Hola chicos, esta es una pausa momentánea de la narración, algo así como el relleno de los Bount JAJA no se crean. Es un poco de la historia personal de Grimmjow y Nelliel, precisamente cómo se conocieron. El motivo de su separación lo sabrán más adelante.
LA JOYA PERDIDA
Aquella idea me confundió y me turbó, pero si él era inocente, ¿qué era yo entonces?
-Henry James (Otra vuelta de tuerca).
Capítulo cuatro: La prueba final.
-¡De nuevo! –gritó Harribel con los brazos cruzados.
Nell corrió hacia Mila Rose y atacó fieramente con la daga. La morena esquivó cada golpe y dando un salto hacia atrás logró desconcertarla para propinarle una fuerte patada en el estómago que la mandó al suelo unos metros más allá del ring y la hizo soltar el arma.
De nuevo, pensó Nell.
-¡De nuevo!
Sin perder tiempo se levantó y corrió nuevamente hacia ella. Después de varias caídas le estaba agarrando el ritmo y empezaba a descifrar el patrón que seguía Mila. El entrenamiento era duro, eso lo sabía de antemano, así que no se permitió descansar hasta que logró asestarle un golpe en la mandíbula. Mila Rose sonrió y giró hábilmente para regresarle el golpe. Nell escupió sangre y cayó al piso metiendo ambas manos. Harribel se interpuso entre ellas.
-Es suficiente.
Le tendió una mano a Nell y la ayudó a levantarse.
-¿Estás bien? –le dio un poco de agua de su cantimplora.
Nell bebió apenas un sorbo y asintió limpiándose con el dorso de la mano. Mila Rose les ofreció un asentimiento de cabeza y se fue.
-Tu velocidad ha mejorado bastante, pero tus reflejos siguen siendo torpes. Mañana trabajaremos en ello –prosiguió Harribel.
-Puedo seguir.
-Lo sé, pero no conseguirás nada hasta que no mejores la técnica. Y sabes que eso toma tiempo.
Nell asintió y la siguió hasta el comedor del cuartel.
-Ve a asearte –ordenó Harribel-, ya es hora de comer.
Nell se dirigió al cuarto de duchas y se desvistió. Se tomó un tiempo para visualizar su figura en el espejo. Estaba llena de cardenales, rasguños y raspones de tierra. Se tocó la nariz para asegurarse de que no estaba rota. Palpó sus costillas amoratadas provocando que hiciera una mueca de dolor. Al notar sus músculos bien desarrollados en los brazos, piernas y abdomen sonrió orgullosa. Cada instante de dolor estaba valiendo la pena.
El agua tibia cayó por su cuerpo y lavó toda la tierra y sudor que lo cubría. Se enjuagó la boca y pasó la lengua para comprobar qué tan serias eran las cortadas internas. Nada que no sanara en un par de días, aunque ardía como el infierno.
Se vistió con ropa limpia y regresó al comedor. El resto de las chicas ya habían terminado de poner la mesa. Tomó asiento junto a Apacci y esperaron a que Harribel les indicara que ya podían empezar. Nell no se dio cuenta de qué tan hambrienta estaba hasta que el primer bocado tocó su lengua.
Las demás conversaban en voz baja, sabían que a Harribel no le gustaba que hicieran alboroto porque la hora de la comida la consideraba sagrada.
-Oye, Nelliel –le susurró Apacci dándole un codazo en el brazo.
-¿Qué?
-¿Es cierto que lograste golpear a Mila Rose?
Nell no pudo evitar sonreír. Qué rápido corrían las noticias, a pesar de que sólo Harribel estuvo presente en el entrenamiento.
-Sí, pero me lo devolvió en cuestión de segundos.
-¡Ja! En tu cara, Mila Rose –soltó una carcajada.
La aludida la ignoró y siguió comiendo como si nada.
-La reinita que se creía invencible es derrotada por la novata.
-¿Hasta cuándo seguirás llamándome novata? Ya estamos en el mismo nivel –preguntó Nell.
-Sí, pero eres la última persona que se unió a la liga –respondió Apacci-. Todavía recuerdo tus movimientos iniciales, no sabía si reír o llorar por lo malos que eran. Te lo juro, no salías del piso, tapetitos.
-Oye, no era tan mala…
-Hey, Harribel, ¿verdad que Nell parecía un tronco al principio?
Harribel soltó una risita.
-Sí.
