Después de una ausencia MUYYY prolongada estoy de vuelta ;D… TOT no me maten!, ya mejor dejo esto para el final y empiezo a escribir XD!


GUARDAESPALDAS POR UNA SEMANA


En el capítulo anterior…

– Antes de que termine esta semana le confesare mis sentimientos… –dijeron Link y Zelda al unísono.

Así fue, ambos sin saberlo habían tomado una determinación, o por lo menos eso era lo que parecía. Ahora sólo necesitaban un lugar indicado, un momento oportuno y… muuuucho coraje.

Porque como es bien sabido se necesita mucho valor para reconocer los propios sentimientos, pero es necesario el coraje para poder confesarlos… la pregunta era… ¿Podrían lograrlo?


.-.-.-. Día dos: Ocurrencia Real .-.-.-.


La noche había llegado a su fin y con ella se daba comienzo a un nuevo y resplandeciente día de primavera… y como era de esperarse en todo amanecer el sol mostraba su rostro entre las montañas, iluminando con sus claros rayos el cielo y la tierra.

Quizás algunos dirán... ufff al fin el segundo día. Pero aunque nadie pudiera creerlo, aquí estábamos comenzando con una nueva y prometedora mañana.

La luz atravesaba el gran ventanal que daba a un pequeño balcón, ingresando al cuarto, siendo algo bastante molesta para el joven que aún dormía tranquilamente. El chico había olvidado cerrar las cortinas durante la noche y era en este momento cuando comenzaba a sufrir las consecuencias…

– Apaguen la luz… –dijo aún dormido, cubriéndose inconscientemente con las sabanas.

Pero su estrategia para evitar la luz del día tenía un pequeñísimo inconveniente, que había pasado por alto hasta el instante que…

– ¡Hace mucho calor! –Exclamó sin siquiera abrir los ojos, lanzando lejos las ya molestas sabanas, cubriendo su rostro con la almohada, que en casos como este servía perfectamente.

Fue entonces cuando creyendo que al fin había encontrado la solución perfecta a sus problemas y que por fin podría seguir durmiendo plácidamente cuando... las adorables y madrugadoras aves del jardín comenzaban con su armónico canto matutino… claro que no podía faltar el desubicado y un tanto molesto pájaro que en vez de cantar se ponía a hacer extraños ruidos que distaban mucho de un canto.

– ¡Silencio! –Exclamó un tanto molesto tratando de ignorar el ruido y continuar con el difícil y muy sacrificado trabajo de dormir.

La verdad es que aún con el ruido, la luz e incluso el calor, podría haber seguido perfectamente durmiendo, ninguno de esos agentes era lo suficientemente molesto para que lo convencieran de levantarse, claro eso sólo fue hasta que…

– ¡AHHHHHHHH! –El siempre "calmado" y nada "perturbador" grito de la princesa irrumpió en todo el castillo. (N.A: nótese el sarcasmo XD)

Por su puesto que el joven y apuesto Link se levantó inmediatamente al escuchar el alarmante grito de una damisela en peligro... si como no. Lo que realmente sucedió fue que Link ni siquiera se inmuto… siguió tumbado sobre la cama como un tronco apretando con más fuerza la almohada contra su cabeza para disminuir la intensidad del grito.

Tal vez se estén preguntado que diantres era lo que le podría haber pasado a la joven princesa a estas horas de la mañana, digo… a penas y comenzaba el día y en el castillo ya todo era griterío, pues bien… si retrocedemos un poco en el tiempo y nos trasladamos al dormitorio de la joven…

.-.-. FLASH BACK .-.-.

En el cuarto de la princesa.

– Que lindo día –comentó alegre al tiempo que se levantaba y abría de par en par las cortinas de su ventanal que casualmente también daban a un pequeño balcón, adornado con unas cuantas plantas en sus respectivos maceteros y una larga enredadera.

Salió al balcón y admiró durante unos segundos la increíble paz que se sentía en el castillo a estas horas de la mañana, el único sonido que podía escucharse era el de las aves cantando felizmente.

Un buen comienzo para un día que parece ser prometedor – pensó de muy buen ánimo.

Algo verdaderamente extraño en ella considerando que hoy como todos los martes tenía una entretenida clase de etiqueta, en donde le ensañaban las ceremonias, las actitudes y las buenas costumbres que debe recordar siempre una señorita de la realeza.

– Que bien se siente… –susurró cerrando los ojos, sintiendo como la brisa agitaba suavemente sus cabellos– bueno… creo que debo ducharme –se dijo volviendo a ingresar al cuarto.

Pero la joven no venía sola, un indeseable y nada amigable intruso había entrado en la habitación momentos después de que ella lo hiciera… la chica se detuvo frente al espejo y observó a la pequeña criatura que se acercaba peligrosamente hacia ella… fue ahí cuando…

– ¡AHHHHHHHHHH! –Gritó desesperada corriendo como loca por el cuarto con el pequeño insecto volador siguiéndola de cerca.

Al percatarse de que nadie venía, más específicamente que Link no se aparecía para rescatarla , miro furiosa hacia la pared que separa sus habitaciones y tomando lo primero que se le atravesó, en este caso el infortunado objeto fue una pobre silla, lo aventó con todas sus fuerzas contra esa pared al mismo tiempo que volvía a gritar.

– ¡SÁQUENLA DE AQUÍ! –Gritó al mismo tiempo que la silla se destrozaba contra la pared ocasionando un GRAN y estruendoso ruido.

.-.-. FIN FLASH BACK .-.-.

Volviendo con el joven durmiente momentos antes del segundo grito y del desafortunado final de la silla…

– No puedo creerlo… ¿Esto debe ser un sueño? Zzzzz…

Y ciertamente lo era, pero Link no tenía la más mínima intención de despertar, al parecer estaba teniendo un MUY agradable sueño…

Todo parecía de pronto más iluminado, la flores, la brisa… todo era perfecto. Este era el momento, estaban solos, nadie podría interrumpirlos, era ahora o nunca…

Zelda yo… tengo algo importante que decirte –le dijo notablemente nervioso, jugando con sus dedos.

Avanzó un poco acercándose a la joven que hasta ahora le daba la espalda.

¿De qué se trata? –Le preguntó la chica volteando se para poder mirarlo, dedicándole una dulce sonrisa.

Al girar, su largo cabello dorado se agitó en el aire junto con su delicada falda, que se ondeo suavemente. La joven esbozaba una radiante sonrisa y lo mirada de una forma encantadora, Link se quedo embobado durante unos segundos admirándola, pero al darse cuenta inmediatamente reaccionó…

Este yo… estaba cada vez más nervioso y sentía que sus mejillas comenzaban a arder.

Puedes confiar en mí, Link –su voz era pausada y tranquilizadora.

Yo… tenía que hacerlo, era ahora o nunca– es que yo…

La chica espero pacientemente a que él continuara.

Ya no puedo seguir ocultando este secreto… le dijo con decisión enfrentando por primera vez la mirada de ella– yo… te amo… le confesó finalmente sonrojándose muy notoriamente.

Cerró sus ojos, esperando la peor reacción de parte de la joven, pero lo que sucedió no fue exactamente lo que se imaginaba…

Creí que nunca lo dirías… le dijo suavemente al tiempo que acortaba la distancia que los separaba y tomando el rostro de él entre sus manos sello sus palabras con un beso.

En un principio no supo como reaccionar, nunca se esperó algo como eso… pero no tardo más de unos segundos antes de decidirse a corresponderle, por ningún motivo podía desaprovechar esa gran oportunidad.

Mientras la besaba pensaba en lo bien que se sentía probar al fin los labios de la princesa, siempre lo había deseado… de pronto sintió como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante, no tenía la menor idea de cuanto ya había transcurrido cuando por alguna misteriosa razón estaba sintiendo que le hacía falta el aire.

Maldición… no ahora –pensó frustrado.

Y lo peor es que la chica no parecía tener la menor intención de despegarse de él. Por un lado no quería que el momento terminara y por otro sabía que necesitaba con urgencia oxígeno… y aún estaba decidiéndose cuando…

Si, efectivamente era un sueño MUY agradable. Link abrazaba inconscientemente la almohada, aunque su cabeza aún seguía pegada a ella… sin darse cuenta que era él mismo quien se estaba asfixiando.

