Summary: Él era su guardián, quien la protegía de todo. Cuando su dolor dejó de ser físico, comenzó a replantearse qué clase de protector era, si ella estaba sufriendo de todas formas. – "¡Por favor! ¡Por favor, termina con todo! Por favor... Has que deje de doler."

Pareja: Kagome/Sesshomaru

Rated: M. (18+)

Descargo de responsabilidad: Los personajes no me pertenecen.

Nota: Por si alguien no se da cuenta... ¡Fin del primer Acto! Al final de este capítulo, volvemos al comienzo de la historia. - ¡Divorcio a la orden!
Muchas, muchas sorpresas vienen en este cap y el romance entre el peliplata y la ojiazul, recién está por romper el ánimo taciturno c: - Sin más, los dejo leer.:3
Nota Dos: Lean lo escrito al final: puede gustarles owó


Last Chance

Primer Arco: Ante la Ley


Había estado mirando un punto fijo, perdido en sus recuerdos casi toda la noche. Recuerdos de su manada, su familia.

Un hermano que nunca había deseado, pero en el cual se reflejaba el mismo. Porque siempre le había recordado a un pequeño cachorro perdido, y esa había sido la misma sensación que sintió cuando su padre lo dejó esa noche, después de la batalla contra el Dragón, para ir a la onna que amaba. Y finalmente morir. – Inuyasha.

Una niña humana, que lo seguía con adoración. De alma suave e inocente, sin importar las veces que había estado de mano con la muerte, ella siempre sonrió. – Rin.

Una cría de kitsune, que había seguido a su miko totalmente encandilado por su corazón. Un bromista de firma innegable. – Shippo.

Su manada era pequeña. Muy. Comparada con otras que las superaban uno a cinco en números. Sin embargo, era su manada. Y eso era lo único que importaba.

Suya.

Siempre había esperado la muerte de su pupila, era después de todo: Humana. Lo que nunca había esperado era verla morir en el nacimiento de su segundo hijo. Había tenido muchos veranos por ver aún, pero su frágil cuerpo no había resistido. Y la muerte nuevamente la había llamado. Sólo que esa vez, ya no había vuelto.

Rin había muerto antes de cumplir los veinte años. El kit, aún un niño en apariencia, había sufrido un golpe profundo nuevamente, y tanto él, como su hermano, sabían en ese momento que el zorro nunca se recuperaría.

Después de todo, Rin había sido la luz de la manada cuando la miko había desaparecido.

Su hermano, Inuyasha, murió al cumplir ciento cincuenta años desde la muerte de Naraku y la desaparición de la sacerdotisa. Perdió la vida defendiendo los descendientes de Rin, de una de las últimas tribus de panteras del Norte.

Tessaiga aún colgaba en una vitrina de la mansión, Tensaiga y Bakusaiga a su lado. Algún día las espadas despertarían nuevamente.

El kit había muerto hace trescientos años. No por heridas de guerra, no. Murió de pena. Nunca había logrado superar las pérdidas de su pequeña manada, con un ánimo taciturno día a día, había vivido como le prometió a Rin. Una mañana lo había saludado como cada día, pidiéndole disculpas por todo, diciéndole que había sido el único padre del cual mantenía recuerdos. Fueron horas más tarde que lo encontró bajo el árbol en el cual solía jugar de cachorro, parecía estar durmiendo. Un sueño eterno.

Los golpes de perder a toda su manada, habían sido duros. Cualquier Youkai criado en una manada, habría perdido la cordura al poco tiempo por la soledad. Él se mantuvo firme, decidido a encontraros otra vez. A todos. – Su miko incluida.

Y así había sido. El alma de Rin y de Inuyasha, habían reencarnado una vez hace doscientos años. Al mismo tiempo, en el mismo lugar. Los había encontrado en un orfanato, casi al borde de la muerte por inanición. Había sido muy tarde para poder salvarlos, y con la magia del mundo desapareciendo, Tensaiga no respondió al llamado.

