Summary: Él era su guardián, quien la protegía de todo. Cuando su dolor dejó de ser físico, comenzó a replantearse qué clase de protector era, si ella estaba sufriendo de todas formas. – "¡Por favor! ¡Por favor, termina con todo! Por favor... Has que deje de doler."

Pareja: Kagome/Sesshomaru

Rated: M. (18+)

Descargo de responsabilidad: Los personajes no me pertenecen.

Nota: Ya la introducción dada en el primer capítulo nos da una idea. Ahora, volvamos hacia atrás, para que podamos entender el por qué. Quiero aclarar que la historia va a estar armada en diferentes arcos. Contando diferentes partes, en este momento y para los siguientes capítulos se trata del pasado. De la historia de Kagome sin viajar al pasado, y Sesshomaru siendo parte de su vida desde otra perspectiva.

Tenga en cuenta que Sesshomaru actúa diferente. Puesto que está dentro de un papel que el decide interpretar para formar parte de la vida de Kagome. Así que sí, es bastante Oc con respecto a la serie, pero vamos... Pasaron quinientos años y él admite que muchas cosas cambiaron. Así que no me muerdan por esto, así es y así se queda :c


Last Chance

Primer Arco: Años atrás.


"¡Desaparece de la existencia-"

'Deseaste que desapareciera. Pero... La calidez que sentimos dentro de ti era lo único que mantenía nuestra calma. Ahora descansaremos, por siempre.'

"-Shikon no Tama!"

'Dentro de ti.'


Diez años antes del inicio, Santuario Higurashi.

Souta había estado mirando la casa del pozo, durante diez minutos. Buyo había entrado ahí. Pero no salía. Sabía que se estaba haciendo tarde para ir al colegio con su hermana, pero... Buyo no salía.

¿Se habría caído al pozo el gato distraído?

Suspiró con fastidio. "Kagome~" Llamó. "Buyo está ahí otra vez."

Vagamente se cuestionó que su hermana era hermosa. Tenía los ojos azules más brillantes que había visto jamás, siempre le recordaban a los zafiros en las joyerías. El pelo tan negro como el ala de un cuervo, al cual tinta sobre hojas blancas. Se sonrojó antes de fruncir el ceño, ¿Por qué pensaba así de su molesta hermana mayor? ¡Ella era irritante!

"-uta."

Pero de nuevo, era su hermana...

"¡Souta!" La voz de su hermana fue suficientemente fuerte para hacerlo saltar del susto, y abandonar rápidamente los pensamientos raros que corrían por su mente. "Vamos, vamos a llegar tarde."

Dejándose empujar por su hermana, fueron saliendo completamente del santuario. El pozo, y Buyo completamente olvidados...


Kagome suspiró mirando hacia la ventana. Desde que había salido esta mañana del santuario, el sentimiento de que algo está mal no dejaba su mente en paz. La cuestión era qué.

¿Qué era lo que estaba mal?


Sesshomaru frunció el ceño fuertemente. Estaba en la sima de las escaleras del santuario del Goshinboku, pero algo estaba fuera.

Algo no coincidía.

Hoy fue el primer viaje en el tiempo de la Miko- Sus ojos se abrieron. ¡El pozo!

El pozo no estaba activo.

La magia antigua que siempre fue tan característica del lugar, estaba apagada. Extinta. Eso no era posible, la Miko tenía que haber viajado a estas alturas. Había estado siguiendo con exactitud las fechas desde su nacimiento, para comprobar que todo saliera correctamente y el pasado cambiara para dar lugar al futuro.

¿Podría haberse equivocado?

No. Definitivamente no. No era posible. El nunca se equivocaba. Algo estaba mal. Si la Miko viajó, por qué el pozo no estaba activo. ¿Por qué la magia no estaba circulando por todo el lugar como en antaño?

Un suave susurro le llamó la atención. Y el shock se gravó en su expresión durante unos segundos al captar lo dicho.

La Miko no viajó.

Eso no era posible. Ella tenía que haber viajado. Ella debía haber viajado, o él no estaría aquí. Volvió a escuchar el susurro, una y otra y otra vez.

La Miko no viajó.

Estaba mal. Él definitivamente estaba escuchando mal. Se negaba a creer eso. El recordaba vívidamente los cinco años de la Miko quinientos años en el pasado, si ella no viajó, esos recuerdos no existirían. Se negaba a creer eso.

