Antes de empezar debo agradecer a toda la gente que se ha tomado el tiempo de leer el prólogo de este fic, muchísimas gracias y en verdad lamento mucho la tardanza... espero que este capi sea de su agrado ;D... Para los que nunca antes han leído uno de mis fic n.n...La letra cursiva representa los pensamientos.

Aclaraciones: Los personajes de este fic son de propiedad de Nintendo, escribo esto sin ninguna motivación monetaria, sólo a modo de diversión.

Sin más los dejo con el primer cap...


GUARDAESPLADAS POR UNA SEMANA


.-.-.-. Día uno: Una apuesta peligrosa .-.-.-.


Todo estaba oscuro, no sabía que sucedía… ¿Dónde estaba? ¿Qué era lo que había sucedido?... lentamente los recuerdos fueron llegando a su mente… estaba atardeciendo, él entraba al castillo… todo parecía demasiado callado… mucho más silencioso de lo acostumbrado, fue entonces cuando decidió ingresar en el gran salón del comedor… craso error…

– ¡Soy el guardaespaldas de la Princesa! –gritó el recordar las palabras de Impa, abriendo sus ojos como plato sorprendido.

"Desde hoy, tú me reemplazaras como guardaespaldas y tutor de la princesa Zelda", esas habían sido sus palabras exactas.

– ¡¿Qué voy a hacer ahora?! –Exclamó intentando incorporarse, sintiendo el peso de esas palabras que se repetían una y otra vez en su mente.

En ese momento se percató de que se encontraba amarrado y no sólo eso, estaba sentado sobre una pequeña silla, aunque todo a su alrededor seguía inundado por la sombras.

– ¿Qué lugar es este? –Preguntó comenzando a alarmarse, sintiéndose temeroso.

– ¿Dónde estuviste exactamente a las diez con cinco minutos de esta noche? –Escuchó la voz muy seria de un hombre que le preguntaba.

– Yo... –No sabía que responder, se sentía "atrapado" en todo lo literal de la palabra.

No podía ver nada, por más que busco en medio de las sombras no logró distinguir al sujeto que le hablaba… o mejor dicho… que lo interrogaba.

– Me parece que ya habíamos aclarado que cualquier cosa que digas podrá ser luego, usada en tú contra –le dijo con rapidez, al ver que el joven no parecía reaccionar ni mucho menos responder a su pregunta.

– ¡¿Qué demonios es todo esto?! ¿En verdad lo estaban interrogando? –Sus ojos se abrieron de par en par, estaba comenzando a asustarse.

– Por favor… luces –ordenó al mismo tiempo que dando dos palmas una luz casi segadora se encendía sobre su cabeza y la del chico.

– ¡Su alteza! –exclamó, su sorpresa no podía ser más evidente.

Si… así era… justo delante de él, en una mesa como la que usan los jueces hoy en día, con un gran y decoroso martillo de madrea, se encontraba el rey de Hyrule, frotándose las manos, observándolo detenidamente.

– Volveré a repetir la pregunta, Link… –dijo haciendo una pausa, inclinándose hacía adelante al mismo tiempo que apoyaba sus antebrazos sobre la pulida mesa y juntaba sus manos en un acto de solemnidad– ¿Dónde estuviste exactamente a las diez con cinco minutos de esta noche? –Reiteró el hombre, entrecruzando sus dedos, impaciente.

– Yo… –Trató de hacer memoria– no tengo ni la menor idea… acabo de despertar –le respondió con una simpleza realmente admirable.

– ¿Me estas insinuando que no tuviste nada que ver con la desaparición de la Princesa Zelda? –Su mirada se había endurecido, sus cejas casi se habían juntado en su entrecejo y abriendo sus pequeños ojos de par en par lo desafió con la mirada.

– ¡¿QUÉ?! –Exclamó, incrédulo ante las palabras del hombre.

Lo que el rey acaba de revelarle lo había dejado completamente pasmado… ¿Cómo era posible que la Princesa desapareciera? Y aún peor ¿Dónde estaba el cuando esto sucedió?... no podía creerlo… ni siquiera había comenzado a ser el guardaespaldas de Zelda y ella ya se había esfumado… ¡Esto era una locura¡ ¡Él, acababa de despertar!

– Tú expresión me lo dice todo… sabías cual era tú responsabilidad y… –hizo una breve pausa mientras se acomodaba en el asiento– aún así dejaste sola a la princesa, única heredera de Hyrule y ahora… ella… –su voz comenzaba a quebrase– ella…

– Su majestad… ¿Se encuentra bien? –se aventuró a preguntarle, preocupado, en verdad lo estaba, no sólo por su situación actual, sino por la chica, ella era su "amiga" de la infancia y nunca hubiera deseado que algo malo le pasara.

– ¡Claro que no, IDIOTA! –Le respondió fuera de quicio, levantándose de su asiento– ¡Por tú culpa mi hija esta perdida! –Le volvió a gritar, tomando está vez el mango del martillo con una de sus manos.

¿Había escuchado mal o sólo era su imaginación?, el rey acaba de llamarlo "idiota", eso… era algo que nuca creyó escuchar, NUNCA… y peor aún, estaba siendo culpado por algo de lo que ¡Ni siquiera tenía idea!. Lo último que recordaba eran dos palabras haciendo eco en su cabeza "guardaespaldas" y "Princesa"… después de eso todo se había nublado…

– Yo no hice nada… ¡ACABO DE DESPERTAR! –Su corazón le decía aquello que quería gritar, pero su mente insistía que era impropio.

– ¡Tú! –Le dijo apuntándolo con el objeto.

– ¿Yo? –Preguntó abriendo sus ojos de par en par, esperando lo peor.

– Si tú… ¿acaso vez a alguien más en esta sala?

