Otro pequeño salto al pasado. He aquí el capítulo en el que narro el motivo de la discordia de nuestros protagonistas. Ojalá la espera haya valido la pena. Hasta pronto.
LA JOYA PERDIDA
Soy estricto y despiadado, pero te amo, no tienes escapatoria.
-Walt Whitman (Hojas de hierba).
Capítulo seis: Crisantemo.
Grimmjow le dio una fuerte patada a la puerta y ésta se abrió con un crujido, la madera del marco se astilló y dejó la perilla colgando como péndulo. La oficina del almacén donde Kaien Shiba se había metido estaba casi desierta, a excepción de los estantes que contenían ejemplares de libros y otros objetos empolvados. Su vista se detuvo en la compuerta de metal que brillaba tenuemente al fondo y sonrió de lado antes de acomodarse la Winchester a la espalda. De lado derecho una ventana estaba abierta y la fría llovizna se colaba hacia el interior. Las cortinas percudidas danzaban como fantasmas en la noche. Se acercó al borde y alcanzó a distinguir una figura encapuchada corriendo a toda prisa lejos del almacén.
Nelliel entró al cuarto detrás de él y soltó un suspiro cuando vio la misma imagen por la ventana.
-Allá va. Te dije que debíamos acorralarlo y no perseguirlo.
-Relájate. No irá demasiado lejos, no con este clima. Además, lo que necesitamos está justo aquí –Grimmjow se acercó a la compuerta y analizó la estructura mientras Nell se paseaba por la habitación.
-¿Cómo sabes que no se lo llevó? –preguntó Nell pasando un dedo por la superficie empolvada de un estante y sacudiéndolo en su ropa después.
-Mierda, no lo puedo abrir –Grimmjow tenía un fierro en las manos y trataba de hacer palanca para abrir la compuerta.
Nelliel llegó a su lado y pasó los dedos por el borde. El metal estaba un poco oxidado por las sales en el aire, pero no parecía demasiado viejo. Reparó en que no tenía una cerradura ni nada por el estilo.
-Tal vez hay un botón secreto.
-No seas ridícula, esta cosa se abre a presión –replicó Grimmjow sin dejar de hacer fuerza.
Nelliel lo tomó del brazo para que retrocediera y le dejara espacio para maniobrar. En el grabado se distinguía un crisantemo, la enredadera de alrededor se bifurcaba en todas direcciones y abarcaba toda la superficie.
-Es ésta –exclamó señalando un ramillete que salía justo debajo de la base del crisantemo. Era la única línea que no estaba conectada con ninguna otra. Movió el delgado tubito ligeramente hacia la izquierda y un soplo de vapor emergió de las orillas cuando la compuerta cedió.
Grimmjow se acercó y revisó el interior.
Vacío.
-Hijo de perra –exclamó.
Nelliel hizo una mueca y se dirigió a la puerta.
-Andando, tenemos que encontrarlo antes de que deje la isla.
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Kaien sostenía el envase fuertemente contra su pecho mientras sus piernas lo alejaban más y más del almacén. La lluvia lo empapó en cuestión de segundos, causando que la ropa se le pegara a la piel y dificultara más cada movimiento. Se refugió bajo la marquesina de una tienda de ropa y revisó la Colt que llevaba en el cinturón. Sólo tenía dos tiros, no le serviría de mucho con los mercenarios. Maldijo en voz baja y reanudó su marcha en dirección al puerto.
El distrito 5 era una pequeña isla que pertenecía al reino de Karakura. Su producción no era muy abundante en cuanto a los alimentos o productos de otra índole, los metales eran escasos y las piedras preciosas lo eran aún más. Lo único que los mantuvo a flote fue la mina de uranio que habían descubierto hacía unos años, cuyo contenido exportaban directamente al laboratorio de Urahara Kisuke en la capital.
Urahara disfrutaba haciendo experimentos con nuevas armas, por lo que los elementos extraños le eran de mucha ayuda para la combustión de las mismas. Sin embargo, después de extraer todo lo de la mina, lo único que restaba era ese frasco que Kaien traía consigo: aproximadamente tres litros de uranio líquido que no pensaba entregarle a nadie.
