Sus dedos eran alargados y de un tono blanquecino. Los movimientos que utilizaba eran de una elegancia hipnótica y de una forma ágil, emitiendo unos sonidos que podían endulzar cualquier oído crítico. El arco se mecía acorde a su cuerpo, consiguiendo que la melodía se impregnara de una melancolía profunda.
¿Cuánto tiempo llevaba en aquella pieza improvisada? No estaba seguro, pero no le importaba. Últimamente sus pensamientos eran una tortura y expresarse a través de su violín era la única forma en que podía tranquilizarse. Jamás había sido bueno conteniendo los sentimientos en su pecho, pero ahora parecía no tener opción.
En un último vaivén las cuerdas rugieron abruptamente y los brazos de Viktor quedaron inmóviles, manteniendo su mirada clara perdida de la ventana. Soltó un pequeño suspiro de sus labios y se giró para retomar su asiento en frente del escritorio. Tomó su pluma para trazar en las partituras la nueva secuencia que había inventado.
—El prodigio Nikiforov en acción.—
Una suave voz femenina llamó su atención, consiguiendo que una sonrisa se dibujara en la boca del ruso. Minako le correspondió a ese gesto de inmediato, para luego ingresar a la sala de música hasta acomodarse en la silla que estaba en frente de él. Nikiforov pudo apreciar cómo a pesar de mostrarse en forma despreocupada, mantenía la elegancia en cada uno de sus movimientos.
—¿Mis niños han sido buenos contigo?— aquella forma tan cotidiana de hablar reflejaba la confianza que tenían entre ambos. —Escuché los rumores de los pasillos, "el increíble profesor extranjero"— comentó exagerando el movimiento de sus manos y soltando una pequeña risa.
El violinista la acompañó en aquella mueca, porque sabía lo que decían de él y no le molestaba en lo absoluto. Reconocía lo llamativo que podía ser, y ¿Para qué negarlo? Le gustaba poder caminar por los pasillos con esas miradas puestas en él.
—Se siente como si fuera una celebridad.— era evidente el tono de sarcasmo en su voz y Minako lo miró con una ceja alzada, consiguiendo que Nikiforov carcajeara un poco más. —Es agradable. Los niños del club de música son regulares, pero creo poder conseguir algo sobresaliente con un buen trabajo.—
—Tan sincero siempre.— expresó la directora con un pequeño suspiro la mujer mayor.
—Algunos dicen que eso es una cualidad.— se defendió, guiñando uno de sus ojos mientras deslizaba sus dedos por el arco del violín.
—Para tu fortuna soy una de esos "algunos".— respondió con una sonrisa, prestando atención en los movimientos del profesor. —Cuando me pediste venir estaba sorprendida. No puedo creer que tengamos al rebelde músico ruso como profesor de esta modesta institución. Permíteme dudar, cariño, pero eso no va con tu personalidad.—
Viktor despegó su mirada de su instrumento para poder obsérvala directamente. Su sonrisa seguía presente, pero sus ojos se achicaron apenas en un pequeño gesto que no pasó inadvertido para la mayor.
—Ya no soy el mismo chico rebelde, Minako—san.— expresó con aquella voz cantarina, retomando su labor de limpiar su violín. —Las cosas cambiaron.—
Los finos labios de la directora se contrajeron y deslizó apenas los anteojos por su nariz.
—¿Querrás decir que Asao te cambió?— fue una insinuación directa, consiguiendo que la melodiosa voz de Viktor se escuchara en una risa amena. Minako se contagió de su alegría y le correspondió aquel gesto. —¿Cuándo nace el pequeño monstruo?—
Ante su pregunta los ojos de Nikiforov brillaron con intensidad y orgullo.
You Only Live Once
Su voz se elevó en un sonoro suspiro mientras que sus uñas se deslizaban hacía abajo, raspando con suma necesidad la tela del traje ajeno. Sus cuerpos se mantenían pegados, casi necesitando fundirse uno en el otro, a medida que los movimientos se volvían algo bruscos.
La espalda del japonés chocó abruptamente contra uno de los casillos, y ese ruido se mezcló con la respiración agitada que era ahogada entre el juego de sus besos y su lengua. Estaban solos en el vestuario, con el calor quemando sus entrañas y el deseo impregnado en la forma torpe en que buscaban desprenderse de sus ropas.
