Bueno como se dieron cuenta los que empezaron a leer de nuevo esta historia XD parece que ando de vaga, porque no se me ocurrió nada mejor que releer esta historia y arreglar algunos detallitos (si las caritas XD eso estoy arreglando, aunque cada vez que saco una tengo que escribir otro tanto para expresar lo mismo que quise "resumir" con la "carita" XD)
GUARDAESPALDAS POR UNA SEMANA
.-.-.-. Día uno (II): Ahora no podrás escaparte .-.-.-.
El Rey caminaba tranquilamente por los pasillos del castillo, haciendo exactamente nada, ya había terminado con el asunto pendiente que tenía, que según sus concejales se trataba de algo de vital importancia, según él, un fastidioso trabajo que no debería estar llevando a cabo.
– Zelda va ha matarme cuando se entere, pero… no tengo opción… tal vez… debería decirle.
Al dar la vuelta tuvo un precipitado encuentro con alguien, que venía corriendo por el pasillo opuesto.
¡Paff!
El golpe había terminado tirando al hombre al suelo, pero evidentemente no era él quien había salido más damnificado.
– ¿Con qué choque ahora? –Se preguntó en voz alta, al mismo tiempo que se sobaba la cabeza con los ojos cerrados, adolorido por el fuerte golpe. La colisión había sido tan abrupta que ni siquiera notó que se trataba de una persona y tampoco lo haría si no se dignaba abrir los ojos.
– ¿Cómo que "con qué"? –Lo cuestionó el Rey de Hyrule, quien aún no se levantaba.
– ¡Su alteza! –Exclamó al reconocer la voz del hombre abriendo los ojos como platos, encontrándose al hombre sentado justo frente a él– Por las Diosas… –se había sonrojado notoriamente, lamentaba no pensar antes de abrir su bocota para soltar lo primero que se le venía a la cabeza– cuanto lo siento… yo… no quise golpearlo… –agregó aún con las mejillas rojas, pero había vuelto a cerrar sus ojos producto de la vergüenza que le daba mantener el contacto visual con el hombre.
– Pero si eres tú, Link –dijo el hombre, quien también acababa de reconocerlo y parecía tanto o más sorprendido que el chico– nos dimos un buen golpe ¿no crees? –Le comentó soltando a reír divertido, mirando al pobre chico avergonzado.
– Este… si… –fue en ese momento cuando reaccionó– ¡¿Pero qué estás haciendo Link?! ¡Debes ayudar al Rey a levantarse! ¡REACCIONA! –Se regañó mentalmente, levantándose de un salto– venga, tome mi mano, señor –le ofreció amablemente.
– Gracias Link, pero… no deberías tomarte la molestia, estoy perfectamente –Como siempre el soberano le sonreía jovialmente.
Aún así el Rey tomó la mano del chico, quien lo ayudo a levantarse nuevamente, y cuando ya estuvo de pie se sacudió un poco sus ropas y acomodó la corona en su cabeza, todo sin dejar de sonreír.
– Y dime jovencito… ¿Qué hacías tú corriendo por los pasillos del castillo? –Le preguntó con un tono de reproche, pero sin borrar la sonrisa de su cara, al parecer el Rey disfrutaba al ponerlo en aprietos.
– Yo… –y justo cuando pensó que le bochorno inicial había pasado, sus mejillas volvieron a arderle.–Demonios… ¿Qué voy a decirle ahora? –Una pequeña gotita de sudor recorrió su frente y el sonriendo nervioso agregó– sólo pasaba por aquí.
– ¿Parecía que llevabas prisa? –El hombre lo miraba acusadoramente, ahora sonriéndole con un pequeño dejo de malicia. Y es que en verdad era bastante extraño el pensar que "sólo pasaba" cuando en realidad el chico venía corriendo a toda prisa por el corredor en el momento en que ellos se habían estrellado.
– Emmm… emm… –Volvió a clavar su mirada en el rostro del hombre, que seguía mirándolo fijamente, en verdad sentía que estaba en aprietos– bueno… es que… –desvió su mirada hacia el techo, ahora se estaba poniendo nervioso, bueno ya lo estaba desde hace mucho, pero ahora sus nervios iban en aumento, si seguía a si el Rey descubriría que Zelda se había escapado y él... bueno... él había fallado en su primer día como guardaespaldas y tutor de la muchacha.– El castillo es MUYYYY grande, ni se imagina lo que tardo en cruzarlo de un lado a otro , es por eso que iba corriendo –rodó sus ojos desde el techo hacia el suelo, la cosa era no fijar la vista en el padre de Zelda, todo menos eso.
–¿En serio? –Su sonrisa se alargó otro poco y esa miradita acusadora seguía poniendo a prueba los nervios del chico– y… ¿Por qué tanta prisa para llegar al otro lado del castillo?
No sabía porque, pero tenía la ligera impresión que el Rey estaba interrogándolo con el único propósito de ponerlo en aprietos… después de todo ¡¿Qué podía importarle que él anduviera corriendo por todo el castillo?!
Pero si inicialmente Zelda no hubiera desaparecido no hubiera tenido que estar teniendo esta incómoda conversación con el soberano del reino. ¡Maldición! Si tan sólo pudiera encontrar la forma de terminar con esto y volver a la tarea de encontrar a la escurridiza muchacha.
– ¿Y bien? –insistió el rey, inclinándose un poco, acercando su rostro al del joven.
Link estaba paralizado, no sabía que decir ni que hacer, incluso estaba meditando la opción de salir corriendo despavorido de lugar, aunque eso significara que el Rey pensara que es un cobarde y si de cobardía se trataba, pues… ¡¿Quién diantres podía armarse de valor para enfrentar la mirada del rey?!
– ¡¿Por qué me mira así?! –Pensó maldiciendo el instante en que se había cruzado sus caminos.
El hombre seguía observándolo tratando de indagar más allá de esa nerviosa mirada que ahora el chico tenía y mientras lo hacía una de sus manos acariciaba su barba, mientras que con la otra se rascaba la cabeza.
– No me digas que…
– ¡ZELDA NO ESTA PERDIDA! –Le termino confesando perdiendo el control de sus actos y… claro esta, de sus palabras.
Diantres, ahora si que había metido la pata y muuuy a fondo.
– No me digas que mi hija nuevamente se ha escapado antes de su clase de historia…
– ¡NOOO! –empezó a agitar sus brazos como loco mientras negaba rotundamente que algo semejante hubiera ocurrido– ¿Cómo cree?, tengo… tengo todo bajo control –le contradijo, hablando con la mayor seguridad posible– si Link, todo bajo control… ¡Eres un tonto!
– ¿Lo dices en serio? –Definitivamente no parecía ver al muchacho muy convencido de eso.– Te veo un poco preocupado y cansado…
– ¿Preocupado? ¿Cansado?... pero… que divertido es usted ateza –dijo riendo muy falsamente– ¿Yo preocupado? Ohh por favor, que buen chiste… –trató de sonreír, pero no pudo más que hacer una mueca extraña– ¡Mire! –Exclamó de pronto fingiendo sorpresa y apuntando hacia delante, como si hubiera divisado la cosa más increíble de esta vida.
El Rey volteo para poder observar lo que el joven le indicaba y mientras buscaba aquello "tan" interesante...
– Yo… –parecía confundido– no veo nada… ¿Qué fue lo que viste? –comentó al mismo tiempo que volvía a su posición original– ¿Link?
CRI CRI… CRI CRI…
El chico había desaparecido.
– Cielos pobre chico... se veía realmente alterado –medito deduciendo que el motivo del extraño comportamiento del muchacho sólo podía tener un origen– creo que tendré que pensar en algo… al parecer Link está teniendo algunos problemas con mi hija –suspiró cansado mientras se dirigía hacia su cuarto a tomar un descanso– será mejor que… ¡Consulte este tema con mi almohada!
En definitiva el Rey era un hombre "muy ocupado" y se notaba a leguas que tenía muy poco que hacer o quizás simplemente no había lo que debía hacer.
Apoyó una de sus manos sobre la pared y la otra sobre su pecho, tratando de recuperar el aliento.
– Eres un tonto –Se regañó aún notablemente agitado.
Ahora se encontraba en medio de otro pasillo, uno de los muchos del castillo, la verdad es que ha estas alturas ya no estaba seguro en que parte se encontraba, pero eso tampoco le importaba.
– Cuando encuentre a Zelda… me las va ha pagar muy caro… –Estaba molesto, cansado y preocupado, por sobre todas las cosas estaba muy preocupado. Y sin más que hacer dejo que el peso de su cuerpo reposara en la pared más cercana, apoyando su espalda contra esta.
