Les advierto que este es el capi más largo de la historia de los capis largos XD! no en realidad es el capi más largo que he escrito para esta historia, a si que les recomiendo que quien decida y tenga el valor para leerlo lo haga con calma y MUUCHA paciencia, de todas formas espero que sea de su agrado -.-U.
N.A. 2017: Aquí voy por este capítulo XD, vamos a ver como nos va :)
Sin querer molestar más...
Los dejo con la historia...
GUARDAESPALDAS POR UNA SEMANA
En el capítulo anterior…
– Creo que he perdido la llave…
Un minuto de absoluto silencio siguió a las palabras del Rey y fue en ese corto lapso de tiempo en donde los jóvenes intentaron asimilar el real significado de esa simple y pequeña frase. Link y Zelda se miraron mutuamente y luego dirigieron su vista hacía el hombre.
– ¡¿QUÉ?! –Exclamaron al mismo tiempo.
El que la llave estuviera perdida sólo podía significar una cosa… ahora estaban atrapados o más ciertamente "unidos". Y no fue hasta este momento cuando Link cayó en cuenta de los motivos que Zelda tenía para desconfiar de su padre, ahora conocía de primera mano cuales eran las consecuencias de las ocurrencias reales. Pero este no era el verdadero conflicto de la situación actual, en realidad, la pregunta que ahora les urgía por responder era si… ¿Lograrían encontrar la vendita llave antes de que todo se saliera de control?, quien sabe… lo que si era cierto es que el día estaba recién comenzando…
.-.-.Día dos (II): En búsqueda de una llave perdida.-.-.
Ya habían transcurrido quince minutos desde que el Rey había hecho su magistral desaparición, toda una proeza para alguien de su edad. Bueno y como era de esperarse, la repentina partida del hombre sólo significaba una cosa… ahora la búsqueda de la llave estaba en manos de los dos jóvenes, pero antes de encontrarla ambos deberían aprender una lección muy importante y esta era el valor del trabajo en equipo, si ambos no se ponían de acuerdo y sincronizaban sus acciones indudablemente no llegarían muy lejos...
Link y Zelda caminaban juntos a través de los pasillos y ciertamente no podía ser de otra manera, con las esposas uniendo sus muñecas les era imposible tomar distancia. Hasta ahora se habían mantenido en silencio, no por el hecho de que no tuvieran nada que decirse, porque estaba muy claro que tema de conversación no les faltaría, el problema estaba en lo incómodo de la situación, si, era justamente ello lo que los tenía mudos.
– Ahora que lo pienso –medito el chico mirando de reojo a su compañera– esta situación no es tan mala –pensó sonriendo.
Y él estaba en todo su derecho de pensarlo, después de todo viéndolo por el lado amable, con las esposas era imposible que ella se separara de él y por consiguiente no podría "escaparse" como lo había hecho el día anterior y no sólo eso, durante todo el tiempo que estuvieran buscando la llave, podrían estar MUY cerca y eso le daría más de una oportunidad para al fin confesarle sus sentimientos.
La Princesa se percató de la "disimulada" mirada del joven e inevitablemente se sonrojó, la verdad es que no había que ser un genio para descubrir lo que podría estar pasando por la mente de su actual "guardaespaldas".
– Debe estar muy feliz porque hoy no podré escaparme –suspiró sonrojada al darse cuenta de este hecho– aunque... no es tan "terrible" estar esposada a Link…
¿A quién trataba de engañar? Ciertamente no sólo NO le disgustaba la idea de pasarse todo el día junto al joven, después de todo… ¿Quién no disfrutaría estar en compañía del chico que le gustaba?, aunque en todo esto había un pequeño detalle, él no lo sabía…
Dejando de lado por un momento las alborotadas mentes de los dos jóvenes que aún no se decidían si las esposas eran una bendición o una verdadera maldición, volvamos a la situación actual… ósea "caminando por el pasillo" o por lo menos eso fue hasta que este se dividió en dos.
Sin darse cuenta Link y Zelda tomaron caminos separados, iban tan inmersos en sus pensamientos, fantasías, ilusiones, o cualquier otra cosa que se pasara por sus mentes en esos momentos que ninguno de los dos se percato que habían tomado caminos diferentes, o por lo menos esto fue hasta que el jalón de sus brazos los trajo de vuelta a la realidad.
– ¿Pero qué? –La chica volteo al instante, notando inmediatamente el primer "problema" que se les presentaba– ¿A dónde crees que vas? –Lo interrogó mirándolo de reojo.
– Pues... a buscar esa llave –le respondió el con gran simpleza, encogiéndose de hombros.
– Exacto… y… ese pasillo –apuntó el lugar por donde Link pretendía avanzar– lleva a la biblioteca.
– ¿Y qué con eso?
– Estamos buscando una llave que mi padre "perdió" y si te pones a pensar un poco lo más lógico sería comenzar por su cuarto ¿no? –Le explicó algo impaciente por continuar su marcha.
