Harry Potter es de Jotaká Erre.
Recuerda que si quieres conocer la historia desde el punto de vista de Draco Malfoy y todas sus impresiones (así como la de otros personajes que serán mencionados pero desde cuyo punto de vista no se va a escribir en este fic) tienes que ir a leer Penitence de Aretha Atrahasis.
(perdón por la tardanza).
DISCLAIMER SOBRE TEMA PELIAGUDO TRATADO EN ESTE CAPITULO: LA RELIGIÓN. En este capítulo la religión católica se ve descrita desde el punto de vista de un mago que no entiende en absoluto el proceso de lo que es una misa cristiana, por qué se hacen ciertas cosas o por qué se dicen ciertas otras cosas. En NINGÚN MOMENTO se pretende hacer una crítica o una burla a esa (o cualquier otra) religión. La escena descrita desde el punto de vista de Lucius es, además, una escena que me toca a mí personalmente como nieta de una huérfana de la guerra civil española que fué criada y educada por monjas desde los 7 hasta los 23 años. Es decir: la religión ha sido algo muy importante en mi vida durante mucho tiempo, y a pesar de que soy agnóstica he crecido visitando la iglesia bastante a menudo. Como os digo la escena que describo es, básicamente, un recuerdo de mi infancia así que NO, no pretendo insultar a Dios, a Cristo, a la Santa Iglesia Católica ni nada parecido. Sólo es un recuerdo. Mío. De cuando era una renacuaja y no entendía una puta mierda de lo que es el dolor, la agonía y la desepseración.
Dicho esto: ¡a leer!
Vita
Bloque I ― Finis Gloriae Mundi.
V
Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Sólo mediante el amor y la amistad podemos crear la ilusión momentánea de que no estamos solos. — Orson Welles
Octubre, 16. Año 1998.
La está mirando.
Merle Schiller es consciente de que, siempre y cuando esté dando clase, va a tener la atención de (casi) toda el aula a la que le imparte su asignatura pero por alguna razón es capaz de sentir una mirada en particular.
Theodore Nott la devora con sus ojos. Ojos infernales de color azul marino. Tan oscuros que parecen marrones hasta que te hundes en ellos. Tiene dieciocho años, mide como un metro noventa y tiene el cuerpo desgarbado de cualquier adolescente. Pero algo en él hace que dentro de ella crezca una sensación de vértigo. Algo sin nombre. Algo que no debe ser bautizado si no quiere meterse en problemas.
―Profesora Schiller.
La mencionada se da la vuelta para mirar al alumno que acaba de llamarla. Es Blaise Zabinni. Le hace una pregunta pero es incapaz de contestarla. Sabe la respuesta pero es incapaz de pronunciar palabra. No cuando Theodore Nott la mira de esa forma.
―Ummm, yo... ― carraspea apartando los ojos ―. Quédese después de clase para que pueda resolver todas sus dudas.
Se da la vuelta a toda prisa nuevamente para seguir escribiendo en la pizarra. A sus espaldas puede escuchar el sinfín de cuchicheos que los alumnos susurran entre ellos. Algunos sueltan risitas agudas, otros parecen no darle importancia.
Sabe que Nott es el único que sonríe por pura satisfacción y no por diversión. Y no puede evitar sentirse frustrada. Porque este estúpido niñato la pone tan nerviosa como cuando tenía que enfrentarse a los mortífagos. Tiene el mismo poder que un Crucio. Parece poderla controlar sin usar Imperio. Un escalofrío recorre toda su espalda cuando piensa que sus ojos, a pesar de que no son verdes, tienen el mismo poder que un Avada Kedavra...
―Dado que queda todavía media hora de clase vamos a emplearla para que hagan un poco de tarea ― las protestas de los alumnos no se hacen esperar, pero ella las ignora ―. Quiero que hagan los ejercicios al final del tema cuatro. La semana que viene haremos una prueba de los cuatro primeros temas que hemos visto en clase. ¿Si, señorita Parkinson?
La joven se levanta cuando le da permiso para hablar. Se coloca la corta melena detrás de las orejas antes de abrir la boca.
―¿Esa prueba entrará en la nota final del trimestre?
―¿Para qué quieres saberlo, mortífaga? ― escupe un alumno de Gryffindor cuyo apellido nunca consigue recordar ―. Ni si quiera deberías estar en la escuela. Ni tu ni los tuyos.
