Harry Potter es de Jotaká Erre.
Recuerda que si quieres conocer todos los detalles de la historia desde el punto de vista de Daphne o Draco tienes que pasarte por Penitence, de Aretha Atrahasis.
Bloque I ― Finis Gloriae Mundi.
VI
"La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro con una túnica de color verde esmeralda se quedó allí. Tenía un rostro muy serio y el primer pensamiento de Harry fue que no era alguien a quien debía hacer enojar" — Primera impresión que le da McGonagall a Harry (HP&La piedra filosofal).
Octubre, 8. Año 1998.
(10:06:04:56)
Lleva el cigarrillo a sus labios y toma una profunda calada antes de apoyar la cabeza contra la pared de piedra. El tabaco muggle nunca ha estado prohibido en Hogwarts y por eso no se toma la molestia de esconderse para fumar. Theodore aspira cada bocanada de veneno con profunda satisfacción, paseando sus ojos por los recovecos de los terrenos de la escuela.
May Queen dibuja a orillas del lago, siendo víctima del escutinio de Scamander. Haymitch hace su ronda de vigilancia antes de su próxima clase. Hermione Granger pasea con la nariz enterrada en un libro, como si no necesitase ver el mundo para despalzarse por él. Los alumnos de primero corren de un lado a otro, otros practican los hechizos que estan estudiando en clase y algunos, la mayoría de último año, disfrutan de los breves rayos de sol que no tardaran en morir. Theo se regocija en esta paz precaria cuyo final sólo él parece ver. Lo huele en la magia negra, lo huele en los hechizos que protegen el castillo. Está en todas partes, y esto lo llena de una satisfacción tremenda.
Aplasta la colilla con el pie y suelta todo el humo lentamente. Oh, ahí está...
Maravillosa criatura esta. Se acerca a paso rápido, su ceño está profundamente fruncido y sus labios estan gloriosamente torcidos en una mueca irritada. Schiller cumple con todas y cada una de sus espectativas. Es irritante e irritable, está aterrada a todas horas, no se separa de su varita, no busca ningún tipo de contato fisico.
Pero sí alivio mental y emocional.
―Nott ― escupe, llena de rabia ―, creo que se le ha olvidado su encuentro previsto conmigo hace dos horas.
―Ah, ¿si?
La mujer se muerde la parte interna de las mejillas y aprieta los puños. Su largo cabello está recogido en una trenza prácticamente deshecha y lleva los labios pintados de negro. Justo ahora se da cuenta de que sus pestañas son prácticamente interminables.
―Deje de jugar ― le contesta la profesora dandole un ligero golpe en el brazo ―, y espero que se tome todo esto más en serio. Odiaría ser la única en suspenderle.
―¿No odiaría muchas más cosas? ¿No odiaría no poder adivinar que algo malo va a pasar? ¿No odiaría ser la culpable de no haber parado un desastre? Una masacre.
Se la está jugando con estas preguntas, quizás esté indagando demasiado, pero cuando ve la confusión en sus rasgos y la duda en sus ojos no puede evitar sentir la satisfacción reptar por sus entrañas.
Es tan vulnerable ante las palabras. Su confianza está tan mermada que cualquier pregunta la hace sentir incómoda. Es un ser corrompido por las dudas y eso la hace todavía más perfecta. Hay podredumbre bajo esta piel blanca. Tanto terror cubierto por el largo cabello teñido de petróleo... No puede imaginar nada más embriagador que el olor de sus manos teñidas de sangre. Nada más dulce que el sabor de sus lágrimas de angustia en mitad de la noche...
Merle Schiller...
Su particular juguete, el diminuto ser dueño de su devoción.
―¿Está intentado decirme algo, Nott?
―Sólo estaba pensando en algunas cosas, profesora. Sólo deseaba compartir con usted mis impresiones.
―¿Sobre la guerra?
―Y la vida.
Deja resbalar su voz con un tono suave, como si se sintiera herido desde dentro, y entonces la ve, la chispa de entendimiento en los ojos de Merle. El disparo que anuncia la salida de esta carrera que no acabará hasta que el dolor sea insoportable e insostenible.
Acerca sus finos dedos al rostro del muchacho y él se deja mecer por este calor nuevo y tentador.
