El bosque de las ilusiones.
¿Cómo pude perder tanto el control? ¿Cómo pude exponerme, y exponerla a tal situación? Pensé que el plan funcionaria a la perfección, pensé... erróneamente, que podría controlar la oscuridad en mí, pero me equivoqué... me equivoqué de la peor manera posible.
Y ahora ella ni se digna a mirarme. Debe suponer que la usé... y no me extraña. Mi comportamiento primitivo dejó mucho que desear.
Pero es que justamente, la deseaba tanto... tanto... la amo tanto, a penas puedo controlarme ahora, ¿Cómo se supone que iba a controlarme estando poseía por la excitante oscuridad?
Abrí mis ojos, y lo primero que vi fue un vacío a mi lado. Hacía tanto tiempo que no contemplaba la soledad, la sensación de dormir sola, de no encontrarme entrelazada con su cuerpo...
Con sigilo, me giré, buscándola con la mirada. En efecto la localicé, y para mi sorpresa, ya no se encontraba durmiendo, sino preparando el desayuno.
-¿Pescado?- me animé a modular, caminando hacia ella -¿Fuiste a pescar sola?
Sus ojos se clavaron en mí unos segundos, para luego descender con la misma rapidez -Claro, después de tantos años observándote haciéndolo, algo tenía que aprender.
-Aprendiste mucho más que eso...- susurré, acercándome más.
Sin embargo, de inmediato puso una distancia entre nosotras, entristeciéndome.
Mierda, ¿Acaso ahora, todos los días serían de esta agonizante manera? No, no iba a permitirlo... no podría tolerarlo.
-Gabrielle, ¿Podemos hablar?- cuestioné, con un obvio nerviosismo y tratando de acortar mis pasos de nuevo.
Ella solo derivó su visión a la comida, esquivándome -¿Puede ser después?
-Eso me dijiste anoche...
-Y te lo repito hoy, ¿Te supone un problema?- volvió sus ojos a mí, penetrándolos de una desafiante forma.
Tragué saliva con fuerza, al contemplarlos -No, es solo qué... no quiero estar así contigo.
-¿Así?- repitió, delineando una sarcástica mueca -¿Y en qué situación estamos, Xena?
Titubeé un poco, antes de contestar. Porque de verdad... no sabía bien que decir.
-Bueno... creo que en una problemática- sonreí de lado, tratando de apaciguar el ambiente. Por supuesto, no funcionó.
-Ajá...- contestó, con una clara ironía -Xena, hazme un favor, y hasta que descubras qué es lo que te sucede, no saques el tema de nuevo.
Pestañeé repetidas veces, entendiendo su mensaje.
Pero lo que ella no sabía... es que yo conocía a la perfección mis sentimientos. Pero confesarlos, era otra historia.
Derivé la visión al suelo, casi con resignación.
-¿Qué quieres decir?
Un estridente sonido, proveniente de la cuchara que tenía en su mano contra la sartén, provocó que saltase en mi lugar.
-Dioses...- se refregó la frente -para ser una habilidosa guerrera, eres tan inepta.
Fruncí el ceño, comenzando a molestarme -¿Por qué me agredes así? Solo quiero aclarar las cosas.
-No hay nada que aclarar, Xena. Ya te lo dije.
Creo que mi rostro ya estaba desfigurado de tanto que lo había arrugado. Con la paciencia por debajo de mi cordura, sujeté su brazo y la atraje hacia mí.
-¡¿Cómo qué no hay nada?! ¿No recuerdas todo lo que sucedió en aquel futuro?
Me enfrentó, conservando intacto su serio semblante. Mierda, no lograba quebrar esa barrera que estaba imponiendo. A veces olvidaba que ya no estaba enfrente de aquella pequeña aldeana que conocí hace años atrás.
-Lo recuerdo a la perfección, para mi mala suerte.
-¿A qué te refieres con "para mi mala suerte"?
-Me refiero a la manera en la que me usaste.
-¡Nunca te usé!- me desesperé, aferrando más mi agarre.
Soltó un suspiro, que solo incentivó a que mi enojo fuese en aumento.
-Lo hiciste, Xena, y en todo caso... si no fue así, ¿Qué significó lo que pasó entre nosotras, entonces?
Mi habla se selló, al igual que mis pensamientos cesaron. Me encontraba entre la espada y la pared. Mis próximas palabras podían significar el inicio de algo hermoso... o la destrucción de nuestra amistad.
Temía perderla, demasiado. Y su ferviente mirada zambulléndose en la mía, no ayudaba a calmarme.
-¿No dices nada?
