Recordando

Un poderoso poder impedía que volviese a abrir los ojos. Un poderoso recuerdo... que creía olvidado. Después de todo lo que pasó, lo que menos pensé es que mis memorias me llevarían a tal lugar, el cual... solo quería olvidar.

Pero eso claramente, me resultó imposible.

-/-

Mi caballo galopaba lo más rápido posible. Sin embargo, sus veloces pasos no se comparaban al rápido palpitar de mi corazón.

La esposa del César, Xena, acababa de salvarme el pellejo, y no sabía con exactitud el por qué. No era correcto pensar que solo porque estuvimos una noche juntas... eso la había convertido mi heroína.

Solo... un vago pensamiento que me acompañó desde la primera vez que hice contacto con ella, me acompañaba.

Yo la conocía... demasiado. Era como si sintiera que nuestros corazones estuvieran conectados. ¿Pero por qué? ¿Cuándo? ¿De dónde viene esa suposición?.Esta sensación de sentirme tan cercana a ella no podía ser una coincidencia, ¡No podía serlo!

Choqué los dientes, al sentir cierta impotencia recorrerme. No debí haberla abandonado... Estoy segura que toda Roma ahora se encontraba en contra de ella, por haberme salvado. Tenía que ayudarla.

Mi caballo se detuvo, debido a que se lo ordené. Eso fue lo que pensé, pero parece ser que al mismo tiempo, una maligna presencia fue la responsable de esa acción.

Observé a lo lejos, como una figura femenina, que se me hacía conocida, reía malignamente.

-Esa es...

Siquiera tuve tiempo de descifrar su persona, ya que esta se acercó de una forma increíblemente rápida para mis ojos lo notaran a tiempo.

Fui tirada de mi caballo. Ahora la tenía frente a mí, y no podía sentirme más paralizada. ¿Por qué le tenía tanto terror? ¿Por qué... se me hacía tan odiable y conocida?

Sus manos no tardaron en aprisionar mi cuello.

-Ah... pero que linda niña- sonrió con maldad, aferrando el agarre -¿Sabes que es peor que la muerte misma?

Emití unos sonidos ahogados, mientras trataba de zafarme de ella, sin éxito alguno.

-Morir antes de tener la oportunidad de saber quién eres realmente...- Escuché, casi en un eco, sus últimas palabras, antes de sentir como su tacto me transmitía recuerdos que parecían de otra vida, creando un remolino de emociones en mi desconcertado ser.

No estoy hecha para la vida de esta aldea, ¡Nací para ser mucho más!

Mis ojos se abrieron de golpe, debido a las nítidas imágenes que comenzaban a irrumpir mi mente, confundiéndola. Imágenes que me sonaban peligrosamente familiares.

Xena sonriente, Xena abrazándome, Xena... protegiéndome.

Alti, nuestra némesis, atacándonos. Esta vez, mis ojos parpadearon varias veces.

Alti... ¡Ella era Alti!

Traté de soltarme al reconocerla, pero no llegué a tiempo, ya que otras memorias, en la cual Xena era protagonista, me agobiaron.

Aún en la muerte, Gabrielle... nunca te dejaré.

Su dulce voz inundando mis sentidos... sus manos uniéndose a las mías, arriesgándose a transitar el desdichado camino hacia el otro lado que yo estaba a punto de conocer.

Xena...

La tortura no terminó. Aquellas imágenes se hacían cada vez más nítidas y reales, tanto, que lo que ocurría en ellas, dolía en mi presente cuerpo.

Mi cabeza decayó un poco, hipnotizada por el pasado.

Y ahí estaba de nuevo, mi otro yo, observando en primer plano como mi amiga iba a ser destruida, debido a que el chakram lanzado por Callisto, se había estrellado en su columna, inmovilizando sus piernas para siempre. El pecho me latió con rudeza, y un instinto se apoderó de mi. No iba a perderla... ¡NO IBA A HACERLO!