—Yūri…—
Esa voz entonaba su nombre en una forma erótica, acariciando su lóbulo con sus labios. Viktor era embriagador y el patinador más joven apenas podía respirar en la forma en que su cuerpo respondía. Y es que podía percibir a la perfección como el miembro endurecido de Viktor estaba apoyado contra su muslo empujándolo.
—Hoy no puedes gritar, ¿Entendido? Son ordenes de tu entrenador…—
Yūri deseaba golpear sus manos en aquella amplia espalda, pero apenas conseguía que sus labios temblaran y el sonrojo que estaba pintando sus mejillas se intensificara, ¿Por qué jugaba así con él?
—Así me gusta, mi cerdito…—
Un nuevo susurro golpeó contra su oído, en el momento en que el primer broche de su traje era desprendido. Yūri no se movió y sus dedos se ciñeron con fuerza en la tela del saco del ruso. El cierre bajó con lentitud dejando al descubierto la espalda su espalda desnuda, deteniéndose justo en donde se curvaba su cadera.
Un gemido se escuchó en la soledad del vestuario, uno que pronunciaba el nombre de Viktor con placer.
Con un movimiento similar a un espasmo su cuerpo se sacudió, sacándolo de aquella ilusión en forma abrupta. De repente, ya no estaban escondidos cerca de las duchas del estadio, sino que su cuerpo respiraba en forma agitada encima de su propia habitación. Con una gran diferencia, ahora Yūri estaba recostado sobre su cama con el rostro envuelto de un intenso rojizo y su entrepierna endurecida, completamente solo.
—Oh Dios…—
Su susurro se perdió en el ambiente. Se giró entre las sábanas para envolverse entre ellas, recién notando como había mojado su ropa interior. Soltó un quejido antes de hundir su rostro contra su almohada, intentando ahogarse de esa forma. No daba crédito a lo que había soñado.
Aquella imagen seductora de sus labios, el calor de su cuerpo presionando el suyo, su voz susurrando su nombre en forma erótica… Un nuevo quejido se escapó de sus labios y se giró tan sólo para golpear reiteradas veces su rostro con las palmas de sus manos. ¿Soñar esa clase de cosas significa que era homosexual? No, de inmediato negó asustado.
—Me gusta Yuko…— se repitió a sí mismo, mordiendo con fuerza su labio inferior.
Sabía que el profesor Nikiforov era atractivo, cualquier persona podía notarlo con tan sólo verlo. Sin embargo, no lo conocía, ¿Cómo podía ser que tuviera su primer sueño húmedo con alguien como él? ¿Con un hombre?
Sus ojos se abrieron con lentitud, mirando hacia la misma nada mientras que contraía sus dedos contra las sábanas. ¿Por qué estaba tan alterado? ¿Por qué desde que había aparecido en su vida ese profesor no podía tener paz?
—Tal vez… ¿Si me atrae?— aquella frase pesaba más de lo que quería creer. —Un amor platónico… admiración…—
Sabía a la perfección que no estaba siendo sincero consigo mismo, pero no deseaba pensar más en ello. Se levantó de su cama para colocarse los lentes sobre su pequeña nariz. Debía irse a limpiar, pero antes consultó con su móvil el horario, se había dormido después de almorzar y tenía planes para esa tarde. Pero cualquier pensamiento se quedó en blanco al notar que tenía un mensaje del amigo ruso de su hermano menor.
"Kakao Talk to Yurio:
Gordo, se puntual o considérate muerto. YP"
Fue un resorte automático para él. Se levantó corriendo para buscar en su clóset ropa acorde para la ocasión. Aún estaba a tiempo, si es que se apresuraba podría llegar sin problema alguno. Corrió hacia el baño para limpiar todo su cuerpo. Pretendió no notar la mancha incomoda en su entrepierna y salió apenas estuvo conforme consigo mismo. Se vistió acorde a la ocasión y envolvió entorno a su cuello una enorme bufanda. Desde su ventana podía ver que caía pequeños copos de nieve y no estaba dispuesto a arriesgarse a coger una gripe.
Bajó con rapidez para calzarse los zapatos en la entrada, pero antes de salir la cabeza de Ryosuke salió del living para poder verlo.
—¿Vas a tu cita con Yurio?—
El mayor de los Katsuki rodó con suavidad sus ojos antes de enderezarse.
—No es una cita, no digas esas cosas…—
La forma en que lo había negado en el acto hizo que el más joven sonriera en forma divertida. No le dijo nada más y Yūri abandonó la residencia murmurando constantemente la frase "llego tarde". Ryosuke veía toda la escena como un espectador, pero apenas estuvo solo sacó su móvil de su bolsillo y tecleó con rapidez.
