Harry Potter es de Jotaká Erre.
Recuerda que si quieres conocer la historia desde el punto de vista de Draco Malfoy y todas sus impresiones (así como la de otros personajes que serán mencionados pero desde cuyo punto de vista no se va a escribir en este fic) tienes que ir a leer Penitence de Aretha Atrahasis.
Vita
Bloque I ― Finis Gloriae Mundi.
I
Un viaje de mil millas comienza con un sólo paso ― Lao Tse
Agosto, 23. Año 1998.
Abre el gigantesco baúl y observa su contenido con las manos en las caderas. Ha recogido sus rizos en un moño justo en la base de su nuca y tiene los labios más agrietados que nunca. Todavía lleva puesto el pijama (unas medias que ya son demasiado elásticas de color borgoña y un jersey viejo de color marfil) y al mirarse las manos piensa que en cuanto ordene todas sus cosas se va a arreglar las uñas.
Saca una pila de libros y la deja sobre la cama recién hecha sin mucha ceremonia. Empieza a apilar todas sus cosas sobre el colchón. Ropa. Zapatos. Más libros. El estuche de una pluma nueva. Unos cuantos tinteros. Muchos pergaminos de diferentes tamaños. Más libros todavía.
Lo coloca todo con cuidado. Las fotografías sobre algunas de las estanterías, con los libros. Los pergaminos y tinteros sobre el escritorio. Toda la ropa y zapatos en el armario. Velas aromáticas en la ventana y unas pocas sobre su mesita de noche junto a una foto con sus padres y otra con Harry y Ron.
Pasa sus dedos sobre la fotografía muggle. Sus padres sonríen mientras la aprietan en sus brazos. Ella debe de tener unos seis años en la instantánea. A su sonrisa le falta un diente y tiene las mejillas terriblemente rojas. Sonríe brevemente antes de darse la vuelta bruscamente para seguir recogiendo.
Coloca posters en las paredes, algo que nunca antes se ha molestado en hacer porque siempre lo hacía Lavender, pero ahora que tiene un cuarto para ella sola siente que es necesario darle algo más de vida. Limpia las ventanas con cuidado y vuelve a hacer la cama.
Cuando se da cuenta de que no tiene nada más que hacer se dedica a mirar a su al rededor como si estuviera perdida, dispuesta a encontrar cualquier cosa que no esté a su gusto para cambiarla. Pero para su desgracia todo está perfecto.
Saca su varita y prende una vela que huele a canela antes de dirigirse a su escritorio y sacar una caja llena esmaltes de uñas.
Hermione nunca ha sido una chica muy coqueta. Siempre le ha dado más importancia a otras cosas antes que a su apariencia. No suele maquillarse (sólo lo hace en ocasiones especiales) y su pelo siempre está hecho un desastre (primero porque sabe que no merece la pena tratar de arreglarlo y segundo porque no tiene tiempo nunca). Pintarse las uñas es una pérdida de tiempo también: siempre tiene manchas de tinta hasta las muñecas y no puede decirse que sea demasiado cuidadosa.
Aún así, durante todo este verano, pintarse las uñas se ha convertido en una costumbre constante. Ha gastado dinero en un montón de esmaltes de diferentes colores como una nueva forma de añadirle color a su vida.
Todavía se arrepiente de la gran mayoría de sus compras (¿de verdad ha sido capaz de gastar doce libras en un frasquito de cristal...?) pero las disfruta cada vez que se pone a elegir un nuevo color para sus uñas.
Cuidarse a sí misma y al mundo que la rodea (o más bien controlar el orden y su aspecto) son su nueva forma de distracción. Dedica su tiempo a intentar arreglarse, verse mejor, porque tiene la sensación de que si se cuida por fuera también la ayuda a verse mejor por dentro.
Lo leyó en una revista hace unos meses.
Suspira y escoge un esmalte de color borgoña. Lo sacude brevemente y se dedica a pintarse las uñas con precisión milimétrica.