―¿Quienes son los míos, Finnigan? ― responde la joven cuadrando los hombros, dando un paso al frente ―. ¿Quieres decirme a la cara lo que sólo me dices a las espaldas, cobarde?
El joven se levanta dispuesto a sacar a la varita, la joven bruja no se echa atrás y saca la suya en menos de un segundo. Finnigan es retenido por otros alumnos de su casa mientras que a Parkinson la han rodeado sus compañeros de casa. Nott se ha colocado detrás de ella mientras que Greengrass y Zabinni están al frente. No parecen querer detenerla. Más bien pretenden asegurar que ellos serían los vencedores.
―¡Basta! ― exclama la profesora cuando consigue salir de su estupor ―. Me siento profundamente avergonzada, señor Finnigan. Márchese ahora mismo al despacho de la Directora. ¡Vamos!
―¡Ella también ha sacado su varita! ― protesta él.
―En defensa propia, sin duda. Usted ha empezado la discusión. Márchese.
El joven agarra sus cosas y se dirige a la puerta para marcharse.
―Si hay justicia arderéis en el infierno.
Después del portazo que ha dado al salir sólo hay silencio. Silencio pesado y doloroso a penas roto por el murmullo de un par de chicas al fondo de la sala. Los Slytherin se mantienen pegados los unos a los otros. A pesar de que Parkinson es quien ha sido víctima del ataque la que parece más afectada es Daphne Greengrass.
―La clase ha terminado, podéis marcharos.
―No ha contestado a mi pregunta.
Vuelve a mirar a Parkinson cuando esta le habla. Guarda su varita en la manga de su túnica, no en su bolsillo como suelen hacer todos los demás. Parece sosegada a pesar de lo que acaba de vivir.
―Los exámenes son el setenta por ciento de la nota final. Le aconsejo que estudie bien el temario.
La joven asiente y vuelve a su pupitre para recoger sus cosas. Blaise Zabinni se coloca a su lado, murmura algo y la joven se enfurece.
―¿¡Quieres que deje de dar la cara!? ¡No voy a esconderme!
Schiller se queda en completo silencio, al igual que los pocos alumnos que todavía estan en el aula. Pansy Parkinson, sus mejillas rojas de ira, se da la vuelta y mira a todos los presentes.
―Me da igual lo que creáis. Me da igual quiénes sois o quiénes creéis que somos. No dejaré que me pisoteéis. No con vuestras falacias. Puedes decir lo que quieras, Theodore ― añade mirando al aludido antes de marcharse ―, pero sí podemos cambiar las cosas. Si queremos hacerlo.
ººº
[...] dice que los ataques son una posibilidad cada vez más lejana. Todavía quedan mortífagos a los que atrapar, pero el cuerpo de aurores está preparado y los están buscando a todos.
Tambien nos hemos enterado de que tenían montada una red de reclutamientos. Al parecer tenían una jerarquía muy compleja que se ha comparado con la de una organización muggle que asoló la población judía en Europa hace unos años. Una vez me hablaste de ellos, seguro que sabes a lo que me refiero.
Lo más escalofriante es el hecho de que los reclutamientos se empezaban con gente muy joven, Herms. Se ponían al cuidado de los que estuvieran más aventajados. Y estos a su vez eran los subordinados de un superior. Algo así como Jefes de Casa en Hogwarts.
En los archivos que se han revisado pone que la persona con el mayor cargo entre toda esa organización de entrenamiento de pequeños asesinos era Daphne Greengrass. ¿Quien lo diría, eh? Aunque Malfoy desde luego no iba a ser, es un cobarde, no vale para nada.
En fin, ya hablamos si eso.
Ron.
ººº
Entiendo que quiera que sus alumnos tengan cierta distracción, Directora McGonagall, pero le aseguro que todavía no es del todo seguro que salgan de la escuela. A pesar de que el grupo que hemos detectado es muy reducido sigue suponiendo un peligro para la seguridad de los alumnos y es por eso que le p...
ººº
Niñas:
Los días empiezan a refrescar, pero el sol sigue estando presente en el cielo, de la misma forma en la que vosotras seguís estando presentes en nuestros pensamientos.
Astoria, sigo sin poder contactar con Narcissa, pero nos han aconsejado escribirle a Lucius. A pesar de que está en máxima seguridad estoy segura de que puede seguir recibiendo visitas y correspondencia.