Kakao Talk to Yurio:
Cuida de mi hermano, confió en ti.
You Only Live Once
—Fue impresionante, no puedo creer que hayan re versionado Notte Stellata.—
Yūri formaba una sonrisa al escuchar cómo el pequeño ruso hablaba sin tapujo alguno. No había tenido muchas oportunidades de conversar a solas con él, por ello, al verlo tan expresivo y con una mueca adornando sus labios sentía que estaba conociendo una nueva cara de él.
—La tercera sinfonía fue sublime. Que lo hayan hecho con la presentación del Fantasma de la Opera fue un toque único. Es de mis historias favoritas.— se animó a comentar el japonés, hundiendo un poco su nariz en su bufanda.
—Fue una buena idea cómo lo plantearon. Nada de amor cursi o ridículo, sino algo pasional.—
—¿No eres muy pequeño para pensar en cosas pasionales?— preguntó de inmediato el de cabello negro, soltando una pequeña risa al ver como el rostro del extranjero se tornaba rojizo.
—¡¿Tu que sabes, cerdo?! Viví más cosas de lo que te podrías imaginar.— aseguró ofuscado, haciendo una pequeña mueca en sus labios.
Plisetsky comentaba con argumentos sólidos, manteniendo aquella particular personalidad en cada una de sus frases, pero siento tan participativo que el mayor se encontraba encantado. Habían salido hace algunos minutos del teatro y estaban caminando en dirección a la estación de trenes. Ya había anochecido hace unas horas, por lo que el mayor se sentía responsable de Yuri.
Sin embargo, estaba tan entretenido con la charla y viendo el camino por el que iban, que no notó cómo la nariz del rubio estaba algo enrojecida y su mirada verde se desviaba a él en un par de ocasiones. El más pequeño abría su boca para decir algo, pero al final los volvió a cerrar sin expresar palabra alguna, mordiéndose con fuerza el labio inferior. ¿Por qué era tan complicado el simplemente decirle de ir a comer algo? El maldito cerdo parecía sumido en sus pensamientos y no lo ayudaba. Por unos segundos quiso golpearlo por no darse cuenta de algo tan obvio.
—Cerdo… ¿Quie—…?— al fin se había animado a hablarle, pero su frase quedó inconclusa al ver al otro detenerse en forma abrupta. —¿Cerdo?—
Yūri no estaba escuchando las palabras de su acompañante, su mirada se encontraba perdida en el imponente estadio de Yoyogi National. Una serie de pancartas se extendía cerca de la entrada, promocionando el próximo campeonato de patinaje artístico por equipos. Pero no era que los ojos color café estaban leyendo u observando, sino que su cuerpo parecía haberse congelado allí mismo, sin atreverse a moverse mientras su mente quedaba encadenada.
El más joven no comprendía lo que sucedía hasta que se percató en dónde se encontraban. En forma inconsciente sus puños se contrajeron al costado de su cuerpo, por lo que hundió sus manos dentro de su chaqueta y caminó hasta ponerse a su lado, mirando el estadio.
—¿"World Trophy"?— leyó en la parte superior. —¿Ese no es un patinador famoso?— Yuri había preguntado mientras señalaba con su mano uno de los carteles más grandes y llamativo. Consiguiendo con este gesto que Katsuki reaccionara. Su mirada algo perdida se giró a ver al rubio y luego la imagen en frente de ellos dos, sonriendo con suavidad.
—Sí, es el campeón olímpico, Yuzuru Hanyu.— dijo al final, mientras que movía apenas su cuerpo. Ni siquiera se había dado cuenta cuándo se había quedado parado allí.
—No sabía te gustaba el patinaje artístico…—comentó con cautela el más bajo, haciendo una pequeña mueca entre sus labios. —¿Quieres venir a ver el torneo?—
Aquella frase hizo detonar algo dentro de él. Su corazón había empezado a latir con fuerza y tan sólo imaginarse la pista de hielo algo en lo profundo de su pecho dolió. En forma automática sus manos se negaron en el aire y una pequeña risa nerviosa brotó de sus labios.
—No, no, no.— dijo reiteradas veces antes de sacar su mirada de allí hacia otro lado. —No es mi área…—
Yuri no disimulaba y su mirada era incrédula ante la negativa recibida. El mayor había notado esto, por lo que simplemente tomó su muñeca para jalarlo con suavidad.