Habían muerto siendo nada más que cachorros.

Ese había sido un golpe muy duro.

Casi no se había recuperado, su mente se había fragmentado por muchos años antes de poder aceptarlo. Fue la vana esperanza de encontrar a su miko lo que había mantenido su cordura.

Y ahora, los había vuelto a encontrar. Su pequeña manada estaba formándose poco a poco de nuevo – su felicidad era incondicional.

Una niña de cuatro años, pequeña y brillante, bajo el nombre de Rinni. Era una versión exacta de la niña que lo había seguido por todo el suelo de sus tierras hace quinientos años, lo único que denotaba su ascendencia extranjera eran unos deslumbrantes ojos azules.

La había encontrado vagando por las calles, sola, descuidada. La luz de su mirada se opacaba por lo maltrecho de su pequeño cuerpo. Y sin embargo, cuando ella lo vio la sonrisa en su pequeño rostro fue deslumbrante.

Curiosamente, y como en antaño, ella no hablaba.

Ante su falta de comunicación, lo único que podía hacer era reportar esto ante la ley humana. Y ante la ausencia de familia viva de la pequeña, su abogado gustosamente comenzó los papeles de adopción ante el juzgado.

Taisho Rinni.

En cuestión de días, sería legal. Y nadie podía volver a separarla de su cuidado. Esta vez, viviría la vida como debía. Esta vez, nadie le impediría ser feliz.

Esta vez.

A su mente volvió su hermano y soltó un suspiro. Si Rin había vuelto a reencarnar, era muy posible que su hermano así igual. Sólo esperaba que en esta vida, su destino fuera diferente que en las anteriores y estuviera al cuidado de una familia.

Un lento y doloroso punzar resonó por su pecho.

El alma del Kit nunca había vuelto a este mundo.


"-Es positivo." El doctor le sonrió. "Usted está embarazada, Señora Kuran."

Esa frase le cayó como un balde de agua helada. Mil preguntas, miles y miles de situaciones corrían con ferocidad por su mente, pero al final condensó todo en una frase: ¿Por qué ahora?

Embarazada.

Estaba esperando un niño, un niño que siempre había deseado. Desde que se había casado había deseado formar una familia. Pero la situación en la que vendría... ¿Acaso se merecía eso?

¿Nacer en un matrimonio roto y sin amor?

Pero quizás... Quizás era ese bebé lo que podría unificar su matrimonio nuevamente. Quizás ese niño había sido concebido para que tanto ella, como Yuki, dejaran de lado sus diferencias y fueran una familia.

Pero.

¿Y si no era así?

¿Y si realmente su matrimonio ya había estado caminando por un sendero sin salidas y nada podría cambiar el resultado final? Quizás que naciera un niño en estos momentos, era algo doloroso. Y triste para la criatura.

Después de todo, ¿Qué niño quiere ver a sus padres separados?


Noches más tarde...

Miró el cuerpo apegado al suyo, desnudo. Cansados más allá de la satisfacción, una sonrisa lenta y suave en sus carnosos labios rosados. Tenía los ojos cerrados y la respiración tranquila denotaban su sueño.

Soltando un suspiro, dejó vagar su mente a los últimos acontecimientos en su vida.

Nunca había esperado que una de sus amantes se volviera algo más que una rutina de una noche. Quizás había sido la necesidad de ver una cara conocida en sus encuentros lo que ocasionó que ella se volviera recurrente.

No, no tenía ningún tipo de sentimientos por la mujer que calentaba su cama.

Porque eso estaba remitido totalmente a su esposa.

Aún así, seguía buscando los placeres carnales en esta mujer.

Y aunque él sabía que estaba siendo un completo idiota, no iba a dejarla. Después de todo si él no podía tener a Kagome, bien que podía tener a Mizuki. Aunque el mero pensamiento de que su esposa estaba sola en sus recamaras le helaba el pecho, no hacía nada para remediarlo.

