¡Hola, chicos! Este capítulo me costó más trabajo que los anteriores TuT pero confío en que haya quedado bien. Es mi favorito hasta ahora.

LA JOYA PERDIDA

Había escapado; había sentido miedo, ¡miedo de mí!

-Guy de Maupassant (El Horla).

Capítulo cinco: Aquilea.

El sol empezó a ocultarse tras las montañas unas horas después de que el barco partió del puerto. La ciudad pronto quedó atrás y con ella la extensa llanura de pasto conformada por parcelas de cultivo y fábricas apostadas en medio de aquel panorama. El cielo tomó un tinte rojizo anaranjado y las nubes se distendieron cuan largas eran.

Grimmjow le entregó el mando a Hisagi y se dirigió a la cabina del capitán para una reunión con el resto del grupo.

-¿Qué haremos con ellos? –preguntó Orihime.

-Sea cual sea su crimen no nos concierne. Si estaban en el laboratorio de Mayuri lo más probable es que sean inocentes de cualquier cargo, así como nosotros –respondió Ichigo.

Nell entró en ese momento por la puerta. Grimmjow la observó detenidamente y no perdió detalle de cada centímetro de piel que quedaba al descubierto. Sentía unas ganas irrefrenables de pasar sus dedos y sus labios para deleitarse una vez más con su olor y suavidad. Sus pechos lo llamaban, se imaginó sus largas piernas alrededor de su cintura y su boca gimiendo su nombre. Cerró los ojos para tratar de tranquilizarse. Si por él fuera la tomaría ahí mismo sin importarle que todos estuvieran presentes, pero se repitió una y otra vez que no podía. Primero tenía que arreglar ciertos asuntos.

-Nemu cree que los llevaremos a Karakura –opinó Rukia.

-No podemos desviarnos. Los dejaremos en el siguiente distrito y de ahí podrán ir a donde quieran. Pueden cuidarse ellos solos –exclamó Grimmjow.

-Ese no era el trato. Los llevaremos a Karakura, todos ellos corren peligro en este reino –replicó Nell.

-Ni siquiera sabemos si podemos confiar en esa chica –exclamó Grimmjow.

-No nos ha dado motivos para desconfiar de ella.

-Hasta donde recuerdo estaba trabajando al lado de un científico loco.

-Y hasta donde yo recuerdo nos ayudó a escapar.

-No sabes cómo piensa –respondió Grimmjow.

-¿Y tú sí? Las probabilidades están a tu favor tanto como al mío. Hagamos una votación.

-Sí, creo que eso es mejor. Ya viste cómo terminó todo la última vez que tomaste una decisión por tu cuenta.

Nell lo fulminó con la mirada pero no dijo nada. Todos se miraron alternadamente.

-Los que quieran llevarlos de regreso a Karakura –preguntó Nell cruzando los brazos.

Hubo una pausa incómoda, Orihime y Rukia levantaron la mano.

-Los que estén a favor de dejarlos ir por su cuenta –dijo Grimmjow.

Ichigo y Ulquiorra levantaron la mano.

-Parece que es un empate –dijo Orihime.

-Nada de eso, es mi barco y yo doy las órdenes aquí.

Nell rodó los ojos con fastidio, estaba conteniéndose para no golpearlo como debería de haber hecho desde que volvieron a encontrarse.

-Hay otra solución –dijo Ulquiorra-. Podemos proponerles que se unan a la tripulación. De esa forma estarían a salvo con nosotros y quedarían fuera del alcance de Mayuri.

-¡Ja! –Exclamó Grimmjow-. No sólo quieres elegir el rumbo de viaje, sino que también te metes con mi tripulación. Tú no decides quién se une y quién no.

-Los que estén a favor de destituir a Grimmjow como capitán –propuso Nell.

Se fulminaron el uno a la otra con la mirada y casi podrían jurar que salieron chispas. Ulquiorra y Rukia levantaron la mano. Ichigo rió nervioso.

-Nell, jeje, ¿qué estás diciendo? –se rascó la nuca.

-¿Cómo sabemos que Mayuri los va a buscar? –preguntó Orihime.

-¿Es en serio? ¿Dónde estuviste estos dos días, princesa? Nosotros estuvimos atrapados en los dominios de un maldito científico loco, tal vez quieras contarnos cómo estuvieron tus vacaciones. Ese hijo de perra no se detendrá, me juego la vida a que ya nos está buscando –gruñó Grimmjow cruzado de brazos.

-Por lo mismo debemos seguir nuestro camino –respondió Ulquiorra sin pasar por alto la forma en la que se había dirigido a Orihime.

-No estoy abierto a negociaciones.

-Grimmjow, Ulquiorra tiene razón. Yo voto por que se unan. Hasta podrían ser de ayuda –dijo Ichigo.

El resto del grupo estuvo a favor; era una mejor solución, por lo que Grimmjow se tuvo que resignar ya que la mayoría había votado.

Los seis salieron a la cubierta y se acercaron a Nemu y a los prisioneros.

-No podemos volver a Karakura, lo siento mucho –se disculpó Nell-. Pero queremos pedirles que se unan a la tripulación. Sería la única forma de garantizar su seguridad.

-¿De verdad?

-Sí. ¿Qué dices?