-D-Dame un momento- extendí mi mano, en señal de debilidad.
Lo próximo que llegué a observar, fue su espalda, y lo siguiente que llegué a oír, fue un largo suspiro de su parte.
-Estoy cansada de esto, Xena... de este puto jueguito de niños.
Me sorprendí debido a su vocabulario. Eso solo me dejó todavía más paralizada.
-Cansada de todo... cada día siento que me pierdo más, ya no sé ni quién soy.
-Gabrielle...
Sus ojos descendieron con cierta nostalgia. Y aún así, no pude evitar pensar que se veía hermosa, inmersa en su soledad.
-Me pregunto... por qué ese día insistí tanto en seguirte...
Ahora, los míos propios se abrieron de par en par. No estaba diciendo eso... es mentira.
-Sabía que seguir a la gran princesa guerrera suponía un desafío en mi vida, quizás fue por eso.
-No...- fue todo lo que pude decir, en un murmullo. Mi voz tembló. El terror de ser abandonada solo aumentaba.
Sonrió para sí, de una lastimosa manera -Tienes razón... no fue solo eso. Me sentí atraída por tu aventurera vida, pensé que ibas a ser una gran maestra para mí...y además...
-¿Además?
-Tú me salvaste... eso solo confirmó mis deseos de seguirte. Quería ser tanto como tú...
Mi pecho se apretaba de tal forma, que juré que me asfixiaría.
-¿Y ahora?- cuestioné, con lo poco que me quedaba de lucidez.
-Y ahora... que soy tu fiel sombra, no podría anhelar más volver a ser al menos por un minuto, como era antes.
Aquellas palabras terminaron de destruir mi corazón. Era el fin, ya no quería seguirme... ya no deseaba estar a mi lado.
-Al menos en ese tiempo, no tenia estas incertidumbres- sostuvo su propio pecho con rudeza -estas dudas... estas malditas dudas que no me dejan pensar con claridad.
-¿Qué quieres decir?- musité, con mi voz, ya rasgada.
Volteó su rostro hacia mí, con una angustiosa mueca -¿Todavía no lo sabes, Xena?
Me quedé en silencio, contemplando como otra vez se encargaba con velocidad de esquivar mis ojos. Realmente no entendía en su totalidad lo que me quería decir, pero quizás... y solo quizás, pude ver un brillo especial en ella, al decirme eso.
Su mirada decayó, acompañada por una triste sonrisa -Por supuesto que no lo entiendes, tú no sabes lo que es... amar a alguien.
Mi boca se entreabrió, anhelando vocalizar algún que otro insulto, ¿Por qué asumía tal cosa?
-¡Si sé lo que es! Gabrielle, desde que te conocí, yo...
-Desde que te conocí- repitió, dándome absolutamente la espalda -no he parado de darle vueltas al mismo pensamiento.
Mi garganta se secó. Ya no podía controlar con libertad mis emociones. Eso es lo que Gabrielle provocaba en mí. Me descontrolaba. No me dejaba meditar con tranquilidad... y una guerrera, no puede perder tanto los estribos. No es correcto.
-¿Qué... pensamiento?- susurré, atreviéndome a sujetar sus hombros.
El silencio nos irrumpió unos segundos, que me parecieron eternos.
-¿Por qué...- comenzó a decir, girándose hacia mi, y enfrentándome -...siento esto por ti?
Mis pupilas casi saltaron de sus órbitas, al escuchar sus palabras. Por no decir que un fastidioso calor se instaló en mis mejillas.
-Gabrielle... yo...
-No, por favor, no digas nada.
-¡Pero yo!
-La comida está hecha...- la señaló, sin dirigirme la mirada.
-¿Eh?
-Yo no tengo hambre, iré a dar un paseo.
Y con su última frase, me dejó plantada en mi sitio, con la parálisis todavía recorriéndome de pies a cabeza.
¿Acaso, entendí bien su mensaje? ¿Me estaba ilusionando por nada? ¿Significó lo que quiero creer?
Giré mi rostro con rudeza, conteniendo las ganas de pegarme un tremendo puñetazo. No servía de nada seguirla ahora, no iba a escucharme.
Pero esperar de nuevo a que las cosas se calmaran, me estaba desquiciando. No soy una persona paciente, actúo, no pienso. Siempre fui así.
Al contrario de ella... que parece que su actividad favorita es meditar.
Miré la comida de reojo. Tenía el estomago cerrado, ¿En serio pensaba que podría comer en este estado?
