¿Tenía los ojos abiertos o cerrados?

Su mano se estiró con suavidad, pero la nada misma acarició su blanquecina piel. No podía ver, no podía percibir. No llegaba a comprender nada de lo que estaba sucediendo alrededor. Tan sólo sabía que era cubierto por un manto negro que cegaba por completo hasta el último de sus sentidos y en cada segundo se iba hundiendo un poco más en la nada misma.

Intentó moverse, pero no logró perturbar el ambiente. Estaba sumido en una laguna peltre, totalmente a la deriva en algo que no lograba comprender.

"Yūri … Por favor."

Aquella suave voz logró que su mano se sacudiera en un pequeño reflejo.

¿Por qué lo llamaba? ¿Por qué se sentía tan inquieto con esa melodiosa voz?

Sus parpados se movieron (¿Los había abierto o cerrado?) y sus labios dejaron escapar un suave suspiro. Se sentía tan cansado que no le importaba seguir en aquella marea de confusión.

No me llames… Por favor, cállate…—

"Yūri… ¡Yūri!"

Un sonido agudo pitó de repente y una molestia se centro en la zona baja de su cabeza, en la curva de su nuca. Pero aunque intentó moverse, protegerse, no podía, su cuerpo caía muy lentamente en aquel mar lleno de angustia.

Fue una sacudida abrupta la que sufrió su anatomía cuando despertó de aquel letargo profundo. Se había sentado en la cama dejando que las sábanas cayeran a su costado mientras apoyaba sus manos sobre su pálido rostro.

La sensación que había abrazado sus sueños se sentían como una vieja conocida y aún estaba presente en su piel, pero por más que se buscara rastro de agua o de heridas no había nada. Al contrario la oscuridad era reemplazada por una brillante luz que revotaba en las paredes blancas.

—¿Yo… dónde estoy?—

Su voz había raspado su propia garganta pero al fin pudo formular aquella frase. Parpadeó un par de veces mientras que levaba uno de sus puños a frotar su ojo izquierdo. Una vez más había sido preso de una horrible pesadilla.

—¡Yūri! ¿Estás bien?—

La alterada voz de Phichit provocó que se volteara en su dirección. Así pudo encontrarse con la figura de su amigo. Este lo miraba lleno de preocupación sentado en una silla a su lado, apoyando sus manos sobre el colchón que él estaba descansando.

—Yo estoy bien, sólo…— musitó algo confundido, mirando cómo podía sus alrededores antes de arrugar su ceño. —¿Mis lentes dónde están?—

Ante la pregunta su compañero se movió para alcanzar los lentes de marco azul. Fue recién cuando Yūri pudo ponérselos que se sintió a gusto reconociendo lo que estaba a su alrededor. Era la enfermería del instituto. Pero por más que ahora era consciente de su presente, no lograba recordar cómo había llegado allí.

—¿Sabes lo que te pasó?— Phichit le habló con suavidad, escaneando con su mirada el cuerpo de su amigo, como si así pudiera determinar realmente su estado de salud.

Por unos breves segundos el joven azabache quedó descolocado, pero alejando de sus pensamientos la sensación de la pesadilla pudo retomar de a poco qué había pasado en su día. Había sido una jornada dura, luego de las horas de estudio se había dirigido al club de música como todos los martes a la tarde. La directora había anunciado que su profesora estaría ausente por maternidad, entonces… había ingresado su sustituto.

Su cabeza se llenó de presión en ese momento, pero pudo reconocer el nombre que le había dicho, Viktor Nikiforov , un hombre extranjero de cabello color plata y unos ojos de color irreconocible. Pero a pesar que intentaba buscar más allá de esa vaga imagen todo se tornaba confuso.

—¿Me desmayé en clases?...—

Por la mirada que le dirigía su compañero supo que estaba en lo correcto. Sin embargo, no logró decir nada, Phichit se había levantado de su sitio para acercarse a él. Había ocupado el estrecho espacio que había al lado de Yūri, subiendo su mano a deslizar los dedos por sus hebras oscuras en una caricia que no era rara entre ellos dos.