En ese momento una joven sirvienta paso junto a él, traía el cabello recogido en una pañoleta, como la mayoría de las sirvientas, vestía con una falda larga y negra, con un pequeño delantal sobre esta y una blusa blanca. Aunque inmediatamente detecto algo extraño en su actitud, por alguna razón la chica había pasado cubriéndose gran parte del rostro con el plumero que traía en las manos.
– ¡Espere un momento! –La llamo, decidido a detenerla.
La joven se detuvo, pero permaneció de espaldas, sin mirarle siquiera.
– Me preguntaba… si por alguna casualidad usted no había visto pasar a la Princesa.
– Yo soy nueva y aún no conozco a la Princesa –le respondió con un tono de voz algo extraño, era como si se estuviera forzando a hablar de otra manera.
– Seguramente la ha visto, su estatura es como la de usted, tiene una tez clara muy bien cuidada, lindos y brillantes ojos azules, un largo cabello rubio y una figura muy bien estilizada –le dijo acercándose para poder observarla.
– No la he visto, estoy segura de ello –le volvió a hablar de la misma forma.
Ahora que se encontraban más cerca, Link pudo notar que la chica se había sonrojado y no sólo eso, sus ojos eran de un brillante azul cielo, algo que le pareció muy peculiar, sentía que por algún motivo había visto esos ojos en otra parte.
– Usted también tiene bonitos ojos –le comentó sonriéndole con amabilidad.
– Yo… tengo que irme –agregó un tanto nerviosa, alejándose tan rápido como pudo del lugar.
Link observó como la joven caminaba apresuradamente, dejando caer torpemente el plumeo que traía en la manos, por lo que él se acercó hasta el lugar, recogiéndolo.
– ¡Hey! ¡Se le cayó esto! –La llamó siguiéndola, con toda la intención de devolverle el objeto.
La joven al notar que Link la seguía comenzó a correr.
– ¿Pero qué le sucede? –Se preguntó, corriendo tras la chica. En verdad no entendía porque ella parecía huir de él, pero tampoco pensaba quedarse con el plumero en las manos, no sabía que reprimenda podía recibir ella si perdía el objeto en sus primeros días de trabajo o quizás era ese el motivo por el cual ella escapaba, quizás pensó que él iba a regañarla por su torpeza o algo por el estilo.
Ahora con mayor razón quería alcanzarla, no deseaba que la pobre muchacha pensara algo así, en realidad necesitaba explicarle la situación y disculparse con ella por meterla en aprietos.
Pero sin importar que Link la llamase, ella no se detuvo y gracias a toda esa ajetreada persecución la pañoleta termino por caerse, dejando a la vista el largo y brillante cabello rubio de la joven.
– ¿Cabello largo y rubio? –Se detuvo de golpe sintiendo que algo no estaba bien– es extraño... ella me recuerda a alguien.
Okey, quizás con un buen zape nuestro intrépido héroe podría sacar de buenas cuentas algo que estaba pasando por alto.
Pasaron sólo unos segundos hasta que por fin cayó en cuenta de que en realidad la joven que estaba siguiendo no era una sirvienta, sino que se trataba de la mismísima heredera al trono, la Princesa Zelda.
– ¡ZELDA! –La llamó volviendo a emprender su carrera tras la chica, agitando en el aire el plumero que ahora sostenía con una de sus manos– ¡Detente!
– ¡Atrápame si puedes! –Le gritó ella como respuesta, sin dejar de correr. Ya no valía la pena seguir usando una voz "prestada" a fin de cuentas el Hylian ya la había descubierto.
Fue así como la persecución comenzaba, era cierto que la joven no corría tan rápido como él, pero si conocía mucho mejor el castillo y esto le daba una gran ventaja. Link seguía a la Princesa, tan rápido como sus piernas se lo permitían, pero al tener la vista fija en Zelda, en más de una ocasión se estrelló contra alguna pared no muy estratégicamente ubicada o con alguna de las armaduras o estatuas que adornaban los pasillos.
Algunos de los sirvientes, que fueron testigos de la escena quedaron paralizados y completamente atónitos al ver la peculiar escena, digo no era nada normal ver pasar corriendo a la Princesa con el traje de la servidumbre y a nada menos que el héroe de Hyrule corriendo tras ella, agitando un plumero sobre su cabeza.
Floreros rotos, armaduras desarmadas, vajillas destrozadas… estos y muchos otros objetos fueron las víctimas de esta loca persecución, que por lo visto, no parecía llegar a nada concreto.
– No puedo seguir con esto –pensó la chica respirando a duras penas– ¿Qué acaso Link no se rinde nunca?
– Debo acorralarla en algún sitio… no podré seguir con esto por mucho tiempo –A él también le estaba costando trabajo continuar, pero no podía rendirse, no después de haber seguido con este jueguito por todo ese tiempo.
Fue en ese momento cuando un cuarto se interpuso en sus caminos. Zelda, quien sin darse cuenta, había llegado hasta un corredor sin salida, se vio obligada a entrar en la oscura habitación.
La puerta estaba entreabierta, por lo que ingresar al cuarto no fue una gran dificultad. Link la siguió sin pensarlo, cerrando la puerta tras su espalda, si esa era la única puerta de la habitación, ella no podría escapar.
– Ya no podrás seguir corriendo –le dijo acercándose lentamente hacia su presa, digo... hacia la Princesa.– Estas atrapada –ahora la apuntó con la única arma que tenía en sus manos, su infalible… ¿Plumero?
Bueno, tal vez no era tan infalible. Pero aunque no se tratara de una espada, lo empuñaba como su así fuera.
– Y pretendes convencerme con… ¿eso? –Le preguntó ella apuntando el objeto, en verdad no le parecía muy "amenazador".
Link pasó su vista por la joven y luego por el objeto que aún sostenía con su mano izquierda.
– Un… pequeño error de cálculos –le comentó riendo nervioso al notar que "eso" no era la espada que él solía portar.– Pero eso no es importante en este momento, con plumero o sin plumero, asistirás a tu clase de historia –la reganó fingiendo estar molesto, la verdad es que le costaba mantener "autoridad" delante de la muchacha.
– No quiero –le negó ella, cruzándose de brazos. Muy típico de Zelda.
El joven acortó la distancia que los separa, ella había retrocedido hasta que su espalda había chocado contra una de las paredes del cuarto.
– Ahora… no podrás escarparte –Le repitió con un tono de voz algo extraño y amenazante, no muy propio de él.
Como había cerrado la puerta al entrar, había sólo unos pequeños destellos de luz que se colaban entre las ventanas que había en el cuarto, las cuales curiosamente también permanecían con las cortinas cerradas.
– ¿Y qué vas ha hacer para evitarlo? –Lo desafió ella sin tomarle gran importancia.
Link soltó el dichoso plumero, la verdad es que no le era de mucha utilidad y apoyó ambas manos sobre la pared, a cada uno de los lados del rostro de la joven. Ahora... sería su prisionera.
– Voy a… –se acercó aún más, su mirada era algo... ¿provocadora?, definitivamente algo no estaba bien en él, quizás era producto de la oscuridad o la terquedad de la muchacha al desafiarlo o la sangre que se le subía a la cabeza con tanta precipitada persecución o quien sabe... pero lo realmente cierto es que no estaba actuando como solía hacerlo.
Zelda comenzó a ponerse nerviosa, ahora la distancia que los separada distaba mucho de ser "adecuada". Además la escasa luz que entraba en la habitación hacia que sólo los ojos del chico se reflejaran entre las sombras, dos brillantes gemas de un azul profundo la observaban, asechándola.
– La verdad es que aún no lo había pensado –le confesó finalmente, recuperando su despreocupada sonrisa y alejando esas raras sensaciones que parecían estar enloqueciéndolo.
– ¡Eres un tonto! –Le gritó la chica a punto a caerse a causa de la impresión que había sufrido al escuchar semejante tontería y es que por un segundo de verdad creyó que Link haría algo que cambiaría sus destinos para siempre, pero... nuevamente no era así.
– ¿Quién anda ahí? –Preguntó alguien con voz somnolienta en medio de la oscuridad.
Zelda y Link tragaron saliva, de pronto de habían quedado completamente paralizados…
– Esa voz…
– No puedo ser que se trate de…
De pronto las oscuras cortinas se deslizaron, dejando a la vista una magnifica habitación muy lujosa, y ante los ojos de los jóvenes se reveló la identidad del habitante del oscuro cuarto.
– ¡Papá!
– ¡Su majestad!
