Pequeñas aclaraciones sobre este capitulo.
Este va a estar basado en el segundo episodio de la 6 temporada: The haunting of Amphipolis. Así que si no lo vieron, por ahí se van a perder un poco.
Si, ya sé que este capitulo es anterior al de "When fates collide". Pero decidí situarlo después, cambiando la cronología (Ya sabrán por qué) como si este hubiese ocurrido mas adelante de ese. Por ende, el próximo capitulo se va a basar en el episodio que le sigue: Heart of darkness (Seguidores fervientes de Xena lo conocerán a la perfección, ya que dio mucho de que hablar)
Quería hacer algunos ajustes ficcionarios (? en estos capítulos, por eso los cité en este fic.
Con esto aclarado, ¡Seguimos con la lectura!
Mefistófeles
-¿Y qué me dices?- habló una voz masculina, con determinación.
-Creo que es un plan arriesgado, Miguel.
-Es el único que tenemos.
-¿Realmente crees que Xena sea capaz de matar a Mefistófeles, el mismísimo rey del infierno?- posó su mirada en él -en nuestras predicciones, hemos visto como ella era abatida por aquel monstruo...no podrá vencerlo...- objetó, el ángel Rafael.
-Lo hará esta vez, te lo aseguro. Por eso la enviaremos al futuro, le daremos una segunda oportunidad.
-Pero si ella lo destruye, tomará su lugar. Esas son las reglas...
El ángel sonrió con confianza, destruyendo su contradicción -Y ahí es donde empieza mi plan...eliminar a Xena será mucho más fácil que acabar con el mismísimo Diablo.
-Pero Miguel...
-Sabes bien que no se nos permite interferir con las deidades, por más malignas que sean. Esta es nuestra única oportunidad de detener los estragos que está causando Mefistófeles en la tierra.
-Pero si la enviamos...Gabrielle...ella...
-En aquel tiempo, Gabrielle ya ha sido poseía. A penas llegue al futuro, su alma se unificará con aquella Gabrielle...solo esperemos que Xena la rescate a tiempo, ya que en el pasado, ni ella ni Eva pudieron hacerlo.
-No lo sé...sigo pensando qu-
-Debemos tener fe.
-Estás siendo muy egoísta, ¿Lo sabes, verdad?
-¿Egoísta?- rió, la rubia entidad -solo quiero conservar a la tierra tal como está, y a veces los sacrificios son necesarios...
-/-
-Xena... ¡Xena!
-¿Qué?- se dio vuelta con rudeza, enfrentándola.
-¿A quién estás buscando?- inquirió, aproximándose, al notar como su amiga no quitaba la vista de sus alrededores.
La guerrera la observó de reojo, un poco estática por la extraña conversación que habían tenido minutos atrás. Todavía le afectaban aquellas palabras que su compañera le dedicó.
-¿No será a Afrodita, verdad?- bromeó, jugando con su suerte.
Frunció el ceño, al recordarla -Oh, cierto... ¿A dónde ha ido esa?
-Se fue a penas tú desapareciste anoche...
-Sabes que eso no es verdad.
-¿Eh?
-Las vi...- se detuvo, percatándose de su celoso comportamiento -Olvídalo...no estoy buscándola a ella.
-¿Y entonces?
-Hay algo extraño...una presencia...
Gabrielle observó a ambos lados, tratando de percibir lo mismo -Tienes razón, es muy leve...pero, algo sucede...
-Tengo un mal presenti- Su voz se selló, al vislumbrar como una extraña luz detrás de su amiga, comenzaba a emanar, transformándose en un gran círculo de nebulosa -¡Gabrielle, cuidado!
La nombrada abrió los ojos de par en par, al sentir como ese extraño portal empezaba a succionarla. Se giró para evadirlo, pero ya era tarde, no podía evitarlo.
-¡XENA!
-¡GABRIELLE!
Estiró su brazo lo más que pudo, logrando atajar el suyo. Sin embargo, era imposible, la presión las estaba atrayendo.
-¡No te sueltes, Gabrielle!- exclamó, sosteniéndose de una rama, que al instante se rompió, provocando que ambas fuesen absorbidas en el acto.
Lo último que escuchó antes de caer precipitadamente sobre el suelo, fue el grito desgarrador de la bardo.
-¡GABRIELLE!
-¡Madre!
De inmediato se volteó hacia la joven que la había llamado de esa familiar forma. Al visualizar a su propia sangre, quedó pasmada en su lugar.
-¿E-Eva? ¿Qué haces aquí?- cuestionó, reaccionando y tomándola de los hombros con ímpetu -¿Dónde estamos?
-¡¿De qué estás hablando?! ¡Vamos! ¡Tenemos que movernos, rápido!
La sujetó de la mano, incitándola a correr, pero Xena detuvo su andar, absolutamente aturdida.
