Capítulo 3
Mientras los demás trabajaban en la reparación exterior para que se pudiera empezar con las demás áreas asignadas, nosotros aprendíamos difíciles encantamientos que debían ser realizados de manera simultánea y perfecta para no afectar en el flujo de magia de los otros tres. Era magia muy compleja y que requería de mucha energía, por lo que sólo podríamos hacer dos al día, uno en la mañana y otro en la tarde, el resto del día debíamos alimentarnos bien y descansar.
Apenas pudimos nos pusimos manos a la obra y era realmente agotador, tanto así que el primer día Draco y yo terminamos desmayados por la gran cantidad de energía que gastamos, no estábamos acostumbrados a realizar tanto esfuerzo, por lo que nuestros profesores tuvieron que ocuparse de nosotros hasta que nos recuperamos. Luego aprendimos a canalizarla de tal manera que no nos volviera a ocurrir. Los días fueron pasando y la sala fue tomando forma, a veces estaba igual a como la habíamos dejado, otras cambiaba según quién hubiera entrado primero, lo que nos demostraba que nuestro esfuerzos estaban rindiendo frutos. Los momentos en que debíamos descansar nos dedicábamos a conversar de diferentes cosas, a veces me quedaba a solas con Draco porque los profesores debían atender otros asuntos y resultaba ser muy buena compañía. Cuando logró confiar en mí, me contó sobre su infancia, de lo poco que veía a sus padres o relacionaba con otros niños de su edad, que desde pequeño le inculcaron el odio por todo aquello de origen muggle y que jamás debía demostrar compasión por los sangre sucia o alguna otra especie considerada inferior a un mago; que lo que finalmente lo hizo darse cuenta de lo equivocado que estaba había sido Dobby, ese pequeño elfo que había trabajado en su casa cuidando de él cuando era sólo un niño y que después arriesgó su vida volviendo a la mansión donde tan mal lo habían tratado para rescatar a sus amigos magos, enterarse que había muerto cuando su tía Bellatrix lanzó el cuchillo lo había afectado muchísimo. También le contó de lo solitaria que había sido sus años en el colegio, aunque siempre estaba rodeado de un gran grupo de Slytherins, nunca tuvo realmente amigos, que siempre nos envidió a Harry, Ron y a mí por ser tan cercanos.
Ya que él se abrió tanto conmigo, le correspondí de igual manera contándole que mi vida antes de venir a Hogwarts no era tan maravillosa como todo el mundo piensa, que si bien tenía unos padres maravillosos (aquí me interrumpe y me pregunta que por qué tenía, ya le contestaré esa parte) siempre sucedían cosas extrañas a mi alrededor y como además era buena estudiante, no me tenían mucha simpatía los demás niños del barrio. Recién cuando supe que era una bruja y llegué al castillo pude encontrar amigos y ser parte de algo. Le relaté también que había tenido que desmemoriar a mis padres y enviarlos lejos para ponerlos a salvo, porque sabía que el primer lugar donde irían a buscarme sería a casa de mis padres, y que si no estaba allí los usarían para atraerme y matarme junto con ellos, que ahora no sabía que había sido de ellos y que estaba esperando terminar con la reconstrucción para ir a buscarlos durante las vacaciones. Él de inmediato se ofreció a ayudar y habló con Severus (amenazó con descontarnos los puntos que no teníamos si no lo llamábamos así mientras no volviéramos a clases) para que nos ayudara a encontrar un hechizo que revirtiera el Obliviate, porque una cosa era encontrarlos, pero otra muy diferente era lograr que me reconocieran.
Después de eso pasamos nuestras horas libres rastreando a mis padres y buscando diferentes hechizos. La sala multiuso estaba casi terminada, sólo hacían falta algunas pruebas para ver que funcionara y sería libre para buscar a mi familia.
