Hola 7u7 gracias a ankapoar y Al Shinomori por sus reviews (y correcciones xD). He aquí el siguiente capítulo, hasta pronto.

LA JOYA PERDIDA

Es posible que las conexiones sean invisibles, pero siempre están ahí, enterradas justo debajo de la superficie.

-Dan Brown (El código da Vinci).

Capítulo dos: Más allá de las montañas.

Orihime y Ulquiorra estaban en una de las habitaciones que Yoruichi les había ofrecido para que pasaran la noche. Después de pulir todos los detalles del viaje finalmente cenaron y se retiraron cada quien a sus aposentos. La tensión en el ambiente cuando Grimmjow y Ulquiorra decían algo era palpable. Urahara y Kurosaki trataban de neutralizar un poco las cosas mientras Yoruichi hacía un esfuerzo titánico por no estallar y golpear a cada uno para ponerlo en su lugar.

Orihime se metió bajo las sábanas y se acurrucó al lado de Ulquiorra. Ambos estaban nerviosos por el viaje, ciertamente sería peligroso, pero confiaban en que todo saldría bien al final. Orihime cerró los ojos para conciliar algo de sueño cuando sintió una mano acariciando su espalda y enviando corrientes eléctricas por su espina dorsal. Enderezó la cabeza y vio a Ulquiorra con la vista perdida en un punto fijo del techo.

-¿Qué estás pensando? –inquirió recargando la barbilla en su pecho.

-Demasiadas cosas.

-¿Algo que quieras decirme?

Los ojos de Ulquiorra se encontraron con los de Orihime y bajaron lentamente hacia sus labios entreabiertos. Pensó que se veía divina bajo la tenue luz de la lámpara. Le tenía la confianza suficiente para contarle sus problemas, o más bien incluirla en sus pensamientos cuando éstos se tornaban un poco caóticos. Una de las características que más le gustaba de su esposa era su infinito optimismo ante situaciones difíciles.

-Tengo mis dudas sobre los Sternritter. No es normal que hayan aparecido de repente después de casi dos años.

-¿Te refieres a lo de los duques del Seireitei?

-¿Qué motivo tendrían ellos para asesinarlos? Lo entendería si fuera un golpe de estado o un motivo personal, pero dadas las circunstancias creo que se trata de un encargo.

-¿Quieres decir que alguien ordenó esos asesinatos? –Orihime frunció el ceño. Era una probabilidad muy alta.

-Sí, y si más que un grupo anarquista se trata de una asociación de asesinos a sueldo…

-Alguien les ordenó que robaran la joya –concluyó Orihime-. Pero Yoruichi dijo que Jugram Haschwalth era descendiente de Yhwach, ¿no crees que sea algo personal?

-Puede ser que sí. De una forma u otra los resultados son los mismos, tenemos que recuperar el Hougyoku y detener a los Sternritter. Sin embargo, no hay que bajar la guardia. Si tengo razón sobre lo del encargo entonces el verdadero enemigo no es Haschwalth, él es sólo un peón.

Orihime asintió, ciertamente eso le había dado mucho qué pensar. Debían actuar con cautela y no confiar en nadie más allá del grupo que Yoruichi había reunido.

Ulquiorra le dio un beso en la frente para que relajara su expresión pensativa y confundida. Orihime acarició su pecho y lentamente fue bajando hasta su abdomen, trazando círculos con el dedo índice y maravillándose de la suavidad de su nívea piel. Ulquiorra le detuvo la mano antes de que continuara su camino y la miró directamente a los ojos con un asomo de sonrisa en el rostro. Rápidamente la jaló debajo de él y se sostuvo con un brazo al lado de su cabeza. Orihime se rió cuando sintió el ataque de cosquillas y se retorció para librarse de él.

-¡Ulquiorra, basta!

-Te he dicho que no frunzas el ceño, te vas a arrugar –respondió muy serio.

Cuando pensó que ya la había torturado lo suficiente atrapó sus labios con los suyos y la besó suavemente, pasando una mano por su cintura y haciendo que arqueara la espalda contra su pecho. Recorrió la mano hacia el borde del camisón y acarició sus piernas en el proceso. Orihime jadeó cuando sintió que se abría paso entre sus muslos y cerró los ojos.

Chojiro tocó la puerta y la pareja se separó de inmediato.

-Adelante –exclamó Ulquiorra.

-La princesa me pidió que les trajera más cobijas. Será una noche fría –las dejó sobre la cómoda y se retiró después de hacer una reverencia.

Ulquiorra sacudió la cabeza y volteó a ver a Orihime. La pelirroja ya se había dado la vuelta y estaba de espaldas a él con un ligero sonrojo por casi haber sido atrapada en el acto. Ulquiorra se levantó por la cobija y abrazó a Orihime por la espalda después de taparse. Le dio un beso en el hombro y apagó la lámpara.