Nell se sonrojó y agachó la cabeza.
-Pero al día de hoy ha hecho un gran progreso. Estoy orgullosa.
Las que estaban cerca de Nell le dieron palmadas en la espalda. Incluso Mila Rose le sonrió amablemente. Eran pocas las personas que habían podido golpear a la morena, era la segunda al mando y por lo tanto su habilidad era legendaria. Por eso mismo Harribel la había escogido para practicar con Nell. Había visto un enorme potencial en la peliverde, si la dejaba entrenando con el resto de las chicas jamás lograría que mejorara. No porque las demás fueran malas, sino porque el entrenamiento exhaustivo de primer nivel formaba a las mejores guerreras.
Cuando terminaron de comer levantaron los platos sucios y asearon la cocina para continuar con el entrenamiento vespertino. Cada una sabía bien qué tareas debía hacer, por lo que su pequeña organización no tenía problema alguno de funcionamiento.
Al día siguiente Nell se levantó muy temprano y empezó a hacer los ejercicios de rutina. Estiró muy bien todos los músculos y al rayar el alba se dirigió al patio de entrenamiento. Harribel ya estaba recargada en el muro, esperándola. Nell se preguntó cómo rayos le hacía la rubia para lucir tan hermosa y compuesta todo el tiempo. Ella con dos días seguidos de entrenamiento se sentía como un cadáver andante.
Harribel le arrojó una vara y Nell la atrapó en el aire.
-Hoy entrenaremos con esto. Es perfecto para usarlo como una extensión de tu brazo y también para esquivar a tiempo. Aún si tu oponente no está cerca de ti eso no quiere decir que no pueda alcanzarte.
Harribel hizo girar la vara en sus manos y en un abrir y cerrar de ojos Nell estaba en el piso. Se levantó deprisa y adoptó la posición de combate. Primero trató de acostumbrarse al peso del arma. La agilidad que tuviera en el manejo de la misma era clave. Tomó una profunda inhalación y empezaron a pelear.
La vibración de los metales al chocar se le traspasó al cuerpo. Embistió varias veces y Harribel esquivó cada una sin problema. Se movía con una simpleza que lo hacía parecer fácil. Apenas había puesto un pie adelante cuando el golpe ya estaba entrando limpiamente. Nell se cayó varias veces más y rodó por el suelo cuando Harribel enterró la vara, justo donde su cabeza había estado un segundo atrás. No era posible seguir un patrón con Harribel, se movía tan rápido y de formas tan distintas que parecía una figura etérea. Su velocidad era propia de un relámpago. Su fuerza no se equiparaba a nada que Nell conociera, y todo eso infundido en un cuerpo similar al suyo.
Harribel movió el arma arriba y abajo, de derecha a izquierda y en cada dirección. Nell logró interceptar y esquivar la mayoría de los golpes, pero justo cuando creía que estaba agarrando el ritmo la vara le daba en la pierna o en el estómago.
-Te estás confiando demasiado. Te lo he dicho muchas veces, no trates de leer los patrones, eso te quita velocidad.
Una ráfaga de tajos cayó sobre la peliverde. Movió rápidamente la cabeza sólo deseando que Harribel pudiera frenarse a tiempo antes de atravesarle el cráneo con la vara. Harribel giró para darle de lleno en la cara y Nell alcanzó a agacharse a tiempo antes de volver a cubrirse con la vara. El sonido resonó en las paredes del cuartel y ambas se miraron fijamente a los ojos. Harribel sonrió y retrocedió unos pasos.
-Ya estás entendiendo.
Las siguientes horas siguieron practicando arduamente. Nell estaba empapada en sudor pero Harribel parecía tan fresca como la mañana. Cerca del mediodía hicieron un receso para comer.
-Lo estás haciendo bien. Hay que trabajar en tu flanco izquierdo, pero creo que aguantarás un round con Mila Rose esta tarde.
-¿Sólo uno?
Harribel le dio un empujón y se rió.
-¿Qué te pasa? ¿Crees poder aguantar más que eso?
Nell sentía su confianza renovada. Entrenar con Harribel siempre causaba ese efecto en ella.
-Ya veremos –fue todo lo que dijo antes de ir a asearse.
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La habilidad de Nell mejoró bastante las siguientes semanas. El arduo trabajo que le había costado entrenar todos los días dio resultados satisfactorios. Se cansaba menos, era más rápida y la mayoría de sus golpes encajaban limpiamente. El resto de las chicas la felicitaban cuando la veían volver del entrenamiento.