-¡Eva! ¡Dime que está pasando! ¡¿Dónde está Gabrielle?!
Su hija la miró, entre asustada y confundida -Pero si acabas de verla...espera, ¿Quién eres tú? ¿Acaso eres...un demonio?- enfatizó aquello, a la defensiva.
-¡Soy Xena, tu madre!
Eva posó sus ojos en ella, como si de esa forma pudiese averiguar la verdad, pero luego, estos derivaron a su cuerpo, detallándolo.
-Tus heridas...desaparecieron...
-¿Eh?
-¡Estabas al borde de la muerte! ¿Cómo es posible qué...?
-¡No entiendo nada de lo que estás diciendo, Eva!
-¡Lo que quiero decir es qué...!-
Antes de poder culminar su habla, una luz invadió sus pensamientos, impregnándola del conocimiento que le faltaba.
La verdad le fue revelada en su mente, a través de las celestiales palabras de los ángeles.
Esta cayó de rodillas, entrando en un estado de trance.
-¡Eva! ¡¿Qué pasa?!- la sujetó, evitando que se desplomara en la tierra.
-Miguel...Rafael...ellos hicieron esto...
-¿Qué tienen que ver esos ángeles con lo que sucede?- preguntó, perdiéndose cada vez más.
Todo estaba pasando demasiado rápido.
-Ellos te trajeron al futuro...
Xena pestañeó varias veces, sorprendida -¿Al...futuro?
Con dificultad, se reincorporó con su ayuda, aún tambaleándose un poco -Si...te lo mostraré...
Su mano se reposó en su frente, mientras sus ojos se cerraban con lentitud.
-Eva...pero qu-
No pudo continuar, ya que sus pensamientos se nublaron de miles de imágenes que surgían, guiándola hacia la verdad.
Amphipolis destruida, su madre muerta, divagando sufrida por el pueblo...
Las lágrimas se escaparon de sus ojos. ¿Su madre había muerto? No podía ser cierto.
Las escenas continuaron cambiaron, aplastando su mente.
Mefistófeles deseando abrir el portal del inframundo, y...Gabrielle...
Sus ojos casi se escapan de sus órbitas, al contemplar a su compañera en una agonía eterna.
-Gabrielle... ¿Dónde está?- murmuró, con la mirada perdida.
-Allí- señaló, a su antiguo hogar -...poseía, madre.
Giró su rostro hacia ella, estupefacta.
-Perdóname, no pude...exorcizarla...- sollozó, tapando su semblante, debido a la vergüenza -tuve miedo...ese maldito me drenó de recuerdos del pasado que no pude evitar...
-Ahora mismo superarás ese miedo- sentenció, tomándola de la muñeca y guiándola hacia los adentros de ese embrujado lugar.
-¡Es imposible, estamos hablando del diablo! ¡Mis poderes no pueden igualarlo!
-¡Nunca he perdido una batalla, y hoy no será el día en que la pierda!- gritó, arrastrándola.
Su alma temblaba de temor por perderla. No iba a permitirlo...no de nuevo.
Si los ángeles la habían enviado al futuro, por algo sería, y haría uso de esa oportunidad.
Abrió la puerta de aquella tenebrosa casa. Esta relincho de tal forma, que la hizo estremecer.
El ambiente se sentía demasiado pesado, apenas se podía respirar allí.
-¡Gabrielle, GABRIELLE!
Un tenebroso sonido se escuchó, en una habitación cercana. Sus pasos la guiaron hacia esta, pero la duda la irrumpió, antes de entrar. Sabía lo que iba a encontrar ahí.
-¿Por qué...?
Eva la miró, esperando que finalizase su cuestión.
-Ella fue traída al igual que yo al futuro... ¿Por qué ella...? ¿Por qué mi cuerpo fue reemplazado por el de mi presente...y el de ella no?
Su hija derivó la vista al suelo, desconsolada -Porque cuando llegaron, Gabrielle ya había sido poseía...su alma debió unificarse con la de su futuro...permitiéndole conservar su cuerpo de este tiempo...
Xena se refregó la frente, perdiendo la poca paciencia que le quedaba -Todo es demasiado confuso...
-Dímelo a mí...
Derivó su vista hacia ella. Quizás había sido un poco estricta. Eva claramente también la estaba pasando mal.
Con un tacto maternal, rodeó sus hombros con su brazo, regalándole una consoladora sonrisa -Tranquila, todo saldrá bien. Pero ahora debemos enfrentar esto juntas, ¿De acuerdo?
Asintió, tomando aire.
-Vamos...
La guerrera rompió la puerta de una patada, encontrándose con un vacío.
-¿Dónde estás...?- musitó para sí, buscándola con la mirada.
De repente, escuchó un gruñido emanar desde el techo. Alzó la vista al instante, para luego quedar paralizada en su lugar.