Durante la última rebelión del reino, en la cual estuvieron involucrados poco más de la mitad de los distritos, el resultado en muertos y heridos fue impresionante. Kaien, como sabía que el propósito de Urahara para acaparar todo el uranio era crear nuevas armas, y eso llevaba inevitablemente hacia el caos de la guerra y la muerte, decidió robar el último frasco que quedaba. Lo mantuvo oculto en su almacén por unos meses, consciente de que llegaría el día en que alguien lo localizaría y vendría a reclamarlo. Sólo que no pensó que serían mercenarios. Su destino era seguro, una vez que le quitaran el uranio ya no serviría de nada mantenerlo a él con vida. A pesar de todo no se arrepentía, se convenció de que seguiría fiel a sus ideales pacifistas aunque eso significara su perdición.
La tormenta arreciaba con cada paso que daba. Finalmente llegó a puerto y vio un pequeño bote amarrado al muelle. Había un par de remos adentro y deseó que eso fuera suficiente para salir de ahí y embarcarse en mar abierto. Puso el frasco dentro y se arrodilló para desatar el bote.
Subió y tomó los remos para alejarse lo más pronto posible de la orilla, pero las olas tenían tal fuerza que no lo dejaban avanzar demasiado. La lluvia torrencial imposibilitaba su visión más allá de unos cuantos metros, y a eso sumándole la negrura de la noche y los mercenarios tras él, adentrarse en el mar era una misión suicida.
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Ichigo les lanzó la escalerilla por la borda y no bien pusieron ambos pies en la cubierta ordenó al contramaestre que empezaran a avanzar. Grimmjow se acercó al timón y tomó el mando de nuevo. Tenía que encontrar a Kaien, y pronto.
Volaron por encima de la ciudad lentamente. Las grandes linternas de aceite alumbraban ciertas zonas, pero completamente muertas, sin movimiento alguno. Nelliel pensó que lo más probable era que Kaien se hubiera dirigido al puerto, no tenía caso permanecer en la isla si eso implicaba que tarde o temprano lo encontrarían.
Grimmjow concordó con ella y viró en ese rumbo. Ichigo tomó el catalejo y apuntó a las aguas que se mecían violentamente debajo del barco. La lluvia y la neblina no le permitían ver muy bien, pero cuando la luz de la linterna apuntó al pequeño bote que se alejaba de la orilla y se tambaleaba entre las olas, supo que era la persona que estaban buscando.
-Quiero que hundan a ese cabrón –gruñó Grimmjow a manera de orden.
-Tiene el uranio, no podemos hacer eso –replicó Ichigo.
-¿Estás cuestionando mis órdenes, Kurosaki?
-Ichigo tiene razón, tenemos que recuperarlo primero –Nell caminó por la cubierta y se acercó a Hisagi-. Diles que lancen la red. Vamos a atraparlo.
Grimmjow bufó molesto pero no dijo nada en contra.
Yylfordt, Szayel, Shawlong y Edrad ataron la red a la popa y la dejaron caer largo y tendido. El Noir Kaizoku descendió peligrosamente, quedando a sólo un metro de la cabeza de Kaien. La red se curveó y lo apresó como si fuera un pez. El barco ascendió nuevamente levantando tanto el bote como lo que había dentro y Kaien tuvo que abrazar el frasco para que no rodara cuesta abajo hacia el mar.
Ichigo y Nell descendieron por la red para quitarle el frasco a Kaien. Lo ayudaron a subir a la cubierta y cayó de rodillas frente a Grimmjow. Hisagi se encontraba detrás del timón nuevamente. Nell traía el frasco bajo el brazo. La tripulación cortó la red y el pequeño bote cayó al mar, donde una poderosa ola se encargó de destrozarlo contra una gran roca cerca del arrecife.
Las velas resistían el viento y el mástil crujió peligrosamente. El agua helada cortaba como navajas en la cara. Los rayos iluminaron el rostro de Grimmjow, sonrió de lado y observó a Kaien un momento antes de darle una fuerte patada que lo mandó al suelo.
-¿En serio creíste que podías escapar de mí? –se burló.
Kaien lo fulminó con la mirada y en un movimiento desenfundó la Colt, apuntándole directamente al pecho. Ichigo se llevó una mano a la espada, dispuesto a interferir. Grimmjow le indicó con un gesto que no había necesidad de tal cosa.