No me conviene desplazarme para visitarlo, pero le haré llegar tus deseos para que podamos empezar a planificar el compromiso.
No estan en condiciones de negarse.
Te quiero,
Madre.
ººº
Herms,
No sé si Ron te ha contado todo lo que hemos descubierto en el cuerpo de aurores, pero por si acaso te haré un breve resumen: entrenaban a niños para enviarlos a luchar.
Es desquiciante. McGonagall me comentó que durante el curso Snape permitió que muchos alumnos de Slytherin se marcharan a casa antes de tiempo después de graduarse (algunos en Noviembre) y nunca supo el por qué. Ahora todo tiene sentido: irónicamente Voldemort le daba bastante importancia a los estudios básicos de sus acólitos, así que después de hacer que se graduaran los enviaba a una especie de campamento donde todos recibían entrenamiento. Pero a partir de Febrero, al ver que la guerra se alargaba y que el final era inevitable, empezó a sacar alumnos por doquier, sin importarle si habían acabado sus estudios o no. Algunos eran de primero. Otros muchos de sexto y séptimo.
Hay un archivo enteramente dedicado a los más aventajados. Destacan Greengrass (sólo la mayor, al parecer su hermana pequeña no fue recrutada, extraño. Espero que puedas investigar un poco sobre eso), Theodore Nott (se menciona bastante su dedicación en las torturas) y, aunque parezca increíble, Malfoy.
Cambiando radicalmente de tema, el otro dia fui a ver a Te...
ººº
Dobla la carta sin terminar de leerla, ya lo hará más tarde. Daphne Greengrass. No sólo la ve en clase o en sus fortuitos encuentros en el aula vacía, también aparece en las cartas de sus amigos. Y, de alguna forma, siente que la rubia está tomando el control de su vida. Teme necesitarla, teme que lo normal sea que ella esté presente en todos los aspectos de su vida cotidiana.
Teme...
―¡Oh! ― exclama de repente, levantándose de un salto de su asiento ―. ¡Señor Malfoy, su almuerzo!
Hermione corre hacia la alacena donde guarda la comida para hurones y vacía la bolsita en un cuenco limpio. Lo deja en el suelo con cuidado, junto al que está lleno de agua fresca y mira al rededor para encontrar a la bolita de pelo blanco. Lo encuentra sobre su cama, con un único ojo abierto. Sus bigotes se agitan y vuelve a dormirse.
Hermione frunce el ceño, confusa, y mira la hora en su reloj de pulsera.
Son las tres de la mañana.
Le sorprende estar asistiendo a clase normalmente cuando, en realidad, no está teniendo control sobre su cuerpo, sus horarios o el tiempo en general. Vive en una espiral de deberes y responsabilidades. Un túnel oscuro en el que trata de deshacerse de sus pensamientos con distracciones variadas que le impidan pensar.
Se deja caer sobre la cama y se da cuenta, en ese preciso instantes, de lo agotada que está.
Algo le dice que ya va siendo hora de que se enfrente a la realidad: necesita ayuda. Abrirse a alguien y compartir sus terrores, pero algo dentro de ella (el propio terror) impide que las palabras salgan de su garganta. Tiene el pecho colmado de resentimiento y dudas, no dejan espacio para que la esperanza crezca.
ººº
Octubre, 22. Año 1998.
―¿Has visto a tu hermana?
Astoria levanta la vista de su libro de Defensa contra las Artes Oscuras. Alza una ceja y mira fijamente a sus dos compañeras. Son Mallory y Jane, ambas de su curso. Mallory se tapa la cara con las manos y parece estar llorando.
―Mal, ¿qué te ha pasado...?
―Unas chicas la han atacado en el baño ― contesta escuetamente Jane, de larga melena negra ―. ¿La has visto o no? Es urgente.
―Debe de estar a punto de llegar de su clase de Estudios Muggles. Podéis esperarla aquí conmigo. Ven, Mal, sientate aquí conmigo. Vamos, vamos, tranquilízate, no puede haber sido tan terrible.
Astoria aparta las manos de su amiga para poderla mirar a la cara. El labio de Mallory está partido y tiene un moratón azulado en el pómulo izquierdo. Astoria no cree lo que está viendo.
―¿¡Qué te ha pasado...!?
―Ya te lo he dicho, Astoria: la han atacado.