Su compañera se encontraba adherida a esta cual araña. Pequeñas telas cubrían su cuerpo, y sus ojos, ahora dorados y repletos de maldad, habían perdido su característica luz.
-Gabrielle...
Sin darle tiempo a defenderse, se lanzó contra ella, estampándola sobre el suelo brutalmente.
-¡G-Gabrielle, despierta!- imploró, rodando junto a ella, tratando de evitar sus ataques.
Pero solo consiguió en respuesta, unos terroríficos sonidos, junto con una maligna sonrisa que se dibujaba cada vez más en su hostil rostro.
La criatura, vestida de amazona, se despegó de un salto, al notar como Xena colocaba la mano en su Chakram, quedando parada frente a su persona.
Sus manos se encontraban bañadas de sangre...sangre que comenzó a lamer, destruyendo lo poco que quedaba de esperanza en la guerrera.
Dio unos pasos hacia ella, de forma desconsolada -Gabrielle...soy yo... ¿No me reconoces?
-Si...- habló, con una irreconocible y monstruosa voz -eres tú...Xena, la que asesinó a los dioses del Olimpo...
Detuvo su andar, al oírla.
-No podrás detenerme... ¡Ahora, es tiempo de que comience mi reinado!
Cerró sus puños con tal rudeza, que la sangre emprendió su tedioso recorrido por estos -¡Déjala libre, Mefistófeles! ¡Es a mí a quién quieres! ¡Devuélvemela!
-¿A ti?- se burló, largando una carcajada -Te equivocas, a la única que quiero es a tu hija, la gran pacifista y seguidora de ese tal "Eli"...
-¿Q-Qué?
De inmediato pasó su mirada a ella, que la observaba con la misma consternación.
-Mejor dicho...necesito su sangre...
Sus ojos casi se desbordan, con solo imaginar la vida de su hija siendo tomada por ese lúgubre sujeto.
-Su sangre me permitirá volver a la tierra...- sonrió con malicia, aproximándose -Si me la entregas, liberaré a tu amiguita...
Lo fulminó con la vista, posicionando su arma, lista para lanzarla -Jamás, no permitiré que la lastimes.
-Entonces, me quedaré en este gustoso cuerpo, todo el tiempo que me plazca- sentenció, elevando sus manos y rozando sus propios pechos, acto que solo hizo enfurecerla aún más.
-¡Detente!
-Impídemelo...
Sin debatírselo, la poseída, se abalanzo de vuelta contra ella, golpeándola sin compasión. La morena solo se defendía, temiendo dañarla.
-¡¿Qué sucede, Xena, no eres capaz de atacarme?!- rió malvadamente, estrujando su cuello.
-N-No me subestimes...
Con una gran agilidad, le depositó una fuerte patada en el vientre, arrojándola varios metros atrás. De inmediato pegó un gran salto, cayendo sobre ella y sujetando sus manos por encima de su cabeza.
-¡Eva! ¡Ven aquí y realiza el exorcismo!
Su hija retrocedió unos pasos, espantada -¡Pero...!
-¡Ten fe y hazlo!- emitió, intentando controlar los estrepitosos movimientos que yacían debajo suyo.
Tragando saliva con dificultad, se acercó, para luego quedar a la altura de Gabrielle y reposar su temblorosa mano en su frente.
Al instante la criatura gruño adolorida, revolcándose en su lugar.
-¡En el nombre de Eli y todos los poderes del cielo, demando que esta presencia desaparezca!
-¡AAGH!
Una sonrisa de esperanza se alumbró en su rostro, al ver como su plan funcionaba -¡Sigue así, Eva!
-¡Desaparece!
Presionó aún más, y en ese preciso instante, una desgarradora risa emano de sus labios, quitándole a ambas, la poca expectativa que tenían.
Mefistófeles giró su rostro hacia la menor, sonriéndole lúgubremente -¿Es todo lo que tienes?
-¿Q-Qué?
-Entrégate a mí Eva, y dejaré este cuerpo libre...
Su pedido le hizo titubear, hecho que no paso desapercibido por su madre.
-¡No lo hagas! ¡Es una trampa!
-Pero...
Xena relinchó los dientes, impotente, volviendo su vista al demonio.
-¡Gabrielle, sé que estás ahí!
Este soltó un sonido burlesco, clavando sus amarillentos ojos en ella -Oh Xena...claro que estoy aquí...- dijo, engañando a su mente, con aquella dulce y reconocible voz. Hecho que provocó que una leve sonrisa se dibujase en sus labios.
-Gabrielle...
-Y sé...que estás enamorada de mi, cariño...
Sus ojos se abrieron de par en par, horrorizada, vislumbrando como aquella bestia soltaba una maliciosa carcajada, ridiculizándola.