Nemu pensó que no tenía nada que perder, así que asintió con una sonrisa. Grimmjow relajó su expresión matona, no tenía por qué desquitarse con esa chica, después de todo no tenía la culpa.

-¿Qué hay de ti? –le preguntó Ichigo a Kokuto.

Kokuto pensó que no podía regresar a su lugar de origen con su hermana. Si seguía viva, únicamente lograría ponerla en peligro con su presencia en caso de que Mayuri decidiera buscarlo ahí. Lo mejor sería permanecer alejado hasta que todo hubiera acabado.

-Creo que será divertido –exclamó al fin.

Genial, el loco masoquista viajará con nosotros, pensó Grimmjow rodando los ojos.

-Aunque me halaga su invitación, debo declinar –dijo Starrk.

-¿Por qué? –preguntó Nell.

-No es que no quiera viajar con ustedes, creo que son buenos chicos…

Ulquiorra frunció el ceño cuando escuchó "buenos chicos". En serio, ¿qué tenía en mente ese vago?

-…pero creo que es un fastidio todo esto de la misión. No tengo ganas de involucrarme en una pelea de ese tipo –al finalizar soltó un bostezo.

A Ichigo le dieron ganas de golpearlo por la pasividad y extrema flojera que mostraba ante la vida, pero se abstuvo porque de alguna forma le agradaba ese sujeto.

-Yo opino lo mismo que Starrk, lo que realmente quiero es ir a un burdel –dijo Ikkaku.

-No creo poder serles de ayuda, sólo sería una carga para todos –dijo Tousen.

-Creo que sólo seremos tú y yo –dijo Kokuto poniendo un brazo alrededor de los hombros de Nemu.

La chica lo tomó de la mano con su brazo mecánico y apretó fuertemente hasta que la soltó. Kokuto gritó de dolor y retrocedió unos pasos.

-Tampoco tienes por qué ser agresiva, cariño.

El Noir Kaizoku aterrizó unos momentos después y los dejó a los tres en el puerto. Kokuto se entristeció porque ya no vería a sus amigos de prisión, pero les deseó toda la suerte del mundo. Era hora que siguiera su camino, y con la ayuda de Grimmjow y su grupo, estaba casi seguro que tendría su venganza contra Mayuri muy pronto. El barco se volvió a elevar y rápidamente los dejó atrás.

Los seis volvieron a reunirse en la cabina del capitán, era hora de discutir lo que harían a continuación.

-Debemos contarle a Yoruichi lo que pasó allá atrás –dijo Grimmjow.

-Le enviaré una carta –se ofreció Orihime y salió de la habitación.

-A pesar de que ninguno de ustedes confía en Nemu, tengo información importante para compartirles. Es sobre los Sternritter y su base –dijo Nell.

-¿Sabe dónde está? –preguntó asombrada Rukia.

Nell les contó rápidamente lo que había hablado con ella, sobre las armas que exportaba Mayuri a cambio del material.

-Creo que hay una alta posibilidad de que su base se encuentre en el Monte Vandereich –Ulquiorra hizo un círculo en el mapa alrededor de la localización-. Es un lugar alejado de todo, perfecto para funcionar como guarida secreta del grupo, sobre todo si la chica afirma que las armas son exportadas allá. Si es así tenemos mucho camino que recorrer.

-De acuerdo, traza la ruta que creas más conveniente –afirmó Ichigo.

Ulquiorra rápidamente marcó el camino y le entregó el mapa. Ichigo salió para avisarle a Hisagi que cambiara el rumbo hacia el Monte Vandereich. Después bajó al polvorín para inventariar las armas que tenían a su disposición, se encargó de clasificarlas y cargar algunas con municiones en caso de emergencia.

Escuchó pasos por la cubierta y después alguien se asomó por la escotilla.

Era Rukia.

-Hola –saludó un poco asombrado de encontrarla ahí.

-Hola.

-¿Necesitas algo? –preguntó amablemente.

Rukia negó con la cabeza y se acercó hasta él.

Ichigo se puso de pie sin saber muy bien qué decir o el motivo de su presencia.

-Creo que…creo que no te agradecí por lo que pasó allá –comenzó Rukia mirando fijamente hacia sus pies.

-¿De qué hablas?

-Ya sabes, cuando enfrentaste a Mayuri para evitar que me llevara al laboratorio.

-Ah, eso –Ichigo se sonrojó al recordar cómo había terminado todo. Una descarga que lo mandó al suelo en cuestión de segundos. Su papel de héroe claramente no había salido como él esperaba-. No es nada, es sólo que…bueno, somos compañeros, no podía dejar que te hiciera daño.

Rukia sonrió al adivinar lo que estaba pensando. Si bien no había tenido éxito agradecía profundamente que hubiera tenido las agallas para tratar de salvarla.

-¿Quieres…quieres ayudarme con esto? –preguntó Ichigo señalando las cajas con armas.

-¿Qué estás haciendo?

-Estoy revisando que todo esté en orden y cargando algunas armas por si acaso.

-¿Por si acaso?

-Uno nunca sabe cuándo puede haber un ataque sorpresa. Es mejor estar preparado.

-No creí que los mercenarios fueran así de precavidos. Pensé que eran del tipo impulsivo e improvisador.