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Faltaba una hora para el amanecer. El cielo estrellado estaba despejado de nubes y comenzaba a clarear. Grimmjow y Kurosaki habían pasado la noche en el barco y declinado la invitación de Yoruichi de quedarse a cenar y a dormir en el castillo. Se encontraban en la toldilla mirando hacia las montañas que se ubicaban más allá de la ciudad y la llanura. Grimmjow fumaba de una pipa y contemplaba las formas de humo que exhalaba su boca. Ichigo abordó el tema que su capitán estaba tratando de evitar.

-¿Qué estás pensando?

-¿Sobre qué?

-Ya sabes, sobre Nell.

-No hay nada qué pensar.

-No me vengas con eso. Sé que te afectó verla después de tanto tiempo. Tenemos una misión con ella, no puedes evadirla por siempre.

Grimmjow lo tomó de la chaqueta con una mano y lo acercó a su rostro.

-Será mejor que te metas en tus asuntos, o también viajarás en pedazos al igual que el otro –gruñó haciendo referencia a Ulquiorra.

-Como sea –Ichigo se sacudió para arreglar sus ropas cuando lo soltó, sabía que su amenaza no iba en serio-, ya pasó un año desde lo de Shiba. Creo que sería un buen comienzo que aclararas las cosas con ella y dejaran todo eso atrás.

-Te lo advierto, Kurosaki, una palabra más y yo mismo te aventaré del barco cuando esté en movimiento –respondió Grimmjow dando el tema por zanjado.

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El barco estaba listo para partir a primera hora de la mañana. Ulquiorra estaba molesto porque tuvieron que desmantelar su dirigible para equipar el barco, y le molestó más que durante todo el proceso Grimmjow sonreía arrogantemente. Orihime tuvo que hablar con él varias veces para que olvidara lo sucedido, dándole a entender que no importaba si viajaban en uno u otro, pero era realmente difícil cuando ninguno de los dos quería poner de su parte.

Cargaron los cañones y las armas especiales provistas por Urahara. Tenían suficientes como para un viaje de esa magnitud teniendo en cuenta cualquier inconveniente que surgiera.

Ichigo guió al resto del grupo a los camarotes y le asignó uno a Ulquiorra y Orihime y le dejó el suyo a Rukia, pero entonces recordó que debido a la falta de espacio en el barco Nell no tenía uno para ella sola, cuando formaba parte de su grupo compartía cama con Grimmjow. Dudó un momento y Nell se dio cuenta de lo que estaba pensando.

-Sólo dame un coy, me quedaré en la habitación de Rukia.

-¿Estás segura?

-Sí, gracias Ichigo.

Kurosaki le sonrió como a una vieja amiga.

-Es bueno tenerte de vuelta –exclamó.

Nell le devolvió la sonrisa, pero recordó que no estaba volviendo a su antigua vida, su estancia en el barco era temporal hasta que la misión concluyera.

Yoruichi los reunió en la cubierta del barco para darles las indicaciones. Urahara estaba a su lado y le entregó los planos a Grimmjow y el resto de los archivos que iban a necesitar. Se despidieron de ellos y les desearon buena suerte, prometiendo estar en contacto y darles a conocer cualquier información nueva que surgiera.

Grimmjow gritó las órdenes y la tripulación se dirigió a sus puestos. El Noir Kaizoku zarpó sin demora rumbo a las montañas que se encontraban al Norte del reino de Karakura.

El Seireitei era un reino vecino gobernado por la dinastía Kenpachi, aunque llamarlo dinastía no era del todo correcto. Los ancestros de Zaraki y su esposa Unohana iniciaron su gobierno después de la Guerra de los Cien Años, pero no duró ni dos generaciones debido a que había sufrido golpes de estado y usurparon el trono dos veces consecutivas. Zaraki Kenpachi fue el último en reclamar el trono como miembro de la familia real original y de alguna forma estableció el orden que tanto anhelaban, llevaba cerca de diez años en el poder. Seireitei era un reino poderoso en economía, milicia y vasto en recursos, pero no se comparaba al de Karakura.

Grimmjow se mantuvo en el timón con la vista fija al frente. Era cerca del mediodía y ya se acercaban a los límites del reino. Mientras tanto, Ulquiorra estaba revisando los planos y trataba de establecer una ruta más o menos recta para no demorarse tanto en llegar. Convocó a los miembros del grupo en la cabina del capitán para informarles de su estrategia.

-Creo que sería más rápido si no nos desviáramos tanto al Este. Si cruzamos directamente por encima del río nos ahorraríamos algunas horas de viaje.