Eva pasó su vista a ambas, desconcertada -Madre, ¿De qué está hablando?
No hubo respuesta alguna. Se encontraba paralizada, sus manos temblaban en los hombros de aquella persona, que ya no era su amiga.
-Oh, lo siento... ¿He dicho algo inapropiado?- se burló, mutando su rostro, luciendo de nuevo como el de Gabrielle.
-¿Te gusta más así, verdad?- la tentó.
Aprovechando su trance, se incorporó y comenzó a acercarse con cautela, para luego rodear su cuello y sentarse en su regazo.
-¿Con este inocente rostro...te atraigo más?- finalizó, acortando la distancia, casi rozando sus labios.
Al sentir su cálido aliento, sus defensas se debilitaron, al igual que sus párpados, que se entrecerraron por instinto.
-G-Gabrielle...
Su hija se alertó, presenciando cómo estaba cayendo en su trampa.
-¡No sé qué es lo que sucede, pero esto es claramente un engaño! ¡Ella ya no es Gabrielle!
A penas podía escucharla en un lejano eco. Su mano ya se encontraba deslizándose por su suave espalda, aproximándola más.
El demonio sonrió, aferrándose más a su cuerpo -Eso es, Xena...tómame...como siempre has querido...- susurró en su oído, para luego lamerlo seductoramente.
Afligida, emanó un placentero jadeo, mientras sus manos comenzaban a descender por su cintura, casi topándose con su voluptuoso trasero.
Mordió su propio labio inferior, intentando controlarse. Esa no era su Gabrielle...lo sabía, pero no podía evitar sentirse atraía a esa tentadora situación. Su mente se encontraba nublada por su deseo.
-¿Qué estás esperando?- musitó, mordisqueando su cuello.
Eva la tomó de los hombros, con intenciones de alejarla -¡Madre, reacciona!
-Gabrielle...tú...-
Liberando otro placentero sonido, su cabeza se estiró hacia atrás, cuando sintió sus dientes marcándola.
Xena...
Sus párpados se abrieron de un salto, al oír una voz dentro de su mente. Una voz que conocía muy bien.
Con toda su fuerza de voluntad empujó a la criatura, que nuevamente volvía mostrar un perverso rostro ante su rechazo.
-Oh...eso no me lo esperaba- habló, provocando que clavase sus aún perdidos ojos en ella -parece que tu amiguita te salvó.
Se cubrió el semblante, avergonzada, intentando recuperar el aire, lo cual le costaba mucho para su gusto.
Si, la verdadera amazona la había detenido. Quién sabe cómo, pero lo había hecho.
Pero aquello la drenó de energía. Eso significaba que todavía podía regresarla. Sí, todavía se encontraba allí.
-Así que aún estás ahí...Gabrielle...
-Casi no queda nada de ella.- sentenció, sonriente -pero no te preocupes, ahora mismo te mandaré a donde está.
Sin esperárselo, incrustó el puño en su estomago, provocando que el aire le faltase.
-¡Madre!
Se refregó el vientre, ascendiendo la cabeza y dedicándole un confiado gesto.
-Ja...- sonrió de lado, limpiándose la sangre de la comisura de sus labios -Te ves confiado...para alguien que está a punto de desaparecer.
El demonio elevó una ceja, sin quitar su segura mueca.
-Para tu mala suerte...ya sé cómo detenerte- continuó.
-¿Ah si? ¿Y cómo harás eso?
-¡Ya lo...verás!- gritó, mientras enfatizaba su aullido de guerra, lanzando su chakram con velocidad.
-¡Eso no me detendrá huma- Su voz se detuvo, luego de esquivar el ataque, al presenciar frente a sus ojos como la guerrera aceleraba su paso y le depositaba un fuerte puñetazo en su mejilla, tirándola en el suelo como consecuencia.
Otra vez se reclinó sobre ella, tomando sus muñecas y pasando su mirada rápidamente a su hija -¡Ahora, Eva!
Asintiendo con cierto temor, se aproximó de nuevo, intentando realizar su rito.
-¡En el nombre de Eli y todos los poderes del cielo, demando que esta presencia desaparezca!- repitió, esta vez con más firmeza, mientras el demonio se retorcía reiteradas veces, chocando brutalmente su espalda contra el suelo.
-¡T-TE DIJE QUE ESTO NO PODRÁ DETENERME!
Xena sujetó su rostro con rudeza, clavando sus ojos en él -¡Gabrielle! ¡Sé que puedes oírme, despierta, lucha contra él! ¡Sé que eres más fuerte que esto!
Mefistófeles arrugó la frente, al sentir que dentro de su poseído cuerpo, otro trataba de emanar.
Los ojos de la guerrera se tornaron llorosos y nostálgicos, al observar como su querida compañera luchaba contra el abismo de su interior. Con solo imaginar el dolor que debía estar padeciendo...un instinto se apoderó de ella.