Ichigo sonrió y se pasó una mano por el cabello.

-Sí, creo que no soy tan impulsivo. Tal vez por eso mi escena en la prisión no funcionó.

-Para mí estuvo más que bien.

Ichigo asintió y se volvió hacia las armas. Rukia se agachó a su lado y de pronto gritó de dolor. Se dejó caer hacia atrás y agarró fuertemente su pierna.

-¿Estás bien? –Ichigo le puso una mano en el hombro con preocupación.

-Sí, ah…es…es mi pierna –hizo una mueca de dolor y apretó los dientes para no gritar.

Ichigo se arrodilló a su lado y la hizo recargarse hacia atrás para revisarla.

-¿Es por el alcanfor?

-No lo sé, empezó a dolerme hace rato pero era soportable.

-¿Por qué no dijiste nada?

-No quería preocuparlos.

Ichigo vio que había un círculo enrojecido en el lugar donde Mayuri le había administrado el alcanfor. No parecía grave, pero claramente le causaba mucho dolor a Rukia.

-Supongo que hay que dejar que la sustancia abandone tu sistema. Menos mal que fue una dosis pequeña. Ya oíste a Kokuto, no habríamos sobrevivido el resto.

Rukia asintió y trató de enderezarse, pero la mano en su hombro la hizo permanecer en esa posición. Puso ambos brazos a su espalda y se recargó. Ichigo se acercaba a ella en modo depredador. El dolor era ahora más tenue, las mariposas en su estómago hacían más peso de presencia y no la dejaban concentrarse en nada más que su toque. Estaba estática esperando su siguiente movimiento.

Ichigo la veía detenidamente como si estuviera hechizado. Se colocó entre sus piernas y subió la mano lentamente por su muslo, sintiendo su suavidad hasta el borde del vestido. Avanzó hacia ella con una rodilla y Rukia retrocedió en automático.

Lo miró fijamente a los ojos, a esos dos orbes color avellana que no perdían pisada de su reacción. Su respiración se agitó cuando lo sintió a sólo unos centímetros de su rostro. Quería saber lo que pensaba y de algún modo ponerle un alto al recordar su juramento a Yoruichi, pero cuando sus labios rozaron la comisura de su boca perdió la noción de lo que estaba haciendo y cerró los ojos para disfrutar el momento.

Ichigo sintió que se relajaba debajo de su cuerpo y se permitió avanzar más hasta que la morena estuvo prácticamente debajo de él. Su pequeña complexión lo excitaba. Tenía todo en su lugar y un olor a vainilla que le nublaba los sentidos. Agarró confianza cuando no vio ningún rechazo de su parte y atrapó sus labios con los suyos. Su mano estaba ahora debajo de su vestido y continuaba en ascenso. Tan sólo unos cuantos centímetros más…

Cuando Rukia sintió la mano en la parte interna de sus muslos arqueó la espada y retrocedió asustada. Ichigo la miró confundido.

-Lo siento, no puedo hacerlo.

-¿Por qué no?

-Hice un juramento a la princesa. No puedo romper mis votos.

Ichigo asintió recordando lo que le había dicho Urahara. Quería tomarla ahí mismo pero sabía que no era lo correcto. Debía respetar su decisión, pero eso no significaba que se daría por vencido tan fácilmente. Sonrió de lado y se puso de pie.

-Descuida, lo entiendo –le tendió una mano y Rukia la tomó para levantarse-. ¿Segura que estás bien? –le preguntó haciendo referencia a su pierna.

El dolor se había esfumado, pero todavía sentía una leve punzada. Asintió y le devolvió la sonrisa.

-De acuerdo. Deberías descansar un poco, yo terminaré esto.

Rukia se dirigió a la escalera que daba a la escotilla y lo miró una última vez por el hombro. No sabía si estaba aliviada o decepcionada por lo que no había pasado.

.

.

Orihime estaba en el camarote escribiendo la carta para Yoruichi en la que le relataba todo lo que había ocurrido en el laboratorio y la información nueva sobre el duque. Escuchó que la puerta se abrió y entró Ulquiorra. Se paró detrás de ella y observó lo que escribía por encima del hombro.

-¿Está lista?

Orihime asintió y dejó la carta y el bolígrafo en el escritorio.

Ulquiorra masajeó sus hombros al notar lo tensa que estaba. Le contó lo que había explicado Nell y sobre el cambio de dirección del barco. Orihime recargó la cabeza en su brazo y disfrutó la sensación, tenía unos terribles nudos en la parte baja de la nuca.

-Relájate –susurró Ulquiorra en su oído.

-Todavía no puedo creer que Nnoitra haya conspirado para matar a Gin, mucho menos que Mayuri le haya ayudado para mantener ese horrible laboratorio.

-La princesa se hará cargo. Estoy segura que le informará al rey y lo ayudará a planear una estrategia.

-No quiero que nadie salga herido.

-Así son las cosas en la política y en la guerra, no hay nada que podamos hacer –respondió Ulquiorra.

Siguió el camino con sus manos hasta la clavícula de la chica y se deleitó con la suavidad de su piel. Parecía que estuviera acariciando terciopelo, su cuello delgado se le antojaba tan exquisito. La tomó de la mano y la puso de pie. Orihime soltó una risita al notar lo que vendría a continuación.