-Hazlo –lo retó.
-Le estaría haciendo un favor al mundo.
-Hazlo –repitió Grimmjow ensanchando la sonrisa.
La mano de Kaien tembló ligeramente, afianzó el agarre alrededor de la pistola y jaló el gatillo.
El chasquido le indicó que la pólvora estaba mojada, por lo tanto la bala jamás saldría por el cañón. Grimmjow le quitó el arma y le pegó en la nariz con la misma, para después arrojarla a un lado hasta los pies de Nell.
-Dame una buena razón para no matarte aquí mismo –lo observó limpiarse la sangre del rostro con el dorso de la mano.
-Ya tenemos el uranio, Grimmjow –advirtió Nell recogiendo la Colt y guardándola en su cinturón.
-¿Y?
-No tienes que matarlo. Lo soltaremos en el siguiente distrito. Enciérrenlo –ordenó.
Grimmjow apretó la mandíbula y avanzó hacia donde estaba. Nadie se movió ni un ápice.
-¿Qué crees que estás haciendo? –gruñó.
-No vas a matar a ese hombre.
-Es mi barco, yo decido quién vive y quién muere.
-Las cosas no funcionan así.
Grimmjow estaba furioso, no sólo estaba quedando como un inepto frente a todos, sino que estaba siendo sumiso con ella. Si hubiera sido cualquier otra persona ya se encontraría recogiendo sus tripas de la popa. Desvió la mirada y suspiró, derrotado.
Nell le pasó una mano por la mejilla, acariciándolo. Pegó sus frentes y lo vio directamente a los ojos, azul contra oliva.
-Es lo correcto –susurró.
Grimmjow cerró la poca distancia y apresó sus labios con los suyos. Nell le devolvió el beso y después se separó.
-Enciérrenlo –exclamó Grimmjow.
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Kaien fue llevado a la prisión del Noir Kaizoku. Una antorcha iluminaba pobremente el lugar, vacío pero al menos limpio. Se sentó contra la reja de al lado y cruzó las piernas, maldiciendo su mala suerte. Si aquella mujer no hubiera interferido por él probablemente ya sería carne para los tiburones. Se preguntó por qué lo había salvado. Claramente estaba con el enemigo, pero su racionalidad comparada con la del capitán era remarcable.
El barco avanzó por el aire rumbo al distrito 17, que era el más próximo. Nelliel había guardado el frasco de uranio en la caja fuerte de Grimmjow, al menos estaría seguro hasta que pudieran entregarlo en la capital como habían acordado con Urahara. Se quitó las prendas mojadas y las extendió en el barandal frente a la chimenea para que se secaran. Esperaba que pronto dejara de llover.
La puerta se abrió y entró Grimmjow. Se quitó la chaqueta y las botas y se dejó caer en la cama. Nell estaba trenzando su cabello sentada al lado de él.
-Quítate la ropa mojada –ordenó.
Grimmjow giró en la cama y la agarró por la cintura, enterrando la cabeza en su espalda baja.
-Deja de darme órdenes por un segundo.
Nell no pudo evitar sonreír. Era cierto que últimamente se había vuelto muy mandona, pero no podía evitarlo. Estaba en su carácter, tal vez por eso solía chocar mucho con la actitud de Grimmjow. Si no estuvieran juntos seguramente ya se habrían matado el uno al otro. Acarició su frente y enredó los dedos en su cabello. Poco a poco Grimmjow fue relajando su expresión. Era raro que lo hiciera, considerando que estaba a la defensiva todo el tiempo.
-¿Guardaste el uranio?
Nell asintió.
Grimmjow rodó nuevamente en la cama y finalmente se despojó de sus ropas. Envolvió a Nell entre sus brazos y cuando la tuvo debajo de él se detuvo a contemplarla. Le deshizo la trenza que se había tejido en el cabello, le gustaba más que lo llevara suelto. Su pecho subía y bajaba lentamente. Grimmjow apresó uno entre su mano y la peliverde gimió en respuesta. Bajó hasta sus labios y los devoró con avidez mientras masajeaba su pecho. Besó su cuello siguiendo un camino invisible hasta su clavícula. Nell se abrazó a su espalda y giró la cabeza hacia un lado para darle mejor acceso.
