Hola a todos!
Este capítulo es más una introducción (sí, otra) y también para seguir confundiendo gente, porque ya sabemos como está actualmente la situación de Yuri, la pregunta es ¿Cómo llego a eso?
Ya he leido algunos reviews que me han dicho sobre quienes creen que sean los padres de Valentín y me agradan sus teorías, nada más que no voy a revelarles nada, sólo dejaré pistas confusas porque me gusta ver arder el mundo(?) espero lo disfruten.
Valentín se encontraba metido a su cama con su pijama puesta. Yuri se encontraba sentado a la orilla de la cama usando unos peluches del pequeño como apoyo.
–¿Realmente quieres esto?
–Sí
–Ya te he dicho que no es una historia agradable
–Aja–Yuri estaba seguro de que el pequeño no sabía realmente en lo que se estaba metiendo al pedirle que le contara aquella historia, ni siquiera sabía por qué iba a contarle todo su drama, bien podría inventarle una de esas historias clásicas de "nos conocimos, nos enamoramos, las cosas no salieron bien y nos fuimos por caminos separados" pero no, ahí iba de pendejo a contarle sus desgracias a un niño de once años.
Valentín le había dicho que él quería que se lo contara para saber por qué no era feliz y para que ambos se sanaran pero ¿Cómo le iba a ayudar a sanar rememorar aquella época? Sólo le quedaba ser sincero y averiguarlo junto con su pequeño ahijado.
–¿Listo?
–¡Sí!
–De acuerdo...
Érase una vez, en una tierra fría, ruidosa y algo deprimente llamada Rusia, vivía un joven ambicioso llamado Yuri Plisetsky. Aquel joven vivía con su abuelo y su gato Misha. Su vida era muy agradable. No tenía amigos pero sí tenía buenas notas, un abuelo amoroso, un gato de compañía y podía aguantar el frio, con eso se daba bien servido… pero, como ya sabemos, aquel joven era un idiota y ambicioso, así que en vez de ver las cosas buenas que tenía se fijó en lo único malo: su posición económica.
Tenía apenas quince años cuando un buen día se despertó de su cama casi gritando…
–Voy a obtener un gran trabajo en la industria de la moda y le compraré una mansión a mi abuelo y a mi gato–y con ese sueño iluso decidió buscar intercambios y a trabajar a medio tiempo para lograrlo.
oooo
–Pero sí trabajas en la industria de la moda–interrumpió el pelinegro.
–Bueno… sí, supongo que no puedo decir que aquello salió mal–volteó la cara– pero la cosa no es que haya cumplido ese sueño, sino en donde lo traté de cumplir–el niño se reacomodó en la cama y miró expectante– en fin…
oooo
Sin tiempo que perder, el ambicioso vándalo ruso, una vez graduado de la preparatoria (sí, ya nos saltamos hasta esa parte) se puso a tramitar para todas las mejores escuelas de moda de TODO el país, sin excepción alguna… pero claro, no cualquier escuela aceptaría a un chico de economía baja que, aun con calificaciones perfectas, tenía un historial de conducta que dejaba mucho que desear.
–Yuratchka ven a cenar, estar pegado al teléfono no hará que suene más rápido–le dijo su abuelo desde la cocina. El rubio miró al anciano no tan anciano; adoraba a ese hombre, era lo único que realmente le importaba en esa vida, pero en esos momentos podía ser capaz de gritarle si seguía insistiendo en alejarlo del teléfono mientras la llamada que cambiaría su futuro podía cambiar el rumbo de su vida. –Hice bortch
–Abuelo, juro que cenaré tu delicioso bortch en cuanto pase la hora de salida de los académicos que estén encargados de llamar a los aceptados
–Pero eso ya será hasta las 9:00 pm. No querrás volver a tener pesadillas con que naces de…
–Por favor no toquemos ese tema–y como si lo hubiese invocado, el teléfono sonó en ese momento y el rubio contestó inmediatamente– ¿Diga?... Sí soy yo…
Y así Valentín, es como firmé mi sentencia para el eterno desastre… pero ese no es el punto de la historia. Me aceptaron en una universidad a la que llamaremos "academia de artes abstractas y bizarras" en San Petersburgo. Inmediatamente empaqué mis cosas, mis ahorros, mi gato y me despedí de mi abuelo con la promesa de que llegaría a ser alguien exitoso en la vida y le compraría su mansión… lo cual sabemos que nunca sucedió pero sí logré pagarle una señora del quehacer.
oooo
–¿Es por eso que odias tanto San Petersburgo? ¿Por la escuela?