—¡Vamos a comer algo!— comentó de inmediato, empezando a caminar mientras que lo llevaba. Necesitaba alejarse de allí.
Ambos se alejaron con rapidez de aquel sitio, sin embargo, a pesar de que el rubio se dejara llevar por un hiperactivo japonés, su mirada se dirigió con brevedad al estadio una última vez antes de cambiar de calle.
You Only Live Once
Su vida se había convertido en un caos. Los extraños sueños que habían acaparado su mente, la peligrosa atracción hacia su profesor lo atormentaba, sentía una peligrosa atracción que le recordaban una y otra vez ese sueño que lo desnudaba en frente de sus ojos. Algo que jamás había pensado y ahora que lo consideraba comprimía con fuerza su vientre en una excitación que nunca antes había experimentado.
Sin embargo, sabía que no podía seguir huyendo. Desde hace dos semanas que no se había atrevido a volver al club de música. Pero, ¿Qué estaba haciendo? ¿Cómo podía ser tan cobarde? Sí, era cierto que toda era su culpa, que el hombre no había hecho nada y que por idiota se estaba alejando de algo que amaba como era la música. Por eso estaba allí, sosteniendo entre sus manos el estuche del violín y suspirando profundamente antes de atreverse a abrir la puerta del aula.
Lo primero que vio al ingresar fue la sonrisa amplia de Phichit, consiguiendo que su corazón se tranquilizara un poco. Pero en cuanto notó la mirada profunda de los ojos del profesor su mueca se aflojó con suavidad. El imponente hombre estaba parado, ligeramente apoyado sobre su escritorio, aparentemente dando una charla a los estudiantes.
—Katsuki—kun nos honra con su presencia.— comentó Nikiforov moviendo con suavidad su mano en el aire. Su tono de voz era siempre alegre, sin importar que hubiera sido un pequeño reproche. —¡Adelante, adelante! Justo estaba por darles un anuncio importante.—
Yūri inclinó su cabeza antes de caminar con rapidez hacia su sitio, dejando su violín al costado de su cuerpo mientras que saludaba apenas con la mano a su mejor amigo. Deseaba hablar con él, pero supuso que no era el momento.
—Retomamos.— dijo con aquella profunda voz de mando el profesor, palmeando un par de veces sus manos para capturar la atención de todos. —Habrá un encuentro de arte de Kioto. Lamentablemente no hay cupos para todos, por lo que habrá una serie de audiciones que determinarán qué alumnos irán.—
Una serie de murmullos se levantó ante sus palabras, todos parecían entusiasmados. Inclusive Phichit que golpeó con suavidad el brazo de Yūri, incitados por el moreno hablaron en susurros, al igual que el resto de la clase.
—¡Es bueno saber que todos están entusiasmados!— dijo en forma divertida Nikiforov, sonriendo —Entonces debemos comenzar ya. Los iré llamando a que hagan una pequeña demostración con su instrumento. Mañana les daré los resultados, ¿Está bien?—
Un coro general se escuchó asintiendo. Dejando que el mayor tomara una pequeña libreta y una pluma entre sus dedos, mirando a sus alumnos luego con una pequeña sonrisa divertida en sus labios.
—Dicen que los últimos serán los primeros, así que Katsuki—kun, ya que llegó al último usted debe comenzar.—
Yūri parecía haber sido paralizado con aquellas palabras, sin darse cuenta que todos lo estaban observando. Se movió con suavidad cuando Phichit había tocado su brazo y en forma torpe sacó su violín de su estuche. Caminó algo nervioso hacia el frente de la clase, intentando no enfrentar directamente los ojos color tormenta del mayor.
—¿Debo… tocar alguna pieza en especifico?— preguntó con voz baja, girando sus orbes a observarlo pero siendo apenas de reojo.
—¡Para nada! Es totalmente libre, así que esperamos nos sorprenda.— contestó con esa jovialidad que Yūri entendía casi como cínica.
Aún así asintió con un movimiento de su cabeza, apoyando su fiel instrumento sobre su hombro y sosteniendo entre sus delgados dedos el arco. Se permitió suspirar profundamente antes de cerrar los párpados y empezar a ejecutar aquella pieza que sonaba entre sus sueños.
El aula dejó de emitir sonidos y de repente nada existía a su alrededor. Era una melodía suave, esa que empezaba como un suave lamento que cargaba tristeza y una lucha perseverante. Luego, hacía la mitad, cambiaba lentamente. ¿Había algo diferente? Si.
"Ahora, Yūri descubrió algo como el amor."