—Nos asustamos mucho, Yūri… ¿No has descansado bien en estos días? No pudimos hacer que recobraras el conocimiento y te trajimos a la enfermería.— le comentó, intentando mantener su sonrisa pero flaqueando. —Has dormido un par de horas.—

La forma tierna en la cual el tailandés lo acariciaba y hablaba lo hizo sentir culpable, porque podía ver con facilidad cómo lo había preocupado. Los labios de Yūri se curvaron en una sonrisa llena de vergüenza mientras bajaba su mirada.

—Creo que estoy estudiando demasiado… Lo siento.— estaba mintiendo, pero no deseaba preocuparlo con los extraños pensamientos que últimamente asaltaban su cabeza.

Pero Phichit era la persona más cercana que tenía Yūri. No importaba si hace poco tiempo se hubieran conocido, el joven moreno sabía que su compañero le estaba mintiendo, pero prefirió no indagar en el tema y tan sólo asentir.

—Intenta descansar más. Lo estás haciendo bien y aún falta para los exámenes, ¿Está bien?—

Las mejillas y la pequeña nariz del japonés había enrojecido, se sentía algo avergonzado al recibir aquel trato, pero agradecía sinceramente la forma en que era cuidado. Por lo que decidió subir su mano a apoyarla sobre la de él, en un intento de tranquilizarlo.

Sin embargo, no se llegó a formular palabra alguna porque una suave toz interrumpió la escena. Ambos jóvenes se voltearon de un sobresalto al notar la imponente figura del profesor Nikiforov .

El hombre ruso estaba sonriendo de forma apacible, llevando entre sus blanquecinas manos una libreta y mirándolos en forma divertido. Como si disfrutada de la incomodidad que había creado en sus alumnos.

—Lamento la interrupción. Vine a revisar la salud de Katsuki—kun.— la forma en que pronunciaba las palabras era un japonés forzado, sin embargo el suave timbre de su voz era melodioso, casi como si cantara en cada una de las palabras.

Phichit se había movido de inmediato a retomar su asiento, pero Yūri no se había percatado de ello. Sus ojos se habían quedado prendidos sobre los de él. Sabía que no era la primera vez que lo veía, se habían conocido en el aula del club de música (y de la forma más vergonzosa), pero el japonés sentía que había algo más profundo en esas iris. Sin darse cuenta se había quedado anonadado, ciñendo fuertemente sus dedos en puños.

—¿Katsuki—kun?—

La segunda vez que lo llamó hizo reaccionar. Las orejas del joven estudiante ardieron de vergüenza al mismo tiempo que sus mejillas se teñían de un intenso rubor. Asintió torpemente, pasando a juguetear con sus manos con las sábanas que cubrían hasta su cadera.

—Lamento lo sucedido…— el tono de voz que había utilizado era demasiado bajo, pero lo suficientemente claro para que el profesor pudiera comprenderlo.

—Perfect! No se vería muy bien que en mi primer día se me muriera un alumno.— las palabras del extranjero eran dichas con suma alegría, casi pareciendo un niño entonando una broma.

Aún así Yūri no lo miró, por lo que recién notó que se había acercado a él cuando el colchón se hundió a su lado. Nikiforov estaba ahora a su par, revolviendo sus cabellos oscuros en forma descuidada y cariñosa.

Aquella acción parecía ser natural en el ruso y Phichit supuso que se trataba sobre un choque de culturas. Pero ante sus ojos no pasó desapercibido que de repente era un mero espectador de la escena, el profesor parecía ignorar por completo su existencia.

Sin embargo, ninguno de los dos extranjeros notó como el estudiante de blanca piel presionaba sus manos contra las sábanas. Porque el contacto que estaba recibiendo le era en cierta forma molesto, llegaba a incomodarlo y hacer latir de forma dolorosa su corazón. El profesor Nikiforov le transmitía algo totalmente diferente a Phichit y eso no le agradaba.

—Yo…— titubeó, ladeando apenas su cabeza para que así el mayor se detuviera. –Estoy bien. Fue tan sólo falta de descanso.—

El hombre cedió a la petición silenciosa de su alumno, así que alejó su mano de él, pero en ningún momento desapareció su alegre sonrisa. Parecía no haberle incomodado el trato.