―Quizá podamos tener una de esas charlas en algún momento ― dice ella alejandose un poco de él, consciente de lo poco profesional que es este acercamiento ―. Quizás debamos...
―Comunicarnos.
Lo mira con cautela durante unos segundos y cuando contesta su sonrisa es brillante y sincera.
―Sí.
No puede esperar a terminarla de romper...
―Nott.
La serena y autoritaria voz de May Queen interrumpe lo que Merle estaba a punto de decir. La profesora se endereza y se despide con aspecto serio. Se marcha con pasos rápidos y cortos, como si tuviera mucha prisa por llegar a alguna parte. Ambos Slytherin la miran mientras se aleja hasta que la pieren de vista.
―No sé a qué estás jugando con ella, pero no me está gustando nada cómo te mira. Mucho menos cómo la miras.
Theodore sonríe de lado, dejando ver uno de sus colmillos puntiagudos y se encoge levemente de hombros.
―¿Desea algo, May Queen?
―¿Sigues teniendo esas sospechas?
Se relame los labios con profunda satisfacción antes de inclinarse hacia su oído y murmura la poca información que ha logrado reunir.
―Deberemos estar atentos en todo momento. ¿Cree que será necesario dar instrucciones entre los nuestros?
―¿Me pide consejo, Lady Walpurgis? No me siento merecedor de tal honor ― contesta él con sorna ―. Quizás deba consultarlo con Lady Tocapelotas.
―No meta a mi hermana en esto. Y mucho menos emplee un apodo tan despreciable con ella. Es una niña.
―Una niñata, si me permite.
―Te apasiona mi hermana, Nott ― contesta asqueada, dejando atrás las formalidades que emplean cotidianamente para pasar a tratarlo como a un igual usando su apellido ―, y sin duda es algo que no te molestas en ocultar. Al igual que tu extraña fijación en la ex aurora.
―Tu hermana es adorable ― responde como si le estuviera hablando de su nuevo hobbie ―, y sin duda quedaría muy bien entre mi valiosa coleccion, pero sí... He de admitir que Schiller es más apasionante.
―Centrese en su misión, Lord Wicca ― responde ella encarándolo a pesar de ser casi veinte centímetros más baja que él ―, y no olvide a quien le juró lealtad y paz.
ººº
Octubre, 10. Año 1998.
(08:11:45:32)
―Ni yo, ni ninguno de los miembros del equipo educativo, pensamos tolerar ningún otro ataque hacia los alumnos de Slytherin. No pienso volver a expulsar a un alumno, ni castigar a otro y mucho menos tener que volver a contactar a unos padres preocupados para decirles que su hijo ha sido víctima de un ataque premeditado.
―Es lo que tiene que ellos sí tengan padres.
Minerva se hincha de indignación y abre mucho los ojos al escuchar esas duras palabras proviniendo de una alumna de segundo. Todas las casas estan diezmadas pero, sin duda, la más rencorosa es Gryffindor. Hufflepuff sigue de cerca y Ravenclaw parece estar manteniéndose cuidadosamente al margen. Pero no puede asegurar que esto seguirá manteniendose así durante el resto del curso.
―Hogwarts no es lugar para una guerra. No de nuevo. No he reconstruido este castillo piedra a piedra a una velocidad imposible con la esperanza de convertirlo en un templo de paz para que vengáis aquí llenos de rencor y mancilléis el recuerdo de aquellos que han luchado por vuestra libertad.
Muchos son los que se revuelven incómodos, pero puede ver la arrogancia en la mirada de la mayoría. Gryffindor es una casa llena de amor, pero también una fácil de herir si sabes dónde darle. No está muy segura de quienes son los que dirigen la guerrilla contra Slytherin, entre los miembros de la casa de los tejones ha sido más fácil descubrirlos.
Sospecha que las casas se apoyan entre sí y que debería vigilar más a todos los prefectos. Entre las propias serpientes podría haber traidores. Personas que se hayan vendido al enemigo para conseguir algo de paz para ellos mismos a expensas de sus compañeros.
Esta guerra silenciosa está sacudiendo los cimientos del castillo. Está sacudiendo los suyos propios.
―Todo el mundo fuera. Sus prefectos les diran en qué consistiran sus castigos. Esto les va a pasar factura. Considerense afortunados si al final permito las excusiones a Hogsmead.