-Gabrielle...
-¡Demando que esta presencia desaparezca!- escuchó en un eco, mientras su cuerpo domaba su mente, y comenzaba a acercarse lentamente hacia los labios de su amiga, rogando porque volviese a ser la de antes.
-¡N-NO!- gruñó, tratando de alejarla con sus manos.
-Gabrielle...- repitió con dulzura, incapaz de evitar que sus lágrimas se resbalasen por su rostro.
-¡X-XENA...!- dijo en un chillido, alternando su voz por la verdadera.
Algo definitivamente la estaba revolviendo por dentro.
-Regresa conmigo...te necesito...- susurró, penetrando sus ojos en ella una última vez, para luego acortar la distancia que restaba.
El monstruoso ente se estremeció ante el leve contacto contra su piel, paralizándose en su lugar.
-No sabes lo mucho que te necesito...
Pasmando no solo al demonio, sino a su hija misma, junto por completo sus labios en un suave beso, adornado por una agonizante tonada.
La oyó gruñir dentro del acto, para luego percibir como de a poco iba calmándose.
Atrajo más su rostro, arrastrando sus labios con los suyos, al sentir que su bardo estaba volviendo en sí.
Los ojos de la joven, lentamente volvían a poseer ese esmeralda color y aquella honesta mirada que tanto la caracterizaba.
-X-Xena...
Escuchó su agradable voz, lo cual provocó que abriese sus párpados, encontrándose con una luz que comenzaba a sumirse con su cuerpo.
-¡Gabrielle!- musitó, chocando su aliento contra el de ella.
-¿Xena? ¿Pero qué-
Sin dejarla termina, se abrazó a ella con desesperación, aliviada por tenerla de vuelta. Su calidez era la prueba.
-¿Qué sucedió?- habló, con la respiración agitada.
Su cuerpo dolía, por no decir que ardía, como si estuviese en el mismísimo infierno.
Aquella cuestión realmente le sorprendió, logrando que se separase un poco.
-¿No te acuerdas de nada?
La rubia desvió la mirada, pensativa -Solo recuerdo un remolino que me arrastró hasta aquí...y bueno- titubeó -...también tu...
-¿Yo?
Volvió su vista a ella, con una notable incertidumbre.
-¿Me besaste?
Sus ojos, cobardes, esquivaron los suyos. Claramente no pensó en las consecuencias de sus actos.
-Madre...- tironeó de su ropa, Eva -ahora el cuerpo de Gabrielle ha sido traído al presente al igual que tú...no recuerda nada...
Es cierto. Las heridas que la amazona tenía, ya no estaban.
-¿Xena?- oyó su insistente llamado -¿Podrías ponerme al día, por favor?
Su visión se desplomó en el suelo, nerviosa -Lo hice...- respondió finalmente, con un tenue sonrojo -¡Pero solo fue para despertarte!
-¿Despertarme? ¿A qué te refieres?
-Estabas poseía...- escuchó la voz de Eva, a su lado.
-Eva, ¿Qué haces aquí?- inquirió, cada vez más perdida.
Como si la confusión que tenía no fuera suficiente, un punzante dolor en su cabeza, le hizo flaquear.
-¡Gabrielle!
-Estoy bien, Xena...- murmuró, apartándola un poco -solo...me siento un poco extraña.
La nombrada se llevó la mano a la frente, realmente agotada, para luego girarse hacia su hija, que la observaba con cierta curiosidad.
Era consciente de lo que tuvo que presenciar.
-Preguntas después...- adivinó su pensamiento, bufando -ahora asegúrate de poner al tanto a Gabrielle, al igual que hiciste conmigo.
Esta solo asintió, delineando una picarona sonrisa.
Xena frunció el ceño, al captarla -Ni se te ocurra decir nada...
-¿Decir qué?- cuestionó la rubia, dirigiendo su vista a ambas, para encontrarse con la inocente sonrisa de su compañera, y la bromista de su hija.
Le dio la espalda al segundo. Con solo un choque en sus miradas, un remolino de emociones la invadía.
Con un caminar inseguro, salió de la casa, delineando los labios con su dedo. Todavía podía sentir el calor de aquella amorosa acción en ellos.
La había besado...y Gabrielle a penas lo recordaba.
Negó con rudeza, intentando enfriar sus ideas. Este no era el momento de ser sentimental.
Mefistófeles quería la sangre de su hija para revivir. Debía protegerla, no actuar como una estúpida.
Se quedó unos minutos estática en su sitio, meditando sus posibilidades.
-Xena...
Conociendo a la perfección aquella tonada, se dio vuelta con sigilo. Era muy pronto para enfrentarla.
-Eva me mostró la verdad, así que este es el futuro...