– Emmmm… pues… no –levantó una ceja aún con los ojos bien abiertos– en realidad no.

– No hay caso contigo… –dijo suspirando resignado, cerrando momentáneamente sus párpados aún con una de sus cejas ligeramente más elevada que la otra– pero eso no te exime de responsabilidades… le preguntaré a los presentes, considerando todos los hechos pasados… ¿Cómo consideran que debe ser juzgado el acusado? –Había vuelto a enfrentarlo con la mirada, nuevamente contrayendo los músculos de su entrecejo.

– ¡CULPABLE! –Se escuchó un gran grito de una enorme multitud decir al unísono.

Link se sorprendió de sobremanera al escuchar esa "repentina" respuesta. No podía creer lo que estaba pasando, había algo mal en todo esto... no podía ser posible.

– No sabes cuanto lo lamento Link, pero tomando en cuenta lo sucedido y como máxima autoridad de Hyrule –le dijo pausadamente al mismo tiempo que se sentaba– es mi deber juzgarte como… –había volteado su rostro para ver a la "multitud" en medio de la oscuridad, pero sus ojos volvieron a posarse sobre Link de reojo – ¡CULPABLE! –Exclamó golpeando con gran fuerza la pequeña base de madera con el martillo.

Al mismo tiempo que el martillo chocaba con fuerza sobre la base de madera el piso que se encontraba bajo sus pies desapareció, al igual que las cadenas que lo sostenían… y él… comenzó a caer… caer… caer… caer...

¡Ya basta! Ni un disco rayado repite tanto como está loca autora.

Ejem... bueno siguiendo con la historia... en resumen, Link siguió cayendo hasta que…

– ¡AHHHHHHHHHH!


– ¡AHHHHHH!

El fuerte golpe que se dio contra el piso lo despertó al instante, al abrir los ojos de encontró mirando el blanco techo de algún cuarto, parpadeó un par de veces, confundido y fue en ese momento cuando sintió que alguien se abalanzaba contra él.

– ¡LINK! –Exclamó la chica abrazándolo con fuerza con lágrimas en los ojos– pensé que nunca despertarías… me tenías muy preocupada…

El chico abrió sus ojos perplejo, no podía ver quien era la joven que lo estaba abrazando, ya que además de estar estrechándolo con gran fuerza, ella ocultaba su rostro, entre su hombro, incluso podía sentir la respiración de ella sobre su cuello.

– Disculpa… pero… me estas aplastando –le dijo sonriéndole nervioso un tanto avergonzado.

– ¡Por las Diosas!… cuanto lo siento Link… –notoriamente avergonzada, se separó de él con rapidez– ¡Que vergüenza! ¡Soy una tonta, tonta! – pensó sintiéndose como una completa idiota.

¡¿Cómo fue que se le había ocurrido abalanzarse contra él?!, definitivamente eso no tenía una respuesta… aunque lo que si sabía es que el hecho de que Link se convirtiera en su guardaespaldas y tutor tan repentinamente la había afectado y sin darse cuenta se dejo llevar por un impulso.

– ¡ZELDA! –Exclamó al reconocer el rostro de la chica, ahora sus mejillas también habían adquirido un notorio rojo– ¿Zelda… me… me estaba abrazando…? –pensó sintiendo como los latidos de su corazón comenzaban a acelerarse y el rubor de sus mejillas iba en aumento.

Los dos se encontraban sentados sobre el suelo, a sólo unos cuantos centímetros del otro, pero ninguno de los chicos se miraba, de hecho ambos observaban avergonzados el suelo, que seguramente no tenía nada de interesante, pero aún así lo miraban con gran atención.

El chico no entendía nada de lo que estaba pasando, todo era verdaderamente confuso… primero la inesperada noticia, luego ese extraño interrogatorio en donde se había enterado que la princesa estaba desaparecida… esperen un momento… ¡¿La princesa ESTABA desaparecida?!

– Zelda… ¿Estas bien? ¿No te pasó nada? ¿Dónde te habías metido? –Le hizo una pregunta tras otra, apoyando ambas manos sobre los hombros de la chica, mirándola directamente a los ojos, preocupado.

– ¿Qué? –fue la única respuesta que pudo dar una ahora confundida muchacha, ella lo observaba como si él hubiera enloquecido repentinamente e inclusive pensó que quizás aquello era producto del mismo golpe que se había dado al desmayarse en el comedor.

– Tú… habías desaparecido y yo… yo… –sin darse cuenta su había acercado demasiado al rostro de la joven.

– Eso es imposible, he estado toda la noche en este cuarto, contigo –le dijo mirándolo aún más confundida, ahora sí que le estaba dando un punto a favor a lo del golpe en la cabeza– te desmayaste en el comedor y ahora acabas de despertar.

¿Toda la noche? Eso significa que… ¡Fue un sueño! –Exclamó de pronto suspirando aliviado, casi se había creído todo lo sucedido en ese "estúpido" sueño y es que a su parecer aquello había sido muy real– bueno una pesadilla… pero es lo mismo –de pronto se sintió muy bobo, había hecho el ridículo frente a la chica. Suspiró pesadamente alejando ese pensamiento y volvió a concentrarse en el presente.

El silencio volvió a reinar entre los dos. Como muchas otras veces.

Link decidió romper ese incómodo momento dedicándole una dulce sonrisa a la Hylian y poco después su corazón dio un pequeño brinco al ver como ella le correspondía sonriendo tímidamente. El joven aún no se había separado de Zelda, sus manos seguían sobre los hombros de ella y sus rostros estaban peligrosamente cerca, pero ninguno de los dos se había percatado de esto, parecían haber caído bajo un extraño encantamiento. Fue así como lentamente, los escasos centímetros que separaban sus labios comenzaban a desaparecer, ambos respiraban de forma irregular, casi como si estuvieran conteniendo el aliento y cuando finalmente la punta de sus narices hizo contacto por primera vez…

– ¡Buenos días, bello durmiente!, es hora de levantar… –la mujer guardó silencio interrumpiendo sus propias palabras. Había entrado al cuarto sin llamar a la puerta y se había encontrado con una escena bastante comprometedora.