Porque por mucho ella dijera amarlo, sabía, sabía muy bien que ella no estaba destinada a él.

Porque aunque quizás ella nunca lo sepa, podía verlo en su mirada cada vez que sus ojos azules se enfocaban en Seishirou.

Porque algo así, no se remitía a una sola vida.


Meses después.

Sesshomaru miró a la mujer que rondaba sus pensamientos por los últimos cinco siglos y una pequeña sonrisa cruzó sus labios.

Su cuerpo sudoroso, sus mejillas sonrojadas y labios secos. La tímida y suave sonrisa que adornaba su rostro, era acompañada por una mirada totalmente empañada en amor e innata adoración.

Un pequeño bulto envuelto en una delicada manta azul, descansaba cómodamente contra su pecho, ajeno al mundo y la mirada de total devoción de su madre.

Madre.

"Es tan pequeño..." Azul turbulento se enfrentó con oro líquido. "¿Y si no soy una buena madre?"

Ignorando el sordo punzar en su pecho le respondió en un murmullo bajo: "Serás." No tenía dudas de ello. "La mejor que él pudiera desear."

La felicidad ante sus palabras pareció explotar desde su interior con una fuerza devastadora. El dolor en su pecho sólo pareció incrementar.

Y no pudo evitar cuestionarse si ellos hubieran tenido un cachorro... ¿Sería igual?


¿Por qué no le habían avisado?

¿Acaso no se merecía presenciar el nacimiento de su propio hijo? Sí, había sido un total desconsiderado con su esposa y sus necesidades, a tal punto que Seishirou había tomado su lugar a su lado. Acompañándola y cuidándola durante todo el embarazo.

Pero era su hijo.

Suyo.

No de Seishirou.

Y sin embargo... Seishirou estuvo ahí, cuando su hijo nació. No él.

¿Por qué dolía tanto saber eso?


"¿Has decidido el nombre, Kagome?" Sesshomaru miraba al niño en la cuna al lado de su madre.

La morena le sonrió suavemente. "Seito Kuran" Su sonrisa se volvió más grande antes de continuar. "Shippo Higurashi."

Adormilados ojos verdes chocaron contra oro líquido. Y por primera vez en años, una lenta sonrisa brotó desde su interior.

Shippo...


Cuando Yuki entró en la habitación, esperaba ver a su esposa con su hijo, solos. Sin embargo encontró algo que le heló la sangre. Y nubló su mente con ira. Puesto que su esposa no estaba, y su hijo estaba en brazos de él.

"Seishirou." Saludó secamente, pero este no movió su mirada del pequeño bulto en sus brazos. Palabras mudas quedaron en los labios de Yuki, había tantas cosas que decirle... Sin embargo sus ojos verdes podían resumir todo en una mirada.

No es tu lugar.

Seishirou lo miró durante largos minutos en silencio antes de hablar. "Un poco tarde, diría." La mirada de suficiencia al sostener al niño, era igual que tirar leña al fuego. El mensaje era alto y claro.

Tú eres el extraño.

Mordiéndose la lengua, preguntó: "¿Cómo se llama?"

Una pequeña sonrisa acompañó las palabras del pelinegro. "Seito Shippo Kuran Higurashi." Con suavidad dejó el pequeño en su cuna antes de enfrentar completamente a Yuki. "Si ella no fuera tu esposa ante la ley, habría omitido tu apellido."

"Orgulloso le darías el tuyo, ¿No, Seishirou?" Siseó. "El nombre, ¿Fue su elección o tuya?" La ira era legible en su rostro, los celos parecían nadar en lo profundo de su mirada esmeralda.

"Suya." Comenzó a marchar hacia la puerta. "Dile que la vendré a buscar mañana." Y sin detenerse a esperar respuesta se fue.

