Nota aclaratoria: Ahora nos situamos en el capitulo de "Heart of Darkness" como dije antes, este es el que le sigue al capitulo anterior. Si lo vieron, se van a poder situar con facilidad en la trama. Lo voy a dividir en dos, esta es la primera parte.
Ahora si, con esto aclarado, vamos pa' la lectura!
Heart of Darkness
-Parece que mi plan ha funcionado- habló, el ángel Miguel -pero Xena nunca irá al infierno por voluntad propia...
-Cuando abrió el portal y mató a Mefistófeles, ella tomó su lugar. El trono le pertenece- dijo su compañero, Rafael.
Miguel lo observó, con cierta inseguridad -La última vez que Xena estuvo en el infierno...casi captura el cielo.
-Debiste pensar en eso antes...tenemos que hacer algo- refutó -no podemos dejarla en la tierra, con la maldad emanando de ese portal.
Posó su visión en aquel maligno agujero, que seguía abierto.
-¿No son ustedes una inspiración?- escucharon de repente, hecho que provocó que desviaran la mirada hacia el intruso.
-¿Acaso están temblando como un par de niños asustados?- continuó aquella voz, de forma egocéntrica.
-Parece que estás muy seguro de ti, ¿No es cierto?- se defendió, Miguel.
El arcángel sonrió con burla -Estoy seguro de mi fe y mi devoción...lanzaré a Xena al infierno yo mismo.
-¿Te das cuenta de que ella tiene el poder de destruir ángeles?
-Ja...usará ese poder, a menos que yo la envíe al infierno antes.
Los ángeles lo meditaron unos segundos, volviendo su mirada a él -Muy bien, procede.
Este solo asintió, sin quitar su ególatra semblante, para luego desaparecer.
-Podría ser el indicado para este trabajo- acotó, Rafael.
-mmm...podría ser perfecto.
-/-
-Una gran maldad aflora, Gabrielle- le dijo Eva, observando el portal hacia el inframundo -puedo sentirla...
Lo sabía, la historia continuaba, aún no habían terminado su labor. Por algo seguían atrapadas en el futuro.
La amazona, siendo consciente de que no debía alertarla más, decidió apaciguar el ambiente.
-Quizás es porque estás parada cerca del portal...- trató de bromear, no logrando su cometido.
-Tal vez...- atinó a decir, con una claro temor -pero hay una razón por la que sigue abierto...está esperando algo...
-Sí, Eva. Quiere a tu madre.
Oyeron en un eco una clara amenaza, provocando que se girasen al instante.
Observaron, perplejas, las alas negras de ese ser misterioso, levitando sobre la superficie.
-¿Qu-... ¿Por qué estás aquí?- cuestionó desentendida, Gabrielle.
-Para hacer lo que Eva sabe que debe hacerse.
Sus ojos saltaron de sus órbitas. Sabía bien a lo que se refería.
-¡Xena!- exclamó, corriendo hacia ella.
La guerrera, que estaba cepillando a Argo con tranquilidad, a las afueras de la casa, se volteó, para luego visualizar a esa extraña entidad.
-Es un ángel...- le informó, mirándola con preocupación.
-Soy más que un ángel...soy un arcángel, destinado a volverme un nombre familiar, especialmente después de que envíe a Xena al infierno.
Dibujó una egoísta sonrisa, que de inmediato activó una lamparita en la mente de la guerrera.
Ese sujeto...era diferente de todas las deidades con las que se había cruzado.
Desenfundó su espada al instante, conservando un confiado gesto, que fue devuelto.
A paso lento, y sin siquiera regalarle una palabra, se dirigió hacia él, para luego embestirlo con fortaleza, pero el guardián apaciguó el ataque con facilidad, emanando una poderosa energía de su mano y derribándola por completo.
Sin perder el tiempo, aproximó la espada a su cuello, dibujando una gratificante mueca en el acto.