Sosteniéndola de los hombros la empujó suavemente separándose finalmente de ella, su respiración era agitada al igual que el de la joven. Aún no se había decido a abrir los ojos cuando la chica le hablo…

Lo siento… pero… eres muy joven para mi… su voz era ronca y seca.

Esa no era Zelda, pero aún así ese peculiar acento se le hacía algo familiar ¿De quién se trataba?. Finalmente se decidió a abrir los ojos para poder descubrir la identidad de la chica que estaba frente a él pero al hacerlo…

No puede ser… susurró antes de que todos sus músculos se tensaran y él quedara completamente paralizado.

La persona que estaba delante de él no era precisamente la princesa, ni muucho menos era joven, se trataba de nada menos que… la vieja y arrugada maestra de Zelda, la desagradable mujer que había tenido el "placer" de conocer el día anterior.

¡Usted! –Exclamó separándose horrorizado.

Cuanto lo siento querido… sé que mi atractivo debió parecerte irresistible pero… la mujer comenzó a avanzar acercándose al chico.

¡ESTA LOCA! ¡NO SE ME ACERQUE! –Le gritó desesperado retrocediendo.

¡Pero dijiste que me amabas! –Tomó al chico del cuello y acercó sus rostros deteniéndose a escasos centímetros de él.

¡Auxilio! –Exclamó empujando bruscamente a la mujer corriendo desesperado para alejarse de lugar.

Corrió hasta que no supo como ni cuando cayó de bruces al suelo.

Bueno… se podría decir que ERA un agradable sueño... de un momento a otro se había transformado en una horrenda pesadilla, la peor que había tenido en su vida, prefería mil veces verse morir una y otra vez en manos de algún peligroso enemigo que… que… ¡ESO!

– Auch…

Y luego de un movimiento mal calculado de parte del chico, podemos ser testigos como el pobre joven se cae de la cama con todo y almohada… esperen… dije ¿Movimiento mal calculado?, craso error, fue un movimiento PESIMAMENTE calculado.

Definitivamente tenía que planear una forma para que cada vez que despertara no terminara de cara al suelo, pero antes…

– ¡SÁQUENLA DE AQUÍ!

Esta vez al estar semi consciente aún sobre el suelo pudo escuchar con claridad el "tranquilo" grito de la Princesa y no sólo eso, también pudo oír con gran claridad el fuerte sonido de un objeto destrozándose.

– ¿Pero qué…? –Se preguntó incorporándose de un salto.

– ¡AHHHH! –La chica seguía gritando.

– ¡ZELDA! –Exclamó alarmado corriendo hacia la salida del cuarto.

De inmediato se dirigió hacia la habitación de la Princesa que estaba "muy" lejos de la suya. Sólo le bastaron cuatro pasos antes de encontrarse frente a la puerta del cuarto de la chica. Cabe mencionar que Link traía puesta sólo su ropa interior. (N.A: Uyyy cosita más rica XD)

– ¡Fuera, fuera! –Escuchó que repetía una y otra vez la chica desde el interior de su dormitorio.

– ¡Allá voy Princesa! –dijo antes de entrar precipitadamente al cuarto.

– ¡LINK! –Lo llamó al verlo corriendo hacía él y escondiéndose detrás de su espalda.

Él chico no conseguía entender la situación, ni mucho menos el porque del escándalo.

– ¿Por qué gritas de esa forma? –La interrogó volteando el rostro para poder observar medianamente el cuerpo de la joven.

– Por… por… –comenzó a decirle algo tartamuda– ¡ESO! –Exclamó apuntando hacia el frente.

Link traslado su mirada de la joven hacía la "cosa" que ella le estaba señalando. Fue en ese momento cuando lo vio…

– Pero si sólo se trata de un pequeño insecto –dijo encogiéndose de hombros.

– Pues… si eso crees… ¡SÁCALA DE AQUÍ! –Le ordenó empujándolo para que se enfrentara al insecto.

El artrópodo siguió volando formando círculos alrededor del joven quien lo miraba de manera amenazante. Link lo analizó con cuidado, observó atentamente el rápido agitar de sus alas, las mismas que sostenían en el aire el pequeño cuerpo del insecto de ojos alargados y negros, con un tórax repleto de vellos y un largo abdomen rayado en amarillo y negro, separadas ambas secciones por una delgada cintura… Si se lo que están pensando, Link tiene una gran vista. Pero luego de analizar a la pequeña criatura, sacó por conclusión de que se trataba de un común espécimen de una avispa adulta.

– Te lo advertiré sólo una vez… o te retiras de manera pacífica o tendrás que enfrentarte a mí, pequeña –habló dirigiéndose a la criatura.

Esto era lo que me faltaba… que Link se pusiera a conversar con ese bicho –Pensó molesta, cruzándose de brazos algo impaciente.

Obviamente la avispa nunca le iba a responder a Link ni mucho menos le cerraría un ojo indicándole que había comprendido su advertencia, de hecho el insecto comenzó a volar más rápido y en cada vuelta que daba se acercaba aún más al joven, al parecer no estaba nada contento.

– Creo que mi amenaza no fue suficiente Comentó notando que la avispa no tenía la menor intención de retirarse del cuarto.

– ¡CLARO QUE NO! –Le gritó la chica perdiendo la paciencia.

– Bueno… creo que no me queda otra opción.

Link elevó ambos brazos y trato de atrapar al bicho con sus palmas, claro que esto tampoco fue una de sus mejores ideas, ya que cuando al fin consiguió tomarlo no pasaron más de dos segundos antes de que sintiera algo punzante y doloroso… muy doloroso…

– ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH! –Gritó antes de dejar nuevamente en libertad a la criatura– ¡Me pico!

Y así era… la avispa había salido triunfante y ahora se retiraba como si nada de la habitación, saliendo por el mismo lugar por el que antes había entrado…

No puedo creerlo –pensó al ver como el joven corría por todo el cuarto agitando la mano en la cual el insecto había hecho de las suyas.

– ¡Me duele!

– Link –Ahora sentía que tenía un pequeño tic en el ojo derecho– ¡PARA! –Le gritó molesta, ¿en verdad él era el grandioso héroe que había derrotado a Ganondorf con gran coraje? ¿En verdad se estaba dejando vencer por un mísero insecto?

El joven se detuvo, notando que estaba haciendo el ridículo.

– Lo siento –se disculpó algo avergonzado– pero… aún me duele…

Zelda suspiró cansada, al mismo tiempo que se acercaba al chico.

– Déjame ver –le pidió extendiendo una de sus manos, deteniéndose frente a él.

– ¿Eh?

– Quiero ver tú mano –continuo ella al notar que Link parecía no haber comprendido.

– Claro… –susurró mostrándola la palma de su mano izquierda.

– La otra... –estaba empezando a perder la paciencia.

– Jejeje… ya lo sabía…

La joven tomó la mano de él y examinó con cuidado la picadura que comenzaba a hincharse, en realidad las avispas no solían picar, generalmente mordían a sus agresores.

– No debiste hacer eso –lo regañó– siéntate, iré por algo para bajar la hinchazón.

Link observó como la joven se encaminaba hacía una puerta dentro de la misma habitación. Pasaron unos minutos antes que la chica regresara a su lado, trayendo consigo unas vendas y un frasco. Zelda se sentó junto a él y abrió el frasquito que contenía algo parecido a una pomada con un olor muy fuerte y penetrante.

– Esto seguro te ayudara –le explicó aplicando el betún sobre la palma del joven, quien hizo una mueca de molestia al sentir el efecto de la medicina sobre la "picadura".

Zelda cubrió rápidamente la mano del joven, ciñendo las vendas con cuidado.

– Con eso será suficiente –le informó dándole un último apretón al nudo asegurándose de que quedara firme.

– Gracias –miró durante unos segundos su mano vendada y luego dirigió su mirada hacia ella.

