Dentro de aquella sala perduraba el silencio. No correspondía a un horario curricular, así que el profesor Nikiforov podía aprovechar la tranquilidad para pensar.

Su taza de café descansaba olvidada sobre el borde de la mesa. El líquido apenas había sido bebido pero al hombre ruso poco le importaba desperdiciarlo. Su mente se encontraba en otro lado y en otros tiempos.

Repasando con su mirada una y otra vez los bordes de su violín mientras repasaba la escena que había vivido con su alumno unos días atrás. Desde aquel torpe acercamiento con Yūri Katsuki este había optado por desaparecer de su rango de visión. Consiguiendo que el hombre de cabello platinado se frustrara.

Se incorporó de su asiento tomando con cuidado su móvil que desde hace varios minutos vibraba con mensajes de texto. Sin embargo no se inmutó demasiado por la desesperación de los escritos, tan sólo se limitó a teclear con rapidez y contestar con un mensaje contundente.

"El niño es algo complicado, pero no es imposible para Viktor Nikiforov."

You Only Live Once

Yūri nunca se había caracterizado por destacar. Era siempre aquel estudiante de notas promedios que se mantenía en silencio al menos de ser nombrado. Sus mejores amigos, Yuko y Phichit, solían hacer ruido su entorno y lo hacían participe de sus juegos. Por lo que la mayoría de sus compañeros lo creían alguien demasiado tranquilo, y él no estaba interesado en corregirles.

Por este motivo, que el profesor Nikiforov hubiera acentuado su atención en su persona y de esa manera tan particular había alterado su sistema.

Recordaba a la perfección lo sucedido hace unos días atrás, y no podía evitar sentir vergüenza. ¿Por qué había reaccionado de esa forma? Siendo un devoto a la música clásica el poder apreciar una ejecución tan impecable de Viktor Nikiforov era un mero sueño hecho realidad. Sin embargo él se había sentido ahogado, aturdido, el profesor lo hacía tambalear y hasta huir de su presencia.

—Debe de pensar que soy raro…—

Su aliento se convirtió en una pequeña nube en el ambiente. Yūri estaba solo sentado en aquel enorme patio, sin miedo al frío que azotaba a la ciudad y observando cómo los pequeños copos de nieve se deslizaban por el ambiente pero sin tocarlo gracias al pequeño techo sobre su cabeza. Todo estaba un silencio reconfortante que le permitía el pensar.

Entre sus manos descansaba un manojo de hojas escritas. Algunas con partituras, otras con pequeñas oraciones que constantemente molestaban a su mente y deseaba expresarlas. Pero aunque estuviera allí para buscar inspiración, desde que se había sentado que no había podido concluir ni una sola nota.

Movió su lápiz lentamente entre sus dedos, sin escribir nada y raspando el borde del papel, dejando salir otro suspiro de frustración. Pero no llegó a pensar demasiado cuando su celular vibró dentro de su chaqueta azulada.

Sabiendo que ya había fallado por completo en concentrarse sacó el aparato y rió al ver que se trataba de una fotografía. Ryusuke estaba en sus clases de baile y le había mandado una imagen donde se lo podía ver apenas y a un Yuri Plisetsky con un gesto desafiante en fondo.

Yūri rió divertido. Guardó su pequeño teléfono una vez más y dejó salir una sonrisa algo cansada de sus labios. Aquellos dos niños se esforzaban mucho en sus clases, se pasaban horas ensayando y estaban dispuestos a luchar en aquel rubro tan problemático para los hombres. Mientras que él, a punto de graduarse del instituto, no tenía la suficiente confianza como para demostrar su amor por la música.

El timbre que anunciaba el comienzo de las clases lo sobresaltó, haciendo que guardara torpemente sus escritos dentro de su bolso y empezara a correr por el patio hacía su aula. Sin notar como desde el segundo piso su figura era observada atentamente por la mirada de Viktor Nikiforov.

You Only Live Once

—El promedio general de este curso es de los más altos de la región, por lo que me puedo quedar tranquila de que todos se están tomando en serio que este será su último año y se están preparando para el ingreso universitario.—

La directora Minako estaba al frente de la clase, con sus manos apoyadas sobre el escritorio del profesor, pero manteniendo aquel aire intimidante que mostraban sus ojos. Observaba lentamente a cada uno de los alumnos mientras proseguía hablando.