Soltando un desolado respingo, agarré mi espada, y me interné también en el bosque. Necesitaba pensar, quizás imitarla en ello de vez en cuando, no estaba del todo mal.
Mis pasos me encaminaron a la nada misma, mientras una neblina empezaba a cubrir aquel verde lugar. Alcé la visión, inquietándome. No se avecinaba una tormenta, algo sucedía... algo extraño. Ese bosque no era normal... el aire se estaba tornando demasiado cargado.
Elevé mi brazo, percibiendo como este comenzaba a sentirse pesado. Me costaba moverme con libertad.
-¿Pero qué?- murmuré, visualizando como la neblina aumentaba -¿Qué demonios pasa?
Mi mente no formuló ninguna idea, solo un nombre apareció en ella.
-Gabrielle...
Tenía que ir a buscarla, este lugar definitivamente no era seguro.
-¡Gabrielle!- la llamé, obligando a mis ahora, casi inmóviles piernas, correr.
Mis pasos iban lo más rápido que podían, pero no lograba encontrar a la amazona por ningún lugar. Tampoco llegaba a escuchar nada, ni a lo lejos. Era como si mis sentidos se estuviesen apagando.
-¡¿Gabrielle, dónde estás?!
La desesperación empezaba a irrumpirme.
-No la encontrarás- escuché de repente, provocando que mis zancadas se parasen en seco.
De inmediato desenfunde mi espada, para luego voltearme e inclinarla hacia adelante.
Parpadeé varias veces, al contemplar a la casi transparente figura que yacía frente a mí. Sus ojos me miraban de una desafiante manera.
-No puede ser... ¿Ephiny?
Asintió, sin quitar su serio semblante.
Bajé la espada, conmocionada -¿Qué haces aquí?- me atreví a pronunciar, con cierta desconfianza, ya que algo me incomodaba de su espíritu -¿Por qué... has aparecido?
Ella solo sonrió de soslayo, como si lo que hubiese preguntado fuese una graciosa broma.
-¿No te has dado cuenta?
Confundida, fruncí el ceño y con eso, supongo que entendió que claramente, no.
Soltó una pequeña risa burlona, lo cual solo me impactó aún más. Ephiny no era así.
-Estás en el bosque de las ilusiones.
-¿Qué?- inquirí -Entonces, ¿Eres una ilusión?
Había oído rumores de este lugar, pero no creía en su existencia. ¿Por qué demonios siempre terminábamos en este tipo de sitios?
Desvió la mirada, dibujando una indescifrable sonrisa -Quién sabe... tal vez lo sea, tal vez no.
Arqueé una ceja, ya con la tolerancia por el piso -Debes serlo.
-¿Por qué estás tan segura?
-Porque tú no eres así, y además... solo te puedes presentar ante Gabrielle, por el derecho de casta, estás unida a ella.
Volvió sus penetrantes ojos a mi, y pude notar en ellos cierta melancolía -Gabrielle... ¿Cómo está ella?
-No me has contestado.
-No tengo porque hacerlo.
Choqué los dientes, elevando mi espada y amenazando su garganta con el filo -Ephiny, no quiero hacer esto... mucho menos si eres real.
-¿Real?- me sonrió, con ironía -¿Tan real como tus sentimientos por mi Reina?
Mis ojos se abrieron de par en par, incapaz de afrontar que supiera mi vergonzosa verdad -¿D-De qué estás hablando?
-Lo sé todo, Xena, no trates de ocultarlo- Sus pasos se acercaron a mí, descolocándome -¿Por qué no aprovechas esta oportunidad para ser sincera contigo misma?
-No sé de qué hablas...- bajé la mirada, con cobardía.
-Mientras más lo niegues, más te estás condenando a un futuro sin su luz.
Por qué... ¿Por qué me está diciendo todo esto? ¿Es una ilusión? Y si es así, ¿Por qué no puedo percibirlo? ,esto es sumamente extraño.
Cansada de toda esta estupidez, y con la cabeza gacha, contesté -Lo niego porque si lo acepto, justamente... su luz me abandonará.
Su gesto me dio a entender, que no había comprendido del todo mis palabras... o quizás si lo hacía. No lo sé... lo único que sé es que mi cuerpo pesa tanto que estoy a punto de derrumbarme.
-Xena...- sus rubios rulos bailaron con el viento, mientras la distancia entre nosotras se acortaba -¿Qué significa para ti estar vivo?
Ascendí un poco el rostro, tratando de descifrar su cuestión.
-Has estado tan empecinada en redimirte, que no te has apegado a la vida...
Aquello fue como un gran balde de agua fría derramándose sobre mí.