Los alumnos desaparecen por la puerta de su despacho sin añadir nada más. Minerva se lleva las manos a la cara y frota sus ojos con pesadumbre. Ya no sabe qué más hacer con estos niños.
Una guerra no debería ser motivo de más rencillas. La paz es necesaria, es posible. Quiere enseñarles que no son los únicos en sufrir, que no son los únicos en haber sido torturados. Quiere que entiendan, que vean, que en esta guerra no ha habido perdedores ni vencedores. Todos han perdido. Todos estan más huecos.
―No estoy dispuesta a dejar que estos niños se conviertan en mayores monstruos...
ººº
Octubre, 15. Año 1998.
(03:05:55:06)
Hoy las va a pintar de azul.
El azul produce serenidad, tranquiliza, relaja. Azul como el cielo de Mayo, azul como el Mediteráneo en Agosto. Azul como el jersey de lana preferido de su madre, como las zapatillas que su padre usaba para ir a correr.
Azul.
Hermione sacude el esmalte después de haberse limado las uñas con extremo cuidado y tararea una pegadiza canción en voz baja.
Oh, qué bien sienta levantarse por la mañana con una sonrisa. Ha podido dormir, ha podido descansar. No ha habido pesadillas y no se siente ni la mitad de nerviosa de lo que se ha acostumbrado.
―Señor Malfoy, ¿qué le parece si hoy salimos a los jardines?
No recibe respuesta alguna pero no le importa. Para ella el silencio es paz y debe aprovechar cada resquicio del mismo.
―Me gusta el azul cobalto. Los azules oscuros me parecen tan elegantes. ¿No tenía su mujer un largo y precioso vestido azul rey? Me parece que lo llevaba en la final del mundial de Quidditch. O quizás fuese durante el juicio.
Le sorprende poder hablar de todas estas cosas con tanta soltura. Toma una bocanada de aire y mira al exterior con expresión soñadora. Qué bonito es tener un buen día. Es como volver a nacer, como volver a estar viva. No teme.
―Debería avisar a Greengrass, podríamos ir a pasear. ¿Qué día es hoy, señor Malfoy? ― Hermione agarra su agenda y gira las páginas con cuidado de no estropear sus uñas aún humedas ― Oh vaya... Es sábado, mejor dejar a Greengrass. Creo que los sabados se ocupa de asuntos importantes en su Sala Común. ¡Podríamos escribirle a Harry!
El hurón parece rodar los ojos. Hermione sólo se ríe y le da un escueto tiron en su pequeña oreja.
―Qué suave es. ¿Será un reflejo de su tierna personalidad? Me parece curioso que lo hayan transformado a usted en huron. ¿Sabía que a su hijo le dieron ese mismo aspecto hace unos años? Me dio lástima, sabe. Draco siempe me ha paecido una persona muy compleja y ha despertado mi curiosidad reiteradas veces.
Se queda un momento pensativa, sin saber muy bien que decir a continuación. Quizás hoy tenga la lengua demasiado suelta y deba medir un poco más sus palabras delante del hombre. No sabe si puede confiar en él plenamente, tampoco si está dispuesta a darle una oportunidad.
―Salgamos de aquí...
El señor Malfoy se mete solito dentro de su transportín y aguarda pacientemente a que lo recoja para llevarlo al exterior. Croockshanks maulla, impaciente por una partida de caza en el exterior. Hermione se siente libe cuando deja que el cuadro se cierre a su espalda, como si la que ha salido es una persona totalmente nueva. Saluda alegremente a todo aquel con el que se cruza y pisa el cesped de los terrenos con renovadas energías.
El aire es tan fresco, los sonidos parecen hasta diferentes.
Después de instalarse bajo un árbol se dispone a quitarse los zapatos para relajarse totalmente cuando, de repente, un grito la sobresalta.
Un rupo de chicos persigue a una chica. Nadie lleva túnica ni emblema hoy, dado que no hay clase, así que le resulta imposible identificar a los alumnos pero no es nada difícil comprobar que está siendo testigo de una agresión brutal.
Le lanzan un hechizo por la espalda a la muchacha, que cae al suelo de bruces. La escucha gimotear mientras se arrastra por el suelo, tratando de deshacerse de las manos que han atrapado sus tobillos.
―¡No! ― grita la muchacha, aterrada ―. ¡No, no! ¡Yo no hice nada, no hice nada! ¡Soltadme!