Yuki quedó viendo como Seishirou marchaba, dejando dentro de él un sinfín de celos y dolor.


Dos meses después.

Kagome sonrió a su pequeño hijo. Había pasado todo el día re-decorando su habitación con ayuda de Seishirou y finalmente estaba terminada. Ahora el pequeño dormía plácidamente en su cuna.

Escuchó una risa baja desde la puerta y su sonrisa se volvió más brillante. "Gracias por la ayuda, Sei."

Él sólo le dio una suave sonrisa, antes de hacerle señas para encontrarla en la sala. No sería bueno despertar a Seito, estaría molesto largo rato.

Mirando una vez más a su hijo antes de salir por la puerta, comenzó a pensar en los últimos dos meses. Yuki se había vuelto más distante desde el nacimiento de Seito, aún más que los meses anteriores.

Y eso la estaba matando poco a poco.

Conocía de sus amantes, desde la primera vez. Sabía de su continua compañera durante el último año. Mizuki. Su secretaria. A veces se preguntaba por qué seguían casados si él deseaba estar con ella. Un doloroso punzar atravesó su pecho y forzó una sonrisa al ver a Seishirou esperando por ella.

"¿Por qué sigues con esto, Kagome?" Preguntó tocando suavemente su mejilla. "¿Por qué?"

Por qué.

Incluso ella misma se cuestionaba por qué.

Él la abrazó mientras las lágrimas caían silenciosas por sus mejillas. "No lo sé." Murmuro. "Ya no lo sé."

Por qué seguía así, si el amor ya no existía y el dolor sólo seguía creciendo en las noches...

¿Por qué?


"Por favor." Susurró. "Por favor Sei..." Su voz fue tomando fuerza, las lágrimas ardientes seguían cayendo por sus mejillas. "¡Por favor, termina con todo!" En un sollozo roto lo miró a los ojos y él temió por primera vez, que el daño dentro de ella no pudiera curarse.

Soltando un suspiro bajo, y apretándola más contra su cuerpo respondió. "De ti depende."

Y esa era la verdad. Dependía de ella cambiar las cosas, los hechos. El futuro. Dependía únicamente de ella. Y Aunque él quería susurrarle palabras de consuelo, tomar la decisión por ella, sabía que no debía.

Sin embargo él nunca olvidaría el susurro dolido que abandonó sus labios. Tan bajo, tan insignificante a los oídos de muchos, más no a los suyos. Porque a él parecían gritos. Gritos de auxilio.

Por favor, has que deje de doler.


Sesshomaru miró a su abogado principal e internamente se preguntó cómo era que lograba encontrarse con las reencarnaciones de los amigos de la miko, cada vez.

En una vida anterior conocido como uno de los siervos de buda, el monje Miroku. Actualmente Abogado principal de Taisho Corp. Minamino Masato.

"Todo está listo, Señor Taisho." Afirmó Masato con una sonrisa suave. "Sólo falta la firma de la Señora Kuran para comenzar los tramites y finalizar el divorcio."

Sin decir palabras asintió levemente. Este fue el primer paso, de muchos que tendría que dar Kagome... y él.


Ante la ley: Casados.

La noche anterior se habían cumplido cinco años desde que habían dicho el Acepto ante esa iglesia llena de gente. Jurando permanecer en los buenos y malos momentos, siempre fieles. Donde él había aceptado ser su marido, y ella... Su esposa.

Ante la ley: Esposa.

Esposa. Esa palabra dejaba un mal sabor en los labios, una profunda herida en el pecho que dudosamente podía reparar. Había creído en un principio que el hielo entre ellos podía derretirse, que todo volvería a ser como en antaño, pero no.

Había sido estúpida e infantil al creer en un cuento de hadas. Había sido egoísta por necesitar de otra persona para mantenerse fuerte en un matrimonio roto. Para un hijo que pagaría los pecados de sus padres.

Ante la ley: Hijo.