Las peleas con Mila Rose eran lo que más le subía el ánimo. Harribel era la más fuerte de todas y por lo tanto se contenía cuando peleaba con ella, pero la morena de pelo castaño no lo hacía. Presionaba a Nell hasta sus extremos y la hacía dar todo de sí. Los golpes dolían más y las heridas tardaban más en sanar, pero lo agradecía mucho ya que sólo así caía en cuenta de sus errores y trabajaba en ellos.
Una tarde, cuando por fin logró derribar a Mila Rose en la lucha cuerpo a cuerpo, Harribel se puso de pie y empezó a aplaudir. Veía a Nell con infinito orgullo, consciente de que había dejado el alma en los entrenamientos y que era momento de pasar a la siguiente etapa.
Se reunió con Nell al atardecer y le habló de la prueba final.
-Lo has hecho bastante bien en tus entrenamientos. He notado que mejoraste en todos y cada uno de los puntos que te señalé. Manejas perfectamente la vara, la lanza, los chacos, las dagas y el mazo. En combate cuerpo a cuerpo derribaste a tu oponente en un récord de tres segundos.
Nell reprimió una sonrisa y el canto de victoria y esperó a que la líder continuara.
-No obstante eso no es lo único que se necesita para pertenecer a la clase de asesinos de élite. Como el nombre lo indica, debes asesinar a alguien para probar tu valentía y habilidad.
Nell tragó saliva y asintió lentamente con la cabeza. Esto no le preocupaba demasiado, pues aunque eran asesinas no se dedicaban a tomar vidas al azar. Harribel estaba asociada a un grupo de investigación que le pasaba los perfiles de aquellos criminales que era necesario hacer desaparecer de una vez por todas. De esa lista tenía que escoger uno, localizarlo, y asesinarlo.
Harribel tomó una carpeta de su escritorio y colocó las hojas frente a ella para que las observara con cuidado y escogiera a quien mejor le pareciera.
-Estos son los seis hombres que están en este momento en el distrito 90. Todos ellos son peligrosos, tienen guardaespaldas que no dudarán en matarte a la primera oportunidad que tengan. Escoge con cuidado. Llévate las hojas y mañana por la mañana hablaremos de lo que decidas.
Nell tomó las hojas y regresó a su habitación.
Los rostros de aquellos criminales no dejaban de rondar su mente. Unos eran mafiosos, otros empresarios, uno incluso era un doctor sin chiste, pero el que más le había llamado la atención era un mercenario.
Grimmjow Jaggerjaquez, según el registro. Era capitán de un barco y figuraba en el top 5 de los hombres más buscados del reino. Por la pinta agresiva y la sonrisa fiera que tenía en la foto se lo tomó como un reto. Algo le decía que le costaría más trabajo que si escogía a cualquiera de los otros, pero algo en su apariencia –ya fuera su cabello azul y ojos del mismo color, su gran atractivo o esa sonrisa que podría desarmarla en un santiamén-, la convenció de que era el adecuado para la prueba final de la liga de asesinas.
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-Ya veo, escogiste al peor de todos –exclamó Harribel con una sonrisa cuando a la mañana siguiente Nell le habló de su elección.
-¿Lo conoces?
-No he tenido el placer, pero su reputación lo precede.
-¿A quién escogiste tú cuando hiciste la prueba final?
-Aizen Sousuke. Un bastardo digno de ser recordado, pero un bastardo a fin de cuentas.
-¿A qué se dedicaba?
-Tráfico de mujeres.
Nell abrió mucho los ojos, sorprendida. Nunca había hablado de eso con Harribel ni se lo había oído a alguna de las otras chicas.
-Ahí fue donde encontré a Mila Rose. La rescaté antes de que la exportaran al Seireitei. No tienes idea de la bronca que se armó con la princesa. Pensé que iríamos a la guerra.
-Siempre supe que tenías favoritismo por ella, pero no tenía idea del porqué.
-No es favoritismo –la corrigió Harribel-. Uno de los propósitos que me fijé cuando entré a esta organización fue la de proteger a los débiles. No se trata únicamente de asesinar a alguien, se trata de extraer un mal en la sociedad por el bien común.
-¿Crees que Grimmjow Jaggerjaquez sea un mal en la sociedad?
Harribel se encogió de hombros.
