Pesadillas

Como si mis ojos no pudiesen soportar la conmovedora escena que veían, me alejé de allí a paso rápido, absolutamente iracunda.

Llegué a rezar para que apareciese alguien con quien luchar...alguien con quien desquitar el dolor que me carcomía.

-¿Afrodita? ¿De verdad, Gabrielle? ¿Qué sucede con ella? ¿En qué momento se besaron? ¿Por qué no me enteré? ¿Por qué...tendría que enterarme? Es su vida...debería dejar de mezclar con aquella otra...vida que vivimos juntas...

-Quién sabe por qué llegó a quererme de esa forma en ese destino...- me dije, afligida, resbalándome contra un tronco y quedando sentada -Nadie podría amar a alguien como yo...a una asesina...

De repente, aquellas palabras que me dedicó cuando volvimos a nuestro mundo, retumbaron en mi mente.

Me alegro...este me gusta más.

Se refería a la realidad... ¿Eso significaba que no le agradó compartir conmigo, aquello que fue tan especial para mí?

Basándome en eso, y en mis propias inseguridades, decidí no tocar el tema...abandonar esa conversación pendiente para siempre...pero aún así, un lado mío desea hablarlo, desea conocer su respuesta, si en este presente, le confesara lo que siento.

-¿Lo que siento?- repetí al aire, sonriendo de lado -¿Y qué es lo que siento realmente? ¿Por qué me cuesta tanto descifrarlo?

No era tan difícil. Conocía a la perfección mi devoto amor hacia su hermosa persona. Pero algún lado escondido en mi corazón, se negaba a creerlo...a hacerle frente.

¿Por qué? ¿Por qué todo me confunde? .No debo actuar así...hay temas más importantes que resolver, como mi camino de guerrera, que decidí afrontar.

Pegué mi cabeza con rudeza, contra el tronco a mis espaldas. La impotencia recorría todo mi ser como nunca antes.

No podía tolerarlo. Y como si mi mente estuviese de acuerdo, caí en un agotable sueño profundo.

Pero ni en el, lograba descansar en paz. Los recuerdos aturdían mis pesadillas.

-/-

-Se llevan a la escritora...- anunció un guardia, provocando que mi respiración casi se detuviese en ese mismo instante.

Alti me brindó mis memorias perdidas. Ahora había recordado esos pedazos faltantes, que cerraban una historia en mi vida.

Gabrielle...si, ya podía confirmarlo, ella era...definitivamente era mi Gabrielle.

Corrí lo más rápido que pude. Alcanzaba a escuchar los sonidos de sus lamentos, que desintegraban mi alma con cada paso que daba.

-¡ALTO!- grité, llegando hasta el César, por ende, provocando que los soldados detuviesen su futura masacre.

Tomé aire, al sentir sus penetrantes ojos sobre los míos. Este era el momento de recomponerme.

Con un lento caminar, me acerqué a su asquerosa persona -Sé la verdad, César. Sé quién fui...sé quién fuiste tú...- lo fulminé con la mirada, plantándome frente a él.

Rió, notablemente nervioso -¿De qué demonios estás hablando?

-Crucificarme en esa playa fue drástico...debí haber sido tu peor pesadilla...

Sus ojos evitaron los míos. Lo tenía donde quería.

-Sí, bueno...he tenido mejores experiencias con las mujeres.

Detuve su cobarde caminar, que había emprendido debido a mis palabras -Entonces es cierto... ¡Me traicionaste!

-Algo de lo que siempre me arrepentí, por eso nos di una segunda oportunidad.

-Te metiste con los Destinos y su telar...esto es una locura...

Mi rostro fue robado por sus manos, que me presionaban con ímpetu -Escucha, mi amor...en tanto demos la orden, nuestras tropas se prepararan para conquistar el reino de Lao Ma, la provincia más rica de Chin.

¿Lao Ma? Claro...en este extraño destino, aún se encontraba con vida...

-Una vez que lo consigamos...- continuó, ahora aferrándose a mis hombros -todas las naciones estarán a nuestros pies. Seremos el Emperador y la Emperatriz no sólo de Roma...sino del mundo.

Pasmada, me giré unos segundos y logré vislumbrar esos hermosos ojos esmeraldas que me hacían perder el sueño.

-Ese es nuestro destino...

Sonreí por dentro. Nada de eso me importaba...pero si la única forma de salvarla era hacerlo...lo haría. Lo engañaría.

-Y eso todavía puede suceder...- hablé finalmente, mientras detallaba como era incapaz de ocultar su triunfal gesto.

-Si la dejas libre...seré tu emperatriz y conquistaremos al mundo...pero si la matas, dedicaré mi vida a cambiar las cosas a como estaban antes.