—Sin embargo, también quiero que recuerden que en su futuro tienen muchas posibilidades. Hay becas en diferentes rubros y si están interesados en aspirar en alguna tienen como máximo hasta el lunes para llevar con su profesor la solicitud.—

Al decir esas palabras por unos segundos sus ojos se encontraron con los de Yūri, haciendo que este se sintiera desconcertado. Se avergonzó de repente y por inercia bajó su cabeza, moviendo nerviosos sus dedos sobre la ficha que tenía encima de su cuaderno. Esta tenía como encabezado "Relaciones internacionales" escrito con lápiz.

Sin darse cuenta había dejado de escuchar a la directora, al punto que ni siquiera había notado cómo el profesor había intervenido con algunas preguntas.

Phichit estaba sentado a unos metros de él y de inmediato había notado la mirada perdida de su amigo. Sin duda alguna se acercó un poco a su banco, intentando no llamar la atención de los adultos que conversaban en frente.

—Así que ya te has decidido por esa universidad, ¿No?— susurró, haciendo que los ojos del japonés se volvieran a él y en forma tímida respondiera con un asentimiento de su cabeza. —¿Y no harás nada con la música? Eres un buen violinista…Y eso te gusta.—

Yūri sabía que las intenciones de Phichit eran buenas y que se preocupaba constantemente por su futuro, por eso, se giró a verlo con una sonrisa que ocultaba la desilusión que presionaba su pecho.

—Solamente los prodigios pueden vivir de las artes, y para mi mala fortuna yo no soy uno.— le aseguró, rascando con su mano su propia nuca en un gesto torpe. –Además… Mari ya se sacrificó mucho por Ryusuke y por mí, debo ayudarla y no darle más preocupaciones.—

Ante aquellas palabras el tailandés no pudo refutar, tan sólo asentir con su cabeza.

You Only Live Once

No era la primera vez que Yūri pisaba aquel salón de baile, pero jamás dejaba de sorprenderle. La pulcritud que desprendía el suelo de madera y cómo los espejos en las paredes, justo al lado de las barras, daban una vista panóptica de todos los alumnos.

No se le hizo difícil alcanzar a ver la pequeña figura de Ryusuke en una esquina que de inmediato lo notó y se acercó a él.

—No esperaba verte aquí, hermano… Ya casi terminamos, ¿Me esperas?—

—Claro, no hay prisa, Ryu—kun.— le aseguró de inmediato moviendo su mano en el aire.

Ryusuke le respondió con una sonrisa grande antes de volverse a alejar de él, tan sólo para que el mayor pudiera sentarse en una de las pequeñas bancas que había en el lugar, quedando como un espectador.

Si bien el estudio no estaba repleto de alumnos había un promedio considerable de estudiantes. Pero ninguno parecía destacar tanto como el delgado cuerpo de Yuri. El mayor de los Katsuki había quedado prendido de inmediato observándolo.

Aunque estaba siendo instruido por la profesora en sus movimientos él danzaba con gracia y una delicadeza que cualquiera podría envidiar. La punta de sus píes, la extensión de sus dedos y cómo acariciaba el aire en cada movimiento era tan pulcro que recién reconocía que era la primera vez que veía bailar al mejor amigo de su hermano menor y en parte se arrepentía, porque no había duda que el joven rubio era un bailarín increíble.

Terminó su interpretación con el rostro enrojecido y Yūri se contuvo de aplaudir. Pero a diferencia de él que se había quedado maravillado la instructora se acercó de inmediato al bailarín.

—Sigues teniendo problemas te estabilidad luego de la segunda vuelta. Pero lo que más me preocupa es tu rostro, Plisetsky, no transmites la música. Tu técnica es impecable, casi perfecta, pero si no logras mostrarme una historia a través de tus movimientos eres un muñeco.—

El joven rubio escuchaba los comentarios que le estaban haciendo, pero se notaba su frustración en la forma en que su pequeña nariz se había arrugado por completo y golpeaba su talón contra el suelo.

Yūri se percató de que Ryusuke y otros compañeros se reían, y supuso que aquella escena era más cotidiana de lo que parecía. Porque nadie se sorprendió a la forma en que Yuri acababa de chistar y retirarse al vestuario con molestia en cada uno de sus pasos.

Por unos segundos el mayor de los Katsuki quedó anonadado por la falta de respeto hacía su superior, pero luego consideró las diferencias culturales. Aunque esa excusa no lo terminaba de convencer.