-Me temo que no lo sé. Sus historias pueden llegar a ser exageradas, pero si me preguntas que si es una buena persona, no podría responderte. Eso dependerá de ti. Hay maldad y bondad en cada uno, pero nos inclinamos siempre hacia un lado u otro. Asegúrate de inclinarte hacia el lado correcto.
Nell asintió.
-Y sobre todo, permanece fiel a tus ideales. Si puedes evitar derramar sangre, evítalo. Violencia sólo trae violencia. Ser una asesina no es algo que debas tomarte a la ligera.
-De acuerdo.
-Tómate el día. Mañana presentarás la prueba final. Mila Rose y yo estaremos como tu respaldo en caso de que algo salga mal.
Harribel regresó a su habitación y se dedicó a hacer un par de llamadas para reunir información. Mientras tanto, Nell paseó por el cuartel para despejar su mente. No había nada que hacer hasta entonces, y quería estar lista para enfrentarse al mercenario porque sabía en el fondo que no sería sencillo.
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Al día siguiente se reunió con Harribel al anochecer. Llevaba distintas armas que podían serle de utilidad. La ventaja era que nada se lo impedía, pero mientras menos tuviera que usarlas sería mejor porque eso probaría que podía vencer cualquier obstáculo con sus propias manos.
Mila Rose la abrazó fuertemente.
-Ten cuidado.
-¿Qué pasa? Volveré en un santiamén. ¿Cuál fue mi record, Harribel? ¿Tres segundos? –sonrió.
Harribel permaneció seria y de brazos cruzados. La peliverde entendió el mensaje: nada de bromas al respecto.
-Bien, entonces me voy.
-Suerte –dijo Mila.
Harribel asintió y la observó ponerse la capucha negra antes de partir. Tenía confianza en ella, pero debía admitir que era muy frágil en otros aspectos. Sus enseñanzas tenían un límite, ahora era su turno de descubrir la clase de persona que era Grimmjow y ponerlo en tela de juicio por ella misma.
Nell avanzó silenciosamente por las calles del distrito 90. Según la información que le había dado Harribel, Grimmjow debería estar en la taberna cerrando algunos tratos y abriendo nuevos como buen mercenario. En el camino se preguntó qué clase de seguridad tendría. Imaginó a dos gorilas apostados a su lado con armas de fuego en las manos y sonrisa altanera. Palpó las cuchillas en sus costados y revisó que la hoja del brazo funcionara correctamente. Sería una lástima perder la vida por un detalle como ese.
Visualizó el rostro de Grimmjow en su mente cuando entró a la taberna y lo buscó con la mirada. Era básicamente una pocilga de lo peor, donde sólo los criminales y prostitutas se reunían. Quedaba completamente alejada del resto de la ciudad y por lo tanto en los alrededores no había ni un alma. Nell avanzó entre las mesas y se sentó en la barra. Pidió un ron, pero no se atrevió a probarlo por miedo a que alguien la envenenara.
Barrió el local con la mirada y finalmente, en una mesa del fondo, vio al hombre que buscaba. Su cabello azul brillaba bajo la sucia luz del foco. Lo escuchó reírse a pesar del ruido que había en el local. Primero quería observarlo, ver cómo reaccionaba ante distintas situaciones para saber cómo proceder.
-Hola linda, ¿tomas algo?
-Piérdete –respondió Nell sin volverse.
-Oye –el hombre la jaló del brazo y Nell rápidamente se zafó de su agarre y le torció la mano hasta que gritó de dolor.
-Dije: piérdete.
Algunas personas que estaban alrededor la miraron cautelosos y volvieron a sus asuntos. Nell maldijo en voz baja, llamar la atención de esa forma no estaba en sus planes. Discretamente se fue recorriendo en la barra hasta que prácticamente estuvo a sólo dos metros del grupo. Al lado de Grimmjow había un hombre desaliñado con un sombrero verde a rayas y chaleco negro, parecía que ya tenía unas cuantas copas encima. Del otro lado un chico no mucho mayor que Nell de cabello anaranjado y ojos color avellana; era muy apuesto y se reía jovialmente de lo que el otro decía. El último miembro era un tipo de cabello negro con una cicatriz como de garras en el ojo y un tatuaje del número 69 en la mejilla. Eran bastante extraños por sí solos, y en conjunto lo eran aún más.
