Summary: Él era su guardián, quien la protegía de todo. Cuando su dolor dejó de ser físico, comenzó a replantearse qué clase de protector era, si ella estaba sufriendo de todas formas. – "¡Por favor! ¡Por favor, termina con todo! Por favor... Has que deje de doler."
Pareja: Kagome/Sesshomaru
Rated: M. (18+)
Descargo de responsabilidad: Los personajes no me pertenecen.
Last Chance
Primer Arco: Disfraz
Ante sus ojos los días no era diferentes. Uno más en los miles de miles que él viviría. A veces se cuestionaba mentalmente por qué su carrera vivía tanto, ¿Por qué? Si muchos de ellos nunca alcanzaban su compañero destinado, morían en soledad buscando a un ser que posiblemente no nacería hasta siglos después de su muerte.
Él no era indiferente a eso. Por el contrario de la creencia de las masas, una parte de él buscaba sin descanso su 'otra mitad'.
Ojos azules cruzaron por su mente e inmediatamente desvió sus pensamientos a ella.
Esa extraña, rara y contradictoria niña-miko.
Por alguna razón, nunca había podido sacarla de su mente. Cuando en antaño, dentro de los restos de su padre ella convocó la Tessaiga desde su descanso, había estado dentro de sus pensamientos constantemente. Y aún la misma pregunta que le había hecho ese día, seguía sin respuesta.
¿Qué eres?
La pureza que irradiaba ciertamente no era algo de este mundo. No era humana, no. El hedor de la muerte no se aferraba a ella como con el resto de los humanos. No era Youkai, no. Su energía era contraría, servía para acabar con su carrera hasta las mismas cenizas.
"¡Sesshomaru-sama!" Energética como siempre, Rin llamó a su nombre con esa sonrisa brillante. Habían pasado dos años desde que la niña había pasado a formar parte de su manada.
Dos años desde la aparición de Naraku, y de la Shikon. Unos meses atrás, había escuchado la petición de cierta niña-miko. Habían unido los grupos en uno sólo.
Naraku era una amenaza, con la joya en su poder. Fue, en ese momento, la mejor decisión con respecto a la guerra silenciosa que libraban con el hanyou araña.
"Ohayo, Sesshomaru-sama." La miko como siempre, lo saludó con una sonrisa suave y un extraño brillo en sus orbes azules.
Abrió los ojos con rapidez. No era común para él tener ese tipo de sueños, o mejor dicho: Recuerdos. Sin embargo, no le resultara raro que recordara esa mañana en particular.
Había sido cuando la pequeña miko le había explicado su forma de ver el mundo. Diciendo que desde la vista de su alma, podía notar los lazos pequeños e imperceptibles que unían a todos los seres, sin importar su tipo, afinidad o energía.
Le había contado de la creencia popular del hilo rojo que unía a las almas por la eternidad. Un pequeño hilo que conectaba a los destinados a permanecer juntos en todas sus vidas. En ese momento, se había burlado de ella, diciéndole burdamente que él no estaba conectado con nadie.
Ella sólo le había dicho que un día lo entendería.
Y habían sido años, cientos de años más tarde que había comprendido sus palabras. Porque ella podía verlo. Ella veía las conexiones entre las almas. Para ella no había sido un problema determinar el otro extremo del hilo rojo que estaba conectado a él.
Porque ella estaba del otro lado.
Porque ella lo había amado de una forma inaudita, aún cuando celebraba sentimientos por su medio hermano, ella lo amaba a él por encima de todo. Porque ese era el brillo extraño que nunca había podido definir en su mirada al verlo.
Esa había sido la razón por la cual estaba siempre en su mente. Porque ella era la única, su todo. La parte faltante que había estado esperando durante décadas. Ese ser que siempre había anhelado.
Su compañera.
Se rió con amargura. Ella, que estaba destinada a él, estaba casada con otro. Otro que con el pasar de los meses, comenzó a ignorarla. Comenzó a buscar en brazos al azar durante la noche, el calor que su esposa debía darle. Ese maldito humano que no la respetaba.
Y esa había sido la razón por la cual había regresado a ella. Porque ella sin dudas, sabía de los engaños de su marido. Y él sabía que ella se acabaría por romper en miles de fragmentos, como en antaño lo había estado la Shikon no Tama.
Sonrió nuevamente ignorando la mirada de regocijo de la nueva amante de su marido. Era la fiesta de cumpleaños de la madre de Yuki, Kanako Kuran.