La voz de Impa había roto el encantamiento.

– ¡IMPA! –Exclamaron los dos jóvenes al mismo tiempo, separándose con algo de brusquedad. Completamente rojos.

Quizás esta era una señal, el destino o algo les estaba jugando una mala pasada o quizás... quizás simplemente aún no estaban listos para llevar a cabo un acto como "ese", por mucho que en el fondo sus corazones lo desearan intensamente.

– Creo… que estoy interrumpiendo algo –los miraba de reojo con una acusadora sonrisita– por lo menos pudieron haber esperado hasta que me marchará… se ve que los jóvenes de hoy no pierden el tiempo –les comentó dedicándoles una miradita de lo más divertida, el rostro que ellos tenían ahora expresaba clara y únicamente... vergüenza.

– ¡No es lo que crees Impa! –Le contradijo la chica con el rostro totalmente rojo, levantándose de un salto– yo y Link sólo… sólo estábamos conversando –mintió buscando una excusa que pareciera convincente, pero como ni ella misma se había creído sus palabras había optado por cerrar sus párpados dedicando se sentir como el calor en su rostro le molestaba enormemente.

Link guardo silenció, estaba tan avergonzado que no se atrevía ni siquiera a mirar a la mujer que aún se encontraba en el umbral de la puerta.

– ¿Conversando? ¿En el suelo? –La interrogó nuevamente sonriendo con un dejo de complicidad y malicia, notando el nerviosismo de la joven Princesa.

– ¿Estábamos en el suelo? –Le preguntó la aludida, tratando de calmarse, pero ahora su corazón latía a mil por hora– ni cuenta me di… –agregó luego haciéndose la desentendida.

– Se nota que su conversación era "muy" interesante, tanto así como para que no te percataras de ello… –llevó una de sus manos hasta su barbilla, sin dejar de observar acusadoramente a los jóvenes– y… respóndame otra cosa princesa… ¿Qué hacía usted despierta tan temprano en un cuarto que ni siquiera es el suyo?

– Yo… yo vine a ver como estaba Link… –le respondió rápidamente, la habían atrapado, Impa era muy perspicaz y siempre terminaba atrapándola en sus mentirillas– si supiera que he permanecido toda la noche en este cuarto ¡Estaría castigada de por vida! –pensó tratando parecer lo más tranquila que su inexperto cuerpo le permitía.

– Bueno, la verdad es que yo venía a despertar a Link… –Cerró momentáneamente sus ojos para luego volver a clavar sus orbes rojos e intensos sobre la chica, sonriendo aún con esa rara mueca un tanto intimidante– pero viendo que ya te has encargado de ello, creo que es mejor dejarlos solos… aunque, no tarden demasiado, el rey, los espera para desayudar –le dijo sin más saliendo del cuarto, cerrando la puerta tras su espalda.

Ambos suspiraron aliviados al ver salir a la mujer, pero ese alivio no les duró demasiado, ya que nuevamente se sintieron nerviosos al recordar lo que había estado a punto de suceder… unos centímetros más y… y… ¡SE HUBIERAN BESASO!

– Tal vez... –se sentía demasiado avergonzada como para volver a mirar al chico– tal vez... sea mejor que baje –le dijo comenzando a caminar hacía la puerta.

– Zelda… espera…

La chica se detuvo, dudo un segundo y luego se giró. Con algo de desconfianza y aún con el rubor cubriendo sus mejillas, lo observó. La verdad es que aún tenía la esperanza de que él le dijera algo como "Tú me gustas mucho" o "siempre he estado enamorado de ti" o alguna cosa por el estilo, y ella ante una confesión como esa no dudaría más y se entregaría a sus brazos y…

¡Ya deja de soñar! Se repitió una y otra vez mentalmente.

– Me habías dicho que estuviste toda la noche en este cuarto… ¿Por qué le mentiste a Impa? –Le preguntó ingenuamente, interrumpiendo abruptamente las ensoñaciones de la joven.

– ¿Eso te dije? –Abrió sus ojos de par en par, con un rojo renovado por un nuevo e incómodo momento– creo que hable de más… no lo recuerdo –le respondió finalmente volviendo a retomar su marcha, tenía que largarse de ese lugar ahora.

Link observó embobado la puerta por donde la joven había desaparecido y tardo algunos segundos en reaccionar, era cierto que desde hace ya mucho tiempo esa joven le atraía… esperen ¿Dije le atraía?, lo siento, quise decir… lo traía LOCO… estaba completamente enamorado de la Princesa y aún no había tenido el valor para decírselo, ya que temía que sus sentimientos no fueran correspondidos.

– Pero… ¿Qué demonios estoy haciendo? –Se preguntó volviendo a la realidad, alejando todos esos tontos pensamientos que se le pasaban por la cabeza cada vez que tenía la oportunidad de estar unos segundos a solas con la chica– ¡ZELDA, ESPERAME! –Le gritó corriendo tras la chica.

Definitivamente Link era un chico distraído, tanto como para nunca haberse percatado que sus temores no tenían ningún fundamento. Incluso aún peor… todos en el castillo, cocineros, sirvientes, jardineros, guardias, el rey y la actual tutora de la princesa, habían descubierto los sentimientos de Zelda hacía el chico y de este hacía ella. La pregunta era ¿Algún día esos dos lo descubrirían?... bueno quizás esa interrogante sólo el tiempo lo responderá…


En el mismo salón donde la noche anterior Impa le había dado la gran noticia a Link, se encontraban el rey de Hyrule y la mujer que se acercaba lentamente hacia el extremo superior de la mesa.

– ¿Cómo está Link? –Le preguntó cuando esta se sentó junto a él.

– Perfectamente su alteza, estoy segura que el chico hará un gran trabajo…

– De eso no me cabe la menor duda, sólo espero que mi hija no le de demasiados problemas, ya sabes como se pone cuando algo no le parece.

– ¡Ohh! Por eso no tiene de que preocuparse, estoy absolutamente segura que a ella le fascina la idea, después de todo, ella y Link se llevan muy bien, son muy buenos amigos desde pequeños y tienen, casi la misma edad –dijo como queriendo insinuar algo.

– Si… son el uno para el otro… ¿Quién lo diría, no?

– Tiene razón –le dijo asintiendo con la cabeza y cerrando momentáneamente sus ojos para suspirar pesadamente– igual de tercos y despistados– suspiró de nuevo.

– Sabes, me gustaría mucho que fuera mi hija la que decidiera con quien casarse… –el hombre bajo su mirada, algo entristecido– pero… viendo como están las cosas no me queda más opción que ser yo quien decida por ella.

– ¿Ya encontró al futuro prometido de Zelda? –Le preguntó sorprendida.

– Me temo que sí –hizo una leve pausa, parecía algo cansado– he decido presentarlo en el baile que se realizará este sábado en el castillo, finalizando como todos los años el festival de primavera.

Tal como el rey lo había dicho, cada año se llevaba a cabo un festival en honor a la llegada de la primavera y el término de las lluvias. El festival comenzaba el día viernes por la noche en el pueblo, con una gran celebración a la que el rey y su hija no acostumbraban a asistir y durante la noche del día siguiente se daba por finalizada la celebración con un gran baile que se llevaba a cabo al interior del castillo.

– Es una lástima… posiblemente para ese entonces aún no habré regresado…

Fue en ese momento cuando Link y Zelda ingresaron juntos al salón.

– ¡HIJA! –Exclamó el hombre levantándose de su asiento, saludándolos alegremente, de pronto su semblante había cambiado– ¡LINK!... no saben cuanto me alegra que hayan llegado, desayunemos rápido y luego, juntos, iremos a despedir a Impa, que ya esta algo retrasada.

¿Por qué está actuando tan raro? –Pensó la chica acercándose algo temerosa al extremo de la mesa donde se encontraba su padre e Impa.

– Pensé que les tomaría más tiempo –les comentó la mujer al tiempo que ellos se sentaban.

Este último comentario hizo que los dos jóvenes se sonrojaran nuevamente. Luego de eso pasaron sólo unos segundos antes de que comenzaran a comer, todo parecía ir en orden, lo que era bastante extraño… fue entonces cuando el rey se aventuro a preguntar…

– ¿Qué estaban haciendo arriba que tardaban tanto? –Él aún no se había enterado de lo sucedido.

– ¡NADA! –Respondió Zelda muy roja, dejando caer "casualmente" la taza de té que estaba bebiendo.

La pobre taza se estrello contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos, haciendo un fuerte "crach", dejando el oscuro líquido derramado sobre el suelo. Link por su parte se atraganto con el pedazo de pan que estaba comiendo tranquilamente, momentos antes de que el rey hablara.

– ¡Link se está ahogando! –Gritó el rey levantándose de su asiento, alarmado al ver que el rostro del chico empezaba a tornarse de un color extraño.

– ¡Resiste! –Dijo Impa también escandalizada corriendo hacía el chico, golpeándole la espalda, con la intención de ayudarlo.

– ¡Respira, respira! –Repetía una y otra vez la chica quien, sentada a la derecha de él, agitaba sus manos tratando de darle aire, viendo como el rostro del joven pasaba del morado al azul.

Link finalmente logró escupir lo que le estaba obstruyendo sus vías respiratorias y lentamente fue recuperando el aliento. El rey, Impa y Zelda suspiraron aliviados al ver como el chico recuperaba el color normal de su rostro.

– Cof… cof –tosió sintiendo esa molesta y raspante sensación aún a la entrada de su traquea.

– Por las Diosas Link, debes masticar lo que comes ante de tragártelo –le regañó Impa, quien ya había vuelto a su asiento.

– Por un segundo pensé que te nos ibas –comentó el rey quién apoyaba, aliviado, su espalda sobre el respaldo de la silla.

– Cof… cof… no se preocupen… cof… estoy… cof… bien… –les dijo el de manera entrecortada, aún sintiendo un leve ardor en la garganta.

Tal como lo habían pensado, todo estaba "demasiado tranquilo", antes de que este infortunado incidente sucediera, aunque por lo menos el hecho sirvió para que él rey se olvidara por completo de lo que les había preguntado, ya que en lo que resto del desayuno, las únicas palabras que se dirigieron fueron exclusivamente para hacer alusión a la comida.


El día era hermoso, el sol brillaba con gran intensidad en el cielo y hacia calor… mucho calor, aunque afortunadamente la brisa primaveral se encargaba en parte, de refrescar el ambiente.

Ahora Nohansen, el rey de Hyrule; Zelda, la Princesa del reino; Link, nuestro nuevo, novato y aún no oficial guardaespaldas, se encontraban de pie junto a la entrada del castillo, en donde un guardia abría las rejas, para que la sheikah montada en un bonito corcel marrón de brillante pelaje, pudiera iniciar su viaje.

– Te deseo mucha suerte Impa, espero que vuelvas tan pronto como te sea posible –le dijo el rey, acariciando la cabeza del elegante animal sobre el que la mujer iba montada.

– Gracias su majestad, haré lo posible por regresar en brevedad –le dijo ella sonriéndole– Link… –llamó al chico.

El aludido se acerco más, para poder escuchar lo que Impa tenía que decirle.

– Bueno, ahora ya es oficial… eres el nuevo guardaespaldas y tutor de la Princesa Zelda, espero que sepas cumplir con tu deber como es debido… en verdad te deseo mucha suerte…

– No tienes de que preocuparte Impa –sonrió un tanto nervioso, pero sentía que su misión "no era tan complicada", después de todo se suponía que sólo tenía que encargarse de cuidar a la Princesa, y ella... bueno ella era una chica, una bonita jovencita, ¿qué podía salir de mal en todo eso?

– Espera Link… aún no termino… me he tomado la libertad de hacer una lista de todas las cosas que deben hacer durante esta semana, esto es sólo para que Zelda no pierda el ritmo de sus clases y entrenamientos… ten –le extendió un pequeño pergamino.

– Gracias –dijo el tomando el papel con una de sus manos.

– Y por último… Zelda… –dijo dirigiendo su mirada hacia la chica, un sentimiento algo sobre protector la embargo repentinamente y entonces sonriéndole agregó– cuídate mucho, mi pequeña –le dijo de manera cariñosa, para luego regresar su mirada hacia el frente, al mismo tiempo que tiraba de las riendas del corcel.

El caballo relincho antes de disponerse a partir. El rey, su hija y Link, observaron como Impa se alejaba rápidamente del castillo, hasta perderse.

– Creo que eso es todo –dijo el rey bostezando– debo ocuparme de algunos asuntos importantes, es por esto que los dejo… nos vemos más tarde –les guiñó y se alejó.

Fue así como los dos jóvenes volvieron a encontrase solos, bueno casi solos, la verdad es que el guardia que acababa de cerrar las rejas ahora los observaba con atención, esperando a ver que era lo que pasaba. Link y Zelda ni siquiera se percataron de la presencia del hombre.

– ¿Qué es lo que dice ese pergamino? –Le preguntó la joven acercándose a él, posando sus manos sobre la que él joven sostenía el papel.

El corazón de Link comenzó a latir con gran fuerza, no podía evitarlo, el suave contacto de las manos de la chica, lo ponía nervioso, tanto, que ni siquiera recordaba que era lo que le había preguntado.

– ¿Link? –lo llamó, notando que el joven parecía como ido– Hey… ¿me estas escuchando? –le volvió a preguntar, agitando una de sus manos delante del rostro del joven, haciendo una mueca extraña al mismo tiempo que levantaba una de sus cejas intrigada.

– ¿Eh?... ahh si... si... –las palabras se agolpaban en su boca, tanto que parecían tropezar a medida que las pronunciaba– bueno... este... princesa… ¿Qué me decía?

– Bueno… primero que nada, no me trates de usted, somos amigos ¿recuerdas? y no porque ahora seas mi guardaespaldas eso va ha cambiar las cosas… aunque… sería un verdadero sueño ser algo más que tú amiga –pensó, sin darse cuenta su mirada se había encontrado nuevamente con la del chico y aún presa de su inconsciencia, le dedicó una enternecida sonrisa, no podía evitarlo, en verdad no podía. Link realmente le gustaba más de lo que ella misma podía imaginar y frente a él, solía actuar de una forma algo extraña.

De inmediato reaccionó y volvió a recuperar la cordura, Link se percató del brusco cambió en la expresión de la joven, ahora parecía como si se estuviera regañando mentalmente, incluso había apartado sus manos de él.

Contrólate Zelda, contrólate… el nunca te mirara como nada más que una amiga –se repetía una y otra vez.

El guardia observaba divertido la escena, los dos jóvenes actuaban de manera extraña, algo torpes, perecían realmente nerviosos, a sus ojos, esa escena era la viva prueba de que ese "amor" entre la princesa y el chico del que tanto se rumoreaba, era una realidad.

– Claro Zelda y… ¿Lo segundo? –La interrogó, notando que la joven parecía no reaccionar.

– ¿Lo segundo qué?

– Tú me habías preguntado algo.

– AHHH! Si… te estaba diciendo que sería bueno leer lo que Impa te entrego.

– Tienes razón –con cuidado quitó la cinta que amarraba el pergamino y abrió el papel.

Para sorpresa de ambos, el pequeño papelito era un poco "largo", tanto que cayó al suelo y rodó unos cuantos metros.

–¡¿ESTO ES TODO LO QUE TENEMOS QUE REALIZAR DURANTE LA SEMANA?! –Dijo Link sin creer la larga y casi interminable lista de cosas que Impa había enumerado, nunca había sido bueno en eso de las "tareas" y ahora no sólo tendría que hacer "sus" tareas, sino ayudar a la Princesa en cada una de las suyas.

– Y yo que pensé que esta semana podría descansar –se lamentó la chica, imaginándose en parte que era lo que la mujer había apuntado en ese "papelito".

– Deberé asistir a todas tus clases –aclaró luego pasando su vista por el escrito.

– ¡¿Qué?! –¿En verdad Impa quería que Link la acompañara a todas sus clases? No podía creerlo.

– Eso es lo que dice aquí –insistió algo abrumado, rascando un tanto nervioso su cabeza.

– Déjame ver… –le quitó el papel de un tirón.

La chica leyó con cuidado la lista de deberes, que decía lo siguiente:

...

...

3.- Procurar que Zelda no se escape antes de la clase de historia a las cinco.

4.- Asistir a la clase de historia con Zelda.

5.- Vigilar que Zelda ponga atención a la maestra.

6.- Procurar que Zelda se despida cortésmente de la maestra.

7.- Acompañar al rey y la princesa en la cena.

bla bla…

Siguió leyendo hasta…

– ¡¿QUÉ?! –Exclamó leyendo una y otra vez el papel, sin creer lo que ahí estaba escrito– No puede ser –pensó sintiendo que el rubor había vuelto a apoderarse de sus mejillas.

– ¿Qué sucede? –le preguntó algo asustado por la reacción de la chica.

– Naaaada –estaba muy roja, se notaba que algo no estaba bien ¿a quien pensaba que iba a engañar? ni siquiera su respuesta sonaba convincente– ten… acabo de recordar algo muuuuy importante –le dijo entregándole el pergamino– nos vemos en la sala.

La chica se alejó corriendo hacia el castillo. Link la observó hasta que ella desapreció de su vista.

– Me pregunto… ¿Qué fue lo que leyó que la puso así? –Se preguntó confundido pasando su vista por el escrito, tenía mucha curiosidad en descubrirlo– ¡¿QUÉ?! –fue la misma reacción que la princesa había tenido, él también se puso más rojo que un tomate y apartando su vista del papelito trato de calmarse.

El guardia miro al chico algo confundido, no entendía que era lo que podía decir el papel para ocasionar una reacción como esa en ambos jóvenes.

Yo… yo… ¿Cómo me puede pasar a mi algo como esto? –Se preguntó enrollando rápidamente el papel.

Y créanlo o no, así era… casi al inicio de largo listado de deberes había unos puntos MUY destacables.

Era cierto que Impa era quien acostumbraba a realizar esos trabajos pero, para ella seguramente no había inconveniente, era una mujer… y ahora que Impa se había marchado ¡LINK DEBÍA REALIZARLOS!, el joven Hylian aún no podía creer que la Sheikah no le encargara esas tareas a otras personas… ¡El era un chico!, ¡No era correcto! ¿o si?

¿Qué voy a hacer ahora? –Se preguntó caminando lentamente de regreso al castillo– por lo menos aún me queda algo de tiempo para pensar en ello –pensó cerrando sus ojos momentáneamente sin dejar de caminar, estaba rojo... podía sentirlo, y por lo mismo avanzaba lentamente tratando de recuperar aquella calma que había perdido.


El reloj marcaba las 4:55 pm.

– ¡AHH¡ ¡LA CLASE DE HISTORIA ES A LAS CINCO! –Gritó con desesperación buscando por todo el castillo a la joven princesa– esto no puede estar pasándome… fui engañado por Zelda.

Para desgracia de Link, la princesa había desaparecido "misteriosamente" hace ya veinte minutos, mucho antes del comienzo de la clase de historia y él, como su actual tutor, debía velar para que la joven cumpliera con esa responsabilidad, por lo cual… debía encontrarla.

– Nunca debí caer en su juego –se lamentó recordando los hechos transcurridos minutos atrás.

.-.-.-. FLASH BACK .-.-.-.

Link miraba con atención las cartas que tenía en sus manos, ninguna de ellas le servía para hacer su siguiente jugada. Al dirigir su vista hacia la chica, notó que esta lo observaba con una sonrisa algo maliciosa, seguramente ella, a diferencia de él, si tenía una buena estrategia.

– Es tu turno Link –le dijo presionándolo para que realizara su movimiento.

Hace ya media hora que habían comenzado con ese juego de cartas, Zelda se lo había propuesto, y él como era de esperarse, no pudo negarse. El problema estuvo en las reglas que estableció la chica antes de que comenzaran. Según estas, el perdedor debía someterse a los deseos del ganador durante el trascurso de una hora… "Si yo pierdo, haré lo que me pidas" le había dicho.

– Yo… pasó –Cerró sus párpados resignado, bajando su mirada sabiendo que estaba derrotado.

– Perfecto... me toca –dijo con una indudable confianza y tomando una carta del mazo que se encontraba sobre la mesa, al verla, le sonrió triunfante.

Zelda dejo todas las cartas que tenía en sus manos sobre la mesa, para que de esa manera el chico pudiera verlas.

– Creo que he ganado esta partida y el juego… –le dijo muy alegre.

– Ya lo creo –se lamentó el chico al ver la perfecta jugada que ella había realizado, en verdad era muy buena con las cartas.– ¿Cómo es posible que sea TAN malo? –Se preguntó viendo derrotado las cartas que tenía en su mano– ¡No he podido ganarle ni siquiera una partida!

– Lo que significa… –lo observó de reojo con una sonrisa traviesa surcando su rostro– que ahora deberás obedecerme –continuo ella levantándose de su asiento notoriamente feliz.

Es verdad… según la apuesta que hicimos, ahora debo cumplir con todo lo que Zelda me pida… hasta que transcurra una hora…

La joven se levantó de su asiento y camino hasta quedar justo detrás de él y apoyo ambas manos sobre los hombros del joven. Link, aún permanecía sentado, mirando hacia el frente, pero cuando sintió que las manos de ella se apoyaban sobre sus hombros volvió a sentir como su corazón se aceleraba y sus músculos se tensaban, no se atrevió a realizar ningún movimiento, inclusive aguanto la respiración.

– Mmmmm… ya veo –dijo tocando una de las cartas que él, aún sostenía entre sus manos, había recargado su cuerpo en la espalda de él en un osado "contacto"– creo… que no eres muy buen jugador –le comentó divertida, aún no había notado lo comprometedora que parecía su posición actual.

– Yo… –comenzó a decirle notablemente sonrojado, cerró sus párpados tratando de controlar su alterado corazón, pero por más que intento no logró a volver articular otra palabra– ¿Qué hace?

Ahora la chica lo abrazaba por la espalda, bueno técnicamente no lo estaba abrazando, pero por la posición en la que se encontraba, perecía que lo estuviera haciendo. Estaban tan cerca que él podía sentir las curvas del cuerpo de la Princesa sobre su espalda y eso... eso indudablemente era "algo" que no podía pasar por alto, ¿en qué minuto la alegre niña que había conocido se había convertido en toda una mujer?

No sabes como deseo abrazarte con todas mis fuerzas –pensó apoyando su mentón sobre el hombro del chico, pronto una sensación extraña comenzó a apoderarse de su cuerpo, se sentía rara, algo nerviosa, quizás ansiosa... no lo sabía, pero quería descubrirlo, quería saber que era lo que le estaba ocurriendo– Link… –lo llamó en un suspiro, sin darse cuenta, estaba siendo presa de una emoción que a ratos no podía controlar, que le costaba retener dentro de ella.

– ¿Zelda? –No podía moverse y ahora si que estaba rojo, había vuelto a concentrar su mirada en que sabe que punto justo delante de él, en realidad no miraba nada en especial, para él todo se volvió repentinamente confuso y miles de emociones nublaban su razón. Para ese momento ya había soltado todas las cartas que tenía en sus manos y luego el sentir la suave respiración de la joven sobre la piel de su cuello, no pudo más que estremecerse, una sensación única e inigualable lo embargo y su nerviosismo fue derechito a una nueva encrucijada que sabía no podría vencer– ¿Qué está haciendo?… maldición… –su mente le jugaba una mala pasada, de pronto miles de pensamientos impropios se apoderaron de ella, no podía controlarlos, no podía dejar de sentir– si ella no se aleja voy ha… ¡NO, eso no es correcto Link!... contrólate… –se dijo una y otra vez apretando con fuerza sus puños para tratar de mantener a raya aquello que sabía no era correcto, aquello que no quería que ella notara.

Al escuchar la voz del chico tan cerca, reaccionó inmediatamente, separándose del joven. Acababa de perder el control de sus acciones, acaba de hacer una estúpida acción. No podía mirarlo, no podía si quiera pensar en lo que había estado a punto de hacer.

– Lo siento… –se disculpó muy avergonzada, sus mejillas le ardían y su corazón latía con tanta fuerza que creyó él podría oírlo a pesar de la distancia que ahora ella misma había impuesto entre sus cuerpos– ¿cómo demonios voy ha lograr ocultar mis sentimientos durante toda está semana?, si estamos así de cerca... no puedo... no puedo controlarme –era como una maldición, como un irónico juego del destino el que ahora parecía poner a prueba su cordura y recato, pero... ella era joven... era joven y apasionada y... y era una chica y él... él un chico, ¡Maldición! en verdad sólo esperaba que las Diosas creadoras o Hylia la auxiliaran.

– No tienes porque disculparte Zelda –le dijo aún sonrojado y volviendo a respirar con más normalidad, se había levantado de su asiento rápidamente, sólo para poder quedar frente a ella. Aunque aún el sofá se interponía entre ambos.

Sólo por una fracción de segundo sus ojos se encontraron, pero fue muy breve, casi fugaz, porque inmediatamente ambos bajaron sus miradas avergonzados, se sentían algo extraños, tal vez ansiosos o quizás nerviosos, la verdad es que ni ellos mismos lo sabías, eran tantos los sentimientos entremezclados que ambos parecían confundidos, demasiado confundidos la verdad…

– Yo… quiero pedirte algo… –dijo Zelda rompiendo el silencio que había vuelto a reinar entre los dos, aquello era como un molesto déjà vu que la acosaba una y otra vez– es ahora o nunca… está… es mi mejor oportunidad –pensó, recordando de pronto el plan que había estado maquinando justo antes de que todo se hubiera salido de control.

– Lo que quieras Zelda, recuerda que ahora yo debo hacer todo lo que tú me pidas…

Al escuchar esas palabras no pudo evitar sonrojarse, él parecía bastante serio al hablar y eso, eso le causo una sensación algo rara, en verdad las palabras que él había pronunciado le habían parecido algo "extrañas".

Link se percató de esto y de inmediato agregó…

– Quise decir que… después de todo, eso habíamos acordado ¿no? –También había vuelto a encender el rojo en su cara, era muy molesto, pero sentía que cada vez que hablaba metía la pata.

– Si… eso acordamos –le dijo aún más avergonzada. Link había entendido el porque de su reacción y esto le apenaba muchísimo, en verdad no había querido que él notara que ella había "malinterpretado" sus palabras.

Pasó un minuto antes de que uno de los dos se atreviera a hablar nuevamente.

– Bueno y… ¿Qué es lo que deseas que haga? –Le preguntó al fin, moviendo sus manos, nervioso. Necesitaba romper con el incómodo silencio, si iba a estar toda una semana con ella, debía buscar la forma de hacer que su relación pareciera más natural, que volviera a ser lo que era antes de percatarse que se había enamorado de la chica.

La Princesa levantó la mirada sólo para poder observarlo, y antes de responderle suspiro profundamente.

Es ahora o nunca… –pensó con determinación, si no lo hacía ahora seguramente esta conversación volvería a caer en otro conjunto de palabras torpes y sin sentido, presa de sus propios nerviosismos– no por nada empecé este juego de cartas… Cierra tus ojos –le dijo finalmente dedicándole una tranquilizadora sonrisa al chico, en verdad debía calmarse, pero para hacerlo, debía calmarlo a él también.

– ¿Qué cierre mis ojos? –murmuró como tonto– ¿Qué es lo que pretende hacer? –Se preguntó imaginándose un sin fin de posibilidades, no podía dejar de pensar en ello, habían tantas cosas que podía sacar entre líneas de aquellas tres simples e insignificantes palabras, pero no quería pensar en ello, no quería seguir cuestionándose cosas que sabía estaba imaginando.

– Sólo hazlo, no voy a matarte… –le dijo comenzando a sentirse incómoda, en verdad todo en esta situación era extraño, y por algún motivo que sólo las Diosas podían entender, parecía que cada palabra que intercambiaban empeoraba la situación para ambos.