Ulquiorra posó ambas manos en su cintura y apretó suavemente. La empujó hasta la pared del camarote y devoró sus labios.

-Tú y yo tenemos algo pendiente –le dijo entre besos.

Orihime cerró los ojos y se abrazó al cuello de su esposo. Ulquiorra se deshizo del agarre y apresó sus manos contra la pared, descendiendo sus labios por su cuello hasta su escote. Puso una rodilla entre sus muslos y Orihime jadeó cuando rozó ligeramente su sexo. Sintió las caricias en su cintura y sus piernas temblar.

-Espera, alguien podría entrar –susurró.

-No lo harán. Están muy ocupados resolviendo sus vidas.

Orihime sonrió y se dejó llevar hasta la cama, donde Ulquiorra se deshizo de sus ropas con una desesperación impropia de él. Acarició cada parte de su cuerpo con detenimiento, enviando descargas eléctricas por su espina dorsal y haciendo que jadeara por la excitación creciente en su centro. Orihime enredó sus piernas alrededor de su cintura y lo atrajo hacia ella. Ulquiorra cerró los ojos cuando entró en ella y jadeó en su oído por lo estrecha que estaba.

Empezó un vaivén de caderas que acompañó el ruido de la cabecera chocando contra la pared. Orihime se sonrojó pero no pudo pronunciar palabra alguna, era tanto el placer que sus sentidos parecían dormidos. Su dureza abriéndose paso en su interior y golpeando ese punto clave con cada estocada. Se aferró a su espalda y enredó una mano en su cabello para atraer sus labios que besó con delicadeza.

Ulquiorra la tomó firmemente por la cintura y atrajo su cuerpo a su encuentro. Era asombroso estar dentro de ella, la fogosidad de Orihime contrastaba con su acostumbrada actitud. Solía ser tímida y reservada en público pero en la intimidad se entregaba en cuerpo y alma. Era sensual e inteligente, una combinación que lo volvía loco desde la primera vez que la conoció.

A pesar de que les gustaba hacerlo lento, todo lo sucedido hasta el momento hizo que se entregaran con ansias al acto, Ulquiorra la quería desesperadamente, había sentido miedo de que aquella noche en el laboratorio sería la última de los dos. Aceleró el ritmo y mordió los labios de la pelirroja para ahogar sus gemidos. Si bien sabía que estaban haciendo ruido suficiente con la cabecera no quería que nadie más escuchara a Orihime. Ese sonido lo reservaba para él. Él era el único que podía hacerla sentir de ese modo y deleitarse con su voz excitada.

Sintió próxima su liberación cuando Orihime se tensó debajo de él. La pelirroja arañó su espalda en un intento fallido por resistir y la presión hizo que Ulquiorra se viniera de pronto en ella. Se miraron unos segundos y finalmente se recostó a su lado.

Tal vez el sexo no había sido tan duradero y candente como otras veces, pero el sueño los golpeó de pronto y cayeron rendidos en cuestión de segundos.

.

.

Nell se dedicó a acomodar los papeles y mapas que estaban en la mesa. Estaba tan absorta que ni siquiera se dio cuenta cuando Ulquiorra salió de la habitación. Levantó la vista y vio que Grimmjow estaba de pie viendo hacia la ventana. Suspiró para calmarse. Estar a solas con él no significaba nada. Estaban trabajando juntos para una misión y por lo tanto debía actuar como una profesional. No iba a dejar que su presencia la afectara, y claramente no iba a salir corriendo como una chiquilla asustada.

El silencio era incómodo, pero ninguno de los dos se atrevió a romperlo. Grimmjow se dejó caer en el sillón y sacó el arma para limpiarla.

-Lamento lo que pasó con Nnoitra allá atrás –dijo Grimmjow de pronto.

-No lo lamentas. Sólo te detuviste porque me interpuse en tu camino –respondió Nell secamente.

-Como sea –rodó los ojos-. Al menos tenías razón sobre esa chica Nemu, después de todo sirvió para algo y nos dio información valiosa sobre los Sternritter.

-Cierra la boca.

-¿Qué? –Grimmjow la miró confundido.

-No digas que Nemu "sirvió para algo". Es una persona, no un objeto.

-Tiene un maldito brazo de metal, es más objeto que persona.

Nell bufó molesta y desvió la mirada.

-Eres igual que Mayuri.

-¡Ja! No sabes lo que dices.

-Tienes razón, fue una burda comparación. Eres peor.

-Oye –Grimmjow se puso de pie y avanzó hacia ella-, te diré lo mismo que le he dicho a todo aquel que pone un pie en mi barco: si no te gusta cómo manejo las cosas, eres libre de irte cuando quieras. Nadie te tiene aquí a fuerzas.

-No sé quién te dijo que estás a cargo. Podrá ser tu maldito barco pero esta misión nos corresponde a todos.

-Por favor, sabes bien que Yoruichi me dio a mí los mapas y archivos.

-Lo hizo sólo para que no lloraras. Eres un dolor en el trasero y esa era la única forma de hacerte callar.

-Repite eso –gruñó Grimmjow, la vena de su sien palpitaba furiosamente.

Nell sonrió y se puso de pie también.

