Heart of darkness II
Los aldeanos continuaban festejando, sin enterarse de que en un lugar apartado, dos mujeres se enfrentaban entre sí, en varios sentidos.
-¡Xena, detente!- sentenció, apartándola con las manos, pero estas fueron tomadas y estampadas sobre su cabeza al instante.
-No.
Solo eso dijo, al mismo tiempo que su mirada se perdía en sus labios, relamiéndose los suyos propios en el acto.
Gabrielle no quería aquello... no de esa forma, no con Xena poseía por la maldad.
-No sabes lo que haces- continuó, tratando de zafarse, en un inútil intento -estoy segura que en tu estado actual te tirarías a cualquiera- agregó, con una firme pero dolorosa sonrisa.
La morena frunció el ceño, mientras su corazón no tardaba en impregnarse de un punzante dolor.
-Esa eres tú...- soltó, iracunda -¿Acaso no estás en la misma que yo?
La amazona chocó los dientes, impotente. En un último intento de escapar y sin previo aviso, le dio una patada, pero esta fue atajada por su mano, que de inmediato, aprovechando su movimiento, se instaló en su muslo, y comenzó a ascender por este, adentrándose lentamente en su pollera.
-No pensé que fueses tan atrevida, Gabrielle... mostrándome tus partecitas así... - susurró, sugerentemente.
-¡D-Déjame!- vociferó, casi en un ruego, con la respiración entrecortada, debido a la excitación inminente que empezaba a recorrerla, a pesar de no querer aceptarla.
La guerrera solo atinó a acercar más su rostro, sosteniéndose sobre la pared y juntando más sus cuerpos -Oblígame.
Desvió el suyo, impidiendo que tomase el control -Si Lucifer te ve...el plan se vendrá abajo...
-No me importa- contestó, sujetando su mentón y girándolo hacia ella -te deseo, Gabrielle...
Su corazón palpitó con tal fuerza al escucharla, que creyó que se escaparía de su pecho.
-N-No lo haces, solo estás poseía por la maldad...
-Lo estoy, al igual que tú- musitó, dibujando una sensual mueca -pero eso no quita que lo que siento no sea verdadero...
-¿Verdadero?- repitió con ironía, reprimiendo sus lágrimas -Tú no sabes lo que sientes...
Era el colmo. La bardo no parecía querer comprender, y como consecuencia, la impotencia en su ser se hizo más intensa, desatando sus más escondidas emociones.
Con una mirada inmersa en la oscuridad, tomó su rostro con mas rudeza -No me importa lo que creas, te haré mía, aquí y ahora.
Debido a su latente amenaza, quedó pasmada en su lugar, mientras su sollozo se hacía más audible -Maldita...
-Esa es mi línea.
-¡Déjam...!
No pudo terminar, ya que lo próximo que llegó a percibir fueron los carnosos labios de Xena, arrebatando los suyos, con una pasión desmesurada. Los degustaba a su antojo, lamiendo cada uno de ellos.
A penas pudo emitir un ahogado grito, ya que ahora los dientes de su compañera se encontraban atrayendo hacia sí su labio inferior.
Sus ojos se entrecerraron, al sentir una electricidad comenzar a recorrerla.
-Sé que me deseas...- ronroneó, dentro de su boca.
Su afirmación, fue la pauta que terminó por desatar su locura reprimida, debilitando su convicción.
Con la respiración agitada, la guerrera abandonó la unión, quedando a escasos centímetros de ella.
Sus sonidos jadeantes delataban sus estados, rebotando en aquel pecaminoso sitio.
Gabrielle la miró con deseo, haciéndole perder la poca sensatez que le quedaba.
-Me las pagarás por esto...
Xena, sonrió complacida por sus palabras y sin perder más tiempo, sujetó su suave cabello y la atrajo de vuelta, chocando sus labios de una forma más ruda, y entreabriéndolos en el acto, mezclando su aliento con el suyo.
Entendiendo su mensaje, y ahora con el solo pensamiento de dejarse llevar, la imitó, dejándole libre el paso.
Al sentir su cálida y dominante lengua enredándose con la suya, un hormigueo en su cuerpo empezó a recorrerla, sin darle descanso alguno.
Los gemidos sofocados se hacían presentes, derivando la mente de ambas a un éxtasis absoluto.
El beso se tornó apasionado, anhelado. Lo deseaban desde hacía tanto tiempo... que ninguna de las dos podía separarse.
La resonancia de sus desmesuradas respiraciones las incitaba a más, perdiéndose en la lujuria y el gozo de sentirse por primera vez completamente.
-mmhh...- oyó casi en un eco, el grave jadeo de la morena.
Sus pupilas se agrandaron al instante. Ya no había vuelta atrás. Lo que su amiga deseaba...se lo daría.
Con la consciencia apagada, enredó los brazos en su cuello, atrayéndola más. Xena, por su parte, se sostuvo de su cintura, casi temblante, tratando de controlar sus impulsos. Sin resultado alguno, ya que su mano empezó a descubrir lentamente su piel, rasguñando su espalda en el trayecto.
Ante la falta de aire se apartaron, pero sin darle tiempo a escapar, la guerrera atrapó su cuello, mordisquéandolo, dejando su marca en el.
-Ah...Xena...
Escuchar su nombre siendo llamado de tan provocativa manera, fue su perdición.
Sus manos perdieron totalmente el control, moviéndose con desesperación por su espalda y resbalándose por ella, topándose con su voluptuoso trasero.
-mmhh...Gabrielle...- ronroneó, agitada, aferrándolo con ímpetu y deslizándose por él con sus palmas, en tortuosos círculos.
La amazona se escondió en su cuello, rogando porque aquel placentero tormento terminase.
Estaba perdiendo el control, y no podía hacer nada para evitarlo.
Pero al contrario de sus plegarias, Xena se sujetó con más fuerza, y la elevó contra ella, dejándola colgada de sus caderas.
De inmediato se apresó a su cuerpo con sus piernas, volviendo a sus carnosos labios unos segundos, para luego separarse y esquivar, a propósito, el ansioso tacto que su amiga deseaba sentir en su boca.
-Deja de torturarme...- susurró la guerrera, con la mirada oscurecida.
-Tú lo has hecho por años.
Sonrió con perversidad, ascendiendo una de sus manos, hasta atrapar su rostro -¿Y tú no lo has hecho? ¿Solo piensas en ti o qué?
-No hice nada más que acompañarte en todo...
-Excepto en lo que más deseo.
-¿Y eso...qué es?
La morena mordió su propio labio, detallando los suyos y respirando con dificultad -Poseerte.
Sin darle una nueva posibilidad de huida, atrapó su boca, mientras su mano atajaba su nuca, aproximándola e intensificando el encuentro.
-Dioses...eres tan deliciosa- musitó, dentro de la unión, degustándola.
Aplastó más su cuerpo contra el de ella, logrando que su bardo emitiera un placentero gemido. Como consecuencia, su corazón latió con rapidez. Su voz la enloquecía.
-Sigue así y dentro de poco habrás deseado jamás conocerme...- le amenazó con sensualidad, mientras sus manos rodeaban su cintura, elevándose por esta con sigilo.
Las yemas de sus dedos gozaron con la suavidad de su piel, antes de encontrarse con sus debilidades.
Gabrielle, entre pasmada y ruborizada, detuvo su andar con las suyas -¿Dónde crees que estás tocando?
Xena le guiñó un ojo, de manera burlesca -No te harás la difícil ahora, ¿Verdad?
-Soy difícil.
-¡Ja!- exclamó, y tomándola por sorpresa, comenzó a masajear sus pechos sobre la tela -¿Dónde?- susurró, cerca de sus labios.
Entrecerró los ojos, impotente -¿T-Te das cuenta que tardamos cinco años en hacer esto? ¿Sigues pensando que no soy difícil?- dijo, mientras su cuerpo se estremecía con sus eróticas caricias.
Como respuesta, se acercó a su oído, para luego lamer su lóbulo con lentitud -Admito que tienes un punto...
-Y s-si no fuera porque estamos poseídas, jamás lo habríamos hecho...
-Otro punto a tu favor- continuó, ahora mordisqueando aquel sensible lugar.
Perdida en lo que su amiga le generaba, estiró su cabeza hacia atrás, enredándose en su cabello, tratando de contenerse.
Debían detenerse, todo lo que estaba sucediendo era un gran error, del cual no habría vuelta atrás si lo conciliaban.
-Noqueé a tu hija...- emitió, en un vago intento de frenarla.
-Bien por ti. Estaba siendo demasiado molesta.
Esa contestación solo le recalcó lo perdida que se encontraba.
-X-Xena...para...tenemos que-
-Continuar...- la cortó en un jadeo, comenzando a adentrar sus dedos dentro de su provocativo top, logrando rozar sus firmes y suaves partes.
Sus labios se entreabrieron con placer, al sentir su húmeda piel contra su palma, pero eso duró poco, ya que Gabrielle, sorprendiéndola, se soltó de su agarre con torpeza, casi cayendo en el acto.
La atajó en sus brazos, pero el pataleo de la bardo no ayudaba a su equilibrio.
-¡Te estás pasando!- exclamó, logrando apartarse y dándose media vuelta, con intenciones de escapar.
Sin siquiera llegar a dar un segundo paso, sintió una fuerte mano robando su brazo.
-¿A dónde crees que vas, mi dulce bardo?- murmuró, tironeando de ella y acorralándola, estampándola de nuevo contra la columna, esta vez de frente.
-B-Basta...esto tiene que parar...- dijo, contra la pared, percibiendo como Xena se apoyaba sin pudor alguno contra su trasero, y dejaba reposar todo su cuerpo sobre el suyo.
-Solo pararé cuando te pruebe...
Sus ojos se abrieron de par en par, desorbitados -¿P-Probar qué?
Soltó una leve risita sobre su oreja, mientras una de sus manos se animaba a descender lentamente por su bien formado vientre, con intenciones de adentrarse dentro de su pollera.
-Me encanta que te hagas la inocente, Gabrielle...
Su respiración se descontroló al sentir sus dedos jugar cerca de aquella sensible zona.
-N-No... para ya...
La lengua de la guerrera recorrió su cuello, impidiendo su habla y provocando que sus ojos se cerrasen ante el placer.
-¿Por qué? ¿No es esto lo que hemos deseado todo este tiempo?- respondió, atrapando uno de sus atributos, y continuando su maquiavélica danza en su parte inferior, casi rozando su máxima debilidad.
Debido al deleite que ya no podía apaciguar, su cuerpo se arqueó. Xena, con la mirada perdida y tentada por todo su perfecto ser, abandonó su pecho para dirigirse hacia su trasero, situándose en el.
Lo impulsó hacia su propio cuerpo, logrando sentirlo en toda su totalidad.
-Ah... Gabrielle...- ronroneó contra el oído de una ya, hipnotizada bardo.
Sus dedos no tardaron en adentrarse en su pollera, reafirmando el agarre -Dime que me deseas...
La amazona negó levemente con su cabeza, por ende, solo consiguió, que la otra mano de su amiga, que aun se encontraba cerca de su centro, se animase a rozarlo con sutileza.
Sus ojos saltaron, con la misma rapidez que se cerraron de nuevo -X-Xena...
El aliento de la nombrada, agitado, acarició su cuello en un grave jadeo -Te quiero, Gabrielle...
Cuando pensó que todo estaba perdido, y que aquella mujer que tanto deseaba, emprendería su acompasado movimiento, que solo precedía su perdición, unos pausados aplausos detuvieron su acto, estremeciéndolas.
De inmediato posaron la vista sobre aquel Arcángel que las había interrumpido. La morena lo observó con un completo desprecio, mientras Gabrielle no sabía si agradecerle o asesinarle.
-Increíble espectáculo, chicas- soltó, con descaro.
La amazona, al instante se soltó de su aferre, y trato de huir de allí, pero una firme mano sobre su cintura se lo impidió.
Xena, sin quitar la visión de él, la acorraló más a su cuerpo, de manera protectora -¿Has estado espiándonos?
El muchacho sonrió, soltando una risita traviesa -Te dije que es mi trabajo observar.
Elevó una ceja, para luego dirigir su mirada unos segundos a la aturdida rubia entre sus brazos -¿Y te gustó el show?- se burló, volviendo su vista al joven.
La bardo sintió pesar en su pecho, al escucharla.
-Así que ella montó todo este numerito, para tentarlo aún más...- pensó, reprimiendo el llanto que quería desatarse en sus ojos hacía tiempo.
Antes de que Lúcifer pudiese contestar, se deshizo del agarre con rudeza, y con la cólera recorriéndole, le clavó una segunda cachetada, más potente que la anterior, en el ahora, anonadado rostro de su compañera.
-¿Gabrielle?- la miró, entre confundida y temerosa.
Solo consiguió que sus labios delinearan una fastidiosa sonrisa, que terminó por desmoronarla.
-Espero que estés feliz, Xena... como siempre, conseguiste tu cometido- soltó, con sarcasmo, dándole la espalda y yéndose a paso firme.
Estiró su brazo para alcanzarla, pero este fue detenido por otro, más robusto.
-¿A qué se refiere con tu cometido?
Posó su vista en el, intentando devolverle a su propio rostro la neutralidad. Pero era imposible. Gabrielle se había hecho una idea equivocada, y tenía que aclarárselo, con urgencia.
-Ya sabes...- retomó el habla, aclarando la garganta -mi cometido de poseer todo lo que deseo- finalizó, sonriéndole insinuantemente.
Tenía que terminar esa historia de una vez. Su preciado vínculo estaba en juego.
-Acompáñame- agregó, incitándolo con su dedo, y pasando adelante de él.
Sobre sus pasos, que se dirigían a la salida, no pudo evitar detallar su mano. Su mirada se perdió en ella, al recordar cómo había llegado al centro de su anhelo, al menos por unos momentos.
Perdida en sus recuerdos, llevó aquel dedo que invadió sin titubeos a su amiga, a sus labios y lo succionó con placer.
Sus párpados descendieron al degustar su afrodisíaco sabor, impregnado en él.
-Dioses, Gabrielle... me volverás loca...- meditó, llevando su mano a su frente, para luego refregársela con fuerza, intentando calmar su inminente excitación.
-No puedo creer que haya jugado así conmigo...- se dijo, Gabrielle, sentándose con desgano en una de aquellas mesas, pertenecientes al destruido bar de la madre de su compañera -y no puedo creer que yo haya cedido...
Su voz decayó varias octavas, ahogada por el rencor que le irrumpía.
Justo cuando pensó que el destino de su próxima cachetada derivaría a su propia mejilla, escuchó unos ruidos turbulentos a las afueras del lugar.
Se levantó velozmente, y corrió hacia la puerta. Al abrirla, pudo divisar como los Ángeles Miguel y Rafael desaparecían en el acto. Su visión se desplazó un poco más allá, para observar lo que menos quería ver. Xena besando a Lúcifer.
Su habla se atragantó con solo mirarlos. Con el odio transitando sus venas, agarró lo primero que encontró y se la revoleó a la morena. Esta solo atinó a detallarla de arriba a abajo, con arrogancia.
-¿Si?
Su reacción solo empeoró su temperamento. Por ende, sus pasos huyeron de allí, oyendo de fondo como está la seguía a grandes zancadas.
-Estaba en medio de algo, Gabrielle- acotó, entrando en la taberna junto a ella.
De acuerdo, no podía derrumbarse tan fácil, no le daría ese gusto. Este era el momento de demostrarle a Xena que la situación pasada con ella no le había afectado... Tenía que actuar normal, a pesar de sentir ahora, su corazón completamente roto y oscuro.
Pero este le daba una ventaja... la confianza. Nunca se había sentido tan superada y segura en su vida. Tan así era, que los pesares sentimentales desaparecían de una forma casi mágica.
-Se suponía que lo arrojarías por el portal.
-¿Si?- repitió, atando su vestimenta de cuero -bueno, él no estaba listo.
La amazona la enfrentó, clavando sus ojos en ella -Xena, nadie está listo para ir al infierno... ese es el punto...- susurró aquello último, de una sensual manera.
Su compañera la miró con cierto enfado -¿De verdad? Bueno, tú y Virgil parecían listos para incendiarse no hace mucho...
-¿Eso qué huelo son... celos?- pensó, comenzando a dibujar una confiada sonrisa.
-¿Ah, sí? ... ¿Y? ¿Acaso estás celosa?
La morena se mordió el labio, acortando un poco la distancia -Y si lo estuviera... ¿Qué?
-No tienes derecho.
-Has entendido mal las cosas, Gabrielle... yo no hice...- tragó saliva, juntando valor -lo que hice contigo, para atraer la atención de él.
-¿Ah, no? ¿Y por qué lo hiciste entonces?
Su inesperado tacto sobre su mejilla, provocó que casi saltase en su lugar.
Este era su momento... todo era perfecto para confesar lo que sentía por la bardo. Pero imágenes de ella y Virgil aparecieron en su cabeza sin darle respiro, imposibilitándole pensar con claridad.
¿Y qué tal si Gabrielle no sentía lo mismo? ¿Y si solo se estaba dejando llevar?
La inseguridad la estaba dominando.
-La maldad... el lado oscuro, ¿Es intoxicante, no es cierto?- señaló, cambiando el tema, incapaz de continuarlo.
La rubia, siendo consciente de que estaba evitando el rumbo de la conversación, largó un suspiro, para luego responder:
-Oh sí... es intoxicante- asintió, reafirmando su sensual gesto.
Si Xena no le brindaba las palabras que quería oír, por algo era. Tampoco podía echarle la culpa de nada. Ella también se dejó llevar... ¿Qué más podía hacer? Más que aceptar los hechos... los agonizantes hechos...
-Y... ¿Qué piensas hacer?- dijo, después de unos largos segundos.
Dudó unos instantes, antes de hablar -Tengo un plan, Eva... sin saberlo, formará parte de él. Espérame en el templo de Eli en una hora, ahí terminaremos todo.
-Bien- respondió seriamente, dándose media vuelta con intenciones de irse, pero la firme mano de su amiga impidió su andar.
-¿A dónde vas?
-A buscar a Virgil- dijo sin mucho reparo, tornando el ambiente pesado.
Juró notar un leve destello de tristeza en su mirada, pero decidió obviarlo, continuando su camino.
No iba a dejarse llevar, no de nuevo. Y menos por una Xena malvada.
Y allí estaba en el templo, junto a su amigo, esperando pacientemente a que Eva apareciera.
Parece que el plan se adelantó, ya que la joven hizo acto de presencia al poco tiempo de llegar.
-¿A qué has venido?- habló con sarcasmo, Virgil, aproximándose con una clara intención de noquearla.
-He venido por ellas...- señaló, con una tonada poco pacifista, unas espadas detrás de él.
-Lo siento, Eva. No puedo dejarte hacer esto- se acercó la amazona, enfrentándola.
-Gabrielle... por favor.
-No puedo permitir que descartes todas tus creencias por una crisis.
La menor frunció el ceño, perdiendo la paciencia -¡Mis creencias morirán conmigo si no envío a mi mamá por ese portal! ... Mira... lo único que queda de mi madre, es nuestro recuerdo de ella.
Gabrielle, apegada al plan, negó con el semblante, sin quitar su vista de ella.
-Si te importa un poco- prosiguió, encarándola -me ayudarás a enviarla a ese portal.
-Te ayudaré...- musitó, logrando que una sonrisa aliviada emanase de los labios de Eva, pero lo próximo que escuchó, la desdibujó en un parpadeo -¡LA TENGO!
Sus ojos se abrieron de par en par, sin poder creer que ahora, su querida tía, la estaba aprisionando, con una maligna mueca.
Xena apareció ante su alarido, seguida por el Arcángel.
Su madre la observó con desdén, deshaciendo sus esperanzas. El silencio las adornó. No podía creer que su progenitora estuviese sacrificándola. Se rehusaba a seguir formando parte de esa locura.
-¿No has aprendido nada en el tiempo que pasamos juntas?- la despertó su orgullosa voz.
-¡He aprendido esto!- exclamó, ya guiada por la furia y depositándole un fuerte golpe a Virgil, siguiendo por Gabrielle, para luego, saltar hasta el altar y agarrar dos espadas clavadas en la pared, poniéndose a la defensiva.
-Y lo más importante que aprendí es que el corazón puede traicionar... pero la espada nunca miente...
-Gran discurso de despedida- habló el Arcángel, sin darle tiempo a continuar, y atacándola.
No tardó en derribarle, y amenazar con detener su vida.
Eva cerró los ojos, asustada, gateando hacia atrás. Cuando pensó que todo había terminado, escuchó la voz de su madre otra vez.
-¡Espera!- detuvo su ataque -si alguien merece esta oportunidad histórica... es Gabrielle.
-¿Q-Qué? ¿Gabrielle?- la miró, desorientado.
-Ella ha sido mi compañera por años- la observó de reojo -ha compartido cosas conmigo que tú nunca entenderías...
Su frente se arrugó con solo oírla -¿Y qué hay de nuestra alianza? ¡Se supone que yo debo mandar a Eva al infierno!- apuntó su espada hacia ella.
Xena sonrió de lado, con una clara ironía -No esperes que confíe en alguien tan propenso a la corrupción... alguien tan rápido para cambiar de bando...- amplió su gesto, inundándolo de una ira desmedida -y alguien que sin siquiera darse cuenta ha cometido cada pecado mortal... excepto uno.
-¡Me engañaste!
-Trataste de matarme, ¿Qué esperabas?
El joven clavó sus enfadados ojos en ella, apuntando a su corazón -Te lo juro, Xena... pasaré toda la eternidad haciéndote sentir mi ira.
-¿Ira?- repitió, sintiéndose realizada -felicitaciones, Lucifer, acabas de ganarte la lotería de los pecados capitales... el primer premio es un boleto de ida al infierno.
El joven tembló en su lugar, al comenzar a sentir los efectos de haber cumplido con todos los pecados, siendo un Arcángel.
La transformación se estaba llevando a cabo, tal cual como Xena predijo. Su ser no tardó en mutar en un horripilante monstruo, con unos cuernos en su cabeza que lo designaban como el Rey de las tinieblas.
El portal, ante su metamorfosis, se abrió por completo. Era ahora o nunca. Tenía que enviarlo allí.
El ahora, diablo, emanó un alarido iracundo, para luego lanzarse hacia la morena, que lo miraba casi con espanto, con la espada en alto.
Los choques de ambas armas no tardaron en encontrarse, haciendo eco en el lugar. Pero lo que la guerrera no había previsto, es que otra vez se enfrentaban un ser extremadamente poderoso.
Su cuello fue arrebatado en medio de la batalla, provocando que sus dientes relincharan ante la asfixia.
-Todavía me enciendes...- dijo el monstruoso ente, sonriendo con maldad-¡Solo que ahora soy más grande, más fuerte y poderoso que nunca!
La nombrada, a pesar de tal situación, alzó una confiada ceja -Eso no se equipara con los atributos que perdiste- soltó de forma entrecortada, alcanzando un espejo y situándolo frente a él.
Quedó paralizado al contemplar su propio rostro horripilante -¿Q-Qué? ¡¿Qué me has hecho?!
-Únicamente lo que supongo que Miguel quiso todo este tiempo... ponerte en contacto con tu demonio interior...
Observó de reojo el portal abierto, y aprovechando su estancado estado, lo empujó hacia el de una patada -¡Tu reino aguarda... vete al infierno!
Su hilarante grito fue lo último que escuchó antes de que el portal se cerrase por completo, en un estrepitoso temblor.
Eva, impactada, detalló el corazón de su madre con alegría, al notar que este volvía a su transparente normalidad, al igual que el de Gabrielle.
Xena se detalló, confundida, ya que las sensaciones de la bondad rodeándola de nuevo, la drenaron de un extraño y confortable sentimiento, que había extrañado.
-¡Madre!- se lanzó a sus brazos, acurrucándose en ella -¡Has vuelto!
La atajó en sus brazos, acariciando su cabeza comprensivamente -Eva, parte de mí nunca se fue...
-Nunca debí dudar de ti...
La morena le sonrió con amabilidad -Con todo lo que has visto y pasado, no puedo culparte por pensar que el lado oscuro había ganado...- emanó un aliviado suspiro -solo espero que algún día creas tan fervientemente como yo que el poder del amor puede... salvar vidas... - su voz decayó al visualizar como la amazona caminaba hacia ella, al lado de Virgil.
Su corazón palpitó casi con congoja, al recordar como su amiga había disfrutado aquellos... amorosos momentos con él.
Ahora su mente estaba lúcida, y también, las memorias de su propio encuentro con ella. ¿Qué demonios había hecho? ¿Y acaso... Gabrielle estaba enamorada de Virgil?
-Xena, hiciste más que salvar vidas- oyó su voz con delay, ya que su atención se encontraba puesta en como ese muchacho la miraba con algo más que aprecio -tú...
-Me salvaste de cometer el peor error de mi vida- interrumpió el joven.
Al instante clavó su pasmada visión en él. No podía responder. Sus ojos se movían con rapidez alternando entre ellos, detallando como se miraban con cierta complicidad.
El pecho no tardó en empezar a dolerle. No quería eso... no había pensado en las consecuencias de su plan.
-Ya veo...- fue todo lo que pudo decir, sin expresión alguna. Acción que provocó que Gabrielle la observase, un poco confundida.
-Supongo que iré a limpiar este desastre...- dijo él, un poco incómodo, percibiendo como sobraba en aquella situación.
Eva miró a su madre, dibujando una graciosa mueca, debido a su infantil comportamiento -Yo ayudo.
Los siguió con la visión, todavía sin ser capaz de escapar de su estado.
-Por un instante pensé que te perdía- la despertó de su embelesamiento, el tacto de la bardo sobre su hombro.
La contempló unos segundos, pensando sus palabras. Pero se sentía vacía, sin energía, ese pequeño hecho provocaba que no meditara con claridad.
-¿Sí? ¿Qué instante fue ese?
Gabrielle le sonrió con picardía -Tú y Lúcifer se veían... un poco...
Xena, detuvo su creciente gesto con sus manos -Gabrielle, cada vez que sentía que perdía el control...- dudó, bajando la mirada. La vergüenza la invadía. -solo pensaba en ti... eso me guiaba de vuelta- finalizó, dedicándole una última ojeada, para luego impulsar sus pasos hacia la salida, tratando de restarle importancia al tema.
Pero claramente no podía ocultar el disgusto en su rostro.
-¿De verdad?
Se giró hacia ella unos segundos -Por supuesto- respondió, con una obvia inseguridad, dándole la espalda de nuevo.
-No te pongas sentimental conmigo, Xena.
Lo sabía... esa frase ocultaba un importante significado.
Antes de siquiera poder refutarle algo, una presión en el aire empezó a sentirse. Ambas saltaron en su lugar, sorprendidas, ante una nube de nebulosa que comenzaba a formarse lentamente en el espacio.
Claro, aún seguían en el futuro. Sellar el portal debió ser la pauta para volver al presente.
Eva al notarlo también, corrió hacia su madre, aferrándose con fuerza de ella -¡Madre!
-¡Eva!
La succión era tan fuerte, que provocaba que sus cuerpos se separasen.
-¡A-Ahora volverás al presente! ¡Te veré allí!
-¡Pero...!
-¡Xena!- la amazona se agarró de ella también, esperando ser transportada.
Su hija miró a su tía de reojo, para luego volver la vista a ella y sonreírle con cierta nostalgia -Cuando me encuentres, no recordaré nada, este evento nunca habrá sucedido porque ya lo solucionaste.
-Eva...
-Mamá...- se acercó a su oído, abrazándose a su espalda -dile lo que sientes...
Sus ojos saltaron de sus órbitas, debido a su petición.
-Así que ella lo supo todo este tiempo...
La menor solo atinó a regalarle un pacífico gesto, antes de percibir como la gravedad ganaba y desaparecían de allí por completo, succionadas por ese extraño humo.
Sin esperar la estampida, cayeron estrepitosamente sobre el suelo, mientras el portal se cerraba a sus espaldas.
Xena se refregó la cabeza, tratando de reincorporarse. Al alzar la mirada, se encontró con su querida compañera, que aún parecía no poder levantarse.
-¡Gabrielle!- corrió hacia ella, para luego sostenerla de su brazo, en un intento de ayudarla, pero esta última se deshizo de su tacto al instante.
-Estoy bien, tranquila- musitó, acomodando sus ropas, con un vago desinterés. Eso solo parecía una estúpida excusa liberarse de ella.
La guerrera desvió la vista, sin saber bien que decir -Hemos vuelto...
-Así es- atinó a contestar, cabizbaja.
El sonido de sus pisadas apartándose, provocaron que su mano se extendiera un poco hacia ella.
-¿A dónde vas?
La bardo se volteó levemente, para observarla -A buscar leña. Estoy cansada, acampemos aquí.
-C-Claro...
Sus ojos se perdieron en su ida, mientras su mente recordaba las últimas palabras de su hija.
Dile lo que sientes...
Sonrió para sí, con un grado de tristeza. Realmente no sabía qué hacer. Todo se sentía como una maldita incógnita. Cómo, cuándo... decidir hacerlo o no, nada estaba claro en su delirio.
-Yo misma me pregunto... si algún día se lo diré...- susurró, comenzando a armar el campamento, con desgano.
Pero ese no era el mayor problema. ¿Cómo se supone que iba a hablar ahora con su compañera, luego de lo que pasó? ¿Luego de que casi la hizo suya contra esa columna?
El calor no tardó en impregnarse en sus mejillas, con solo recordarlo.
Observó el cielo. Este ya se encontraba adornado de estrellas. Sus pasos la habían llevado un poco lejos del campamento. Necesitaba pensar, pero era hora de volver. Tenía que arreglar las cosas... ya bastante con que nunca habían hablado de lo sucedido en el destino de César, y ahora esto... no, no podía dejarlo pasar.
Con un valor que creyó perdido, volvió a la fogata. Gabrielle ya se encontraba allí, contemplando el fuego perdidamente, como si su mente estuviese vagando en otro lugar.
Tragó saliva con rudeza, y con mucha cautela se acercó, sentándose a su lado, pero dejando cierta distancia entre ellas.
-mmm... ¿Gabrielle?
-Dime.
La amazona ni se dignó a mirarla. Eso solo complicaba las cosas. Parecía enfadada, bien... como para no estarlo. Había perdido por completo el control.
-Escucha, yo...
-Xena- la cortó, de una forma tan seria, que casi le asustó -no digas nada, por favor...
Sus ojos, desesperados, buscaron los esmeraldas suyos, que hacían unos notables esfuerzos por esquivarla -Pero...-
-No hoy- largó un tedioso suspiro, para luego levantarse y dirigirse hacia su tapado, acostándose en él -mañana con la cabeza más fría, hablamos.
La morena, encogiéndose de hombros, asintió débilmente.
Percibiendo que la conversación no duraría mucho más, y con la tristeza ahogada en su pecho, la imitó, tomando su tapado y estirándolo a su lado.
Antes de siquiera llegar a tumbarse, lo impensado, sucedió.
-Xena.
-¿Si?- respondió al instante, girándose un poco, topándose solo con su espalda.
-¿Te importaría si hoy dormimos separadas?
Sus palabras fueron como un puñal clavándose directo en su corazón. La situación era peor de lo que pensaba.
-¿P-Por qué?
Debido a su cuestión, la bardo asomó un poco su cabeza, dedicándole un sarcástico gesto -¿De verdad me estás preguntando eso?
Sus pupilas se ensancharon tanto, que juró que explotarían. Por supuesto, ¿Cómo podía estar cuestionándole tal estupidez, después de lo que le hizo?
-No... Discúlpame...- reaccionó, bajando el semblante, en señal de derrota.
Con una pesadez que se estaba tornando insostenible, volvió a incorporarse y atrapó su abrigo, llevándolo a la otra punta de la fogata.
Se tumbó en este sin ganas, acurrucándose contra su propio cuerpo.
Tenía ganas de llorar, y eso le pesaba en su orgullo de guerrera. Gabrielle no quería saber nada de ella... y esperar hasta mañana para hablar, le empezaba a parecer una tarea imposible.
Capitulo 8 entregado! Si, tardé un montón. Es que, no sé si les pasó alguna vez a los que escriben, pero me trabé en una parte, y no podía continuar! Claramente la inspiración me abandonó un poco, pero por suerte ya volvió! :)
Nos vemos en el siguiente! Creo que ya no queda mucho de esta historia... no sé, veré jajaja
Chat'de'Lune: Muchas gracias por leer, y por siempre tomarte el tiempo de comentar cada capítulo, aprecio mucho eso. Y si, el final fue una verga (seguro me censuran la palabra jajaj) Y el reboot... tengo sentimientos encontrados. Por un lado quiero verlo, y por otro lado voy a extrañar tanto a las protagonistas originales! Pero buen, hay que adaptarse, supongo :/ Te veo en el próximo capitulo, estimada! Besitos!