Porque el niño que dormía en las habitaciones de arriba era su hijo. Un niño inocente que no pidió venir al mundo, pero vino y afrontaría la desgracia de crecer en un matrimonio roto, con un padre ausente.

Porque ante la ley, ante ella ellos eran la familia perfecta. Ante la ley y los ojos del mundo. Puertas adentro ni la ley fue suficiente para mantenerlos unidos. Ni el amor que una vez existió.

Kagome sabía eso muy bien.

Y quizás era momento de afrontar los hechos, y dejar el circo ridículo que se había formado en este intento de vida.

Quizás era momento de tomar las pequeñas manos de su hijo, y mirar hacia el futuro. Un futuro incierto, dudoso.

Un suave apretón en su mano le recordó que no estarían solos. Porque él siempre había estado con ella, y seguramente siempre lo estaría.

Sí... Quizás era momento de dejar el presente partir hacia el pasado, y ellos a un nuevo destino.

Sonrió suavemente, por primera vez en años el brillo de su mirada había vuelto.

Aunque ella no se diera cuenta.

Y enigmático azul se reunió con oro líquido.

El futuro ya había comenzado a cambiar.


Sesshomaru miró a la mujer sujeta a una de sus manos, la luz de su interior no había muerto. Ella no se había rendido.

Ella seguiría luchando.

Ella sería libre, de sus cadenas, de su vida – Ante la ley ella no sería su esposa, y sus alas dormidas volverían a tomar vuelo.

La luz de la Miko del Tama, seguía ardiendo en su interior.


Tan! Dios, lo que sufrí para decidirme en las escenas y cómo colocarlas... Sé que puede parecer demasiado rápido, pero si llegaba a introducir los meses de embarazo y demás días entre medio de las escenas de este capítulo, se habría extendido a tres más por lo menos y... Realmente quería terminar ya el primer arco xD

Espero que no sea mucho lio y logren pasar una buena lectura, también quiero disculparme por el tiempo que me tomó actualizar :c

El siguiente capítulo, ya entra en el segundo acto. El primer capítulo se titula: La Magia se Libera.

Os dejo un pequeño adelanto del Segundo Acto. (No del siguiente capítulo.)

"No quería creer lo que veía. No. No era posible. Ella no se había ido, ella no estaba con él. Ella no estaba compartiendo su cama, su calor.

No.

Cerró fuerte los ojos, tratando de borrar las imágenes que se repetían continuamente en su mente. Tratando de borrar los sonidos que había escuchado.

No.

Pero la escena era recordada con fervor. Claramente podía escuchar los gemidos y suspiros en un mar desordenado de sabanas.

Él entrando en su cuerpo sin cansancio, y ella, ella dejando que tome todo de sí. Gimiendo, rogando por más.

¿Cómo podía olvidar?

¿Cómo podía hacer para borrar, de su mente, esos sonidos? Esos cuales afirmaban que ella había pasado, que ella lo había superado. Y que ahora él compartía su cama.

Siempre él...

Seishirou."

Y el Summary de una próxima historia: Labios gastados.

Recordaba su aroma, nunca lo olvidaría. Tampoco la dulzura de su ser. Sus labios... Esos labios gastados por besos que el mismo había dado en el pasado, besos que para ella aún debían de ocurrir. Porque ella aún debía de cruzar las barreras del tiempo y cambiar su pasado, su presente y formar un futuro. No pudo contener el impulso y sin dudarlo: la beso. Habían pasado siglos desde que tomó esos labios que siempre anheló. – "Cuando vuelvas a verme, no seré yo. Quien soy en este momento, seré mucho más tarde. Cuando la luna no brille en el cielo, después de años de verme: Suéltame. Y quien vuelva seré yo."

Esta historia sería el primer intento de un 'fic Lime/Lemon... Tengo muchas expectativas en ella. (?)

Espero que todo haya sido de su agrado, sin más me despido.

Nos vemos en la próxima!

Michelle