Summary: Él era su guardián, quien la protegía de todo. Cuando su dolor dejó de ser físico, comenzó a replantearse qué clase de protector era, si ella estaba sufriendo de todas formas. – "¡Por favor! ¡Por favor, termina con todo! Por favor... Has que deje de doler."
Pareja: Kagome/Sesshomaru
Rated: M. (18+)
Descargo de responsabilidad: Los personajes no me pertenecen.
Nota: Para los que mandaron mp's, criticando mi falta de consideración por tardar tanto en publicar, quiero decirles que esto, más allá del esfuerzo/ganas/entusiasmo sólo es un pasatiempo, el cual se logra en el tiempo libre. El cual, déjenme decirles: es muy escaso muchas veces.
Pero volvamos a lo bueno... Tan tan ~ El tan esperado (y difícil de lograr) primer capitulo del segundo arco! Desde acá todo cambiará, y antes de que comiencen las quejas de que es confuso, pasa todo muy rápido y Sessh es muy OCC, permitirme aclarar que: El mismo personaje EN la historia, admite haber cambiado en el transcurso de los siglos. No es una transición que se hace de un día para otro, no sería sano. También admite que caminó entre la realidad y la locura durante años. Esto lo admite luego de decir que el perder su manada, genera gran dolor. Al punto de la locura. Y CUALQUIER persona, repitan después de mi: Cualquier persona, expuesta a largos periodos de separación forzosa, comienza con signos de locura, generados por el dolor, el estrés o el sentimiento de pérdida total. Nuestro querido personaje - En esta historia - no es diferente.
El amor y las relaciones no es algo que nace de la nada misma. Ni se mantiene por si solo. Tengan en cuenta, que pese a no estar juntos - todavía - de forma romántica, ambos tienen una amistad generada por el transcurso de Diez años, bastante fuerte y profunda, sin querer dar detalles de cualquier evento futuro (Para no arruinar sorpresas) Salir de una relación y entrar en otra, no es algo que se hace de un día hacia otro. Puesto que la segunda relación sería un rebote, un intento desesperado por evitar la soledad y el dolor. Kagome aún tiene un largo proceso que recorrer, cosas por asimilar y heridas que sanar antes de estar completamente con Sesshomaru. Obviamente él será, como viene siendo hasta ahora, un pilar fundamental en su desarrollo. La persona que ayudará a cerrar heridas: antiguas y recientes. Tengan en cuenta que ella tiene un matrimonio por cinco años, un hijo nacido de él y muchas cicatrices generadas por años de abandono de su esposo. Ese tipo de cosas, tiende a generar cambios importantes en las personas. Kagome no es diferente, y Sesshomaru lo sabe. Vivió con ella todas esas dolencias, desde las sombras. Porque él también sufrió. Esperó siglos por ella, solo para verla sufrir a manos de otra persona. Y lo vimos a lo largo de los capítulos ya publicados. Antes de poder afirmar una relación romántica, medianamente estable, les queda un largo camino por recorrer, y muchas cuestiones por resolver.
Pero con el tiempo: Llegará. Así que no se desesperen. Algunas cosas tardan, aunque parezcan ir muy deprisa.
Last Chance
Segundo Arco: La Magia se Libera.
Los árboles proporcionaban las sombras perfectas para esconderse, su piel blanca se veía cubierta por un traje negro y ceñido al cuerpo. Ojos tanzanita centelleantes miraban con desconfianza el entorno.
Sabía que era peligroso alejarse del grupo. Sabía que siempre ocurría algo que pondría su vida en peligro. Sin embargo no perdería la oportunidad de su encuentro. Había esperado varias noches la ocasión perfecta.
Y bajo un cielo sin luna, se dio la oportunidad.
Siguió avanzando con cautela y en silencio. No quería llamar la atención. Aunque sabiendo quién estaba en el claro más adelante, dudaba seriamente que algún youkai se atreviera a molestar. Una lenta sonrisa se formó en su rostro al desviar sus pensamientos hacia él. Con cariño miró algo invisible a todos, antes de alcanzar el claro.
Una mirada dorada atrapó la suya, y se paralizó ante el fuego dentro de ellos. Su voz, un tenor suave y firme.
"Llegas tarde, Miko."
De un sobresalto despertó, el sudor frío empapaba su cuerpo y la respiración jadeante formaba un sonido rítmico con el palpitar de su corazón. Un angustioso y amargo vacío se extendió en su interior. Esa mirada... Los sentimientos escondidos en ella. ¿Quién era?
Y pregunta tras pregunta, fueron agolpándose en su mente.
Sin embargo el vacío en el pecho no se desvaneció. El ardor, la ausencia, siguió creciendo. Faltaba algo importante, algo que nunca debió faltar. ¿Qué, qué era?
Y sin que ella se diera cuenta, un suave resplandor rosado era visible en la punta de sus dedos.
¿Por qué dolía tanto?
Había pasado toda la noche encerrado en su estudio, mirando cuidadosamente los papeles en su posesión. Nada saldría mal para la mujer que dormía cómodamente arriba. Nada.
Soltando un suspiro tenso, disipó el hechizo que cubría sus rasgos distintivos.
Inmediatamente el negro se tornó blanco plateado, garras crecieron en sus dedos. La tonalidad dorada en su mirada, se incrementó. Tomando un brillo mítico. Franjas moradas adornaban sus mejillas, brazos y demás partes de su cuerpo. Una media luna orgullosa se presentó en el centro de su frente, marcas que dictaban su estatus como señor.
Recostándose levemente sobre la silla de cuero, se permitió cerrar los ojos. Dejando que su mente vague lentamente hacia la mujer que la rondó, los últimos siglos.
Un escalofrío, lo hizo estremecer y abrir los ojos de golpe, antes de partir por las escaleras.
Ese poder...
Una voz resonaba en su cabeza, palabras de consuelo eran susurradas de forma aleatoria. No les encontraba sentido... No lo tenían.
'Quiero escuchar tus palabras, ver como ríes y duermes...'
¿Quién las susurraba, y por qué? El sentimiento de tristeza en su interior comenzaba a tomar fuerza a pasos agigantados. Dolía, oh, dolía tanto.
'Tu corazón, latir conmigo al despertar...'
Tanta emoción, tanto calor. Cariño. Amor.¿Por qué esa tortura? ¿¡Por qué!? Imágenes se iban agolpando en su mente, una tras otra. Secuencia tras secuencia. El mismo hombre que había plagado sus sueños durante una década, niños y personas que jamás había visto. Casi podía saborear la nostalgia. Pero... ¿Por qué?
'Te quiero y no te has ido...'
Recuerdos de algo que jamás pasó, sentimientos y emociones que nunca sintió agrupadas en su mente y corazón, como una vieja canción que nunca podrás olvidar.
Ojos dorados, fríos. Una dimensión totalmente diferente atrapada en una mirada de fuego helado. Tantos sentimientos atrapados en las profundidades que con solo verlos, causaba estremecer. Pero aun así, nunca apartaba la mirada propia. Una conexión tan antigua y profunda, tan lejana y eterna. Irrompible.
'Miko...'
Una mirada dulce e inocente, cargada tierno amor infantil. Ojos verde esmeralda brillaban con picardía y diversión. Broma tras broma. Risas, juegos. Alegría, pasión. Libertad. Cabello rojo, suave. Pequeñas manos abrazándola con miedo, pánico, temor.
'Mamá...'
Ojos chocolate, puros, libres e inocentes, mostraban adoración infinita. Cariño, amor. Emociones agrupadas por montón, la mirada únicamente podía pertenecer al niño más dulce del planeta, y debía serlo, para poder estar a su lado. Porque él aceptaría nada menos que la perfección, y esa pequeña niña era, simplemente, perfecta.
'Nee-sama...'
Su respiración entrecortada, se aceleraba más y más, tras cada fragmento. El vacío en su alma comenzaba a llenarse, calmarse. Pero su mente arremetía con fuerza, tratando de impedir más. No quería más.
'Perdónanos, oh guardián.'
Cuando Sesshomaru alcanzó su habitación y entró, la encontró desmayada sobre el suelo de la habitación. La luz de la Shikon, cubriéndola suavemente. Y un susurro casi incesante comenzó a tomar forma.
'Causamos tanto dolor... oh, tanto.'
Un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza. Dudaba que alguna vez olvidaría esas voces. Esas malditas voces del interior de la perla.
'Acabará, pronto, pronto… Promesa…'
Séase lo que sea, la Shikon estaba detrás de ello. Y eso no podía significar nada bueno. Después de todo, siempre que la joya estaba incluida... Alguien siempre sufría. Siempre.
El suave pisar de alguien hizo voltear la mirada del aún persistente brillo, que rodeaba a la miko inconsciente. Grandes ojos azules temerosos lo miraron, antes de que un pequeño cuerpo se estrellara contra sus piernas, abrazándolo fuertemente. Casi con pánico, diría. Y dudaba que no sea así, después de todo Rinni solía despertarse en medio de la noche y buscarlo.
Aún pensaba que todo era un simple sueño. Y hasta no verlo, no podía calmar su angustiado y joven corazón.
Dando suaves palmaditas en su cabeza, comenzó a caminar hacia la miko. Levantándola suavemente, suspiró. Algo, en su interior, afirmaba que todo cambiaría desde mañana.
Podía llegar a admitir que un cierto temor acosaba su mente. Detenía suavemente su corazón, y agitaba sus pensamientos de forma continua.
Temía perderla. No iba a negarlo. No soportaría perderla. Había sido el deseo constante de volver a verla, lo que lo había mantenido con vida. Vagando constantemente entre dos mundos. Ficción y Realidad.
Un suave susurro rompió sus pensamientos. Y un suave calor llenó su interior. "Sei..."
Estaba condenado.
Y lo sabía.
Fuertes y enormes árboles cubrían los alrededores, el claro en donde se encontraba era perfecto. Oculto de todos lados, justo en el centro del bosque. Nadie conocía su ubicación. Soltó un suspiro satisfecho recostándose entre las flores y la hierba espesa.
La mirada brillante enfocada en el cielo oscurecido por la noche. Una suave sonrisa en sus labios rosados, eran la afirmación de la calma que sentía todo su ser.
Mentalmente, repasaba las enseñanzas de Kaede y las ocurrencias de Miroku.
'Una miko o un houshi, no es capaz de alcanzar su máximo potencial si oculta y esconde una parte de su ser. Aceptar la luz y la oscuridad dentro de uno, es alcanzar un equilibrio perfecto.' Jamás olvidaría las palabras de su amigo. Aunque joven, la mirada que reflejaba su alma mostraba siglos de conocimiento. Algo que solo podía confirmar que era un alma tan vieja como el tiempo.
'Muchas personas santas, ignoran este hecho. Negando así, una parte de ellos. Porque nadie es totalmente puro.'
Tenía razón al decirlo, ningún ser en existencia era totalmente puro. O completamente manchado con oscuridad. Ni puro, ni oscuro. Ni blanco, ni negro.
La creencia de Kikyo, en donde afirmaba que lo bueno se vuelve malo y lo malo se vuelve bueno, era lo más cercano que había estado de afirmar lo cierto. Pero aun así, estaba en un error. Lo bueno y lo malo, no cambiaban entre sí, ni se convertían en lo opuesto. Seguían siendo lo que eran. Sólo variaban entre sí, por la forma en la que se efectuaban.
Con buenas y malas intenciones. Con buenas y malas razones. Era un poco de ambas. Y a la vez de ninguna. Era una ambigüedad. Y era perfecto en eso. Por y para eso.
'Todos nacemos manchados, y limpios. Absolutamente todos.'
Nunca lo olvidaría. Jamás negaría una parte de sí misma. Soltó una carcajada llena de alegría innata. Antes de enfocar sus ojos azules en la mirada dorada que impacientemente, llevaba rato observando.
Un susurro cálido rompió el silencio.
"Sei…"
"En este mundo, nada es eterno, Miko." Sus frías palabras podían desmoronar a cualquiera. Pero ella no era cualquier persona. Ella era Kagome. Y por ese solo hecho, era diferente del resto. "Tarde o temprano todo deberá desaparecer."
La sonrisa en su rostro, o el brillo de sus ojos azules, jamás se atenuó. Incluso cuando esas palabras ardientes en furia, arremetían contra su suave corazón. "La tristeza, el odio... Incluso tu llamada felicidad, se desvanecen en el tiempo."
Comprendía las palabras tácitas. Incluso ella caería al tiempo. Pero había algo que no. Si tan solo él despejara sus ojos. Abriera su alma, lo vería. Y tenía que decirlo, aunque no le creyera. Porque sabía que no lo haría.
La venda en sus ojos estaba tan firmemente atada, que dolía. Dolía porque sabía que su tiempo se estaba terminando. Sabía que las cosas nunca serían lo mismo después... Después del deseo a la joya.
"Algo es eterno, y breve. Efímero y perpetuo. Ante el tiempo y los cambios. Sin importar nada, una vez que lo encuentras, siempre existe en lo más profundo de tu alma." La sonrisa que ella le dio con esas palabras, fue tan brillante que lo desconcertó por unos instantes, antes de arquear una ceja de manera cínica.
Él, no le creía. Y eso, golpeó algo profundo. Porque se dio cuenta que pasarían años, siglos incluso, antes de que se diera cuenta del significado detrás de sus palabras.
"El Amor." Su sonrisa se atenuó, ya no era tan brillante como en el inicio. Estaba eclipsada con un deje de tristeza y dolor. Algo que sólo acentuaba la tierna imagen que le daba. "El amor es algo que dura para toda la vida. Incluso... Incluso más allá." Sintió el olor salado, característico de las lágrimas, antes de verlas. Pero la razón de ellas no halló lugar en sus pensamientos.
Esos brillantes ojos azules, estaban manchados con los inicios de sus lágrimas. "El amor es lo que dura vidas, vidas efímeras. El amor es lo que mueve nuestras almas, buscando por la perpetuidad del tiempo ese sentimiento. Buscando a quién lo despertó en nosotros la primera vez que tocamos el mundo."
Sin decir una sola palabra más, ni dejar que replicara de alguna forma. Se dio la vuelta, y comenzó a alejarse. Dejando que las lágrimas cayeran lentamente, en silencio. Era un adiós. Y él aún no se daba cuenta, tan perceptivo como era, ignoraba muchas cosas. Ésta, era una de las tantas.
La depositó con cuidado en su cama. Suavemente acarició su mejilla, soltando un suspiro de cansancio. Se alejó unos pasos hacia atrás, tomando a Rinni en sus brazos. La curiosidad en su mirada, llena de preguntas por la joven que descansaba frente a ellos. Pero ni una palabra dejaba sus labios.
Saliendo en silencio, dejó que su mente vagara. Deseando cosas, ahora, imposibles de cambiar. Deseaba no haber sido cínico.
No haber sido tan iluso. Tan confiado.
No haber ignorado tantas señales. Tantas palabras tácitas. Haberla detenido en ese momento. No dejar que se vaya. Todo podría haber sido diferente. Quizás: Mejor.
Tan ciego.
Ella sabía y conocía, que él no pensaría en sus palabras durante mucho tiempo. Y la tristeza la inundaba, al darse cuenta que podrían pasar siglos antes de que se volvieran a encontrar. Y dolía saber que él sufriría. Porque sabía que entendería sus palabras con el pasar de los años. Solo deseaba que pudiera hacerlo ahora... Cambiaría tantas cosas. Le evitaría tanto dolor. Tanto sufrimiento. Soledad.
Pero ella tenía algo que hacer. Algo que no iba a evitar por más tiempo. Porque era su deber. Y aunque habían pasado meses desde que se logró el objetivo de su búsqueda, había pospuesto el deseo con la intención de que él, viera lo que ella conocía desde hace años. La razón por la cual lo buscaba tan firmemente. La razón por la cual sus palabras frías e hirientes no la desanimaban.
La razón por la cual sus últimas palabras dichas, estaban tan cargadas de sentimientos ocultos. De deseos inconclusos e ilusiones rotas.
Ese bendito y maldito hilo rojo, que ataba sus almas de una manera única, y tan profundamente que era totalmente irrompible. El lazo que sólo unía a los destinados a estar juntos por la eternidad.
Destellos de vidas anteriores siempre habían plagado sus sueños, siempre los mismos ojos dorados. La misma mirada ardiente, que ahora se negaba a aceptar lo que ella veía tan firmemente. A veces cálidos, a veces fríos. Con amor y dolor. El vago murmullo de antiguos nombres, que dejaban un rastro de vacío detrás.
Ahora otra oportunidad de estar juntos se estaba extinguiendo. Y dolía saber que posiblemente, fuera la última. Sabía, en el fondo de su alma, que ya no iba a volver a este mundo que adoraba. Porque todo tenía un final...
Y ya estaba en el límite.
Tristemente, sabía que no volvería a tener otra oportunidad de encontrarse con él. Sabía que no habría otro intento para robar la venda que ataba su mirar. No habría otra oportunidad de susurrar sus sentimientos. De crear nueva vida juntos. De partir de este mundo habiendo compartido todo con él.
No... Ya no la habría.
Las lágrimas jamás se detuvieron, las palabras salieron con firmeza de sus labios. Ni un ápice de duda se encontraba en ellas.
Mientas el mundo se desvanecía ante sus ojos, comenzando a perder todo pensamiento y sentimiento dentro de ella, la mirada ambarina que tanto amaba, jamás se desvaneció.
Y en lo profundo de su ser, deseó poder volver a reunirse con él. Una última vez.
Una última oportunidad.
Tan ~ Aparezco después de algunos siglos... La espera fue muy larga, lo sé. Espero no tardar tanto para la próxima publicación. Los bloqueos para escribir, son una perra :c Llegan cuando menos los quieres, y tardan siglos en irse a veces.
En este capitulo juego mucho con el tema de almas destinadas, el hilo del destino y las vidas pasadas. Es una temática que me encanta, realmente. Y espero que sea de su agrado la forma en que trato de hacerlo presente en el desarrollo de la historia.
Nos vemos la próxima!
Michelle ~