Ahora, que todo estaba en calma, podía verla y por primera vez notar la escasa ropa que la joven traía, su cuerpo estaba cubierto sólo una delicada prenda de seda blanca, era un camisón de tirantes delgados, que caía suelto hasta la mitad del muslo terminando en unos finos encajes, los mismos que adornaban el borde superior de la prenda.

– Zelda –se sonrojó notoriamente sin poder despegar su vista de la chica.

Ella por su parte, hasta ese momento tampoco se había detenido a observar al joven, quien se podría decir que estaba prácticamente desnudo. Bajo lentamente su mirada recorriendo los hombros y los fuertes brazos del Hylian, deteniéndose en su torso, admirando la piel sutilmente bronceada y esas cicatrices, que probablemente se las hizo en alguna de sus batallas, pero ellas no le quitaban el atractivo, en realidad a su parecer sólo lo convertían en una figura verdaderamente deseable.

Pero que físico –pensó completamente embobada– ¿En qué demonios estoy pensando? –Se regañó mentalmente, al mismo tiempo que mordía su labio inferior conteniendo un suspiro. En verdad Link era muy atractivo.

Tratando de mantener la cordura, ambos decidieron despegar su vista del cuerpo de su acompañante, pero al hacerlo sus miradas se encontraron. Link hizo su mejor esfuerzo para no caer bajo el hechizante poder de los cristalinos ojos de la joven, mientras ella luchaba para no ahogarse en el mar los profundos ojos de él. Pero fue completamente inútil, ninguno de los dos logró cumplir su cometido y sin saber como ni cuando la distancia que los separaba se acortó a sólo escasos centímetros.

– Link… –susurró la chica llamándolo, entrecerrando sus ojos, dejándose llevar por el momento.

Había llegado su oportunidad, este era el instante que había estado esperando, estaban solos y MUY cerca, tanto que sus respiraciones se entremezclaban y casi podían escuchar el fuerte palpitar de sus corazones.

– ¡HIJA! –La llamó el rey irrumpiendo en el cuarto en el PEOR momento– ¿Estas bi…?

– ¿Papá? –Se separó bruscamente del joven al tiempo que se levantaba y observaba al hombre que se encontraba detenido frente al umbral de la puerta.

Link perdió el equilibrio y cayó nuevamente al suelo, aunque esta vez fue sentado. El Rey examinó con detenimiento la escena antes de interrogarlos.

– ¿Link tú…? –Comenzó sin creer lo que sus ojos veían.

– ¡CLARO QUE NO! –Le respondió antes de que el hombre pudiera siquiera terminar su pregunta– No es lo que cree señor –ahora estaba rojo, otra vez.– Nunca le haría algo así a la Princesa… no es lo que está pensando.

– Entonces… ¿Qué hacías semi desnudo en el cuarto de mi hija y… por qué ella estaba gritando? –Volvió a interrogarlo sin moverse de su sitió.

Todas las evidencias apuntaban hacia un mismo hecho… en especial si contamos que el momento en que el Rey había decidido entrar en el dormitorio, Link y Zelda habían estado a sólo unos instantes de besarse.

– Ehhh… este yo... –Desvió si avergonzada mirada al techo, de pronto su mente se quedo en blanco, no sabía como responderle.

– Es mi culpa padre –dijo la chica notando que Link no estaba en condiciones de responder– yo arme un escándalo por un pequeño insecto y Link preocupado vino tan rápido como pudo y es por eso que no tuvo tiempo para vestirse –le explicó algo nerviosa por la inquisitiva mirada que su padre tenía sobre ella.

– Si así fue… ¿Podrían explicarme que estaban haciendo momentos antes de que yo entrara?

El Rey había dado en clavo, ahora ninguno de los dos tenía una excusa lo suficientemente convincente para responder a esa pregunta, ni ellos mismos sabían que era lo que habían estado a punto de hacer, bueno… si lo sabían, pero de ninguna manera podían decirle algo como eso al Rey.

– Nosotros –en verdad era un momento incómodo, muy incómodo.

Vamos Link… piensa… piensa… –se decía mentalmente esforzándose por encontrar alguna salida– ¡Ya se!... Su hija fue muy amable al ofrecerse revisar el golpe que me di esta mañana –le dijo no muy convencido de sus propias palabras.

– ¿Qué golpe? –Zelda dirigió su mirada al joven, quien hizo una extraña mueca tratando de indicarle que siguiera la corriente.– Ahhhh si –sonrió nerviosa– ESE golpe –agregó no muy convincente.

– Este... –El Rey parecía más confundido que antes– Creo que es mejor que marche –agregó sintiendo que una gotita de sudor frío recorría su cien, quizás estaba siendo demasiado metiche y simplemente debía dejar que la juventud y las hormonas hicieran su trabajo, sólo esperaba que no se fueran para el "otro lado" y avanzaran paso a paso.

El hombre retrocedió cerrando la puerta, la verdad es que prefería no indagar más en el tema aunque…

Es una lástima… pensé que al fin mi hija y Link habían conseguido expresar su sentimientos… si esto sigue así no abra forma de detener el compromiso –suspiró resignado, al tiempo que se alejaba por el pasillo– Debo pensar en algo… y rápido… Impa ¿Por qué no estás cuando más te necesito?

El príncipe con el que se comprometería Zelda llegaría el mismo día del comienzo del festival de primavera y sería en ese momento cuando la chica se enteraría de la noticia, pero el Rey conocía perfectamente a su hija y sabía que ella no estaría nada feliz, pero de momento no podía hacer nada.

Se detuvo en medio de un oscurecido pasillo y apoyándose sobre una pared colocó una de sus manos sobre su barbilla pensando, meditando, analizando cuidadosamente la situación…

– ¡Tengo una idea! –Exclamó alegre cuando al fin algo en su mente se había activado, al mismo tiempo que una brillante luz iluminaba el pasillo.

El Rey volvió a encaminarse, esta vez con un ánimo renovado.

– Soy todo un genio… –se auto-felicito– incluso el día celebra mis ocurrencias…

Bueno, la verdad es que la luz en el pasillo nunca hubiera aparecido si no fuera porque una oportuna sirvienta apareciera por el oscurecido corredor y decidiera abrir las cortinas, pero el Rey, con lo distraído que estaba, nunca se dio cuenta de ello .


Volviendo al cuarto de la Princesa, justamente instantes después de que el Rey cerrara la puerta.

– Eso estuvo cerca –comentó Link suspirando aliviado.

Demasiado cerca… –pensó acercando inconscientemente una de sus manos a su rostro, pasando la yema de sus dedos por sus labios al mismo tiempo que observaba como el chico se acercaba a la puerta. Era obvio que Link estaba refiriéndose al Rey, pero ella estaba pensando en "otra cosa".

– Volveré enseguida, creo que es mejor que me vista –le dijo saliendo del cuarto, cerrando la puerta tras de si.– Y me dé una buena ducha con agua fría –Pensó mirando la venda sobre su mano derecha, suspirando resignado– estuvo tan cerca...


Después de una prolongada ducha con agua fría Link salía con nuevos ánimos de su cuarto, ya vestido. Camino hasta la habitación continua y entro, sin siquiera recordar que debía llamar antes a la puerta.

– ¿Zelda?

Cerró la puerta y avanzó buscando a la joven.

– ¿Dónde estará? –Se preguntó notando la ausencia de la joven.– Tal vez… –su mirada se posó sobre la puerta que anteriormente Zelda había usado para ir en busca de las vendas y la pomada.

Se encamino hacía ese lugar y tomando la manilla de la puerta la giró, abriéndola, un gran cantidad de vapor se escapó, pero no le tomó atención e ingreso al cuarto… claro que nunca se imagino que esa habitación estaba destinada al…

– ¿Quién está ahí? –Preguntó la chica cubriendo rápidamente su cuerpo con la toalla.

– ¿Zelda? –Exclamó el chico divisando la silueta de la joven entre el vapor.

– ¡PERVERTIDO! –Le gritó lanzándole todo lo que estaba al alcance de su mano, aún sin distinguir al joven.

– ¡AHHH! –Él trató de esquivar los objetos voladores que amenazaban con golpearlo.

No veía nada, había tanto vapor en el cuarto que le era imposible distinguir la salida, camino sin saber el lugar hacia donde se dirigía, la chica seguía gritando como loca y lanzando cosas tratando de acertarle al "pervertido". Link pisó un jabón tirado en el suelo y se deslizó aproximadamente un metro agitando sus manos en el aire tratando de no perder el equilibrio antes de chocar contra algo o alguien y caer directo a la tina repleta de agua.

La chica sacó la cabeza del agua tratando de quitarse al joven de encima, Link también despertó enseguida y se levantó un poco para tratar de divisar contra que era lo que había chocado, lo único que sabía es que fuera lo que fuera había amortiguado su caída.

– ¿Link? –La chica estaba atónita, confundida y por supuesto, avergonzada.

Y como no estarlo, si ahora se encontraba en una incómoda posición dentro de la ducha cubierta por sólo una toalla que a estas alturas ya había absorbido toda el agua que podía y para colmo un chico le impedía levantarse

– ¡ZELDA! –Exclamó al encontrarse cara a cara con la joven.

Definitivamente estar dentro de una tina, por muy lujosa y amplia que fuera, no era nada divertido si estabas sobre la mismísima Princesa de Hyrule, no podía decirse que estaba precisamente cómodo, se encontraba muy mojado de ultra-mente avergonzado.

Se mantuvieron durante unos minutos ahí sin moverse, ninguno de los dos sabía como reaccionar. La chica podría haber golpeado a Link por su atrevimiento, pero su bochorno era tan grande que ni siquiera si cuerpo le respondía.

¡¿Qué estás haciendo?! ¡MUEVETE! –Se ordenó mentalmente, pero sus miembros tampoco le respondían.

Tenía que decir o hacer algo… estaba ¡Sobre la Princesa!, no podía quedarse ahí como bobo sin moverse… tenía que hacer algo ¡DEBÍA MOVERSE!, el calor, la cercanía y sus cuerpos húmedos o mejor dicho completamente mojados estaban despertando CIERTAS reacciones en su anatomía masculina.

– Link… podrías… este… moverte un poco, no puedo levantarme –le dijo ella casi sofocada, no sabía si era el vapor o el bochorno, o el verlo empapado sobre ella, pero lo que si tenía claro es que... necesitaba salir del agua antes de perder el control.

– Claro –las palabras de la joven lo habían hecho reaccionar y ayudado por sus manos se levantó, saliendo de la tina.

Su ropa estilaba y se pegaba notoriamente a su cuerpo, con una de sus manos movió su húmedo flequillo hacía un lado, para que no le estorbara sobre los ojos, luego volteó y le extendió una mano a la joven para ayudarla a levantarse. La chica aceptó la ayuda de Link y también salió de la tina sosteniendo la toalla que ahora le pesaba increíblemente todo gracias a la gran cantidad de agua que había absorbido.

Reacciona Zelda, reacciona –pensaba tratando de ordenar las ideas en su mente.

No alcanzó a pasar un minuto antes que…

– ¡PERVERTIDO! –Le gritó furiosa empujándolo a la salida.

Link no dijo nada, parecía demasiado impactado como para articular alguna palabra.

La chica no le dio tiempo de decir nada a su favor y antes de lo pensado la puerta del cuarto de baño se azotó contra él, quien se había vuelto a acercar tratando de detener a la Princesa.

De ahora en adelante no olvidaría llamar a la puerta antes de ingresar a al cuarto de la muchacha.

Zelda se apoyó sobre la pared y suspiró cansada, aún muy avergonzada por lo sucedido. El suelo estaba completamente mojado al igual que casi todo dentro del baño y ella no era la excepción.

– No entiendo porque volvió sin… –fue entonces cuando recordó la "listita" de Impa– ¡Es cierto! Lo había olvidado.

Rápidamente buscó alguna toalla sobreviviente con la cual cubrir su cuarto y salir del cuarto. Al abrir la puerta lo primero que vio fue al pobre e inconsciente chico extendido sobre el suelo.

– ¿Link? –No sabía lo que exactamente había pasado, pero se lo imagina– será mejor que me ponga algo antes de que despierte…

Minutos más tarde...

– ¿Dónde estoy? –Se preguntó despertando.

– ¿Estás bien? –Le preguntó preocupada, arqueando sus cejas dibujando en su semblante una angustiada mirada.

– ¿Zelda? –Dijo reconociendo a la chica al tiempo que se sentaba.

– Discúlpame... –empezó rodando sus ojos hasta dejarlos clavados al suelo, no quería enfrentar su mirada– no quise azotarte con la puerta y tampoco gritarte pero… –lo miró, aunque no quería debía hacerlo– en primer lugar, tú no debiste entrar al baño –la joven se encontraba sentada junto a él y ahora cruzaba sus brazos sobre su pecho.

– ¿Era el baño?

Zelda perdió el equilibrio al escuchar la pregunta del joven, pero él seguía observándola con esa mima miradita inocente y despreocupada.

– ¡¿Cómo es posible que no te percataras que era el baño?! –Exclamó molesta.

– Había demasiado vapor –le respondió con simpleza encogiéndose de hombros.

– No hay caso contigo –suspiró resignándose– y ahora tendrás que ponerte otra cosa, estas todo mojado –lo regañó apartando los cabellos húmedos de su frente– toma –le dijo extendiéndole una toalla seca.

– Pero... no tengo otra ropa… no estaba entre mis planes quedarme en el castillo.

– Lo supuse, por lo que… –apuntó hacia su cama– conseguí eso para ti.

Sobre la cama de la Princesa se encontraban un pantalón de tela blanco invierno, una camisa verde oliva muy elegante y una chaqueta también verde, pero algo más oscura y con pequeñas decoraciones en dorado, toda la ropa era digna de un verdadero Príncipe.

– ¿Y eso? –Parecía sorprendido.

– Antiguamente pertenecían a mi padre… pero como te dije "antiguamente", ahora sería un milagro si esas prendas le cruzaran.

– Ya veo.

– Vístete y… no te preocupes, no tengo intención de espiarte…

En realidad si la tenía, pero su moral se había encargado de alejar todo raro pensamiento que se cruzó por su mente mientras el chico se cambiaba de ropa y ella, esperaba pacientemente de espaldas a que él terminara.

– Si tú lo dices…

Zelda hizo como si no hubiera escuchado ese último comentario.

– Termine… ¿Cómo me queda?

La joven volteó para poder evaluar al chico. Pero no dijo nada, sólo se quedo observándolo con la boca ligeramente abierta, muy sorprendida.

– ¿Zelda? –se había sonrojado, era extraño sentirse así de observando, además... ¡La chica ni siquiera parpadeaba! – ¿Por qué me miras así?

– Si no te conociera, diría que eres la viva imagen del hermano que nunca tuve…

Las prendas eran justo de su talla, las finas telas lo hacían ver como si fuera un verdadero Príncipe, con el entalle y la elegancia justa. Claro que las facciones de su rostro, el cabello rubio y esos ojos azules ayudaban en gran medida, si tan sólo no llevara el cabello tan alborotado podría pasar perfectamente por alguien de la realeza, pero para que vamos a andar con cosas, el rebelde cabello del chico le quedaba bien, especialmente húmedo como lo traía, lo hacía ver juvenil, atractivo y porque no, sexy.

– Te… te vez muy bien. –Agregó luego sonrojándose.

Link sonrió con ese mismo carisma que solía tener. El escuchar algo así viniendo de la mismísima futura soberana de Hyrule, le agradaba en demasía.

Pasaron unos minutos antes de que ambos recordaran el motivo por el cual el joven se encontraba inicialmente en el cuarto.

– Si lo deseas…puedo retirarme para que puedas vestirte…

Efectivamente… la chica aún no se había cambiado de ropa, de hecho sólo traía su ropa interior una mini camiseta que se afirmaba con dos finos tirante y una enagua, todo de una tela muy delgada y blanca.

– Es que… -comenzó a decir uniendo una y otra vez la punta de sus dedos índices, con un bonito rosa cubriendo sus mejillas– yo… necesito tu ayuda.

– ¿Entonces lo que decía en la lista no era una broma?

– Verás… hoy tengo clases de etiqueta y es absolutamente necesario que ocupe… –se encamino hasta su armario y saco algo de el– …esto –le dijo mostrándoselo.

– ¡Ahhh! Eso… ahora entiendo –sonrió tontamente– pero... ¿Qué es exactamente "eso"? –Le preguntó apuntando la prenda sobre la mano de la Princesa.

Caída estilo anime de parte de Zelda.

– ¡¿Te encuentras bien?! –Le preguntó preocupado al verla caerse de pronto.

– No fue nada… mira –empezó como si fuera a darle una lección a un niño chiquito– esto… –apuntó la prenda– …se conoce como corsé, es una prenda que se asa bajo la ropa y ayuda a mantener la espalda recta –continuo– y de paso te estrangula y dificulta la respiración– esto último lo pensó, porque estaba claro que no tenía porque decírselo al chico.

– Entonces… cuando en la lista Impa apunto "ayudar a vestir a la Princesa" ¿Se referiría a que yo te ayudara a ponerte eso?

– Exactamente –declaró con simpleza para luego suspirar– ¿Me ayudaras?

– Bueno creo que… no tengo opción.

– En ese caso toma –le extendió el corsé y se acercó a una pared apoyando una de sus manos sobre ella al mismo tiempo que con la otra apartaba su cabello.

Link se acercó a la chica y examinó con cuidado la prenda que tenía en sus manos.

– Zelda… –la llamo después de unos segundos.

– ¿Qué sucede ahora? –esto ya era lo suficientemente bochornoso como para que Link lo dilatará más de lo esperado.

– No sé cómo se pone esto.

Nueva caída de Zelda.

– Mira y aprende –le dijo empujándolo contra la pared– paso uno… pones esta "cosa" alrededor de la persona que lo va a usar –realizó lo descrito con Link, no habían más modelos en el lugar– paso dos, comienzas a tirar estas cintas de esta forma…

¡Mis costillas! –Pensó sintiendo como la prendaba comenzaba a estrangularlo con cada tirón.

– Y luego haces un lindo nudo y listo –le da una palmadita en la espalda sonriendo.

Un instante más tarde Link cae desmallado al suelo por falta de aire.

– Creo que lo apreté demasiado.


Luego de una verdadera lucha para que Link pudiera colocarle correctamente el corsé a Zelda sin matarla, la chica le pidió que la esperara fuera del cuarto para que ella terminara de vestirse.

Ahora ambos se encontraban en el comedor tomando desayuno calmadamente, aunque había algo extraño, diferente… algo faltaba.

– ¿Dónde está tú padre?

– ¿Mi padre?… sabes… ahora que lo mencionas… no le he visto desde lo que ocurrió en mi habitación –agregó llevándose una mano a la barbilla meditando la situación.

– Tal vez tuvo un asusto importante que atender.

– Tal vez… pero hay algo que no me preocupa... aunque es mejor no alarmarse antes de tiempo.

– Hay algo que me ha estado dando vueltas desde anoche –comenzó nuevamente el joven, sacando a la Princesa de sus pensamientos.

– ¿Si?

– ¿No sientes como si se nos hubiera olvidado algo?

– ¿Algo cómo qué?

Ambos guardaron un minuto de silencio antes de…

– ¡No puede ser! –Exclamaron al mismo tiempo mirándose las caras horrorizados.

– ¡Mi maestra de Historia!

Sin siquiera terminar de desayunar corrieron hacia la biblioteca e irrumpieron en la habitación sin ninguna delicadeza.

– ¡MAESTRA! –La llamó la muchacha al divisarla aún inconsciente sobre el suelo.

El joven al verla se quedo paralizado, de pronto la horrible pesadilla que había tenido antes de despertar se hacía presente… ¡Ni muerto me acerco a la momia! Se dijo a si mismo aún parado junto a la puerta.

– Aún está inconsciente… es nuestra oportunidad para deshacernos de ella…

– ¿Qué? –Preguntó sin creer lo que acaba de escuchar, inclusive rasco el interior de su oído haber si realmente había escuchado lo que creía haber escuchado.

¿Había oído bien o se estaba volviendo loco?, Zelda acabada de decir "…deshacernos de ella…", seguramente había no había sido eso lo que ella dijo, quizás fue sólo su mente perturbada la que hacía que en el fondo de su ser quisiera alejar a la mujer, después de esa pesadilla... todo podía ser posible.

– Podemos encerrarla en las mazmorras o…la podemos mandar con uno de los guardias al pueblo y decirle que se la trasladen a la cuidad más alejada del castillo…

No… la chica hablaba en serio… pero no aún no podía creerlo ¿Zelda estaba planeando como desaparecer a su maestra?, de ninguna forma él se haría participe de ESO, por muy patada en el hígado que fuera esa mujer no podía hacer algo como aquello, su moral se lo impedía…

– ¿No vas a ayudarme a cargarla? –le preguntó dirigiendo su mirada hacia el joven que aún no se movía.

– No creo que…

– Te recuerdo –lo interrumpió– …que el jueves debemos entregar los resúmenes…

La chica pudo sentir una fuerte ráfaga de aire y al abrir los ojos se encontró con que Link que ya iba a mitad del pasillo cargando a la mujer para mandarla MUYY lejos del castillo.

Ella sólo lo observo con una gran duda reflejada en su rostro.

– ¡Tenemos que hacerlo antes de que despierte! –Exclamó avanzando presuroso.

Creo que fui muy convincente –pensó luego y con una sonrisa volvió a avanzar, siguiendo a Link.

Y así era, las palabras de la joven habían sido suficientes para hacerlo reaccionar, de hecho sólo al escuchar la palabra "resumen" ya había tomado cartas en el asunto y había mandado a la punta del cerro todos sus buenos principios.

¡AL DIABLO CON TODO!, en estos momentos lo que más importaba era su propio bienestar, y estaba seguro que si tenía que volver a leer una palabra más de esas amarillentas y viejas escrituras se volvería loco.


Luego de cumplir su misión ULTRA secreta , ya casi daban las once de la mañana, hora en la que se suponía que debían llegar a la siguiente lección de Zelda. Ambos volvieron a correr por los pasillos hasta llegar a un gran cuarto sin puerta y al ingresar…

Sentada en un GRAN sillón al frente de una diminuta mesita se encontraba una mujer de dimensiones colosales, era gigantesca…

Eso… ¿Es una mujer? –Pensó horrorizado al verla.

Zelda observó de reojo al chico y al ver su expresión supo inmediatamente lo que estaba pensando, en realidad no se necesitaba de mucha imaginación para descubrir lo que pasaba por la mente de cualquier persona que viera por primera vez a esa mujer.

¡Pero si parece una ballena!... Esta más gorda que el Rey Zora –aún no salía de su impresión inicial.

Claro que la palabra ballena no era suficiente para describirla en su totalidad. Esa mujer estaba ahogada en grasa, seguramente a penas podría caminar… poseía una barbilla triple o más, sus manos eran gigantescas y sus ojos a penas podían verse entre tanta grasa, pero aún así podían sentir la penetrante mirada que les dirigía.

– Me alegra ver que esta vez ha sido puntual, Princesa –su voz era ronca y vigorosa.

– Bueno días maestra –le dijo cordialmente la joven tomando con ambas manos la falda de su vestido, inclinando levemente su cuerpo sin bajar la mirada.

La gorda… digo la mujer, aprobó el saludo de la Princesa asintiendo levemente con su cabeza y luego clavó su vista en el chico, que aún tenía la boca abierta y los ojos como plato a causa de la impresión.

– Ejem –se aclaró la garganta tratando de llamar la atención del muchacho.

Zelda notó que Link no parecía reaccionar y acercándose cautelosamente se paró junto a él y usando su codo golpeo suavemente las costillas del chico para hacerlo reaccionar.

– Link… –hablo entre dientes, mirándolo de reojo– hazlo…

Él, al escuchar las casi imperceptibles palabras de la joven agitó su cabeza despabilándose y tosiendo un par de veces tapándose la boca con su mano empuñada, se adelanto, acercándose a la "mujer".

– Discúlpeme usted –dijo al tiempo que realizaba una pronunciada reverencia, apoyando una de sus manos tras su espalda, mientras que la otra la colocaba sobre su pecho– es un… horrendo placer conocerla –sonrió, como siempre solía hacerlo.

La gorda mano de la mujer se extendió hacía él. Link sabía lo que eso significaba… trago saliva y no pudo evitar arquear las cejas, la verdad es que no le agradaba nada la idea de tener que si quiera tocar a esa masa de grasa que estaba delante de él, pero al observar la mirada amenazante de la joven que se encontraba a un metro más atrás no tuvo opción… con la mano que antes tenía sobre su pecho y aún levemente inclinado sostuvo la de la ballena, digo la gorda, digo la maestra y muy a su pesar se la acercó a los labios, luego se separó tan rápido como le fue posible tratando de ocultar la cara de asco que tenía.

– Permítame presentarle al joven Link –dijo Zelda adelantándose– mi padre le ha encargado ejercer como tutor y guardaespaldas durante la semana que Impa estará ausente –explicó rápidamente.

– ¿No es algo joven para realizar un trabajo así?

La mirada amenazante de Link se posó sobre la mujer, ¡¿Quién se creía ella para decir algo como eso?!, es cierto, era joven, pero… ¡Había salvado Hyrule!, quien más podía estar lo suficientemente preparado para un trabajo como ese.

Zelda sólo sonrió nerviosa antes de agregar– Y… ¿Cómo está usted? –Le pregunto intentando desviar el tema.

– No apriete los dientes señorita –le aconsejo o mejor dicho le advirtió, la mujer.

Trató de relajarse, pero indudablemente apareció un pequeño tic en su ojo derecho y al mismo tiempo y sin notarlo, su ceja del mismo lado se arqueo.

– No arquee la ceja.

Volvió a tratar de concentrarse y hacer lo que ella le decía, pero estaba tan tiesa que ahora su otra ceja se arqueó, como la primera, denotando que no estaba bien y entonces pudo sentir como una pequeña gota de sudor frío recorría su cien.

– Sonría con más naturalidad.

Zelda hizo todo lo posible por parecer convincentemente feliz, pero evidentemente no lo logro, la mueca que hora se dibujaba en su rostro era todo, menos un sonrisa.

– No hay caso con usted ¿Cuándo aprenderá a comportarse como la señorita de sociedad que es? –La mujer suspiró como si estuviera muy cansada– el tiempo es muy valioso… y debemos aprovecharlo a máximo por lo que comenzaremos ahora mismo con las clases –la enorme mujer apoyo ambas manos sobre los mangos de la gran silla y para sorpresa de Link, se levantó.

– Como usted ordene –nuevamente realizo una reverencia– esto es un verdadero fastidió –pensó tratando de sonreír de la forma más natural posible, pero estaba harta de jugar a ser una "señorita" de la alta alcurnia, ella quería dejar de usar "faldita", vestirse como una guerrera y salir del castillo a encontrar grandes aventuras.

– Espérenme aquí, de pie, sin moverse, volveré enseguida –les advirtió avanzando lentamente, haciendo retumbar el piso con cada uno de sus pasos.

La gigantesca mujer desapareció tras unas cortinas, dejando a los dos jóvenes solos por unos instantes. Zelda respiró hondamente tratando de mantener la paz y Link aprovechó la oportunidad para platicar con la Princesa.

– Oye Zelda…

– ¿Sí? –Había mantenido sus ojos cerrados, por lo que sólo abrió uno para mirarlo de reojo.

– ¿De dónde saca tú padre estos raros especímenes que se hacen llamar maestros? –le preguntó ya sin poder contenerse, es que en verdad estaba anonadado con semejante colección.

– ¿Cómo quieres que lo sepa? –Le respondió lamentándose.

Los pasos de la maestra acercarse hicieron que ambos guardaran silencio y se pararan de la forma más recta posible, casi parecían no respirar.

PAFF!

Dos gruesos libro cayeron pesadamente sobre la mesa.

¿Libros? –¡¿En serio?! No podía creer que a pesar de haber hecho desaparecer a la maestra de historia estas cosas lo siguieran– ¡Más libros no! Por favor… –con la agradable experiencia que había tenido el día anterior no tenía ni el más remoto deseo de volver a ver un libro en su vida.

¿Por qué a mí? –Se preguntó la chica sabiendo lo que venía a continuación.

Esta sería otra LARRRGA y tediosa lección de etiqueta…


Ya había pasado hora y media desde que la clase había dado comienzo.

– ¡Camina mirando al frente! –le exigió la mujer observando amenazadoramente a la chica.

Es fácil decirlo cuando no se tiene un estúpido y pesado libro en la cabeza.

Zelda intentaba caminar de la manera más sofisticada y natural posible, claro que el trabajo se complicaba considerablemente con el maldito libro que se balanceaba de aquí para allá y si a eso de sumábamos la nada cómoda falda ancha del vestido, ese corsé con el que apenas podía respirar y los dichosos zapatos de tacón que de ninguna manera facilitaban el caminar sobre una esponjada y refinada alfombra.

– ¡¿Y tú qué esperas para moverte?! –Gritó dirigiéndose esta vez al chico.

– Eso intento… –se excusó vanamente, tratando de dar avanzar sólo un paso.

Al parecer el pobre de Link no sólo estaba acompañando a la Princesa durante su clase de etiqueta, sino que había sido obligado…cof cof… digo… amablemente invitado a participar de ella.

– Postura… es algo primordial en toda jovencita refinada –repitió la mujer por décima vez admirando el patético esfuerzo que hacían los jóvenes.

– Pero… yo no soy una chica…

– Pero eres su tutor y por eso debes aprender a caminar correctamente… siempre deben recordar mantener la cabeza erguida, su mirada al frente y su espalda recta… –les dijo juntando las gordas palmas de sus manos.

Este discurso lo llevo escuchando desde los siete.

– El caminar es un verdadero harte mis jóvenes aprendices, deben moverse con gracia de manera delicada…

– Y usted es el vivo ejemplo de ello –comentó el chico de manera mordaz ya fastidiado de escuchar a la mujer hablar de lo "grandioso" que es aprender a caminar con elegancia manteniendo una buena "postura".

– ¿Qué fue lo que dijo jovencito? –La maestra, alias la mujer ballena del castillo, se acercó peligrosamente al joven, haciendo retumbar el piso.

– Era un cumplido… usted se mueve de una manera muy… –hizo una breve pausa, intentando recordar una de las tantas palabras que había repetido la gorda una y otra vez a lo largo de la hora y media que había estado intentando caminar con el libro en la cabeza.– Sofisticada –completo finalmente la frase sonriéndole, o por lo menos realizando una mueca que se pareciera medianamente a una sonrisa.

– ¿Le parece? –Le preguntó levantando su pecho apoyando una de sus manos sobre él, sonriendo satisfecha por el halagó.

– No lo dudaría ni un instante… es usted como una fina paloma que se desliza por los aires guiada por el viento… –le dijo con la voz más varonil y convincente que pudo.

¿Qué? –La Princesa no podía creer lo que acaba de escuchar.

– Eres todo un galán muchacho –le comento la mujer sonrojándose– creo que tendré que tomar algo de aire, me estoy sofocando.

No me extraña con esa cantidad de grasa que tiene –pensó viendo como la enorme mujer salía a duras penas por la puerta.

– ¿Me podrías explicar qué fue todo eso? –Le preguntó la chica algo ¿celosa?

– No quería morir aplastado tan joven –le respondió con simpleza encogiéndose de hombros y cerrando sus ojos.

– ¿A sí? –Lo observó dudosa, aún sentía esa molesta sensación en el pecho que no podía describir– pues… déjame decirte que haces MUY bien tú papel de galán… –Se había cruzado de brazos y cerró sus ojos en señal de molestia.

– Acaso tú –casi no podía creer o que iba a decir, pero no pudo resistirse a hacerlo– ¿Estas celosa? –Le preguntó sonriendo divertido, acercándose a la chica olvidando por completo el libro que aún tenía en su cabeza.

– ¡ESTAS LOCO! –Desmintió ella desafiándolo con la mirada– ¿Por qué debería de estar YO celosa de ELLA? –Le preguntó apoyando ambas manos sobre sus caderas, mirándolo de manera desafiante, también olvidándose por completo del libro que ella cargaba.

– Si no estás celosa –ahora sonreía con un dejo de picardía, estaba disfrutando de ver la escenita que le armaba la Princesa– ¿Por qué estas tan molesta?

– ¿Molesta yo? –Le preguntó de manera sarcástica haciéndose la desentendida.– Por favor Link, no digas disparates, yo no estoy molesta… ni mucho menos celosa… sólo… me llamaron la atención tus palabras –era muy mala mintiéndole.

– Tal vez cuando las dije estaba… –inconscientemente su mirada se clavó en el techo, se estaba comenzando a poner nervioso– pensando en otra persona –se acercó más a la chica apoyando sus manos sobre los hombros de ella.

– Link tú… –pudo sentir como sus mejillas se teñían de rosa y su pulso se aceleraba.

– Zelda yo… yo quiero… –comenzó a hablar también sonrojado, sin atreverse a mirarla aún– ¡Díselo de una vez por todas Link!

La joven clavó su mirada sobre el joven, haciendo que este se pusiera aún más nervioso al sentirse observado. El Hylian tragó saliva y decidido continúo…

– Quiero… quiero que tú sepas que… tú… tú… ¡DILO!

– ¡¿CÓMO SIGUEN LAS PRACTICAS?!

El gritó de la mujer hizo que los dos jóvenes se separaran bruscamente, Zelda volteo tan rápido que el libro que tenía sobre la cabeza cayó inevitablemente al suelo. Mientras que Link del susto retrocedió, chocando contra una mesa votando todo lo que estaba sobre ella, un florero, que obviamente se rompió junto con un gran ramo de flores y por supuesto el agua.

– ¡El florero! –Exclamó la chica poniéndose pálida.

– ¡La gorda va a matarnos! –El libro de Link también se fue al suelo.

Las fuertes pisadas de la mujer se hacían cada vez más audibles, se estaba acercando y rápido.

– ¡Hay que esconderlo!

– Pero… ¿Dónde?

Zelda inspeccionó el cuarto rápidamente, fijando su vista en…

– La alfombra…

– ¿Qué? –Evidentemente no comprendía que relación podía tener una pana alfombra con un abultado florero roto.

– Rápido mete todo bajo la alfombra.

– ¡Pero se dará cuenta!

– Para ese entonces estaremos muy lejos de su alcance, vamos, no hay tiempo que perder.

Link levantó la alfombra al tiempo que la chica metía todo el jarrón debajo, las flores fueron trasladadas al florero más cercano, pero aún habían dos notorios problemas...

– Cualquiera se daría cuenta de ESA gran protuberancia en el suelo y ¡Está todo mojado!

– Solucionemos algo primero… Hay que aplastar esa cosa… –la joven tomó lo primero que vio, el pesado libro con el que antes había estado intentando caminar, luego miró el bulto bajo la alfombra.

– ¿Zelda qué…?

Demasiado tarde.

– ¡Muere! –Exclamó elevando el libro– vieja gorda, asquerosa, desgraciada, maldita ballena –decía al mismo tiempo que golpeaba una y otra vez el jarrón ya roto con el libro.

Al parecer la chica se estaba imaginando que lo que estaba golpeando era su "queridísima" maestra de etiqueta... Zelda estaba haciendo una excelente demostración de otra de las múltiples funciones que podía dársele a un viejo y grueso libro, estaba muy emocionada realizando ese trabajo cuando…

– Zelda… –la llamó preocupado moviéndola suavemente con una de sus manos.

– ¡No te metas Link! ¡¿No ves que estoy ocupada?! –Decía aún golpeando la ya completamente destruida jarra del suelo– y… ¡No me tapes la luz! –le exigió cuando una gran sombra opaco el sector donde ella estaba.

– Pero… –no sabía como decirle.

– ¡¿PERO QUÉ?! –Miró al chico que estaba junto a ella y se percató que este estaba más pálido que un muerto.

Además el joven se encontraba hincado junto a ella, por lo que era absolutamente imposible que él fuera quien le estaba tapando la luz, entonces fue cuando fijó su vista… el chico miraba fijamente a…

– ¡Maestra! –Se levantó de un salto aún con el libro en sus manos.

La gigantesca mujer los observaba fijamente con una mirada verdaderamente amenazante, su rostro lleno de pliegues de grasa parecía triplemente más arrugado y asqueroso, sus brazos estaban cruzados sobre sus enormes pechos, mientras que con uno de sus pies golpeaba el suelo.

– ¿Qué se supone que estaban haciendo? –Los interrogo arqueando una ceja.

– Nosotros… –La chica ocultó rápidamente el libro tras su espalda– ¡O cielos! Miré la hora… Mi padre nos está esperando Link… debemos irnos ¡Ahora!

La chica tomó a Link por uno de sus brazos y lo obligó a levantarse al tiempo que caminaba hacia la salida.

– ¡ALTO AHÍ JOVENCITA!

– Discúlpeme maestra… –le dijo haciendo una pronunciada reverencia, sin mirar a la mujer a la cara– ¡Nos vemos la próxima semana! –Agregó sonriéndole.

Luego de esas últimas palabras salió tan rápido como sus piernas se lo permitían y Link obviamente no se quedo atrás.

Fue entonces cuando la mujer examinó el cuarto y fijó su vista en…

– ¡PRINCESA! –Gritó furiosa al ver la GRAN mancha de agua en el suelo.

Los jóvenes escucharon el aterrador grito de la mujer y se echaron a correr a toda velocidad por los pasillos, su vida dependía de ello.


Al fin después de un buen tiempo corriendo como locos se detuvieron.

– ¿Crees que estemos a salvo? –Le preguntó tratando de recuperar el aliento.

– Mientras nos mantengamos lejos del ala "este" del castillo lo estaremos –le respondió también normalizando su respiración.

Fue entonces cuando pudieron escucharse unas fuertes campanas.

– ¿Y eso?

– Es la hora del almuerzo, seguramente mi padre lleva mucho tiempo esperándonos –concluyó encogiéndose de hombros.

Entonces cansados y hambrientos se encaminaron al comedor…


Link y Zelda se sentaron uno al lado del otro para el almuerzo, el Rey había llegado de su "importante" trámite y en esta ocasión si los acompañaba.

– Por las caras que traen me imagino que vienen de una de tus clases, querida –comentó dirigiéndose a su hija.

– No me lo recuerdes –le dijo la joven suspirando cansada.

– Te vez muy bien con esa ropa Link –agregó luego alagando a muchacho, haciendo un guiño con uno de sus ojos.

– Este… –se ruborizo ligeramente– gracias alteza.

– Coman rápido, tengo algo muy importante que darles –les dijo notablemente alegre.

¿Algo importante que darnos? –Se pregunto Link sin comprender las palabras del hombre.

– Eso no me suena a nada bueno…

– Esta vez tuve una GRAN idea… –de verdad se veía feliz– estoy segura que les ayudara, hija.

– ¿Otra idea de mi padre?... ahora sí que tengo miedo…

Lo que siguió del almuerzo fue relativamente normal. Si no contamos la ensimismada mirada de la chica que estaba mucho más concentrada en esa "gran idea" de su padre que en comer.

– ¿Zelda? ¿Te sientes bien? –Le pregunto el chico viendo como la joven levantaba un vaso lleno de jugo y lo vertía sobre el plato con la vista fija en algún indeterminado punto del cuarto.

– ¿Eh? –Observó el plato que estaba frente a ella– ¡¿Qué demonios hice?! Eso creo… –le respondió no muy segura de lo que decía– siento que ya se me quito el apetito –pensó al observar la "sopa" que había sobre su plato.

El Rey sólo río divertido ante la escena. Y Link observó algo preocupado a la Princesa que ahora alejaba el plato de ella con cara de asco.

Veinte minutos después…

– Bueno chicos, ha llegado el momento de darles mi sorpresa –les informó el Rey muy alegre levantándose de su asiento cuando ya todos los platos, vasos y servicios habían sido retirados de la mesa.

Zelda trago saliva y sintió como sus músculos se tensaban, algo le decía que "esa" sorpresa nacida de las ocurrencias de su padre distaría mucho de ser algo bueno, sabía que cuando el Rey tenía una "gran idea" e Impa no estaba para detenerlo era mejor no ser parte de ella.

Link aún parecía no comprender el porque de la extraña actitud de la chica, que en estos momentos parecía estar rezándole a las Diosas por su vida.

– Bueno chicos, cierren sus ojos y hagan todo lo que les ordeno.

– ¿Qué pasa si nos negamos? –Lo desafió ella, sin muchas intenciones de hacer lo que su padre le pedía.

– Si no desean obedecer –sonrió.– Aumentare tus clases de la semana –dijo aun manteniendo esa gran sonrisa en el rostro.

¡¿Qué?! ¿Más clases, habla en serio? –No podía creer lo que acaba de escuchar, pero conociendo a su padre seguro cumpliría "ese" castigo, cerró sus ojos y suspiró resignada, en realidad no tenía muchas opciones.– Tú ganas.

Su compañero la imitó y ambos esperaron la siguiente instrucción del Rey de Hyrule.

– Link extiende tú brazo izquierdo… y Zelda, tú brazo derecho –indicó.

Los jóvenes obedecieron. El Rey se acercó hacía ellos y sacó de entre sus ropas un peculiar objeto, era una pareja de abrazaderas metálicas unidas entre sí por una cadena.

– No se muevan –les advirtió al tiempo que pasaba uno de los anillos de hierro por la muñeca del joven, luego hizo lo mismo con su hija– ¡Ya está!

Ambos sintieron el metal frío sobre su piel, pero nunca se imaginaron de que podía tratarse y al abrir sus ojos con horror lo descubrieron.

– ¡Esposas! –Exclamaron al mismo tiempo al ver como ahora sus brazos se unían por la muñeca, encadenados.

– Ahora mi hija, Zelda, no podrá escaparse de ti, Link –les dijo con simpleza como si esas esposas fueran la mejor solución a los problemas de los jóvenes.

– ¡¿Cómo es posible que se te ocurriera algo como eso?! –Le gritó a su padre levantándose de un salto de su asiento, apuntándolo con su mano derecha, obligando a Link a estirarse para que su brazo izquierdo no se desprendiera de su cuerpo.

– ¿No podrías usar tú otra mano? –Le preguntó el chico algo adolorido por el brusco tirón inicial, recordándole a la muchacha que ahora estaban "unidos".

– Ups... lo siento –se disculpo cambiando de mano– ¡Dame en este instante las llaves de estas cosas! –Le exigió extendiendo su brazo con su palma abierta, esperando que el hombre depositara en su mano las llaves de las esposas.

– ¿No te pareció buena la idea? –Ahora los miraba con cara de borreguito, tal como si el regaño lo estuviera recibiendo de parte de Impa.

– ¡CLARO QUE NO!

– Eres muy mala conmigo –chilló el Rey fingiendo sentirse muy ofendido.

– No caeré en tus jueguitos papá, te conozco. –Lo observaba de reojo aún con una reprochadora mirada.

– ¡WAAA!

La chica se cruzó de brazos molesta, alzando una ceja al escuchar el berrinche de su inmaduro padre.

Pero obviamente "eso" había sido una mala idea.

– Zel… –la llamo el chico más que sonrojado al sentir su brazo rozando algo que no debía estar "tocando".

– ¿Qué quieres ahora? –Ella parecía no estar de muy buen humor, por lo que sólo lo miró de reojo molesta.

– Este… –desvió su mirada muy avergonzado– mi brazo esta debajo de… –no fue capaz de terminar la frase.

– ¿Tu qué…? –La joven examinó la situación y la posición de sus brazos y el de Link, quien inevitablemente ahora estaba... bueno, ya saben. Se sonrojó notoriamente al percatarse e inmediatamente cambio de postura.

– Creo que yo… –El hombre se estaba haciendo el desentendido y aún con una tonta sonrisa comenzó a avanzar, alejándose del lugar– me retiro…

– ¿A dónde crees que vas? –La chica lo detuvo al descubrir sus intenciones– ¡DAME ESA LLAVE!

– Esta bien… lo haré… –accedió finalmente, sintiéndose desilusionado por no haber conseguido su cometido.

El Rey buscó entre sus ropas la pequeña llave que los liberaría de las esposas, pero…

– Oh…oh –su expresión cambio repentinamente, ahora parecía nervioso.

– ¿Cómo qué... "oh oh"?

– Este yo… –empezó a toquetearse las ropas notoriamente alterado.

– ¿Qué sucede su alteza? –se atrevió a preguntar Link, no muy seguro de querer escuchar esa respuesta.

– Creo que he perdido la llave –declaró finalmente sonriendo sintiendo como una gran gota de sudor frío recorría su cien.

Un minuto de silencio siguió las palabras del hombre, sólo mientras los jóvenes trataban de asimilar "esa" noticia, "Creo que he perdido la llave…", se repetía una y otra vez en sus cabezas. Los chicos intercambiaron confundidas miradas y luego dirigieron su atención nuevamente en el hombre, que seguía sonriendo nervioso.

– ¡¿QUÉ?! –Exclamaron al mismo tiempo horrorizados.

Este era el broche de oro para la "estupenda" mañana que habían pasado, era lo único que podía faltarles, el Rey había perdido la vendita llave y ahora ellos estaban atrapados o mejor dicho unidos hasta nuevo aviso.

Ahora Link comprendía el porque de la extraña actitud de la joven desde el momento en que el Rey había anunciado su estupenda idea, ahora sabía cuales eras las consecuencias de… las ocurrencias reales. Y lo peor de todo era que el día estaba a penas comenzando…

Continuará…


Este es el inicio del segundo día de Link como guardaespaldas XD. Si se preguntan ¿Por qué todas las maestras del fic son mutantes?... y… ¿Por qué ninguna tiene nombre?, bueno n.n esos interrogante tienen una simple respuesta XD!, para la primera pues o.o sólo son una exageración de algunas de mis antiguas profesoras XD! y la segunda n.n para que nombres si es más fácil llamarlas como la "ballena" y la "momia", -.-U está bien… voy a ser sincera, la verdad es que no se me ocurría ningún nombre.

Para el siguiente capítulo… ¿Podrán nuestros jóvenes protagonistas encontrar la llave que les dará la libertad? ¿Podrá Zelda volver a tener una vida "normal"? ¿Se enterará la gorda lo que realmente Link piensa de ella? ¿A dónde fue enviada la maestra de historia?... Y ahora que Link y Zelda están "obligados" a andar juntos ¿Encontrarán la instancia para declararse o sólo seguirán metiéndose en problemas? Para todas esas interrogantes sólo la hojita de mis apuntes tiene la respuesta XD!

El cuarto capítulo del fic: En búsqueda de una llave perdida.

Y como siempre antes de despedirme deseo agradecer a todas las personas que leen está loca historia que no tienen ningún tipo de sentido común XD! y saludar a todas aquellas que se han tomado la molestia de dejar sus comentarios ;D, muchas gracias a Galia V, El angel de la oscuridad, Dialirvi, miss zelda, la generala, mineko-cha, Fox McCloude, Miko Rowan Farore Tonks, sweet fairy, , AnAbLaCk0516, aLma y Akemi (miruyumi)

Nos estaremos leyendo non.

N.A. 2017: Al fin he terminado de corregir el capítulo dos de este fic XP, la verdad es que este no fue tan difícil porque no estaba tan mal redactado como el anterior XDD, ahora creo que sólo quedan unos dos capítulos más a los que les agregue caritas y luego ya deje de hacerlo, de todas formas trataré de corregirlos todos para arreglar dedazos y otro tipo de errores ortográficos o que se yo. Y también anuncio que estoy trabajando en un capítulo extra para este fic, será algo que transcurrirá entre el final del fic y el epilogo, porque como bien dice el epilogo, desde que termina la semana hasta esa parte, paso un año XD.

¡Saludos!