—¿Hermano?—

Ante la suave voz de Ryusuke el joven se giró a verlo y le sonrió con suavidad al notar que todos los alumnos estaban dirigiéndose a cambiarse. La clase había terminado.

—¿No tenías club de música hoy?— el menor preguntó aquello con sus ojos entrecerrados mientras ajustaba la correa de su bolso contra su hombro.

Sin embargo Yūri se mantuvo tranquilo, negando con su cabeza de un lado al otro.

—Me quedé estudiando en la biblioteca, pequeño. Los exámenes son pronto y por unos días debo priorizar el llegar con mis estudios.— estaba mintiendo, pero su voz era siempre clara y sin mostrar duda, haciendo que su hermano asintiera con su cabeza.

—Está bien, espérame unos minutos en el pasillo. Me cambiaré y te alcanzo, ¿Si?—

El mayor de los dos asintió sin inconvenientes y con la tranquilidad que lo caracterizaba se marchó al sitio indicado. Sin notar como al darle la espalda la sonrisa de Ryusuke iba desapareciendo.

—¿Por qué me estás mintiendo…?— susurró para sí mismo mientras negaba con su cabeza.

Se giró sobre sus talones y entró con rapidez a la zona de casilleros, encontrándose con Yuri ya estaba vistiendo su uniforme escolar y estaba terminando de arreglar su cabello. Con tan sólo verlo se mordió el labio inferior y se acercó a él.

—Yuri… Necesito que me ayudes con algo…—

El joven ruso se giró al escucharlo y sus cejas se alzaron con duda.

You Only Live Once

Sabía que Yuri no podría entretener demasiado tiempo a su hermano mayor, por lo que Ryusuke apresuró sus pasos corriendo por los pasillos del instituto. Agradeció que por el horario ya no hubiera profesores que lo reprendieran al respecto.

Rápidamente llegó a la sala de música, en el preciso momento en el cual los alumnos estaban retirándose. Por instinto se detuvo al costado de la puerta, arrugando su nariz al notar de nuevo a aquel profesor que había conocido en la enfermería la semana pasada. Y no faltó más que unos segundos para que Nikiforov se percatara de su presencia.

Ninguno de los dos se apresuró, el hombre ruso se movió cuando ninguno de sus estudiantes estuviera ya presente y con una sonrisa sumamente calma se acercó a él. De alguna forma la mueca que se trazaba en los labios del adulto molestaba a Ryusuke, pero procuró no demostrarlo manteniendo un gesto sereno.

—Katsuki—kun ¿No es así?— preguntó en aquel tono cantarín, marcando con suavidad un poco más de lo que debería las palabras. –Hoy su hermano no estuvo presente, ¿Sigue enfermo?—

El estudiante dudó por unos breves segundos si responderle o no, pero de inmediato sonrió elevando su mentón, enfrentando sus ojos directamente con los de él.

—Profesor, ¿Por qué es que llegó a Japón?— preguntó al fin ignorando por completo el cuestionamiento que le habían hecho. Esto tomó por sorpresa al otro. –Tengo entendido que usted es una persona de gran renombre, ¿Por qué es ahora un simple profesor?—

Por primera vez la sonrisa de Viktor flaqueó, pero fue tan sólo unos segundos. Sus ojos se habían afilado con suavidad y sus brazos cruzados sobre su pecho, apoyando sutilmente uno de sus dedos sobre los labios ligeramente rosados. Ryusuke notó aquel gesto el anillo dorado que descansaba elegantemente sobre su dedo.

—Para ser un estudiante de un curso inferior eres demasiado rebelde, pequeño. ¿Seguro eres japonés?— preguntó con un tono que no mostraba molestia alguna, pero si con un tinte de cinismo. –Tengo algunos pendientes en este país. Eso es todo.—

Ryusuke no se había inmutado a la mención de su falta de modales, pero sí se limitó chasquear su lengua ladeando su rostro a un costado.

—Espero que dichos pendientes no tengan que ver con mi hermano…—

Las cejas de Viktor se fruncieron apenas, comprendiendo al fin el hilo que llevaba aquella conversación. Sin embargo, no estaba dispuesto a dejarse intimidar.

—¿Eso piensan? ¿Por eso es que Katsuki—kun se escapa de mi y estás aquí defendiéndolo?— preguntó inclinando ligeramente su cuerpo para poder estar a la altura de los ojos del menor. –Tienen una imaginación muy grande…—

Ryusuke emitió un ligero gruñido junto con un movimiento de su cabeza, quedando en silencio por un instante antes de volver a hablar.