―¿¡Quien!? ¿¡El calamar gigante!?
―¡No, Astoria, han sido unas chicas de Hufflepuff!
―¡Hufflepuff! ― repite Greengrass con los ojos muy abiertos, como si este fuese un dato muy relevanta ―. ¡Pero si esa gente no sabe hacer ni a "u" con un canuto! Mallory, tranquilizate, vamos a llevarte a la enfermería. Esas heridas van a dejar cicatrices terribles si no las cuidamos ahora mismo.
―¡No quiero ir a la enfermería, Astoria, quiero hablar con tu hermana!
Astoria frunce el ceño todavía más.
―Mi hermana no es enfermera, no puede hacer nada. Además, ni si quiera es prefecta.
―¡Quiero hablar con Lady Walpurguis!
Un pesado silencio se adueña de la Sala Común después de las palabras de la joven atacada. Sus hipidos vuelven a comenzar segundos después. Astoria mantiene las manos en el aire, estupefacta.
―¿Qué ocurre aquí?
Theodore se acerca con paso lento. Astoria siente todo su cuerpo temblar, los ojos azules del joven se clavan en los suyos, pero no hay ni una pizca de la breve calidez que los baña cuando miran a Daphne.
―Han atacado a Mallory, Lord Wicca ― contesta Jane prontamente, con tanto respeto que parece estar dirigiéndose a un profesor ―, y por eso queríamos hablar con Lady Walpurguis cuanto antes. Nos pidió que reportáramos los ataques.
―Walpurguis ha salido a los jardines después de clase. Lleva a tu compañera a la enfermería. Y después al despacho de la Directora. Yo mismo se lo haré saber.
Jane asiente secamente y acata la orden sin rechistar, llevándose a la joven atacada hacia la salida. Los hipidos de Mallory se quedan colgados en el aire durante unos segundos más y después el barullo de siempre vuelve a escucharse en la Sala Común.
―Esta semana es la cuarta persona que me pregunta por mi hermana. ¿Para qué estan los prefectos si nadie va a darles trabajo? Mi hermana es una acaparadora. Y esos nombres que tenéis...
Theodore la mira desde su imponente altura y se aparta unas pocas hebras de cabello castaño de la cara; la mira más intensamente. Se agacha un poco para estar a su altura y cuando lo tiene frente a frente puede ver el sadismo en su sonrisa.
―Veo el mismo color de ojos, pero un trasfondo mucho más sucio que en los de tu hermana, pequeña Astoria ― se relame los labios, pero siente que no tiene nada que ver con algo sexual. No para ella, claro ―. Y puedo decirte que si buscan a Walpurguis es porque ella siempre lo arregla todo. Recuerda que si el mundo gira a tu al rededor es porque ella lo hace posible.
Vuelve a ponerse en pie y se marcha sin añadir nada más. Astoria se siente sucia e indignada. Agarra sus cosas y sale para dirigirse al aula de Defensa contra las Artes Oscuras. El mundo no gira a su al rededor. Es más, desde hace un tiempo absolutamente nada funciona como ella quiere. Draco Malfoy no ha regresado a la escuela (a pesar de que todos los demás sí lo han hecho, incluído el aterrador Nott); su hermana la trata como si tuviera la peste; su madre no consigue ponerse en contacto con Narcissa Malfoy... Para colmo parece que la presión de los estudios es todavía mayor este año. Ya tiene que empezar el trabajo de Encantamientos si no quiere que se le eche el tiempo encima.
―¡Pansy!
La voz de su hermana se escucha alta y clara desde el fondo del pasillo. Astoria se da la vuelta y ve que la prefecta se acerca con paso tranquilo a Daphne. Intercambian unas cuantas palabras, su hermana parece tranquila pero puede ver la rigidez de sus hombros desde tan lejos. A pesar de que no las escucha tiene la sensación de que, como siempre, está dando órdenes que Pansy va a cumplir sin rechistar.
Cuando la conversación termina Daphne abre su cuaderno de dibujos y sube las escaleras hasta el primer piso sin decir nada más. Pansy resopla y emprende el camino hacia las mazmorras.
―Oh, hola Tori.
Astoria recibe el cariñoso gesto de la prefecta (sus largos dedos sacudiendo su larga melena rubia con suavidad) con una sonrisa y baña sus ojos de ternura.