Cuando hace cosas mundanas, cosas cotidianas, siente que su cerebro desconecta. Se centra al cien por cien en la tarea que tiene delante. Trata de olvidarlo todo. Desconecta del mundo a través de tareas que repite una y otra vez.
Observa sus uñas, que lleva todo el verano dejando crecer, y las inspecciona con ojo crítico a fin de encontrar cualquier fallo. Y cuando no encuentra nada que arreglar, cuando el esmalte está seco y ya no tiene nada que hacer se deja caer hacia atrás en su asiento. Mira hacia la ventana y observa el cielo encapotado con ojos tristes.
―¿Qué puedo hacer ahora...?
Ha leído cada maldito libro de la habitación así que decide bajar a la biblioteca a fin de encontrar algo, lo que sea, que pueda distraerla de sus negros pensamientos.
Se pone unas zapatillas y una chaqueta de punto y sale de la habitación, varita en mano. Son sólo las seis de la tarde pero los pasillos están oscuros. En su nariz puede sentir el inconfundible olor a azufre y terror. Se apoya brevemente en una de las paredes pero la voz de un desconocido la sobresalta, haciendo que se dé la vuelta alzando la varita.
―Señorita... Tenga cuidado con esta pared, todavía no hemos colocado los hechizos reforzadores. ¿Está usted bien?
Es uno de los hombres que hacen posible que la escuela abra sus puertas dentro de cuatro días. Hermione siente su cara enrojecer y baja su varita con cuidado.
―Sí. Sí, estoy bien. Lo siento.
―No se preocupe, Señorita. Tenga un buen día.
―Gracias.
Se da la vuelta lentamente y echa a andar con paso tranquilo nuevamente. Se pasa una mano por la cara y suspira algo más. ¿Qué hace aquí tan pronto? ¿No debería estar con sus padres, tratando de ayudarles a recobrar su memoria? ¿No debería de estar con Ron, que ha perdido un hermano y parece estar perdiendo a otro? ¿Y Harry? La necesita... Ella es la que mejores consejos puede darle sobre cómo tomar apuntes ahora que va a entrar en la Academia de Aurores...
―¿Hermione?
La aludida abre los ojos brevemente y mira a su derecha. La directora McGonagall la observa con ojos curiosos y cautelosos. Delante de ella flota una pila gigantesca de formularios y papeles.
―Directora McGonagall. Disculpe, estaba... Estaba pensando.
Siempre está pensando. Siempre tiene la cabeza llena de ideas. Voces, explosiones, miedo, oscuridad, rayos de colores que traen demasiado recuerdos en un sólo segundo. Rostros, nombres, palabras sueltas que algunas personas le han dedicado durante algún momento.
―Me dirigía a su dormitorio para que me ayudara con unos cuantos papeles. Si quiere.
―Por supuesto ― dice ella sin pensárselo ― Estaré encantada de ayudarla. Ya estaba volviendo a mi cuarto.
McGonagall no comenta que es evidente que iba hacia otra dirección y se lo agradece infinitamente. Haber venido unos días antes de lo debido puede que no haya sido de las mejores cosas que ha hecho, pero a pesar de ello todavía logra distraerse todo lo que puede.
―Pronto todos estos pasillos estarán llenos. ¿No está emocionada?
―Claro ― dice ella en voz baja.
¿Emocionada? Sí. Supone que podría estarlo. Pero sólo con pensar que hace unos meses estos pasillos estaban repletos de cadáveres siente ganas de llorar y vomitar y entrar en crisis nerviosa.
Llegan a su dormitorio (privado, McGonagall ha tenido el detalle de darle una habitación para ella sola, segura de que lo necesitaría y convencida de que sería responsable con dicho él) y dejan las pilas de papeles sobre una de las mesas.
―Veo que lo ha colocado todo a su gusto.
Hermione se abstiene de comentar que ha movido todos los muebles como una forma más de distraerse.
―Oh, y ha añadido una pequeña zona de cocina. Muy inteligente.
La bruja más joven sonríe brevemente y coge unas pocas plumas del cajón de su escritorio.