Delineé una maligna sonrisa se medio lado, amenazándolo -Y puedo hacerlo...porque ambos sabemos que tengo muchas habilidades...

Pude notar su titubeo, que escondía terror ante mi sentencia.

-Suelten a la prisionera- emitió, con un claro desagrado.

De inmediato me dirigí hacia ella, anhelando que no me odiase por la persona que era.

-¡Gabrielle!... ¡Quítate de mi camino!- empujé a un soldado, para luego golpear a otro, que se atrevía a tocarla -¡Sácale tus mugrientas manos de encima!

Me agaché, tratando de reincorporarla. Se encontraba conmocionada.

-Gabrielle... ¿Puedes ponerte de pie?- susurré, ayudándola -¿Te encuentras bien?

-Gracias por salvar mi vida...emperatriz...- empezó a decir, temblante, mientras yo deslizaba mis manos por sus brazos.

Necesitaba sentirla...tanto...

-Estoy en deuda con usted...

Lo dijo de una forma tan arrepentida, tan asustada. Sus lágrimas la recorrían, destruyendo lo poco que me quedaba de cordura.

Levanté su mentón con mi mano, para luego quitarme el saco y ponérselo -No soy tu emperatriz...

Me miró, entre expectante y desentendida.

Por unos segundos no pude continuar con lo que iba a decir. Ya que otro termino quería emanar de mis labios, y no aquel que nos definiría para siempre.

-Soy tu amiga...- murmuré con valor, aturdiéndola aún más.

Claramente...ella no me recordaba.

-¡Tráiganle un caballo!

Mi acompañante no decía nada...o quizás no podía.

-Gabrielle, regresa a tu viña junto al mar...sé feliz...

Sin poder soportarlo más, me abrace a su cálido cuerpo unos instantes -Escribe todas esas grandiosas obras que llevas dentro...

Me desligué del cariño con rapidez, si no lo hacía, cabía la posibilidad de que jamás me separase.

Dedicándole una última mirada, inmersa de amor, que rogué a los dioses porque lo notara, me di la vuelta, emprendiendo mi caminar hacia mi fatídico destino.

-Xena... ¡Xena!

Me paré en seco, al oírla llamarme así ¿Acaso...podría ser qué...?

-Cuando creí que iba a morir...todo se volvió claro...

Me volteé, a pesar de que mi mente me decía que era un error. Lo que vi en sus ojos en ese momento, me terminó por desarmar.

-Mi vida está vacía...a pesar de mi éxito...- continuó, con lágrimas en sus ojos -escribo sobre el amor, pero nunca antes lo he sentido...

Iba a continuar...sé que lo iba a hacer. Pero debía impedirlo, sus próximas palabras para mi persona, podían condenarla.

Acorté la distancia con cautela, para luego elevar mi mano y limpiar su lamento -Roma no es segura para ti...márchate ahora.

Dudó, y sé que lo hizo, porque yo también lo hice al regalarle mi despedida.

-Jamás te olvidaré...

Asentí, reprimiendo las ganas de tomar sus labios y hacerlos míos, una vez más.

Observé su ida, con tal lamento, con tantas ganas de seguirla y compartir su vida...pero no era correcto, no debía, por su seguridad tenía que continuar con mi plan...aunque eso me costase la existencia.

-/-

-Xena...Xena...

Sentí unas afectuosas manos recorrer mis mejillas. Y como si ese tacto fuese mágico, desperté, no de una forma tan amable como su trato, ya que al hacerlo, desenfundé mi espada, casi impregnándola en su pálido cuello.

-¡CÉSAR!- exclamé, enfurecida.

-¡¿Xena?!

Abrí mis ojos de par en par, al darme cuenta de lo atroz de mi acto.

-¡G-Gabrielle!

Tiré el arma en el suelo y estremeciéndola, me abracé a ella con fuerza, aferrándola en mí pecho -Gabrielle...Gabrielle...

-¿X-Xena? ¿Estás bien?

-Lo siento... ¡Perdóname!

Mi respiración se encontraba descontrolada. Me invadía el miedo. Solo con ella podía mostrar mis debilidades, solo con...ella...

-Hey...tranquila, estabas teniendo una pesadilla, no pasa nada...

Sus manos se deslizaron por mi espalda, brindándome unas maternales palmaditas, que increíblemente lograban calmarme de a poco.

Pero...estuve a punto de matarla pensando que era ese maldito. Esto estaba yendo demasiado lejos.

Con el solo imaginar su muerte en mis manos, la apreté más contra mí, temiendo su perdida. No lo toleraría.

-¿Quieres hablar de ello?- escuché en un susurro, su cariñosa voz.

-No...- me limité a decir, aún sin despegarme de la entrega -Solo... ¿Podemos quedarnos así, un poco más?