Grimmjow sentía la excitación en ascenso. La piel de Nell se erizaba por el contacto y el frío de la noche. Saboreó cada centímetro y acarició sus piernas cuando se posicionó entre ellas. Nell le dirigió una mirada excitada, podía ver el deseo creciendo en su interior, anhelando su toque. Grimmjow bajó hasta su ombligo, después enterró la cabeza entre sus muslos y besó la parte interna con suma delicadeza. Nell arqueó la espalda cuando lo sintió peligrosamente cerca de su centro. Estaba tomándose su tiempo para hacerla desesperarse.
Finalmente pegó su boca y le dio el placer que buscaba. Pasó sus piernas por encima de sus hombros y saboreó cada pliegue hasta hacerla gemir. Nell enredó las manos en su cabello para mantenerlo presionado y que no se le ocurriera interrumpir lo que estaba haciendo. Grimmjow gruñó y trató de separarse cuando la peliverde cerró las piernas y le aplastó la cabeza por la ola de placer que la inundó. Nell podía ser muy salvaje cuando quería, y eso no hacía más que endurecerlo más y más hasta que sintió que ya no podría contenerse más tiempo.
De pronto, Nell lo tomó de los hombros y lo hizo quedar debajo de ella. Grimmjow sonrió de lado ante el cambio de roles. Le fascinaba que ella tomara la iniciativa, lo excitaba de un modo inimaginable. Nell acarició su abdomen y su pecho con las manos. Grimmjow la tomó por la cintura y la atrajo nuevamente hacia sus labios, consciente de lo que vendría a continuación. Nell tomó firmemente su miembro y lo acarició un par de veces antes de guiarlo a su entrada. Se apoyó en los hombros de Grimmjow y gimió cuando lo sintió entrar.
Grimmjow cerró los ojos tratando de controlarse y no tomarla salvajemente como otras veces, pero ya fuera por lo estrecha que estaba o por haberse contenido tantos días por la misión, se aferró a sus caderas y empezó a embestir sin darle tiempo a acomodarse. Nell subía y bajaba a su ritmo, contuvo la respiración y se estremeció. Grimmjow estaba siendo más rudo que de costumbre, salía casi por completo para volver a entrar con renovada fuerza, lo escuchó respirar pesadamente contra su oído y sonrió. Nunca podría tener suficiente de él. Se pertenecían el uno al otro y mataría a cualquiera que osara interponerse en su relación.
Grimmjow se sentó en la cama y la abrazó con ternura, reduciendo la velocidad para poder disfrutar mejor del momento y de cada centímetro de su piel. Con una mano apartó su cabello hacia un lado y besó su cuello, el lóbulo de su oreja, la piel de su clavícula. Con sus manos recorrió su cintura y sus pechos, saltando cada que entraba y salía de ella. Bajó lentamente hacia su clítoris y lo frotó en círculos con el pulgar hasta que la hizo gritar de placer y echar la cabeza hacia atrás.
-G-Grimmjow…
Nell apretó las piernas alrededor de su cintura para profundizar el contacto. No tenía un descanso de sus embestidas, ni bien había alcanzado su punto culminante cuando ya estaba saliendo y entrando para golpearlo nuevamente. Cerró los ojos y se entregó a los sentidos. Sus cuerpos empapados y sudorosos, las sábanas pegándose a la piel, la respiración en su oído, el sonido de sus caderas al chocar, la humedad y la dureza de su miembro en su interior, llenando cada centímetro como si no pudiera tener suficiente.
Grimmjow apresó un pezón con los dientes y mordió suavemente. Devoró sus labios como si fuera un hombre hambriento y sólo la falta de aliento los hizo separarse. Se aferró a su cintura y la cogió duramente. Sentía próximo el clímax, las paredes se contrajeron dolorosamente a su alrededor y supo que ella también estaba cerca del orgasmo. Deseoso de la liberación, pero al mismo tiempo queriendo que el momento durara más, redujo la velocidad hasta una embestida cada ciertos segundos. Duro y profundo.