―Espere un momento, Hermione. Venga, siéntese aquí conmigo, he de comentarle algo.
Hermione se acerca con paso dubitativo a la directora, pero la mirada serena de la mujer mayor la tranquiliza de cierto modo. En todos los años que ha pasado en Hogwarts siempre se ha sentido terriblemente cercana a ella. Quizás porque Minerva fue quien la acompañó la primera vez por Diagon Alley a la hora de comprar todos sus materiales para su primer año en la escuela. Quizás porque ha sido una especie de figura materna, severa pero en el fondo cariñosa, cuando se ha sentido sola y devastada cuando todo era todavía demasiado nuevo y abrumador para ella.
―¿Ha pensado...? ― la mujer suspira ― Esto es difícil de plantear, Hermione. Pero necesito pedirle algo. Necesitamos que haga algo.
―Vaya al grano, Directora, no es propio de usted dar vueltas al rededor del tarro.
La mujer sonríe brevemente y le pasa un documento.
―Ficha del preso número: D96575M. Nombre, Lucius Abr-
Hermione alza los ojos del papel bruscamente y mira fijamente a su mentora. Siente su garganta apretarse.
― ¿Qué pretende, profesora McGonagall?
―Hemos... El Ministro Kingsley ha descubierto la mejor forma de permitirles la redención. Mejor que Azkabán. Más humano.
― ¿Es humano lo que nos hicieron?
―No la veía como una mujer rencorosa, Hermione.
Ella aprieta los dientes, resentida y dolida. ¿Rencorosa? No, no es rencor. Es rabia. Rabia y terror. No sabe lo que quieren que haga, pero sólo con leer el nombre de ese hombre siente el miedo recorrerla, asfixiarla.
― ¿Qué quiere que haga, profesora? ¿Abrazarlo y decirle que le perdono todo?
―Penitence y Vita es una ley que se ha perdido en el tiempo, pero sigue siendo vigente. Es un castigo que termina única y exclusivamente cuando el castigado se ha redimido realmente. El preso tomará la forma de un animal y será puesto a cargo de una víctima o lo que puede considerarse una víctima de sus crímenes. En este caso-
―Al ser una hija de muggles y heroína de guerra soy el mejor partido para este hombre.
Deja el papel sobre la mesa y se queda mirando el nombre del preso en silencio.
―Sé que le estoy pidiendo mucho ahora mismo. Pero puedo asegurarle que es lo mejor. También para usted. Cuidar... Cuidar de alguien a parte de sí misma la ayudará a centrarse nuevamente. A ser usted de nuevo. Porque una pobre criatura dependerá de sus cuidados.
― ¿Y si prefiero que muera antes que cuidarlo?
Minerva McGonagall se levanta en silencio y le sonríe suavemente.
―Ya ha visto muertes suficientes.
Y lo que le duele es que es cierto.
Por eso acepta.
ººº
Ficha del preso número: D96575M
Información básica:
Nombre: Lucius Abraxas
Apellido: Malfoy.
Género: Varón.
Familia: Malfoy.
Estatus de sangre: Pura.
Posición en la familia: Patriarca
Madre: Margot Malfoy (de soltera Fang).
Padre: Abraxas Malfoy.
Edad: 44 años.
Fecha de nacimiento: 24 de Noviembre de 1954.
Patronus: Ninguno.
Cursó estudios en: Hogwarts (casa Slytherin).
Causa de su condena:
Mortífago.
Detalles:
El preso número D96575M, ha sido declarado culpable por ser miembro activo del grupo conocido como "Mortífagos", usar las maldiciones prohibidas contra brujas, magos y muggles en reiteradas ocasiones. Asesinar a más de 30 personas, tortura, conspiración y malversación de bienes.
Pena:
El tribunal condena al acusado a prisión indefinida en Azkabán, sin posibilidad de reducción de pena.
Se le condena a la reclusión perpetua e indefinida en el ala de mayor seguridad de la prisión y debe estar bajo la vigilancia constante de un auror y dos dementores mínimo.
Este tribunal sentencia a Lucius Abraxas Malfoy a ser recluido, hasta el día de su muerte, en la prisión de Azkabán.
ººº
Agosto, 24. Año 1998. (11:34)
Le colocan algo de ropa limpia en las manos cuando lo dejan salir de la celda. Es la primera vez que sale de su celda desde que lo encerraron, hace unos dos o tres meses. Caminar más de seis pasos le es dificultoso, pero es capaz de hacerlo sin ayuda. No quiere que lo vean cojear o flaquear. No quiere suscitar más burlas hacia su persona.
Camina con los hombros rígidos hasta la sala de duchas. El moho y el olor a humedad son asfixiantes, pero es mil veces mejor que el olor a cerrado putrefacción que empaña sus días. El agua que le cae encima está completamente helada, pero se frota todo el cuerpo con el jabón que le entregan. Huele a lejía y desinfectante pero no le importan ni la tirantez en su piel ni el escozor en sus ojos cuando se frota la cara y el largo pelo con él.
No sabe por qué lo dejan asearse ni colocarse ropa limpia pero cuando lo llevan a la sala de visitas sospecha que es porque ha recibido visita.
¿Cissa?
¿Ha venido Cissa? ¿Después de todo lo que ha pasado entre ellos?
Una extraña presión se adueña de su pecho cuando llega ante la puerta de metal que lo separa de la persona que ha venido a verle. ¿Está su ex mujer esperándole al otro lado? ¿Ha venido a decirle algo importante? ¿Qué podría obligarla a venir hasta aquí pudiéndole enviar otra de sus escuetas y miserables cartas?
(Lucius,
Los días pasan y de alguna forma siento que la vida ha dejado de tener sentido porque (…) y como Draco no contesta a mis cartas por favor dile que su madre piensa en él cada d(...) No soporto más las miradas y los...)
―Entra ― ladra el auror después de abrir la puerta ― ¡Vamos!
Lucius da un paso al frente y entra en la sala. La puerta se cierra detrás de él, el auror no ha entrado. La sala es como todo lo que puedes ver en Azkabán: húmedo, frío, lúgubre y desalentador. Sólo hay una mesa metálica y un par de sillas a cada lado de esta. Se sienta en la más cercana, aliviado de poder descansar por fin después de pasar tanto rato de pie.
Junta las manos frente a él y espera pacientemente. Pero cuando la puerta se abre no es Cissa la que entra. No, es una elegante y rubia mujer vestida de seda y fino algodón la que se acerca a él.
―Señor Malfoy.
―¿Quién es usted?
―Soy Megane Milfick, su abogada. Vengo en representación de-
―Está bien, señorita Milfick, puedo hacerme cargo de esto perfectamente ― interrumpe la voz grave y tranquila de un hombre ― Señor Malfoy.
―Ministro Schaklebolt.
―¿Cómo se encuentra?
Lucius pasa de contestar a la pregunta, sólo se centra en el altísimo hombre que se sienta frente a él. La joven mujer frunce levemente el ceño pero saca unos cuantos papeles de su maletín de piel de dragón.
―Bien. Le traigo grandes noticias, Señor Malfoy.
El Ministro coge los papeles y los coloca con cuidado sobre la mesa fría. Lucius siente la curiosidad reptar por sus venas y se inclina hacia ellos para inspeccionarlos y, finalmente, se endereza. Con la misma expresión de confundida expectación que llevaba antes de llerlo.
―Esto es...
―No sé si conocerá la existencia de la ley Penitence y Vita, señor. Aunque lo dudo pues ni yo mismo la conocía hasta hace poco. He estado estudiando su caso. Creo que es posible salvarle y ayudarle poniendo en práctica esta ley. Creo en las segundas oportunidades.
Lucius siente todo su cuerpo tensarse de repente.
Vuelve a fijar su mirada en el papel que explica brevemente en qué podría consistir su liberación. ¿A cargo de una víctima de sus crímenes?
—¿Por qué a mí? Mi hijo es mucho más joven, tiene toda su vida por delante. Podría conseguirlo.
El Ministro sonríe brevemente.
—He revisado el caso de su hijo. No se le preparó ninguna defensa. La señorita Milfick aquí presente es quien va a representar a Draco en su nuevo juicio. Ha preparado una defensa sólida y está dispuesta a ayudarle. Sólo tiene que aceptar y Draco podrá salir de Azkabán. Para siempre.
Lucius agarra la pluma que le entrega la tal Megane. No puede tener más de veinticuatro años. Tiene ojos color aceituna, el pelo claro le recuerda terriblemente al de Cissy. Manos finas que no tiemblan cuando coge la pluma de entre sus dedos. Su sonrisa es cálida y segura y puede ver en su postura que esta niñata puede ser laclave para empezar de nuevo.
Lucius Abraxas Malfoy escribe al final del documento que le entregan.
Después, todo son emociones confusas y renovadas. El Ministro y la señorita abogada se lo llevan a la salida. Le quitan los grilletes, le ofrecen una capa y sube a un barco hasta llegar al Ministerio nuevamente. Kingsley lo lleva a una celda que es, de lejos, muchísimo mejor que el agujero en el que ha estado viviendo estos últimos meses.
Al día siguiente es llevado a la sala de tribunas del Wizengamot. Draco ha sido llevado allí. Lo han dejado vestirse y asearse apropiadamente. Está mucho más delgado y con el pelo por los hombros es el vivo retrato de su madre. Pómulos altos, la barbilla puntiaguda. La frente amplia y lisa. La nariz recta. La gente suele decir que su hijo es igual que él, pero es sólo porque ven sus ojos grises y su porte. Draco, en realidad, siempre ha sido una copia exacta de su madre.
Draco muestra principios de arrepentimiento. El Ministro le ha dicho que no le han contado para qué lo han traído para evitar que pudiera preparar mentiras a la hora de salirse con las suyas. Pero Draco habla con la verdad hasta que la caga.
—Usted será convertido en un animal.
—¡Y una mierda viejo chiflado! ¡¿Me habéis encerrado en Azkabán como a una sucia rata y ahora queréis convertirme en un puto animal?! ¡No lo consentiré! ¡Antes prefiero convertirme en un Espectro a ser degradado a tal cosa!
Lucius desearía que su hijo también hubiese heredado el sentido común de Cissa. Pero ahora mismo el orgullo habla por su hijo. Puede que también el terror.
Es su deber, como padre que ha fallado en todo lo demás, llevarlo por la senda correcta. Al menos ésta vez.
—¡Draco! — su hijo se da la vuelta, rígido como una viga, para mirarlo con los ojos tan grandes que le recuerda la expresión que tenía Cissa en la cara el día que le dijo que el Lord iba a instalarse en Malfoy Hall — Tu madre y yo no te hemos criado para que mueras tan joven en Azkaban. Sabemos por lo que has pasado — Merlín, es igual que ella... Es igual que ella... — Así que haz lo que tienes que hacer para seguir con tu vida y acepta.
ººº
Agosto, 24. Año 1998. (11:56)
Se lo ha tomado mejor de lo que esperaba pero peor de lo que imaginaba. Hermione Granger, a día de hoy, le resulta una dolida y confusa desconocida. Parece no quedar prácticamente nada de su querida alumna.
Se sienta en su sillón y coge su manta de estampado escocés para colocarla sobre sus piernas. Saca una enrome carpeta y se pone a revisarla. Este año Hogwarts estará más abarrotado que de costumbre pero, de cierta forma, eso le resulta reconfortante. Sí. Todos rotos. Todos confundidos, perdidos. Pero sabe que esto, volver a la escuela, es el primer paso para volver a la normalidad para muchos de ellos.
Incluso para ella misma, tiene que reconocerlo.
―Minerva.
La mujer alza los ojos para encontrarse con la mirada pálida de su predecesor.
―Albus. No creería despierto a estas horas.
―Hasta hace poco soy yo quien se quedaba hasta estas horas organizando los horarios y las clases, como estás haciendo ahora.
―Al menos contabas con mi ayuda ― dice ella con una sonrisa tensa y triste estirándole los labios ― ¿Cómo te encuentras?
―Más muerto que vivo, querida. Pero bien. ¿Qué puedes contarme del mundo? ¿Kingsley te ha dado noticias de lo ocurrido?
―Sé que hoy ha ido a hablar con los Malfoy. No sé cuál será la respuesta de ambos pero espero que sea positiva. Pocas veces les darán una oportunidad como estamos dispuestos a darles.
―Diría más bien que nunca más la tendrán.
―Cierto.
―¿Qué opinas tú, Severus?
El aludido levanta la cabeza brevemente y se encoge de hombros.
―No tengo nada que decir. Ya lo están diciendo todo.
―Pero, ¿crees que Lucius aceptará la propuesta? ¿O Draco?
El hombre se acomoda en su asiento y mira desde su cuadro a Minerva con ojos severos, pero su ceño fruncido denota frustración.
―Creo que Lucius podría reaccionar mal. Pero cederá. Draco aceptará. Le costará, más por miedo que por orgullo, pero aceptará. Su mente es fuerte, resiste, no sólo porque es bueno en Oclumancia, sino porque tiene una fortaleza interna para sobrevivir y aguantar. Pero... Azkabán podría minarle más que a los demás. Estoy seguro de aceptará más por volver a sentirse equilibrado mental y emocionalmente que por otra cosa.
Dumbledore asiente secamente con una leve sonrisa.
―Las cosas saldrán bien, Minerva. Ya lo verás. Veo la preocupación hasta en tu forma de respirar.
―Estamos a dos días de abrir nuevamente la escuela. Y hay tanto que hacer todavía... El profesorado llega mañana y... Bueno. Sólo estoy estresada.
―Todo va a salir bien. La señorita Granger volverá a ser ella misma y no tendrás que seguir preocupándote tanto por ella.
La mujer suspira brevemente y levanta la varita para conjurar una taza de té bien caliente cuando una lechuza parda aparece repentinamente en su mesa.
El ave suelta la misiva y se marcha en seguida sin esperar una golosina a cambio. Sin duda es la lechuza del Ministro. Es tan escueta y breve como su dueño. La bruja alarga el brazo y recoge el pergamino cuidadosamente doblado.
―Han aceptado.
Sonríe brevemente y se reclina hacia atrás. Ahora tendrá a Lucius Malfoy en su escuela, convertido en quien sabe qué animal, haciéndole compañía a la mejor alumna en muchas generaciones. ¿Qué podría salir de todo esto...?
ººº
Septiembre, 1. Año 1998.
―Quiero darles la bienvenida a todos. Para muchos esta es la primera vez que venís aquí. Para muchos más... Es el regreso a un lugar lleno de recuerdos.
Minerva recorre la sala con los ojos. Es fácil encontrarse con las miradas de los alumnos de primer año que ya han sido sorteados. La mesa de Slytherin es escueta. Sólo alumnos de primero, pocos de tercero y cuarto. Ninguno de los que deberían estar repitiendo séptimo curso están aquí, excepto cuatro: Daphnee Greengrass, Theodore Nott, Pansy Parkinson y Blaise Zabinni. Los cuatro alejados de sus demás compañeros, sus ojos clavados en diferentes puntos de la habitación.
―Sé que muchos estáis aquí en busca de un poco de normalidad después de todo lo que ha pasado en el mundo. Recordad que esta es vuestra escuela, vuestro hogar. Hogwarts os acoge para ayudaros a seguir.
Ve que muchos se tapan la cara, que otros apartan la mirada, que otros tantos ahogan un sollozo. Hermione Granger, curiosamente, está sentada en la parte más lejana de la mesa de Gryffindor, junto a la columna en la que han grabado los nombres de las víctimas de la guerra que lucharon valientemente.
Ve que una de sus manos está pegada a la columna, como si acariciara los nombres que están a su alcance. Como un reconocimiento, un saludo. Una forma de no olvidar.
―Se van a producir muchos cambios este año, pero no se preocupen, nada relevante. Los alumnos de octavo año compartirán todas sus clases, dado que no muchos de ellos han regresado a la escuela. Por lo demás los horarios de todos los demás cursos serán como en años anteriores. Ahora ― alza los brazos de esa forma tan cálida que siempre hacía Dumbledore en sus días como director ― ¡A comer!
Los murmullos se elevan por el Gran Comedor. Todos se inclinan sobre los platos, dispuestos a atiborrarse de comida.
―Lo has hecho muy bien ― le murmura Flitwick cuando vuelve a sentarse ― Muy, muy bien, Minerva.
El resto del profesorado asiente y le sonríen brevemente. Ella agradece silenciosamente sus palabras y vuelve a mirar al alumnado frente a ella.
Todo está tan diferente al año anterior. Pero sigue sin ser nada de lo que quiere. Puede ver las diferencias, los rencores, los silencios que cubren el dolor. Todavía va a tener que pasar mucho tiempo para que las cosas sean como han de ser. Pero confía en que todo va a salir bien.
Tiene que salir bien.
ººº
Hoy es el día que tanto ha estado temiendo. Ha recibido la visita de Kingsley explicándole todo lo que va a ocurrir. Se ha estado preparando mentalmente para su nuevo inquilino. Ha recibido un paquete en el que le han entregado una lista de los cuidados que ha de tener con su peludo amiguito (que no sabe muy bien cuando va a llegar) así como diferentes objetos que podrían serle útiles.
Come sin apetito. Nerviosa y de mal humor, revuelve su comida con la punta de su tenedor y despedaza una patata con su cuchillo.
― ¿No vas a comer nada, Herms?
Niega con la cabeza.
―No tengo hambre.
Ginny rueda los ojos antes de quitarle el plato y vaciar su contenido en el suyo propio.
―Siempre te pasa igual. El primer día estás tan nerviosa que no te entra nada. No entiendo cómo estás tan nerviosa, ¡ni si quiera deberías estar aquí! Podrías estar en la Universidad Mágica ahora mismo. ¿No querían darte una beca para estudiar Leyes? Deberías haberla aprovechado.
―No quiero entrar en la Universidad sólo porque sea heroína de guerra.
―También quieren que vayas porque eres la bruja más preparada de esta y las siguientes veinte generaciones, joder.
Neville asiente mientras llena un trozo de pan de salsa holandesa.
―Ginny tiene razón, Hermione. Podrías haber aprovechado esta oportunidad.
―¿¡Y si no quiero ninguna oportunidad!? ― exclama ella levantándose de golpe. Unas cuantas personas paran de hablar para mirarla y se da cuenta de que incluso en la mesa de Slytherin, la más alejada, se han dado cuenta de lo que acaba de hacer ― ¿Y si no quiero...?
Recoge su túnica y se marcha del Gran Comedor a toda prisa. Los murmullos no tardan en elevarse de nuevo en cuanto sale por la gigantesca puerta.
No tiene tiempo para nada de esto. No tiene tiempo para estudiar, para centrarse, para cuidarse, para quererse, para olvidar.
No tiene ni tiempo ni ganas para de nada pero es lo que tiene que hacer y a Hermione la han educado para que primero vayan sus responsabilidades y después sus placeres.
Ahora mismo sus responsabilidades son claras: estudiar, aprobar, sobrevivir, centrarse nuevamente, encontrarse nuevamente, ayudar en todo lo que pueda a la directora McGongall, tratar de mantener a flote su relación con el mundo y
(Abre la puerta de su dormitorio y mira la cama directamente).
Al parecer también tiene que incluir un hurón de ojos grises a toda esta extenuante lista.
―Maravilloso. Bienvenido a mi desastre de vida, Señor Malfoy. Póngase cómodo, le traeré unas palomitas para que no se pierda detalle de lo patética que soy hoy día.