-No podemos pasar cerca del río, los distritos 75 y 76 están justo ahí –respondió Grimmjow.

-¿Qué hay con eso?

-Que nuestro barco no tiene permiso de pasar. En cuanto vean las velas nos detendrán. Tienen patrullas por aire y por agua, ni siquiera es una opción –corroboró Ichigo, pues estaba al tanto de su situación.

Ulquiorra lo fulminó con la mirada.

-Si tan sólo hubiéramos viajado en el dirigible nada de esto habría pasado.

-¿Tienes algún problema con mi forma de manejar las cosas? –intervino Grimmjow a la defensiva.

-Creo que eso es obvio, te saliste con la tuya y aquí estamos, pero ni siquiera pensaste en lo que sería mejor para todos. Te morías por estar a cargo y darnos órdenes, ¿no es así?

-Ulquiorra –Orihime lo tomó del brazo para tranquilizarlo.

-¿Crees que puedes hacerlo mejor? –Grimmjow no iba a dejar que le hablara de ese modo-. Adelante, regresa llorando a los brazos de Yoruichi y dile lo mala persona que es Grimmjow. Son viejas noticias, mi querido empresario de pacotilla, acostúmbrate o lárgate de mi barco.

-Podemos hacernos pasar por comerciantes –respondió Orihime intentando calmar el ambiente.

-Imposible, conocen nuestros rostros y no tenemos mercancía, sólo un polvorín repleto de armas –respondió Ichigo.

-Son armas de la princesa Yoruichi, me preocuparía si fueran ilegales –intervino Rukia.

-A ellos no les importa si son legales o no, si ven el barco sabrán que somos nosotros –prosiguió Grimmjow.

-Entonces los entregamos y nosotros seguimos con el viaje –dijo Ulquiorra como si esa fuera una solución.

Grimmjow estaba a punto de replicar pero Nell interrumpió la discusión y puso un mapa encima de la mesa.

-¿Qué hay del distrito 70? El que está en el Valle de la Serpiente.

-Estamos en buenos términos con ellos –respondió Ichigo inclinándose para mirar mejor el mapa donde Nell estaba apuntando-. Sí, hemos hecho algunos trabajos para la gente de ahí.

-De acuerdo, tomaremos esa ruta. No es tan breve como la del río pero nos ahorraremos más tiempo que si rodeamos la cordillera.

Ichigo asintió dándole la razón.

-Le diré al contramaestre que cambie el rumbo –le dijo a Grimmjow antes de salir.

Rukia, Ulquiorra y Orihime lo siguieron.

Nell y Grimmjow se quedaron solos en la cabina del capitán. Grimmjow la observó con detenimiento; el silencio era incómodo.

-Fue una buena solución –dijo al fin.

-Si tengo que escucharlos discutir una vez más me voy a volver loca –respondió seriamente.

No quería recibir cumplidos de Grimmjow, no quería reabrir viejas heridas. La distancia que había tomado de él le sirvió para mejorar en muchos aspectos. Estar en su sola presencia la ponía inquieta.

-Ya sabes cómo soy –dijo Grimmjow tratando de justificar su actitud.

-Ese es el problema. Te conozco demasiado bien como para saber que no darás el brazo a torcer.

-No voy a dejar que Ulquiorra dé órdenes en mi barco.

-No sabes trabajar en equipo, y claramente no sabes escuchar la opinión de los demás.

-¿Crees que debí acceder a su plan de ruta? No habríamos avanzado ni un metro antes de que nos detuvieran. No finjas que no sabes cómo es la vida de un mercenario.

-Y tú no finjas que sabes lo que he estado haciendo estos meses –respondió Nell enojada.

-Tienes razón, no lo sé. No sé nada de ti. Siempre fuiste un maldito misterio y por eso lo nuestro no funcionó.

-No te atrevas a echarme la culpa de lo que pasó. Tú sabes bien por qué me fui, Grimmjow. Esa sangre está en tus manos y en las de nadie más.

-¿Qué quieres que haga? ¿Que me disculpe contigo? Hice lo que tenía que hacer y punto.

-Ni siquiera…ah, olvídalo. Eres imposible.

-Sí, adelante, ¡vete como siempre lo haces! –gritó Grimmjow antes de que Nell azotara la puerta, dejándolo solo.

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Las horas siguientes el ambiente tenso del barco se disipó un poco. El grupo no se volvió a reunir hasta que divisaron el puerto en el que debían aterrizar. El reino del Seireitei no tenía problema alguno con los mercenarios, incluso los habían contratado un par de veces, pero por precaución descendieron el barco hasta el agua y un bote los llevó hasta la orilla.