No lucían para nada como mercenarios, al menos no la imagen que Nell tenía en mente. Se imaginó personas grotescas y desaliñadas, tal vez con un parche el ojo y algunos miembros cercenados, pero no era el caso.
No te dejes guiar por las apariencias, Nelliel.
Un hombre que estaba detrás de la barra se acercó a Grimmjow y le dijo algo al oído. Grimmjow asintió una vez y dejó que se fuera. Intercambió unas palabras con su grupo y acto seguido se levantó. Pasó detrás de Nell y ésta se encogió en su asiento. Lo siguió con la mirada y vio que entró por una puerta que estaba al fondo de la taberna.
Se había separado del grupo, era su momento para atacar. Nell se levantó y se aseguró de que nadie la estaba viendo antes de seguirlo. Abrió la puerta y maldijo cuando ésta chirrió. Una regla esencial de cualquier asesino era ser silencioso. El largo pasillo estaba tenuemente iluminado por farolas de gas cada metro. Avanzó lentamente volteando hacia atrás para cerciorarse de que estaba sola. Al llegar a la esquina se detuvo y asomó únicamente una parte del rostro. Era un amplio salón que contrastaba enormemente con el resto de la taberna. Supuso que sería una especie de sala de reuniones, porque había una mesa y unos cuantos sillones alrededor. En uno de ellos, de espaldas a ella, estaba sentado Grimmjow. Tenía un vaso lleno de whisky con hielos enfrente, pero no parecía estar interesado en beber. Así distraído como estaba, Nell pensó que era la oportunidad perfecta para atacar. Le cortaría el cuello de un tajo y ni siquiera lo vería venir.
-Pensé que te tomaría más tiempo, Shunsui –exclamó Grimmjow sin volverse.
Nell se frenó en seco. ¿De verdad podía escuchar sus pasos? No, no era posible.
Sacó la daga de su cinturón y se abalanzó sobre él, pero Grimmjow fue más rápido y logró interceptarla a tiempo. Tomó a Nell del brazo y ambos se miraron por unos segundos antes de que la soltara. Nell sentía la piel erizada por el contacto. No creyó que fuera tan imponente en persona.
-Tal vez es porque no eres Shunsui. El bastardo siempre me hace esperar veinte minutos como mínimo.
Nell se movió lentamente al lado del sillón sin dejar de verlo a los ojos.
-¿Y bien? ¿Cuánto te ofrecieron? Puedo duplicar cualquier cantidad.
Nell lo miró sin entender a qué se refería.
-¿No eres una caza recompensas?
Grimmjow la observó detenidamente de pies a cabeza y finalmente sonrió. Le gustaba lo que tenía enfrente. Una chica con cuerpo de diosa y más hermosa que Afrodita, a eso sumándole la pinta de asesina y esa mirada de ojos oliváceos que chispeaban como el mismo infierno.
-¿Quién eres, linda? Estoy seguro que podemos llegar a un acuerdo.
La charla no hacía más que prolongar la prueba y eso era precisamente lo que no quería. Si sus guardaespaldas llegaban se vería en aprietos. Debía terminar todo cuanto antes.
Grimmjow avanzó hacia ella y alcanzó a esquivar el tajo de la daga por sólo unos centímetros. Nell se sorprendió por su habilidad pero sin perder tiempo comenzó a lanzar una ráfaga de cortes que serían imposibles de evitar para cualquier persona normal. Pero Grimmjow no era normal, se agachó y se movió a un lado y otro sin perder el ritmo de Nell ni la sonrisa. Giró para tomarla por la espalda pero la peliverde realizó una maroma hacia adelante y logró patearlo en la mandíbula con el tacón de la bota. Grimmjow se sobó el golpe y sonrió.
-Eso no lo había visto –confesó.
Nell aprovechó la distancia para tomar una respiración y evaluar a su oponente. Rápidamente localizó las armas que estaban a la vista: dagas, revólver, espada. Por fortuna no había desenfundado ninguna. ¿Por qué?
