cabello.

Sin quererlo, otra vez, aquellas imágenes de ese tedioso destino, me invadieron. Era como si entrase en un trance. No podía controlar mis recuerdos.

-/-

Me levanté sobresaltada, al escuchar firmes pasos dirigirse hacia la habitación de mí ahora, amante.

Inmediatamente me incorporé, con intenciones de irme. Pero al instante, no pude evitar volver la vista a su adorable rostro durmiente. Una sonrisa nació en mi labios. Se veía tan hermosa...tan pura.

Le regalé un protector beso en la frente, para luego escribirle una nota. No quería que pensara que la había abandonado. Ese no era mi propósito en absoluto, no ahora que había conocido lo que realmente era el amor y la magia que emitía este.

Como si solo hubiese sido un espejismo lo que ocurrió entre nosotras, llegué hasta mi habitación y me vestí con mi glamuroso atuendo hasta el cuello, tratando de ocultar aquellas marcas que exigí que dejase en mi piel.

César no estaba allí, lo cual me alertó. Era poco probable que me hubiera descubierto, pero mis instintos me decían que debía hallarlo para confirmar la verdad.

Decidida, salí en su búsqueda, para encontrarlo en el gran salón, sentado tranquilamente en su trono, escribiendo sobre unos pergaminos.

Observé con sigilo a su subordinado, Brutus, saliendo de allí con prisa. La curiosidad me invadió. Había algo notablemente raro en el ambiente.

-¿A dónde va Brutus con la guardia real?- inquirí, parándome frente a él, con mi mejor postura.

Elevó su vista, clavándola en mí unos segundos, antes de hablar -Oh...a arrestar a esa escritora- soltó, de forma serena, continuando su labor, al contrario de mí persona, que al instante sentí como el pecho se me hundía, provocando que el aire me faltase.

-Alti confesó que era cómplice en su plan para asesinarte...aparentemente ambas trabajaban junto a los asesinos de Chin para destruirnos- continuó, obviando mi pasmado semblante.

-Espero que no te hayas encariñado demasiado con ella...- agregó, casi en una burla, lo cual me hizo sospechar de sus palabras.

Dibujé una sarcástica sonrisa, dándole a entender que no me afectaba para nada su resolución. Pero por dentro, me encontraba destruida. ¿Esa mujer, que había cautivado mi corazón en tan solo unos segundos, ahora era...mi enemiga? Imposible.

Debía averiguar la verdad, pasase lo que pasase.

Caminé a paso firme, hasta la cárcel que resguardaba a mi querida bardo. Un guardia, cuyo gesto se me hizo muy familiar, me cedió el paso. Mi alma se hundió al contemplar como otro soldado cortaba su dorado y hermoso cabello, preparándola para la crucifixión.

Sin titubear, derivé mi vista hacia ella, determinada a averiguar la realidad - Vete- le ordené, al guardia de la entrada.

-No puedo dejar a un prisionero sin vigilancia...

No dejé que terminase su estúpido recitar, atinando a cerrar la reja sobre su cara, de forma estrepitosa. Nada iba a impedir que descubriese la verdad.

Ella, al observarme, se reincorporó, tomando un aspecto respetuoso -Emperatriz...

Con un poco de dolor, mi mirada la recorrió de pies a cabeza, quedando plasmada en la blanca tela que ahora cubría sus preciosas curvas.

-César me dijo que eres una asesina...

Solo resopló...solo eso hizo para confirmarme que no tenía nada que ver con este acontecimiento. Aún así, tenía que asegurarme, por ende continué, ya que no veía intenciones en ella de refutar lo contrario.

-¿Es eso cierto?

-¿Una asesina?- repitió, con sarcasmo -Jamás he lastimado a nadie en mi vida.

Mi silencio fue absoluto. Deseaba creerle, de verdad...lo deseaba.

-¿Pero por qué debiera creerme a mí en vez de a su esposo?- formuló, sentándose de nuevo con tranquilidad, como si la noche que pasamos juntas, nunca hubiese ocurrido. Como si esta no la hubiera aturdido tal como a mí.

Mi alma se carcomió por dentro ante su honesta mirada, que sin pensar en las consecuencias, se clavó en mi, para luego descenderla, quedando plantada en el oscuro suelo, con resignación.