– No Valentín, la escuela no era el problema, sino yo mismo – el pequeño le miró como quien no entiende ni madres. –no es que odie este lugar, sino que me recuerda todas las cosas que hice y el cómo me sentí en ese entonces
–Aquí conociste a mis padres
–Si, así es. Fue aquí donde por primera vez me enamoré...
Llegué a San Petersburgo el 2 de agosto, una semana antes de que iniciaran las clases, dispuesto a cumplir esa meta en aquella ciudad donde no conocía a nadie.
Recuerdo el primer día que visité la academia, fue ese mismo día donde se desató toda la locura y la serie de estupideces que cometí iniciaría…
–Y decías que no iba a llegar tan lejos viejo maestro de matemáticas–dijo para sus adentros el rubio mientras ingresaba a la zona administrativa para meter sus papeles. Ahí mismo le explicaron que mañana darían un día especial para recorrer por completo la escuela y dar a conocer los programas y otras informaciones necesarias respecto a lo académico. Yuri agradeció la información y salió de ahí.
Llego al patio, el cual era enorme. El frio aún no iniciaba así que el pasto se encontraba verde y bonito, así que decidió darse un pequeño paseo por su cuenta por el paraje hasta llegar a una pequeña colina que había cerca de los límites y admirar los edificios donde comenzaría su camino al éxito. Sonrió levemente ante aquello y dio un giro para mirar también el otro lado, donde había algunos salones y pequeños edificios de los que desconocía sus usos. Podría tranquilamente tirarse ahí y dormirse un rato pero sus ojos detectaron otra presencia.
Bajo la colina, en el pasto, en medio de las pequeñas flores amarillas, se encontraba un sujeto vestido con un traje negro bastante extravagante; tenía piedras incrustadas de un lado y en su cinturón, la tela negra parecía de látex pero del lado izquierdo la tela se veía gris un tanto transparente, con un pequeño faldón de sólo el lado izquierdo y una línea gris en la pierna derecha que llegaba al muslo.
Yo había llegado con un propósito, todo lo demás me parecía algo sin importancia. Jamás tuve amigos, las chicas que me buscaban me parecían molestas y todo lo relacionado con el mundo me aborrecía; en aquel entonces sólo me importaban mi abuelo y el gato… pero cuando vi a aquel sujeto desconocido entre las flores, algo cambió por completo en mí.
El hombre se encontraba en una posición bastante seductora, apoyándose con una pierna sacando la cadera y los brazos sueltos. De pronto los levantó en un movimiento de abrir los antebrazos y bajarlos, luego un juego con los brazos como si tuviera una esfera invisible que tenía que pasar pos su cabeza, para luego estirarlos de frente, dar un paso hacia atrás apoyándose ahora con la otra pierna, alzar los brazos sobre su cabeza y jalarlos hacia abajo. Hizo una sonrisa, como si mirara alguien y tras aquello su cuerpo entero comenzó a moverse en una danza tan sensual, tan hermosa pero a la vez tan inocente, como quien trata de seducir a alguien por primera vez. Sus ojos verdes quedaron completamente maravillados ante esa visión.
Parecía que estuviera deslizándose en el aire, su cuerpo se movía con tanta gracia y su rostro calmado expresaba todo con sus ojos cuando estos se abrían. No había música sonando y eso era lo más increíble, porque con cada movimiento de manos, cada pequeño salto, cada giro, era como si produjese una nota musical que acompañaba a la otra en ritmo y harmonía. Todo su cuerpo producía música y eso fue lo que me dejó encantado al momento.
Yuri admiró al bailarín por un buen rato en aquel jardín, usando ese traje negro ajustado, moviéndose al compás de su propia melodía. Por ahí de las 7:00 el bailarín se detuvo, recogió sus cosas y se marchó. El rubio por impulso lo siguió con sigilo hasta la entrada de lo que parecía un gimnasio bastante pequeño, seguro mañana se lo mostrarían en el recorrido.
Cuando llegó hasta la puerta la abrió un poco para asomarse y vio un lugar de piso de madera y muchos espejos. "Un salón de baile" pensó, tenía mucha lógica si aquel sujeto era de la carrera de baile. El bailarín dejó sus cosas en el suelo y se desabrochó el seguro del cuello; a Yuri se le paró el corazón al darse cuenta de lo que iba a pasar. Aquel pelinegro, gracias a su flexibilidad, logró bajarse el cierre de la espalda, mostrándole al ojiverde una espalda blanca y bien ejercitada pero sin llegar a ser musculosa. Siguió con las mangas y antes que se quitara por completo toda la parte de arriba salió corriendo despavorido.
Cuando llegó a su casa se encerró en el baño y se dio una ducha de agua fría. No era que se hubiese excitado sexualmente, fue más la emoción de admirar ese hermoso cuerpo, como cuando te emocionas al ver un paisaje espectacular y tu corazón no deja de latir y te llenas de un calor inexplicable.
Yuri Plisetsky, dieciocho años de edad, ingresado a la academia de artes abstractas y bizarras, por primera sintió curiosidad por otro ser humano, por un bailarín solitario de cabellos negros.
oooo
–¡Mi papá tenía el cabello negro! ¡Eso quiere decir que…!
–Sí, no cantes victoria Valentín
–Suena muy hermoso ese encuentro, como en las películas donde el príncipe conoce a la princesa
–Sí, en un inicio las cosas parecían así… pero al siguiente día las cosas cobraron otro sentido…
oooo
Llegué muy puntual al tour de la escuela. Había muchos alumnos, la gran mayoría con cabello teñido, pircings y demás. Sin embargo mi emoción por la academia se había esfumado, estaba feliz sí, pero sólo podía pensar en el bailarín del otro día y cómo le haría para ir con los alumnos de baile y encontrarlo, porque por sus movimientos era obvio que sería de uno o dos grados superior. Sin embargo, dados los malditos genes que a veces se carga la gente, jamás me esperé lo siguiente que pasó…
–Buenos días a todos, bienvenidos a su primer año en la academia. Yo soy el maestro encargado de los alumnos de ballet pero también seré el tutor de su generación, mucho gusto– el bailarín misterioso resultó ser un maestro de la academia y además, ahora portaba unos lentes sosos, su cabello negro estaba peinado de manera anticuada y esos movimientos con las manos entrelazadas como si estuviera frente a un comité de evaluación de tesis mataban por completo la imagen mágica y hermosa que le había otorgado ayer a Yuri en la noche. Se sintió timado.
El maestro dejó de mover sus manos y revisó un block de notas que traía en su brazo acomodando sus lentes en el puente de su nariz, con sólo ese movimiento alborotó todo el interior del rubio y no fue el único ¿Qué era? ¿Su aura? ¿Sus ojos grandes brillantes? ¿Feromonas quizás?–pueden llamarme Katsudon-sensei
oooo
–Espera… ¿Katsudon es su nombre?
–Te dije que iba a inventar todos los nombres de los personajes de la historia
–Katsudon no es un nombre, es un platillo japonés de cerdo y arroz con huevo
–Sigue siendo un nombre, sólo que de un alimento– el niño, aun no convencido del todo, suspiró.
–De acuerdo… entonces ¿Te enamoraste de un maestro? ¿Qué no aquello sólo les pasa a los niños de primaria con sus maestras?
–Valentín, puedo dejar de contarte la historia en cualquier momento
–… prosigue tío Yuri
oooo
El recorrido por el campus fue bastante aburrido, mas nunca dejé de admirar al maestro que nos guiaba buscando algún indicio de la bomba seductora de ayer. En muchas ocasiones hacía énfasis en las clases extra-curriculares, que era algo así como un taller básico distinto a lo que elegíamos para la carrera. Yo ya estaba inscrito en la carrera de diseño y confección, pero en el momento en que Katsudon dijo "pueden incluso tomar una clase conmigo de ballet sin que afecte sus actividades normales" me tentó de inmediato, sólo y únicamente para saber si ahí podría verle nuevamente.
–Bueno, ya les he mostrado todo lo necesario. Voy a nombrar la lista para que pasen por su llave y ubicación de casillero, después pueden pasar a la cafetería por algo de comida o simplemente retirarse– el maestro regresó su vista al block de notas y comenzó a repetir los nombres, –Guang Hong Ji, Leo de la Iglesia, Minami Kenjirou, Seung-Gil Lee…– y así fue repitiendo nombres hasta llegar al del rubio ruso, –Yuratchka Plisetsky– al rubio le dio un vuelco en el corazón al escuchar su nombre salir de la boca de ese hombre. Caminó (como si de un robot se tratase) hasta quedar frente al pelinegro, el cual le sonrió.
–Aquí tienes tus llaves, Yuri– le extendió unas llaves junto con un papel donde decía el número y en qué parte estaba ubicado. El rubio acercó su mano y tomó el objeto casi rosándole los dedos al remitente, sonrojándose por el contacto. –Bienvenido a la academia– a Yuri le molestó que el sujeto no reaccionara como él y hasta se sintió patético por hacerlo ¿Qué rayos le ocurría? Bueno, no era lo mismo un adulto que un joven hormonal como él.
Asintió y se alejó lo más rápido que pudo de ahí antes de seguir poniéndose en ridículo.
oooo
–Hm…
–¿Qué sucede Valentín?
–Intento analizar a Katsudon para saber si él es mi padre o no. Normalmente el primer romance en las historias resulta ser sólo una forma de introducción a los grandes problemas, así que quizás mi padre sea el siguiente personaje
–Es curioso que lo menciones porque justo vamos a entrar a ese terreno…
oooo
La cafetería estaba llenísima y todos los estudiantes que veía me parecían demasiado excéntricos. Veía a sujetos con barba a pesar de ser jóvenes, chicas con el cabello teñido de varios colores, sujetos muy rudos y otros de apariencia delicada, he incluso los más extravagantes podía jurar que en realidad eran maestros y no alumnos. Una pesadilla para alguien que aborrece la interacción social.
Afortunadamente vi una mesa que aún se hallaba vacía y corrí hasta ella, sólo para que de la nada un sujeto se sentara en ella. Recuerdo perfectamente la primera impresión que me dio: chaqueta de cuero, suéter gris, bufanda negra en su cuello, pantalones flojos, botas de motero, cabello negro rapado por debajo, ojos pequeños, facciones muy marcadas, maduras diría yo: un rebelde
oooo
–¿Cabello negro también?
–Sí, exacto–el niño se frustró–por donde lo viras el tipo se veía feroz y estaba cohibido por aquello, y claro, lo primero que me vino a decir es…
oooo
–¿Te vas a sentar o no?
–¿He?–despertó de su impresión.
–Realmente no me importa, si no tienes lugar siéntete libre de sentarte aquí–el rubio, aún cohibido por la reacción de ese sujeto de grado superior, decidió que lo mejor era hacerlo y comer rápido. –Mi nombre es DJ Bear
–Yuri Plisetsky–dijo sin darle mucha importancia. Tomó una cucharada de su bortch y se lo metió a la boca. El sujeto también comía sin despegar sus ojos de su comida y eso le agradó a Yuri, que respetaba su hora del almuerzo, sin embargo paso el rato y se dio cuenta de que el sujeto le miraba y no de forma disimulada, estaba frente suyo mirándole directamente–¿Qué? ¿Tengo monos en la cara?
–…
–¿Ahora no hablas?–el sujeto le miró unos segundos más y luego regresó su atención a su comida. Yuri no supo explicar que fue eso pero ya era muy tarde para cambiar de lugar y se quedó ahí. Una vez que ambos terminaron sus almuerzos, el pelinegro se levantó primero y sacó de su mochila una hoja de propaganda y se la extendió al ojiverde–¿Y esto?
–Es una fiesta de bienvenida, la hacemos siempre el primer fin de semana del inicio de semestre. Te estoy invitando
–Oh… gracias–toma la hoja. En la imagen se veían muchos colores y anunciaba que sería una de esas fiestas locas donde trafican alcohol, bailaban con música al volumen más alto y la gran mayoría terminaba en algún cubículo del baño teniendo sexo sin protección; era de esos ambientes a los que iba para verse genial pero terminaba detestando al final de la noche.
–Ven–fue lo único que le dijo el tipo antes de retirarse y Yuri no supo si aquello fue una orden o una petición. Igual guardaría la hoja por si las dudas.
Y ese fue mi primer encuentro con DJ Bear. Fue muy extraño, el sujeto era serio y todo en el gritaba "chico malo" "peligro" "posible Brayan" pero no podía decir que me desagradara como muchas otras personas que me desagradaban al primer momento de conocerlos. En cualquier caso decidí no hablarle de nuevo si él no me hablaba primero y todo estaría tranquilo… o eso creí, porque si DJ Bear me pareció raro en el primer encuentro, nada se compararía con lo que vino después.
A Yuri sólo le quedaba ir a conocer el que sería su casillero el resto de su tiempo en aquella escuela y fue corriendo a verlo antes de irse.
Cuando llegó inmediatamente se le ocurrieron cuales calcomanías o cosas de animal print pondría para hacerlo suyo. Lo abrió para asegurarse de que era la llave y sonrió ligeramente, a su mente volvió la imagen de aquel profesor que le sonrió al entregarle la llave y rosó su mano. Al darse cuenda de esos pensamientos se sonrojó violentamente y agitó la cabeza tratando de ignorar eso pero era imposible. Algo, no sabía que, pero algo le había ocurrido en el primer momento que vio a ese hombre y eso sólo podía ser algo malo ¿Verdad?
Sus pensamientos se interrumpieron bruscamente cuando el casillero de al lado se abrió de golpe dejando la puerta abierta hasta su máximo e impidiendo cualquier movimiento por parte suya.
El rubio volteó molesto a ver al sujeto de al lado. Era alguien muy alto y fornido, con el peinado parecido al de DJ Bear pero peinado para abajo y con un tatuaje de una hoja de maple en su brazo.
–¡Hey!–le llamó y el sujeto le volteó a ver confundido, –quita tu mugre puerta de mi casillero–le exigió y el sujeto, luego de mirarle por unos segundos dudoso le sonrió con algo de superioridad.
–Hay maneras más amables de pedir las cosas, novato
–¡¿AH?!–gritó entre enojo y sorpresa. Apartó la puerta del casillero del otro de un manotazo. –Como si fuera a hacerlo imbécil
–Vaya, que feroz. Deberías respetar más a tus sempais–siguió diciendo burlonamente–especialmente en esta escuela, nunca sabes si la persona a la que insultaste terminará siendo un famoso músico o un directivo profesional de la música
–En esas deberías ser tú quien tuviera cuidado a quien trata de manera inferior–Yuri al fin puede cerrar su puerta, –y no hables como si los de música fueran los importantes sí son los más sobrevalorados e idiotas de todo–dijo insultando los lentes en el cabello de aquel pelinegro.
–Vamos, vamos, no seas tan brusco ¿Te desagradan los músicos?
–No me gusta la música en general–el sujeto le miró sorprendido ante esa respuesta y luego lo observó de arriba abajo.
–… ¿Cuál es tú nombre?
–Sujeto al que más te vale no molestar mientras tenga su casillero a tu lado–se alejó rápidamente de ahí, mientras el tipo le gritaba.
–¡Yo soy El gran rey! ¡Recuerda ese nombre!–y desgraciadamente Yuri jamás olvidaría ese nombre.
oooo
–¡Espera! –Gritó el pelinegro– ¿No te gustaba la música?
–… Era una etapa–había olvidado que decirle a ese niño que no le gustaba la música era como decirle que era un drogadicto– mira, era joven y estúpido, juro que he cambiado y ahora disfruto mucho de ella
–¿Me lo prometes?
–Sí, te lo prometo
–Bien… entonces prosigue
–Bueno, ese fue mi primero día de clases y creo que puede ser una buena introducción para la historia, después iremos con lo que sigue.
–¿Entonces Katsudon, DJ Bear y El gran rey, son los que podrían ser mi padre?–el rubio asintió–¿Por qué todos los chicos de los que te enamoraste tienen el pelo negro?–Yuri iba a contestar pero luego se quedó callado, ahora que lo pensaba bien quizás si había un patrón en los chicos con los que salió. Decidió ignorar aquello para después y cambiar de tema.
–Creo que por la misma razón por la que a tu padre le gustaban de ojos azules–el niño le miró interrogante, –y eso será el tema de mañana, por ahora descansa que mañana tienes escuela temprano–le dio un beso en la frente y se levantó de la cama para salir del cuarto.
–Tío Yuri–le llamó el pequeño antes de que saliera–buenas noches
–Buenas noches Valentín–apagó la luz y salió del cuarto yéndose al suyo.
Una vez en su habitación, se puso su camisa de pijama y se tiró exhausto a la cama. Jamás pensó que algún día iba a contarle sus tres patéticas historias de amor a un pequeño de once años y que aquello iba a ser más gratificante de lo que hubiese esperado.
Lo que no le había dicho a Valentín es que en realidad no se había encontrado a Dj Bear en la cafetería, sino fumando detrás de la escuela y que en realidad sí se había quedado mirando a Katsudon desvestirse y vestirse nuevamente.
Continuará…
Ya había dicho que pondría nombres falsos así que, aunque es muy obvio quien es quien, los seguiré llamando así durante toda la historia hasta que Valentín se de cuenta de quienes son sus padres. En el siguiente capítulo ya no habrá tantas interrupciones por parte de Valentín y veremos a los demás personajes, una vez que eso ocurra iré poniendo más y más capítulos de la vida de Yuri en San Petersburgo hasta llegar a las relaciones con los padres de Valentín.
Por cierto, no les dije pero esta historia también la pueden encontrar en Wattpad a nombre de Isabel Vargas Capuleto, para que luego no piensen que es plágio, somos la misma persona lo juro :D
Eso es todo por hoy! Hasta la proxima vez que termine alguna parte del marco teórico!
Bye bye