Nell arqueó la espalda y arañó su espalda, deseando que eso fuera lazo suficiente para mantener los pies en la tierra. Grimmjow estaba siendo despiadado, la embestía con fuerza cada vez que la sentía más y más estrecha. Nell movió las caderas en su encuentro en un intento de estimularse ella sola. Grimmjow mordió su labio inferior sin dejarla pronunciar palabra alguna. La peliverde gritó cuando el éxtasis la embargó por completo y sus paredes se cerraron violentamente a su alrededor. Un par de estocadas más y sintió cómo se vino dentro de ella.
Cuando por fin abandonó su interior se acostaron lado al lado tratando de acompasar sus respiraciones. Grimmjow la atrajo contra su pecho y le dio un beso en la frente antes de taparse con las sábanas empapadas de sudor y agua de lluvia.
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Al amanecer Grimmjow despertó y vio que Nell seguía dormida. Se vistió y salió sin hacer ruido. Se acercó a Ichigo y tomó el catalejo.
-Pronto llegaremos al distrito 17 –anunció el teniente.
Grimmjow comprobó que más adelante se veían algunas montañas. Tal vez hicieran una hora de camino al paso que iban. Se recargó en la borda a contemplar el horizonte. El barco había descendido hasta el nivel del mar. Las aguas estaban calmadas y su reflejo lo tuvo atento todo el rato hasta que Ichigo interrumpió sus pensamientos.
-¿Qué haremos con Shiba?
-No lo sé. Nelliel quiere que lo soltemos –respondió Grimmjow.
-¿Qué quieres tú?
-Sería mejor llevarlo a la capital y entregárselo a Urahara. Que Yoruichi decida qué hacer con él.
Ichigo lo miró confundido.
-Piénsalo un poco, Kurosaki. El bastardo robó un frasco de uranio. No digo que nosotros seamos miel sobre hojuelas, pero hay límites. ¿Tienes idea de lo peligroso que eso sería en las manos equivocadas? Tenemos suerte de que no haya construido un arma diez veces más peligrosa que cualquier otra.
-Urahara también construye armas –contrarrestó.
-Sí, pero son armas al servicio de la princesa.
-Tienes razón –concordó Ichigo con una mano en su barbilla-. Según lo que escuché Urahara quiere fabricar un neutralizador de hielo, el uranio es el combustible para el reactor nuclear.
Grimmjow asintió en silencio. Shiba merecía un castigo, no era viable que simplemente lo soltaran y le permitieran vagar libre por el mundo sin asumir las consecuencias de sus actos. Si él quedaba impune sería cuestión de tiempo para que el resto de las personas empezaran a actuar del mismo modo y exigieran un trato similar.
Por otro lado Nelliel se opondría firmemente a su decisión. Ella compartía las mismas ideas pacifistas que Shiba. Si entregarlo a la princesa implicaba que pasaría el resto de su vida en prisión en el mejor de los casos, ella votaría por liberarlo.
-Vamos al distrito 17, nos abastecemos de alimento y agua y ahí decidimos qué hacer.
Ichigo asintió y se dirigió al timón. Navegaron sin prisa por la extensión de agua que los separaba de tierra firme. Cuando llegaron al distrito el Noir Kaizoku se detuvo a unos metros del puerto. Nell salió de la cabina y Grimmjow se acercó para hablar con ella.
-No tenemos que llevarlo con Yoruichi –exclamó Nell al escuchar las razones de Grimmjow-. No ha hecho nada malo.
-Robó un frasco de uranio.
-Y lo recuperamos. Nadie salió herido. ¿Qué mal puede hacer? Sólo es un pacifista.
-Ahora es sólo eso, ¿qué pasará cuando su pacifismo se convierta en revuelta y esa revuelta en anarquismo y ese anarquismo en un golpe de estado?
-Eso no pasará.
-Lo siento, pero no puedes asegurarlo.
Nell suspiró derrotada y regresó a la cabina. La tripulación tomó los botes y remó hasta el puerto para reabastecerse de alimentos y rellenar los barriles de agua. Desde el último viaje estuvieron racionando la comida porque no llegaron a tierra firme en dos semanas. Grimmjow, Ichigo y Nelliel permanecieron en el barco hasta el mediodía cuando la tripulación terminó de cargar todo en el polvorín.