Grimmjow dejó a cargo a Hisagi, el contramaestre. Le dijo que esperara ahí hasta que volvieran. Los seis cargaron algunas armas discretas y se encaminaron al palacio de los duques.

El pueblo era tranquilo, más bien austero. Seguramente algún habitante podría contarles lo que sucedió con los Sternritter años atrás, pero creyeron que sería mejor escucharlo del propio duque en el mismo lugar en el que sucedió todo. Acordaron que no mencionarían a Yoruichi ya que se trataba de una misión secreta, Ulquiorra sugirió que en cambio se hicieran pasar por miembros del cuerpo militar de Barragan, el embajador del Seireitei en Karakura.

Cuando llegaron a la puerta del palacio Nell se encargó de solicitar la audiencia, pues con la forma de ser de Grimmjow seguramente se las negarían. El guardia los hizo pasar unos momentos después pero les confiscaron las armas por precaución. Grimmjow iba a replicar pero Ichigo le susurró que no era buena idea. No iban en plan de pelear, simplemente querían reunir información.

El Gran Salón estaba decorado con pinturas y vitrales costosos. Una gran alfombra negra se extendía desde la entrada hasta los asientos de los duques, dos grandes sillas doradas con incrustaciones de piedras preciosas a modo de ornamentación. Rukia no conocía muy bien las costumbres del Seireitei, pero estaba segura que ese tipo de tronos eran más adecuados para un rey, era obvio que el duque se daba sus lujos.

-Su Excelencia –anunció el guardia que los había hecho pasar-, estas personas dicen estar al servicio de Barragan Louisenbairn, el embajador. Han solicitado una audiencia con usted.

Hizo una reverencia y retrocedió unos pasos. Nnoitra le cedió la palabra a Nell por estar a la cabeza del grupo.

-De antemano le agradezco que se haya tomado el tiempo para recibirnos y escucharnos. Mi nombre es Nelliel Tu Odelschwank, el embajador me ha pedido personalmente que reúna información sobre cierto grupo que hizo su aparición en esta ciudadela algunos años atrás cuando murieron el duque Ichimaru y su esposa. Estoy hablando de los Sternritter.

La expresión de Nnoitra fue de sorpresa.

-¿Puedo saber a qué se debe su interés?

-El embajador está al tanto de que dicho crimen quedó impune y cree que podría hacerse justicia si lográramos localizar su sede. El grupo es una amenaza, por lo que cualquier cosa que usted o la duquesa recuerden sobre aquella vez sería de mucha ayuda.

-No sé por qué se interesa en ese caso después de tanto tiempo, pero los asuntos de la embajada no me conciernen. Aquel fatídico día ni yo ni mi esposa estuvimos presentes, eso es evidente, si hubiera sido de otro modo no estaríamos hablando en estos momentos. El mayordomo del difunto duque Ichimaru, Kira Izuru, fue testigo ocular de dichos eventos, pero lamentablemente ya no está con nosotros. Sin embargo, su testimonio quedó registrado. Si lo desea puedo hacer que busquen en los archivos del palacio, pero eso tomará tiempo. Vengan al anochecer y les proporcionaré una copia.

Nell pensó que era una lástima tener que esperar, pero en todo caso era lo mejor que podían conseguir.

-Por supuesto –respondió-, aquí estaremos. Gracias, Su Excelencia.

Nnoitra asintió y les hizo una seña de que se retiraran.

Tesla, el mayordomo de Nnoitra, no terminaba de confiar en ese grupo. Tenía un amigo que actuaba bajo las órdenes directas de Barragan, se podría decir que era su mano derecha, y nunca le había mencionado tal investigación. Decidió que más tarde lo visitaría para confirmar la identidad del misterioso grupo salido de la nada.

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-Qué pérdida de tiempo, no le creo eso de que no sabe nada al respecto –dijo Grimmjow acomodándose la espada y el revólver al cinturón cuando salieron del castillo.

-Es obvio que no estuvo presente, los Sternritter también lo habrían matado a él –respondió Ichigo.

Grimmjow abrió la boca para replicar pero fue interrumpido.

-Muero de hambre, propongo que comamos algo, ¿qué dices, Rukia? –exclamó Ichigo desviando el tema.

La morena se sorprendió de que le hablara a ella directamente. Asintió en silencio dándole a entender que estaba de acuerdo y el pelirrojo le respondió con una sonrisa. Grimmjow rodó los ojos y se dirigieron a una taberna que estaba a unas calles de ahí.

Mientras tanto, Tesla salió del palacio y se encaminó a casa de Ggio Vega. Era su fuente más confiable cuando se trataba de asuntos de la embajada.

-¿Qué puedo hacer por ti, Tesla?