Asintió, evitando hacer contacto con sus ojos. Estos la desarmaban.
-Gabrielle, lo he decidido...
La preocupación se notó en su lamentoso semblante. Elevó una ceja, conociendo a la perfección aquella sentencia.
-¿Qué es lo que harás?- cuestionó con preocupación, reposando una mano en su hombro.
Dudo unos segundos, antes de hablar -La única forma de vencerlo es en su propio hogar...
-Xena...no pensarás...
-Gabrielle- la cortó, dignándose a mirarla y sujetándola de los hombros -te quiero fuera de esto...
-¡¿Qué?! ¡Xena, no! ¿Además...A dónde quieres que vaya?
-No lo entiendes, ¡Mefistofeles está usándote! ¡Podría posesionar tu cuerpo de nuevo!
-No iré a ninguna parte- dijo con seguridad, penetrando su vista en ella, acto que provocó que mordiese su labio, impotente.
-Él no puede poseerla de nuevo.- se volteó para ver a su hija, desentendida -Ella ya ha sido purificada...
Su mirada decayó. Eso solo aseguraba que la rubia se quedase a su lado. Ya no tenía excusa alguna para alejarla de la batalla.
Su plan había cambiado, por uno que estaba segura que su acompañante no iba a acceder tan fácilmente.
-Entonces, Gabrielle...tengo que liberar el alma de mi madre, y para eso necesito...- se silenció, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
-¿Xena...?- la nombró con temor, tomando aquella cálida mano que se encontraba aferrada a su piel.
-Aplicaré el golpe conmigo misma para pelear con él en el mundo espiritual.
Sus ojos se abrieron aturdidos, resaltando su miedo -No... ¡Xena, no!
-Estaré muerta lo suficiente para encontrarlo...
-¿Qué? ¡¿Pero cómo volverás?!
Contrario a su inseguridad, atinó a dedicarle una amable sonrisa, desconcertándola -Tu lo revertirás.
Quedó pasmada en su sitio. No podía creer en sus palabras.
-¡Xena, no puedo! ¡No sé cómo hacerlo!
-Si puedes, te mostraré.
-Xe...- su habla fue interrumpida por el gentil tacto de sus manos, que tomó las suyas y las posicionó en su cuello.
-Ahí...- señaló, haciéndole notar con sus dedos el lugar.
-¿Justo ahí?- musitó, rozando ese sitio.
-No, eso detendrá mi corazón...ahí...- le mostró nuevamente, acariciando su piel sobre la suya.
La bardo cerró los ojos con fuerza, reprimiendo las lagrimas que querían emanar -¡No puedo creer que me estés mostrando esto ahora!
-No tenemos otra opción.
Tragó saliva con rudeza. La incógnita de saber o no si podría regresarla le pesaba, tanto, que su corazón se estrujaba con solo imaginar su muerte.
-Xena... ¡Si no puedo hacerlo significará que te quedarás ahí por siempre!
Como respuesta solo consiguió una sonrisa aún más cariñosa -Puedes hacerlo...confío en ti...
-Xena...
-Tráeme de vuelta...Gabrielle...
Antes de siquiera poder asentir, se lo aplicó, colapsando lentamente en sus brazos. La sangre comenzó a emanar de su nariz, provocando que se alertara.
La sostuvo, reprimiendo su sollozo. No era momento de ablandarse, su amiga creía en ella. Tenía que ser fuerte.
La morena entreabrió los ojos con debilidad, hallándose en un oscuro lugar, solo liderado por extrañas luces infernales.
Sonrió casi con resignación, dándose cuenta de que había logrado su suicida cometido.
-Así que has decidido venir.- escuchó detrás suyo, girándose hacia esa maligna presencia -no puedes herirme en el reino espiritual, fue una mala decisión.
Se asqueó con su horripilante cuerpo, digno de un demonio.
-No pierdo nada con intentarlo- sentenció, desenfundando su espada.
Él solo rió malvadamente -¿Y si logras eliminarme, qué? ¿Tomarás mi lugar?
Elevó una ceja, confundida -¿De qué mierda estás hablando?
-Quienquiera que me mate, debe tomar mi puesto y reinar en el infierno...y francamente no creo que puedas hacer mi trabajo.
Su mente se detuvo en ese mismo momento. De acuerdo, eso no era parte de su plan. Realmente estaba jugando con fuego.
Pero ya nada importaba, tenía que cumplir con su deber, aunque implicase que se convirtiera en la reina del inframundo. Protegería a la gente que amaba.
-Libera a mi madre...- dijo, obviando sus palabras.
-Sabes cual es el precio.- atinó a decir, liberando su espada también.
-No lo haré...- respondió, adivinando su pensar.
-Si no derramas la sangre de Eva, yo mismo me encargaré de ello.