―¿Qué le ocurre a mi hermana? Parecía muy alterada.
―Han vuelto a atacar a una alumna, me ha dado unas pocas indicaciones para que vaya a hablar con McGonagall.
―¿Por qué te da ella las instrucciones? Sabes perfectamente lo que tienes que decirle a la Directora, no es necesario que te ordene hacerlo todo. Estoy segura de que ya ibas preparada para hablar con McGonagall.
―Tu hermana no me ha ordenado que vaya a hablar con la directora, Tori, es consciente de que me tomo mi deber de prefecta muy en serio y que iba a ir en seguida, después de dejar mis cosas en mi cuarto. Sólo me ha dado unas pocas indicaciones sobre lo que debo y no debo decir.
―¿Por qué no deberías de decir algunas cosas? La han atacado, hay que reportarlo todo.
―Lady Walpurguis sabe lo que hay que decir.
Pansy se despide de ella con otro gesto tierno y un breve beso en la frente y se marcha con paso tranquilo. Astoria no puede evitar pensar que su hermana está creando una secta.
ººº
Octubre, 24. Año 1998.
La situacion es insostenible.
Alumnos atacados por doquier, hechizos prohibidos siendo lanzados en los pasillos de la escuela, pequeños grupos que se organizan para atacar a otros alumnos... Hogwarts es el campo de batalla de una nueva guerra en la que, esta vez, la víctima es la Casa Slytherin.
La mayoría de los alumnos que participaron en la guerra están encarcelados (Draco Malfoy, entre otros) o cumplen una condena leve porque sus crímenes no merecían Azkaban (Pansy Parkinson o Blaise Zabinni son algnos de ellos). Otros tantos, simplemente, están relacionados por sangre o por nombre a algún mortífago plenamente activo.
La postguerra no está trayendo paz a los corazones de los que han sobrevivido. Sólo hay rencor y dolor. Una necesidad abismal por repartir una justicia ciega que no entiende de motivos ni dolor. El ojo por ojo está a la orden del día, especalmente entre aquellos que vivieron en Hogwarts antes de la batalla final.
Minerva suspira pesadamente y sacude la cabeza. Acaba de despachar a unas chicas de Hufflepuff. Cuarto año. Una de ellas es nacida de muggles, sus padres fueron brutalmente asesinados durante la guerra y, sin duda, ella es la cabecilla del grupo. Han atacado a Mallory Fox, una joven de quinto curso que se vio sorprendida ayer en el baño de la cuarta planta antes de su clase de Defensa contra las Artes Oscuras.
Han empleado hechizos muy avanzados que, seguramente, aprendieron el año pasado con la resistencia encabezada por Neville Longbotom. Siente que el joven tiene que saber qué se está haciendo con sus enseñanzas. Siente que debería hablar con Hermione Granger y pedirle que les recuerde a todos que la guerra ha terminado (algo le dice que le harían más caso a una heroína de guerra que a ella, a pesar de ser la directora), pero la ha visto esta mañana y parecía totalmente perdida.
ººº
Octubre, 30. Año 1998.
Cada domingo madre e hija se arreglan y salen de casa. Siempre regresan a la hora de comer. Cuando regresan Clara siempre habla de lo "ligero que está su corazón" y Aqua siempre sonríe cuando escucha a su madre decir eso.
No sabe a dónde van y por qué van todos los domingos, pero lo descubre hoy. Aqua lo mete en el maletero del coche y le dice que tiene que estar muy quieto y callado para que su madre no se dé cuenta de que lo están llevando a la inglesa con ellas.
El mago no entiende absolutamente nada, pero como tampoco es que pueda hacer saber sus dudas, decide esperar y hacerle caso a la niña a fin de entender qué está pasando. Cuando el vehículo arranca se cae de bruces y en el primer viraje sale rodando hasta el otro lado del maletero. Le pasa un par de veces más hasta que consigue encontrar una postura que le asegura que no va a volver a rodar por todas partes como una maldita snitch sin alas.
Cuando se detienen se da cuenta de que puede escuchar campanas resonando y muchas voces. Aqua abre el maletero con dificultad, pero el espacio es suficiente para que pueda salir. Se arrastra un poco y salta sacudiendo las alas para frenar su caída. Cuando mira hacia arriba ve un edificio de piedra gris. Hay un campanario y una vidriera de colores. Las puertas, gigantescas, parecen de madera noble y brillan con el fulgor del sol. Para llegar hasta ellas hay que subir una pequeña escalinata que parece ser de mármol. Varias personas se congregan a los pies de estas y otras tantas van entrando en el edificio poco a poco.