-Hace unos momentos recibimos en el palacio a un grupo que decía estar actuando bajo las órdenes del embajador Barragan. Están realizando una investigación, pero por alguna razón no me dan buena espina, supuse que era mejor preguntarte directamente.

-Bueno, ciertamente la embajada está haciendo muchas investigaciones, pero no recuerdo ninguna que involucre a los duques. ¿Dijeron algo más?

-La chica dijo que se trataba de los Sternritter, era acerca del asesinato de Gin y de su esposa.

-Es muy extraño, creía que eso era caso cerrado.

Ggio se levantó y buscó algunos papeles en su gaveta.

-¿La chica dijo su nombre? Tengo aquí una copia del registro de todos los miembros de la embajada y los grupos de investigación.

-Era bastante extraño, Nelliel Tu Odelschwank.

Ggio revisó cada lista y al final negó con la cabeza.

-Lo siento, no hay nada sobre ella. ¿Algún otro nombre?

-Eran seis personas pero ella fue la única que se presentó. ¿Esa lista está actualizada? ¿Es posible que haya entrado apenas?

-Es la más reciente que fue emitida, y aunque no fuera de ese modo yo estoy a cargo del reclutamiento. En pocas palabras, nadie se une a las fuerzas de la embajada sin que yo lo sepa. Esa chica es una impostora –concluyó.

Tesla salió de casa de Ggio muy pensativo. Sabía que los miembros del grupo no eran quienes decían ser, pero no sabía hasta qué punto podían ser peligrosos. La seguridad de los duques era prioritaria, debía tomar medidas para asegurarse de que nada malo les sucediera. Decidió llamar a Luppi, un antiguo colega que había contratado externamente para realizar trabajos de investigación o espionaje. Era sus ojos y oídos en las calles. Se reunieron a espaldas de una tienda departamental cerca del puerto.

-¿De qué se trata? –Luppi sabía que lo había llamado para asignarle un trabajo, no era simplemente por el gusto de verlo.

-Quiero que sigas a un grupo de personas y me informes lo que hacen, necesito saber sus propósitos aquí. Sé cuidadoso, no son de fiar.

Tesla le dio las características de los aludidos y el único nombre que conocía, esperaba que fuera suficiente para encontrarlos. Le indicó que buscara en las tiendas alrededor del palacio y en las tabernas y pubs de la zona.

-Se reunirán con el duque al atardecer, no debieron haber ido muy lejos.

Luppi asintió y se despidieron. Ahora sólo faltaba esperar a ver qué información podía averiguar de los sospechosos.

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Durante el tiempo que estuvieron en la taberna Nell se dio cuenta de que Grimmjow la veía fijamente cuando creía que no se daba cuenta. Después de tanto tiempo y todavía no aprendes a disimular, pensó Nell. Sonrió divertida y se giró para hablar con las chicas.

-¿Así que tú solías formar parte de la tripulación de Grimmjow? –le preguntó Rukia.

-Sí, hace ya un año de eso.

-¿Por qué te fuiste?

La pregunta de mi vida.

-Tuvimos algunas diferencias –se limitó a decir-. Creo que me fue bien por mi cuenta.

-Es cierto, Nell –intervino Ichigo-. Cuéntanos qué has estado haciendo estos meses.

-Ya sabes, trabajos aquí y allá.

-Es una respuesta muy vaga.

Nell vio que Grimmjow se inclinaba en la mesa para escuchar mejor, pero su vista estaba perdida entre la multitud de las mesas frente a ellos, al parecer muy atento a todo lo que pasaba a su alrededor y no a ella.

-Me establecí en el distrito 50 por unas semanas y trabajé como mesera en una taberna. La vida se volvió monótona y me fui después de haber ahorrado un poco. Me mantuve fuera de las calles un tiempo y entré a trabajar en una fábrica por dos meses, el encargado era un imbécil y no lo soporté más así que me fui. Después…vaya, la verdad es que no recuerdo mucho, hice tantas cosas pero al mismo tiempo no hice nada. Mis estancias eran de unos días en cada ciudad, trabajos por encargo y paga miserable. Me metí en más peleas de las que puedo recordar. Creo que no vale la pena enlistarlo todo.

-Siempre buscando problemas, Nelliel. No me sorprende que no encajes en esta sociedad burguesa. Tu lugar no es en una taberna ni en una fábrica, no estás hecha para eso –Grimmjow parecía estar hablando con ella y al mismo tiempo consigo mismo.

-Creo que eso es algo que tenemos en común –respondió Nell.

Ichigo sabía que era un tema sensible, así que les contó algunas aventuras que tuvieron en el Noir Kaizoku para desviar la conversación. Nell y Grimmjow se miraron un momento sin decir nada y luego desviaron la mirada hacia el salón. Tenían tanto de qué hablar y ninguno quería empezar a hacerlo.