Hermione se levanta de un salto, impactada por la violencia en los gestos de los agresores. Armada de su varita, su nombre como único escudo, se acerca a ellos más que dispuesta a terminar con la trifulca y llevar a todo el mundo ante McGonagall.
―¡Hey! ― les reclama a viva voz, levantando un dedo amenazante ― ¿¡Qué diablos creeis que haceis!? ¡Esto es una escuela, no un ring de boxeo! ¡Soltadla ahora mismo!
―¡Es Slytherin! ― le contesta uno de los chavales con aplomo ―. Se lo merece.
Hermione enarca una ceja, perpleja.
―¿Qué se merece? ¿Este trato? ¿Se merece tamaña humillación? ¡Soltadla ahora mismo y seguidme al despacho de la directora!
Dejan caer los pies de la muchacha al suelo y esta aprovecha para salir corriendo. Se esconde detrás de Daphne Greengrass, quien acaba de llegar, muy alterada.
―¿Qué significa esto? ¿Es que ya no os vais a esconder para atacarnos? No teneis respeto por nada.
―¡Cállate, asesina!
―Ya he tenido suficiente ― interrumpe Hermione, tajante ― Tú, identificate ahora mismo. Todos vosotros vais a venir conmigo ahora mismo. No pienso tolerar estos comportamientos.
―Cierra la boca, fracasada.
Las palabras del que parece ser el cabecilla eclipsan el poco buen humor que le quedaba después del incidente. Hermione mira fijamente al alumno desconocido, como si no estuviese segura de haberlo escuchado bien.
―¿Perdón?
―Sí, deberías pedir perdón. Muchos lo hemos perdido todo porque tú y tus amiguitos estabais por ahí escondidos mientras eramos asesinados. No sé cómo tienes la poca vergüenza de volver a esta escuela. No han debio de faltarte ofertas para irte a trabajar al Ministerio de Magia.
―Esto ya es el colmo ― escucha que murmura Greengrass ―. Meredith, márchate.
La alumna atacada sale corriendo después de hacer una reverencia breve frente a la joven. Greengrass cuadra más los hombros y se acerca un paso más.
―Estoy cansada de tantas peleas y tantas estupideces. Sé de dónde provenís y no me dais miedo. No voy a pediros que os disculpeis con Meredith por el ataque pero sí os voy a exigir que no le falteis el respeto a Hermione Granger, mucho menos en mi presencia.
―¿Ahora vas a relacionarte con la calaña?
Hermione frunce el ceño profundamente al escuchar el tono que emplea uno de ellos para dirigirse a ella. Aprieta los puños para tranquilizarse, más que dispuesta a sacar su varita para demostrar cuanto mejoró su puntería durante sus meses escondida. Pero no.
No.
Esta no es la manera de hacerlo. No puede alimentar la rabia de estas personas, no debe darles más motivos para acrecentar su ira. Tiene que ser más lista que ellos, guiarlos hacia la via correcta.
―¿Tiene algún problema, May Queen?
La voz grave irrumpe cuando esta a punto de contestar. Theodore Nott, tan alto e imponente como la última vez que lo vio, parece una sombra detrás de Daphne. Entre sus labios cuelga un cigarrillo, y por su rictus puede ver que está ligeramente divertido.
―Nada que no pueda solucionarse pacíficamente, Lord Wicca.
El joven asiente en silencio al darle una última calada a su cigarrillo. Lo aplasta con el talón sin perder de vista al grupo de jóvenes.
―Creo que Granger os ha dicho que teneis que acompañarla al despacho de McGonagall.
―Cállate, asesino.
―No he hecho nada para merecer el privilegio de ser llamado de esta forma, señor Widow. Qué mala suerte que su apellido ahora le quede tan bien a su madre.
La tensión acumulada explosiona finalmente después de las palabras de Nott, a quien no le cuesta en absoluto esquivar el Expeliarmus. Hermione agarra al joven por la muñeca y logra separarlo de su varita. Greengrass le sisea algo a su compañero, visiblemente indignada. Sus mejillas se tiñen de un furioso rojo y sus dedos manchados de carboncillo estan tensos, como si tratase de contener una bofetada. Aún así no pierde ni una pizca de su elegancia natural. Nott sólo sacude los hombros, Hermione intuye que es un amago de risa.