-¿Qué? ¿Te molesta que te diga tus verdades? Veo que no has cambiado nada.

-No eres nadie para hablar, señorita me-pongo-nerviosa-al-lado-de-Grimmjow.

Nell rió y retrocedió en respuesta.

-¿Quién dice que me pones nerviosa?

-Yo lo digo. Tu voz temblando lo dice. Tu cuerpo lo dice.

Con cada palabra Grimmjow fue cerrando cada vez más y más la distancia hasta que la tuvo acorralada contra el escritorio. Vio que Nell tragó saliva fuertemente y eso bastó para confirmar sus sospechas. Sin embargo no hizo ningún comentario burlesco. Su expresión cambió y le sostuvo la mirada.

Nell no sabía qué pensar. La discusión-burla se había esfumado y ahora el ambiente era más tenso e incómodo. La cercanía de sus cuerpos le puso la piel de gallina. Vio que Grimmjow se acercaba lentamente hacia su rostro y su corazón se aceleró a mil por hora. No estaba lista pero tampoco quería rechazar el gesto. Cerró los ojos lentamente y esperó a que algo sucediera, lo que fuera.

-¿Aún me amas?

Abrió los ojos confundida por la pregunta. Grimmjow se había detenido a unos centímetros de sus labios. Nell inhaló profundamente y le puso una mano en el pecho para alejarlo. Salió de la habitación sin responder. No quería responder, no podía hacerlo.

.

.

Grimmjow suspiró sin moverse ni un ápice. Había actuado impulsivamente y se reprendió por ello, pero al mismo tiempo se admiró de su autocontrol. Nell lo volvía loco en todo sentido, había hecho falta mucha fuerza de voluntad para no callarla de una buena vez con un beso. Cada palabra dirigida hacia ella era la equivocada y lo sabía, debía haber empezado con aclarar lo sucedido un año atrás.

El barco se sacudió ligeramente pero Grimmjow no le dio importancia. Decidió que ya había tenido suficiente y caminó deprisa hacia la puerta para darle alcance y hablar con ella de una vez por todas.

La noche había caído tan rápido que ni siquiera se dio cuenta. El barco estaba completamente a oscuras, sólo iluminado por la luz de la luna en lo alto del cielo. Reinaba un silencio absoluto que interrumpió con cada paso que daba. El aire se sentía denso, como si estuviera dentro de una nube de humo.

Caminó hasta la cubierta y se sorprendió de encontrarla vacía. Las velas estaban abajo pero no había ninguna corriente de aire, sin embargo el barco continuaba avanzando como un fantasma en medio de la noche. Buscó con la mirada a alguien de la tripulación, a Kurosaki, Hisagi, Szayel, quien fuera, pero no había nadie.

Estaba completamente solo en el barco.

Tomó un quinqué y lo encendió para iluminar aunque fuera un poco. Vio que el timón viraba suavemente hacia un lado y hacia otro.

-¿Nelliel? –la llamó sin recibir respuesta.

Avanzó hacia la escotilla y se asomó al polvorín. Era difícil distinguir algo con la poca luz que desprendía el quinqué pero estaba bastante seguro de que se encontraba vacío también. Después se asomó por la borda y vio el valle que se extendía muchos metros debajo del barco. Desde esa altura no alcanzaba a distinguir lo que había, pero le pareció ver algunas rocas blancas desde el inicio hasta más allá de donde abarcaba su visión.

Lamentó que Ulquiorra no estuviera cerca, seguramente podía decirle exactamente en dónde se encontraban. Revisó cada camarote y no encontró a nadie, todo estaba ordenado como lo recordaba, pero a la vez parecía que hubieran pasado años desde que lo revisó por última vez. Regresó a la cabina por el arma y la enfundó en su cinturón. No estaba acostumbrado a andar desarmado por la vida. Ya había aprendido la lección.

Sacó una brújula de su bolsillo y vio que funcionaba bien, apuntaba al Norte y era justamente hacia donde se dirigía.

-¿Cuándo piensas hablar con Nelliel?

Grimmjow se giró de pronto, la voz lo tomó desprevenido.

-¿Quién anda ahí?

-Es increíble que hayas dejado pasar tanto tiempo.

Grimmjow buscó con la mirada a la persona que le hablaba, pero no había nadie a la vista. La voz parecía venir de su cabeza y al mismo tiempo de todos lados, susurrando en su oído y como un eco en la noche.

-Poco más de un año, si mis cálculos son correctos.

Grimmjow sacó el arma y avanzó por la cubierta lentamente aguzando el oído.

-Lo que más me asombra es que ella te haya aguantado. Eres insoportable.

-¿Por qué no sales y me lo dices en mi cara? –preguntó Grimmjow molesto.

-No hay necesidad de hacer tal cosa.

El chirrido del timón puso a Grimmjow alerta. Estaba comenzando a desesperarse y sudar nerviosamente al no saber de dónde venía aquella voz. Una voz que era extrañamente familiar y escalofriante.

-Es un lindo barco. Muy antiguo para la época pero resistente a las batallas. ¿Crees que resista la nuestra? –continuó la voz.

-¿De qué hablas? Sal de donde estés.

Grimmjow se asomó por la borda cuando desistió su búsqueda por la cubierta. El barco seguía avanzando por el valle sin detenerse.