Nell sacó la otra daga y las cruzó frente a su cuerpo antes de lanzarse una vez más contra el peliazul. Grimmjow retrocedió y vio en cámara lenta cómo se acercaban peligrosamente a su cuello. Se agachó pero una de ellas logró hacerle un corte en la frente. Se limpió la gota de sangre con el dorso de la mano y sacó la espada. Era momento de ponerse serio. Nell arrojó ambas dagas y se apresuró a sacar su espada justo a tiempo para bloquear su ataque. La fuerza de Grimmjow no se comparaba a la de Harribel, sólo pudo sostener el agarre unos segundos antes de romperlo y hacer llover más cortes hacia su cuerpo. Grimmjow bloqueó todos y cada uno de ellos. Giró la espada en la mano hábilmente y luego de hacer una finta le hizo un corte a Nell en la mejilla. Era una lástima tener que arruinar ese bello rostro, pero si su vida estaba en peligro no dudaría en hacerlo de nuevo.
Nell ni siquiera pareció notar el corte. Le había ido peor en los entrenamientos con Mila Rose, eso no era nada en comparación. Cuando cruzaron espadas una vez más accionó la hoja de su brazo y Grimmjow tuvo que retroceder para que no se encajara en su cráneo.
-Joder, estás llena de sorpresas –exclamó casi sin aliento.
Nell estaba cansada, pero no se iba a rendir. Estaba segura de que ya casi lo tenía. Sacó los chacos y los movió ágilmente por todo su cuerpo, golpeó a Grimmjow un par de veces pero cuando en vez de retroceder, el peliazul avanzó, no supo qué hacer y perdió el equilibrio. Grimmjow la abrazó por la espalda y le puso la cadena de los chacos en el cuello como si fuera una soga.
-Vamos a calmarnos, ¿qué dices?
-Suéltame –exclamó Nell.
-Ah, después de todo sí puedes hablar, por un momento creí que ni siquiera hablábamos el mismo idioma.
Nell no entendía por qué el mercenario estaba charlando como si se tratara de un día de campo. Había tenido muchas oportunidades de matarla pero no lo había hecho. Si quería acabar con ella rápidamente hubiera utilizado el revólver, pero no fue así. Echó la cabeza hacia atrás y le dio de lleno en la nariz. Grimmjow se agarró con una mano y Nell aprovechó para saltar a un lado y darle una fuerte patada en la entrepierna. Grimmjow cayó de rodillas y Nell tomó de nuevo la espada.
Puso la hoja en su cuello y respiró hasta calmarse. Grimmjow se enderezó y sonrió al verla de pie frente a él.
-¿Qué esperas?
Nell no respondió. Debía terminar con todo eso rápido pero su cuerpo no reaccionaba. Le sostuvo la mirada a Grimmjow y se paralizó. Esos ojos no podían guardar maldad alguna. Tal vez su apariencia y habilidad en combate lo ponían en la lista de hombres peligrosos, pero su mirada era todo lo opuesto. Grimmjow suspiró derrotado y se sentó en el piso sin romper el contacto visual.
-Al menos dime quién eres. Deseo conocer el nombre de mi verdugo antes de morir.
-¿Qué diferencia haría?
Grimmjow se maravilló con el sonido de su voz. Era muy suave, contrastaba demasiado con su apariencia y con la rapidez de su cuerpo. Si tuviera los ojos vendados visualizaría en su mente a una doncella que debía ser rescatada del dragón, no a una asesina.
-Haría toda la diferencia del mundo.
-Supongo que puedo concederte eso. Soy Nelliel Tu Odelschwank.
-Nelliel, ya veo –Grimmjow asintió y se puso de pie.
-No te muevas –exclamó Nell presionando la hoja contra su cuello.
Grimmjow sonrió y avanzó hacia ella como un depredador.
-No vas a matarme.
-No estés tan seguro.
-Tuviste un sinfín de oportunidades, pero las dejaste pasar todas.
-No era el momento.
-¿Me escuchaste bien? Dije que las dejaste pasar todas, lo que significa que decidiste dejarme con vida.
Nell lo fulminó con la mirada. Tenía demasiada confianza en sí mismo y estaba jugando con ella.
-No hemos terminado.
-Yo creo que sí.
Grimmjow le quitó la espada y la arrojó a un lado. La tomó de la cintura y la acorraló contra la pared. Nell lo golpeó fuertemente en la mandíbula, pero a él pareció no importarle. La tomó de ambos brazos y los colocó encima de su cabeza, cuando notó que pretendía patearlo apresó ambas piernas con las suyas. Nell se retorció pero no pudo zafarse, la fuerza de aquel hombre era superior, algo para lo que no estaba preparada.
-Ahora dime, ¿quién te envía?
-Nadie.
Grimmjow observó el broche de su capa y sonrió de lado.