No había estado de ánimos para presentarse, pero por amor a la mujer que la adoraba, había asistido. Y como normalmente pasaba desde hace meses, su marido la ignoraba totalmente. Estaba con dos colegas, rodeados de mujeres, riendo ante las insinuaciones sexuales que hacían entre ellos.
Se estremeció del asco.
Así que escapando de todos, se había deslizado silenciosamente hasta el balcón. Por alguna extraña razón, el brillo de la luna siempre había calmado su alma en pena.
Un suave toque en el hombro la trajo de regreso a la realidad en la cual vivía. "No es propio de una dama encontrarse sola, Kagome."
Dándose vuelta sorprendida, vio la mirada ambarina de su persona favorita. "¡Sei!" Le dio una sonrisa, una verdadera sonrisa. "No creí que te vería aquí."
Seishirou soltó una risa pequeña, cargada de humor. "Que el niño minado no desee mi presencia, es algo sin importancia." Le ofreció una de las dos copas que sostenía. "Kanako conoce la verdad detrás de todo, Kagome."
Ella no dijo nada, tan sólo le dio una sonrisa agridulce. "Supongo que era imposible no notarlo." Suspiró, saboreando silenciosamente la bebida dulce que le había ofrecido. "A sus ojos, por lo menos."
"¿Por qué sigues con esto?" Esa pregunta estaba rondando su mente hace varias semanas ya. Por qué seguía con ese matrimonio, si denotaba que no iba a tener un final deseable.
Kagome miró a Seishirou, antes de que una sonrisa lente abriera paso en sus labios. Pequeña y dolorosa. "Porque decidí aceptar este camino, y no dejaré hasta que termine."
Y mientras ella siguió tomando su bebida, él solo pudo perderse en sus pensamientos.
Sesshomaru sabía que esas palabras eran solo el presagio del dolor para ella. Porque era demasiado terca para retractarse en su decisión, sólo le gustaría que ella aceptara que debía terminar con eso ahora, antes de que fuere demasiado tarde.
Y aunque las ganas de decirle que lo hiciera, que terminara con todo y se fuera, eran abismales, sabía que llegarían a oídos sordos. Porque ella no lo haría.
A sus oídos llegaban todos los murmullos del salón. Incluso los del grupo de Yuki. Después de todo, su audición no había menguado un ápice en todos estos siglos. Seguía siendo perfecta.
"Entonces, ¿Por qué no simplemente terminas con ella, Yu?" La empalagosa voz de una de las mujeres hizo temblar sus oídos en repulsión.
"Simple, Marie, simple." Se rió. "Mis padres. En el momento que este matrimonio termine, la fortuna de mi familia irá a ella."
"Mou." Resopló otra de las mujeres. "Eso no debería ser así, es tan divertido pasar tiempo contigo Yu~"
Prefirió ignorar la conversación de ahí en adelante. No contendría sus ganas de matar al humano que se hacía llamar esposo de la miko. No lo haría si seguía escuchándolo.
No.
Una sonrisa sádica cruzó su rostro, y en un parpadeo había desaparecido, junto con el tono rojizo de su mirada ambarina.
Un día...
Un día el maldito humano pagaría. Y él, oh, él estaría esperando su caída. Porque pagaría en sangre las lágrimas que hacía derramar a la sacerdotisa.
Promesa.
Kanako Kuran suspiró, había esperado que la fiesta que su marido había organizado por su cumpleaños, rindiera frutos para unir a su hijo con su linda y pequeña esposa. Pero no.
Sólo se habían distanciado más.
Él entre las mujeres que calentaban su cama en diferentes noches, y ella alejada del resto. Se preguntaba cada día qué era lo que había pasado para que su hijo comenzara a distanciarse de Kagome.
Ese pensamiento, esa pregunta, daba vueltas en su mente a todas horas. Y sin embargo, no podía encontrar respuesta. Habían formado una pareja prometedora, llena de romance y detalles, durante sus últimos años de bachiller.
Y sólo pudo seguir en aumento, para culminar el día de su boda. Oh, ese día ambos se habían visto radiantes. Era imposible dudar de los sentimientos entre ellos, y todos habían asumido que en los años siguientes, pequeñas pisadas los acompañarían en su camino.
Pero no.
Dos años después de su boda, el amor entre ellos se había vuelto discontinuo. Frío. Sí, era un amor congelado. Porque ella dudaba que los sentimientos entre ellos se desvanecieran. No, habían sido demasiado fuertes para eso.
Algo había ocurrido con Yuki, para desencadenar toda esta marea de hiel.
Escuchó la risa de su nuera y estrechó la mirada en su compañero.
Seishirou.