-¿Hacia dónde estás mirando? –exclamó a su espalda.

Grimmjow se giró violentamente y amartilló el revólver.

-¿Qué pasa, Grimmjow? ¿Tienes miedo? Me agrada eso. Tú nunca tienes miedo. O si lo tienes no lo demuestras.

-¿Quién eres?

Por la forma en que hablaba parecía que lo conocía de años. Supuso que sería Kurosaki, pero rápidamente desechó la idea. Ichigo no llevaría esa broma tan lejos.

-Si te digo mi nombre arruinaría la sorpresa.

-Si no lo haces te volaré en pedazos.

-¿Eso crees?

-Es suficiente.

-¿Cuál es esa frase que te gusta usar? ¿Algo así como "mi barco, mis reglas"? Pues bien: mi mundo, mis reglas. Yo diré cuando sea suficiente.

-¿Mundo? ¿Qué mundo?

La voz tomó forma y se materializó delante de Grimmjow. Era una copia exacta de él, la ropa, el cabello, las botas, absolutamente todo. El brillo en sus ojos era lo único diferente, un brillo fantasmagórico que le heló la sangre. Sonrió de lado y Grimmjow retrocedió unos pasos.

-¿Qué es esto? –escupió.

-Soy tú.

-¿Es una puta broma? Debo estar soñando.

-De hecho lo estás –continuó-. ¿Sabes qué es esto? –señaló a su alrededor-. Estamos en mis dominios.

-¿Quién eres?

-Eso depende. Algunas veces soy un hombre, un niño, una mujer, un animal.

Grimmjow sacudió la cabeza sin entender.

-Seguramente te diste cuenta pero no le tomaste importancia. Tú y tu tripulación escogieron un camino peligroso. Aquilea no es algo que debas tomar a la ligera.

-¿Aquilea?

-Es un portal. El más letal, me atrevería a decir –prosiguió el otro Grimmjow como si hablara del clima-. Aquí no enfrentarás bestias extrañas, acertijos difíciles o arenas movedizas; aquí te enfrentarás a ti mismo y a tus miedos.

-De acuerdo, suena muy interesante, en serio, pero no tengo tiempo para esto –Grimmjow se dio la vuelta y se frenó en seco cuando su clon apareció de nuevo frente a él.

-¿Crees que puedes escapar fácilmente?

-Creo que no tengo por qué seguir hablando contigo.

-¿Conmigo o contigo?

Grimmjow sacudió la cabeza, no estaba de humor para jueguitos.

-Tienes una gran ventaja, Grimmjow. El barco sigue avanzando, lo que significa que pronto podrás salir de aquí. La pregunta es: ¿lograrás salir a tiempo o caerás como muchos otros?

-¿Dónde está el resto de mi tripulación?

-Creo que quisiste decir "dónde está Nelliel". A mí no me engañas, estoy en tu mente. O mejor dicho es la misma mente, soy una especie de desdoblamiento.

Grimmjow lo tomó de la chaqueta y lo acercó a su rostro.

-Estoy harto de ti. No te me acerques.

-La respuesta a tu pregunta es simple. Está en la misma situación que tú. En estos momentos está hablando consigo misma en este mismo barco. Claro que tú no puedes verla, ella está en su sueño y tú en el tuyo. Es algo así como un reto personal, cada quién debe superarlo por sí mismo.

-Dios, ¿qué tengo que hacer para que te calles de una vez por todas?

El otro Grimmjow sonrió.

-Debes vencerme.

-Pan comido –exclamó Grimmjow y lanzó un golpe.

El otro Grimmjow lo esquivó sin problemas y soltó una carcajada.

-¿En serio? Tendrás que ser más ágil que eso. Soy tú, por lo tanto poseo tu habilidad para esquivar.

Grimmjow gruñó y arremetió nuevamente contra él, obteniendo el mismo resultado.

-Vamos, vamos. Puedes hacerlo mejor. Muéstrale al mundo que el capitán del Noir Kaizoku no es ningún idiota.

Grimmjow desenfundó el revólver y disparó dos veces pero ambos tiros fueron a dar a la cubierta de estribor. El otro Grimmjow le hizo una llave y arrojó el arma por la borda.

-Sin armas de fuego, hagamos esto más divertido –desenvainó la espada y sin darle tiempo de reaccionar se lanzó a cortarlo.

Grimmjow se hizo a un lado y la espada dio de lleno en el piso de madera, causando que se astillara por la fuerza del golpe. Sacó su propia espada sin saber muy bien de dónde e interceptó el siguiente corte. El sonido de los metales chocando resonó en el barco. El otro Grimmjow sonrió ampliamente y se rió de su reacción. Había actuado de prisa, justo como esperaba que lo hiciera. Todos y cada uno de los siguientes golpes fueron lloviendo sobre él acompañados de una danza macabra. Cada paso que Grimmjow retrocedía su clon lo aprovechaba para cerrar la distancia que los separaba.

La amplia cubierta de pronto le pareció la jaula más pequeña. La fuerza comenzaba a menguar de sus brazos y lo mismo pasaba con su agilidad para esquivar. Él se estaba cansando, pero su clon parecía capaz de resistir veinte rondas más. Cruzaron espadas una vez más y el otro Grimmjow giró hábilmente y le dio un codazo en la nariz seguido de un golpe con el mango de la espada en el estómago.