El ambiente ameno permaneció entre ellos cuando salieron de la taberna. Ichigo hablaba y hablaba sin parar pero dirigía toda su atención hacia Rukia. Ella asentía de vez en cuando para no ser grosera, pero no tenía mucho interés en escuchar sus relatos; se tomaba sus peleas muy en serio y su relación con Yoruichi y sus compañeros de élite era profesional, no se permitía disfrutar el momento de pelear ni divertirse cuando lograba escapar de la muerte. Era algo que sólo gente como los mercenarios hacía.

Todavía tenían una hora antes de que anocheciera y tuvieran que reunirse con los duques. Al ver que Ichigo y Rukia caminaban más delante de ellos Nell no quiso quedarse a solas con Grimmjow y en cambio empezó a hablar con Ulquiorra y Orihime. Ciertamente sus temas de empresas y dirigibles no le llamaban la atención, pero cualquier cosa era mejor que enfrentar su pasado. Aún no es tiempo, se repitió.

Grimmjow se dio cuenta de que lo estaba evadiendo y no pudo evitar sonreír. Al parecer todavía le afecta mi presencia. El gusto le duró poco, pues mientras el grupo caminaba absorto en sus conversaciones, notó que alguien los seguía. Tal vez estuviera paranoico, pero si la persona en cuestión no tenía algo qué ocultar no tenía por qué ocultarse en un callejón al darse cuenta de que lo habían visto. Grimmjow empezó a caminar más despacio y se separó del grupo sin que se dieran cuenta. Ahora eran sólo él y el sujeto que lo seguía. Dio vuelta en una calle y se pegó en el muro esperando que lo encontrara. Sacó la Colt y el otro tipo se frenó en seco al notar el cañón en su frente.

-¿Qué tenemos aquí? ¿Un admirador? –Grimmjow sonrió.

-Eres más perceptivo de lo que creí.

-No, lo que pasa es que eres una mierda de espía. Hasta un ciego te habría notado, un ciego y sordo.

-¿Es así? Bueno, creo que ya no tiene caso seguir ocultándome.

El sujeto se quitó la capucha y la arrojó a un costado. Su mirada era de todo menos de miedo, no parecía estar intimidado por la amenaza que se cernía frente a sus ojos, incluso estaba sonriendo y parecía disfrutar la situación. O es muy valiente o muy estúpido, pensó Grimmjow.

-¿Quién eres? –preguntó genuinamente interesado.

-¿Quién eres tú?

-Yo pregunté primero.

-Yo pregunté después.

Grimmjow frunció el ceño y amartilló el revólver, no estaba de humor para jueguitos.

-¿Ahora vas a responder? –si eso no lo hacía hablar entonces tendría que tomar medidas más drásticas.

-¿Por qué no lo averiguas?

-Mira, imbécil, no tengo tiempo para esto. O hablas o te lleno el cerebro de plomo, ¿qué dices?

-Adelante, niño malo. Quiero ver si tienes las agallas.

Grimmjow sabía que no podía matarlo. El cañonazo se escucharía y arruinaría todo el plan. Bajó el arma y la volvió a guardar. El sujeto sonrió arrogante y entonces Grimmjow le dio un puñetazo en la nariz tan fuerte que lo mandó al suelo.

-Tengo las agallas, lo que no tengo son municiones de sobra. Aunque de todas formas no necesito ni una pizca de pólvora para acabar contigo.

-Debo admitir que eso no me lo esperaba –respondió el sujeto desde el suelo limpiándose la sangre.

Grimmjow lo tomó de la chaqueta y lo estampó contra la pared, dispuesto a darle otro golpe.

-De acuerdo, relájate, amigo. Mi nombre es Luppi –levantó las manos para protegerse la cara.

-¿Por qué estás siguiéndome?

-¿Y por qué no?

Grimmjow le dio otro golpe, esta vez en el estómago.

-¿Para quién trabajas?

-¿Qué importa si te lo digo? Podría mentir y no te darías cuenta –su voz salió sofocada.

-Tienes razón. Pero no te conviene. Vamos a hablar tranquilamente, estaba de buen humor hasta hace un momento.

-¿Nelliel es la causa de tu buen humor?

Grimmjow empuñó las manos. Si sabía el nombre de Nell significaba que los había seguido más tiempo del que creía, tal vez desde la taberna, tal vez desde que bajaron del barco.

-¿Cómo sabes su nombre?

-No es un nombre muy común, es fácil de recordar. Te diré qué: si me dejas ir le daré un buen informe a mi jefe, se quitarán de encima cualquier sospecha. Pero si me vuelves a tocar, entonces estarás en serios problemas.