La guerrera rió por lo bajo, para luego, aburrida de sus estúpidas frases, dirigirse directamente hacia él, con su arma en alto y su alarido de gloria.
Las espadas chocaron, provocando que cayese hacia atrás ante el impacto.
Los ojos de Gabrielle se entreabrieron, espantados, al notar como el cuerpo de su compañera se sobresaltaba.
-Xena... ¡Vamos! ¡Puedes hacerlo...!
Su cuerpo se estrujaba de dolor. Realmente estaba peleando contra un Dios. Eso no cabía duda. El más fuerte que había enfrentado hasta ahora.
Y para complicar la situación, su ser se encontraba debilitado, debido al golpe que se aplicó en la realidad, que poco a poco iba deteniendo su corazón.
No tenía mucho tiempo.
Agarrándola desprevenida, su enemigo se acercó con rapidez, depositándose varios golpes que la dejaron aún más noqueada. La sangre empezaba a emanar, inclusive en ese reino espiritual.
Su visión ya era borrosa. No podía pelear de esa manera.
-¿Xena? Hey...- la llamó, su fiel compañera, al notar como su pulso se debilitaba -De acuerdo... ¡Es suficiente!
Rápidamente le aplicó el golpe, pero esta no reaccionaba.
Volvió a aplicárselo y seguía sin despertar. La sangre fluía cada vez más de su piel.
Cubrió su propia boca, sumida en la desesperación -¡Xena, vamos! ¡Despierta!
Golpeó su cuello con sus dedos, varias veces más -¡XENA!
El último golpe, para su suerte, provocó que la guerrera abriese los ojos estrepitosamente.
Agradeciendo a todos los dioses, la ayudo a reincorporarse, incapaz de creer que estuviese de vuelta -Oh Xena...no vuelvas a hacer eso...- la abrazó con fuerza, escondiendo su rostro en su cuello.
La nombrada se refregó en su brazo, a penas consciente -T-Tenemos que darle exactamente lo que quiere...- deliró, poniendo a su camarada en una situación crítica.
-¡Madre!
A penas la oyó, derivó su nublosa visión a ella, sacando un cuchillo de su ropa y reincorporándose con torpeza.
Gabrielle la fulminó con la mirada, adivinando su arriesgado plan -¡Xena, espera!- detuvo su debilitado andar -¡No puedes derramar la sangre de tu propia hija!
-Confía en mí, Gabrielle...
-¡Traerás el infierno a la tierra! Después de todo el mal que hemos visto, ¿Quieres desatarlo en el mundo?
La morena arrugó su frente, desafiándola -El alma de mi madre está atrapada. Mi hija en peligro... ¡Y el portal del infierno abierto en mi patio de atrás!- gritó, haciéndola retroceder -Voy a enfrentarlo, Gabrielle, es la única forma.
Impotente por sus palabras, la enfrentó -¡No puedes matar a cada demonio del infierno!
-Solo necesito matar a uno, y él nunca esperará que yo...
La amazona posó su vista en ella, al reconocer a la perfección su resignado gesto -¿Qué tú...qué?
-Que yo tome su lugar...Mefistófeles dijo que quien lo mate debe heredar su trono...
-Xena...no puedes...
-¡No voy a permitir que siga atormentando a mi familia!
-¡Pero...!
-Y eso te incluye, ¿Me escuchaste?- la señaló, totalmente decidida.
Hacía bastante que no presenciaba a la guerrera tan fuera de sus cabales.
Sus palabras quedaron sofocadas en su garganta. Xena estaba por sacrificar todo lo que conocía. Pero por alguna extraña razón, no podía seguir insistiendo en detenerla.
-Eva, es tu decisión también... ¿Lo harás?- cuestionó, a su paralizada hija.
Los demonios dentro de su mente la estaban acosando, rememorando su doloroso pasado. Sabía que su madre tenía razón. Esa era la única forma de derrotarlo.
Cabizbaja, asintió -Si...lo llevaré a las únicas manos que pueden derrotarlo...
Su voz se dirigió hacia Gabrielle, que no pudo hacer más que desviar la mirada. Madre e hija estaban de acuerdo, ¿Qué mas podía refutar?
-¿Me ayudarás?- agregó, clavando sus celestes zafiros en ella, idénticos a los de su compañera.
Ya no había nada más que decir. Ambas habían tomado aquella crítica y arriesgada decisión.
Escapándosele un gran suspiro, se acercó a la menor, tomándola de los hombros, ya que parecía que se desmayaría en cualquier momento, y la llevó hacia el portal.
Eso era definitivamente un sí, un rendido...sí.
Eva observó el agujero que desataría un infierno en vida. No había vuelta atrás.
Le quitó el cuchillo a su madre, y respiró unos segundos, para luego hacer un tajo en su mano y dejar caer la sangre en ese lugar.