―¿¡Qué ocurre aquí!?
―Es Schiller ― anuncia uno de los muchachos ― Vámonos.
Unos pocos salen corriendo tratando de tapar sus caras para que la profesora no pueda identificarlos más tarde. Sólo queda el joven Widow, aún apresado por Hermione.
―Nott, ¿acabo de presenciar cómo esquivaba un hechizo directo?
―Es posible.
―Agradecería una explicación.
Greengrass se cuadra para mirar a su profesora a los ojos.
―Ha sido un malentendido.
Hermione suelta al muchacho, impactada por lo que está presenciando. ¡Es el momento de relatar los hechos! Sí es cierto que la actuación de Nott no ha sido la adecuada en absoluto, pero ha habido una agresión directa a una alumna de la casa de las serpientes. Y está segura de que no es el primer caso dadas las palabras que ha dicho antes su nueva amistad.
―Profesora, he sido testigo de una agresión a una alumna de Slytherin. Greengrass y Nott han acudido en su defensa, al igual que yo. Estaba a punto de llevar a los agresores al despacho de la directora McGonagall.
―¿Dónde está esa alumna agredida, señorita Greengrass?
―En perfecto estado. Meredith no ha sufrido daño alguno. El ataque que ha recibido Nott ha sido provocado por él mismo.
―Aún así es una falta muy grave. Sígame, joven. Y más vale que vaya haciendo memoria para decirme quienes eran todos esos chicos que han salido corriendo nada más verme. Le aconsejo que no se deje ni uno sólo si no quiere meterse en más problemas.
Schiller se lleva al alumno en silencio desués de despedirse de los mayores. Hermione observa, patidifusa, cómo la mujer se aleja a pasos cortos y rápidos hacia el castillo seguida de Widow.
―¿¡Por qué no se lo has contado!? Nott merecia el ataque, pero eso no justifica ni eso, ni la agresión a esa otra muchacha. Esto es en lo que estás tan enfrascada estos días, ¿verdad? Tratas de enseñarles a defenderse y a noestar solos.
―En Slytherin sabemos cuidarnos, gracias.
―Greengrass, abre los ojos. ¿Mantenerlo en secreto? Estoy segura de que la directora ya es consciente de la mayoría de los ataques, no puedes esconderlos todos. Mucho menos si ahora se dedican a hacerlos a plena luz del día, delante de todos. Ni si quiera han parado porque estuviera yo.
―Ni si quiera te han respetado a ti, Granger.
―Basta, Nott ― interrumpe la rubia al ver que su compañero está más que dispuesto a echarle más leña al fuego ― No necesitamos más violencia, mucho menos si contamos con una aliada tan fuete como ella. Vámonos.
Nott enciende otro cigarrillo y se da la vuelta para marcharse pero Hermione los agarra a ambos para detenerlos. Ojos verdes la fulminan durante un instante antes de recuperar la calma. Puede leer en ellos que está dispuesta a escucharla, pero que no tiene por qué tener en consideración sus palabras.
―La guerra ha terminado, pero ahora va a venir la peor parte de todas: la sed de venganza. No permitas que por ser quienes sois os lo hagan pasar todavía peor. Llevais sobre vosotros el peso de un etiqueta que no todos merecéis. Aquellos que han cometido crímenes estan encerrados o muertos, no hay mayor justicia. Defendeos, pero con sentido común. Por favor, Greengrass, no mantengas esta guerra bajo el radar, has de darle voz a tu gente.
Los suelta lentamente y se endereza para mirarlos fijamente. Las siguientes palabras de Nott le dan terribles escalofríos.
―Lady Walpurgis es la voz de nuestra gente.
ººº
Octubre, 17. Año 1998.
(00:22:10:49)
―¿Querrás ir conmigo a elegir unos zapatos para mi disfraz de Halloween?
Daphne se encoge de hombros y prosigue con el retrato sin mediar palabra. Astoria frunce el ceño, pero no se rinde. Ha decidido darse una nueva oportunidad con su hermana, no dejar que sus desacuerdos rompan la unión que antes tan feliz las hacía.
Se sienta a su lado y se asoma para tratar de ver a quien dibuja, pero sólo puede ver los contornos de la cara afilada, todavía no hay unas facciones definidas que pueda reconocer. Le parece que la mandíbula cuadrada es recia y masculina y que las lineas que esbozan el pelo terminaran en punta en la zona de la nuca.