Grimmjow lo soltó y meditó un momento. Un jefe, un informe, sospechas, problemas. Ese sujeto estaba ocultando información muy importante.

-¡Grimmjow! –era la voz de Kurosaki.

El grupo llegó a donde estaba él y Luppi aprovechó para alejarse a toda prisa.

-¡Hey! ¡Espera! –gritó Grimmjow, pero ya era tarde. Lo perdió de vista-. Maldición…

-¿Qué pasó? ¿Quién era ese sujeto?

-No lo sé, nos estaba siguiendo pero no pude sacarle información.

Todos se miraron pensativos. Era extraño, tenían a alguien vigilándolos y la incertidumbre de no saber quién era los carcomía por dentro.

-¿Para quién trabaja? –le preguntó Ulquiorra.

-¿Estás sordo? Dije que no pude sacarle información –respondió Grimmjow molesto, aunque no sabía por qué se desquitaba con él.

Ese sujeto llamado Luppi conocía el nombre de Nell y los estaba siguiendo, sería mejor darse prisa y reunir la información que necesitaban para partir de ahí cuanto antes.

-Ya está anocheciendo, vayamos al palacio antes de que sea más tarde –dijo Rukia.

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El grupo entró en el salón y el duque los recibió como la vez anterior. Al lado de él estaba su esposa, que parecía aburrida con toda la situación. Un hombre de pie al lado de ellos sostenía un pergamino en las manos, esperando indicaciones.

-Di Roy, lee el testimonio –ordenó Nnoitra.

El joven asintió y se aclaró la garganta. Nell avanzó unos pasos para escuchar mejor.

-Testimonio de Kira Izuru: "El duque Ichimaru y el marqués Hitsugaya acababan de firmar un acuerdo de territorio de una provincia del Seireitei, dicho territorio pasó a ser parte del ducado y para celebrar se realizó un baile en este mismo palacio. Vinieron personas importantes, fue un baile de máscaras como es la tradición aquí. Terminó poco después de medianoche, los invitados comenzaron a irse y acompañé a algunos hasta la salida. Al final sólo quedaban unos cuantos y entre ellos estaba un hombre que nunca antes había visto. Me llamó la atención porque su ropa era completamente blanca, llevaba la capa sobre un hombro y la máscara tenía adornos en dorado. Sobresalía entre los presentes. El hombre se acercó a los duques e intercambiaron unas palabras."

Hizo una pausa y volteó a ver a Nnoitra, éste asintió en señal de que continuara.

-"Dos de los guardias me tomaron de los brazos para impedir que me moviera. Eran infiltrados, pero nunca lo supe debido a las máscaras que llevaban. El hombre de blanco sacó un arma de sus ropas y disparó sin pensarlo dos veces. Primero a la duquesa, después al duque. Fue cuestión de segundos. Se retiró la máscara y me observó un momento antes de darse media vuelta, ojos azules y fríos como el hielo mismo. Uno de los hombres me golpeó en la cabeza y caí al suelo. Lo último que vi antes de desmayarme fue cómo los tres se escapaban impunes por uno de los pasadizos del salón."

-¿Cómo sabían ellos de los pasadizos? Tengo entendido que sólo un círculo de confianza está al tanto de ellos –intervino Nell.

-Según Izuru, pudo haber sido un trabajo interno, alguien que conocía el palacio y sus secretos –respondió Di Roy.

-¿Qué pasó después? –preguntó Nell.

-"Cuando desperté estaba en una celda. Al ser el único testigo también me convertí en el primer sospechoso, pero me liberaron después de contarles lo que había visto. La investigación quedó atascada después de agotar las pocas pistas que teníamos. La gente en las calles decía que hubo otro testigo ocular que los vio escapar del palacio, pero probablemente el miedo a represalias lo hizo mantenerse oculto. Hasta hoy día nunca se supo nada de dicho testigo."

-¿Sólo así? ¿Hubo otro testigo?

-Según las palabras del joven Izuru, pero nunca lo sabremos.

-¿Qué pasó con él?

-Murió hace un año por la fiebre amarilla –respondió Nnoitra.

-Lamentable –exclamó Ulquiorra.

Grimmjow pensó que no tenían mucha información por dónde empezar más que el retrato hablado del hombre que había asesinado a los duques. Estaban casi en la misma situación que unos momentos atrás, lo único que habían descubierto era que tres hombres se habían infiltrado en el palacio, conocían al menos uno de los pasadizos, y nadie más que dos personas los habían visto esa noche. Una de ellas era Kira Izuru, fallecido un año atrás, pero la identidad, y por lo tanto el paradero de la otra, era una incógnita.