―Esta es la casa de Dios. Bueno, una de las tantas casas de Dios. Porque sólo en Londres hay unas veinte. Creo...
Aqua se ajusta una horquilla con forma de margarita para sujetar su largo cabello y le sonríe.
―No creo que pueda hacerte entrar sin que te vean y Mami se enfadaría muchísimo si supiera que has venido. Así que puedes pasearte por ahí si quieres. Oh, tengo una idea. Entra dentro de unos minutos y búscanos, seguro que si entras tu solo nadie le dará importancia.
Lucius lo duda bastante, pero prefiere guardarse su opinión para si. Aqua le acaricia la cabeza con algo de brusquedad y se marcha corriendo hacia su madre, quien no se ha dado cuenta de nada pues estaba ocupada charlando con un grupo de mujeres.
Lucius decide seguir el plan de Aqua porque presiente que si va a explorar se acabará perdiendo. Una posibilidad nada apetecible. Cuando todos los muggles han entrado en el edificio de piedra se decide a subir la escalinata (no sin cierta dificultad) y acaba entrando en el interior de la inglesa.
―Aquí dentro hay como cien personas... ¡¿Cómo voy a encontrarlas?! ¿¡Quien me manda hacerle caso a una cría de seis años!?
Pero se traga sus palabras al darse cuenta de que la niña sacude su mano con muy poco disimulo desde uno de los bancos. Se suponía que tenía que mantenerse al margen y esperar a que él las encontrara. Pero claro, Aqua tiene seis años. No sabe lo que es ser discreto.
Lucius se acerca con pasitos vacilantes al banco. Sus patas palmeadas hacen un extraño ruido y unas cuantas personas se giran para mirarlo.
"Voy a avisar al Padre Mich" dice una señora que, por su vestimenta totalmente negra y su larga melena rizada, podría ser su cuñada Bellatrix de haber vivido ésta hasta los ochenta y seis años.
Lucus la ignora y prosigue con su camino hasta el banco que comparten madre e hija. Clara lo mira con el ceño fruncido y luego se gira hacia su hija, que sonríe tiernamente, sus ojos brillantes de esperanza por no recibir una regañina justo ahora. Clara suspira y se cruza de brazos. No dice nada cuando la niña coge al pato y lo coloca entre ellas.
―Podrías haberme avisado, Aqua ― le dice la madre con su marcado acento ―, es una suerte que no se haya hecho daño durante el trayecto.
―Cuá es un pato muy listo. Sabe ponerse el cinturón.
Madre e hija se miran fijamente durante unos segundos. Lucius suelta un graznido que pretende ser sarcástico pero que suena exactamente igual que todos sus demás graznidos: irritante.
Un hombre ataviado con una extraña túnica se acerca al extraño grupito.
―¿Qué tienes ahí, pequeña Aqua?
―Se llama Cuá. Es mi nueva mascota.
Lucius rechina sus diminutos dientecitos al escuchar la palabra "mascota" y se sacude un poco. Clava sus ojillos negros y vidriosos en los del hombre que parece sentirse repentinamente incómodo.
―La casa de Dios no es un lugar apropiado para un pato, Aqua.
―Padre ― interrumpe Clara, claramente avergonzada ―, siento que esto haya sucedido. Alguien ― la mujer mira fijamente a su hija ― ha metido al animal en el maletero del coche sin que yo lo supiera.
El Padre Mitch se ríe brevemente y le sacude la cabellera a la niña. Lucius lo ve alargar la mano para tocarle la cabeza pero parece entender la clara amenaza de sus ojitos, así que vuelve a alejarla sin decir nada.
―Lo dejaré pasar por esta vez, Aqua. Si quieres acercar a tu amigo a Dios puedes recurrir a la biblia.
El hombre se aleja sin esperar respuesta y se coloca detrás de una larga mesa de mármol cubierta de un mantel color crudo. Encima hay una cruz que parece de oro. Detrás de él se cierne la imagen de un hombre en paños menores clavado en una cruz. Lucius no cree lo que está viendo. Cuando mira a su al rededor se da cuenta de que hay estatuas colocadas en diferentes lugares, todas ellas representan hombres y mujeres terriblemente angustiados.