—Muy bien, entonces iré a llenar los papeles con el enfermero. Chulanont, cuida de tu compañero.—

Phichit se sorprendió porque en la clase no se había presentado, sin embargo él parecía estar al corriente de su nombre y su presencia. Asintió con un movimiento de su cabeza antes de ver como el profesor se marchaba de la habitación. Pero su atención no se había ido con la salida elegante del ruso, sino que se quedó prendida en la forma casi hostil en la cual había reaccionado su mejor amigo.

—Yurri… ¿Sabes quién es él?— le preguntó de repente, haciendo que el japonés se despertara de sus pensamientos y lo mirara. Pero aunque en el cuestionamiento Phichit había ocupado un tono de obviedad, no supo responder. —¡Oh Dios! ¡Es Viktor Nikiforov !— exclamó golpeando con sus manos el colchón con clara euforia. —¡El gran músico y violinista! Creó sinfonías para el ballet ruso, dirigió la opera más exitosa en los últimos veinte años: "Stay close to me" y era el director de la orquesta sinfónica europea hasta el año pasado…— cada uno de sus logros parecían poner más eufórico al muchacho que agitaba sus brazos.

Tardó unos segundos, pero la realidad golpeó en la cabeza de Katsuki haciendo que sus labios se abrieran con total sorpresa. Por supuesto que lo conocía, el prodigio ruso era una leyenda viviente para cualquier persona que amara la música. Pero ser consciente de eso tan sólo le trajo más dudas.

—Nikiforov … se retiró el año pasado, ¿No es así?— musitó apenas, notando como Phichit era contagiado de repente por su incertidumbre.

—Es cierto…— le respondió cruzando sus brazos y apoyando uno de sus dedos sobre su mentón. Pensando con cuidado. –Nadie supo por qué se retiró. Desapareció de escena de un día al otro… ¿Cómo es que llegó a ser un simple profesor en Japón?—

Los ojos color avellana de Yūri compartieron su misma duda. Pero tan sólo pudo observar la puerta por donde se había marchado Viktor Nikiforov .

You only live once

La tarde se había desvanecido hace un par de horas y un manto oscuro había tomado posesión del inmenso cielo de Tokio. A esas horas era normal que los alumnos ya hubieran terminado sus actividades extra curriculares y se hubieran marchado, por lo que se podía respirar un aire grato y silencioso.

Sin embargo, por uno de los pasillos del ala oeste, dos figuras corrían casi a la par. Ryusuke estaba adelante, ignorando por completo como Yuri le seguía cargando los maletines de ambos y refunfuñando a cada paso que daba.

Llegaron hasta el último piso del edificio y con desespero abrieron la puerta que daba a la enfermería. Pero antes de que pudieran llegar hasta donde se encontraban las camas, se toparon abruptamente con la figura del profesor de cabello platinado.

—Niños, niños, no deberían correr en el colegio.— les reprochó con suavidad, negando con su dedo en el aire.

Ambos compañeros intercambiaron una corta mirada, Ryusuke sabía que cualquier constatación de Yuri le traería problemas, por lo que se adelantó tan sólo un paso, quedando justo en frente de aquel enigmático hombre.

—Lo siento. Me avisaron que mi hermano mayor se encontraba aquí, su nombre es Katsuki Yūri.— intentó mostrarse respetuoso, aunque sus manos se movían llena de nerviosismo.

—¡Vaya! Tiene sentido, ustedes son realmente parecidos.— comentó con una mueca divertida. De inmediato se corrió de la puerta y le señaló el lado derecho. –Se encuentra en la última. Debe hacer reposo y tomar mucho liquido, tiene una ligera anemia así que debe cuidarse, ¿Si?—

Ryusuke intentó disimular su rostro lleno de desconcierto, tan sólo asintió con su cabeza para luego hacer una pequeña reverencia. De inmediato se marchó caminando con rapidez en la dirección que le había indicado.

El hombre ruso siguió con la mirada el camino que había tomado el estudiante, pero cuando se volteó se encontró que la mirada de Yuri Plisetsky estaba puesta en él en forma tajante.

—¿Puedo ayudarte en algo, pequeño?— su tono de voz se mantuvo suave, con aquella sonrisa que el rubio detestó desde un primer momento.

—¿Qué podría querer de un anciano?— La voz de Yuri había salido marcada, hablando en su natal ruso antes de pasar a su lado sin volver a mirarlo.

Abrió la puerta y la cerró justo detrás de él para alcanzar a su amigo que ya había llegado con su hermano. Tan apresurado en alejarse de ese sujeto que no había notado como Viktor se había cruzado de brazos y cuando apoyó su dedo sobre sus pequeños labios estos se encontraban curvados en una sonrisa divertida.

—Así que un pequeño gatito está dispuesto a mostrar las garras…— susurró mientras que sus ojos se entrecerraban apenas.

You only live once

—¡Pero Ryu—kun! ¡Ya es mucho!—

—¡Nada de peros!—

Phichit disfrutaba siempre de la interacción de los hermanos Katsuki. La escena que estaban desarrollando ahora se le hacía tan divertida que mantenía entre sus dedos su teléfono móvil, fotografiando algunos momentos mientras Ryusuke abrigaba exageradamente a su hermano mayor. El más pequeño había montado una escena de reproches apenas había llegado por lo que Yūri no se atrevía a contradecirle, a pesar que apenas pudiera respirar.

A tan sólo unos pasos de ellos se encontraba Yuri, observando toda la escena con aburrimiento. No comprendía como los lazos fraternales que poseían y tampoco le interesaba llegar a hacerlo, se le hacía demasiado cursi y eso se mostraba en sus ojos que formaban un gesto de incredulidad. Sin embargo su mirada se separó de ese par con el sonido de su teléfono móvil. Con cuidado controló el remitente, sonriendo al ver que decía "mamá".

—¡Hey! Cerdo~ —llamó en voz alta, consiguiendo que le prestaran atención. –Pasaron por mí, te veré mañana.— se despidió con un gesto de su mano, ignorando por completo a los dos mayores.

—¡Nos vemos mañana, Yuri~!— Ryusuke dejó a su hermano por algunos segundos para despedirse de su compañero con una amplia sonrisa.

Yūri no conocía mucho a aquel pequeño ruso, sin embargo, desde que había entrado a la vida de su hermano que lo consideraba particular. Más allá de las obvias diferencias que podrían tener al haber sido criado en Rusia, el joven que compartía su nombre era tan especial como llamativo.

—También será mejor que nos vayamos.— les indicó amablemente Phichit a ambos que de inmediato asintieron.

Abandonaron las instalaciones del colegio con tranquilidad, agradeciendo al enfermero que se había hecho cargo de Yūri antes de salir. Los copos de nieve caían lentamente en la oscuridad de la noche y el frío se colaba fuertemente. El invierno estaba más presente que nunca.

A pesar del inestable clima, los tres estudiantes caminaban con una conversación amena. Ryusuke estaba entusiasmado contándoles sobre las últimas actividades de su club y Phichit acotaba en determinados momentos palabras que hacían reír a todos.

Llegar a la residencia de los Katsuki fue cuestión de minutos y el tailandés se despidió de ellos en la puerta antes de seguir su camino. Yūri esperó hasta que la delgada figura de su amigo desapareciera antes de ingresar.

—Ve a la cama, hermano… Te cocinaré algo y te llevaré.—

El mayor estaba por quejarse, pero por el tono que había implementado Ryusuke sabía que no tenía forma de ganarle aquella batalla. Asintió con suavidad y aprovechando que Mari aún estaba en el trabajo se escabulló hasta su habitación. No deseaba ser más molestia para las personas que lo rodeaban.

Su uniforme escolar quedó en la silla y luego de colocarse un abrigado pijama se recostó en la cama. Dejando que el suave calor de sus cobertores lo cubrieran mientras que se quedaba con su mirada perdida en la ventana. Observando algo ausente los suaves copos de nieve caer.

Aún se encontraba cansado, su cuerpo parecía fatigado y su mente se rehusaba a pensar más. Pero aunque quisiera, no estaba dispuesto a cerrar sus ojos. Las pesadillas eran últimamente tan contundentes que le daba miedo dormir.

You only live once

La mañana siguiente había concurrido con normalidad. Mari no se había enterado del pequeño accidente escolar de Yūri, solo con la condición de que Ryusuke lo acompañara y controlara como todo un perro guardián. Se fue cuando se encontraron con Phichit y le encargara a él su cuidado.

Tomando a píe de la letra sus palabras, el tailandés no se separó de su lado en las clases. Tan sólo lo dejó cuando llegó la hora del almuerzo. Yūri se había olvidado su comida en su casillero, así que indicó a su amigo que apartara una mesa mientras regresaba.

No tardó muchos minutos antes de regresar con su pequeño paquete que su hermana mayor le había preparado, pero antes de que pudiera ingresar al comedor alguien lo llamó. Se giró y se sorprendió un poco al ver la figura de Shoma Uno sonriéndole. Él era un estudiante de su mismo año, destacado deportista y delegado del otro curso, un modelo a seguir que constantemente llamaba la atención con su amigable sonrisa.

—¡Uno—kun! ¿Necesita algo?— no pudo disimular su sonrisa, pero de inmediato relajó sus facciones para corresponderle a su amable gesto.

—Yūri—kun~— pronunció su nombre con algo de vergüenza. —Un compañero está en el club de música y me comentó que ayer tuviste un accidente. Por lo que pensé en traerte esto.— extendió sus manos en su dirección relevando una pequeña caja de leche. –Por favor, acéptalo.—

La sorpresa se reflejó en los ojos grandes de Katsuki, haciendo que parpadeara un par de veces antes de sentir que sus mejillas enrojecían. Dudó unos segundos, pero al final terminó aceptando el obsequio con una leve reverencia.

—No… Debiste molestarte, Uno—kun… Muchas gracias.— sus palabras se enredaron apenas, intentando sostener la mirada pero fallando al sentirse apenado.

El otro estudiando mostró su felicidad en una amplia sonrisa y negó con su cabeza.

—No es nada, Yūri—kun, por favor cuídate.—

El nombrado tan sólo se atrevió a asentir con su cabeza y realizar una vez más un agradecimiento con su cabeza. Shoma Uno se despidió con un pequeño gesto de su mano antes de unirse a sus compañeros, dejando solo unos minutos a Katsuki, los que tardó en reaccionar antes de retomar su camino hacía su amigo.

Agradeció que Phichit estuviera concentrado con su teléfono celular cuando llegó y que Yuko no notara lo enrojecido de su rostro. Intentó actuar con la mayor naturalidad posible, mientras que tomaba sus palillos para empezar a comer, teniendo la pequeña caja de leche en frente para beberla después.

La delegada de su curso era siempre amable, preguntando por la preparación de sus próximos exámenes. La charla consiguió que en unos minutos más el tailandés dejara de lado su celular para empezar a comer y participar en la conversación.

—Jamás terminaré de adaptarme al sistema japonés.— admitió el trigueño, tomando entre sus manos su jugo para beber en una mueca dramática.

Yuko carcajeó cubriendo sus pequeños labios y mirándolo con un aire maternal.

—Es algo complicado, pero si necesitas ayuda sabes que nos tienes a Yūri y a mí, ¿No es así?—

El nombrado asintió al comentario realizado por su amiga, haciendo que Phichit sonriera con gratitud, pero mostrando que no tenía ánimos de seguir ese tema.

—Yuko, Yuko, Yuko~ ¿Escuchaste la novedad? Tenemos un profesor estrella en el instituto.— de nuevo mostraba aquella euforia que lo caracterizaba.

Katsuki se removió un poco en su sitio, sintiéndose algo inquieto. No comprendía exactamente qué era lo que le pasaba. Conocía a Viktor Nikiforov desde que tenía uso de razón, lo había visto tocar en la televisión cientos de veces y estaba en los libros de violín. Pero desde el día anterior que se sentía incomodo al respecto. Pero pretendió no prestarle atención.

—¿Un profesor estrella?— comentó la castaña, llevando un poco de comida a la boca antes de meditarlo. —¿Es el atractivo ruso del que todas están hablando? Es el único tema de conversación desde que empezó el día.— le aseguró riendo por lo bajo.

—¡Es que tienen motivos!— le aseguró un enérgico Phichit, tomando su móvil para mostrarle de inmediato las fotos que había conseguido.

Yuko soltó un pequeño chillido al ver las imágenes y se olvidó momentáneamente de la comida. Yūri tan sólo suspiró a un costado.

—¿Es un cantante? ¿Un modelo? Tiene un porte único…— la joven habló con rapidez.

—No, es un músico retirado. Compuso grandes piezas y era la estrella de la orquesta de Europa. Pero se retiró hace casi dos años y… ¡Averigüé el porqué!—

Aunque Katsuki pretendiera no escucharlos Viktor Nikiforov era un prodigio y la mención de su retiro hizo que su atención se centrara en su amigo.

—Dicen que salía con una mujer que quedó embarazada. Él decidió hacerse cargo y se alejó del ambiente para casarse con ella.— La voz del tailandés era baja, contándoles como un secreto aquellas palabras.

La primera en reaccionar fue Yuko que soltó un pequeño chillido antes de cubrirse los labios.

—¡Pero si es muy joven! O eso lo parece…—

—¡¿Verdad?!—

Sus amigos seguían debatiendo aquel tema entusiasmados. Pero Yūri al lado de ellos había sentido que su cuerpo había dejado de responder. Por unos segundos se había mareado así que se apoyó mejor contra la mesa. Intentó despejar su cabeza mientras tomaba la leche que le había regalado Uno y la bebía con rapidez.

¿Por qué le dolía así el pecho?

You Only Live Once

Yūri no era una persona que disfrutara estar todo el tiempo acompañado, por eso, cuando convenció a Phichit y a Yuko que podría quedarse estudiando en la biblioteca se sintió aliviado.

No midió el tiempo que se tomó. Su concentración estaba en aquellas pequeñas anotaciones que iba haciendo a medida que terminaba los libros que tenía pendiente. Deteniéndose una vez había logrado avanzar lo suficiente para que pudiera sentirse satisfecho.

Estudiando su mente se distraía, dejaba de pensar en su vida y buscar respuestas a incógnitas que desconocía. Pero la noche ya estaba cayendo y debía regresar antes de que Ryusuke se preocupara.

Suspiró con cuidado y empezó a guardar todos sus cuadernos en su bolso. Lo ajustó en su hombro antes de levantarse y salir lentamente de la biblioteca que casi se encontraba vacía.

En aquella época del año era normal ver a estudiantes de último año quedándose hasta al anochecer. Pero aquella tarde en que el sol se estaba ocultando y el frío aún azotaba Tokio parecía que la mayoría había decidido volver a casa a refugiarse.

A Yūri Katsuki no le molestaba el frío y prefería la tranquilidad de la biblioteca para poder concentrarse.

Estaba por bajar por la escalera hacía el hall principal cuando notó que la puerta del aula de música se encontraba abierta aunque sin las luces prendidas. Su pulso dudó por unos segundos, pero al final se movió lentamente en esa dirección.

Encendió el interruptor y con pasos lentos se dirigió a dónde estaba guardado su instrumento favorito. Aquel violín de madera oscura y cuerdas gastadas que había logrado comprar con gran esfuerzo.

—Te extraño porque no pude tocarte esta semana, ¿No es así?— preguntó como si el instrumento realmente pudiera responderle.

Dejó su bolso a un costado, limpió con suma atención su amado objeto y luego lo acomodó sobre su hombro. Apenas sus dedos presionaron el arco supo que eso era lo que le faltaba, ahogar sus dudas y temores en aquella melodía.

Su cuerpo se movía apenas mientras que los parpados se encontraban cerrados. Las cerdas se friccionaban contra las cuerdas una y otra vez, a medida que los dedos largos del joven se movilizaban presionando con fuerza en el lugar exacto para que la canción fluyera con suma naturalidad.

Estaba ejecutando una pieza que no llevaba nombre. Un ritmo triste y frenético por momentos, unos compases que venía acariciando su mente e inspiración en las últimas semanas.

Un lento suspiro abandonó sus labios cuando logró formular la última parte de su pieza y se quedó allí, manteniendo esa posición mientras que se dejaba envolver por ese pequeño ambiente que él mismo había creado.

Sin embargo unos suaves aplausos lo tomaron por sorpresa. Se giró abruptamente para ver la figura de Viktor Nikiforov apoyado en el marco de la puerta.

—Vi la luz prendida y pensé que alguien había hurtado la sala de música. Me alegra haberme equivocado y el haber podido ser tu espectador, Katsuki—kun.— el profesor sabía que el japonés se inhibía con facilidad, por lo que procuró mantener una distancia respetable entre ellos dos, utilizando un tono suave para hablar. —Eres realmente bueno, ¿Alguna vez te lo han dicho?—

—No…—

Yūri se había puesto nervioso, dejando su violín de nuevo sobre el estuche para limpiarlo con rapidez. Viktor notó esa acción y no pudo evitar reír, ingresando a la sala de música.

Desde su posición, el menor vio como su profesor entraba pero no se dirigía a él, sino que abría el armario y sacaba de allí un impecable violín de color blanco. Una verdadera pieza de arte hecha instrumento que él reconocía con facilidad, era la favorita de la estrella rusa, su marca personal.

Sin mencionar palabra alguna Nikiforov acarició lentamente las cuerdas de su fiel amiga. Dejando que con esa simple acción Yūri pidiera ver como en su dedo brillaba una alianza de oro. Una joya tan sencilla que resplandecía de la misma forma que su dueño. Sin esperar la melodía que él mismo había ejecutado segundos antes era interpretada con majestuosidad por el prodigio.

Una suave melodía se escuchaba a lo lejos, un coro de diferentes voces que se mezclaban en una canción tan suave que acunaba al momento que estaban viviendo.

En frente de ellos se encontraba la ostentosa estructura de la Sagrada Familia, tan imponente y única que tan sólo mostraban el escenario como algo más irreal de lo que ya era.

Pero aunque su pulso estuviera enloquecido y sus mejillas bañadas de un intenso rubor, estaba dispuesto a seguir adelante. Porque Viktor estaba mirándolo con aquellos hermosos ojos impresionados mientras que Yūri deslizaba lentamente el guante de su pálida mano.

No mencionó palabra alguna, tan sólo le sonrió y le mostró aquel anillo que brillaba casi tanto como su amado entrenador.

—Katsuki—kun… ¿Estás bien? Estás pálido.—

Sus ojos reconocieron la realidad de golpe. El profesor había dejado de tocar su violín y se encontraba sosteniéndolo por los hombros. Manteniendo una distancia mínima entre ellas que lo hizo alterarse apenas fue consciente.

"No, déjame, aléjate"

Yūri calló sus palabras, tan sólo retrocedió unos pasos para tomar su bolso torpemente y realizar una corta reverencia hacía él.

—No se preocupe, debo irme ahora mismo. Lamento el haber ingresado.—

Una vez más hizo una reverencia, dejando con las palabras en la boca al ruso que lo vio correr por los pasillos del colegio. Porque su cabeza una vez más le dolía y aquel hombre no parecía comprender que su presencia lo alteraba como nunca nadie lo había hecho.

Viktor Nikiforov lo confundía, lo aturdía y no le gustaba ninguno de esos sentimientos.

Continuará…

¡Muy buenas noches a todos! Aquí traigo el segundo capítulo de esta historia que es muy, muy especial para mí. Debo confesarles que esta trama ya la escribí, por allá en el año 2006 en otro fandom y obviamente con grandes diferencias. Cuando me enamoré de YOI y me puse a pensar con cuidado en qué planear con ellos, me recordé esa vieja historia y me fui a leerla. Tomé la base y re estructuré todo para poder armar lo que ahora están leyendo, ¡Que espero que les guste!

Por cierto, desde ya me disculpo si hay algún error en la narración, en ortografía o algo más. No poseo BETA así que me mando sola intentando hacer lo mejor que puedo ;;

¡Un detalle! Algunos se darán cuenta que puse en escena al bebé Shoma Uno, tal vez algunos no lo conozcan, pero es un patinador japonés que le tengo especial estima (al igual que Yuzuru Hanyu 3). Si no lo conocen le recomiendo su presentación de "Buenos Aires Hora Cero" ¡El niño es increíble!

Sin más que agregar les agradezco desde lo más profundo de mi corazón el amor que esta recibiendo esta historia. Todos sus mensajes (que ahora pasaré a responder), sus corazones, favoritos y seguidos me llenan de ánimos de seguir escribiendo. Gracias a Guest, Taurus95, Lindachan, anonimita n.n, Fleur du Ciel, Angel-LauraR, CrazyLife70, mizuzuita y Kurara Matsumoto.

La única recompensa que tenemos los autores es saber su opinión, así que les agradecería si me siguen diciendo qué les parece 3

¡Nos estaremos viendo muy pronto! Lo prometo~

Naomi Jung