-¿Nunca investigaron algo del otro testigo? –prosiguió Nell.

-No había por dónde empezar. Izuru habrá escuchado algo en las calles, pero no dio pistas o alguna descripción que pudiera sernos útil. Seguramente fue sólo un rumor.

-Hay algo que no encaja del todo, si nadie más los vio y ellos no se identificaron, ¿cómo supieron que se trataba de los Sternritter? –preguntó Rukia.

Nnoitra estaba a punto de responder pero en ese momento se abrieron estruendosamente las puertas del Salón.

-Su Excelencia, le pido que arreste a estos intrusos –bramó Tesla señalando al grupo de Nell. Un grupo de guardias venía detrás de ellos y se llevaron una mano a la espada del cinturón.

-¿Qué significa esto, Tesla? –exclamó Nnoitra poniéndose de pie.

-Son impostores. Tuve mis sospechas desde que entraron, pero no estaba seguro hasta que corroboré lo que habían dicho. Ellos no pertenecen a la embajada de Barragan.

Grimmjow fulminó a Tesla con la mirada, algo le decía que él había enviado a Luppi tras ellos. Nnoitra se puso de pie y ordenó que los arrestaran y los llevaran a la prisión subterránea; el grupo se resistió pero fue en vano.

-¡Esperen! ¿Cómo supieron que eran los Sternritter? –Rukia luchaba por zafarse, no pensaba irse hasta obtener una respuesta. Nnoitra tomó el pergamino de manos de Di Roy y los observó ser escoltados fuera del Gran Salón.

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Las mazmorras estaban en un estado decadente. La humedad se filtraba por las paredes causando un olor nauseabundo y el calor era insoportable. La prisión se encontraba ahí, y las celdas individuales eran tan pequeñas que no tenían más de dos o tres metros cuadrados para moverse a voluntad.

Los guardias los arrojaron dentro de las celdas y después salieron del pabellón. Quedaron en fila sin poder verse los unos a los otros, del otro lado del pasillo había más celdas que no sabían si estaban ocupadas o no debido a que la luz de las antorchas no lograba iluminarlas por completo. Grimmjow sacó una ganzúa de su guante y comenzó a meterlo y sacarlo de la cerradura para intentar abrirlo por fuera. Un tubo de metal de cuarenta o cincuenta centímetros le dio una descarga en la mano, provocando que soltara la ganzúa y metiera la mano a la celda rápidamente.

-Nuevos prisioneros –exclamó una voz, divertida.

-¿Quién carajo eres tú? –preguntó Grimmjow sobándose la mano. La descarga había dolido más debido al guante de cobre.

La luz iluminó su rostro a medias, mostrando a un hombre de enorme sonrisa de dientes amarillentos y ojos tan abiertos que parecían querer salirse de sus cuencas. Tenía pintura negra y blanca en la cara, asemejándolo un poco a un arlequín. Su cabello azul estaba dividido en tres líneas delgadas que iban desde el inicio del cabello hasta la nuca. Usaba una bata blanca de laboratorio y algunos accesorios colgados al cuello.

Se paseó por las celdas observando a cada prisionero de lado izquierdo con detenimiento. Grimmjow se agarró a la reja y trató de ver hasta dónde llegaba aquel misterioso hombre.

-Te pregunté quién eres –repitió.

-Cierra la boca, prisionero de la celda número 7. No tengo interés en hablar contigo.

Se tomó su tiempo con cada uno y posteriormente sacó una libreta de la bata para hacer algunas anotaciones.

-¡Nemu! –exclamó.

No hubo respuesta. Repitió el nombre, dos, tres veces.

-Esa idiota no viene cuando le hablo –gruñó para sí mismo.

Unos pasos se acercaron a toda prisa por el pasillo del otro lado de la puerta y apareció una chica que usaba un vestido negro que le llegaba un poco arriba del muslo y estaba abotonado hasta el cuello. Se quitó los googles y los puso en su cabeza antes de hacer una reverencia ante el hombre que la había llamado.

-Disculpe, amo Mayuri. ¿Qué puedo hacer por usted? –su voz monótona, sin expresión alguna.

Mayuri la fulminó con la mirada.

-Llena el reporte de estos seis que acaban de llegar. Asegúrate de quitarles todas las armas que traigan consigo. Tienen pinta de que saben esconderlas muy bien. Dile a Yammy y a Zommari que te ayuden. No vaya a ser que se quieran aprovechar de tu debilucha figura y traten de escapar.

-En seguida –respondió la chica.

-Bienvenidos a mi prisión –exclamó Mayuri con una sonrisa mientras se dirigía a la puerta-. O mejor dicho, bienvenidos a mi laboratorio.

Continuará…

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