HEEEYYYY ¿Qué PASÓ FICTIONEROS? QUE PASÓ FICTIONEROS, AQUÍ SUS AMIGAS DCROMEROR Y EVIL ANJELICKE TRAYENDOLES UN NUEVO CAPITULO DE ESTA HISTORIA.
PARA EMPEZAR QUEREMOS AGRADECER A TODOS AQUELLOS QUE LEEN, SIGUEN, PONEN EN FAVORITOS Y SIGUEN ESTE FIC. NO SABEN LO FELICES QUE NOS HACEN Y NOS DAN MAS ANIMOS DE SEGUIR ESCRIBIENDO PARA USTEDES.
TAMBIEN NOS QUEREMOS DISCULPAR POR EL RETRASO AL ACTUALIZAR, PERO DE PARTE DE DCROMEROR, EL TRABAJO Y EL AJETREO LA ATRASÓ UN POQUITO…Y DE MI PARTE…UN ESTADO GRIPAL DE LOS MIL DEMONIOS…Y UNA FALLA CON EL INTERNET.
SIN NADA MAS QUE AÑADIR, AQUÍ LES DEJAMOS EL CAPITULO, Y ESPERAMOS QUE LO DISFRUTEN.
NO SABEMOS CUANTO TIEMPO LLEVAMOS CORRIENDO, NI HACIA DONDE, DCROMEROR ESTÁ JUSTO AL FRENTE DE MÍ GUIANDO LA ESCAPADA, PODEMOS ESCUCHAR COMO UN TROPEL DE FICTIONEROS NOS PISAN LOS TALONES. LOS PULMONES ME ARDEN Y LAS PIERNAS SE ME ESTÁN CANSANDO, SIN CONTAR QUE NO PUEDO RESPIRAR BIEN.
DE REPENTE ESCUCHAMOS UN FUERTE CHISPASO DETRÁS NUESTRA Y VARIOS GRITOS DESAFINADOS, A MI NARIZ LLEGA ESE EXTRAÑO AROMA METALICO A MAGIA PSICOQUINETICA MEZCLADA CON TECNOLOGIA DE ALTA GAMA.
AL DARNOS LA VUELTA, PODEMOS VER UNA EXTRAÑA BARRERA TRANSPARENTE Y CON PANALES EXAGONALES.
LOS FICTIONEROS QUE NOS ESTABAN PERSIGUIENDO ESTÁN DEL OTRO DE ESA BARRERA, AL PARECER SE HAN DESMAYADO. CUANDO LA INTENTO TOCAR, UNA VOZ ME GRITA DESDE ATRÁS.
-¡NO LA TOQUES!-DE UN ARBOL DETRÁS NUESTRO APARECE ESA MUJER, CON UNA SONRISA SOCARRONA Y SATISFECHA, ACERCANDOSE A MÍ CON PASO CALMADO-A MENOS QUE QUIERAS QUEDAR NOQUEADA COMO ESOS QUE ESTÁN ALLÁ-ME DICE SEÑALANDO A LOS QUE PERDIERON EL CONOCIMIENTO.
-NO LO PUEDO CREER-DCROMEROR QUE HABIA QUEDADO EN SEGUNDO PLANO, SE ACERCA LENTAMENTE Y COMO SI ESTUVIERA POR TOCAR LA BARRERA, SOLO LA ROZA CON LOS DEDOS-CREI QUE NO VOLVERIAS A HACER UNA BARRERA ELECTROCORPOREA.
-NO LO HICE POR USTEDES-DE UN MOMENTO A OTRO, PODEMOS ESCUCHAR EL CRUJIR DE LAS RAMAS SECAS EN EL SENDERO-ES SEGURO, PUEDES SALIR-NO SBEMOS A QUIEN LE HABLA, HASTA QUE DE LA OSCURIDAD.
UN MUCHACHO DE PIEL CASI SETRINA, CABELLO CORTO, DESPEINADO Y CASTAÑO OSCURO, OJOS CAFES CON VETAS VERDES.
-¿HENRY MILLS?-EL CHICO SOLO ASIENTE-¿ES POR ÉL QUE SIEMPRE NOS PERSEGUIAS?-LE PREGUNTO.
-YO SOLO HAGO MI TRABAJO, NIÑA-ME DICE CON SIERTO AIRE DE SUFICIENCIA, EXTENDIENDO LA MANO-ES ÉL QUE QUIERE LOS CAPITULOS PARA SU LIBRO DE CUENTO.
APENAS LAS HOJAS ESTAN EN SUS MANOS, SOMOS TRANSPORTADAS A MI HABITACIÓN POR UNA DENSA NUBE DE HUMO.
-RECUERDAME POR QUÉ SIEMPRE TE ACOMPAÑO A ESAS PERSECUCIONES-ME DICE DCROMEROR ANTES DE IRSE POR UNO DE SUS PORTALES.
-¿POR QUE ME LO PROMETISTE?-SOLO SE VA SIN RESPUESTA ALGUNA.
CAPITULO 7:
ENIGMAS Y ACERTIJOS
Luego del traumático suceso que había tenido que experimentar, Emma aún no conseguía calmarse, ver el resultado de su pasado en esos cadáveres desperdigados, su antigua amiga y su hija, no habían hecho otra cosa más que acentuar su odio a sí misma.
A pesar de intentar calmarla, Regina no conseguía que la vampira escuchara su voz, estaba en estado de shock, fuera lo que fuese que hubiera visto en su pesadilla, la había dejado por completo vulnerable y desecha. Lo podía sentir en como las uñas de esa chiquilla se enterraban en su espalda, en la manera que su cuerpo temblaba a causa del llanto y su respiración irregular e hiperventilada.
- Emma… Emma… Emma - No importaba cuantas veces la llamara por su nombre, parecía que la joven rubia, no la escuchaba - Emma, por favor mírame - La paciencia de Regina estaba llegando al punto de querer levantar en vuelo junto con el cuerpo de la rubia y aventarlo contra el piso, para ver si con eso reaccionaba y volvía en sí - ¡Vamos, reacciona de una vez!
Lo único que podía extraer de los murmullos casi inentendibles de su compañera eran palabras sueltas, que al parecer se referían a su pasado. Regina, aunque no quisiera admitirlo, se había preocupado inmensamente, al ver en ese estado a su compañera, tal vez pudiera estar experimentando algo similar a la muerte aural, quien la padeciera, moría de forma lenta y dolorosa, comenzando por la pérdida de cordura, algunos se volvían locos en segundos, para luego quedarse sin poderes y habilidades, le seguían sus sentidos, finalizando con un paro cardiorrespiratorio que terminaba fulminando de forma definitiva a la víctima. No iba a permitir eso, la despertaría del trance a como dé lugar.
Sin pensárselo por mucho más tiempo, separó de su cuerpo a la temblorosa bola de nervios y lágrimas en la que se había convertido Emma, comenzó a zarandearla mientras seguía repitiendo con fuerza su nombre una y otra vez, hasta que vio que esta había dejado de llorar, para intentar enfocar su mareada vista en los ojos cafés.
- ¿Regina? - Aun con lágrimas corriendo por sus mejillas y con las piernas un poco entumecidas de tanto estar en el suelo, intentó levantarse con la ayuda del ángel, pero su cuerpo aun no respondía del todo. Confundida, veía a su alrededor, sus manos estaban limpias, al igual que sus ropas - ¿Cómo volvimos al castillo? – La morena solo se limitó a suspirar de forma pesada y negar lentamente.
- Jamás salimos del castillo, Emma - Le explicó con calma - Estábamos bajo un hechizo llamado "alma abierta" - Al ver que la vampira no entendía muy bien de lo que estaba hablando, siguió comentando, como quien le enseñaba a un niño - Estábamos bajo una maldición que rebelaba nuestros peores temores, aquellos que están guardados en lo más profundo de nuestro interior, no era real.
- Pero se sentía muy real - La vampira aun recordando el agridulce sabor de la sangre, que le revolvió el estómago, se tocó los labios de forma inconsciente - Demasiado real…incluso…
- Pero no lo fue, era solo una pesadilla - Emma asintió en silencio, sin querer volver a tocar ese tema, jamás en su vida. Al igual que Regina, que aún mantenía fresco en su mente, la pesadilla viviente que experimentó, el rostro ensombrecido de su hijo y los gritos de este lanzaba.
Otra cosa que la tenía realmente inquieta, era la voz que habían oído al entrar al castillo, una voz femenina, casi fantasmal, por más que le diera mil y una vueltas, Regina no le encontraba sentido ni explicación, sabía que aquella voz le parecía conocida, pero no podía recordar de donde o de quien. Solo sabía que la conocía.
Ambas mujeres ya más repuestas y calmadas, se percataron que ya no estaban en la entrada del castillo, al parecer inconscientemente y en su hipnosis se habían ido moviendo hacia otro lugar, del cual desconocían por completo en qué lugar del castillo se encontraba.
Parecía ser una especie de túnel subterráneo o pasadizo oculto.
Regina, que al igual que su compañera se encontraba más que desorientada, sacó el mapa que traía consigo y lo abrió en frente de ambas, en el pergamino que mostraba todos los caminos y habitaciones del reino, no mostraba en ningún punto ese escondrijo.
- ¿Cómo llegamos hasta aquí? - Preguntó Emma dando un rápido vistazo a su alrededor.
- No lo sé - Regina por más que viera y volviera a ver el mapa, no lograba localizar en qué punto del castillo se encontraban.
Frente a ellas se encontraba un pequeño hall angosto y algo frio, de tal vez dos metros cuadrados, pero lo extraño, no era no saber dónde se hallaban, sino que parecía que ese lugar parecía haberlas llamado. Su piso de mármol brillaba como si en su interior tuviera luz propia. De la pared sobresalían tres puertas de madera, cada una con un distintivo, una pequeña piedra preciosa en el marco superior.
En medio del cuarto, frente a las puertas, había un pequeño atrio de piedra y metal que parecía sostener un cuatro de madera donde se podía ver que había escrito o tallado, mejor dicho, en letras cursivas y estilizadas, un pequeño mensaje
"NO HAS DE ELEGIR.
POR TODO HAS DE PASAR.
EL ÉXITO TE DARÁ LAS PIEZAS DE LO QUE DEJASTE IR.
LA MELODIA QUE OBTENGAS TU LLAVE SERÁ"
Regina pudo sentir como se le formaba un nudo en el estómago y un hueco en el pecho, no quería sacar conclusiones aceleradas, pero creía saber muy bien de que hablaba ese pequeño verso.
Sus dientes se apretaron unos contra otros, gesto que a Emma no pasó por desapercibido.
- Oye, ¿Te encuentras bien? - Aunque no lo quisiese admitir, Emma aún estaba algo conmocionada por su pesadilla, estaba agradecida porque Regina hubiera podido sacarla de ese calvario, pero claro que no se lo diría, su orgullo no se lo permitiría jamás. Por eso mejor dirigir la conversación hacia la morena.
- Sí, no es nada -Ambas sabían que era una mentira, pero ninguna se atrevería a seguir tirando de la cuerda hasta romperla.
Regina no quería creer que sabía la respuesta a ese verso, no podía ser, tres puertas, tres piezas, que por la última línea, era un instrumento musical, solo esperaba que estuviese equivocada al cien por ciento.
Sabía que por la primera y segunda línea, no era un juego de azar, era una cuestión de todo o nada. Así que sin pensarlo dos veces, junto con Emma se acercaron a la primera puerta.
- ¿Segura que quieres hacer esto? - Le preguntó Emma, viendo que aun el rostro del ángel seguía con ese semblante angustiado y un poco sombrío.
- Ya llegamos hasta aquí - Le respondió Regina de forma fría - No podemos darnos el lujo de echarnos atrás - Emma asintió, no muy convencida, pero sabía, aunque no lo admitiera, que el angelinor tenía toda la razón, no podían cambiar de camino a esas alturas y tampoco podían estar perdiendo más tiempo, estaba en deuda con esa mujer, por su hija, su esposa. Sin contar que había prometido internamente ayudar a reunir una familia que se había roto, no solo por ella, sino por el pequeño de Regina, no sabía lo que era perder un hijo, pero si lo que era perder a una familia y esa, era una herida que jamás cerraba.
- Muy bien, no hay tiempo que perder - Ambas se clavaron la mirada, la una a la otra, mientras asentían.
Apenas tocaron la primera puerta frente a ellas, esta se abrió de golpe, dejando ver un cuarto por completo desprevenido de todo, no había ni suelo, ni techo, paredes ni nada que hiciera ver como una habitación. Pero sabían que era ahora o nunca.
Ni bien entraron, la puerta se les cerró detrás de ellas con estruendo asemejado a un trueno. Haciendo que la habitación comenzara a tomar formas y colores, debajo de sus pies comenzó a formarse la espesura de del follaje verde y suave de una alfombra de hierba.
A lo lejos se veía un pequeño lago de agua cristalina y pura.
- ¿el lago de las sirenas? – Era extraño, Regina no veía a ninguna de sus amigas, no entendía nada. Hasta que de nuevo escucharon de nuevo esa peculiar voz femenina hablándoles de nuevo.
"Quien a tu lado va, no se moverá del epicentro. Si demoras en entender tu deber, el precio tú no has de pagar, sino tu compañía, su pasado la perseguirá"
De un momento a otro, Emma había sido jalada bruscamente hasta el centro del lago, donde se encontraba una pequeña isla desierta y puesta en una extraña caja de cristal que se cerró a su alrededor. En las paredes de cristal, se comenzaban a formar imágenes, recuerdos perturbadores del pasado de Emma, mostrando el monstruo que había sido antaño. Sus años de sanguinaria pasaban como una horrenda película de terror que se repetía en su mente una y otra vez.
Emma sin pensarlo, entró en estado de pánico, sus puños golpeaban frenéticamente el vidrio sin lograr nada, sus gritos apenas eran audibles para Regina, quería salir de ese lugar como fuera posible.
El ángel sabía que tenía que rescatarla, pero había un problema, apenas sus pies se separaban del suelo un potente rayo le impactaba de lleno dejándola aturdida. Solo fueron dos intentos los que bastaron para hacerla comprender que nadando era la única forma de ayudar a su compañera.
Por más que detestara el agua, tenía que hacerlo. Su piel se entumecía al contacto con el líquido, se sentía más pesada y débil, su respiración se tornaba más difícil, por cada segundo que pasaba, sus brazos y piernas se sentían cada vez más y más pesados.
Nado, brazada a brazada, el esfuerzo por recorrer esa distancia era inmenso. Con pesadez y mucho cansancio había por fin llegado a la caja donde su compañera seguía gritando desesperada y golpeando el vidrio que la encerraba, en un intento vano de escapar. De verdad le afectaba verla mal.
Cuando estaba a punto de subir a la caja para ayudar a Emma, otra vez volvió a escuchar esa conocida y peculiar voz.
"Quien tu corazón tuvo y no correspondió"
Regina quedó en estado de shock, sabía muy bien de que estaba hablando esa mujer, pero decir su nombre en voz alta, llegaba a desgarrarle el corazón. Antes de poder negarse vio como Emma hablaba con alguien de forma histérica.
-¡Ya basta! – Una nueva lágrima - ¡Nerissa, nooooo! – Una patada más - ¡Lo siento, por favor! ¡No quería hacerte daño! –
Suspirando, aun guardando su dolor en el pecho, Regina dijo en voz alta el nombre de quien le había robado el corazón y quien sin quererlo, lo había destrozado.
- Moon - de pronto la caja se rompió haciéndose añicos, liberando pesadamente a la vampira.
Regina pudo sentir como algo aparecía en su mano derecha como por arte de magia, cuando vio el objeto, su rostro quedó libido de terror y sorpresa, era una boquilla, la boquilla de una flauta traversa. Demonios lo presentía, pero hasta que no vio esa pieza, mantuvo la esperanza de que se había equivocado.
Con un ligero clic, ambas desaparecieron y volvieron a aparecer de nuevo frente a las puertas, con la diferencia, de que en lugar de tres, solo quedaban dos solamente. Ambas estaban en estado deplorables, Emma con una potente migraña, estaba sujetándose la cabeza, mientras que Regina se sentía adolorida y débil, con sus ropas y cabello por completo empapados y escurriendo agua a raudales.
Había pasado tanto tiempo desde la última vez que la vio – Moon… - Realmente no esperaba pronunciar tan bello nombre en estas terribles circunstancias, eran recuerdos muy dolorosos, necesitaba concentrarse, enfocar su mente en la misión, era lo mejor que podía hacer.
Con un fuerte suspiro y una sacudida de cabeza Regina comienza a reponerse de lo vivido, gira su cuerpo para ver cómo se encontraba la rubia, apoyarla de ser necesario pues comprendía que para la vampiresa revivir la faceta más oscura de su vida debió ser un tormento – ¿Dime que necesitas Emma, puedo hacer algo por ti? -
Separando las manos de su cabeza, enfoca la mirada en Regina, a pesar del tormento que fue estar en esa caja rememorando una y otra vez los recuerdos más sangrientos de su vida, apreciar en el rostro de la morena tanto pesar la incitaba a hacer bromas para aligerar el ambiente, ayudar a que se relajen – Vamos cuervito, ya pareces una niñera jajaja - Levantando la mirada al techo - Hey tú, quien quiera que esté a cargo de todo este circo, repetir el truco hace que pierda efecto – Vuelve a posar la vista en su compañera y con satisfacción ha logrado el efecto esperado, una leve sonrisa se muestra en Regina.
Sin poder controlar su curiosidad pregunta – Regina, ¿Quién es Moon? – Ver decaer la pequeña sonrisa que había logrado, le hace caer en cuenta a la Rubia el error cometido con esa interrogante, la ve girarse inmediatamente y aprecia en la tensión de esa espalda, cubierta de las majestuosas alas, como le afecta ese nombre a su compañera.
El ángel sin ganas de seguir por ese rumbo de recuerdos, señala con la mano la puerta – Vamos colmillitos, veamos que más nos tienen preparado – Toma el picaporte y espera el movimiento de Emma, esta solo sonríe y la sigue.
Una vez abierta la puerta, ambas se introducen en el nuevo espacio en blanco, en el mismo momento que se cierra la entrada tras ellas, la habitación clara se vuelve un bello paisaje, unas dunas extensas de arena blanca con un cielo estrellado, era realmente un ambiente romántico e idílico.
Emma miraba el lugar, extrañada de estar ahí, por más que buscaba en su memoria no lograba ubicarlo, sin embargo no puede negar la belleza del mismo, queriendo comentar sobre ello con la morena, al girarse hacia ella, ve una mezcla profunda de sentimientos: dolor, pesar, tristeza y… amor; captar eso ultimo produjo en ella una inquietud extraña nada agradable. El silencio se hizo agobiante, quería romperlo, mas no tuvo tiempo, porque se vio nuevamente arrastrada a una larga distancia de la morena, en sus muñecas y tobillos aparecen grilletes muy apretados, cuyas cadenas estaban sujetas a 2 postes; en posición vertical con sus brazos y piernas extendidos formaba una X – Demonios… otra vez -
No tiene tiempo de reaccionar, ha sido tomada por sorpresa, ver el paisaje de antaño la había dejado petrificada, más recuerdos inundaron su memoria llenando sus ojos de bellas imágenes… no se percataba de lo que pasaba a su alrededor, por eso es que solo el cumulo grande de estímulos a sus sentidos la devuelven al presente: Emma siendo arrastrada y puesta como prisionera, el sonido en el cielo de la voz de mujer y la presencia de una sombra de figura femenina ante ella; el nuevo enigma resuena en el cielo "El nombre de la dulce melodía dada como presente al amor más grande del pasado". Cierra los ojos, esta vez fue su turno de decir – Demonios… otra vez -
Tenía claro de quién era la sombra de mujer que estaba delante, retrasar el enfrentamiento era una pérdida de tiempo – Debo abrirlos… debo hacerlo – Sin más dilación dirigió sus ojos a la figura que tenía delante, despacio pudo recorrer su cuerpo con la mirada, las lágrimas no se hicieron esperar pues ya estaban rodando por su mejilla, estaba igual de bella que la última vez que la vio, el cabello rubio encendido que le llegaba hasta espalda baja, de un cuerpo espectacular, alas doradas majestuosas, con esos ojos verdes claros y mirada penetrante… - Sigues siendo como las estrellas, tu luz ilumina todo – Le dijo a la mujer que tenía delante, con la mayor tristeza cargada en su voz.
Tenerla una vez más a su lado era algo que no pensaba pudiera pasar… Moon con una sonrisa inmensa le extendía la mano invitándola a acercarse. Perdida, así se sentía, hundida en la imagen de esa hermosa mujer que tanto amo, no lograba responder a nada más que a ella, con la misma mirada de tantos milenios le dijo – Te he extrañado tanto – Tomo la mano de la mujer y se acercó a tocar su rostro con la otra, era más alta que ella, siempre le había llevado una cabeza.
La incomodidad en sus muñecas y tobillos comenzaba a crecer, las cadenas comenzaron a jalar poco a poco, sus extremidades comenzaban a sufrir un fuerte dolor – Regina, Regina, demonios cuervo hazme caso – Estaba llamando a su compañera, pero esta no reaccionaba, la veía mirar un punto fijo delante… lagrimas cayendo, no lograba entender que le pasaba al ángel, la tristeza era lo único que podía descifrar de toda esa escena, de pronto las cadenas se tensaron más, un grito agónico salió de su garganta – Ahhhhh – Llamó otra vez - Regina ayúdame, esto me está doliendo demasiado – No conseguía captar la atención de la morena, quien estaba sujetando algo con una mano y tenía otra levantada como si acariciara el aire. La sangre comenzó a fluir entre los grilletes, en ese momento se oyó con fuerza – Regiiiiiiinaaaaaaa –
Rozar con sus dedos esa mejilla era como un sueño, a lo lejos apenas se percibía su nombre siendo pronunciado, había pasado tanto tiempo, no lograba apartar la mirada de esos ojos verdes que tanto había añorado. De repente un llamado se coló con fuerza en sus oídos, era uno muy desesperado, giró la cabeza un poco a la derecha, con espanto vio que Emma estaba siendo jalada de lado a lado, con sangre corriendo por cada uno - Emma… -
Era consciente sobre que debía decir para parar esa tortura a su compañera, pero al mismo tiempo hacerlo significaría dejar ir la imagen de Moon, le gustará o no su alegría no podía venir con el dolor de alguien más. Miró una vez más al ángel dorado, tomando con ambas manos ese rostro perfilado, se acercó depositando un beso cálido y tierno en sus labios - Fuiste el más bello pasado y siempre tuyo será… LAS ESTRELLAS BRILLAN POR TI – Lágrimas descendiendo por sus mejillas, ve desaparecer la figura de esa bella mujer – Adiós mi amor -
Por fin es liberada de sus cadenas, sin algo que la sostenga Emma cae de rodillas fuertemente al suelo, con los brazos extendidos a los costados de su cuerpo; mientras que a los pies de Regina aparece la segunda pieza de la flauta, la recoge y comienza a acariciarla con mucho cariño.
La visión del desierto desaparece al instante, rápidamente una nube negra las envuelve que al disiparse, las deja en el hall.
Para intentar aliviar el dolor se sienta apoyándose en una pared, extiende sus piernas, deja descansar sus brazos en su estómago y regula su respiración a la par de observar las heridas que se han formado en su ser, el dolor físico era fuerte, la cicatrización estaba tomando su tiempo, pero el verdadero malestar era ver a la morena tan sumida en sus pensamientos mientras tiene esa pieza en las manos, eso era más intenso, esa sensación la dejaba confundida.
Sumirse en sus pensamientos no era algo que podría hacer sin añadir más sufrimiento al vivido en las últimas horas, además sentía la mirada penetrante de la rubia sobre ella. Debia recurrir al autocontrol, siempre lo tuvo, pocas veces lo perdió, esta no debía ser la primera – Reponte ya – Se dijo a sí misma.
Guardando la segunda pieza en su bolso, voltea a observar cómo se encontraba su compañera, definitivamente su egoísmo le había costado mucho a la rubia, ver esas heridas, el cansancio, le recordaron que su disciplina estaba flaqueando demasiado, arrodillándose a un costado de su compañera – Emma, esto que haces por mi… no tengo como agradecértelo, perdóname por demorar tanto para sacarte, realmente muchísimas gracias – Dijo con una pequeña sonrisa que no llegaba a sus ojos.
La vampiresa perdida en la mirada triste del ángel, toma con una mano la mejilla de esta - Tú me ayudaste, incluso sin cumplir aun mi parte – Dando un repaso a su cuerpo y luego fijando de nuevo la mirada en la morena - ESTO es lo mínimo que puedo hacer por ti, además tu hijo merece el esfuerzo – Quería con tantas ganas, preguntarle qué estaba pasando con esos recuerdos, entender de donde venía tanto sufrimiento, que había visto en el desierto, decirle "Apóyate en mí, como puedo ayudar a aliviar tu pesar", sentía que la morena estaba padeciendo tanto o más que ella.
La comprensión y apoyo reflejados en los ojos aguamarina, le devolvían fuerzas para proseguir, aunque no podía negar que también descifraba muchas dudas y ganas de preguntar en esa mirada, por ello para evitar responder a interrogantes para las que aún no estaba lista saco de su bolso un frasco – Ten, bebe esto, Zelena es muy buena en pociones curativas, te ayudara a sanar más rápido esas heridas y reponer energías – Mientras le decía eso, dejaba el objeto en la mano de la rubia que está tenía sobre su regazo.
Un flujo de energía recorre su cuerpo una vez el líquido baja por su garganta, las heridas empiezan a cerrarse con rapidez y siente más vitalidad en su organismo. Bajando la mano que tenía en la mejilla de la morena, intenta iniciar una conversación, aunque está casi segura de la respuesta – Moon… - De acuerdo a lo que esperaba Regina se levanta, la ve acercarse a la tercera puerta, con un suspiro se rinde una vez más, no podrá preguntar, no aún al menos.
Le debía explicaciones a quien se llevaba tanto dolor en cada prueba, mas no podía, eran demasiadas heridas como para hacerles frente tan pronto. Con una mirada cargada de súplica se dirige a la rubia - Sigamos por favor, de verdad necesito esa maldita espada –
Sin mediar más palabras, Emma se pone de pie, más repuesta gracias a lo bebido, con calma va acercándose a la morena, para así transmitirle seguridad. Ambas con una leve inclinación de cabeza, toman la decisión de abrir la tercera puerta. Una vez cerrada la entrada el mismo proceso se da, en este caso el paisaje que aparece es un bello paramo.
Había comprendido que cada espacio al que entraban era un aspecto relacionado con su compañera. Apreciaba la belleza del que tenía delante, más su curiosidad iba dirigida a las emociones que este nuevo lugar provocaba en el ángel, sin contenerse más giro la cabeza, había intuido dolor o tristeza, pero no espero encontrar mucha rabia y odio contenido, la usualmente controlada Regina, despedía en su cuerpo una tensión no vista ni en las dos primeras puertas; definitivamente este lugar no era grato.
El análisis de emociones fue interrumpido por la voz femenina sobre ellas - Si fallas con quien odias, pagará quien aprecias – De nuevo todo paso en instantes, Emma es transportada a un espejo elevado en el aire, 200 metros delante de Regina.
Era otra prueba, eso lo tenía claro, lo que no entendía era qué representaba ese espejo, sobre todo su mayor incógnita era el porqué de este lugar, aunque la frase escuchada le daba una terrible sospecha, deseaba con todas sus fuerzas no ver a ese tipo. Para comenzar con lo que fuera que todo eso significaba dio un paso, al momento aparece a 100 metros de ella, justamente a quien no quería ver.
Su incomodidad paso a ser una leve sonrisa de satisfacción sobre su rostro al apreciar al hombre arrodillado, con las muñecas atadas, rodeado por unos 30 ángeles blancos, uno de los que más cerca estaba de ese hombre le propino a este una fuerte patada en la espalda, la alegría en Regina era plena, cruzándose de brazos suelta con desprecio - Aunque sepa que estás muerto, disfrutare todo lo que pueda el ver como estos idiotas te maltratan –
Inmediatamente otros dos ángeles que estaban cerca comenzaron a darle más golpes al que se encontraba atado, ella seguía celebrando – Me parece genial que te sigan golpeando, te lo mereces por imbécil – Un golpe más – Estos blancos están siendo suaves, ese animal merece más dolor – El odio en su interior hacia que aumentara su descontrol, dejo de medir sus palabras ni el efecto que estas pudieran tener - Como todo vampiro, nunca usas el cerebro, jamás piensas –
Se percató de inmediato que al ser llevada a ese espejo, no le traería nada bueno, como en las pruebas anteriores a ella le tocaba el dolor, que solo pararía si su compañera era capaz de resolver el enigma. La preocupación aumento, pues Emma veía con terror como Regina se deformaba por el odio, lo que ese hombre provocaba en la morena no lo había presenciado antes. Se quedó sin aire de repente, un fuerte dolor se instalaba en el mismo lugar que ese tipo recibió la patada… se preguntó si era esa la misión del espejo, los siguientes golpes le confirmaron lo temido, aquello que sufriera el arrodillado lo padecería ella. Muchos golpes se habían dado, resistía como podía, pero ahora ya no sabía que le dolía más, si los hematomas que aparecían en ella o que fuera la morena quien pidiera más castigos… no… lo que realmente le afecto fue la última frase de ella.
Como si los golpes recibidos no le hubieran hecho el más mínimo daño, el hombre comenzó a responder los comentarios de la morena - Estas dolida porque ella ME eligió, te molesta que se fuera conmigo - Después de otra patada - Seremos una raza tonta pero ella ME AMABA, a ti nunca te vio de esa manera – Un golpe más - Mi raza no era la que no podía derrotar a sus semejantes –
Escucharlo decir esas cosas, solo aumento su rencor, Regina comenzaba a sacar hasta sus pensamientos más oscuros – Los blancos eran difíciles de derrotar porque son como nosotros poderosos e inteligentes, ¿que son ustedes sino un grupo de débiles e inútiles?– Herir su orgullo era su objetivo - Siempre fueron sus impulsos idiotas los que nos perjudicaron – Sabia que lo siguiente sería un golpe verbal duro - Tenían merecido lo que Gabriel les hizo, ni siquiera fueron capaces de proteger a sus familias, merecían que casi los extinguieran por inservibles - Estaba descontrolada. Veía con júbilo como a medida que sus palabras eran dichas, seguían los golpes al hombre, el júbilo en su rostro aumento cuando dos ángeles con un movimiento idéntico de espadas le hacían cortes profundos en los brazos.
Para la rubia si bien el dolor físico era fuerte, lo que realmente la estaba desgastando eran las duras palabras de Regina, escuchar que ella pensará de forma tan denigrante de su raza la hacía sufrir, se sentía como hace 2 mil años, casi como si fuera un susurro se dijo – Por eso me dejo, valgo tan poco para ella – Lagrimas cayeron de sus ojos, no podía más, con un fuerte grito intento llamar a la morena – Regina, detente, no puedo más –
Por primera vez en minutos miro hacia Emma, el horror fue demasiado, ver que todo lo que había sufrido ese malnacido lo había padecido Emma también, le dolía, comprendió con asco de sí misma que haber dejado sufrir a ese tipo le había provocado todo eso a la rubia – ¿Que he hecho? - Con rabia hacia sí misma por su descontrol le grito al hombre - Solo por ella idiota, solo por ella – Sacando la espada arremetió, comenzó a luchar con cada ángel blanco para liberarlo de los maltratos.
A pesar de estar luchando para salvarlo, el hombre seguía provocándola - Siempre luchando por una mujer que jamás será tuya – Un golpe de espada le dio en la espalda, sin que la morena pudiera evitarlo, escupiendo sangre le grito – Tampoco pudiste protegerla a ella, que te hace creer que a está si la podrás salvar –
El ultimo ángel blanco caía a los pies de Regina, vio como a su alrededor se hallaban desperdigados los cuerpos de esos seres que eran el reflejo de aquellos con los que lucho siglos atrás. Escucho un ruido tras suyo, al voltearse vio como ese hombre se paraba, la furia se apreciaba en los ojos negros del vampiro, este le soltó sin más - Vamos di mi nombre y has aquello que tanto deseaste esa vez – La morena apretaba los puños a cada lado de su cuerpo, intentaba controlar su rabia, pero él seguia - VAMOS ten el valor de hacerme lo que siempre quisiste, MATAME COMO LA MATE YO –
Lo había intentado, en serio que sí, pero esa última frase, logro descontrolarla, Regina se lanzó con una furia impresionante hacia él con la espada por delante, pero una imagen fugaz de la rubia cruzo por su mente, deteniendo justo a tiempo su mano, logrando solo hacerle un pequeño corte al tipo, con las palabras atravesadas y con la respiración agitada por el odio respondió - Como te dije esa vez, nunca la mereciste, nunca supiste ver el valor de tenerla a tu lado y así como no fue mi mano la que tomo tu vida en aquella ocasión, tampoco lo será ahora RAY - Con eso dicho la imagen del vampiro desapareció, junto con toda la visión del lugar.
Al adaptarse sus ojos al nuevo cambio, pensó que estaban nuevamente en el mismo hall, que tenía la pieza final en su mano, al observar bien el lugar apreció que esta vez en lugar de tres puertas solo había una entreabierta, desde la que se apreciaba un salón inmenso. Sacó las otras dos partes de su bolsa, comenzó a formar el instrumento que antaño adoro, mientras seguía perdida en sus ideas.
Apoyada en el muro de la habitación, Emma respiraba con dificultad, está sin duda había sido la peor de las habitaciones, no era por el dolor, no eran los golpes o los cortes, eran las palabras de Regina, las que no dejaban de resonar en su mente, verla acariciar ese objeto con tanta devoción la mareaba, no quería pensar más, solo deseaba acabar con esta misión e irse con su hija, estar con alguien que la quisiera solo por ella… - Vamos de una vez, quiero acabar con esto e irme a casa con mi hija – Pronunció con pesadez la rubia.
Saliendo de su ensimismamiento, Regina levanta la vista, ve a Emma con todos esos golpes y cortes, en verdad no podía sentirse más miserable por lo sucedido; pero se equivocó, son las palabras de la rubia las que la hunden por completo, sabe que lo peor que le hizo fue decir esas cosas sobre su raza. Intenta lo único de lo que se siente capaz en el momento, con miedo busca acercarse para pedir disculpas – Yo… lo siento, no quise demorar tanto, fue… - Se vio interrumpida por la voz cansada de la rubia.
- Déjalo, solo acabemos con esto, que en serio quiero irme y ver a Nerissa – La corto sin importarle que fuera a decirle.
No puede corregir su error y lo sabe, si pudiera retroceder el tiempo habrían tantas cosas que quisiera cambiar, pero es simplemente imposible. Quizás no pueda hacer nada por lo dicho pero al menos intentaría aliviar el dolor físico de su compañera, extendiéndole otro frasco – Por favor al menos tomate esto, para que deje de dolerte el cuerpo y sanen esas heridas – Susurro, casi con miedo de que Emma no aceptará.
Si quería acabar con esto rápido, lo mejor era aceptar la poción, no era cuestión de orgullo, sino de prioridades, SI lo mejor era hacerlo – Esta bien – Fue lo único que salieron de los labios de la vampira, casi al mismo tiempo que tomaba el objeto entre sus manos. Una vez más su cuerpo era aliviado después de tanto castigo.
Sin mediar más palabras ambas avanzan hacia el salón, a medida que se adentran aprecian cada uno de los objetos convertidos en oro. En el centro ven a una joven mujer rubia, ataviada con un vestido típico de las princesas, observando con detenimiento detrás de aquella posible princesa se encontraba una estatua de oro, de un hombre en sus cincuenta años, portando una corona y sujetando una espada, tenía que ser Midas.
Ahora entendía de donde recordaba la voz que había estado sonando en las habitaciones, la joven debía ser la hija del rey. Claro, había casi olvidado que la conoció en un baile en el reino de Zelena – Katherine, ¿Por qué? – Fue lo único que se sintió capaz de pronunciar.
Agachando la cabeza, la princesa atina solo a responderle – Regina, nunca fue nuestra intención que estas cosas pasarán, me gustaría tanto que me permitas explicar dentro de lo que pueda, todo lo que ha acontecido – Los ojos suplicantes se dirigieron por fin a la morena.
Como señal de asentimiento ve mover ligeramente la cabeza a la morena, por ello las invita a sentarse en los sillones del salón. Con un fuerte suspiro comienza el relato – Para ser honesta Regina, recordamos pocas cosas con claridad, lo último de lo que tengo plena conciencia es estar preparándonos para el baile de primavera en tu reino – Tomándose con cansancio la frente siguió – Mi recuerdo final es estar en mi habitación a punto de dormir para partir al día siguiente, ese día ya habíamos dejado listos los carruajes, los regalos, solo era irnos al alba y estar en la celebración contigo – dirigiendo la mirada a una ventana del salón – De repente cuando me levante estaba en este mismo salón y las imágenes que se podían apreciar desde esa ventana eran como estas, un cielo sangre, árboles y tierras muertas, mi pueblo como si fueran muertos en vida – Con dolor se giró - Y mi padre como una estatua petrificada – Varias lagrimas comenzaron a surcar su rostro.
El ultimo baile de primavera que se preparó en su reino, no se llegó a dar porque el día que debía darse fue cuando murió el príncipe y desapareció su cuerpo. Esto definitivamente no era una coincidencia, era lo único en claro que podía sacar, una vez en su reino se pondría a pensar con detenimiento, por ahora se concentraría en el problema de la espada.
La hija de midas continuo con el relato – Hemos pasado cinco años en este estado, sin poder hacer más que enviar tropas a buscar a alimentos – Adivinando las preguntas que pudieran darse – Nadie, a excepción de los soldados, puede salir, incluso ellos están limitados en sus excursiones – Viendo la cara de incomprensión de ambas mujeres, saco un pergamino de su chaqueta – Cuando desperté acá, solo tenía esto en mi mano – entregándole el papel a Regina, ambas mujeres pudieron leer.
Querida Katherine
No intentes comprender que está pasando, no es de tu incumbencia, lo único que espero de ti es que cumplas con mis siguientes instrucciones y tu reino volverá a ser el de antes:
A los pies de la estatua que es ahora tu padre, se halla una caja, en ella encontrarás todo lo que necesites para cumplir tu misión.
Tu reino se ubica a partir de este momento en una dimensión fantasma, no hay forma de salir de ella, sino es a través de los 03 pergaminos verdes. Cada pergamino azul te dejará marcar 50 soldados. Selecciónalos bien, pues serán los encargados de conseguir comida para tu gente. Estos soldados podrán estar fuera por máximo una semana, si no vuelven en ese tiempo morirán.
Cada jefe de escuadrón debe portar un pergamino dorado, tiene prohibido abrirlo, pues solo un ángel podrá hacerlo, si ellos lo intentan morirán. En el momento que a uno de los líderes les roben su pliego, será tu aviso para preparar los siguientes puntos.
El pliego robado lo portaran una vampira y un ángel negro, vendrán a tu reino estas dos mujeres. Ellas serán la clave para que sean libres, así que sigue con cuidado las indicaciones.
En el momento en que brille el pergamino negro, saca los tres frascos azules, es uno para cada puerta del hall de la biblioteca, que dirige a este salón.
Verás 3 pergaminos: celeste, blanco y rojo. Cuando uno de ellos brille, lee las líneas escritas, solo una vez y será suficiente.
Cuando el ángel negro entre en el salón y te encuentre, eres libre de decirle lo que quieras y… puedas. Es preciso que en ese momento le entregues el último pergamino, el azul. Ella entenderá que debe hacer.
Sé paciente mi querida Katherine, igual es lo único que puedes hacer.
G.
Con profunda pena y mirada apenada, Katherine extendió su mano y entrego el último pedazo de las instrucciones – Esto es lo único que falta –
Con todo lo que ya había visto y vivido, le quedaba bastante claro que diría el pergamino. Al abrirlo leyó y corroboró lo que tano temía, en una fina caligrafía descansaba la siguiente frase "Mi libertad será tu dolor, el premio vendrá cuando el presente dado sea entonado". Con una sonrisa debilitada asomando en su rostro, tomo la flauta que tenía armada, le basto un último suspiro para pararse, sus pasos la llevaron delante del rey petrificado.
Las dos rubias no entendían que estaba sucediendo, Emma fiel a sus impulsos tomo el papel y leyó la frase, veía las palabras pero no comprendía que significaban hasta que a sus oídos llego una bella melodía, a su memoria llegó lo vivido en la habitación de las dunas, esa debía ser una canción que solo Regina conocía… era realmente hermosa.
Posicionándose delante del rey, la morena comenzó a entonar las primeras notas de una balada que llevaba cuatro mil años sin tocar. A cada nota que la flauta emitía, su mente comenzaba a visualizar los principales momentos vividos con esa mujer que tanto amo.
FLASHBACK
Enfundada en su principal armadura negra, Regina paseaba por el corredor principal de su palacio en el inframundo, cuando jalaron su brazo izquierdo de improvisto; con sus reflejos trabajando cogió su espada, giró con fuerza y apunto su espada al cuello de su atacante, pero está nunca llego porque otra espada igual de rápida detuvo el ataque.
- Vamos Regina, jamás me has vencido y hoy preciosa no será la excepción – Con fuerza comenzó a reírse el ángel de alas dorados.
Si hubiera sido cualquier otra persona, la hubiera matado en el acto, pero con esa rubia jamás pudo. Sonriendo como una niña, bajo la espada – Moon, solo a ti se te ocurre llamar mi atención, buscando que te clave mi espada –
Levantando la ceja izquierda, la rubia le dijo con una sonrisa pícara – Cariño, el día que tu espada me toque… te dejaré hacerme ese retrato que llevas queriendo hacerme – viendo el rubor en el rostro de la morena, decidió no seguir molestándola – Bueno, bueno, vine acá para llevarte al jardín, pues tengo un regalo para ti – Se encamino hacia el lugar mencionado.
Intentando quitar el rubor de su rostro, decidió que lo mejor era seguir a la otra mujer. Cuando estaban a los pies de su manzano favorito vio como Moon le extendía una flauta – Lo recordaste, pensé que lo habías olvidado – Dijo casi sin aliento.
Con una sonrisa de autosuficiencia la rubia le respondió – Querida, jamás olvido lo que prometo, es verdad me demore, pero nunca podría darte algo que no sea digno de tu rango, esta flauta está hecha del mejor material que se pueda conseguir y es para ti – Ver la sonrisa en la morena, valía para ella todo.
Con la felicidad desbordando de sí misma – Pues entonces señora mía, a partir de ahora la canción que hice para ti, solo será tocada por esta flauta -
- x -
Estar al borde de ese abismo, mirando el vacío, hacía que su mente pensará tanto, aquel maldito día en que tanto perdió, el cuerpo le dolía por los golpes y cortes, pero lo que no podía soportar era la imagen de Moon en el suelo y sin vida. Era como si su ser por completo hubiera quedado en pausa, honestamente respirar se hacía difícil, sino se había ido con ella, fue únicamente por la promesa que le hizo de vivir aunque ella ya no estuviera, nunca le había fallado y no sería esta la primera vez que rompiera un juramento hecho a Moon – Hoy mi amor, vivo por que tú me lo has pedido, pero no me siento capaz de entonar nuevamente esta canción, este regalo se va contigo, como mi paz se quedó hoy contigo en el campo de batalla – Al decir esto, Regina dividió la flauta en 3, arrojando cada una al abismo que tenía delante.
FIN DE FLASHBACK
Llegaba el final de la melodía, su corazón comenzaba a acelerarse tanto, que casi dolía dentro de ella, ese sufrimiento le anunciaba que la parte más difícil estaba por venir, pues la pieza que tanto tiempo atrás compusiera terminaba con un poema y estaba segura que este encantamiento no cesaría sino recitaba esos versos.
Alejando la flauta de sus labios, empezó a recitar
Un día de luna ibas de mi mano sin dudar
Las dunas nos sirvieron de sabanas
Y el cielo fue el techo de esta singular habitación
Las estrellas su brillo aumentaron pues en ti encontraron su guía
La belleza del momento solo era comparable a ti
Aunque yo llevará todo eso perdido
Pues mis ojos solo enfocaban tu rostro
Y que podía hacer yo
Si hasta las estrellas brillan por ti
Como no vivir mi vida en tu mirar
El rostro de Regina reflejaba un profundo dolor, toda esta misión había sacado los momentos más trágicos de su vida y terminar con ese poema fue como una daga en su corazón. Lo único que pudo aliviar un poco su pena, fue presenciar que en el momento que la última palabra fue pronunciada, Midas empezó a recobrar su calidad de humano, una onda de luz se extendió por cada rincón del castillo y del reino. Cualquiera que haya sido el hechizo o maldición bajo el que estaban ahora no tenía más efecto.
Katherine al ver a su padre libre por fin corre a abrazarlo, podía estrecharlo por fin después de tantos años, sintiendo sola y sin familia. Padre e hija se reencontraban al fin.
La morena sentía un ligero alivio, pues al menos había una familia reunida, pero no puede evitar el dolor en su corazón con las imágenes de su anterior amada aun flotando en su mente.
A pesar de estar dolida por lo dicho previamente por Regina, el contemplarla durante la interpretación de la melodía, le había dejado una sensación de vació, la tristeza que reflejaba era aún más fuerte que lo que había visto en las dos primeras habitaciones. Emma había comprendido perfectamente con ese poema, que Moon fue un antiguo amor, alguien por quien la morena había hecho mucho, una canción, un poema y un juramento.
Midas y su hija se separan un poco, la alegría de su reunión era mucha. Con la tranquilidad de ver a su reino renacer, el rey se acerca a Regina, le tiende la mano en señal de profundo agradecimiento – Mis tierras te deben todo, si bien no he podido ni moverme ni hablar, la maldición no me privó de ver y oír todo lo que pasaba – Mirando ahora a su hija – He sentido durante todo este tiempo el pesar de mi pequeña – Retornando la miranda a la morena – Por ello estaré eternamente en deuda contigo, si hay algo en que pueda ayudarte cuenta siempre conmigo – Finalizó con una sonrisa franca.
Conociendo casi con seguridad la respuesta no puede evitar preguntar – Querido Midas, lo último que recuerdas es como lo que Katherine nos contó –
- Siento tener que decir esto, pero sí, es lo mismo, simplemente un día desperté convertido en oro, de ahí en adelante ha sido esperarte – Tenía las mismas dudas que su hija y las visitantes. Pero era lo único – Ahora lo que si tengo claro, es que todo esto era para que te hicieran venir hasta acá, algo que necesitas está con nosotros, dime por favor en que puedo ayudarte -
- Mi buen rey, es verdad, no habría venido por estos lares, si no fuera porque necesito la espada que portabas mientras estuviste como estatua – Confesó señalando el objeto sujeto en la cintura del soberano.
Soltando el arma de su cinto, la poso e manos de Regina – Mi buena amiga, esto es poco para mi deuda, espero te sirva, sabes que siempre puedes contar con nosotros –
Intentando cerrar con el mayor protocolo posible, ambas mujeres se despiden de padre e hija. Lado a lado ambas compañeras salen del castillo, al hacerlo se dan cuenta de cómo ha cambiado todo a su alrededor, al antiguo reino muerto, florecía nuevamente. En la puerta externa del castillo Regina con la espada en mano, siente que ahora por fin está cerca de tener el cuerpo de su hijo.