La Miko no-

La Miko había viajado. Ella tenía que. Porque ahora ella estaba en el pasado, liberando al mestizo hermano suyo. Rompiendo la Shikon no Tama...

La Miko-

Algo hizo clic.

La Miko no había viajado. Y tan incierto como sonaba, La Shikon no Tama había sido la causa.

Ella no viajó.


Dos meses después.

Estaba molesto. Furia, era un eufemismo para su estado de ánimo. Hacía aproximadamente dos días que había llegado a Tokio, y su padre no le había permitido ni un solo momento de paz.

Y ahora estaba acá.

En los corredores de una escuela. Escuela que lo mantendría por el resto del año escolar. No podía ser expulsado, ni siquiera una llamada a su padre por mal comportamiento.

O sería castigado.

Severamente castigado.

Se estremeció mentalmente al recordar lo sádico que podía llegar a ser su padre. Podía jurar que era algún timo de demonio. ¡Tenía los ojos rojos una vez! Juraría hasta el día de su muerte que había visto los ojos canela de su padre parpadear en rojo carmesí.

Algo se estrelló contra su pecho, sacándolo de sus pensamientos. "¿Una pared?" Escuchó la voz femenina de su atacante murmurar.

Diversión brilló en sus orbes verdes al verla confundida, para rápidamente sonrojarse al chocar con su mirada. Sus ojos eran azules. Azules.

Todas las palabras murieron en dentro de sus labios. Los pensamientos de su padre y su familia completamente olvidados. Comenzó a divagar perdiendo totalmente la noción de su alrededor.

¿Era posible tener los ojos de ese tono exacto de azul?

"¿Estás bien?" ¿Eran naturales o eran contactos? "¿No te hice daño, hice?"

"¿Eh?" ¿Ella había hablado? ¡Mierda! ¿Qué había dicho? Parpadeó en confusión antes de fruncir el ceño. Y murmuró. "Tus ojos son azules..."

Los ojos de la niña se abrieron con sorpresa, sus mejillas se sonrojaron furiosamente. Y mentalmente se preguntó hasta dónde podía llegar su sonrojo.

"Creo que estás delirando..." La escuchó murmurar.

"No." Afirmó, antes de sonreír. "Yuki. Kuran, Yuki." Se presentó con una ligera inclinación de cabeza.

Ella parpadeó confundida, antes de sonreírle suavemente. Sus ojos azules se volvieron aún más brillantes, si eso era posible. "Kagome. Higurashi, Kagome."

Podía jurar a los dioses: Ella iba a ser su esposa.

Promesa.


Había estado debatiéndose los últimos dos meses qué iba a hacer. ¿Enfrentarla y hacerla ir por el pozo? ¿Dejarla vivir su vida normal? ¿Usar su propio poder para activar la Shikon?

Tantas posibilidades. Tantas.

Cerró los ojos dorados con frustración. Quinientos años esperando para verla, y cuando la encontraba, cuando sabía que su espera terminaría pronto. Si hubiera sabido que la maldita joya, esa maldita joya, borraría todo el pasado de sus recuerdos, cambiaría el transcurso del tiempo y evitaría que ella viaje al pasado... Hubiera intentado cualquier cosa para evitar eso.

Porque ella tenía que ir al pasado.

Ella tenía que ir y vivir cinco años con ellos, discutir con el mestizo, cuidar del kit, unir al monje y la exterminadora. Aprender de la Miko anciana del pueblo. Jugar con Rin...

Conocer a Ah-Un. Salvar a la no-muerta Miko. Destruir a Naraku...

Ella tenía que ir al pasado.

Porque ella tenía que cambiar los destinos de todos. Incluso el de él. Porque si la Miko había cambiado a alguien, había sido a él.

'Entonces, tu no lo odias, ¿Cierto?'

Porque ella había visto más allá del muro de hielo. Más allá de todo el odio y rencor contra el pasado. Contra los hechos que no podía cambiar.

'Odias el hecho de que fue tu padre, el que murió esa noche. Dejándote a ti: Solo.'

Ella había cambiado tanto de él. Y le había tomado años aceptar que estaba dispuesto a cualquier cosa por ella. Pero para ese entonces, el fin de la guerra contra Naraku cumplía casi cien años en la distancia y los mismos desde su desaparición.

'Por eso puedo decir que no odias a Inuyasha. Porque como a ti, tu padre lo dejó solo.'