Grimmjow gritó las órdenes y el Noir Kaizoku reanudó su viaje rumbo a la capital. Era un viaje de muchas horas, pero no llevaban ninguna prisa. Nell no salió de la cabina en todo el camino. No estaba de humor para hablar con Grimmjow ni con nadie. Luego de unas horas bajó hasta la prisión para hablar con el prisionero, aun cuando eso no estaba permitido.
Cuando Kaien escuchó pasos se puso de pie y esperó. Vio a Nell en las escaleras y la observó caminar hasta posicionarse frente a él. Le sostuvo la mirada unos segundos esperando que dijera algo.
-¿Tienes hambre?
Kaien negó con la cabeza. Nell le pasó una jarra de metal con agua por la reja.
-Al menos bebe algo, será un largo camino.
-Creí que llegaríamos al distrito 17.
-Lo pasamos hace unas horas. Llegamos por comida y agua pero ahora nos dirigimos a la capital.
-¿Por qué? ¿Qué harán conmigo?
-Te llevaremos con la princesa Yoruichi.
Kaien soltó una breve risa.
-Ya veo. Después de todo esa es mi condena.
Nell se sentó en el piso y esperó a que Kaien hiciera lo mismo.
-No quería que esto terminara así. Si por mí fuera te habría liberado en el distrito 17.
-Pero no hay nada que puedas hacer, ¿no?
Nell asintió.
-Todos ustedes son iguales.
-¿Hablas de los mercenarios?
-Hablo de cualquiera que apoye la guerra.
-¿Qué guerra? –preguntó Nell confundida.
-Kisuke Urahara se dedica a crear armas. Esas armas sólo traen dolor y muerte.
-Son para proteger a la princesa en caso de que haya rebeliones –replicó Nell.
-¿Rebeliones? ¿Te has preguntado acaso por qué surgen estas rebeliones?
Nell negó con la cabeza.
-Es por un mal gobierno. Y no hablo de la princesa, sino de todo lo que conlleva su reinado. Estoy al tanto de que hay un concejo detrás de ella. Yoruichi Shihouin sólo es una marioneta. La verdadera mafia está oculta en las sombras mientras el hambre y la decadencia acaba con más de la mitad de la población.
-¿Y por eso robaste el uranio? ¿Para ponerle fin a estas "rebeliones"? No ha habido una en años, lo que hiciste estuvo mal.
-No lo hice por mí. En esta época industrial el hombre es visto cada vez más como un instrumento y menos como una vida valiosa. El Crisantemo era una organización pacifista que a veces llega a ser muy radical con el fin de conseguir sus objetivos. El robo del uranio fue uno de ellos, pero contrario a lo que piensas, a lo que todos piensan, no buscamos una especie de venganza. Creemos firmemente que mientras menos armas haya en el mundo será mejor para todos. Entonces empezaremos a arrancar el problema de raíz.
-¿Qué diferencia hace un frasco de uranio?
-No es el frasco de uranio, es el mensaje que mandamos.
Nell se quedó pensativa. Nunca lo había visto de ese modo pero lo que Kaien decía era cierto. Urahara hacía armas a diestra y siniestra y esas armas eran utilizadas contra el mismo pueblo. En vez de tratar de averiguar la inconformidad de la gente y las causas de las revueltas escogían responder con violencia.
Escucharon pasos en la cubierta que se dirigían a la prisión y Nell se puso de pie rápidamente. Al pasar frente a la celda Kaien la detuvo del brazo.
-Me equivoqué contigo. Eres diferente. Haz que esa diferencia lo valga.
Nell se soltó y se apresuró a salir antes de ser descubierta.
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Grimmjow entró a la cabina casi al anochecer. Estaba cansado del viaje y lo único que quería hacer era dormir aunque fuera unas horas antes de llegar. Nell trató de hablar con él respecto a Kaien, pero nuevamente fue interrumpida porque el peliazul no estaba abierto a negociaciones.
-Lo llevaremos con Yoruichi y ella se encargará de él.
-Pero ¿qué pasa si decide matarlo?
-Es Yoruichi, no creo que decida tal cosa.
-Kaien es…
-Nelliel, ya basta. Dije que lo llevaremos a la capital. Fin de la discusión.