Grimmjow se alejó unos pasos y lo fulminó con la mirada, limpiándose la sangre con el dorso de la mano. El otro Grimmjow hizo girar la espada en una mano y caminó en círculos alrededor de él. Grimmjow se deslizó y trató de tumbarlo, pero el clon saltó lejos de él y quedó de pie en la borda, muy cerca del amarre de las velas. Brincó cuando la espada hizo un tajo en dirección a sus pies y con una maroma experta aterrizó a unos metros de Grimmjow, su sonrisa felina jamás se esfumó en todo el rato.

-Ya estás entendiendo.

Arrojó la espada lejos y de pronto se materializaron dos lanzas en sus manos. Le arrojó una e hizo girar la propia en sus manos y alrededor de su cuerpo como un malabarista.

-Quiero ver de qué estás hecho además de sangre y huesos.

Grimmjow tiró la espada y se acomodó la lanza. No era su arma favorita, pero sabía manejarla como si se tratara de una extensión de su brazo.

-La mayoría de la gente es derrotada en los primeros minutos de sueño. Eres distinto, claro está, pero no te servirá de mucho.

-Hagamos un trato, cierra la maldita boca y terminemos con esto. Me harté de escucharte –respondió molesto.

-Suenas muy confiado. No creo que dures dos rondas más.

-¿Por qué no lo averiguas? –Grimmjow le devolvió la sonrisa y le dio una estocada que el otro esquivó por apenas unos centímetros.

Avanzó fieramente con el arma apuntando hacia adelante y dio varias estocadas en todas direcciones. Trató de golpearlo con el palo tanto como con la cuchilla. Cuando no lo esquivaba lograba interceptarlo con su lanza. La cuchilla pasó peligrosamente cerca de su cuello y saltó hacia un lado justo a tiempo.

-Me pregunto cómo lo estará haciendo Nelliel –preguntó el clon-. ¿Crees que a estas alturas ya esté mordiendo el polvo?

Grimmjow soltó una carcajada. Conociendo el pasado de Nell era muy difícil pensar que hubiera sido derrotada. Había sido entrenada por las Arrancar y Grimmjow se había encargado de reforzar esos conocimientos. Se podía decir que había llevado la mejor escuela.

-Quién sabe. Nelliel no es fácil de vencer.

-Probablemente tienes razón. Me gustaría saber si ella piensa lo mismo de ti.

Grimmjow frunció el ceño y se arrojó violentamente hacia su pecho. El choque hizo vibrar la lanza en sus manos. Hizo fuerza y finalmente ambos retrocedieron unos pasos. Caminaron uno frente al otro en círculos, evaluando sus reacciones y esperando que cualquiera de los dos hiciera el primer movimiento.

-Te odia, eso es obvio. No me sorprendería que ya te hubiera reemplazado por otro. Eres patético. No puedes pelear conmigo y claramente no puedes mantener a una mujer a tu lado.

-¿En serio? ¿No puedes vencerme y tu as bajo la manga es hacerme enfadar? Nuestro único parecido es físico, yo jamás usaría una estrategia tan pobre para vencer a mi oponente.

-Por lo que veo está funcionando. Si aprietas más la lanza la romperás en dos.

Grimmjow hizo una finta y avanzó por el lado izquierdo, logrando hacerle un corte en la mejilla apenas perceptible. Ese movimiento había funcionado muchas veces y esa no fue la excepción. El clon se limpió la gota de sangre y sonrió antes de responder con el mismo truco. Grimmjow logró esquivarlo y saltó hacia un lado, la lanza del otro se clavó en el suelo justo donde un segundo antes estaba el pie de Grimmjow.

-¿Se te acabó la originalidad? –se burló Grimmjow.

-Sólo porque acertaste un golpe no quiere decir que ganaste la pelea. Todavía tenemos mucho por recorrer, y mientras más tiempo pase tus oportunidades de salir victorioso se irán reduciendo críticamente.

-¿Cuándo fue que me volví tan hablador?

El clon arrojó la lanza hacia Grimmjow y pasó justo al lado de su cabeza hasta clavarse en la borda de babor.

-Hasta donde recuerdo mi puntería no era tan mala.

Un wakizashi se materializó en la mano derecha del clon, lo cambió de mano varias veces sintiendo su peso.

-No es lo que esperaba, pero servirá –exclamó.

Corrió hacia Grimmjow y cortó salvajemente el aire varias veces. Grimmjow clavó la lanza en el suelo y agarró impulso con las manos para patearlo con ambos pies en el estómago. El clon retrocedió unos pasos y apoyó una rodilla en la cubierta, tratando de recuperar la respiración.

Grimmjow recogió nuevamente la espada y avanzó hacia él decididamente. El clon se puso de pie y le propinó una patada en la cara que lo mandó al suelo. Grimmjow escupió sangre y rodó por la cubierta para esquivar el wakizashi. Escuchaba cada tajo y se preguntaba si dolería cuando se enterrara en él o por el contrario no sentiría nada como era común en los sueños.

-Respondiendo a tu pregunta, sí. Dolerá como el maldito infierno –sonrió el clon.