ººº
Había muchas formas de humillarle. Muchísimas. Pero esperaba (sinceramente esperaba) que no se emplease ninguna de ellas a la hora de hacerle cumplir este castigo. Pero al parecer en el Ministerio no le quieren dejar pasar ni una.
―¡Oh mami, ¿nos lo podemos quedar?! ¡Por favor, por favor! Cuidaré de él. ¡Lo prometo!
La niña lo abraza con todas sus fuerzas y piensa que va a ser asfixiado. Su nuevo tamaño le da perspectivas del mundo que no le gustan nada, como por ejemplo ver a una muggle siendo mucho más alta que él.
―No lo sé, Aqua... Es posible que necesite cuidados muy especiales...
―¡Pero el Ministerio nos lo ha pedido!
La mujer frunce el ceño y recoge el papel que le entrega su hija. Sí, el papel que venía con él en el interior de esa humillante caja de cartón.
―Malfoy... ― lee la mujer en el documento ― Dios, Jeremy sabría qué hacer...
Lucius siente que la niña que lo abraza se pone muy tensa de repente. Sus pequeños brazos se ponen a temblar y siente que todo su cuerpo está terriblemente rígido. La mujer se percata también y se agacha para estar a la misma altura que la niña pelirroja.
―No te preocupes, cariño. El Ministerio ha decidido hacerte este regalo para... Para celebrar que hace poco pudiste hacer magia.
―Papi habría estado tan orgulloso.
La mujer sonríe tiernamente y le pasa las manos por la larga cabellera de fuego. Mira fijamente los pequeños y redondos ojos de Lucius y sonríe levemente también.
―Habrá que ponerle un nombre. Uno adecuado.
―He pensado que Cuá sería perfecto.
― ¿Cuá...? Sí. Suena perfecto. Muy apropiado.
Claro que es apropiado.
Ahora es un jodido pato.
¿Pero no iba a ir a Hogwarts con la amiga de Potter...?
Lucius siente su sangre hervir. El nombre de su hijo retumba en las paredes de su cráneo. Estúpido niñato.
YEEEEEEEAAAAAH BIATCHES
La cosa empieza duro. Ponerme de acuerdo en fechas y otros detalles con Aretha es de vital importancia en este fic, disfrutadlo plenamente, srsly. También quiero recordaros que ninguno de los personajes sobre los que escribo (Hermione, McGonagall y Lucius por ahora) tendrán punto de vista desde el fic de Aretha, es por eso que en este fic no saldrán los puntos de vista de Draco ni de los personajes sobre los que ella escribe (como Kingsley) y para entender perfectamente la ley Penitece y Vita tendréis que acudir a su fic para enteraros de tooooodos los detalles (id, se lo ha currado muchísimo y ha quedado un pasaje im-pre-sio-nan-te).
Tampoco importa el orden en el que leais cada fic. Podéis empezar siempre por el que os dé la gana. Supongo que al ser algo tan nuevo, un formato tan diferente a la hora de leer un fic siento tanta necesidad de explicarlo todo tantísimo. Cuando llevemos unos cuantos capítulos todos iremos pillándole el truco C:
Otra cosa: mi obsesión con G-DRAGON no es normal. Os lo juro. Aunque no tiene nada que ver (xDDD) sí os diré que pienso incluir canciones suyas en unos cuantos caps y puede que incluso en FpN (oh my gawd) así que id acostumbrandoos al K-POP, bbz.
Bueno, me despido ya.
¡Cuidaros!
Miss Mante.
PD: Buscad el nombre del bloque en google. Intentad sacarle el significado a ese cuadro. Por cierto, cada bloque (¡esto me recuerda tanto a Self Harm!) tendrá el nombre de un cuadro cuyas simbologías estarán relacionadas con lo que se retrate en dicho bloque ;D
PD: Mil, mil, mil, mil trillones de MILLONES de gracias a todas las personas que se han pasado por este fic y por el de Dali para leer, dar a fav o dar a follow. Muchas gracias por vuestro apoyo.