-El tiempo que quieras...Xena...

Se acurrucó entre mis brazos, apoyando con sutileza el rostro en mi hombro.

Su acción provocó que una tenue sonrisa se formase en mis labios, al mismo tiempo que mis sentidos se inundaban de su agradable fragancia. La quería...tanto...

De repente, recordé que no estábamos en el mejor de los términos. ¿No me fui yo, por qué habíamos tenido un pleito? Bien...ya no importaba. Su calor me hacía olvidar todo, excepto...una duda que no pude evitar soltar.

-Gabrielle...

-¿mh?

-¿Qué pasa entre tú y Afrodita?- me animé a preguntar, en un murmullo inaudible.

Como si mi cuestión la desencajara, se incorporó un poco, para luego observarme, confundida.

-¿A qué te refieres?

-Sabes a lo que me refiero...

El silencio se hizo presente, incomodándome, y su seria mirada que claramente trataba de descifrarme, no ayudaba.

-¿Estás celosa?

-¡¿Eh?!

-Que si estás celosa.

-¡Claro que no! Solo me gustaría que me tuvieses al tanto de las cosas...

-No hay "tales cosas" Xena...

-Pero tú...

-¿Pero yo...qué?

Mordí mis propios labios con ímpetu, ante sus preguntas. De acuerdo...eso solo era una excusa, tuve que mordérmelos porque su rostro cada vez se encontraba más cerca, amenazando con rozar mis labios.

-Ella dijo que te besó...- continué, desviando la vista, incapaz de encararla.

-¿Te refieres a hoy?

-No, antes de eso...

Dios...me odiaba. Parecía una chiquilla haciendo un planteo porque le quitaron su juguete favorito.

-Oh...eso...- hizo una pausa, demasiado larga para mi gusto -¿Te acuerdas cuando perdió sus poderes? Bueno...no solo había perdido eso, sino también su cordura- rió por lo bajo -no te preocupes, no fue nada serio.

-¡No me preocupo!

-¿Ah no?

Puta madre.

Mi cabeza cayó, de forma impresentable. Esto no estaba tomando un buen rumbo para mi escasa sensatez.

-No...- contesté finalmente, obviando sus penetrantes ojos, que ahora se mostraban abatidos.

-Ya veo...

Otra vez, el silencio no se apiadó de nosotras. Solo el viento moviendo las hojas se oía a lo lejos.

¿Pero, que quería que le dijera? ¿Qué sí me preocupaba? ¿Qué por su culpa a penas podía dormir y por no decir, concentrarme en las batallas? ¿Quería eso, de verdad? Porque si lo quería...necesitaba una confirmación...algo, que me hiciese decirlo.

Seguramente, se encontraba enfadada porque yo, su mejor amiga, no me preocupaba por ella...sí...eso debía ser.

-¿Ya estás mejor?

Su habla me estremeció. No la esperaba.

-Eh...si...- atiné a decir, siguiendo con mí ahora, entristecida mirada, como se levantaba y me tendía una mano.

-Vamos.

La sujeté, incorporándome también. De inmediato me dio la espalda, acrecentando el descontrol en mis emociones.

-Gabrielle...- la detuve.

Se dio vuelta lentamente, con una indescifrable sonrisa que me fulminó.

-Si me preocupa...

No hubo respuesta alguna, a pesar de que los segundos seguían pasando de una forma extremadamente tortuosa.

Como si mi habla fuese un chiste, sonrió, para luego voltearse de nuevo y emprender sus pasos.

-Lo sé- atinó a decir, provocando que chocase los dientes, ante su clara seguridad.

-Si lo sabes, ¿Por qué me lo preguntas?- murmuré, un poco enojada.

Parecía como si se estuviese burlando de mí.

-¿No es obvio?

Retomando su jugada, me quedé muda, esperando ansiosa por su veredicto. Pero solo conseguí que me derrumbara de nuevo, con esa profunda mirada que poseía y ahora me dedicaba.

-Porque quería escucharlo de ti...


Capítulo 5 entregado!

Raquel: Muchas gracias por leer! Me alegro mucho que te esté gustando! Besos!

Chat'de'Lune: Muchas gracias por seguir leyendo! Podés ser presa de la pereza tranquila, me suele pasar jaja. Y si, coincido, el final de la serie es tipo...no puedo ni describirlo porque me van a censurar (? .Todavía trato de encontrarle el sentido (que lo tiene, a pesar de todo, Xena tenía que redimirse) ok...eso lo entiendo, pero mi corazón no lo acepta...no, no y no! JAMÁS. Así que heme aquí, poseída por la impotencia y tratando de darle un final lindo y chuchi, como nos gusta (? jaja Besotes estimada!