¿Esa había sido la voz del profesor Nikiforov susurrando en su oído? No, era algo que estaba dentro de su mente.
Cada nota ahora transmitía esperanza, un sentimiento que llevaba a Yūri a meterse en su propia interpretación.
Su cuerpo se movía ligeramente, acompañando esa melodía que estaba terminando en una forma dulce. Sucumbiendo sutilmente ante las últimas notas antes de quedarse simplemente allí. Sus parpados se elevaron y pudo observar como todos estaban impresionados. Phichit fue el primero en moverse, aplaudiendo en forma entusiasta antes de seguir seguido por el resto de sus compañeros.
Yūri se permitió sonreír, sintiendo el rostro y la pequeña nariz enrojecida. Agradeciendo varias veces con pequeñas reverencias. El profesor Nikifirov no se había quedado atrás, caminando lentamente en su dirección.
—Amazing, Katsuki—san!— casi gritó lleno de entusiasmo, haciendo que el estudiante se avergonzara un poco más. —¿Tiene nombre?— preguntó de inmediato, apoyando uno de sus dedos sobre sus propios labios.
Un nombre, ese detalle era algo que Yūri ni siquiera había considerado. Pensó unos breves segundos, antes de que sus labios se movieran.
—"Yūri on ice".— dijo sin pensarlo, pero al escuchar a su propia voz pronunciarlo un suave calor se instaló en su pecho, sonriendo.
El mayor reflejó por unos segundos sorpresa en sus facciones, pero de inmediato fue suplantado por una mueca relajada, curvando sus pequeños labios.
—Queda perfecto. Puede tomar asiento, Katsuki—san…—
Yūri asintió y luego de hacer una corta reverencia caminó en dirección a su asiento. Sin embargo, era consciente de que la mirada de los ojos claros estaba puesta en él. La confianza presionó su estómago y sonrió en forma breve.
"Mírame a mí, Viktor."
You Only Live Once
—¡No tiene sentido! ¡¿Cómo puede no haberte seleccionado?! Nikiforov te tiene envidia…—
Phichit estaba enfurecido y lo manifestaba de una forma abierta. Su voz marcaba cada una de las palabras en japonés y cada tanto emitía un pequeño bufido. Yūri, por su lado, intentaba mantener la calma. Sostenía una pequeña sonrisa, aunque en su pecho la sensación de decepción era latente.
Aquella mañana habían llegado entusiasmados a ver la lista de convocatorias. Phichit salía entre los primeros nombres, pero, aunque se tenía algo de confianza, su nombre jamás fue escrito allí.
—Los demás… debieron hacerlo mejor que yo, ¿No?— intentó decirlo, pero su voz era demasiado baja y su cabeza se había agachado involuntariamente. Se sentía miserable.
—¡No digas esas cosas, Yūri! Eres el mejor violinista que tenemos. Tu interpretación fue increíble. No tiene sentido.— las manos del joven tailandés golpearon la mesa.
Phichit siempre había sido conocido por tener buen humor e intentar apaciguar las cosas. Sin embargo, era la primera vez que lo veía tan metido su disgusto. Estaba tan seguro de lo que decía que Katsuki empezó a dudar. Por primera vez había tenido confianza en su interpretación, estaba seguro que había captura a Nikiforov con ella, ¿Por qué había sido rechazado?
La duda empezó a comer su cabeza y se terminó incorporando de la silla en dónde se encontraba.
—¿Yūri?—
—Iré a hablar con el profesor.—
Su voz era firme y contundente. No estaba dispuesto a pensarlo, porque sabía que si lo hacía terminaría por acobardarse. Por ello no escuchó las últimas palabras de su amigo, tan sólo colocó la mochila en su espalda y salió del aula de clases, caminando con rapidez por los pasillos.
Aún faltaba para que terminara las horas curriculares, por lo que supuso que el profesor se encontraría en la sala de profesores. Golpeó con suavidad la puerta y preguntó por él. Nishigori, el profesor de educación física lo miró extrañado y llamó de inmediato a Nikiforov.
El ruso apareció en cuestión de segundos, sorprendido al verlo allí.
—Katsuki—san, ¿En qué puedo ayudarte?— preguntó cerrando la puerta detrás de él y dejando a ambos para conversar en el pasillo.
Yūri al tenerlo en frente sintió su confianza flaquear, sin embargo, intentó mantenerse firme.