Exclamaron los chicos al ver al Rey con un gran camisón de dormir, un enorme gorro muy largo y unas pantuflas con cara de conejito.
– ¿Qué hacen ustedes en mi cuarto? –Les preguntó algo perplejo al ver a ambos jóvenes arrinconados en una pared de su habitación.
Ninguno de los dos supo que responder. Y el Rey, al examinar la escena, notó inmediatamente que algo "extraño" estaba pasando, digo, no había que ser un genio para percatarse de la provocadora posición en la que ambos se encontraban, demasiado juntos, demasiado comprometedora y sumándole a eso la vestimentas no apropiadas de la Princesa…
– ¿A qué se supone que estaban "jugando"? –Los volvió interrogar haciendo énfasis en la palabra jugando, pero al notar que ninguno de los dos parecía reaccionar, suspiró y continuó hablando– Son jóvenes y entiendo esto de las hormonas y todo… pero... –Les sonrió con un aire divertido– podrían buscar un mejor lugar para sus encuentros… ¿no?
Fue en ese momento cuando los chicos se percataron de que aún se encontraban en la misma posición que antes, Link aún mantenía acorralada a Zelda en la pared y sus cuerpos seguían a una tentadora distancia el uno del otro, en una postura que ciertamente no podía pasarse por alto.
– ¡NO ES LO QUE ESTA PENSADO! –Link se separó al instante de la chica, notablemente avergonzado y más rojo que un tomate.
– Yo y Link… –ella también se había sonrojado– sólo… –terminó guardando silencio, al no saber cómo continuar.
¿Qué iba a decirle?, no había explicación posible para algo como esto, definitivamente había sido el colmo de los colmos ¡¿Cómo era posible que no reconociera la habitación de su propio padre?! ¡¿En que diantres había estado pensando al meterse en ese lugar?!
– ¿No me digan que al fin han decidido…? –Su mirada lo decía todo, era "obvio" lo que el Rey les estaba insinuando.
– ¡NADA! –Lo interrumpió la chica bruscamente, tan roja que hasta sus puntiagudas orejas parecían tener ese color– Ohh pero… –Tomó la mano de Link, que parecía haberse convertido en piedra y haciéndose la loca comenzó a avanzar– mira la hora que es… se nos esta haciendo tarde para mi "entretenida" lección de historia, Link.
Ahora arrastraba al chico hasta la puerta y tan rápido como pudo, desapareció de la habitación.
– ¡Nos vemos en la cena! –Le gritó desde el pasillo.
El hombre se quedo de pie unos instantes mirando la puerta por la que su hija y Link habían salido.
– Pero… que extraño… –se dijo caminando hasta la gran cama, sentándose en ella– en esta habitación no hay reloj…
Ya habían pasado aproximadamente cinco minutos desde el inoportuno e inesperado suceso en el cuarto del Rey, y más de tres desde que llegaron a la habitación de la joven sin dirigirse la palabra.
Zelda ya se había cambiado de ropa, por lo que ahora traía puesto su acostumbrado vestido, la tiara y la armadura.
– ¿Ahora qué vas a decirle? –Se preguntó frustrado, jugando con los dedos de sus manos, estaba nervioso, lo sabía y también tenía muy claro que ella también debió haberlo notado– tal vez… debería comenzar pidiéndole perdón.
Él se encontraba de pie, apoyado sobre la puerta de la habitación, con la mirada pegada en el piso y ella sentada en la silla, justo delante del escritorio.
– Debo disculparme –pensó ella, también sin saber como comenzar a hablar.
Debía reconocerlo, todo esto había empezado por su culpa, ella era responsable en gran parte de lo sucedido.
A pesar de que ambos habían mantenido el silencio, sin intercambiar miradas, ni gestos, ni ninguna acción que podría considerarse como algún tipo de comunicación, no sabían que en estos momentos estaban unidos por un mismo pensamiento.
– Yo… –comenzaron a hablar al mismo tiempo.
Sus miradas se encontraron por una pequeña fracción de segundo, pero enseguida volvieron a apartarlas, avergonzados. Nuevamente las casualidades jugaban en su contra. Porque el hecho de que a los dos se les ocurriera hablar al mismo tiempo era sólo una coincidencia, al igual que la acción de voltear sus rostro para poder mirar al otro… o ¿no lo eran?
– Sólo quería –y ahí estaban nuevamente hablando al unísono, muy rojos, manteniendo sus ojos cerrados tratando de recuperar la calma.
Se sentían extraños, eran como si de pronto estuvieran leyendo sus mentes.
– Tal vez…
¡Maldición! ¿Porque no podían dejar de hablar en coro?
– Tú primero… –Ahora volvían a mirarse, notando el rojo en el rostro del otro.
Silencio sepulcral…
– Insisto habla tú…
Definitivamente era esto era demasiado, volvieron a centrar su vista en otra cosa, en algún lugar indeterminado en el cuarto. El nerviosismo comenzaba a apoderarse de ambos.
– Está bien, yo lo haré…
Sus miradas se cruzaron fugazmente, había sido sólo un instante, como pidiéndose permiso para volver a hablar, y resignados a seguir ese corito que habían estado manteniendo hasta este minuto, volvieron a hablar al mismo tiempo.
– Lo siento.
Terminaron diciendo todo esto en perfecta sincronía. Escucharlos hubiera sido divertido, pero verlos, seguramente lo era aún más. Aunque indudablemente, ellos no opinaban de la misma manera.
– Creo… –estaba avergonzada, muy avergonzada. Sentir que por ese breve instante sus mentes se habían conectado de aquella extraña manera lo hacía sentir indudablemente cerca– ... que ambos sentimos lo mismo –comentó aún sonrojada, levantándose de su asiento.
Link se mantuvo en silencio, pasó su mirada de la joven al gran ventanal del cuarto de la Princesa, colocando toda su atención en el cielo, o más bien en las nubes del cielo, que comenzaban a adquirir un color anaranjado, mezclado con rosa.
– Que bonito atardecer –penso inconscientemente.
Al parecer Zelda también miraba el hermoso espectáculo del cielo cuando…
– Esperen un momento… eh dicho… ¿Atardecer? ¡LA LECCIÓN DE HISTORIA! –Exclamó el chico recordando repentinamente cual había sido el motivo de todo este embrollo.
Aunque tal vez, ya era algo "tarde".
– Ya es muy tarde y no pienso asistir –dijo cruzándose de brazos y dándole la espalda– ya deben ser casi las siete.
No sabía como, pero había pasado mucho más de una hora desde que todo había comenzado.
– Tienes razón –coincidió con ella, ahora se acercaba lentamente a la joven, que en estos momentos se encontraba de espaldas– pero aún así… iremos hasta la biblioteca y nos disculparemos con tu maestra. –Le dijo apoyando una de sus manos en el hombro de ella.
– ¡Yo no iré a ningún sitio! –Se negó rotundamente, girando para poder mirar desafiante al joven.
– En ese caso… –ante la testaruda respuesta de la Princesa no le quedaba más que tomar medidas a la altura de una situación semejante– no me queda más remedio que…
Era la última opción que le quedaba y si ella no le dejaba alternativa alguna, pues… tendría que hacerlo…
– ¡SUELTAME! –Le gritó una y otra vez golpeando la espalda de Link.
– Cálmate Zelda, sólo iremos a disculparnos –le dijo sosteniendo con fuerza a la joven, para que ella no se le escapara o mejor dicho, no volviera a hacerlo.
Ahora la Princesa era cargada por Link, la chica luchaba inútilmente para liberarse del agarre del joven, pero definitivamente todos sus intentos eran en vano, los fuertes brazos del joven Hylian la tenían muy bien sujeta.
– ¡Tú no lo entiendes! –Chilló la chica cansada de forcejear.
– Vamos Zel, no puede ser tan terrible –trató de consolarla, manteniendo una simpática sonrisita en el rostro, era divertido ver lo alterada que se encontraba, sólo era una clase de historia ¿qué tan malo podía ser?
Ya se encontraban a sólo unos metros de la biblioteca del castillo.
– Hasta acá llego mi existencia… la maestra nunca me perdonara por esto…
– Bueno Princesa, hemos llegado –le informó al tiempo que la bajaba.
– No me digas –agregó mordazmente mirándolo de reojo– creo que "casi" no me doy por enterada –dijo con notable sarcasmo apoyando ambas manos en sus caderas– fue un buen paseo... ahora podemos irnos –la chica comenzó a caminar en dirección contraria, creyendo ilusamente que él no la detendría.
Pero Link la detuvo sosteniéndola del brazo.
– ¿A dónde crees que vas?
– A escribir mi testamento –le respondió con tanta naturalidad que pudo notar la sorpresa en el rostro de su compañero.
– El único que escribirá su testamento seré yo–sentía que una pequeña gotita de sudor corría por su frente, había sido un día largo y sentía que para ser su primer día ¡Lo había hecho terrible!– cuando Impa se entere de esto, seguro va a matarme.
– ¡Tengo una idea! –Le dijo tomando el brazo del chico para jalarlo un poco tratando de hacerlo avanzar– ¿Qué te parece si vamos y disfrutamos nuestros últimos segundos de vida? –Era una gran idea, a ella la materia su maestra y a él seguramente Impa lo colgaría después de enterarse que no habían cumplido con la dichosa lista– ¿No crees que es mucho más razonable? – le propuso insinuantemente.
–No volveré a caer en tus juegos –La miró de reojo haciéndose el fuerte, la verdad es que con el sólo hecho de que ella sujetara su brazo ya había conseguido que su corazón comenzara un acelerado galope– entraremos y punto.
Se acercó a la puerta y tomó la manilla para girarla.
– ¡Por favor! –Le rogó abrazándolo por la espalda, suplicándole que no abriera esa dichosa y decorada puerta– ¡Te aseguro que no quieres conocer a "esa" mujer furiosa! –Dijo haciendo énfasis en la palabra "esa".
– Zelda… me está abrazando –pensó muy avergonzado por la repentina acción de la chica, sintiendo como sus mejillas comenzaban a arderle y sus músculos se tensaban.
Él no estaba preparado para eso y mucho menos para lo que siguió después…
– Por favor ¿Sí? –le pidió nuevamente, parándose frente al joven y mirándolo con cara de borrego justo antes de ser degollado.
Sus intensos y vidriosos ojos azules se habían clavado en los del joven y él había caído en el hechizante poder de su mirada... y después de todo... ¿Quién no lo haría?
El rojo de sus mejillas fue en aumento, y tragando saliva trato inútilmente de resistirse a la mirada de la joven, pero no podía, en verdad no podía hacerlo– maldición… ¿cómo puedo negarme…?
La joven fingió estar al borde de las lágrimas y se acercó aún más al chico juntando sus manos, acercándolas a su rostro.
– Por favor… –Esta vez su voz sonó suplicante y quebrada. Estaba haciendo un excelente trabajo con esa teatral escenita, algo que sin lugar a dudas la enorgullecía. Podía sentir que lo tenía casi convencido, que él estaba a punto de ceder.
¡¿Cómo se suponía que iba a enfrentarse a eso?!, no podía, por más que lo intentara, no tenía la fuerza para hacerlo, con una mirada como esa ¿quién podría permanecer inmune?… Un sudor frío recorrió su cien, la joven seguía acercándose sin apartar "esa" conmovedora mirada de él.
¡MALDICIÓN!
– Me rindo –le dijo finalmente bajando su mirada al piso, no podía seguir con eso, no podía seguir sosteniendo la mirada de ella en la suya, no si lo miraba así– tú ganas –cerró momentáneamente sus ojos, sintiendo ese fuerte ardor en sus mejillas y luego suspiró resignado.
– ¡GRACIAS! –Exclamó lanzándose hacía el joven, abrazándolo con fuerza, presa de la emoción.
El chico había sido tomado por sorpresa, y sin saber como, había terminado en el piso con la joven sobre él, pero eso no era todo, en ese preciso instante la puerta de la biblioteca se abrió de par en par, y una anciana mujer de mirada implacable los observó, al tiempo que una notoria venita aparecía en su arrugada frente.
– ¡Princesa! –la regañó frunciendo el ceño notoriamente molesta.
Zelda se separó del joven y se levantó de un solo salto, esa voz le era inconfundible para ella.
– Maestra –susurró bajando la mirada en un acto de sumisión.
– Espero… que tenga una buena explicación para esto –agregó con el mismo molesto tono, elevando una de sus cejas esperando una buena escusa de parte de su pupila.
– ¡Lo siento! –Se disculpó juntando sus manos y realizando una "pronunciada" reverencia.
Link no se había movido, aún seguía tirado en el suelo, con el rostro completamente sonrojado, parecía que el chico se encontraba viajando por las nubes, o quizás se había golpeado algo fuerte contra el suelo.
– Tiene exactamente una hora, cuarenta minutos y cinco segundos de retraso –le dijo muy rápido, tanto que la chica empezó a mover sus dedos como tratando de asimilar el tiempo.
– ¿En serio? –Agregó haciéndose la desentendida.– Mi reloj debe haberse descompuesto –le mintió, notablemente nerviosa– ¿Reloj descompuesto? ¡Que estúpida!… ¿A quién creo que trato de engañar? –Se regañó mentalmente.
Claro, podría haber inventado un sin numero de excusas, todas tan estúpidas e increíbles como lo del reloj que no funcionaba, pero eso ¿De qué le serviría?, de todas formas la mujer no le creería…
– Le doy un minuto para que despierte a su "amiguito" e ingrese en la biblioteca y tenga por seguro que tendrá tarea extra por este retraso –dictó con firmeza, cruzando sus brazos sobre su pecho.
– Lo que usted diga maestra…
La anciana giró y caminó nuevamente hacía el interior de la enorme biblioteca, esa gran y decorada puerta sólo era un pequeño abismo de lo que realmente era el interior de ese lugar. Inmediatamente después de ver a la mujer desaparecer Zelda se hincó en el suelo y movió el cuerpo de Link, tratando de despertarlo.
– Link… –lo llamó suavemente, pero al notar que él no reaccionaba volvió a insistir– Link… –lo volvió a llamar, esta vez algo impaciente, elevando una de sus cejas en señal de que comenzaba a molestarse– ¡LINK! –Le gritó perdiendo la paciencia frunciendo el ceño al mismo tiempo que lo tomaba de la parte superior de su traje, zamarreándolo con fuerza– ¡Despierta!
Al parecer la chica había perdido la mesura y el que había sufrido las consecuencias era el pobre y joven Hylian .
– ¿Qué hice ahora? –Se quejó sintiéndose mareado.
– ¿Link?
– Presente –Respondió levantando una de sus manos y luego volvió a dejar caer su cuerpo al suelo.
– Me alegra que despertaras –agregó sin esperar a que el chico volviera a incorporarse, y mientras sonreía comenzó a arrastrarlo hacia la biblioteca.
En realidad el chico no estaba del todo despierto, pero por lo menos había reaccionado y eso… era una buena señal ¿o no?
La maestra esperaba a la joven con los brazos cruzados y una GRAAAN montaña le libros sobre la mesa. La biblioteca del castillo tenía tres secciones, una baja donde ellos se encontraban, en la que se repartían mesas decorosas, de patas anchas y talladas, luego una fina escalera que subía a un "segundo piso", que parecía más bien un balconcito, porque se trataba sólo de un pasillo largo con un barandal delgado alrededor de toda la sala con la pared cargada en estanterías y libros y la tercera parte, bueno la tercera parte era la "sección prohibida" de la biblioteca, era delimita por una gran puerta de roble con unos tallados rudimentarios, la que tenía una pequeña cerradura.
Link reaccionó poco antes de que la joven se detuviera y tan rápido como le fue posible se levanto, aún sintiendo que todo le daba vueltas.
– Ya es tarde, por lo que la lección de hoy será corta –hablo pausadamente la mujer– pero… le aseguro que la tarea distara mucho de serlo.
– Lo sabía –se lamentó la joven, al escuchar las palabras de la mujer, seguramente le daría una tarea difisilisa, que tardaría horas y horas en terminar.
Hasta este momento Link no había tenido la oportunidad de fijarse en la anciana maestra, y ahora que al fin la conocía, no pudo evitar reparar en lo arrugada de su piel ¡Parecía una pasa!, sus ojos a penas podían distinguirse entre tantas arrugas, al igual que los labios, que marcaban pequeñas líneas sobre su boca y qué decir de sus huesudas manos y para colmo traía unos diminutos lentes que no podía determinar si en realidad tenían alguna utilidad para ella o simplemente los tenía ahí de adorno, claro que en el caso de que fuera lo último había que reconocer que no le favorecían en nada.
– ¡Pero si parece una momia! –Exclamó notablemente sorprendido, sin pensar en lo que decía. Al verla había recordado esos zombis cadavéricos en los que se habían convertido los aldeanos cuando Ganondorf había gobernado, justo antes de que ellos volvieran a retroceder el tiempo. Hasta su piel tenía ese extraño color cafesoso y esa apariencia delgada, como si estuviera a punto de desprenderse.
Zelda se abalanzó contra el chico y le tapo tan rápido como pudo la boca con unas de sus manos. Link se había metido a la boca del lobo y si este la cerraba no habría escapatoria.
– ¡¿Qué fue lo que dijo?! –La mujer ahora sí que estaba furiosa. Nunca había recibido semejante insulto de parte de un muchacho.
– Link decía que hoy usted se ve muy mona –dijo tratando de arreglar en parte el inoportuno comentario del joven, sonriendo nerviosa sintiendo como una gota de sudor frío recorría su cien– mona será su abuela… de seguro tiene menos arrugas que esta –pensó aun manteniendo esa fingida sonrisa. Aunque en realidad parecía más una mueca muy forzada.
– Siéntense –les ordenó a ambos, clavando una inquisitiva mirada sobre los jóvenes.
Link y Zelda obedecieron, sentándose uno al lado del otro, la mujer colocó tres gigantescos libros delante de la Princesa y luego miró a Link acomodándose sus lentes.
– ¿Qué se supone que hace este joven aquí? –Preguntó dirigiéndose a la Princesa, pero acercando su rostro al muchacho, analizando las facciones del mismo.
– Yo soy el tutor de la Princesa Zelda –le respondió tratando de no mirar el arrugado rostro de la mujer, le perturbaba de sobre manera que estuviera tan cerca.
– ¿Su tutor?
– Impa está de viaje –completó la joven.
La anciana volvió a clavar su intensa mirada sobre la Princesa, era evidente que "esa noticia" no le gustaba, como tampoco parecía agradarle el hecho de que ahora Zelda tuviera de tutor un hombre, un joven chico de la misma edad que ella. ¿En que había estado pensando Impa cuando le encomendó tan importante misión a este chiquillo?
– ¿Le he dado permiso para hablar jovencita? –Su ceja se levantó haciendo que las arrugas de su frente se movieran con ella.
– Este… creo que no
– ¡Entonces… cierre la boca y comience a trabajar!
– A sus ordenes –agregó volviendo su vista a los dichosos libros, tratando de encontrar un punto de equilibrio entre lo que a su mente debía entrar y lo que de ella no debía escaparse.
Ahora la mujer volvió a dirigir su mirada hacia el chico.
– ¿Se le ofrece algo? –Le preguntó de la manera más amable posible, al notar que la mujer no dejaba de observarlo y no parecía que le dirigiría la palabra.
– Me pareces algo joven para ser el tutor de la princesa –dictaminó, se notaba que o miraba con indudable desconfianza– pero… aunque realmente lo sea –le extendió un "pequeñísimo" y antiguo libro– no me gusta que estés sin hacer nada, lee esto –ordenó con firmeza– y escribe un resumen de lo que entiendas.
– ¿Leer? ¿Resumir? ¡¿Le estaba hablando en serio?! –Pensó al tiempo que tomaba el pesado libro entre sus manos. En verdad no recordaba la última vez que había intentado leer un libro y si más bien no recordaba, NUNCA había hecho un resumen de algo en su vida, de hecho lo único que había escrito eran un par de cartas y notas tontas que le había dejado a la misma Princesa años atrás– Lo que usted ordene.
Zelda había mantenido la vista fija en el rostro afligido del chico, se sentía algo culpable, él… no debería estar haciendo esto… pero… sus pensamientos fueron bruscamente interrumpidos por la "angelical" y muy "agradable" voz de la maestra.
– ¡¿Se podría saber que diantres esta esperando usted para comenzar a trabajar?! –Le preguntó de la forma más amable y delicada que podía.
Si claro, seguramente ella no conocía el significado de ninguna de esas palabras.
– Yo –Se había sonrojado al sentir que la mujer había notado que estaba mirando a "su tutor".
– ¡NADA! ¡A trabajar!
Zelda tomó uno de los tres libros y lo abrió aún algo temblorosa, esa mujer la asustaba y mucho.
Habían pasado ya quince minutos desde que la "entretenidísima" clase había comenzado. Link aún iba en la segunda página, le estaba costando algo de trabajo traducir esos jeroglíficos, que pretendían llamarse escritura… no tenía ni la menor idea quien había escrito el libro que estaba leyendo, pero si tenía una cosa clara…
– Definitivamente el sujeto que escribió esto debió tomar clases de caligrafía antes de siquiera pensar en hacerlo… –Pensó despegando su vista de lo que creyó traducir como una "a", pero que en realidad podría tratarse de cualquier otra letra. Aunque si trataba de buscarle significado a la última frase que había leído, estaba seguro que en alguna parte había fallado en su traducción.
La maestra se había adentrado en medio de los estantes, por lo que ahora, en la mesa, sólo se encontraban Link, Zelda y la no muy acogedora montaña de libros que los rodeaba.
El chico observó de reojo a la joven Princesa, no sólo estaba aburrido, sino que de pronto comenzaba a dolerle la cabeza.
– Zelda parece muy concentrada –pensó viendo a la chica, procurando que ella no notara que la observaba– a diferencia de mi… –se rasco la cabeza nervioso– ella si sabe como mantener su atención en el trabajo.
La joven pasaba rápidamente su vista por la hoja, pasando a la siguiente y luego volteándola.
– Que habilidad tan sorprendente…
Lo que Link no sabía, es que Zelda estaba tan o tal vez menos concentrada que el propio chico en lo que estaba haciendo. Sólo se limitaba a leer un par de palabras y luego se saltaba a otra y así hasta que terminaba la página.
– Hyrule consta de una gran… no me interesa –empezó leyendo las primeras palabras de la línea, pasando inmediatamente al siguiente párrafo– El mundo que… tampoco me interesa –siguiente párrafo– Las Diosas… que aburrido… –paso a una nueva hoja– Los Hylian y su historia –leyó el gran título con el que comenzaba un nuevo capítulo en el libro.
Y así era… la chica estaba mucho menos atenta que el joven en el trabajo, por lo menos Link había intentado traducir las dos primeras hojas, pero ella pasaba velozmente una y otra hoja, leyendo sólo una que otra palabra.
El reloj marcaba las siete con veinte minutos.
– ¡Terminé! –Pensó alegre dejando el primer gran libro a un lado.
Claro que con esa forma de lectura cualquiera terminaría un texto de más de quinientas hojas en veinte minutos.
Era cierto que luego de leer todo eso debía realizar un explicativo resumen con todo lo que supuestamente había entendido, o sea… nada… pero a eso no le daba gran importancia, había tenido sumo cuidado en memorizar cada uno de los títulos y alguna que otra palabra importante o que destacaba y eso, sumado a los conocimientos que ya poseía, sería suficiente para realizar el dichoso resumen.
Como siempre, la técnica del "chamullo" siempre esta para salvarnos en los momentos difíciles. (N.A: para los que no sepan que es un "chamullo" n.n, en mi país es como palabrerías que se usan para impresionar y convencer)
– Bueno… el siguiente –se dijo tomando el segundo, nada pequeño libro que la maestra le había hecho el favor de entregarle.
Pero sin darse cuenta su vista se posó sobre el joven que estaba junto a ella. Al parecer, el chico no había podido resistir mucho tiempo más, y el aburrimiento sumado a la luz crepitante y amarillenta que producía la vela sobre la mesa, había terminado por conversarlo que, tal vez, los libros no eran tan incómodos como almohadas.
– Link… –susurró por lo bajo, acercando una de sus manos al rostro del durmiente chico.
Con sumo cuidado acomodó los rebeldes cabellos que caían sobre la frente del joven, dándole la facilidad para observar con más claridad los rasgos propios de alguien que esta profundamente dormido. Notó la lenta y pausada respiración, la tenue sonrisa que se formaba en sus labios y una expresión que denotaba calma.
– Se ve muy tierno cuando duerme –pensó esbozando una dulce sonrisa.
Ahora su mano bajaba de la frente del chico a la mejilla, el contacto hizo que este se moviera un poco, ella al sentirlo retiró su mano avergonzada, temiendo haberlo despertado.
– ¿Link? –Lo llamó, inclinándose un poco para que la distancia que separaba sus rostros se acortara, en ese momento podía sentir sus mejillas arder, pero no le importo, por alguna extraña razón ya nada le importaba.
El joven no respondió, al parecer, seguía dormido. La Princesa suspiró y volvió a apoyar su espalda sobre el respaldo de la silla, e inclinado su cabeza hacia atrás admiró el techo de la habitación, tratando de recuperar la calma, pero entonces una idea algo loca se le vino a la cabeza, algo que hizo que inconscientemente volviera a posar sus ojos sobre el "bello durmiente".
– Me pregunto… si Link habrá soñado alguna vez conmigo –susurró con algo de nostalgia.
No sabía porque de pronto ese pensamiento se había pasado por su mente, era algo extraño, hasta este día nunca se había detenido a pensar algo como ello, después de todo ¿Qué le importaba a ella con quien soñara él?
– Que sueñe con quien se le plazca –pensó algo molesta, volviendo a concentrase en lo que debía hacer. En verdad si le importaba el asunto, pero no quería admitirlo, no quería reconocer que realmente se sentía celosa con siquiera imaginarse al chico soñando con otra muchachita.
Apoyó ambos codos sobre la mesa y junto sus manos acercándolas a su rostro.
– Maldición… no puedo sacarme esa tonta idea de la cabeza… –dijo frustrada– ¿A quién tratas de engañar Zelda?... si en realidad no te importara no estarías pensando en ello…
No supo como, ni cuando, pero su vista había vuelto a posarse sobre el joven. Suspiró pesadamente.
– Si tan sólo supieras esto que siento –susurró acercando el dorso de su mano al rostro del joven– si tan sólo… tuviera el valor para decírtelo –volvió a susurrarle acortando la distancia que separa sus rostros, besando suavemente la frente del chico.
Había sido un acto temerario, algo que de verdad no había pensado.
– Zelda… –murmuró Link por lo bajo, aún en su mundo de sueños.
– Me… me… esta… llamando –se dijo aún sin creerlo– ¿En verdad está soñando conmigo? –No podía creerlo, en verdad pensaba que ella también estaba alucinando, pero estaba feliz, su corazón se había acelerado y en su rostro una evidente sonrisa denotaba lo que ahora sentía.
– Zelda… yo… yo… –siguió murmurando dormido.
– ¿Si? –Le preguntó sin poder evitarlo, sabía que él no la estaba escuchando, pero estaba impaciente, parecía que al fin iba a descubrir que era lo que Link sentía por ella, y necesitaba saberlo, quería escuchar aquello que él tenía que decir.
– Yo… yo… te… –se sonrojó sutilmente.
– ¿Tú qué? –Y ahí estaba de nuevo su impaciencia, no podía seguir esperando, estaba muy ansiosa.
Podía sentir como su corazón comenzaba a palpitar con más fuerza, tanta que casi creyó que podía escucharlo como un eco en medio de la solitaria estancia, ahora su rostro se encontraba a tan sólo unos centímetros del de Link…
– ¡PRINCESA!
– ¡Ahh! –Gritó la chica al escuchar la voz de su maestra detrás de ella, casi la había matado de un infarto.
Con el brusco movimiento que hizo al separarse del joven, la mesa se agitó, y los libros que se encontraban apilados se derrumbaron. La vela, golpeada por uno de estos, cayó sobre la mesa, prendiendo con su llama el libro más cercano.
– ¡Incendio! –chilló la maestra corriendo como loca.
– ¡Hay que apagarlo! –Exclamó la chica levantándose y buscando con la mirada algo que le fuera de utilidad.
– ¡INCENDIO! –Ahora la mujer gritaba completamente escandalizada.
– ¡Ya cállese! –Le gritó Zelda, quien no podía pensar con el escándalo que tenía la anciana.
– ¿Por qué…? –Bostezo, acababa de recuperar la conciencia, pero aún no sabía que estaba pasando– ¿Por qué hacen tanto ruido? –Abrió sólo uno de sus ojos y se rasco la cabeza.
– ¡INCENDIO! –La mujer seguía gritando.
La habitación comenzaba a llenarse de humo negro y denso.
– ¡Vamos a morir!
– ¡Ya basta! –Zelda agitaba sus manos tratando de apartar el toxico aire de su cara, quería calmar a la mujer, pero no sabía como.
– ¿Pero qué demonios es lo que pasa? –Se preguntó Link quien aún no comprendía lo que sucedía, pero podía notar que había algo que "no estaba nada de bien".
No tardo demasiado en percatarse el porque de ese escándalo. Observó como la maestra corría gritando por todo el cuarto, mientras Zelda apagaba la llama de la vela y trataba de tomar el libro que seguía consumiéndose por el fuego.
– ¡Zelda cuidado! –Exclamó acercándose a la chica, tomando las manos de ella con las suyas– no lo hagas – le dijo mirándola con determinación, ella iba a quemarse si tomaba ese libro en llamas.
– ¡Pero hay que hacer algo! –Le dijo ella dirigiendo su mirada hacia el chico.
– Yo me encargaré… soy tu guardaespaldas y no permitiré que nada te pase –usando uno de sus brazos apartó a la joven con cuidado y luego tomó con sus manos el libro que aún seguía quemándose.
Zelda se sorprendió ante las seguras palabras del muchacho, no se lo había esperado. Lo miró actuar con rapidez y eficacia, y al verlo en acción no pudo evitar sonrojarse recordando nuevamente eso que él le había dicho "soy tu guardaespaldas y no permitiré que nada te pase".
– ¡MORIREMOS! –Y ahí estaba nuevamente la maestra, tan pesimista como siempre.
Link corrió hasta el lugar donde se encontraba la ventana más cercana y agarrando una estatuilla que había cerca rompió el cristal y tan fuerte como pudo lanzó el "problemático" libro, el mismo que cayó desde muuuuchos metros de altura, la velocidad y la distancia terminaron por apagar la llama, mucho antes de que este consiguiera tocar el suelo.
El humo comenzó a salir de la habitación por la ventana que ahora estaba rota. La maestra había dejado de gritar sólo porque se había desmayado y Zelda seguía de pie, observando como ida al joven que ahora se acercaba.
– ¿Estás bien? –Le preguntó preocupado una vez que estaba junto a ella.
La chica no respondió.
– ¿No te hiciste daño? –Le volvió a preguntar muy preocupado, tomando el rostro de ella con sus manos, examinándolo para verificar que efectivamente todo estuviera bien, pero no podía entender porque aún no le respondía.
– Yo… –comenzó a decirle sintiendo como sus mejillas le ardían, parpadeo un par de veces de forma rápida, tratando de reaccionar.– Estoy bien, no te preocupes –desvió su mirada aún muy avergonzada hacia otra parte, no podía seguir mirándolo a él.
– Me alegra saberlo –le dijo tomando una de sus manos y comenzando a caminar– venga… salgamos de este sitio…
– Si.
Ambos salieron de la biblioteca, cerrando la puerta. Ninguno de los dos había recordado a la maestra, que seguía tendida sobre el suelo de la habitación, inconciente.
– Tengo mucha hambre ¿Qué te parece si vamos a cenar?
– ¿Por qué no me ha soltado la mano? –Se preguntó sin prestar atención a lo que él le decía, sus ojos estaban clavados en esa "unión" que aún mantenían sus manos.
– ¿Zelda? –Se detuvo, acercando su rostro al de la chica. Algo le pasaba a ella, normalmente no era así de callada.
– ¿Qué haces? –Le preguntó al sentir la mano del joven sobre su frente, parecía querer comprobar algo.
– ¿Estas segura que te sientes bien?
– ¿Por qué te preocupas por mi? –Tomó la mano que el joven tenía sobre su frente, retirándola. Quería escuchar su respuesta, deseaba en el fondo de su ser que él le dijera algo como "me importas demasiado", "en verdad me gustas"
– Porque ese es mi deber –le respondió buscando las palabras que creyó eran las adecuadas, no quería revelar sus verdaderos motivos, no podía decirle a ella que le gustaba.– Porque me preocupas más de lo que crees…
– Deber –repitió mentalmente la joven, sintiendo una fuerte punzada en el pecho– es por eso que es amable conmigo… yo… no le importo… sólo soy una obligación más para él –Pensó apretando con fuerza el puño de una de sus manos, la otra aún estaba aprisionada por la mano de Link. Se sentía mal, quería llorar, gritar o desahogarse de alguna manera, pero no delante de él. No podía simplemente dejar que su frustración personal terminara recayendo sobre el chico, ¿o sí?
– ¿Zel? –La volvió a llamar notando que la joven había bajado la mirada.
– ¡Déjame en paz! –Exclamó dirigiendo su vista hacia el chico nuevamente, desafiándolo. Estaba molesta y frustrada y por más que intento contener todos esos sentimientos no lo había conseguido– ¡Sabes… puedo cuidarme sola! –Sus ojos se encontraban vidriosos a causa de la lágrimas, nublándole parcialmente la visión.
La chica lo empujó con fuerza y comenzó a correr alejándose del lugar. Link pensó en seguirla, pero no lo hizo, sólo se quedo ahí mirando como ella se alejaba, las palabras de la Princesa lo habían confundido de sobremanera.
– ¿Estará así por mi culpa? –Se preguntó comenzando a caminar, mucho más preocupado de lo que antes se encontraba. De pronto sintió que quizás había tenido poco tacto para responderle o quizás había hecho algo que a ella le había molestado– tengo… que hablar con ella –se dijo muy determinado, necesitaba encontrarla, volver a encontrarla.
Quizás no debió dejarla ir así de fácil.
Zelda se detuvo a la mitad de un pasillo, estaba cansada de tanto correr y… llorar.
– ¿Por qué? –Se preguntó acercándose a una ventana, apoyando sus manos en el alféizar de la misma.
Eran demasiados los pensamientos que se agolpaban en su mente, la partida de Impa, la noticia de que Link seria su tutor y guardaespaldas, esos sentimientos que de pronto habían despertado con más fuerza, las palabras de joven, todo… absolutamente todo le parecía caótico y extraño, estaba confundida, demasiado confundida.
– No debí gritarle de esa forma a Link… él no tiene la culpa de esto… después de todo el tiene razón, ahora, su trabajo es protegerme… de pronto siento… –su mirada se posó en el oscuro cielo de la noche, no sabía en que minuto había oscurecido– … como si mi vida no fuera la misma de antes…
– Y no lo es… –le dijo el chico a sus espaldas.
– ¡Link! –se voltio rápidamente, encontrándose de frente con un agitado joven– ¿Qué quisiste decir con eso? espera... antes que eso... ¿Qué haces aquí?
– Bueno, sentí que te debía una explicación, por eso te estaba buscando, no pensé que me sería tan fácil encontrarte –le respondió con una afable sonrisa– Y lo que quise decir es que yo también siento lo mismo –agregó aún sonriendo, ahora de una forma mucho más reconfortante.
– Sin quererlo nuestras vidas han dado un giro inesperado –ahora también sonreía, no podía evitar hacerlo– lo siento Link, no quise gritarte.
– Disculpa aceptada –le dijo mirándola de manera inquisitiva, notando algo que había pasado por alto hasta ahora– ¿Estuviste llorando?
– Yo… –bajo su vista sin saber que responder.
– No me gusta verte llorar –le dijo apoyando sus dedos en el mentón de la joven, levantando su rostro, obligándola a enfrentar su mirada– me duele mucho verte triste…
– Link –susurró sintiendo como el joven limpiaba con sus dedos el rastro que habían dejado las lágrimas.
Se sentía nuevamente extraña, esa misma sensación que había estado llenando su pecho de un calor nuevo e inexplicable volvió a embargar sus sentidos, en verdad no podía evitar sentir cosas cuando estaban tan cerca.
– Quiero que sepas que antes de ser tú tutor y guardaespaldas soy… tú amigo y como tal, estoy para apoyarte, escucharte y ayudarte… y si me dieras la oportunidad… también para demostrarte cuanto me gustas.
En verdad deseaba decirle aquello, expresarle no sólo con palabras cuanto le importaba, pero no podía, no tenía el valor suficiente para hacerlo, le temía al rechazo, al saber que no era digno de estar con una Princesa, por más que fuera el héroe de Hyrule, seguía siendo un chico común y corriente sin un título, ni un apellido de renombre. No era quien para pensar que podría estar a la altura de ella.
– Lo sé… es que… yo… no quiero que seamos amigos… –suspiró, no podía decirle eso– es tarde, seguro mi padre nos espera para cenar. –Agregó desviando el tema.
Sujeto una de las manos del joven y comenzó a caminar.
– Sabes… –comenzó una nueva conversación mientras avanzaban por el pasillo– ... te vez mucho más linda cuando sonríes –le comento sin detenerse, soltando algo que se le había pasado por la cabeza sin medir lo que ese comentario podría despertar en ella.
– No digas tonterías, Link –ahora estaba nuevamente avergonzada. No sabía porque él de pronto hacia eso, le decía cosas "lindas" así sin más y luego, actuaba como si nada hubiera pasado. Pero muy en el fondo le gustaban esos pequeños instantes donde sentía que él sentía algo más por ella que una simple amistad.
En la gran habitación donde se encontraba el comedor, estaba el Rey, vestido como tal, esperando a que los jóvenes llegaran. Muchos cuadros y adornos lujosos, adornaban la estancia, la misma que tenía una larga mesa rectangular en el centro, rodeaba de muchas sillas con respaldos altos y decorados.
– Su majestad –lo llamo una de las sirvientas haciendo una reverencia antes de dirigirse al hombre– ¿Desea que sirva ya?
– Claro, de seguro mi hija y Link no tardaran en llegar…
– Como usted ordene señor –la muchacha bajo sutilmente la cabeza en forma de respeto.
Luego de eso, la chica se perdió por la puerta que se dirigía a la cocina, dejando nuevamente sólo al Rey, aunque no lo estuvo por demasiado tiempo, ya que instantes más tarde, Link y Zelda hacían su aparición por otra de las puerta que unía ese salón con el castillo.
– Me alegra verlos chicos – les dijo el Rey muy sonriente.
Los jóvenes se acercaron al extremo de la mesa en donde el hombre los esperaba sentado.
– Disculpe la tardanza –dijo Link cuando ya estaban junto a él.
– No te preocupes, la espera a despertado aún más mi apetito –el hombre dirigió su vista hacía los jóvenes, se veía animado y alegre, pero no por ello paso por alto un "pequeño" detalle– veo que ustedes se están llevando muy bien –agregó mirando de reojo las manos que ellos mantenían unidas.
– ¿Qué? –Pregunto la chica, quien no comprendió las palabras de su padre hasta que su vista se clavó en su mano y en la de Link.
¡Aún estaba sosteniendo la mano del joven! Ni siquiera se había dado cuenta de eso.
Rápidamente se liberó del agarre, notoriamente roja. Odiaba siempre tener que pasar por esas embarazosas situaciones.
– Cof cof –tosió falsamente para llamar la atención del hombre– ¿De qué estas hablando padre?
– No entiendo porque se ensañan en negar sus sentimientos –les comentó el Rey como si fuera la cosa más natural del mundo.
– ¿Sentimientos? –Preguntó Link haciéndose el desentendido, sonrojándose notoriamente– pero… si Zelda y yo… –miró al suelo y luego al techo, quería enterrarse en ese mismo instante, era muy "incomodo" estar hablando de este tema con el padre de la chica que en realidad le gustaba– sólo somos amigos –sonrió aun con el rojo adornando sus mejillas.
– Eso es cierto –apoyó la emoción del muchacho, aunque en el fondo no quería que fuera así, no podía hacer nada al respecto.
– No puedo creer lo terco que son los jóvenes –insistió suspirando resignado, en el fondo lamentaba que su hija y su joven guardaespaldas no notaran eso que "todo" el castillo sabía– bueno… pero, no es de ello de lo que quiero hablarles.
– ¿Sucedió algo? –Pregunto la Princesa, sentándose junto al Rey.
– Además de su extraña aparición en mi cuarto, pues… no… nada interesante –volvió a sonreír.
– Eso fue sólo un malentendido, señor –de nuevo otro incomodo momento, esta conversación lo estaba poniendo muy nervioso, tanto que sus manos comenzaron a sudar.
En ese momento ingresaron un grupo de sirvientes trayendo consigo los alimentos. Sirvieron con gran rapidez y se retiraron al instante. En verdad eran muy eficientes.
– ¿Qué les parece si cenamos?, luego les informaré lo que tengo pendiente.
– No sé porque presiento que no se trata de nada bueno… –pensó la chica quien conocía lo suficiente a su padre como para desconfiar de sus "noticias".
Lo que transcurrió durante la cena no fue nada especial, la verdad es que todos comían en silencio, sin hacer ningún tipo de comentario. Zelda miró otra vez a su padre con notable desconfianza, Link miraba a Zelda que se encontraba frente a él, le llamaba la atención que la joven sostuviera el servicio pero no hubiera probado ni un bocado y el Rey, bueno… el Rey no miraba a nadie, ni tampoco se percató que lo observaban, parecía mucho más concentrado en alimentarse.
– Bueno chicos, fue un placer cenar en su compañía –les dijo una vez finalizada su merienda, levantándose de su asiento, listo y dispuesto a retirarse.
– ¡Papá! –Exclamó la chica, con un evidente tono de reproche.
Se sentía como tonta, había estado toda la cena pensando en lo que el hombre tenía para decirle y ahora, que al fin había terminado, él Rey se levantaba y se disponía a marcharse, así como si nada. ¡Ni siquiera había podido comer de lo preocupada que estaba!
– ¿Qué sucede querida? –le preguntó a su hija deteniéndose, observándola con esa jovial sonrisita que solía adornar su rostro.
– ¿No que tenías algo que platicarnos? –Insistió dedicándole una desconfiada mirada.
– ¿Platicar? ¿Yo? –Sus ojos rodaron hacia el techo haciéndose el loco– ohh no… claro que no –le negó notablemente nervioso, pero aun manteniendo su sonrisa– no puedo decírselo ahora… no se como hacerlo…
– Tú respuesta no me convence…
– Y a mí tampoco –fue sincero, quizás demasiado.
Zelda se levanto de golpe y ahora miraba desafiante a su padre. ¡No podía creer que le respondiera algo como eso!
– Casi lo olvido –dijo de pronto el Rey, cambiando su nerviosismo por una gran sonrisa– aún no te he informado en donde dormirás, hijo –dijo acercándose a Link.
– Este… creo que –habló Link al sentir la mano del Rey sobre su hombro, le intimidaba tenerlo tan cerca.
– Será mejor que te lo muestre.
– Como usted quiera, señor.
El hombre apoyó su mano en la espalda del joven, obligándolo a avanzar, Zelda miró algo extraña la escena, pero no agregó nada, sólo siguió a su padre y a Link, quienes avanzaban justo delante de ella, pero luego se detuvo, ¿Por qué iba a ir ella a conocer el cuarto del chico?, quizás era mejor que se fuera derecho a su propia habitación y se acostara de una vez por todas.
– Siempre se sale con la suya –se dijo muy bajito, suspirando resignada.
– Zelda ¿No nos acompañas? –Le preguntó el Rey a punto de atravesar el umbral de la puerta.
– ¿Por qué debería hacerlo?
– Porque el cuarto que elegí para Link esta muy cerca del tuyo –le respondió aún sonriente.
– ¿Qué?! –Y ahí estaban nuevamente hablando al unísono.
– Ya lo verán…
De esta forma, el Rey, Zelda y Link, abandonaron el comedor y se dirigieron juntos, hacia la habitación que de ahora en adelante, o por lo menos hasta que terminara esta semana, el chico utilizaría
Minutos más tarde…
– Padre… –comenzó a hablar ella al ver que el hombre no seguía avanzando.– Este es mi cuarto.
– Ella tiene razón, señor.
– ¿En serio? –Les preguntó algo sorprendido, y luego de acariciar su barba volvió a hablar– lo siento creo que me equivoque… –dio tres pasos más, parándose frente a la puerta que estaba justo al lado del cuarto de la Princesa. Esta será tu habitación, Link –le informó.
– ¡¿Qué?! –Nuevamente se sonrojó. El pobre chico aún no podía creerlo, ¡¿Iba a dormir justo en el cuarto que estaba al lado del de la Princesa?! ¿El Rey se habría detenido a pensar que sólo una pared los estaría separando?
– Pero… –comenzó la Princesa también avergonzada.
Cuando el Rey les había dicho "… el cuarto que elegí para Link esta muy cerca del tuyo", nunca les advirtió que estaban prácticamente JUNTOS.
– Nada de peros, ya esta decido –la interrumpió sonriéndole divertido al ver la expresión en el rostro de su hija.– Buenas noches, jovencitos –se despidió y sin más comenzó a avanzar por el corredor.
Link y Zelda volvieron a quedarse solos, se encontraban uno frente al otro.
– Después de todo… estaremos muy cerca –le comento el chico rascándose nervioso la cabeza, no atinando a decir nada mejor.
– Ya lo creo –Agregó ella sin atreverse a mirarlo, esto en verdad era muy incómodo.
El silencio nuevamente se hizo presente.
– Es mejor que vayamos a dormir, se hace tarde –dijo la chica tratando de romper la incómoda atmósfera.
– Si, tienes razón –no tenía mucho más que decir, en realidad no tenía "nada" que decir.
Link comenzó a caminar hacia la puerta de su cuarto, estaba a punto de girar la manilla cuando.
– Link… –lo llamó la chica quien también se había detenido frente a la entrada de su cuarto.
– ¿Si?
– No sientes… como si se nos hubiera olvidado algo…
– ¿Olvidar?
– Disculpa… no me prestes atención –terminó de decir entrando en la habitación, dejando a un confundido chico, sin respuestas.
– Yo también tengo la impresión de haber olvidado algo –murmuró acariciando su barbilla, tratando de hacer memoria al respecto– bueno… si no lo recuerdo debe ser porque no es nada importante –se auto convenció, ingresando a su respectivo cuarto.
Y aunque ninguno de los dos lo recordara… si existía algo que se les había pasado por alto, en otra parte del castillo, en medio de la oscuridad de un cuarto rodeada por libros estaba la maestra de historia, aún en la biblioteca, sólo e inconsciente.
Había sido un largo día, tal vez uno de los más largos que habían tenido en sus vidas, las cosas estaban cambiando y las circunstancias los estaban obligando a acercarse cada vez más.
– Que día tan agotador –se dijo la joven, ya recostada en la cama.
Aún una mar de pensamientos nublaban su mente. Por alguna razón se sentía nerviosa, casi observaba.
– Esa pared es lo único que nos separa –susurró por lo bajo, como si temiera que alguien fuera a escucharla.
Después de mucho meditarlo y analizarlo, se había decido…
Link por su parte, también ya se encontraba acostado, tenía la vista fija en el techo, que por cierto, no poseía nada de interesante.
– Me pregunto si Zelda ya se habrá dormido…
Ya llevaba varios minutos meditando lo mismo.
– No puedes seguir fingiendo Link… –se regañó así mismo– Zelda te gusta… y mucho –suspiró, apoyando ambas manos detrás de su nuca.
¡Se acabo!, esto no podría quedarse así… estaba completamente decidido…
– Antes de que termine esta semana le confesare mis sentimientos –dijeron Link y Zelda al unísono, uniendo sin saberlo, una vez más sus pensamientos, con un único deseo.
Ambos había tomado una determinación, sólo necesitaban pensar en una buena estrategia para confesarse… Y por extraño que pareciera, sin que sus juveniles y apasionados corazones lo supieran, habían tomado una misma decisión, en el mismo momento y en habitaciones completamente diferentes… la pregunta importante ahora era… ¿Podrían lograrlo?
Continuará…
Hola a todos nOn, al fin, después de una gran demora he continuado este fic , sinceramente este capítulo no me convencía -.-U y aún no lo hace XD!. o.o la verdad es que quedo más largo de lo que creía, pido disculpas por esto TOT, espero que no se les haga tedioso leerlo xox.
Para el siguiente capítulo… ¿Qué sucedería si a nuestro simpático y despistado Rey se le ocurriera otra "gran" idea ¿Cómo afectará esto a Link y a Zelda? ¿Qué será lo que decía la lista que Impa le entregó a Link? ¿Podrán los jóvenes encontrar una instancia para confesar sus sentimientos? ¿Qué otros destrozos deberá sufrir el castillo antes de que termine la semana? ¿Qué pasara cuando la maestra de historia despierte de su "sueño" reparador? -.-U no me gustaría saberlo XD!... todo esto y más para el siguiente cap que también tiene título nOn!... en realidad todos los capis de este fic lo tienen XD!
El tercer capítulo del fic: Día dos: Ocurrencia Real.
No puedo despedirme sin antes agradecer a todos los que se han tomado la molestia de leer este fic n.n, en verdad muchas gracias, en especial a Fox McCloude, Dialirvi, Galia V, Miko Rowan Farore Tonks, la generala, VZ, The Shadow Of The Light, Carol, navi-the-fairy, Guenhwyar, Fairy-Li, El angel de la oscuridad, Daxo, Lado-Sombrio-de-Link, miss zelda, sweet fairy y Lorin, gracias por sus reviews nOn.
Notas del 2017: XD Después de casi tres días releyendo esta cosa me doy cuenta que está MUY largo jajaja, aunque creo que en el pasado me había dado cuenta de eso XP, casi se me acalambraron los dedos con tanto subir y bajar XD, borrando caritas y agregando uno que otro detallito XP, la verdad es que después de casi 11 años XD debo admitir que este capítulo aún no me convence jajajajaja, pero tampoco quiero modificar la historia abruptamente, así que la idea es la misma, con cambios de redacción y un poco de pimienta que le puse por aquí y por allá XD, nada que altere la historia en sí.