Durante la siguiente hora no entiende absolutamente nada de lo que presencia. La gente se arrodilla, se sienta, se levanta, vuelve a sentarse, vuelve a arrodillarse y vuelve a levantarse. Cantan durante breves momentos y luego vuelven a quedarse en silencio. El hombre de la extraña túnica habla de misericordia y pobreza rodeado de lujos. Llegado un momento ofrece una especie de galleta plana y blanca y la alza en el aire. Todo el mundo observa la galleta fijamente y luego bajan la cabeza. Se suceden diferentes murmullos. Clara los dice en otro idioma.
Luego se da cuenta de que esa galleta es únicamente para el hombre de la túnica y que van a repartirse otras, más pequeñas, entre los asistentes. Aqua no recibe la ofrenda, el hombre dibuja con su pulgar una cruz en la frente de la niña y le entrega la galletita a Clara, que sujeta a su hija por los hombros.
―El cuerpo de Cristo ― anuncia el hombre.
―Amén ― contesta ella antes de abrir la boca y recibir su bocado ―. Vamos, Aqua.
La mujer arrastra con cuidado a la niña hasta el banco que han estado ocupando. La niña, que lo ha estado agarrando todo este tiempo, lo deja sobre el banco y se sienta a su lado. Clara se arrodilla en una pequeña plataforma, junta las manos, las aprieta con fuerza y apoya su frente en sus nudillos huesudos.
―Yo no sé rezar ― le dice la niña muy bajito a medida que la fila hacia el reparto de galletitas planas disminuye ―, pero sé muy bien sobre qué rezaría si pudiera hacerlo. Es una pena que Dios sólo quisiera que su hijo resucitase.
El dolor es tan evidente en los ojos de la niña que no es capaz de mirarla. Observa a Clara. Sus manos tiemblan, aprieta los labios con fuerzas y de sus pestañas cuelgan diminutas lágrimas.
Siente que está entre una mujer capaz de tirarse por un precipicio y una niña capaz de escalarlo.
ººº
Octubre, 31. Año 1998.
La fiesta anual de Halloween.
No tiene ganas de ir. No tiene ganas de ver a nadie. No tiene ganas de nada, pero aún así ha conseguido un buen disfraz y se ha prometido estar mínimo una hora y media en la fiesta antes de marcharse de nuevo a la cama.
Se ha prometido ir a pesar de que le parece aberrante que hayan decidido seguir permitiendo que se produzca dicho baile después del ataque de hace unos días.
Retoca el moño en la base de su nuca, ajusta la gigantesca peluca sobre su cabeza y se alisa las arrugas de la falda. Suspira antes de colocar el hechizo que creará un gigantesco corte al rededor de su cuello.
―¿De qué vas disfrazada? ― le pregunta Ginny, vestida de enfermera asesina, cuando se reúne con sus amigos en el hall.
―Maria Antonieta. Reina de Francia. La decapitaron.
―¿No deberías de tener la cabeza entre las manos entonces?
Hermione se encoge de hombros.
―Es un disfraz de último minuto, Gin. No me lo he currado demasiado. Ni si quiera quería venir.
―Si no hubieses venido no habrías visto mi bonito disfraz. ¿Te gusta?
Hermione le sonríe a Luna con ternura. Cierto que habría sido una lástima no ver el disfraz de la Ravenclaw. Vestida de ninfa acuática, su vestido está hechizado para que parezca una constante cascada de agua que rodea su menudo cuerpo pálido. Se ha llenado el cabello de las algas que siempre quedan a orillas del lago negro.
―Estás impresionante, Luna.
La rubia sonríe brillantemente y lidera al pequeño grupo hacia el Gran Comedor. Al entrar Hermione observa detenidamente la decoración. Parecen haberse esmerado más que de costumbre. Quizás la forma de McGonagall para compensar la falta de fiesta el año pasado. Quizás... Quizás simplemente para olvidar todo el año pasado. Sin duda tambien para olvidar el ataque de hace unos días.
Neville, vestido de zombie, le trae algo de ponche. Hermione lo recibe con una sonrisa discreta y ambos van a sentarse a una mesa algo apartada mientras todos los demás bailan y se divierten. Hermione le da un trago a su bebida y frunce el ceño.
―¿Han hecho ponche con alcohol...?
Neville se ríe brevemente y saca de su chaqueta una petaca diminuta.
―Dentro estaba la dosis perfecta para dos vasos. Y he pensado que te vendría tan bien como a mi.
―¿Emborracharnos? ― no se siente tan indignada como se habría sentido hace quizás tres años ―. Nos vas a meter en un buen lío si se dan cuenta.
―Sólo he echado un poco en nuestros vasos. Pero no creo que tarden demasiado en echarlo en todo el ponche para que todos disfrutemos de los placeres de la ebriedad.
―Es ridículo lo fácil que es echarle alcohol al ponche en esta escuela. Podrían ponerle hechizos protectores para evitarlo. Como aquel hechizo que Dumbledor colocó en el Cáliz de Fuego para que ningún menor echase su nombre. ¿Recuerdas cómo George y Fred...? ¿Recuerdas...?
El joven a su lado sonríe con cierta nostalgia.
―Recuerdo ― y esa simple palabra destila el mismo dolor que un llanto desgarrador.
―¿Cuando dejaremos de hacerlo?
―Quizás nunca.
Well, hello!
Antes que nada: siento haber tardado tantísimo con TODO. El retraso en la actualización de este fic (y por tanto, de Penitence) es absoutamente mi culpa. O sea, doy sidita, pero estaba totalmente desanimada para escribir, necesitaba un descanso bien largo para tener ganas de ponerme a trabajar en algo más que el bar en el que soy camarera. Así que... sí. Este cap ha salido en dos días (podría haber salido ayer de no haber sido porque la cagué en ciertos aspectos y Aretha me dijo "Eh, tia. NO". Cosa que agradezco porque, obviamente, la muy petara estaba en lo cierto (luv u).
Ciertos detalles: ¿por qué los motes de Theo y Daph? El de Daphne (el más importante) está explicado en el cap de Penitence, así que si quieres saber a qué se debe que tenga ese mote, puedes saberlo visitando ese fic. El de Theo se explicará en breves. También quiero decir que la llegada de Lucius a la casa de Aqua y Clara después de su viajecito al parque será explicado en otro capítulo futuro. O no... Quizás nunca sepamos cómo regresó...
El siguiente cap estará LLENO de Herms. Por ahora su brevedad en este cap es una forma más de hacerla tan ausente como en su vida. Como veis no tiene el control sobre el tiempo que pasa en clase, el que pasa con Greengrass o, básicamente, el tiempo en general. Es algo bastante común en las personas que sufren de estrés post-traumático o algún tipo de trastorno emocional y/o mental: pierdes la noción de tiempo. En el caso de Herms ha empezado con insomnio y ahora tiene lagunas. La cosa se irá desarrollando poco a poco, sin prisas. Porque las prisas no son buenas, amores.
Y otro detalle: ¿qué ataque? ¿Qué es lo que dice Herms? Uh, uh, uuuh... Me da que vais a tener uqe esperar al siguiente capítulo para poder entenderlo porque SOY HORRIBLE.
Respecto a la edición de Self Harm: estoy en ello. Tampoco estaba animada para seguir con ella, pero os prometo más de un cap a la semana, aunque no puedo deciros a partir de cuando. Son 38 capitulos a editar, revisar, recolocar, reconstruir, repensar y revivir (traumatized, biatch.), así que ando un poquito apurada.
Creo que no tengo nada más que aportar .-.
¡Gracias por vuestra paciencia, vuestros reviews, alertas y/o favoritos!
Os amo, Miss Mante.
PD: Desde aqui quiero agradecer a todas las personas que han nominado a Vita (y por tanto también a Penitence, porque damn girl no nos curramos esto durante días para que cada detalle sea perfecto para que la otra no tenga su award o sea pls), (y todos los demás fics en los que me habéis nominado...) a los Dramione Awards 2015. Es un grandísimo honor el simple hecho de estar nominadas a esas categorías (incluida "Mejor autora", "mejor dramione 2015" y un montón más, lol). Ya sé que mis N/A están llenas de "lol", "xD", "whatever", "pls", "stahp" y muchas otras cosas pero no se me da bien hablar de cosas serias porque lo paso mu mal. Pero quiero que sepáis que a pesar de que soy una tía mal hablada soy sobre todo agradecida. Y os lo agradezco cantidad.
Y Aretha también. Aretha os ama aunque sea una antipática.