-Vivir o morir para ti es igual, inclusive llegaste a pensar que la única liberación verdadera, sería la muerte.
Mis manos comenzaban a sudar. Toda esa verdad... no podía digerirla.
-Pero, hay algo...- titubeó, posando su visión en el cielo -mejor dicho, alguien, que te hace recapacitar y seguir viviendo, ¿Cierto?
Hipnotizada por su discurso, asentí débilmente. Sea real o no, su sabiduría era innegable.
-¿Y esa persona es...?
Ahora fui yo, la que elevé mi perdida vista al nublado cielo -Gabrielle... ella es la única que le da significado a mi estúpida existencia.
La escuché reír por lo bajo, ¿Se estaba burlando de mi? ¿O acaso emanaba tanta lástima que daba risa?
-¿Estúpida?- repitió -Sabes bien que se enojaría mucho si te escuchara hablar así. Lo eres todo para ella.
Mi corazón, al oírla, palpitó con fuerza, tanto, que hasta dolió.
-Y ella lo es todo para mí- dije, en un susurro. Mi aliento se escapaba. Algo me estaba haciendo vacilar, no era capaz de mentir.
-Sí lo es, ¿Por qué no puedes enfrentarla?
Completamente agotada, me dejé caer sobre un tronco detrás de mí, deslizándome por el -Cada vez que estoy cerca de la muerte, un lado mío cede a esta...- sonreí para mi, con lástima -pero el otro lado entra en pánico. No quiero dejarla sola... quiero pasar el resto de mi vida con ella, es lo que siempre pienso...
Mordí mi propio labio, llevando las manos a mi cabeza. Una aguda dolencia me atravesaba sin piedad -Todos esos pensamientos me atacan y me hacen sobrevivir, pero... ¿A qué costo?
Ephiny clavó su inerte mirada en mí -¿A qué te refieres?
-Su felicidad está ligada al sufrimiento... por mi culpa- confesé, con un hilo de voz.
-Ella eligió su propio camino. No la subestimes.
Negué con la cabeza, con la impotencia creciendo en mí ser -A veces siento que la forcé, de alguna extraña manera, a seguirme.
-¿Forzarla?- largó una gran carcajada, desorientándome -A penas puedes convencerla de que te haga caso. Ella desea estar a tu lado, es su decisión, su destino...
Noté como su tonada se entrecortó en su última frase.
-No solo en esta vida, sino en muchas más.
-Ephiny...
Sus ojos se estaban tornando rojizos, y eso solo aclaraba una duda que tenía respecto a su persona. Una duda que se había formulado hace ya mucho tiempo.
-No te apartes de ella, por favor... no la dejes sola.
La incertidumbre en mi alma, adornada por unos celos sin sentido, me dieron el valor que necesitaba para ponerme otra vez de pie.
La enfrenté, intentando averiguar aquella verdad, que tan sólidamente se podía vislumbrar, a través de su mirada. Parece que la sabia amazona se dio cuenta de ello, ya que sonrió de lado, esquivando mi presencia.
-¿Sabes? Tuve que morir para darme cuenta de lo que sentía por ella. Espero que eso no te pase a ti.
Mi ceño se frunció de inmediato. No pude controlarlo... el solo pensar que alguien más la amaba, me destruía.
-No me mires así, Xena- poseyó mis aturdidos ojos, de nuevo -no soy competencia, ¿No ves que estoy del otro lado?
-Y entonces...- tosí un poco. Mi voz sonaba apagada -¿Por qué no hiciste nada en el mundo de los vivos?
Mi pregunta claramente la sorprendió, ya que por primera vez, su neutro rostro se desfiguró un poco, transformándose en una mueca afligida.
-¿Y por qué tú no lo haces?
Esta vez fui yo la que quedó estupefacta. ¿Por qué no lo hacía? ¿Por qué no revelaba mis verdaderos sentimientos?
Una triste sonrisa empezó a dibujarse en mis labios, cuando la respuesta inundó mi mente. Claro... era por eso.
-Porque tengo miedo, Ephiny.
-¿Tú, miedo?
-Miedo de que me rechace, de que ya no me quiera a su lado- cerré mis puños con rudeza -no podría soportar el peso de su perdida...
El silencio nos adornó unos largos minutos, en los cuales ambas parecíamos sumidas en nuestros pensamientos.
-No pensé que fueras tan cobarde.
Me estremecí al escucharla. Pero solo eso hice, porque... tenía razón. Lo siguiente que llegué a ver, fue su amplia espalda. Ya no se dignaba a mirarme.