-¡Espera!- escucharon de repente -¡Como mensajera de Eli, debo informarte que estás equivocado!- trató de defenderla, Eva.
Indignado, soltó una risita -La que está equivocada es tu madre, que se niega de manera egoísta a aceptar el trono de Mefistófeles.
Xena percibió de fondo como Gabrielle desenfundaba sus Asis, encaminándose hacia él, sin embargo, el arcángel, adivinando sus movimientos, lanzó otro de sus ataques, rozando el cuerpo de la amazona.
-No te metas, Gabrielle, no deseo hacerte daño.
La nombrada lo observó de arriba a abajo, con desprecio.
Algo en ese ser no le cerraba.
-Eso es sorprendentemente cortés...- musitó la morena, recuperándose -viniendo de ti...un arcángel orgulloso...
Aprovechando su silencio pensante, pateó su espada, que continuaba apuntándole, para seguidamente reincorporarse con velocidad, retomando el ataque.
-Obviamente no te das cuenta de que el orgullo del que me acusas, es un pecado mortal.
La lamparita en su mente brilló aún más, emocionándola.
Ese tipo era perfecto...perfecto para su maquiavélico plan.
-Uno de los siete pecados capitales, en realidad- jugó con sus palabras, incentivando su ira.
Los choques de espadas continuaron, y aunque fuese difícil de creer, por unos segundos le llevó la ventaja, saltando sobre él y derrumbándolo en el suelo.
Dejó su espada a escasos centímetros de su cuello, delineando una triunfal sonrisa -Porque soy una persona generosa, voy a asegurarme de que Gabrielle haga que tu nombre sea familiar en la posteridad...
Él solo imitó su gesto, respirando entrecortadamente y descifrando aquella escondida cuestión en su frase -Lucifer...mi nombre es, Lucifer...
-Suena bien, como un redoble funeral...- bromeó, alzando su espada y descendiéndola con rapidez.
-¡Madre, no lo hagas!
Su desesperada tonada, le hizo detenerse.
-No puedes asesinar a un sirviente de Dios...
Chocó los dientes, impotente.
-Me cago en sus proféticas palabras...por el amor a Zeus ¡Siempre me detiene en el mejor momento!
Pestañeó varias veces, cayendo en la cuenta de su propio pensamiento, poco típico de ella hoy en día.
Algo comenzaba a sacudirse dentro de alma. Algo que claramente, no tenía ni una pizca de luz.
Totalmente aturdida, bajó su espada. Lucifer seguía con la mirada cada rasgo de su titubeante semblante.
-Bueno, bueno...parece que tenemos un pequeño dilema aquí, Xena...- dijo, confiado, a pesar de estar aún debajo de ella -sabes que si no me matas, lo volveré a intentar...
Sonrió de lado, recuperándose de su trance y deslizando la mano por su armadura -Con eso cuento, todo ha estado un poco aburrido aquí desde que Mefistófeles perdió su trono...vamos Luci, no muerdo...- finalizó, para luego tenderle la mano y ayudarlo a levantarse.
La miró con extrañeza, antes de que sus alas desapareciesen.
Acción que tomó como el principio de su confianza hacia su persona.
Sus acompañantes contemplaban anonadadas aquella impensable escena.
-Vamos, déjame invitarte un trago, conozco al dueño- lo incitó, rodeando sus hombros con el brazo y arrastrándolo hacia la taberna.
Él solo asintió, todavía con cierta desconfianza.
Eva quedó paralizada en su lugar. No entendía cual era el propósito de su madre al retenerlo. Pero definitivamente debía tener un plan.
Antes de poder formular otro pensamiento sin sentido, un impulso eléctrico la recorrió y casi la obligó a posar su vista en el pecho de su madre. Inmediatamente pudo ver a través de él, provocando que su mirada se alertase, al visualizar como el corazón de su progenitora, comenzaba a tornarse oscuro.
-¿Qué fue eso?- inquirió, Gabrielle, totalmente alterada.
-Una maldad contagiosa que ha echado raíces en su corazón...y en este instante está destruyendo su alma...
-/-
Luego de unas horas, en las que la guerrera había desaparecido junto con Lucifer, Eva y Gabrielle se debatían como enfrentar a esta.
Realmente deseaban descubrir que sucedía con su compañera. Se estaba comportando muy extraño.
Y como si sus pensamientos atrajeran, Xena entró en la abandonada taberna, junto con el arcángel.
Cruzaron miradas entre sí, para luego asentir, decididas a encararla. Luego de unos minutos en que la conversación parecía un monologo, la morena se dignó a contestar.
-Como siempre, ustedes están exagerando...
-¿Exagerando?- repitió la rubia, sujetando su brazo -no lo entiendes, Xena...la maldad está brotando del infierno...
La nombrada rodó los ojos, obviando su preocupación.
-¡Viene de ese portal, y va directo a tu corazón!
-Puede que no ocupes el trono de Mefistófeles por tu voluntad, pero es obvio que clama a su nuevo amo...- agregó, Eva.
-No si puedo encontrar a alguien que tome mi lugar...- desvió la vista con malicia, hacia el arcángel, que se encontraba revisando curiosamente los artículos de esa lugar -él...
-¿Vas a transformarlo en el rey del infierno?- inquirió, su amiga.
-Él es menos ángel que yo...- soltó, con seguridad -solo que aún no lo sabe...
Gabrielle frunció el ceño, adivinando sus intensiones, que para variar, seguro requerían medidas drásticas que no le agradarían para nada -¿Y cómo planeas hacer que vea la luz?
Xena amplió todavía más su sonrisa -Mostrándole cuánto le gustará la oscuridad.
Sin intenciones de escuchar contradicciones, se incorporó de su asiento, dirigiéndose hacia el muchacho.
Sus compañeras se miraron entre sí de nuevo, y en sus ojos pudieron ver que no estaban de acuerdo con aquel arriesgado plan.
Pero si no lo seguían, la guerrera tendría que reinar en el infierno...futuro que no deseaban.
La bardo contempló con desolación como se llevaba del brazo a un tentado Lúcifer, que para su sorpresa, estaba cayendo demasiado rápido en sus garras.
-No me gusta para nada este plan, Gabrielle...
-Lo sé, a mí tampoco...
Mientras tanto, y en la ausencia de su madre, Eva trató de profesar las enseñanzas de Eli a los aldeanos de aquella destruida aldea, pero estos, se comportaban de una manera rara y violenta.
Parecían estar poseídos por algo...o alguien.
Sus ojos se abrieron de par en par, al detallar como los corazones del pueblo entero se manchaban de un tinte negro.
-No sé qué sucede con ellos...- inquirió la mayor, aturdida.
-Yo sí...
Antes de que pudiese preguntar el por qué, una aldeana se acercó a ellas.
-Gabrielle, hay un hombre que te está buscando- atinó a decir.
Al escuchar un bullicio, apresuró sus pasos al sitio indicado, para encontrarse con una brutal pelea.
-¡Deténganse!
Trató de separarlos, pero antes de poder terminar su cometido, oyó una voz particularmente conocida.
-Te ves más sabrosa de lo que recuerdo...
Abrió los ojos de par en par, al encontrarse con el mismísimo hijo de Joxer.
-¿Virgil?- su habla quedó atragantada unos segundos, al percibir algo anormal en él -¿Me ayudas? ¡Está herido!- vociferó, intentando reincorporar a un hombre que se encontraba tirado en el piso.
El joven delineó una sonrisa, observándola con una mirada poco común en él -Seguro, cualquier cosa por ti, bebe.
Si pensaba que sus ojos no podían salirse de su órbita aun mas, estaba completamente equivocaba. El solo hecho de contemplar como su amigo pateaba a aquel hombre indefenso, provocando un ahogado grito de dolor en él, le dio a entender que algo andaba realmente muy mal.
-¡¿Qué estás haciendo?!- gritó, empujándolo.
-Está siguiendo a su corazón- acotó Eve, aproximándose y percibiendo como este se encontraba oscuro -igual que el de todas estas personas...
Gabrielle posó su mirada en ella, paralizada -¿Qué estás diciendo?
La joven arrugó la frente, con resignación -El portal es un imán. Está atrayendo a la gente aquí. Gente con resentimiento...el infierno alimenta su lado oscuro.
-No puede ser...
Xena por su parte y sin enterarse de lo sucedido, se encontraba cambiándose de ropa en una lujosa habitación, a pocos metros de Lúcifer. Su plan seguía en pie, y el arcángel ya había cedido a varios pecados incorruptibles, en su anterior salida.
Se estaba encargando a la perfección de mostrarle el lado más tentador del mundo.
-Tú y yo tenemos mucho en común- dijo, con una sensual tonada, vistiéndose detrás de una transparente tela.
Él trató de mirar hacia otro lado, con la respiración atascada en sus pulmones -Claro que sí...tú eres una mujer mortal, con una lengua venenosa...
-Ajá...
-Tendencias salvajes...
-No podría estar más de acuerdo.
-...Y una novia rubia...
Su habla quedó estancada al oír tal declaración. ¿Acaso era tan visible su atracción por su compañera? Espera... ¿Novia?
El solo pensarlo le hizo temblar de emoción de pies a cabeza.
Para su suerte, él continuó su monólogo, logrando que su estómago calmase su turbio temblor de a poco.
-Yo soy célibe, un arcángel al servicio del señor.
Tomó aire, tratando de obviar el comentario anterior respecto a Gabrielle, para luego asomarse por aquella tela.
-Sí, pero los dos somos pecadores de corazón, tú y yo...yendo por un camino para el que no fuimos hechos...- soltó, por primera vez con sinceridad.
No esperó que ese hombre descubriese la incógnita en sus palabras.
Pero ella las sentía internamente. Un camino inadecuado, un amor no correspondido, un sufrimiento eterno...
-¿Yo, un pecador?
-Has cometido dos de siete pecados desde que estás aquí, ¿Cómo llamas a eso?- sugirió, acercándose con lentitud -Si nos juntamos, podríamos dominar el infierno y la tierra -mintió, acariciando su mentón.
-¿Por qué no empiezas por llevarme al cielo?- contradijo, acercando su rostro.
-Con gusto...
Con un veloz movimiento, lo dio vuelta, estampándolo de frente contra la cama y sentándose sobre su espalda.
Con una gran agilidad, comenzó a masajear su desnuda piel, logrando que el joven relajase todo su cuerpo.
-Bien...no era exactamente lo que tenía en mente, pero está bien por ahora...- murmuró, con un dejo placer.
Pero la guerrera no se encontraba muy concentrada en aquello, su mente divagaba por memorias peligrosas e intocables, junto a su compañera.
Aquel beso que le dio para exorcizarla... se quedó con ganas de más.
Mordió su propio labio, mientras un recuerdo inoportuno inundó su mente, llenándola de regocijo.
La imagen de Gabrielle casi desnuda encima suyo...sus dientes marcándola.
Sin siquiera premeditarlo, un grave jadeo escapó de su boca, al imaginar que a quien le brindaba esos masajes, era a la bardo.
-/-
Las horas pasaron y Gabrielle continuaba tratando de apaciguar a su amigo, pero era imposible. Su corazón se encontraba liderado por el odio y la lujuria, hecho que sin darse cuenta, comenzaba a afectarle a ella misma.
Después de todo, Virgil era un hombre bien parecido, y siempre hubo algo de chispa entre ellos.
Negó fervientemente con la cabeza, intentando aclarar sus ideas. Algo estaba empezando a despertar dentro de ella. Deseos reprimidos y una abundante necesidad de fusionarse con alguien de una manera...un poco indecorosa.
Eva la observó de reojo, temiendo lo peor, para luego, degastada por la situación, alejarse de ella.
Sabía lo que vendría a continuación. Por ende, decidió dirigirse a un templo donde honraban a Eli, con intenciones de buscar y encontrar la respuesta a sus pesares allí.
Pero su rezo fue interrumpido al instante por una multitud de personas, que literalmente salieron de la nada, con su madre alzada en sus brazos.
Los pueblerinos, ahora adornados con una sugerente ropa, alababan a Xena, que se encontraba cubierta de una extraña vestimenta negra. Una música afrodisíaca sonaba de fondo, no ayudando a la situación, ya que esta solo los estimulaba más.
Lo entendía...o eso quería creer. Todo era parte del plan de su madre, pero aquello estaba llegando demasiado lejos.
Lucifer y Gabrielle aparecieron también a ese lugar.
Alzó la vista, para luego ahogar un grito. La mirada de aquella confiable mujer, definitivamente se había tornado lúgubre.
Tragó saliva con rudeza. Era el fin, si su tía también había caído en la trampa, todo estaba perdido. Ella era la única que podía despertar a Xena.
Era un hecho. El plan iba a fracasar.
La maldad tardaba poco en incrustarse en sus almas, para su mala suerte.
-¡A divertirnos!- exclamó Virgil, agarrado de dos suculentas mujeres.
Con la impaciencia por el piso, se giró a su progenitora, que poco parecía quedar de ella.
-¡Madre! ¡Esto no es lo que...!
Antes de poder terminar su frase, sintió un fuerte golpe en su cabeza, que provocó que cayese casi inconsciente en el suelo.
Miró de reojo a su atacante, para luego sentir la angustia recorrerle, al vislumbrar que fue nada más y nada menos que su querida tía Gabrielle, la que la noqueó.
Mientras sus ojos se cerraban, pudo visualizar como el corazón de esta, ya estaba teñido de un oscuro color.
-A nadie le agrada una aguafiestas...- escuchó en un eco, antes de desmayarse por completo.
Xena le sonrió con complicidad a su compañera, gesto que fue recibido de la misma forma.
Y así, la fiesta comenzó, tornándose descontrolada. Hombres y mujeres bailando entre sí, mujeres y mujeres besándose y hombres con hombres imitándolas.
La lujuria se podía oler a lo lejos en aquellos taburetes donde la gente complacía sus deseos sexuales reprimidos.
El alcohol abundaba, y también el humo, con un olor peculiar, que provenía de unas extrañas pipas.
La bardo pestañeó varias veces, tratando de centrarse. Se sentía extraña, pero era una extrañes que le brindaba un placer indescriptible a su cuerpo.
A penas era consciente de lo que sucedía a su alrededor. Y sinceramente...no le importaba.
Virgil, recostado a su lado en el mismo sillón, rellenó su copa, provocando que una risa traviesa emanara de sus labios.
-Ya tomé demasiado...
-Tal vez...- dijo él, acariciando su cabello -pero esto nos ayudará a acercarnos un poco, ¿No crees?
-¿Acaso no estabas hace unos momentos rodeado de mujeres?
-Solo eran un aperitivo...
-Ajá...- emitió, sin quitar su picaron gesto.
Poco le importaba que su amigo se acostase con otras, en ese momento su atención estaba centrada en sus labios. No era su boca la que deseaba para ser exactos...ella esperaba el poder tomar unos carnosos labios mucho más suaves y femeninos que los que ahora, se encontraba probando.
Pero su mente la obligó a dejarse llevar y dejar de soñar, descontrolando aún más sus emociones, desquitándose con él.
Nunca había besado a nadie con tanta desesperación, excepto...en aquel destino que el César la condenó, en donde Xena resultó ser su amante.
Intensificó el encuentro con solo pensar en ello. Sin embargo, al oír a su compañero comenzar a jadear, se desligó de la unión con rapidez, con un cierto temor, para luego deslizar la mano por sus formados pectorales al desnudo.
Virgil rió ante su acción, rellenando su copa.
-¿Quieres emborracharme?- musitó, con sensualidad.
El joven no respondió, ya que los besos de la rubia retomaron y luego derivaron a su cuello, descendiendo por este, hasta llegar a su torso y dejar su marca en él.
Xena, que se encontraba sentada en un sillón junto con Lucifer, reforzó el agarre de su copa, casi rompiéndola.
No quería creer lo que sus ojos veían. Gabrielle...siendo casi tomada por alguien más que no era ella.
-Parece que tus amigos se están divirtiendo...- la despertó, la voz del arcángel.
Pasó su vista a él unos segundos, con un obvio desinterés -Casi tanto como tú disfrutas mirándolos...
-Soy un ángel, Xena, es lo que hago...- respondió, con una sonrisa ansiosa.
Con toda su fuerza de voluntad, trato de poner un tono amable. No debía olvidar su plan, aunque este, debido a sus corrompidos pensamientos, que aumentaban a cada minuto, comenzaba a fallar.
Su corazón se encontraba repleto de oscuridad...pero su alma no se quedaba atrás.
Tomando aire, se giró hacia él.
-Quédate aquí, gobierna el mundo conmigo...o puedes volver al cielo, y pasar el resto de la eternidad cumpliendo órdenes...
Le mantuvo la mirada unos instantes, para luego reincorporarse. Y con la cólera aflorando en su ser, debido a la calurosa escena que estaba contemplando entre su amiga y aquel infeliz, llevó la copa a su boca y bebió todo de un sorbo, para luego dirigirse hacia su compañera, que al instante desvió su vista a ella, como si hubiese presentido sus pasos.
La morena la observó con dureza, mientras su brazo empezaba a elevarse en ligeros movimientos sugerentes, incitándola.
Como si de una hipnosis se tratara, Gabrielle ascendió su mano también, levantándose de su lugar.
Con una extasiada música de fondo, acortaron la distancia, sin dejar de penetrar la visión en sus mutuos ojos. Sus palmas finalmente se rozaron, y la danza comenzó. Ambas desplazaron su tacto por el brazo de la otra, en un suave movimiento, que las drenó de una entusiasmada emoción.
Incapaz de contenerse, la guerrera derivó las caricias a su cintura, apresándola contra su cuerpo y percibiendo su ardiente piel contra la suya. Gabrielle observó el agarre, con la mirada perdida, hecho que no pasó desapercibido por su acompañante, que atinó a sujetar su nuca unos instantes y ascender hasta su mentón, arrimándola más hacia ella.
Su vista quedó clavada en esos labios, que anhelaban ser domados, pero la rubia la distrajo, acariciando su cuello con el dorso de su mano, provocando ante el placer de su suavidad que lo estirase hacia atrás, ansiosa de sentir más el contacto.
Tratando de mantener la compostura, se apartó un poco, para luego tomar su cabello de atrás y comenzar a girar con ella en un lento baile.
Todo parecía premeditado, planeado...pero eso estaba lejos de la realidad. Solo se dejaban llevar, percibiendo la música en sus ahora, completamente oscurecidas almas.
Para su mala suerte, Virgil las interrumpió, tomando a ambas de los hombros y acercándose peligrosamente a sus propios labios.
Acto que de inmediato fue impedido por la mano de la bardo, que lo alejó de su cuerpo y se lo llevó al sofá con intenciones de continuar lo anterior.
Sabía bien que Xena solo trataba de provocar a Lucifer -que parecía estar funcionando, ya que este temblaba de exitación en su lugar- y en realidad, no quería nada con ella.
No debía ilusionarse. En su estado actual, eso sería una perdición.
La morena observó con una mezcla de tristeza y furia como se alejaba con aquel joven, que no la merecía.
Sus ojos quedaron inmersos en la escena que nuevamente, no tenía ganas de ver.
Si en algún momento pensó que la maldad la había domado, estaba equivocada. Nada se comparaba a lo que sentía ahora. Siquiera su antiguo yo.
Con los puños cerrados fuertemente, y sin meditarlo más tiempo, se acercó a paso firme hacia ellos, quedando parada frente a esa lujuriosa escena, que su mente trataba de evitar.
Virgil se encontraba sobre el cuerpo de Gabrielle, besándola con hambruna, y esta se dejaba...parecía estar disfrutándolo.
Sus pensamientos se nublaron. Nunca se había sentido tan iracunda en su vida. Definitivamente no iba a permitirse ver aquello un segundo más.
Un pequeño tacto en el hombro del muchacho, le hizo detenerse, para luego darse vuelta y encontrarse con su firme mirada.
-¿Me permites?
La observó de arriba abajo, confundido y de mala gana, al igual que el rostro que se encontraba debajo suyo.
-¿Qué?- atinó a contestar, con una clara indirecta de que su presencia, estaba molestando.
-Vete.- dijo, de una manera tan autoritaria, que no tuvo más remedio que obedecer.
Siguió su ida con los ojos, esbozando una triunfal sonrisa, pero esta fue desdibujada de inmediato por su amiga.
-¿Qué pretendes?
Aquella cuestión la saco de sus cabales. ¿Acaso le molestaba el haberla interrumpido? ¿Realmente deseaba concretar las cosas con él?
Sellando su habla, se recostó a su lado con una sugerente lentitud, apoyándose sobre su codo y dejando su rostro a escasos centímetros de la ahora, anonadada bardo.
-¿Qué pretendo?- repitió, deslizando los dedos por sus rubios cabellos -marcar mi territorio, eso pretendo.
Su corazón palpitó con fuerza, al escucharla -¿Q-Qué?
-No quiero que te toque...- sentenció, derivando sus caricias a sus mejillas, para luego destinarlas a sus cristalino cuello, provocando que un ahogado jadeo quedase atragantado en su garganta.
-Déjate de tonterías- murmuró con dificultad, perdiéndose en sus ojos -¿No tienes trabajo que hacer, como seducir a Lúficer?
Soltó una carcajada, ante su comentario -Ese ya ha caído a mis pies...
La amazona mordió su propio labio inferior, con una sonrisa indescifrable.
-Eso veo, "tu actuación conmigo" sirvió bastante...- soltó aquello, con un leve enfado y desligándose de su agarre.
Xena la contempló en silencio. Parece que su mente todavía funcionaba... Celos...sí, eso es lo que sentía su compañera. Y claramente, podía provecharse de eso.
Gabrielle, con intenciones de alejarse, trató de incorporarse, pero unos rudos brazos se lo impidieron, tomando sus muñecas y estampándola de nuevo contra el sillón.
Al percibir su voluptuoso cuerpo sobre el suyo, quedó pasmada en su lugar.
-¿Actuación?- musitó, chocando su aliento contra el de ella -no sé de qué me hablas, sabes bien que eso no fue planeado...
Desvió la visión, con un notable sonrojo -Deja de usarme para tus propósitos...
La morena arrugó la frente, debido a su desconfianza, para luego liberar una de sus manos y sujetar su mentón con rudeza, incitándola a mirarla de frente.
-Como te atreves...
La amazona se perdió en sus ojos, al mismo tiempo que un miedo comenzaba a florecer en su corazón. En la mirada que se reflejaba, ya no se podía vislumbrar la típica amabilidad y cariño que esta le dedicaba día a día.
-¿X-Xena?- emitió, con una mezcla de temor y excitación, que comenzaba a recorrerla.
-¿Cómo eres capaz de pensar que te usé para tal propósito?
Tratando de encontrar su voz perdida, se defendió -¿Entonces por qué lo hiciste?
Su vista se acobardó un poco, debido a su cuestión, derivando a un lugar que en vez de calmarla, despertó sus más escondidos deseos. Su torso...su blanca piel...todo en ella era hermoso y perfecto.
-Porque no soportaba un minuto más verte con él.
Su voz grave y susurrante definitivamente la sacó de sus cabales. No podía ser cierto. Se negaba a creerlo, más con su amiga en un estado de completa locura.
-Pero veo que te he molestado- continuó, en un sugerente murmullo, desplazando la mano por su pecho lentamente, hasta llegar a su vientre y formar círculos en él.
La bardo chocó los dientes, sintiendo arder la zona donde su guerrera estaba jugando.
Destruyendo aun más su inocencia, la morena se dirigió a su lóbulo con cautela, para luego lamerlo con hambruna.
-X-Xena... ¿Qué hac-
-Veo que resultaste más puta de lo que pensé...- la interrumpió, con un obvio rencor, pero sin desvanecer su seguro semblante.
Pero nada se comparó al enojo que nació en ella, al oírla llamarla de esa manera.
De inmediato la apartó, provocando que abriese los ojos de par en par, aludida. Aunque ese no fue el mayor problema, lo peor vino a continuación, cuando lo siguiente que sintió fueron sus dedos clavados en su rostro.
Se refregó la mejilla, con la mirada perdida en sus esmeraldas.
Se había pasado, definitivamente...la había cagado.
Sin embargo, más allá del dolor en su piel, lo que provocó que su pecho se achicase, fue observar en los ojos de su fiel compañera, unas lágrimas que empezaban a emerger.
-Gabrielle...- la llamó, arrepentida.
-¡Vete a la mierda!
Fue su única respuesta, mientras se levantaba con ímpetu y se alejaba a paso rápido.
Reaccionando al instante, se reincorporó con torpeza, persiguiendo su huida.
-¡Espera! ¡Era...era un chiste!
-¡Deja de seguirme!
-¡Lo haré cuando te detengas!- insistió, alcanzado su brazo y girándola hacia sí.
Otro furioso ataque se presentó, pero esta vez, logró esquivarlo, sosteniendo su muñeca con rudeza.
-¡No seas terca!- vociferó, tironeando de ella -¡Te dije que fue una broma!
-¡Sabes bien que no lo fue! ¡Te conozco demasiado como para que me mientas en la cara!- la contradijo, soltándose del agarre -No sé por qué me agredes así, pero lo único que si sé, ¡Es que no lo merezco!
Xena clavó su vista en ella, perdiendo la poca paciencia que le quedaba. Ya no toleraba más aquellas incertidumbres...aquellos pecadores sentimientos que la torturaban todos los días. Su amiga estaba desatando unas descontroladas emociones, que ya no podía apaciguar, ni quería.
Había tocado fondo, y eso...le encantaba.
Era el fin, había sucumbido a las tentaciones del infierno.
-¿No lo entiendes?- retomó su habla, con una sarcástica sonrisa -¿No se te viene una puta idea a la cabeza de lo que me sucede?
Gabrielle retrocedió unos pasos, debido a su inesperado cambio de humor. No parecía ser ella misma...más bien, parecía ser la antigua Xena.
-Quizás deba mostrarte de la manera difícil para que lo entiendas...- continuó, sujetando su cintura en un arrebato, y estampándola contra una columna.
Observó su situación desde afuera, incrédula de creer en ella. La morena pegaba cada vez más su cuerpo al suyo, tanto, que podía sentir sus caderas chocando con las propias. Se encontraba acorralada.
Sus ojos ascendieron titubeantes, situándose en los oscurecidos de su compañera.
-Xena...
-Te lo demostraré...no podrás escapar, Gabrielle.
Capitulo 7 entregado! Nos vemos en el próximo ;)
Saludos!