La tierra comenzó a temblar al instante. La sensación de maldad descordaba por cualquier extremo.
-¡Ustedes dos salgan de aquí!- exclamó, Xena -Esta es mi batalla... ¡Muéstrate Mefistófeles!
Su horrorosa figura emanó de la tierra, emitiendo un gruñido aterrador.
-¡Por fin soy de carne y hueso!- emitió, con una monstruosa voz.
La guerrera sonrió con confianza -Disfrútalo mientras dure.
No hicieron falta más palabras, ya que se abalanzó hacia ella, y la danza de espadas comenzó.
Gabrielle todavía sostenía en sus brazos a Eva, como si de esa forma pudiese protegerla.
Esta última notó la preocupación en sus ojos -No te preocupes, ella vencerá, siempre lo hace...
-Lo sé...- murmuró, afligida -En este caso...ese es el problema...
Xena saltó sobre su contrincante, descendiendo su espada con rapidez, pero este logro imponerse con su arma, tirándola hacia atrás.
A pesar de tal impulso, su rostro no se inmutó. Su mano emprendió aquel baile giratorio con su arma, para luego apuntarlo y lanzarse al ataque de nuevo. Ataque que logró esquivar con facilidad.
-¿No es esto lo que querías?- le incitó el demonio, casi clavando su espada en ella -¿Enfrentarme en la tierra y hacerme pagar por todo lo que he hecho?- rió, enfureciéndola -¿O la idea de tomar mi lugar en el infierno, de repente no te atrae?
-Maldito...
Con una velocidad mayor a la suya, apareció en su frente, regalándole un golpe que la dejó atónita, haciéndola girar por el suelo, y quedando de espaldas a él.
Escuchó su macabra risa de fondo, levantándose con dificultad.
Era cierto. Se encontraba atascada en su amenaza. En ese futuro que le depararía si lo mataba.
Pero ya no había otra opción. Estaba dispuesta a aceptar su trono. Todo...para proteger a las dos personas que más amaba en el universo.
Sus pasos se acercaban con sigilo, tenía que pensar rápido.
-Toma mi lugar...- le incentivó, para luego reír otra vez, debido a su silencio -¿No? Eso es exactamente con lo que contaba...
Su respiración se entrecortaba, al igual que su mente, que con valentía tomó en ese preciso instante, aquella decisión devastadora.
Sorprendiéndolo, se giró con desenfreno, enfrentándolo, para luego gritar con todas sus fuerzas, mientras dirigía su espada directo a su estómago y la clavaba en él.
Mefistófeles chilló de dolor, incrédulo por su repentino contraataque.
-Que así sea...- musitó, clavando su ferviente mirada en él.
Este comenzó a desaparecer, dejando en su lugar unos devastadores gritos y finalmente desvaneciéndose en su presencia.
Su rostro tembló de un costado a otro, percibiendo como si algo se hubiese fusionado con su cuerpo. Una extraña sensación la recorría, variando entre lo placentero y doliente.
-¡Xena!
La amazona se acercó con rapidez, llegando hasta ella. Temía lo peor.
-¿Qué?- atinó a decir, intentando volver a la normalidad.
-Mira...
Observó de reojo, como el espíritu de su madre aparecía y se abrazaba a su hija, feliz de reencontrarse con ella.
Dibujó una triste sonrisa, detallándola -Mamá...
-Xena...sabía que vendrías algún día...
Las lágrimas se atragantaron en su ser, al observarla en tal estado de paz.
-Pero...finalmente te encuentro y ahora...tienes que irte...
Su madre le devolvió el gesto con amabilidad, posando sus cálidos ojos en ella -Nunca me iré Xena, no mientras guardes un lugar para mí en tu corazón.
Su deslumbrante sonrisa fue lo último que vio, ya que su figura desapareció, emanando una pacífica energía.
Imitándola, una gratificante mueca se dibujó en sus labios, contemplando su ida.
El silenció regocijó el lugar, como si de esa forma le rindiesen tributo.
Gabrielle derrumbó su vista al suelo al verla desaparecer, acción que no paso desapercibida por Eva.
-¿Qué sucede?
-La leyenda...- musitó, insegura, para luego pasar su vista a la guerrera -Xena, mataste al rey del infierno... ¿Qué va a pasar ahora?
La nombrada desvió la visión, penetrándola en el portal hacia el inframundo, que aún seguía abierto -No lo sé...pero tengo la sensación de que esto todavía no ha terminado...
Chat'de'Lune: Primero que todo, Feliz año nuevo! Espero que la hayas pasado geniaal! (Yo también sobreviví a las fiestas, otro Grinch) Me alegro que te siga gustando la historia! Y si, nuestras chicas van a ser hijas de las dudas por un tiempito más (Aunque no tanto ;) Gracias por leer y nos vemos en el próximo capítulo! Besos!