―¿Estas dibujando a Padre?
―No.
―Antes te gustaba mucho que posara para ti. Siempre decías que tenía una forma de posar muy natural. ¿Recuerdas cuanto odia posar Madre? Qué irónico, siempre le ha gustado ser el centro de atención.
Astoria siente una ola de ternura arrasar con su pecho al pensar en sus padres, perdidos en los confines de Europa, tratando de recuperar parte de sí mismos. Le parece, durante un instante, que han sido egoistas al marcharse y no llevarlas con ellos. Pero tambien siente que su deber es estar aqui, labrarse un futuro y luchar por sus sueños.
―¿Volveremos a casa para Navidad?
―Quedan dos meses para Navidad. ¿Ya estas pensando en eso?
―Sólo me lo estaba preguntando. Quizás debamos pasar las fiestas aqui. No creo que vuelvan.
Daphne se encoge de hombros, pero al mirarla a la cara puede ver la forma en la que aprieta los labios: contiene una sonrisa tierna, esa que le sale cuando recuerda su época del año preferida. Navidad. La mansión engalanada, el árbol de tres metros decorado en colores plata y verde. Los elfos domesticos se paseaban por los pasillos, sigilosos e invisibles, dejando dulces en las esquinas para las niñas. Madre y Padre organizaban la cena de Navidad más elegante a penas unos días antes del baile anual de los Malfoy.
Qué recuerdos... Cada año tenía derecho a elegir el vestido para el baile, siempre en tonos grises o dorados para llamar la atención del guapo heredero. Pero Daco Malfoy sólo tenía ojos para las chicas de su edad, no le prestaba atención alguna a la joven hermana de la que podría ser como su mejor amiga. Daphne y él compartían las comidas en silencio, bajo la atenta mirada azulada de Nott y las superficiales bromas de Zabinni. Pansy siempre se sentaba con Astoria, halagaba su elección en vestuario y anhelaba con pofundo dolor al que era su prometido desde la cuna.
Qué relación tan extaña la suya con Draco Malfoy. Sólo tenía ojos para la mujer que no sería suya ni en un millón de años y a penas saludaba a aquella que le iba a ser entregada. A la que lo amaba con cada fibra de su ser la desechaba sin miramientos.
Eso era Draco Malfoy. Un hombre ambicioso al que conquistar.
―Toma.
Daphne firma rápidamente su obra, un rayajo de tinta negra en una esquina con la fecha de hoy, y le entrega el grueso papel sin volverla a mirar.
―Quizás esto te anime y así no vuelvas a molestarme.
Astoria frunce el ceño, pero sus facciones se suavizan al reconocer los intensos ojos de tormenta que la observan desde el vacío. Oh, qué guapo es su prometido...
GUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUURL WE'RE BACK.
Quiero volver a recalcar que esta actualización ha tardado meses por mi culpa, pero os adelanto que el capitulo VII ya está editado. Dentro de poquito cambiaremos al BLOQUE II, lleno de drama y muerte y sangre y nauseas y jcleuwiafhejlh POR QUÉ ME GUSTA TANTO EL ANGST, DIOS MÍO, POR QUÉ?
Como podeis ver la tensión entre las demás casas se acrecenta, los ataques se hacen públicos y ya ni se molestan en disimular sus problemas ni ante la propia McGonagall. ¿Alguien puede hacerse una idea de lo que va a ocurir? ¿Alguien puede imaginarse siquiera una pizquita del horror que se está fermentando entre las paredes de la escuela? DIOS QUÉ GANAS DE ESCRIBIR EN SERIO.
"¿Por qué la ausencia, Mantequilla?" me estaréis diciendo. Trabajo, clases, motivos personales, problemas de salud. yoquesé, muchas cosas me han impedido seguir con ff, en todos los aspectos. No tenía ganas de escibir, mucho menos de dar noticias sobre mi. Pero sí, he echado de menos esto. He echado de menos esta (y todas las demás) historia y quiero comprometerme con ellas. 2016 acaba por fin y cuando eso ocurra espero haber editado algo más de Self Harm y completado algo más Memento Mori (enviarme sugerencias aun es una posibilidad, no dudeis en pedirme cualquier tipo de OS que queráis leer!)
En fin, me despido.
Os amo,
M.