Ella sabía de los sentimientos entre ellos. Oh, sí. Sabía del amor inocente que Kagome sostenía por él. Después de todo, había sido su primer amor. Y esos sentimientos, estaba completamente segura, se mantenían en lo profundo de su corazón.
También conocía del amor innato que Seishirou tenía por ella. Las miradas de anhelo, el deseo que se despertaba a su alrededor al verla. Como suavizaba sus agudas miradas cuando se enfocaba en ella. Sí, eso era un amor demasiado profundo para no notarlo.
Curiosamente, parecía que entre ellos eran ajenos de los sentimientos del otro.
Y Kagome estaba casada.
Volteó su mirada hacia Yuki, y lo vio apretar sus puños hasta el punto de que sus nudillos quedaran blancos. En sus ojos verdes, podía leer claramente los celos. Y siguiendo su mirada, no le extrañó que desembocara en el dúo sonriente en el balcón.
Quizás la pregunta que le robaba el sueño, tenía una respuesta muy simple después de todo.
Yuki vio a su esposa, hablar y reír con él. Y sintió los celos recorrer su cuerpo. Maldiciendo mentalmente, se obligó a sonreír y aparentar que todo le daba igual.
Pero no.
Porque realmente estaba en el borde. A punto de ir y tomar a Kagome en sus brazos. Alejarla de él. De Seishirou.
¿Por qué siempre tenía que estar ahí?
Podía aparentar que ella no era nada, que prefería pasar las noches con mujeres que nunca recordaría a estar con ella. Con su esposa. Pero estaba lejos de la verdad.
Porque ansiaba su toque más que nada. Sus besos, sus caricias, todo de ella. Lo quería absolutamente todo. Y por eso se alejaba de ella.
Cuando se dio cuenta, y admitió a sí mismo, que pese a que ella lo miraba con emociones indescriptibles, con sentimientos mutuos que nunca había pensado experimentar, la sombra del anhelo cubría su mirada tanzanita cuando se enfocaba en Seishirou.
Porque ella lo quería a él, más.
Porque el corazón de su esposa, pedía en gritos silenciosos por él. Admitir eso a sí mismo, había sido un martirio infinito. Porque su alma se desgarró en partes al aceptar que si bien Kagome lo quería y se había convertido en su esposa, su corazón lloraba enceguecido por Seishirou. Porque ella a Seishirou lo amaba.
Pero no podía soltarla. Quería alejarse completamente de ella, o tenerla por completo. No a medias, no así. Porque así, así dolía.
Y sabía que ella no era consciente de sus sentimientos por su mejor amigo.
Por esa razón en lo más recóndito de su corazón y alma, mantenía una diminuta esperanza de que ella lo pudiera amar a él algún día, del mismo modo que amaba a Seishirou. De esa forma incondicional, sin otro pensamiento más que entregarlo todo.
Pero ahora, aún seguía dolido. Con miedos que nunca creyó tener. Y para escapar de esa marea confusa en su interior, se internaba noche tras noche en fugaces momentos de calor con mujeres al azar.
Pero incluso en esos momentos, no puedo sacarte de mi mente, Kagome. Porque marcaste en mi, con tus besos inocentes, un amor inolvidable. Y tengo miedo de soltarte, porque sé terminarás en sus brazos.
Y pensar eso duele, duele más que esta agonía diaria.
Porque lo único que quería, era que me amaras de la misma forma que te amo a ti.
Disculparme por la demora, estuve un poco mal y lejos del portátil, así que no podía escribir :c
Me da pena Yuki, en el fondo hace todo porque está dolido al darse cuenta de la verdad. Verdad a la que tanto Kagome, como Sesshomaru, parecen ajenos. Por alguna razón, siento que no expresé bien los sentimientos de fondo en este capitulo, así que les pido disculpas si es algo confuso :c Tenía tres versiones diferentes, en la primera las cosas las escribí muy rápido y con pocas explicaciones, la descarté enseguida. La segunda tenía muchos saltos en el tiempo y era, a mi gusto, demasiado corto para relatar cinco años (Desde la boda, hasta el inicio de la historia, con Kagome con 25 años.) Y finalmente esta, en la cual quería detenerme un momento, aproximadamente dos años después de su casamiento, para que los personajes pudieran desarrollarse y no fuera todo tan a los apurones, por así decirlo.
Espero, realmente, que este cap. sea de su agrado!
En el próximo capitulo, las cosas harán otro salto. Y una sorpresa para ustedes vendrá en eso, más personajes juegan a escena y las cosas, se van a poner calientes c:
Nos vemos,
Michelle~