Se giró en la cama de espaldas a ella y Nell salió frustrada de la habitación.
Subió hasta la cofa y se sentó a contemplar el mar a su alrededor, o lo poco que era visible debido a la oscuridad de la noche. Después de su breve plática con Kaien tenía mucho en qué pensar. Se asombró de ser tan ingenua respecto a esos temas y decidió que el pelinegro merecía una segunda oportunidad. No sabía lo que haría Yoruichi cuando lo tuviera en sus manos, pero no iba a arriesgarse. Las intenciones de Kaien eran buenas, y eso era motivo suficiente para que Nell hiciera algo al respecto. No estaba dispuesta a condenar a un alma inocente por un estúpido frasco de uranio.
Vio que Ichigo estaba hablando con Yylfordt en la toldilla y que Hisagi conversaba con Edrad junto al timón. Grimmjow seguramente estaría dormido en ese momento. Era el momento perfecto para actuar.
Bajó de la cofa y se encaminó a la prisión. Las llaves estaban en la entrada y para su suerte no había nadie haciendo guardia. Claro que en el barco todos confiaban en los demás, por lo cual no era necesario que hubiera ese tipo de vigilancia.
-¿Kaien?
El aludido despertó y se puso de pie. Nell no supo muy bien qué decir.
-Estuve pensando en lo que me dijiste. No puedo regresarte el uranio, pero puedo ayudarte a escapar.
-¿Qué? ¿Cómo? Te meterás en problemas si se enteran –susurró.
-No habrá problema conmigo, Grimmjow jamás me haría daño, pero no sabemos qué es lo que te harán en la capital. Tienes razón, tal vez Yoruichi te perdone la vida pero lo que hiciste fue enfrentar a las personas que se mueven detrás de ella. Tu destino es incierto.
Kaien asintió en silencio.
-Estamos cerca de la isla del distrito 20. Tendrás que nadar hasta allá, no puedo dejarte más cerca.
-No hay problema –respondió Kaien.
Nell abrió la reja con las manos temblorosas y Kaien le sonrió para infundirle valor. Salieron en silencio hasta la cubierta.
Había empezado a llover. Avanzaron lentamente hasta la borda, cuidando en cada esquina que no hubiera nadie al acecho. Nell le ofreció una daga y Kaien la guardó en su pernera.
-No es mucho, pero de algo te servirá.
-No me gustan las armas, pero admito que tienes razón esta vez.
Nell desató una de las sogas de la mesana y se la dio a Kaien para que descendiera del barco sin problemas mientras ella cuidaba que no viniera nadie.
El viento sopló fuertemente y la lluvia arreció. Nell casi no podía ver a su alrededor.
-¿Quién anda ahí? –exclamó una voz.
Nell se alejó de la borda unos pasos y se encontró con Hisagi, que suspiró de alivio.
-Ah, Nell, eres tú.
La peliverde sonrió nerviosamente.
-¿Qué haces aquí? Deberías entrar para no resfriarte, la tormenta tardará un rato en irse.
-Estoy bien, sólo quería refrescarme un poco.
Hisagi dudó al verla. Estaba muy tensa. Vio que algo se movía detrás de ella y distinguió la soga de la mesana desatada.
-Maldición –se acercó a amarrarla nuevamente y al asomarse por la borda vio que Kaien iba en descenso firmemente sujeto-. ¡El prisionero se escapa! –gritó a viva voz.
Nell no supo que hacer y trató de callarlo pero fue en vano. Algunos miembros de la tripulación se acercaron y trataron de jalar la soga. Nell forcejeó con Szayel para que la soltara y de pronto un trueno retumbó en el cielo. El mástil se balanceó por la fuerza dela tormenta y los obenques se desataron al mismo tiempo, causando que uno de ellos se enredara en el brazo de Nell y cayera por la borda.
Kaien se soltó de la soga y Nell alcanzó a agarrarlo, pero su peso era demasiado para ella y el hombro se le dislocó, causando que gritara de dolor.
El estruendo que estaban haciendo hizo que Grimmjow saliera de la cabina a toda prisa para ver lo que estaba sucediendo. Cuando le informaron lo que había pasado le ordenó a Ichigo que se mantuviera firmemente junto al timón para tratar de mantener el rumbo y no desviarse hacia algún arrecife.