-Las Arrancar. ¿Es esta una de sus famosas pruebas finales? Estoy halagado, es la primera vez que me toca.
-Primera y última –escupió Nell.
-Pero no entiendo por qué yo –prosiguió Grimmjow haciendo caso omiso a su comentario-. Tenía entendido que sólo escogían a la escoria de la sociedad. Yo soy un simple mercenario.
-La lista no miente. Si estás en ella debes morir.
-Qué intenso –Grimmjow sonrió. Vio sus labios entreabiertos y se le antojó probarlos, morderlos y saborearlos. Nelliel era una mujer ardiente, y poderosa. La combinación perfecta. Estaba seguro que no había otra igual en el mundo.
-Dime, Nelliel. ¿No te remuerde la conciencia saber que podrías matar a alguien inocente por equivocación?
Nell no lo había pensado.
-¿Qué tal si esa lista es producto de una mafia que actúa más allá de tu entendimiento? Ustedes las Arrancar obedecen esas órdenes sin cuestionarlas. Pero ¿te has puesto a pensar en esa probabilidad? ¿Podrías vivir contigo misma después de descubrir la verdad?
-Deja de intentar manipularme. Dices todas esas cosas para que no te mate.
Grimmjow soltó una carcajada.
-Claro, porque en tu posición eso sería completamente posible. No puedes ni moverte.
Nell se removió inquieta, comprobando lo que el mercenario le decía. Pensó en Harribel y en Mila Rose. Dijeron que irían a respaldarla en caso de que algo saliera mal. ¿Dónde estaban? Y lo más importante, ¿cuál era ese criterio? ¿Intervendrían únicamente si la veían agonizando?
Grimmjow estaba tan cerca que podía olfatear su aroma. Con una mano acarició la línea de su mandíbula y bajó lentamente hasta su cuello, su clavícula y el borde de su pecho. Nell se estremeció pero secretamente deseó que siguiera recorriendo su cuerpo. Nunca había estado con un hombre, se preguntó cómo se sentiría ser deseada de ese modo. Sentirlo dentro de ella y entregarse al placer por vez primera.
Grimmjow sonrió al adivinar lo que estaba pensando. Su cuerpo tenso y la mirada perdida en su mano eran indicio suficiente. Quería que siguiera tocándola. Siempre creyó que las Arrancar eran un montón de lesbianas frustradas, pero esa chica definitivamente no encajaba con el esquema. El resto de ellas no le importaban. Estaba dispuesto a darle lo que quisiera. Aflojó el agarre de sus extremidades y la tomó firmemente de la nuca para cerrar de una vez por todas la distancia entre sus labios. Estaba a sólo unos centímetros…
Nell se escabulló por el hueco que había entre ellos y lo tomó del brazo para retorcerlo en un ángulo anormal contra su espalda. Grimmjow gritó de dolor y se cayó sobre sus rodillas, imposibilitado.
-Harribel siempre me dice que no me fije en los patrones al momento de pelear, pero esta vez fue de mucha utilidad. Anunciaste tu movimiento demasiado pronto, y fuiste muy lento.
Grimmjow negó con la cabeza sin dejar de sonreír.
Por supuesto. Debí verlo venir. Buena jugada, Nelliel Tu Odelschwank.
Ichigo, Urahara y Hisagi entraron en ese momento a la habitación. Cuando vieron la escena se apresuraron a desenfundar sus armas.
-¿Grimmjow? –preguntó Urahara.
-Estoy bien –respondió el peliazul.
-¿Quién eres? –gruñó Hisagi sin dejar de apuntarle con el revólver.
Nell lo soltó lentamente y retrocedió con las manos en alto. Ahora sí estaba jodida. Recordando las palabras de Harribel: los guardaespaldas no dudarían ni un segundo en matarla. No creía posible llegar hasta la puerta para escapar. Buscó a su alrededor alguna ventana, pero no había nada. La única entrada era la que había usado al principio.
-Una vieja amiga –dijo Grimmjow poniéndose de pie y sobándose el brazo.
-No sabía que te gustaba el sado, capitán –dijo Ichigo.
Grimmjow avanzó hasta él y le dio un sonoro zape.
-Cierra la boca.
Nell no sabía qué decir o hacer. Grimmjow había dicho que era una "vieja amiga". Podía simplemente ordenar que abrieran fuego contra ella por el simple hecho de haberle puesto un dedo encima, pero no sucedió. Intercambió una mirada rápida con él y recogió sus armas calmadamente y se dirigió a la puerta, pero Grimmjow la detuvo del brazo.