-A veces la observo... y escucho sus pensamientos- volví a oírla.
Mis pies, sin mi permiso, se dirigieron hacia ella, debido a su indecente secreto -Eso no es correcto, lo sabes.
La vi asentir, aún de espaldas -Lo sé, pero... no puedo evitarlo. Me alegra saber que me recuerda. Piensa en mi... eso no me lo esperaba.
Una segunda oleada de celos, más fuerte que la anterior, se incrustó cual espina en mi pecho.
-Pero no de la forma que yo pienso en ella...
A veces me sorprende lo rápido que los seres humanos podemos cambiar de humor. Y es que, las palabras que agregó, realmente me tranquilizaron el alma.
-Al mismo tiempo me maldigo por no haberle confesado lo que sentía cuando estaba viva...- se giró hacia mí, y allí las pude ver. Sus lágrimas, resbalándose por su rostro -no dejes que el tiempo pase, Xena. La vida nunca está asegurada.
Solté una leve risita, esquivando aquellos ojos que se desarmaban a cada segundo que pasaba -¿Me estás alentando, tú, mi rival?
-No soy tú rival. Solo dije que me arrepentía de no haber sacado este peso de mi pecho... pero sé bien que ella no me hubiese correspondido.
Posé mi vista en la suya, con curiosidad -¿Por qué?
-¿No es obvio?
El silencio fue mi única respuesta. Mis ojos la contemplaban ansiosamente.
-Ella está enamorada de alguien más, desde hace mucho tiempo...
Percibí como mis piernas temblaban debido a su certeza. ¿Podía ser...?
-¿De quién?
Una nueva sonrisa, inmersa de dolencia se impregnó en sus labios -No soy yo quién debe decírtelo, estaría deshonrándola... pero, me sorprende...
-¿Qué cosa?
Esta vez, su mueca se convirtió en una burlona -Que seas tan inepta.
Creo que fuego emanaba de mis pupilas. Mi enfado era incontenible. ¿Alguien más quería repetírmelo el día de hoy?
-No pareces solo una ilusión...- atiné a decir, derivando la vista a la nada.
-Soy lo que tú deseas que sea, Xena.
-Bien, entonces deseo que te vayas de aquí. Vete- la señalé con la espada, dispuesta a atravesarla, logrando que una confianzuda sonrisa se instalase en la difunta. Aunque estaba casi segura que no le haría nada, después de todo, si era real... solo se trataba de un mero espíritu.
-¿Sabes por qué puedo comunicarme contigo?
Negué, sin deshacer mi iracundo semblante.
-Es simple. Tu corazón está conectado al de Gabrielle, y el mío está conectado al de ella, por eso.
¿Mi corazón... está conectado al de ella? ¿Qué quiere decir con eso?
Obviando mi consternación, me dedicó un desafiante gesto, para luego voltearse, y emprender su caminar. Sin embargo al instante, se detuvo -Por cierto, Gabrielle está viviendo una pesadilla en estos momentos, que estoy segura, que la está desgarrando por dentro. Deberías ir por ella.
Mis ojos se abrieron cual platos, y el miedo a perderla no tardó en reaparecer -¿Qué? ¡¿Dónde está?! ¡¿Por qué me lo dices recién ahora?!
-No sé dónde está, es tu deber encontrarla. Solo espero que puedas tolerar lo que verás...
Aferré con ímpetu la mano sobre el mango de mi espada, y sin pensarlo dos veces, corrí en su búsqueda, traspasando el cuerpo de Ephiny, con la ira de compañera.
Quería destruir lo que quedaba de su alma por el simple hecho de no avisarme antes, pero no tenía tiempo para ello. Mi prioridad era Gabrielle, y siempre lo sería.
Sentí su visión clavada en mi espalda, como si con esta me estuviese empujando para poder acelerar mis pasos, que aún los percibía pesados.
-Buena suerte, Xena...
He aquí el capitulo 9! Si, tardé un poco... :P
Nos estamos acercando cada vez más al final! Hasta el próximo capitulo, ¡Gracias por leer!
Ririshiyo: Gracias por leer! Me alegra que te esté gustando el fic! Te veo en el próx capitulo, beso!
Chat'de'lune: Gracias por leer nuevamente! Y si, hasta a mi misma me está sacando de quicio el tire y afloja, pero es necesario, ya sabrás porque jajaj. Y coincido con vos, más allá de la curiosidad que tengo de ver el reboot, que no estén en la nueva serie Lucy y Renée es desssgarrador ;( Solo ellas se entendían tan bien. En fin, te veo en el próximo capítulo, estimada! beso!