—Mi hermano puede ser muy bobo, pero yo no. Me doy cuenta que no es casualidad que esté aquí, usted—…—

—Estás siendo paranoico, pequeño. Esa acusación es muy grave contra un profesor.— Viktor no lo había dejado concluir la frase y por el tono que había ocupado el otro supo había cruzado la línea, el ruso estaba molesto.

El silencio reinó entre ellos dos, mientras que las miradas se mantenían intactas como si con ellas pudieran desafiarse. Al final, fue Ryusuke quien chasqueando su lengua giró su rostro antes de girarse sobre sus talones y regresar caminando por el pasillo.

Viktor lo vio marcharse antes de dejar salir un profundo suspiro y deslizar sus dedos por sus cabellos platinados, girando su cabeza para pode observar el violín blanco que estaba sobre su escritorio.

—Esto se está complicando demasiado…— susurró para sí mismo antes de volver a la sala de música.

Mientras tanto, el menor de los hermanos Katsuki regresaba lentamente a dónde seguramente Yūri aún lo estaba esperando. Pero su mente estaba perdida, intentando acomodar las ideas que aquel hombre había desordenado.

—¿Me confundí? Al parecer él no recuerda… Tks~ ¿Qué se supone que están haciendo?— susurró en el silencioso pasillo.

You Only Live Once

Desde aquella posición, apoyado contra la pared, podía ver como el sol se había ocultado y la noche se veía más oscura de lo normal por las nubes. Yūri creía que una vez más estaba por nevar, por lo que agradeció el haber cargado aquella mañana un paraguas con sus cosas.

Estaba distraído y eso era un hecho, pero cuando escuchó el sonido de la puerta se giró pensando encontrar a Ryusuke, pero en su lugar estaba la delgada y pequeña figura de Yuri Plisetsky.

Los labios de Yūri se abrieron sorprendidos porque el menor simplemente había salido para quedarse parado en frente de él, pero antes de que pudiera expresar palabra alguna el ruso le había tirado dos papeles contra el pecho.

Katsuki apenas logró reaccionar atrapándolos, dirigiendo de inmediato su mirada a ellos para notar que se trataba de dos entradas para un musical con orquesta que se desarrollaría ese fin de semana. Pero a pesar de que parecía ser algo obvio, sus ojos chocolates buscaron los ajenos con duda impresa por completa en sus orbes.

Yuri se había cruzado de brazos y refunfuñando había escondido parte de su rostro detrás de los cabellos rubios.

—El cerdo me comentó que estás preparando una pieza de violín para tu club de música y que te falta motivación.— dijo con lentitud, girando apenas sus ojos para poder verlo. –Me dicen que tengo un problema asimilar, tal vez esto puede ayudarnos a ambos.—

—Quieres… ¿Qué vayamos juntos?—

Yūri no midió que sus palabras podían avergonzar al otro, tan sólo expresó lo que en ese momento se le hacía difícil de creer.

—¿Juntos? ¡No digas idioteces!— explotó de inmediato, agitando sus brazos con amenaza de golpearlo mientras su rostro se teñía de un rojizo intenso. –Simplemente coincidiremos allí. No nadie dijo de una cita o ir juntos, tks~ idiota, estúpido, cerdo grande.—

Como el japonés no era su idioma natal era hasta divertido como el menor al avergonzarse mezclaba las palabras entre varios idiomas. Aún así Yūri entendía que lo estaba insultando, sin embargo aquella imagen avergonzada le provocaba una sonrisa en sus labios sintiendo que ese sentimiento que le nacía en el pecho por el menor era ligeramente conocido.

Continuará.

Aquí estoy y como prometí tengo la continuación de esta historia. Sé que es algo enredada pero al fin va tomando un poco de forma y lo prometo, no estaré hasta el 2020 subiendo capítulos. Si todo sale bien y según lo planeado, este serial será de seis capítulos. Así que ya vamos por la mitad sdhsdjkjsdds

Una vez más debo agradecer desde lo más profundo de mi corazón a aquellas personas que se toman el trabajo de escribirme un comentario al respecto a esta historia. Me sirve muchísimo para sentir que vale la pena las horas y horas trabajando en esto para ustedes. También los corazones, favoritos y demás cosas bellas 3

¡Muchas gracias por seguirme leyendo y nos veremos muy pronto!