Cruzaron armas nuevamente y Grimmjow aprovechó para sacar la daga que tenía oculta en la pernera. Dio un tajo pero el clon lo esquivó sin problema.

-Ah, la daga de la pernera. Tu carta más usada, qué fastidio. Conozco cada truco.

Grimmjow cortó en dirección a su cuello y cuando el clon retrocedió aprovechó para poner la espada detrás de sus pies para que tropezara. El clon logró esquivar la nueva lluvia de tajos pero tiró el wakizashi en el acto y cayó de espaldas.

Grimmjow arrojó la espada a un lado y se sentó a horcajadas sobre el clon. Lo golpeó en el rostro tantas veces que perdió la cuenta. La sangre empapaba sus manos. El otro Grimmjow le dio una patada en la cabeza y lo tiró a un lado, invirtiendo los papeles. Lo tomó de la solapa de la chaqueta y estampó su cráneo contra el suelo. Grimmjow hizo una mueca de dolor y regresó algunos golpes, pero la fuerza con la que lo tenía sometido era superior.

El clon puso las manos alrededor de su cuello para asfixiarlo. Grimmjow estiró la mano hacia la espada y trató de alcanzarla. La presión en su cuello le impedía respirar y por lo tanto su vista se nubló, el aire no llegaba a sus pulmones ni a su cerebro.

-Nelliel jamás te perdonará lo que hiciste –dijo el clon.

Eso fue suficiente para que Grimmjow reaccionara. Con un último esfuerzo alcanzó la espada y se la enterró en el pecho. El clon aflojó el agarre de su cuello y tosió sangre que cayó sobre su rostro. Grimmjow se lo quitó de encima y se sentó apoyado en su rodilla para recuperar el aliento.

Lo observó detenidamente. Un escalofrío recorrió su espalda al ver su propio cuerpo tirado frente a él, sus ojos mirándolo fijamente y la sonrisa aún presente en su rostro.

-Tal vez, pero en todo caso necesito escucharlo de ella –respondió.

.

.

Grimmjow despertó empapado en sudor. Se dio cuenta que estaba tirado en el piso de su cabina, el revólver seguía desarmado y encima del sillón. Efectivamente había sido un sueño. Cuando abrió la puerta se encontró con el cuerpo de Nell tirado en el pasillo. La cargó y la dejó sobre su cama. Tenía los ojos cerrados y respiraba con dificultad. Le quitó un mechón de la cara y la contempló unos segundos antes de salir. No había nada que pudiera hacer por ella. Debía resistir hasta que lograran salir del portal.

Vio al resto de la tripulación tirados en la cubierta. Recorrió cada parte del barco y comprobó que todos estaban apresados en un sueño. Se asomó por la borda y tomó el catalejo. Una extraña sonrisa de amargura se formó en sus labios al ver que no eran rocas blancas lo que cubrían el valle de abajo, eran esqueletos. Seguramente los viajeros que iban a pie pasaban por el portal y se quedaban ahí para siempre al no poder moverse ni vencer a su clon. Grimmjow se alegró de que su motivación para derrotar sus miedos y a sí mismo fuera Nelliel. Se preguntó hasta qué punto su conversación había formado parte de la realidad. ¿En serio le había preguntado si todavía lo amaba? Al recordar su reacción deseó con todas sus fuerzas que todo hubiera sido parte del mismo sueño, de la misma pesadilla.

Cuando Nell despertó sintió algo acolchonado debajo de ella y se enderezó. Volteó a su alrededor y vio que estaba en el camarote de Grimmjow. Se asomó discretamente por la puerta y vio que Grimmjow se mantenía firmemente detrás del timón. Eran los únicos despiertos en el barco. Recordaba haber salido de la cabina antes de caer en el sueño, por lo que era obvio que el peliazul la había transportado hacia su propia cama.

No quería hablar con él y si salía era inevitable que eso sucediera, así que volvió a acostarse y trató de conciliar el sueño, esta vez uno que no tratara de asesinarla. No recordaba gran parte de su pelea, pero una pregunta se había instalado en su mente y le había servido de motivación para derrotar a su clon.

¿Aún me amas?

Grimmjow contempló el amanecer a su derecha mientras permanecía detrás del timón. Disfrutó el silencio y el calor del sol iluminando su rostro por unos minutos hasta que sintió de nuevo aquella vibración. El barco siguió avanzando, volteó hacia atrás y logró distinguir una tela azul semitransparente que abarcaba desde el suelo hasta más allá de las nubes. Absolutamente nadie podía esquivar ese portal.

Continuará…

Lamento si la pelea no fue narrada del mismo modo a como sucedió en mi mente, creo que tengo que trabajar más en eso xD. Y bueno, no quise escribir la pelea de cada uno de los personajes porque sería muy repetitivo. Supongo que se dan una idea del potencial de cada uno, sobre todo de Nell ya que la vimos pelear en el capítulo 4.

Y bueno, sólo como aclaración del nombre del portal "Aquilea": en Bleach, la insignia del escuadrón de lucha (escuadrón 11) es la flor Aquilea o Milenrama. Me gustó eso y quise usarlo como nombre del portal, ya que, como vieron, los personajes tienen que pelear consigo mismos para poder despertar.

Gracias por leer ;) dejen su review.