Aquel otro lado mio, se estancó en ese preciso instante, tomó una lanza y la arrojó con firmeza hacia el maldito soldado que amenazaba con su vida, atravesándolo en el acto. Mi sangre hervía de ira, y esta no dudó en hacer mis deseos realidad, destruyendo a cada enemigo que se atrevía a atacarla.

Perdí el control, mutando mí camino de paz, en uno que terminaría siendo de redención. Mi mente se encontraba en blanco, a comparación de mis manos, que ahora estaban pintadas de un carmesí color.

Mis yemas se sumían cada vez mas al mango de una robada espada, proporcionándome un ardor en la piel. Pero esa... no fue la única piel que percibí. La sensación de la piel de otra persona, siendo atravesada por mí, varias veces, me hizo despertar. Quedé suspendida en mi lugar.

Al hacerlo, contemplé de reojo la mirada de Xena. Esta era tan desolada, tan culposa...

Ese recuerdo se amplificó, detallándome los acontecimientos de algo olvidado... de algo... que no debimos pasar desapercibido.

Solo el sonido de los soldados rodeándonos fuera de nuestra jaula, se escuchaban.

Mi mano, en la cual yacían varias cicatrices debido al ataque de los romanos, se deslizó por su moreno mentón, hasta elevarlo a mi altura.

Su vacía visión logró enfocarme un poco.

-Gabrielle...

Soltó un respingo al nombrarme, como si estuviese aliviada de verme viva, o como si estuviese aliviada... de ser cargada por mis piernas.

Perdida en sus celestes ojos, me acerqué hacia ella y besé su frente. Estos se cerraron en consecuencia, con una paz que juré nunca llegar a ver, en especial, en tal situación. Poco tardaron en volver a abrirse y atrapar los míos.

Me miraba desentendida, y al mismo tiempo... agradecida.

Y yo... no podía estar más sumida en ella. Porque ella es todo lo que me importaba.

-¿Estás llorando?- musitó, casi sin voz -No llores...

Pero no podía evitarlo. Lloraba por ti... porque no quería que te sintieses culpable de mi destino. De lo que iba a acontecer.

Sonreí, tratando de parecer tranquila -No lo haré... descansa.

Lo titubeaste unos segundos, sin apartar la vista de mi, hasta que te dejaste caer inerte en mis brazos, agotada.

Desplacé la mano por tu cintura, conteniéndote y acercándote más hacia a mí. Necesitaba sentirte, ya que, era probable que fuese la última vez que lo haría.

No soy capaz de explicar con palabras lo que sentía en ese momento. Sabía que iba a morir... pero me alegraba saber que iba a ser a tu lado. No obstante, la culpa de no poder haberte protegido correctamente, me abatía.

-Ya no falta mucho- Nos despertó, la voz de un soldado a través de las rejas.

Lo miré, desafiante. Hasta el último segundo, iba a cuidarte, aunque estuvieses inerte sobre mi regazo.

Tu amable voz me despabiló de nuevo.

-Hice que abandonaras el camino del amor. Fue mi culpa...

Negué con la cabeza, tratando de contener las lágrimas que me oprimían -Tuve una opción. No hacer nada o salvar a mi mejor amiga... Elegí el camino de la amistad.

El sollozó que contuve, no tardó en apoderarse de mis mejillas al observar la felicidad que irradiaba de tus ojos, al sentirte querida por mi. Lo siento, destruí la promesa... de no llorar.

Sin embargo, mi mirada seguía inmersa en la tuya. No quería perderme tus últimos gestos, tus últimas sonrisas. Quería recordarte así, tan transparente y honesta. Esa era la verdadera Xena, la que yo conocía bien.

Tus celestes y brillantes ojos descendieron un poco, clavándose en mis labios unos instantes, para luego, como si estuviesen avergonzados, volver a sumirse en mis esmeraldas.

-Lamento todas las veces que no te traté bien...- dijiste, en un murmullo.

No podía creer de lo que te estabas arrepintiendo.

-Xena, tú sacaste afuera lo mejor de mí. Antes de conocerte, nadie me veía como era en realidad. Me sentía... invisible.

Me seguías observando, embelesada, como si te estuviese cantando una canción de cuna.

-Pero tú viste todas esas cosas que podía ser. Me salvaste, Xena...

Cerraste los ojos apaciblemente, y luego los abriste de nuevo, dedicándome una mirada que se encontraba llena de amor y devoción.

-Desearía...

-... ¿Qué?

-... Haber leído tus pergaminos, aunque fuera solo una vez.

Sonreí de soslayo, aún con las lágrimas acompañándome -Te habrían gustado...

-Lo sé- respondiste, segura.

Y yo sé, muy dentro sé... que tus palabras tenían un significado más profundo.

Tus ojos, débilmente, seguían desviándose a mis labios, en cada oportunidad. Y los míos no hacían más que imitarte. Lo sabía, ahora... realmente lo sabía.

Tú y yo... nos amábamos, en más de una forma.

Poseía por el momento, descendí los párpados y comencé a acortar la distancia entre nuestras bocas. Parecías sorprendida al principio, pero no tardaste en calcar mi gesto, totalmente entregada a lo que iba a suceder. No obstante, una masculina voz, detuvo mi movimiento.

-¡Llegó la hora!

Si, había llegado la hora de nuestro momento. De nuestra... muerte.

Sin embargo, no te solté hasta el final. Estaba aterrorizada y paralizada al mismo tiempo. Pero no por mi... sino por ti.

No quería que sufrieses, ni que te sintieses culpable. Anhelaba que tu último aliento estuviese libre de cualquier pecado y remordimiento.

Y entonces... sucedió. Un nuevo remolino de recuerdos irrumpieron mis pensamientos. A esta altura, mi cuerpo dolía en el presente, y percibía mis oídos sangrar.

Un gran ciclón de imágenes me atacaban. Imágenes... dolorosas.

César sonriendo malignamente, dos cruces, nuestros cuerpos. Y tú, dispuesta a compartir la muerte conmigo.

Una confesión de tu parte, fue lo que terminó por desarmarme.

-Gabrielle, eres lo mejor en mi vida...

Ladeé la cabeza hacia ti, completamente absorta en tu ser. Nada irradiaba de mi semblante, más que amor.

-Te amo, Xena...

Un grito desgarrador, nombrando a mi agresora, me despertó de aquellas memorias, regresándome a la realidad. No obstante, el dolor de aquellas imágenes, recorrían mi cuerpo, imposibilitándome moverme.

-¡ALTI!

Percibí como sus garras me abandonaban, y un alarido, digno de una fuerte guerrera, provocaban que se alejase de mí velozmente.

Esos recuerdos me despertaron, como un gran balde agua fría. La emperatriz era... mi mejor amiga, Xena.

Y ahora todo estaba claro. ¿Pero cómo no pude verlo antes? ¿Cómo no pude ver, lo mucho que nos queríamos?

Nuestro amor traspasaba lo físico. Era espiritual. Las experiencias, la confianza, las peleas... todo, formaba el resultado de nuestro inquebrantable vínculo.

Ya no pasaba por mi incertidumbre de si nos deseábamos la una a la otra. Esto es otra cosa... lo que nosotras teníamos, y tenemos... es una unificación almica.

¿Ella lo sabe? ¿Ella recuerda también estas memorias perdidas?

Sus gritos de pelea, emitidos por el incentivo de protegerme, me dieron a entender que sí. Que si lo sabía. Y todo concordó. El episodio pasional de anoche, la conexión espiritual y física que tuvimos. Las miradas encontradas... todo... ahora entiendo todo.

Y me pregunto, ¿Cómo pude ser tan ilusa? ¿Cómo pude retrasar tanto lo inevitable?

Te escuchaba luchar contra ella y el ejército romano, pero no podía moverme. Mi boca se encontraba entreabierta, y la sangre recorría mi cuerpo. Era mi fin.

Antes de que pudiese perder la lucidez, unas cálidas manos sujetaron mis mejillas, haciéndome reaccionar, al menos un poco.

Eras tú...

-¡¿Qué es lo que te ha hecho?!

Sonabas desesperada, al igual que yo, en mi atareada mente. Me exasperaba por volver a tu lado, pero no podía... algo me lo impedía. Estaba atrapada en mi propio ser.

Desperté en una celda, totalmente amordazada. Siendo ahora consciente, traté de liberarme. Creía saber toda la verdad, creía conocer esta mentira que estaba viviendo, y eso solo significaba una cosa. Debía librarnos de este impredecible mundo, y volver al nuestro.

Un guardia, fuera de mi jaula, me miró de reojo, debido a mis intentos de escape.

-¡Déjame salir, tengo que ver a Xena!

Me esperaba un insulto de su parte, pero en vez de eso, conseguí que suspirara pesadamente, antes de buscar algo en su bolsillo.

-Ustedes dos son un verdadero problema...

Abrí los ojos, sorprendida por su empatía, mientras seguía con la mirada como abría las rejas que me aprisionaban.

Salí despedida de allí, no sin antes dedicarle una agradecida sonrisa -Gracias, extraño soldado- me detuve en seco, cayendo en la cuenta de que ese joven podía ayudarme -Ahora, si puedes ser tan amable de llevarme con la emperatriz, te estaría aún más agradecida.

También creía conocerlo a él... se sentía muy cálido y familiar, de alguna manera.

Sonrió, con un grado de inocencia, indicándome el camino -Apresúrate, escritora. No tienes mucho tiempo.

Al llegar a la celda donde se encontraba mi salvadora, el soldado detrás de mí la abrió, dándome el paso.

-No puedo creer que te vayan a matar por escribir una mala obra- captó mi atención su habla, sin embargo, no pude responder. Mi visión se encontraba muy entretenida tratando de enfocar en la oscuridad a aquella hermosa mujer.

-La vi...- continuó -podría haber tenido más escenas de pelea...

Bufé por lo bajo, para luego sonreírle -Tendré eso en cuenta.

Decidida, dirigí los pasos hacia ella. Se encontraba acostada sobre una incómoda madera, completamente lastimada de gravedad, y eso... solo terminó por destruir mi corazón.

-Gabrielle... no debiste venir...- dijo, agitada, notándome.

La sangre emanaba de ella como si de una cascada se tratase. Me sentía tan impotente... ¿Por qué había sacrificado tanto por mi?

-Alti... me mostró algo- capté como sus ojos se abrieron de golpe, asustados, porque ahora sabías... que yo conocía la verdad -otro mundo... o tiempo.

-Ya no importa...- tu brazo se estiró débilmente hacia mí. Al instante lo sujeté, ayudando a reincorporarte.

Soltaste un alarido de dolor al hacerlo, y yo... solo pude contemplarte, sintiéndome cada vez más inservible.

-Lo siento, ¿Te lastimé?

-Está bien- respondiste, animándote a posar tu vulnerable visión en la mía, que para mi sorpresa, me observaba de una profunda manera.

Ya no era capaz de soportarlo. Mi corazón palpitaba con tanta rudeza que juré que iba a detenerse en algún momento. Tenía que decirlo... tenía que confesarte lo que sentía por ti... no importaba si no recordaba los detalles de nuestra vida juntas, necesitaba hacerlo.

-Xena...

Con un notable esfuerzo, atrapaste mi mirada, que solo atinaba a adorarte.

-Cuando estoy contigo... este vacío que he sentido siempre en toda mi vida, desaparece...

Tus mejillas se sonrojaron al escucharme. Parecías sorprendida... y emotiva.

Me senté a tu lado, y con un coraje que creí olvidado, deslicé la mano por tu herida espalda -Debes decirme que está pasando.

Tu vista decayó, titubeante. Pero lo que realmente llamó mi atención, fueron tus lagrimas, que comenzaron a liberarse sin pudor alguno.

-César cambió nuestro destino... dándonos este mundo desamparado...

Pestañeé varias veces, atando los cabos que faltaban para entender nuestra situación.

-Debe haber algo que yo pueda hacer.

-No...- ladeaste el rostro hacia mi, y me sonreíste amablemente -Lo que puedes hacer es salir de aquí con vida. Debo enfrentar esto sola...

-No puedo dejarte morir- sentencié, con un sollozo acompañándome.

¿Por qué? ¿Por qué siempre era así? ¿Por qué ibas a sacrificarte... por mí?

Como si leyeras mis pensamientos, contestaste mi muda cuestión.

-Vale la pena morir por algunas cosas... ¿No es eso de lo que trataba tu obra?- me sonreíste, provocando que mi corazón se apretara con agonía -¿De estar preparado para sacrificar todo por amor?

Me perdí en tus amables y celestes ojos unos momentos, y asentí -Por amor...

-En el otro mundo, mi destino estaba unido a César, y a esa cruz- modulaste, con cierto rencor -Y los odié a ambos... pero ahora entiendo que todo sucede como exactamente debe suceder...

Volviste tú mirada a mí, haciendo que mi pecho esta vez saltase, estremecido.

-Exactamente...- susurraste, mientras mi mano, perdiendo el control, acariciaba tu espalda, adentrándose de a poco en tus ropajes, intentando curar tu lastimado cuerpo.

Los pasos de varios soltados, provocaron que plantase la visión en la entrada de la celda. De inmediato me puse de pie, con intenciones de llevarte conmigo. Teníamos que escapar.

-Xena...- sujeté tus ensangrentados hombros.

Tus ojos rodaron, perdidos en el dolor que tu ser experimentaba, debido a las heridas que los romanos te causaron por protegerme -Vete, Gabrielle...

-No puedo.

-Vete... sal de aquí- dijiste, en un hilo de voz, como si esa fuese tu última plegaria.

Las lágrimas incrementaron, cayendo en tu regazo. No podía dejarte. No quería dejarte. Pensar en no verte nunca más... destruía todo lo que quedaba de mí.

-No...

Perdida en tus hermosos ojos, acaricié tu sedoso cabello, para luego deslizarme hasta tus suaves y ruborizadas mejillas -Xena...

Los temibles pasos se aproximaban.

-Vete...

-¡No!

-Ga...-

Callé tu habla, con un desesperado arranque que mi interior pedía a gritos. Sellé tus labios con los míos, descubriendo en el acto un salado sabor que emanaba de tu piel. Estabas tan lastimada, por mi culpa... siempre por mi culpa.

-Gabrielle...- jadeaste, dentro de mi boca. Eso solo consiguió que mi respiración se entrecortara y mi pulso aumentase.

-Xena...

Entreabrí los labios, sumiéndome en los tuyos e invadiendo tu cavidad, degustándola con todo el amor que te tenía.

Oí tus apagados sonidos dentro de mí. Me deseabas... al igual que yo. Me querías, al igual... que yo.

-Emperatriz, llegó la hora.

La voz de aquel confiable soldado, me alertó. Me separé un poco, apresando tu rostro, negándome a dejarte ir.

Me miraste, dedicándome la sonrisa más preciosa que juré ver en mi existencia.

-Siempre te amaré...

Los soldados me apartaron de ti de una brutal manera, y eso solo sumó a mi desesperación.

-No la toquen... ¡NO LA TOQUEN!

Aquellos hombres aprisionaron mis brazos, mientras yo, en un inútil intento, trataba de zafarme de ellos.

-¡XENA!

Te arrastraron a las afueras de esa cárcel, pero antes de sacarte de ahí por completo, te acercaste a ese guardia que amablemente me liberó, y le dijiste algo al oído, que pude llegar a escuchar.

-Sácala de aquí con vida.

Mis pupilas saltaron de mis ojos, mientras el llanto que traté de retener, se liberaba finalmente.

No podías estar preocupándote por mí, cuando estabas a punto de morir.

Estaba harta. Harta de toda esta confusión, de este puto destino. Iba a destruirlo, cueste lo que cueste.

Choqué los dientes, observando a lo lejos como te llevaban directo a tu crucifixión. No podía rendirme, aún tenía tiempo de salvarte.

Gracias a la ayuda de aquel confiable guardia, escapé, tomé un caballo y cabalgué hacia el hogar de los destinos. Esto iba a terminar... ¡Ahora!

Mi mente se encontraba apagada, solo la ira e impotencia recorría mis venas. Y con esa sensación de fondo, llegué a ese esperado lugar.

El eco enfurecido de mis pasos retumbaba en aquel templo. Poco me importó encontrarme con las tres mujeres, denominadas dueñas de los destinos, amordazadas contra una columna.

Así que César se encargó de ellas...

Al llegar al final de ese lugar, entreabrí los ojos, aterrorizada. El telar del destino se encontraba totalmente desarmado. El destino de la tierra... ya no tenía salvación.

-Es horrible...

-Cuando César nos encadenó, no pudimos evitar que el telar creara un mundo de caos y confusión- Hablaron, una detrás de la otra.

Sin embargo, su estúpida excusa no me interesaba. Iba a destruirlo. Después de todo, el caos... es el orden natural. Quizás de esa forma, todo podría volver a la normalidad. Era mi única esperanza.

Esa era la única forma de salvar a Xena. Ya no me importaba que destino nos envolviese luego de destruir los telares. Poca importancia tenía si ella volvía a cruzarse conmigo. Poca importancia tenía si mi existencia acababa aquí.

Ahora, lo único esencial... era salvar su vida.

Guiada por la ira, tomé una de las antorchas que encandilaban el lugar, y la acerqué peligrosamente hacia el telar.

-¡No! ¡Si haces eso, lo destruirás todo!

Sonreí de soslayo, mientras alzaba mi mano hacia atrás, junto con la antorcha -Que así sea. Su telar destruyó lo que estaba destinado a suceder.

Mi destino... con Xena.

Con la impotencia acompañándome, la lancé hacia esas malditas telas, incendiándolas al instante.

Mientras unas extrañas y cegadoras luces se desprendían de allí, aprisionándome, oí en un lejano eco, la voz de mi único amor.

Te amo... Gabrielle.

-/-

Mis ojos se abrieron de par en par, mientras mi cuerpo no tardaba en imitar el susto en ellos, irguiéndose.

-¡Gabrielle!

-Ha...ha...ha...

Me llevé la mano al pecho, rasgando mi ropa... no... esto no era mi ropa, solo era una manta que cubría mi desnudes. Pero, ¿Por qué estaba desnuda?

Un tierno tacto sobre mis mejillas, giraron mi rostro, hasta que fui capaz de divisar en toda su gloria, unos preocupados y celestes ojos.

-¡Despertaste!- dijo, en un alarido de felicidad, para luego deslizar sus yemas por mi piel -¿Te encuentras bien?

Quedé ensimismada observándola. Por fin había recordado las memorias finales, que parecían selladas, de aquel destino al cual César nos encadenó.

Y ahora... no podía estar más en contacto con mis escondidos sentimientos. Pero eso... solo me hacía titubear aún más que antes. Me encontraba absolutamente paralizada. Sé que ella también recordaba aquel mundo alternativo que nos tocó vivir, pero ¿Acaso recordaba todo? ¿También el final de ese destino? ¿Es por eso que este último tiempo había actuado tan extraño? ¿No jugó conmigo, entonces?

Miles de preguntas atacaban mi mente, que se encontraba más mareada y atareada que nunca.

Llevé la mano a mi frente, y la presioné con fuerza. La dolencia en mi cabeza no se esfumaba.

-¿Q-Qué pasó?- musité, mientras sus manos sujetaban mis hombros, de una dulce forma, tratando de sentarme.

-Caíste al río, ¿No lo recuerdas?

Me destapé el semblante, sin ser capaz de mirarla.

Río... ¿Caer?

Tragué saliva con rudeza, cuando una información que también creí perdida, comenzaba a atacar mis memorias.

-Hope...- murmuré, con la mirada vacía.

-¡No, Gabrielle! Ella nunca estuvo aquí en primer lugar.

Negué con la cabeza, perdida en los recuerdos con ella.

-Estábamos en el bosque de las ilusiones, eso debió causar tu comportamiento.

-No...

-Tienes que creerme...

Volví a cubrirme el rostro, intentando evitar que las lagrimas se escapasen de mi -¡No puede ser! ¡Yo la vi, Xena! Ella me perdonó, me pidió que me... fuera con ella.

-No, Gabrielle... eso es solo lo que tu corazón desea...

Su voz decayó al dedicarme esas palabras. Parecía estar triste. Mejor dicho... parecía sentirse culpable por algo...

Sonreí de lado, de una nerviosa manera -¿Estás diciendo qué... deseo morir?

Su contestación no llegó de inmediato, en su lugar, me encontré acorralada por sus brazos, que me acurrucaron en su pecho con fuerza.

-¿X-Xena?

Me apretó más contra ella, mientras mis ojos se abrían de par en par, al sentir sus lagrimas resbalarse por mi piel.

-Tenía tanto miedo... ¡Tuve tanto miedo de perderte, tonta!

Oh, claro... yo... traté de salvar su vida, a costa de la mía. Ahora lo recuerdo... es por eso qué...

-Gabrielle...

Me inundó más en su ser, y no pude hacer otra cosa más que corresponderle. La necesitaba.

-¿Por qué lo hiciste?- escuché en un susurro, luego de unos largos minutos.

Sonreí, inmersa en su calidez, para luego aferrarme con fuerza a su, para mi sorpresa, desnuda piel.

Me reincorporé un poco, quedando a escasos centímetros de su rostro y contemplándola en su totalidad. Ella también se encontraba tapada con una manta.

Parece ser que notó mi curiosidad por ese hecho, ya que me dedicó una tímida sonrisa, y un tenue susurro en respuesta.

-Tuve que darte calor... estabas helada. Fue lo primero que se me ocurrió.

Más allá de su discurso, yo ya no era capaz de responder. No al menos conscientemente. El deseo que me inundaba en estos momentos por poseerla, era incontrolable.

El viaje dentro de mis sueños, que derivó en mis recuerdos perdidos, había despertado un lado mío que creí haber escondido bien. Claramente, no fue el caso.

Xena... ella es mi destino, esté donde esté. Y ella había salvado mi vida... de nuevo.

Ella... ella... era todo lo que necesitaba. Y por una vez, tenía que ser honesta. Ya no podía reprimir lo que sentía.

Perder a mi mejor amiga fue siempre mi peor temor... pero seguir viviendo con este reprimido sentimiento dentro de mi pecho, me daba más miedo todavía.

Me estaba descarrilando.

Mis manos aventurándose lentamente, y entreabriendo su manta, fueron la prueba de que ya no podía sosegarme.

Todo estaba en juego, lo sé. En especial... mi corazón.


¡Volví! Si, tardé un montón, ya sé :( Tuve unos problemitas de inspiración, pero ya volví, super recargada (? Creo que el próximo capitulo va a ser el último. Muchas gracias a todos por seguir esta historia!

Chat'de'Lune: jajajaj! como siempre, tus comentarios me hicieron el día xD espero que te haya gustado este capítulo, inmerso de recuerdos de la serie. Necesitaba hacerlo, creo que esos capítulos fueron hermosos :) Nos vemos en el próximo, besos!

Ririshiyo: Y resulta que todavía no es el último! jajaj, el próximo seguro lo será! gracias por leer! besos!

Dae Neil: Que bueno que te guste, y gracias por leer! Besos!

Alikion: Me alegra mucho que te esté gustando el fic! gracias por leer! besos!