La Miko, en su terquedad e inocencia, le había demostrado que algunos seres humanos valían la pena el esfuerzo de protegerlos. Algo que sólo había creído que Rin merecía, su protección.

'Pero él no iba a aceptar tu ayuda, así que envuelto en una maraña de mentiras, le enseñaste a protegerse.'

Había encontrado la manera de derretir todos los muros que rodeaban su ser. Colándose en algo que había creído muerto: Su corazón.

'Me gustaría que algún día, Inuyasha supiera la verdad. Incluso si él te odia, tú nunca podrás. Porque ves en él, el mismo sentimiento que tu padre dejó en ti, Sesshomaru. El abandono.'

Soltó el aire que no sabía estaba conteniendo. Antes de mirar el cuadro colgado en una de las paredes de su despacho.

Sólo tres figuras se destacaban en un campo de flores. El kit, Rin y ella... Kagome.

Había decidido qué hacer.

La dejaría vivir. Sería el guardián silencioso que había sido en antaño, cuando la protegía de los youkais de bajo nivel que quería atacarla. Porque en antaño, había sido igual de descuidada que ahora...

Mañana iba a presentarse en el santuario.

Mañana volvería a hablarle.

Incluso si ella no lo conocía en este lado. Aunque en este momento no tuviera recuerdos de quién era. Crearía recuerdos nuevos junto a ella.

Brevemente se cuestionó por qué haría algo así. Pero la respuesta era siempre la misma.

Por ella.


El santuario estaba extrañamente tranquilo. La mañana había sido lluviosa y fría, pero la tarde prometía alivio. Kagome sonrió. Siempre le había gustado la lluvia.

Su padre, le había dicho una vez que la lluvia siempre calmaba corazones en pena, curaba la tierra y alimentaba la vida. Desde entonces, había comenzado a adorar los días lluviosos.

Soltó un suspiro friolento cuando una brisa recorrió su cuerpo mientras barría las hojas caídas del Goshinboku. Realmente estaba todo demasiado tranquilo.

Oyendo las suaves pisadas por las escaleras, volteó la cabeza en esa dirección. Era extraño tener visitantes en el santuario. Aún más con este clima.

Las pisadas se fueron haciendo más fuertes, hasta que un joven se asomó por la cima. Sonrió suavemente antes de acercarse. "Bienvenido al santuario Higurashi."

El joven le sonrió suavemente. Inmediatamente notó su mirada. Sus ojos eran del mismo todo exacto que el oro. Hermosos, pensó. Tenía el cabello negro, corto por encima de los hombros.

Era... lindo.

"Estoy en busca de Higurashi, Kazuhiko." El joven murmuró. "Realmente, necesito hablar con él."

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Kagome. Él pedía hablar con su padre. Pero su padre estaba muerto. Muerto. Desde hace ocho largos años. Dudó antes de responder. "Me temo que eso no va a ser posible." Una sonrisa tensa corrió por sus labios.

La mirada desilusionada que el joven le dio, logró que algo dentro de ella se estrujara. Dolía. Pero lo ignoró ante sus siguientes palabras. "Tenía la esperanza de que supiera algo de mi padre..."

¿Estaba buscando a su padre? Kagome parpadeó pensativa ante lo dicho. Él buscaba a su padre, por medio del suyo. Y el suyo estaba muerto... "Llegas unos años tarde, para hablar." Susurró.

"Oh." Recordando sus modales un poco tarde, dio una disculpa. "Disculpa las molestias." Ofreciendo una leve inclinación se presentó. "Seishirou. Taisho, Seishirou."

Volteándose para marchar, la voz de Kagome lo detuvo. "¡Espera!" La vio sonreír suavemente antes de que continuara. "Quizás mi madre pueda ayudarte, podemos esperarla con una taza de té."

"Eso sería espectacular." Su voz salió baja y calma, dando una leve sonrisa en respuesta al repentino entusiasmo de Kagome. "Srita...?"

"¡Oh, disculpa por no presentarme!" Soltó una risa nerviosa e incómoda. "Kagome. Higurashi, Kagome."


Mentalmente, Sesshomaru sonrió.

Las cosas podrían ser distintas. Ella podría no saber nada de su pasado, de su aventura y la joya.

Pero ella era la misma.


Yai! Espero sea de su agrado :3

Nos vemos

Michelle~!