Grimmjow se asomó por la borda y vio que Nell estaba atorada con la soga milagrosamente, pero no podía zafarse y por lo tanto no podía subir para ponerse a salvo. Además de que estaba sujetando a Kaien con el hombro torcido en un ángulo anormal.
-¡Súbanla! –ordenó.
Los hombres jalaron con todas sus fuerzas pero la soga se había atorado y no cedía.
-¡Más fuerte! –gritó Grimmjow desesperado.
Él mismo ayudó a jalar la soga pero fue en vano. Si el cuerpo de Kaien no dejaba de hacer presión hacia abajo Nell corría el riesgo de caerse junto con él y matarse contra las rocas.
Grimmjow no sabía qué hacer. Observó a Nelliel y una impotencia lo embargó de pronto. Estaba seguro que ella había liberado a Kaien en un intento por salvarle la vida, pero ese intento le había salido mal y ahora ella corría peligro.
-¡Nelliel, suéltalo! –gritó.
La cabeza de Nell daba vueltas y vueltas, el dolor y la desesperación la habían cegado y no atinaba a razonar.
-¡Ayúdame a subirlo! –suplicó.
-¡Suéltalo ya! –repitió Grimmjow.
Nell negó con la cabeza y volteó hacia arriba. Grimmjow sacó el revólver sin pensarlo y le apuntó a Kaien. No iba a permitir que Nell cayera por su culpa.
-¡Grimmjow, no! –gritó Nell.
Su voz fue ahogada por otro trueno. El disparo entró limpiamente en el pecho de Kaien y se soltó de Nell convirtiéndose en peso muerto que cayó en cámara lenta hasta el mar. Grimmjow se sujetó a la soga del mástil y descendió lentamente hasta abrazarla por la cintura y ayudarla a desatarse de la soga. Lo último que vio fue el cuerpo de Kaien perdiéndose entre el mar y las rocas.
Cuando pusieron ambos pies en la cubierta, Grimmjow la abrazó fuertemente contra su pecho y la sintió temblar de pies a cabeza. No sabía si era por el frío, por haberse librado de la muerte hacía apenas unos segundos o por ambos. La cargó y la llevó hasta la cabina. Nell estaba en shock y no pudo pronunciar ninguna palabra. Le quitó la ropa mojada y la secó antes de envolverla en una cobija.
-¿Estás bien?
Nell no respondió.
-Dios, tuve tanto miedo –susurró Grimmjow.
Besó su cabeza y acarició su espalda para hacerla entrar en calor.
Nell no pudo pronunciar palabra alguna. Todo lo sucedido superaba su entendimiento. Grimmjow no había dudado en dispararle a Kaien y esa sangre estaba en sus manos, pero la muerte permanecería con ella hasta el fin de sus días. Debió haber previsto algo como aquello. Estaba segura que de alguna u otra forma lograría ayudarlo a escapar. No sólo porque creía en su inocencia, sino porque había empezado a compartir sus ideales.
De pronto se sintió terriblemente mal. No con ella, sino con Grimmjow. Él nunca entendería lo que el Crisantemo estaba tratando de lograr. Había matado a un hombre a sangre fría y seguramente no se arrepentía de haberlo hecho. Nell trató de buscar una justificación pero no encontró ninguna. Todo había pasado muy rápido y no se sentía lista para encarar a Grimmjow.
Siempre supo que su actitud era problemática, pero hasta ese momento se dio cuenta de cuán diferentes eran sus visiones. Ella siempre había tratado de buscar la mejor solución mientras el peliazul se dejaba guiar por la violencia. Lo mejor sería alejarse de él un par de días para dejar enfriar el asunto y que pudieran sentarse a hablar de lo ocurrido.
Pero un par de días se convirtieron en un año.
Continuará…
Espero que la caída de Nell no haya sido muy confusa. En resumen: Nell se enredó en la cuerda, Kaien estuvo a punto de caer de no haber sido por Nell, la cual se dislocó el hombro en el proceso, Grimmjow le disparó a Kaien para salvarla pero ella creyó que fue por tratar de escapar. Básicamente su pelea fue por no saber el motivo del disparo.
Gracias por leer, no olviden dejar su bello review UwU