-Te creo.

Al escucharme, elevó su rostro, anonadada por mi veredicto.

-¿Por qué?

¿Por qué? Ja...Por qué será...me pregunto...

Juntando valor, acerqué mis pasos hacia los suyos -Piensas que el amor es algo por lo que vale la pena morir...eso no es exactamente el camino de un asesino- finalicé, sentándome a su lado.

Oí un suspiro, que escondía una lamentable risa, emanar de sus labios.

Pero solo el silencio nos acobijó luego de eso, incomodándome.

-Están elevando las cruces...- habló, derivando la vista hacia la nada.

-Sí...no puede haber crucifixión sin cruces...- contesté, posando mi visión en el aire, al igual que su sentenciado ser, y odiando mi estúpida respuesta.

Ya no podía tolerarlo, las dudas me irrumpían sin darme tiempo a pensar adecuadamente.

-¿Por qué César te querría muerta?

-No lo sé, soy una escritora...vivo en una viña junto al mar...llevo un vida simple...- contestó, invadiéndome con sus esmeraldas ojos, provocando que mi corazón saltase en ese mismo instante, al sentirse inmerso de aquellos momentos que compartimos juntas.

-¿Qué amenaza podría ser yo para él?- culminó sus palabras, volviendo su rostro al frente, de manera cruda.

Quizás estaba enojada...enojada porque yo era la esposa de ese hombre que la estaba incriminando sin evidencia alguna. Sí...yo también lo estaría.

Pero no podía flaquear, no hasta resolver todo este maldito acertijo.

-No lo sé...pero intento averiguarlo...- dije, casi en un susurro, incorporándome y alejándome, con intenciones de retirarme, aunque mi alma se ahogase en el intento.

No debía olvidar que era la emperatriz, lo cual significaba que no tenía el permiso de quebrarme.

Me miró con desconsuelo. No pude verla, pero sé que lo hizo.

-Tú- exigí, a ese guardia que me sonaba demasiado conocido -Ven conmigo.

Acotando mis órdenes, me llevó hasta la cárcel de aquella mujer que empezó todo este malentendido.

Me paré frente a su celda, y al detallar su confiado semblante, pude entender la mayoría de las cosas. No cabía duda, ella tenía toda la culpa.

-Ábrela.

-Pero César dijo...

-¿Qué hagas enojar a la emperatriz hasta que ella te deje sin dientes?

Noté como el soldado tragó saliva con rudeza, intimidado por mi iracunda voz, para luego comenzar a abrir aquel candado -No, debo haber omitido esa parte- dijo finalmente, con temor.

-Vete- ordené, y de inmediato desapareció de mi vista.

Nos miramos por unos segundos con esa maliciosa mujer, luchando en silencio.

-Delataste a la escritora como tu cómplice- sentencié, aproximándome con cautela.

La morocha, solo rió con descaro -¿La escritora? ... ¿Estás bromeando?- soltó, irónicamente -¿Qué quieres?

-Tus manos sobre mí, como anoche...

Se levantó con lentitud, con una notable sonrisa, tentada con mi oferta -Eso no sonó muy bien...Xena...

-Estas me dieron visión y conocimiento...- continué, obviando su mal pensar.

-¿Y por qué haría eso?

Choqué los dientes, abrumada por su odiosa presencia -Entonces, púdrete- la intimidé, dándome media vuelta.

-Aguarda...

Parece que mi amenaza funcionó. Tuve que esconder con mucho esfuerzo la ganadora sonrisa que quería emanar de mis labios.

Sus pisadas se dirigieron hacia mí, sin embargo, no retrocedí. Era consciente que ahora, me expondría la verdad.

-Libérame, y te mostraré...cosas...- musitó, tomando mi mentón con su asquerosa mano. Deseaba sellar un trato conmigo, un trato que debía aceptar, como consecuencia de brindarme sus poderes.

Penetré mi desafiante mirada en ella, pero sin darme tiempo a responder, sus dedos quedaron aferrados a mi cuello, estrujándolo sin piedad.

Mis ojos se elevaron hacia atrás y allí lo vi...de nuevo, esas visiones. Esta vez me mostraban mi verdadero pasado con mi actual esposo, con el César. Las imágenes hablaban por si solas.

Él me traicionó, al igual que inició un ciclo de maldad en mi vida. Ya que parece que solo busqué la venganza contra cualquier ser vivo, luego de conocerlo.

A pesar de la asfixia que estaba recibiendo, una leve sonrisa se formó en mis labios, al invadir mis recuerdos aquella rubia mujer que ahora dominaba mis sueños, y también mis pesadillas.

Me enseñaste que hay cosas por las que vale la pena morir...

Oí su amable y firme voz en un eco, para luego, visualizar otra memoria, en la que éramos crucificadas, por mi no tan amado rey.

-Gabrielle...eres lo mejor que me ha pasado en la vida...- . Escuché mi propia tonada, regalándosela a ella, en nuestros últimos momentos de vida.

Ante mi clara confesión de amor, ladeó su cabeza, mirándome con sus determinados ojos, para luego, dibujar una pacífica y sincera sonrisa, que no pude evitar corresponder.

Te amo...Xena...

Se veía tan honesta, tan entregada a la muerte que estaba por compartir conmigo...

-¡Agh!-emití en la realidad, percatándome de que Alti, intensificaba el agarre.

-Lo cual me trae a esto...- Ahora, la voz del César retumbaba en mi mente. Pude ver su figura, arrebatando el hilo de mi destino -a definir el momento de Xena...

Al observarlo, destruyendo mi camino...mi vida...volví a la normalidad, a esa falsa realidad.

La bruja me soltó, y de inmediato, agitada, busqué un apoyo, para solo encontrarme aferrada a los garrotes de esa cárcel, tratando de recuperar mi aliento.

-Esas imágenes...no son de esta vida, hay algo...más...

Así que Alti tampoco era consciente del por qué era capaz de ver esas visiones del pasado, eso era de ayuda. Significaba que todavía no recordaba que yo era su némesis, por ende, podía sacar ventaja de eso.

-Si...mucho más...- musité, con la respiración entrecortada.

Sus pasos hicieron eco hacia mí, que aún me encontraba intentado recobrar el aire perdido.

-Ahora, tu parte del trato...

Me volteé con sigilo, posando mí enfurecida mirada en ella.

-Emperatriz.- interrumpió mis futuros insultos, aquel confiable soldado -se llevan a la escritora...

Mis ojos se abrieron de par en par, atemorizada. Ahora podía confirmarlo...no...ya lo sabía, solo necesitaba esos recuerdos para creer aquella extraña verdad. La realidad de esa mujer...es que era Gabrielle...mi querida...Gabrielle.

-/-

Negué vorazmente mi cabeza, tratando de evitar que esos angustiosos recuerdos siguieran sumiéndome en una dolencia que no era capaz de tolerar.

-Gabrielle...- la nombré, acariciando su rostro -Te has vuelto tan fuerte que...

Pensar en su fortaleza, me hizo indagar en la mía, que en ese encuentro con aquellos desconocidos hombres, se había desvanecido por completo.

¿Qué me sucedió? ¿Por qué no pude moverme? Me sentía tan débil, tan impotente.

-Por mi culpa...tú...

-En efecto, por tu culpa, ella resultó herida.

Oí detrás de mí, una voz que conocía muy bien. Demasiado bien para mi gusto.

Me giré inmediatamente, para encontrarme con el odioso dueño de esta.

-Ares...

-Xena...- imitó mi tonalidad, burlándose.

Me puse de pie al instante, dirigiéndome hacia él, no sin antes dar un último vistazo a mi fiel compañera.

-No puedo creer que no hayas notado mi presencia, esto es decadente...

Ignorando su estúpido comentario, tomé su brazo con rudeza, incrustándonos a ambos en el verde bosque, alejándonos de mi amiga.

-¿Qué quieres?- gruñí, soltándolo con brutalidad.

Él solo sonrió con confianza, para variar -Me alegra que me hayas extrañado tanto como yo a ti.

-Déjate de juegos ¿A qué viniste? Oh...permíteme adivinar... ¿Vas a insistirme de nuevo para que vuelva a tu lado? Ni lo pienses, Ares.

Negó con el rostro de forma tan arrogante, que casi lo ahorco en ese mismo momento.

-Puedes relajarte...en tu estado actual, hasta tu querida amiga me sirve más que tú.

Arrugué la frente, entendiendo a que se refería -¿Así que...me viste?

-Siempre te estoy observando, eso ya deberías saberlo.

-Ja...supongo que debería estar feliz por tener de admirador a un Dios...- solté, con el sarcasmo reflejado en mi semblante.

-Creo que la palabra "admirador" es un poco exagerada ¿No crees?- dijo, guiñándome un ojo.

Choqué los dientes, aturdida por su tediosa presencia.

Si, Ares en su tiempo fue una gran debilidad y atracción para mí...pero hoy en día, solo le guardaba rencor. Rencor por todo lo que nos había hecho pasar.

Si tan solo hubiese conocido a Gabrielle en vez de a él en su momento...jamás me hubiera convertido en la asesina que fui, en la destructora de naciones.

-¿Que sucede? Últimamente no eres tú misma, Xena- inquirió, con una inocencia fingida.

Alcé una ceja, con ironía -Creo que la frase correcta es...últimamente soy más yo misma, Ares.

Ante mi respuesta, largó una egocéntrica risa, provocando más ira en mi interior.

-Mi querida Xena...no sabes de lo que hablas ¿Tan aturdida estas? ¡No puedo dejarte sola ni un minuto!

Mi mano se elevó sin mi permiso, arrebatando su cuello en un segundo. Realmente estaba colmando la poca paciencia que me restaba.

-Veo que has reservado tu enojo para mi...me siento alagado- soltó, sonriendo con descaro.

-Vete...- musité, clavándo mis uñas en su piel.

-Así me gusta, Xena...me tranquiliza saber que aun existe esa guerrera que tanto amo en ti...

Inmediatamente lo dejé en libertad, no soportando aquella verdad que invadía mis sentidos.

-No lo entiendes...- comencé a musitar, sumida en mis pensamientos -No entiendes nada de lo que sucede...

Sin quitar su asqueroso gesto, dio pasos hacia mí, provocando que me alejara unos metros, pero en un rápido movimiento, tomó mis mejillas con su mano, apretujándolas violentamente.

-Oh sí, claro que lo entiendo...entiendo que te has dejado llevado por el amor, y créeme...ese sentimiento solo traerá desgracias a tu vida...esa emoción no es para ti...

-N-No sé de qué hablas...

-Vamos Xena...no trates de engañarme, sabes bien que no puedes. Te conozco a la perfección.

Fruncí el ceño, quitando sus garras de mi -¡La única que me conoce es...!

-¿Gabrielle? - interrumpió mi habla, posando sus oscuros ojos en los míos -¿Estoy en lo correcto?

Mi silencio fue su grata respuesta, para mi ascendiente malestar.

-Veo que piensas que me lleva ventaja, pero no estás contando los años perdidos que yo si presencié de tu vida. Esos años de gloria...en el que tú y yo arrasamos con todo...y todos...

Delineé una confiada sonrisa, derrumbando su seguridad -Ella no necesitó presenciarlos para saber quién soy...Gabrielle me acepta tal como soy.

Se quedó mudo, observándome. Pude notar una leve resignación en sus ojos, una que pensé jamás presenciar.

-¿Por qué estás aquí?- repetí, llevando mi mano instintivamente a mi espada.

Suspiró, como si le pesase el encuentro -Mas allá de lo que pienses, solo quiero protegerte... ¿No te das cuenta que el amor debilita...por ende, te hace sentir compasión?

-¿Compasión? ¿Qué sabes tú de compasión, Dios de la guerra?

-Más de lo que crees... ¿Por qué piensas que te contuviste con esos hombres? Empiezas a sentir la versatibilidad que genera el querer a alguien, Xena...

Ante la horrorosa verdad, mi vista se derrumbó en el suelo, quedando pasmada en mi lugar. Aunque no quisiese admitirlo...tenía razón. Mi corazón se estaba ablandando, y eso solo podía significar peligro. No podía protegerla en tal estado.

-Ya has comenzado a sentirlo desde hace tiempo...pero tu espíritu de guerrera te impedía entregarte a ese pensar, sin embargo ahora...estas completamente a su merced.

Elevé la mirada, penetrándola en él -¿A su merced?

-A merced de Gabrielle, por supuesto.

Apreté mis puños, tanto, que juré sentir la sangre recorriéndolos -No lo entiendes...

Él solo inclinó su cabeza, con curiosidad -¿Qué es lo que no entiendo?

-No entiendes...- repetí, cerrando mis ojos con desesperanza, para luego emanar la verdad -¡NO PUDE SOPORTARLO!

Retrocedió unos pasos, al verme tan desequilibrada.

-No pude soportar...lo que sucedió...

Como si de un animal salvaje me tratase, volvió a acercarse a mí, esta vez con sigilo.

-Lo que pasó entre ustedes nunca debió suceder y lo sabes, fue todo premeditado por el destino que te obligó a cumplir César...

-No- sentencié, delineando una sonrisa de lado, que ocultaba tristeza -él nunca hubiese querido que me reencontrase con ella...que me enamorase de ella...- me detuve unos segundos, perdiendo la vista en el piso -nuestro destino está unido...y siempre lo estará...

Su habla quedó sellada por mis palabras...o eso quise creer.

-Me veía venir esto...- retomó, ladeando su cabeza hacia la nada misma- veo que siquiera esos hombres que te atacaron pudieron hacerte despertar...

-¿Qué?- inquirí, atando hilos en mi cabeza -espera... ¿Tú fuiste quién puso precio a mi cabeza?

Sus labios comenzaron a dibujar un maligno gesto, acercando mi teoría -¿Acaso pensaste que era alguien más? Me hieres, Xena...

La ira contenida que hervía en mis venas se desató, al igual que mi mano sobre mi espada, que se desenvaino en un instante, terminando a escasos milímetros de su cuello.

Aumentando mi rencor, esbozó una ganadora mueca -Veo que estoy logrando mi cometido...

-¡ARES!- grité, ya con furia, acortando la distancia, con intenciones de atravesarlo, pero al instante desapareció, reapareciendo a mis espaldas.

-¡Eres un...!

No me dio tiempo de insultarlo, ya que su mano se incrustó en mi nuca, impulsándome hacia sus labios y robándolos en un desaforado beso.

-¡mmhh!- gemí, tratando de zafarme.

Para mi mala suerte, los soltó muy tarde.

Su triunfal sonrisa, junto con su maliciosa mirada, me estremeció.

¿Por qué sonreía de esa forma?

Encontré mi respuesta al seguir su vista, ahora clavada detrás de mí. Al darme vuelta con una extraña lentitud, quise que la tierra me tragase en ese mismo instante.

Gabrielle nos observaba, quieta en su lugar. Su semblante no emanaba emoción alguna, lo cual era preocupante.

-Gabrielle...- susurré, desligándome de su agarre con torpeza y corriendo hasta ella.

Al instante me dio la espalda, sintiendo al mismo tiempo que me clavaba una estaca en el corazón, desmembrándolo de a poco.

-Perdón por interrumpir.

Fue lo único que llegué a escuchar, antes de verla desaparecer.

-¡Gabrielle!

Traté de seguirla, pero una robusta mano me detuvo. Al instante me giré con violencia, dirigiendo mi irascible mirada al Dios, para luego proporcionarle un buen golpe en la nariz, que lo hizo sangrar en el acto.

-¡¿Acaso eres suicida?!

-¡AUH! ¿Y yo qué te hice?

-¡ARRUINASTE MI VIDA! ¡COMO SIEMPRE!- exclamé, empujándolo con toda mi impotencia, provocando que cayese en el prado.

Comenzó a reír, aún en esa posición, a pesar de tal encestada que le regalé.

-Aaah...que placer, estos acontecimientos son los que me llenan de felicidad.

Mi cuerpo y mente deseaban descuartizarlo en ese mismo momento, pero mi corazón tuvo más fortaleza, tomando las riendas de mi ser.

-Muérete- solté, alejándome de su repulsiva presencia.

-¡Sabes que eso es imposible, Xena! ¡Hahaha!

Su risa hacia un ruidoso eco en mis tímpanos, sin embargo, no me detuve. Tenía que encontrar a Gabrielle y explicarle... ¿Explicarle qué?

Detuve mi andar, comenzando a sentir como la incertidumbre me irrumpía.

¿Qué tenía que explicarle? ¿De verdad le importaba lo que sucedió? ¿O solo le molestaba el hecho de que tuviese siguiendo un vínculo con esa persona que formó parte de los planes de Callisto, para hacerla infeliz? Probablemente era lo último. No, estaba casi segura, para mi pesar.

No...da igual si era por mí o no, tenía que excusarme, con urgencia. Conocía a la perfección su carácter, y si no me disculpaba, era probable que estuviéramos semanas sin hablarnos.

Llegué a nuestra guarida, protegida por la luz de la luna, pero no se encontraba allí.

-¡Gabrielle!

No contestaba. ¿Dónde pudo haber ido? Empezaba a preocuparme.

-¡GABRIELLE!

-Deja de gritar...me aturdes...

Escuché su no tan dulce voz característica, detrás de mí.

Me volteé con un poco de miedo, ya que su energía no emanaba más que enojo.

-Escucha, lo que viste no fue...

-Lo que vi no es de mi incumbencia, Xena- cortó mi disculpa, alejándose unos pasos, para luego darme la espalda, generando más dolencia en mí -Lo que hagas con tu persona no me concierne.

-¡Sí te concierne!- emití, perdiendo el control de mis emociones, sin percatarme de que ahora tendría que dar una vergonzosa explicación.

Tal como pensé, se giró hacia mí, observándome con una notable curiosidad-¿Por qué debería importarme?

Por alguna extraña, pero concreta razón, no pude modular excusa alguna. Mi voz se había extinguido, dando paso a una inseguridad que me carcomía internamente.

Lo sabía. Este era el momento en el que debía confesar lo que sentía, pero por supuesto, no lo haría...jamás ocasionaría algo que la lastimase a la larga, que la pusiera en peligro...

-/-

En un templo lejano, una mujer, cuyos rulos caían sobre sus hombros, espiaba con impaciencia esa melodramática situación.

-Dioses... ¿Qué es esta maldita escena amorosa? Me está desquiciando...

-Tranquilízate madre...están a unos pasos de concretar...

-¡Dah! No me hagas reír, Cupido...estas dos han estado hace años a pasos de concretar y nunca lo hicieron, no veo por qué esta debe ser una excepción.

Su hijo la miró con desdén -Porque Xena está acorralada ¿No te das cuenta? Si no le dice la verdad, no habrá forma de arreglar lo acontecido.

Su madre bufó, tirando su propio cabello hacia atrás, con arrogancia -No se lo dirá...créeme o velo por ti mismo, si necesitas hacerlo.

El joven, con desconfianza, arrimó su rostro a una mágica fuente, donde Afrodita se encontraba apreciando aquella situación.

-¿Por qué, Xena?- volvió a cuestionar, acercándose peligrosamente a su debilitada persona.

Descendió los parpados, incapaz de enfrentarla -Porque...no quiero que pienses que tengo algún vínculo con él, me agarró desprevenida, solo eso pasó...

La sonrisa que comenzó a dibujarse en sus carnosos labios, le inquietó.

-Claro que sí, muy...desprevenida.

-Gabrielle...

Un largo suspiró escapó de los labios de la Diosa.

-¿Lo ves? No harán nada...ni tienen intenciones de hacerlo.

La rubia se llevó las manos a la cabeza, refregando sus cabellos con impaciencia -¡Aggh! De verdad que no comprendo a los mortales.

-Eres un desastre...y pensar que eres Afrodita, la gran Diosa del amor- entonó, con sarcasmo.

Su madre alzó una ceja. Sus palabras eran claramente un desafío.

-Pobre Gabrielle...ella hizo tanto por ti...- continuó, provocándola.

-Mi querido...si quieres empezar una competencia, estoy en absoluto de acuerdo- soltó, haciendo una falsa reverencia.

El joven con blancas alas, se alertó ante su infantil comportamiento. Temía que una vez más, provocase un caos de emociones en la victima a la cual le pusiese el ojo.

-Verás que puedo ser más útil de lo que crees...

-¿Madre?- inquirió, con una nerviosa sonrisa, detallando su travieso semblante.

Afrodita le sonrió con sensualidad, para luego chasquear los dedos y desaparecer dentro de un humo de color rosa.

-¡Madre, espera!

Ya era demasiado tarde. Sus sospechas solo se acrecentaron, ya que cada vez que la Diosa metía mano, empeoraba la situación.

-Gabrielle, escucha...yo...

Sin llegar a terminar su excusa, una neblina rosa apareció en el medio de ellas, haciéndolas saltar en el acto.

-¡Dita! Por el amor de todos los dioses...casi me matas de un infarto...- vociferó agitada, la bardo, agarrando su pecho con fuerza.

La diosa solo se dignó a verla de arriba hacia abajo, para luego sonreírle con picardía -Lo siento querida, sabes que me gusta aparecer glamurosamente.

Pensaba terminar su gloriosa frase, pero una firme mano en su hombro la hizo voltearse -¿Si, Xena?- soltó, con naturalidad, quitando con asco sus dedos de su hombro.

Esta solo frunció el ceño. Nunca le había terminado de cerrar aquella mujer -¿Qué sucede Afrodita? Supongo que debe ser algo importante para que aparecieras de la nada misma...

La nombrada pegó saltitos en su lugar, entusiasmada -¡Oh sí, sí que lo es!- emprendió su habla, desviando de nuevo la mirada hacia Gabrielle -he venido a advertirles.

La amazona se tornó preocupada, por sus palabras -¿Qué sucede?

-Se vienen tiempos difíciles, mi dulce bardo- susurró, elevando su mano y reposándola en su barbilla. Acto que provocó que Xena se aproximase unos pasos, con un gesto ya desfigurado.

-¿Tiempos...difíciles?- repitió, desentendida.

Clavó la mirada en sus ojos, determinada a cumplir su cometido -Así es...tiempos en los cuales solo se tendrán la una a la otra...

Gabrielle abrió sus ojos de par en par, asustada por su recitar.

Afrodita descendió la vista, detallándola -¡Wow! La pequeña sí que ha crecido ¿Cómo no lo noté antes? ¿O si lo hice? No sobria seguro...- rió en su mente -mmmm interesante... realmente...interesante, esto podría ser divertido...- culminó su pensamiento, acortando mas la distancia, por ende, generando en la guerrera un estado de alerta.

-Deben protegerse la una a la otra...mi querido hermano tratará de separarlas...- continuó, acariciando su mejilla, extrañándola.

-Eso ya lo sabemos- exclamó la morocha, sujetando su mano al instante y alejándola con rudeza.

La Diosa la observó con una sonrisa indescifrable -¿Qué sucede Xena? ¿Temes que vuelva a repetir aquel "pequeño" accidente con tu bardo?

-¿Accidente? ¿A qué te refieres?- preguntó, confundida.

Algo no andaba bien.

Gabrielle pestañeó varias veces, al entender aquel mensaje oculto en sus palabras.

-Oh... ¿No le contaste?- jugueteó, tomando un mechón de la amazona, deslizándolo por sus dedos.

Xena derivó su desconfiada vista a la cuestionada -¿Contarme qué...Gabrielle?

La amazona se silenció, sin saber bien el por qué. Como consecuencia, Dita continuó su maquiavélico plan.

-Me refiero a esto...

Sin siquiera tener previsto aquella acción, sujetó sus mejillas entre sus manos, impulsando sus labios a los suyos, para luego unirlos en un apasionado beso.

La guerrera quedó plantada en su lugar, tratando de asimilar aquella inesperada situación.

-Di...

Su intento de alejarse fue interrumpido por una experimentada lengua, que comenzaba a irrumpir su cavidad, fundiéndose con la suya propia.

Xena, reaccionando ante su descaro, cerró los puños con fuerza, chocando los dientes con enfado.

-¡HEY!

En un arrebato, tomó sus hombros y de un tirón la derrumbó en el suelo, provocando que la diosa se refregase el trasero con dolor.

-¡Hey tú! ¿Qué crees que haces? ¡Cómo te atreves a ponerle una mano encima a la gran Afrodita!

-¡Tú como te atreves a hacerle eso a Gabrielle!- La señaló, buscando su arma, iracunda.

-¡Xena, espera!- detuvo su cometido, guardando de nuevo la espada en su funda -¡Cálmate!

Se volteó hacia su compañera, anonadada -¿La defiendes?

-¡No! ¡Pero te estás sobrepasando!

-¿Sobrepasando? ¡Presencié en primera fila como te devoraba por completo sin tu consentimiento!

-¡Solo fue un beso! ¡Cálmate!

Debido a su ferviente habla, que parecía no querer desistir, se desligó con rudeza de su agarre, que sostenía su brazo -No puedo creerlo...

Gabrielle dio dos pasos atrás, desentendida -¿Y por qué te importa tanto? ¿Qué pasaría si yo empezara a reaccionar como tú, ante el primer tipo con el que te besaras?

-Es diferente...

-¿Diferente, dónde? ¡Es exactamente lo mismo, así que mejor cálmate!

La guerrera fue incapaz de seguir atacándola. Tenía razón. Sus emociones se habían descontrolado, con los celos a la cabeza. Se desconocía por completo, y a pesar de todo, era demasiado orgullosa para darle la razón.

-Haz lo que quieras...

Dolida, emprendió su furioso caminar hacia las afueras del campamento, perdiéndose en la oscuridad del bosque.

-Ups...

Al escuchar ese tan destacado sonido, proveniente de la diosa, la bardo pasó su visión a ella, intolerante -Dita...mejor que me expliques ahora mismo tu fallido plan...

Esta solo sonrió con inocencia, poniéndose de pie -¿Así que lo sabías? Me sorprende que seas tan inteligente, querida, bueno...en sí me sorprende que seas inteligente.

-No sueles ser tan cariñosa, era obvio que algo tramabas - soltó, con ironía.

-Solo quería ayudar... ¡Y estoy segura que he acelerado la situación!

-¿Acelerar qué? ¡Xena se fue, Dita!

La nombrada hizo un gesto con su mano, restándole importancia -Ya volverá, siempre lo hace.

-Sí, lo hará ¡Enojada!

-Oh vamos Gabrielle, un poco de celos le harán aclarar sus ideas.

-¿Aclarar sus ideas? ¿Esa fue tu gran plan? Xena tiene muy claro lo que quiere y lo que no. Y yo...no estoy en sus planes...- su voz se entrecortó, en sus últimas palabras.

Afrodita notó su agonía escapar de sus ojos. Un extraño sentimiento que jamás había sentido, la invadió ¿Pena, quizás? No...empatía, eso era.

-Gabrielle...

Como si de un milagro se tratase, sintió unos cálidos brazos, rodeándola y aprisionándola contra su cuerpo.

-Deja de jugar...

-No estoy jugando esta vez...esto es en serio...

Desconociendo la razón, le creyó. Era la primera vez que su amiga Diosa sonaba sincera.

Sin poder evitarlo, correspondió su entregada acción, desarmándose en su cariño. Las lágrimas reprimidas por el acontecimiento anterior que observó, decidieron escapar, dejando el camino libre a su corrompido pesar, que emanó sin reparo alguno.

-Dita...yo...ya no sé qué hacer...me siento tan perdida...

-Shh...tranquila, te aseguro que Xena encontrará la respuesta pronto...

Ante sus incógnitos mensajes, se incorporó un poco, quedando frente a ella -¿R-Respuesta?

La mujer mayor asintió, con una grata sonrisa, para luego deslizar sus dedos por sus labios, descendiendo por estos, rozando su cuello y llegando hasta su pecho.

-Si...la respuesta que tu corazón pide a gritos...

Detrás de ellas, escondida en la oscuridad de la noche, una lamentable figura observaba aquel amoroso acto.

-Gabrielle...


Capítulo 4 entregado! Tenía una gran necesidad de incluir un poco a estos Dioses jaja! No pude evitarlo.

Chat'de'Lune: Flechas, sangre, en pelotas jajajaja! me estallé con tu comentario. Me alegra que te haya gustado! Y gracias por seguir mi historia! Besotes!