-De hecho, es una candidata para unirse a mi tripulación.
Todos abrieron los ojos, sorprendidos. No había mujeres en el Noir Kaizoku, esa sería la primera vez que sucediera. Grimmjow parecía muy decidido, pero Nell permaneció en silencio sin dejar de ver hacia la puerta.
Había fallado en su misión, y no sabía con qué cara podía regresar con Harribel. La rubia tenía confianza en ella, y la había decepcionado. No sólo no había dado una buena pelea, sino que flaqueó demasiadas veces haciendo caso omiso al sinfín de consejos que le había dado. Lo peor de todo era que había dejado vivo al objetivo, lo cual nunca en la historia de las Arrancar había sucedido. Se preguntó qué diría la líder si regresaba tal y como estaba. ¿Pudiera ser que decidieran castigarla o darle una segunda oportunidad? Creía que ya había quemado ese cartucho hace mucho tiempo, así que volver no era una opción.
Volteó a ver a Grimmjow, todas sus cavilaciones habían tenido lugar en sólo dos segundos. El peliazul la veía con una sonrisa de medio lado. Al parecer no había rencores por su parte. El resto del grupo también se le quedó viendo. Nell se sintió intimidada y tuvo que sentarse para pensar bien las cosas. Enterró la cabeza en sus manos y no notó cuando Grimmjow se arrodilló frente a ella.
-Tengo una idea bastante clara de lo que estás pensando.
-No sabes nada –respondió cortante la peliverde.
-Las Arrancar son la única familia que tienes, ¿no? Crees que las decepcionaste porque sigo vivo. No sabes lo que harán contigo por haber fallado en la prueba final.
-Adelante, búrlate si quieres –se limpió las lágrimas que amenazaban con salir.
-No estoy burlándome. Estoy ofreciéndote ser parte de mi familia.
Nell lo miró a los ojos y Grimmjow la tomó de las manos.
-Tal vez no somos fieros guerreros como las Arrancar, pero creo que nos defendemos bastante bien.
-Son mercenarios –dijo Nell como si eso fuera excusa suficiente.
Grimmjow bufó.
-Creo que tienes una idea equivocada sobre lo que hacemos. Sólo son trabajos por encargo, y la paga no está mal.
-Pero matan gente a cambio de dinero.
-Sí, lo hemos hecho –respondió firmemente.
La sinceridad de Grimmjow la sorprendió bastante. Podía haber negado que lo hacían, pero en cambio le había dicho la verdad de frente. Nell pensó que tal vez pudiera usar todo eso a su beneficio. Una de las cosas que se le quedó de Harribel fue esa última frase sobre permanecer fiel a sus ideales. Si lograba hacer que Grimmjow y el resto de su tripulación se inclinaran hacia el lado correcto de la balanza, estaría acabando con un problema de la sociedad sin derramar una sola gota de sangre.
¿Quién dijo que la muerte y la violencia es la única solución?
Nell se puso de pie y se limpió discretamente las lágrimas del rostro. Grimmjow salió para hablar brevemente con Shunsui Kyoraku y finalmente regresó a su lado. La tomó de la mano y los demás los siguieron hasta la salida. Al llegar a la puerta Nell vio que había dos figuras recargadas en el muro al otro lado de la calle. Reconoció a Harribel y a Mila Rose. Cruzaron miradas apenas un segundo. Cuando la rubia vio que Nell y Grimmjow iban tomados de la mano le ofreció un único asentimiento de cabeza antes de desaparecer en las sombras de la calle al lado de su segunda al mando.
Tal vez volverían a verse, tal vez no.
Continuará…
Este capítulo fue muy, muy difícil, sobre todo la parte en la que pelean Grimmjow y Nelliel. No podía hacer poderoso a uno sin dejar de pensar que el otro se vería débil. Maldita fuerza de titanes se cargan estos dos xD No arruinen mi fic, chicos, mejor ámense intensamente.
Como dato extra les cuento que acabo de publicar otro fic que se llama "Las Arrancar", por si quieren leer una precuela de este capítulo. Ya saben, de los inicios de Nell y cómo fue que llegó con Harribel. Pero si no, no hay problema. No es tan relevante para esta historia de La joya perdida.
Espero sus reviews, hasta pronto (:
