El peligris de ojos sin emoción había aparecido en escena Kuroko iba a alejarlo tomando una de las herramientas para modelar figuras para pastel cuando sin querer tropieza hacia adelante.
Mayuzumi tratando de sujetarlo hace que el peliceleste caiga sobre este y justo sobre sus labios cuando aparecía Kagami con las compras.
— ¡¿Qué demonios significa esto Kuroko?! —Grito furioso el tigre mirando la escena.
—Kagami-kun no es lo que imaginas…
— ¿Y quieres que imagine? ¡Los acabo de ver besándose! ¡No puedes desmentirme lo que acabo de ver!
—Eres un idiota. —Hablo Mayuzumi con su voz calmada de siempre, lo cual irritó aún más al tigre queriendo estamparle un puño en la cara. —No sé qué vio Kuroko en ti.
—Kagami-kun es la persona que amo, es la única persona que puedo amar Mayuzumi-san.
El tigre hace un gesto despreciativo mirando al fantasma.
—Sí, me amas tanto que aprovechas que estoy solo para besarte con otro.
Sonó un bofetón que resonó por toda la habitación y un poco más allá.
—Si tan poca confianza me tienes creo que es mejor que dejemos la relación hasta acá Kagami-kun. Si realmente confiaras en mi te hubieses dado cuenta que fue solo un accidente.
Apenas dijo eso se marchó indignado de allí.
Mayuzumi se quedó mirando de reojo al tigre quien quedo un poco impactado ante la acción hecha por el fantasma.
—Aun no comprendo porque quiere a un insensato como tú—Diciendo esto el peligris se marcha también de aquel lugar.
En el fondo el peligris había aparecido por si tenía al menos una vaga esperanza, pero se notaba que todo estaba perdido en ese momento. El fantasma ya estaba unido a esa persona, aunque quizás no aun físicamente pero sus corazones sí.
El primer impulso de Akashi fue abrazar de manera posesiva y muy afectuosa a su cachorro firmemente y no soltarlo jamás, tenía tantas ganas de sentir su olor junto al suyo y eso fue lo que iba a hacer inmediatamente, pero se refrenó así mismo pues tenía muchas preguntas en su cabeza en ese momento y necesitaba al menos una explicación.
—Kōki ¿Puedes explicarme que pasa? ¡¿Por qué Haizaki me hizo creer que te tenía secuestrado?!—Se alteró un poco pensando que el cachorro estaba involucrado en esa cruel broma. Pero este cuando iba a hablar le interrumpió el peligris.
—Porque me aburría. —Nijimura de manera impulsiva fue donde el peliplata y le pego en la cabeza. — ¡Ouch! ¡Eso duele!
—Te lo mereces. ¿Para qué haces esas tonterías? Creo que no te golpeado lo suficiente estos días para que entiendas que no debes hacer estupideces.
—Hey creo que era el mejor modo para que este supiese si aún Akashi le quería. —Dice tratando de excusarse antes de que le peguen. — ¿Qué método iba a ser más eficaz si no el de un supuesto secuestro? Además de que si este lo evitaba ¿No iría a ser lo mismo si el chihuahua regresaba?
Nijimura lo agarro a patadas.
—Eso. Solo. Les. Concierne. A. Ellos. Estúpido. —A cada palabra el de cabello azabache le daba una patada a Haizaki por meterse en un asunto que era solo cosa de esos dos.
—Nijimura-senpai ¿Qué hace usted acá? —Pregunto el pelirrojo esquivando de nuevo a su pareja casi a propósito sintiéndose extraño al sentir la presencia, es que en verdad, se sentía un poco culpable de que Furi se fuese.
—Estaba con Kōki y otros chicos, deberías darle un premio a tu pareja a pesar de tener esa carita indefensa muchas veces nos mantuvo a raya…Es un chihuahua fuerte.
— ¿Ah? —Sintió una oleada de celos. SU chihuahua estuvo rodeado de chicos. Iba a decir más cuando fue jalado de las ropas y besado casi con fiereza por su cachorro que estaba hambriento de amor, del amor que solo podría proporcionarle su león.
Seijūrō no se había dado cuenta de cuanto necesitaba en realidad a su pareja sino hasta ahora, se dejó llevar abrazándolo fuertemente besándolo con el corazón a mil con tanto brío como una manada de caballos dentro de su pecho. Eran miles las emociones que estaban volviendo a él más potentes que nunca.
Apenas si se habían separado para respirar cuando el pelirrojo estaba buscando sus labios otra vez, necesitaba más de Kōki, necesitaba sus besos fundirse en él, todo su chihuahua lo llamaba, su olor le tentaba como nunca. Su pareja correspondía sintiendo una extraña necesidad de que su león lo tomase allí mismo ¿Estaba en celo? No lo sabía pero sentía que se volvía loco si lo separaban de su pareja en ese momento. No podía dejar de besarlo ni de pegarse a él como en una necesidad tan básica como respirar. Furi había sentido celos cuando hablaba con Nijimura y beso impulsivamente a su pareja, pero no se había dado cuenta cuanto era necesario ese beso, necesitaba al león como si del oxígeno se tratase, más incluso.
Se separaron apenas para respirar, se miraban fijamente sin prestar atención a nada más. El pelirrojo apenas teniendo un poco de cordura en ese momento y sobre los labios de su pareja dijo:
—Te extrañe tanto amor—Lo beso tiernamente mirando a esos hermosos ojos cafés que lo tenían con el corazón a mil. El pelirrojo de nuevo había fusionado sus dos personalidades que se habían separado al estar sin el chihuahua—Pero si seguimos terminaremos haciéndolo aquí.
—Házmelo Sei…házmelo como nunca quiero sentirme tuyo—Eran sus instintos animales quizás o el no verse tanto tiempo, pero sentía que cosas como la timidez o los prejuicios no existían en ese momento.
Nijimura tosió ruidosamente haciendo que el par de enamorados lo mirasen como si hubiesen salido de un hechizo con algo de pena al recordar que los estaban viendo.
—Ya sé que necesitan sus momentos a solas porque se extrañaban, pero creo que deben sacar a los policías y a las personas que vinieron aquí antes de que sigan en lo que estaban. Cuidaré que Masaaki esté bien cuidado cuando terminen Kōki, Akashi. —Saco a rastras a Haizaki quien estaba lleno de chichones proporcionados por el doberman.
—Mi esposo también es un Akashi—Dijo el león agarrándole el trasero suavemente a su cachorro quien se sobresaltó con la caricia apenas si tomando distancia de él. —Bien, vámonos cariño. Tenemos que ir a reconciliarnos en un lugar donde no nos molesten.
—S-si Sei. —Beso a su pareja en la mejilla quien con ese acto pequeño sintió que el corazón se le iba a salir del pecho ¿Era normal sentir como si se estuviese enamorando de nuevo de la misma persona otra vez?
—Pues sí, me molesta no tener pareja…pero aprendí que no podría formar parte de la familia de Furi y su pareja, si quizás hubiese llegado antes quien sabe si me hubiese aceptado en vez de ese chico millonario y presumido. — Fukuda inflo las mejillas de manera indignada acordándose y comiendo un helado mirando al del lunar de reojo. —Es triste cuando las cosas no salen como las planeas.
El lince miro al cielo de manera algo silenciosa acordándose también de aquella persona que quería pero que con la que tampoco parecían avanzar las cosas.
— ¿Quisieras trabajar con nosotros? Kōki tiene a su pareja y hace tiempo que no viene, además necesito un amigo.
—No creo que resulte a diferencia de Furi-chan yo no sé cocinar Himuro-san, hasta incendie sin querer la mansión de Akashi por completo cuando traté de hacerlo.
El del lunar le dirigió una sonrisa y le palmeo suave y comprensivamente un hombro.
—Nunca es tarde para aprender además piénsalo es mejor hacer algo nuevo y distraerse con eso que estar triste sin hacer nada productivo.
— ¡Tiene mucha razón! —El chihuahua de cabello oscuro pareció reanimarse de pronto.
Himuro de reojo vio a un chico corriendo por la calle… ¿Seria Kuroko? Pero ¿Qué habría sucedido?
Mientras que por otro lado de la calle un pelimorado había visto a Himuro y Fukuda conversar animadamente como si fueran amigos de toda la vida y un extraño sentimiento entro en su pecho. Primero lo de Kiyoshi y Hanamiya ¿Y ahora esto? ¿Las personas que amaba estaban alejándose de él definitivamente?
Era su culpa por ser un maldito indeciso, por tener el corazón divido. Pero todos saben que para ganar algo a veces es necesario perder algo y no se puede tenerlo todo. Realmente no se puede complacer a todos, ni siquiera a ti mismo, siempre la balanza se ira a algún lado. El oso realmente de a poco y de la manera más dolorosa estaba aprendiendo lo que significaba eso. Aun así aunque su instinto le pedía ciertas cosas quería estar ciento por ciento seguro de lo que le ocurría en ese momento necesitaba que alguien lo aconsejara antes de dar el siguiente paso a seguir.
Tuvo que hacer que los emperadores se quedaran en la habitación contigua a la del hotel que decidió reservar para estar con Kōki para conversar con ellos después de ese asunto tan importante del cual habían estado hablando, postergaría todo por su pareja. Haciendo que Haizaki les tuviera que explicar todo a los policías que habían estado esperando atrapar al supuesto secuestrador del chihuahua. Aunque el peligris de alguna manera se lo había ganado.
Durante todo el trayecto al hotel las manos de ambos estuvieron sujetas la una a la otra. No querían hablarse aún, querían estar solos en ese momento cuando pasara. Y si se hablaban, sentían que se terminarían entregando ahí mismo en el auto donde estaban sin poder contenerse enfrente de nadie ni importándoles tampoco. Pero lamentablemente Seijūrō no había venido solo. Sentían el león y el chihuahua sus corazones muy acelerados y deseosos el uno del otro. Hacia tanto que sus aromas no estaban mezclados, hacia tanto que no había contacto alguno entre ellos y ahora los cuerpos de ambos hervían, un deseo se hacía cada vez más insostenible a medida que pasaba el tiempo entre ellos.
Apenas si estuvieron solos cerraron la puerta y se besaron como nunca, saboreando sus lenguas, jugueteando con ellas y su saliva, recorriendo sus bocas mutuamente con pasión, desesperación, no necesitaban nada en el mundo excepto a ellos mismos en ese momento ¿Qué era lo que los dominaba en ese momento? Ni siquiera ellos lo entendían ni querían entenderlo. Solo sentían que querían más que era molesto hasta separarse para respirar en ese instante solo querían besarse hasta que no pudieran más, hasta que el mundo acabase, disfrutando del roce de labios, el tacto de sus lenguas, todo los estimulaba a niveles no pensados en ese momento.
Más pronto que tarde la ropa también se convirtió en un estorbo para ambos casi de manera salvaje se empezaron a sacar esta, en cuanto más se tocaban necesitaban sentir más tocar más piel desnuda, recorrerse como nunca lo habían hecho. Seijūrō beso el cuello de su esposo con muchas ganas dejándole algunas mordidas entre fieras y juguetonas, queriendo marcar su piel pero besándola pronto mientras este le dejaba chupones en su hombro.
Kōki sin poder aguantar más llevado por lo excitado que estaba, tomo de los brazos a su pareja llevándolo con él mientras se caían sus pantalones que había desabrochado su león previamente, el cachorro se bajó los boxers color rojo oscuro sentándose en la cama y ofreciéndose descaradamente a su pareja separando sugerentemente las piernas para ser penetrado. Aunque tenía algo de vergüenza por mostrarse tan atrevido sentía que todo su cuerpo ardía de lujuria y que su cuerpo se sentía preparado para ser penetrado húmedo y lubricado como si estuviese en celo.
Por su parte Seijūrō al tener esa visión su miembro reacciono casi con dolor de lo rápido que se irguió se acercó inmediatamente a su pareja colocándolo mejor en la cama y mientras sostenía una de sus piernas lo penetro de golpe pues no podía contenerse tampoco estaba desesperado. Aunque apenas si lo sintió no pudo evitar hacer un fuerte sonido de gusto al mismo tiempo que Kōki, lo necesitaban, en verdad que necesitaban hacerlo después de tanto. El león tomo los labios de su amado muy amorosamente mientras embestía dentro de este como desesperado, casi como si estuviese abusando de este. Kōki movía sus caderas buscando más del miembro ajeno que prácticamente entraba sin piedad a su agujero y que rozaba su punto más sensible y abusaba de este Sin embargo aunque querían besarse los gemidos y gritos de lujuria de ambos resonaban en ese lugar. Tenían tanto que decirse, tanto que contarse sin embargo la pasión había hablado en ese momento en primer lugar.
Seijūrō tomo ambas piernas de su amado y las subió para que el culo de este estuviese más alto y follarlo más profundo. El chihuahua a estas alturas ya no gemía, gritaba, quería que lo cogiera con furia, como si lo violara y el león aunque temía destrozarlo le hizo caso pues estaba nublado por lo que sentía en aquel momento. Ambos se movían con furia animal y acabando en un orgasmo tan explosivo y placentero que las piernas de ambos tiritaban como si fueran gelatina al acabar.
Kōki sentía el caliente semen de su pareja dentro de él con un extraño placer cuando fue llenado de este líquido. Aun podía sentir el miembro caliente dentro de este, tenían que esperar a despegarse, sin embargo, no quería que su pareja se separase de él aún.
—Sei…te extrañaba…tanto…—Decía apenas mientras resollaba — Quería…tanto…verte. —Tomo el rostro de su amado y lo beso cariñosamente lleno de amor en ese acto, este correspondió con las mismas ganas.
—Eh sido…un…idiota…Kōki…te aleje de mi…nunca…debí…hacerlo.
—Fui…yo…el que decidió irse, pero no quiero que Sei me odie.
El león abrazo afectuoso a su pareja acariciándole el cabello con mucha ternura.
—Kōki, soy yo…el que debería decir eso…no quiero que me odies.
—Como si pudiese hacerlo, yo nunca podría odiarte…—Abrazo con las piernas a su pareja y apretó intencionalmente su interior cuando sintió que el pelirrojo iba a salirse de él, tratando de retenerlo. —Eres mío.
— ¿Qué haces? —Aunque si, sabía perfectamente las intenciones de su amado y eso le estaba excitando de nuevo haciendo que se relamiese los labios.
—Quiero más amor de mi león—Aflojo y volvió a apretar sus interiores sintiendo que de a poco volvía a sentir el miembro de su esposo duro dentro de él nuevamente. Solo en ese momento se separó de este para ponerse en cuatro. — ¿No quieres?
—Deja de ser tan sexy—Se froto leve en el trasero de su pareja antes de meter la punta y empujar hacia adentro introduciéndose de una vez haciendo que su esposo chillar de gusto, aunque era casi como si el interior de su cachorro absorbiera su miembro, se sentía tan bien y prácticamente era como si hacerlo con su pareja fuese una necesidad tan básica como la de respirar.
Ninguno de los dos podía controlarse, Seijūrō agarraba de las nalgas a su pareja mientras lo penetraba con embestidas energéticas que azotaban el trasero del chihuahua quien movía este y sentía los vellos púbicos pelirrojos haciéndole cosquillas en cada embestida fuerte y profunda que le hacía estremecer, gritar, gemir por más, gemir por el hombre que le hacía suyo.
A Kōki le gustaba en esa posición porque le daba aún más profundo que en otras posiciones y estaba disfrutando mucho que lo follase así tan salvajemente. El no verlo tanto tiempo hacia que quisiera que lo tratase un poco mal por irse, quería que lo marcase tanto con su olor como pudiera, sentirse casi violado, que le llenase el culo con su semen, que le dejara claro que el único dueño de su cuerpo era su león y solo él.
Volvieron a correrse, aunque esta vez Kōki solo se corrió cuando sintió el semen de nuevo llenándole las entrañas solo ahí el soltó su propio semen en las sabanas de seda sin sentirse culpable de nada, se sentía mucho mejor ahora. Seijūrō beso su nuca con mucha ternura para luego que se recostaran mientras esperaban de nuevo que se despegaran.
—Kōki…te amo. Esta vez no te voy a soltar nunca. —El pelirrojo alcanzo a decir antes de quedarse dormido abrazando a su pareja quien también apenas cerro los ojos se quedó dormido.
Aunque apenas si habían cruzado un par de palabras y que quizás tendrían mucho que conversar al día siguiente por el momento sus necesidades más básicas habían sido cubiertas de momento.
Despertó y se desperezó con algo de dolor de cabeza. Sintió un ruido de su celular que por suerte estaba justo a su lado. Bien, todo salió mucho mejor de lo esperado, ese mensaje significaba solo una cosa: Las cosas habían salido como las había planeado desde un principio.
Se sentó en la cama de manera impulsiva y sintió un dolor en su trasero, horrorizado se tocó hacia abajo, pero no habían rastros de semen, eso era bueno, no quería ser marcado. Pero su dolor solo significaba una cosa: Se había acostado con esa persona, con quien odiaba ¿Cómo podía haber sido posible? Sabía que sucedería algún día pero no tan pronto.
Miro a su alrededor ahora que lo notaba el dormitorio donde estaba era enorme, más grande que algunas casas que ha visto sinceramente.
Sin embargo al mirar a su lado no se encontró con el culpable. ¿Qué acaso solo lo único que había buscado con él era un poco de sexo y nada más para dejarlo ahí como cualquier cosa? Hasta en cierto modo se sintió un poco mal de que no hubiese sido marcado ¿Qué estaba diciendo? ¡Mucho mejor que no lo marcaran! No quería sentirse como una cosa o propiedad de alguien.
Busco su ropa pero no estaba por ningún lado ¿Qué demonios?
—Kaoru~—Apareció el hombre que odiaba llegando de darse una ducha matutina—Espero que haya dormido bien. Pedí que trajeran el desayuno ¿Desea darse una ducha?
—Deme mi ropa, yo me voy de aquí...
El león se acercó a él y acaricio el rostro del mayor de los Furihata quien rechazo su mano casi con asco.
—Déjeme en paz Akashi Masaomi, ya tuvo lo que quería. Basta de fingir.
—Ayer lo que menos decía era que lo dejara…
Los colores le subieron al rostro del chihuahua recordando un poco de cuando se había acostado con aquel hombre, había dicho tantas tonterías, cosas mezcladas con el efecto del alcohol y sus necesidades de cariño que hacía mucho tiempo necesitaba, por ser un Omega era un ser dependiente emocionalmente. Se odiaba tanto en ese momento por mostrarse vulnerable y con quien menos quería.
—Estaba borracho eso no cuenta. Lo dije solo para tener un poco de sexo y que me dejase en paz. Solo hagamos de cuenta que nunca paso.
—Yo no lo quiero olvidar, es más pase la mejor noche de mi vida —Lo miro con más afecto que nunca. — Quiero que sea mío.
—Ya fui suyo físicamente, no veo el interés de seguir ¿Acaso quiere más?
—Ahora quiero mucho más, usted es digno de ser mi compañero de vida ¿Se casaría conmigo? —Tomo sus manos y se las beso cariñosamente. —En esta casa jamás le faltaría nada ni siquiera necesitaría dedicarse más a ese trabajo que le quita tantas horas, quiero que sea mi esposo.
— ¿Eh? ¡¿EEEEH?!
Ante el beso Daiki no había sabido cómo reaccionar, no le había desagradado pero fue tan extraño ¿Por qué tenía esa sensación extraña en el pecho? ¿Quién era esta persona que provocaba esas emociones intensas en él? Por un momento pensó que sabía quién era esa persona, pero no, no podía recordarlo. Pero quería en verdad recordar aquellos ojos miel, realmente no podía ser posible ¿Por qué no podría recordar a una persona que supuestamente es tan importante? Porque él sabe que de algún modo esa persona es importante para él, pero no entiende al mismo tiempo porque esa persona que tiene en frente es importante para él.
Ryōta hizo el impulso de huir en cuanto se dio cuenta de lo que había hecho, es que ya su nivel de estupidez estaba sobrepasando los límites, sin embargo fue retenido por el moreno con fuerza. No lo dejaría huir. No así hasta que le diga lo que él quiere saber.
—Dime quien eres por favor.
—No puedo, en verdad no puedo hacerlo, qué más quisiera pero no puedo, tienes que hacerlo por tu propia cuenta Aominecchi.
— ¡Tsk! ¡Estoy harto de escuchar eso! —Resoplo con absoluto fastidio— ¿Por qué te cuesta revelar tanto lo que yo no puedo recordar? ¡No puedo recordar absolutamente nada y me enoja eso maldición!
El rubio se acercó a él y le acaricio el cabello.
—Prometo hacer que pronto recuerdes, te lo prometo.
Kise ahogo unas lágrimas y las ganas de gritar ahí mismo, la desesperación que sentía en ese momento.
Tenía que tener esperanzas, no podía dejar que todo muriese de esa manera.
—Cuando eso pase…quiero que seas mi pareja. No, más que eso quiero que te comprometas conmigo.
— ¿Ah?
La lluvia había empezado a caer y el corrió desesperado buscándolo, después de todo Kuroko no había hecho nada malo. Se lo había explicado en ese momento, sin embargo no lo encontraba ¿Dónde estaría? ¿En qué parte se habría escondido?
¿Acaso perdería a quien amaba después de todo solo por una estupidez del momento?
Los celos son malos, pero a veces te hacen hervir la sangre y se vuelven incontrolables. Ah en verdad había luchado mucho para que Kuroko fuese visible y lo dejaba ir así como así, en verdad que era idiota.
La lluvia ya lo tenía todo mojado, él la odiaba, nunca le había gustado, pero en ese momento sí que la detestaba pues parecía que entre más buscaba al peliceleste está más se intensificaba. No quería parar de buscarlo. Aunque solo se devolvería para buscar un paraguas y ropa adecuada, también ropa para cuando encontrase a su chico fantasma que en ese momento se había refugiado en la casa de Midorima, esperando que Takao ni el peliverde no le dijesen a nadie donde estaba en ese momento.