—Yo… Quería saber porque no quedé seleccionado para la convocatoria… ¿Falle en mi interpretación? ¿Hubo mejores que yo?—
El profesor estaba sorprendido y se notaba en sus delicadas facciones. Se cruzó sus brazos sobre su pecho y observó en forma divertida a su alumno.
—Tienes mucho coraje para venir a preguntarme algo como esto.— reprimió una pequeña risa y lo miró firmemente. —No fallaste, te faltan pulir unos detalles en tus dedos, pero fuiste el mejor alumno del club.— le comentó manteniendo esa pequeña sonrisa entre sus labios.
Aquellas palabras tan sólo lo hicieron sentir más miserable, mordiéndose con fuerza el labio inferior.
—¿Entonces por qué…? ¿En qué falle?— preguntó de inmediato, contrayendo sus puños al costado de su cuerpo.
Nikiforov se tomó unos segundos para poder observarlo, manteniendo aquel brillo de curiosidad en sus ojos claros.
—No pensé fueras tan ambicioso, Yūri…— su nombre había sido expresado en una forma lenta, casí torturosa a los oídos ajenos. —No podía cederte ese lugar. Desde que soy profesor te he visto en… ¿Cuántas? ¿Dos clases en el club? No es justo para el resto de tus compañeros.— le aseguró mientras su mano izquierda se elevaba en el aire en un gesto casi teatral.
Pero sin duda alguna esa respuesta no era algo que se esperaba el menor. Asintió en forma lenta, comprendiendo a la perfección cuál había sido su error. Asintió en forma breve derrotado y arrepentido.
—Lo comprendo. Lo siento…—
Se sentía avergonzado e incapaz de verlo. Hizo una reverencia para marcharse de allí, pero no llegó a caminar cuando la mano de Nikiforov estaba sosteniendo su muñeca. Aquel tacto no era brusco, al contrario, se sentía cálido y familiar.
—¿Realmente te interesa esa convocatoria?—
Yūri se mordió con fuerza el labio inferior. No estaba seguro cuál era la motivación que estaba sintiendo, si es que el demostrar su futuro como violinista o demostrarle a Nikiforov sus habilidades. Sin embargo, sabiendo que decir lo segundo sería raro, simplemente asintió con su cabeza a su pregunta.
—Está bien… Te daré una oportunidad, pero habrá una condición.— mencionó deslizando sus dedos fuera de su muñeca.
Sus miradas se encontraron en forma breve para que al final el japonés asintiera en forma lenta. Tal vez estaba siendo muy bobo a esa repentina atracción que sentía hacia el mayor, pero era como lanzarse a un precipicio. Sabía era una idiotez, pero la emoción contraía con fuerza su abdomen.
—Lo que usted me pida…—
Nikiforov sonrió.
—Ven a mi departamento esta noche y cena conmigo…—
Los labios de Yūri se abrieron con suavidad sorprendido, mientras su voz se perdía por unos segundos.
"Yūri, ¿Tendrías una cita conmigo?"
Su cerebro lo estaba traicionando de nuevo, podía escuchar su voz en su cabeza acariciando con su tono dulce sus sentidos. Aún así, sacudió su cabeza apenas para poder verlo, asintiendo con lentitud.
—Nos vemos esta noche, profesor…— susurró apenas antes de hacer una nueva reverencia.
Katsuki se giró sobre sus talones y se marchó por aquel pasillo. No sabía ni siquiera que estaba haciendo, pero estaba preocupado por el latido desbocado de su corazón. Estaba tan sumido en su huida que no notó como los ojos claros estaban brillando con intensidad.
"Yūri, ¿Por qué no vuelves a mi?"
Continuará…
¡Ya casi hemos llegado a la mitad de la historia! A partir del próximo capítulo habrá un cambio rotundo que traerá muchas respuestas, aunque aún así espero que este les haya gustado.
Si, tardé demasiado en actualizar. Lamentablemente no tengo tanto tiempo disponible como me gustaría, y al no tener BETA para esta historia tengo que corregirlo varias veces, cosa que me lleva mucho trabajo (y si, seguramente sigo teniendo errores TT-TT). Si alguna persona está interesa en ayudarme, es bienvenida.
Un especial agradecimiento a Taurus95 y Io-chan Ao-sama por haberme dejado reviews aquí, les contestaré por privado . Invito a aquellos que leen a que me digan que opinan. Los autores no tenemos nada más que sus comentarios como recompensa de nuestro trabajo.
Pueden hablarme en forma personal en Twitter como OrionCassie5 ¡Gracias por leerme!