Link obedeció inmediatamente, sin decir una palabra, apretando con fuerza sus puños sintiendo que su corazón estaba a punto de escapar de su pecho, había sentido los pasos de ella rodear el sofá y ahora podía sentir sus manos apoyarse sobre sus hombros. En verdad no quería imaginarse cosas... ¡No quería!

¡¿Qué es lo que va ha hacer?! –Se preguntó aún más nervioso que antes, no sabía si lo que hacía era correcto, no sabía si lo que ella hacia iba a ser correcto, no sabía... absolutamente nada.

Zelda se vio obligada a colocarse de puntillas para que sus rostros quedaran más a la par, después de todo Link era un tanto más alto que ella. Entonces sonrió, ¿En qué minuto sus estaturas se habían igualado? ¿Cuando fue que él la había pasado?, en realidad nunca se había detenido a pensar cosas como aquellas. Pero sin detenerse ahora, volvió a concentrarse en lo que estaba, se acercó más, lentamente, muy lentamente.

– Quiero… quiero que cuentes hasta diez –le susurro junto a su oído, sintiendo como el chico se estremecía, sin poder evitarlo se sujetó de los hombros de él con un poco más de fuerza.

Estaban tan cerca…

El rostro sonrojado del muchacho le parecía mucho más que apuesto, a esa distancia podía admirar las facciones que enmarcaban su rostro, todo en el le parecía perfecto, sus bonitas orejas alargadas, su pelo alborotado y claro, su piel trigueña, sus intrigantes cejas, su afilada nariz levemente respingada, y sus labios... tan pero tan...

No Zelda… no de nuevo... este no es el momento –se regañó mentalmente, tratando de despegar su mirada de los labios entreabiertos del joven, de esa boca que parecía hacerse una silenciosa invitación– pero… se ven tan deseables –pensó sintiendo la suave respiración del joven sobre la piel de su rostro. Hubiera suspirado de no ser por ese poder mental que trataba de sobreponerse a toda costa al alocado galope de su corazón– ¡No… no puedo!

La pobre chica estaba llevando a cabo una verdadera lucha contra sigo misma, un aparte de ella le decía que olvidara todo, que dejara su plan para otro momento y que sólo se dejara llevar. Estaba tan sólo a unos milímetros de los labios del chico, sólo un poco más y podría alcanzarlos… pero a pesar de ello la otra parte de su subconsciente le insistía que no debía… no ahora… no sin saber si él la veía de la misma manera, ¿cómo iba a besarlo así sin más? ¿Qué pensaría él de ella si hacia algo como eso en contra de su voluntad?

Demonios Zelda… decídete de una vez… si no lo haces ahora… no lo harás nunca.

Link por su parte estaba más tieso que una tabla, definitivamente podía sentir lo cerca que en esos momentos Zelda se encontraba de él, esos malditos centímetros que le impedían juntar sus bocas, podía sentir como su respiración chocaba contra el rostro de ella y se devolvía contra su rostro una y otra vez. Incluso había meditado que con tan sólo un sútil y "casual" movimiento de su parte podría conseguir que sus labios hicieran contacto… pero no… como siempre ahí estaba el lado correcto de Link, ese que insistía en susurrarle "¡¿Cómo se te ocurre pensar en eso?!… ella es la Princesa de Hyrule, tú no puedes… bueno si puedes, pero ¡NO DEBES!"

¡AHHHHH! –La frustración se estaba apoderando de ella– no puedo – se dijo separándose finalmente del joven, apretando con fuerza los puños molesta consigo misma– no olvides que debes contar hasta diez antes de abrir tus ojos nuevamente y… no hagas trampa –le advirtió aún sin moverse.

En verdad habían estado tan cerca.

Tonta... tonta... tonta... era una verdadera tonta.

– No hay problema –dijo, sabiendo muy en el fondo que había perdido una gran oportunidad, ella había estado a solo milímetros de él, si tan sólo hubiera tenido un poquito de valor, un poco de osadía– ¡Maldición… soy un tonto!

Entonces comenzó con el conteo… uno… dos… tres… cuatro y así hasta llegar hasta el diez y en el momento que volvió a abrir sus ojos…

– ¿Zelda?

Pero nunca obtuvo respuesta… la chica había desaparecido…

.-.-.-. FIN FLASH BACK .-.-.-.

Eso había sido exactamente lo que había pasado, desde ese momento Link no volvió a ver a la chica y ya faltaba menos de tres minutos para que comenzara la lección de historia…

– Debo pensar en algo… ¡Y rápido!

Continuará…


Holas :D! bueno… antes que nada les aviso que este no es el final del primer día , el capítulo me quedo mucho más largo de lo que pensaba y… no quiero que se aburran leyendo así que los dejare hasta acá ;D… ahhh y creo o.o que eso suma un capi más para este fic XD!

Para el próximo capítulo… ¿A Link se le ocurrirá una buena idea para encontrar a Zelda? ¿Llegaran a tiempo a la lección de historia?... u-u lo dudo XD!... ¿Qué era lo que decía en la "pequeña" lista de Impa que afecto tanto a Link y a Zelda? ¿Lograra Link sobrevivir entero al terminar esta semana? ¿Qué trauma tengo con la materia de historia que siempre la pongo en los fic XD!?... bueno todo esto y más para el siguiente capítulo que… ;D también tiene título... aunque ¬o¬ es igual de malo y poco original que todos los títulos que he inventado durante toda mi vida! XD!

El segundo capítulo del fic : Día uno (II): Ahora no podrás escaparte.

Antes de despedirme quiero dar mil gracias a todos los que leyeron el prólogo de este loco fic , en especial a los que dejaron sus cometarios, quejas, alegatos, maldiciones, etc XD!... Un saludo para la generala, Dialirvi, Itako Asakura 17, The Shadow Of The Light, Fox McCloude, Guenhwyar, Carol y Miko Rowan Farore Tonks.