– Ese es un buen punto –sonrió despreocupadamente– pero... ¿Cómo sabes si tu padre no escondió la llave en la biblioteca?
– Pues… ¡Empezaremos por el cuarto de mi padre y punto! –Le dijo al mismo tiempo que sin darse cuenta se cruzaba de brazos.
– Respira Link, respira –pensó sonrojándose notoriamente tratando de evitar dirigir su mirada hacia el lugar donde ahora estaba "semi" apoyada su mano izquierda– Zelda… este…
– Lo siento –se disculpó también avergonzada al darse cuenta de lo ocurrido e inmediatamente le "devolvió" su brazo al joven.
¡MALDICIÓN! Si las cosas seguían así su relación no avanzaría en nada, debía EVITAR hacer cualquier movimiento que provocara momentos como "aquel"… lo peor de todo es que ¡Esta era la segunda vez que le pasaba en el día!
– Será… será mejor que empecemos buscando en el cuarto del Rey –dijo el aceptando finalmente la opción que la chica le proponía, después de todo… daba igual el lugar por donde empezaran, no tenía importancia el camino ya que la meta seria siempre la misma.
– Vamos –lo apremio para que retomaran nuevamente la marcha, aún tratando de hacer bajar el calor en sus mejillas.
Y sin perder un segundo más, los dos se encaminaron al ya conocido cuarto del Rey, en donde el día anterior habían tenido un inesperado acercamiento, que seguramente ninguno de los dos había olvidado aún.
0-00-0-0-0-0-0-0-0
Zelda fue la primera en ingresar a la habitación, seguida obviamente por Link. El cuarto estaba completamente sólo, o eso era lo que en un principio les pareció a ambos.
– No me parece correcto entrar así a la habitación del Rey.
– Antes que nada te recuerdo que no estaríamos aquí de no ser por su culpa –lo miró de reojo, y sonrió al ver la rara expresión que ahora Link tenía en su rostro– por lo que estamos en todo nuestro derecho de registrar este sitio.
– Lo que digas –se resignó, aún sin convencerse.
Fue así como comenzaron con su labor, aunque la búsqueda estaba siendo más lenta de lo que habían pensado, no sólo no podían separarse para abarcar más terreno, sino que además debían poner especial atención en sincronizar cada uno de sus movimientos, en especial después de haber roto una lámpara, dos jarrones y esparcir una pila de papeles sobre el suelo.
– ¡Esto es un desastre! –Exclamó frustrado al sentirse tan torpe sin la completa movilidad de una de sus manos.
Estaba muy nervioso y miraba a cada cinco segundos la puerta de entrada, tenía el mal presentimiento de que en cualquier momento el Rey podría ingresar a su habitación y no quería ni imaginarse lo que sucedería luego de ver el verdadero caos que tenían en el cuarto, no sólo por las cosas que "casualmente" habían roto, sino además por que "ellos" se encontraban sin permiso alguno dentro de este.
Y justamente estaba pensando en eso cuando escuchó unos conocidos pasos acercándose, inmediatamente los latidos de su corazón se aceleraron y un extraño escalofrió recorrió su cuerpo… ¡Debía hacer algo!, pero ¿Qué?... ya era demasiado tarde para ordenar el desastre y aún más para salir de la escena del crimen.
– Zelda… alguien se acerca –le dijo jalándola suavemente para que ella dejara su labor de desalojar todo lo que se encontraba dentro de unos de los cajones de uno de los muebles del cuarto.
– Aquí tampoco hay nada –comentó agotada, siguiendo con el cajón continuo.
Al parecer la chica ni siquiera le había prestado atención…
Los pasos se detuvieron justo frente a la puerta y Link observó con terror como la perilla de la misma comenzaba a girar lentamente… ¡Esto parecía una verdadera película de terror!
– ¡Tengo que hacer algo! –Se dijo con determinación al mismo tiempo que su vista recorría rápidamente la habitación– El armario –miró a la joven y luego nuevamente al mueble– no tengo opción...
La puerta comenzaba a abrirse lenta… muy lentamente, y en vista de aquello el joven Hylian no espero un segundo más y sin decirle ni una palabra a la chica la sostuvo de no supo donde y la jaló hasta el armario. Obviamente Zelda se resistió, pero Link le había tapado la boca con una de sus manos impidiéndole decir palabra alguna.
– Mmmmmm –tenía los ojos bien abiertos sin entender que demonios estaba sucediendo.
– Shhh –le susurró tratando de calmarla aún manteniendo su mano sobre la boca de la muchacha.
Para el momento en que el hombre ingreso al cuarto los jóvenes ya se encontraban dentro del estrecho mueble en medio de perchas, ropas y otros objetos no identificados.
– ¿Pero qué demonios paso aquí? –Fue todo lo que pudo articular al ver el verdadero desastre que ahora era "su" habitación.
Link trago saliva tratando de calmar su propio nerviosismo que al parecer Zelda "no" compartía, de hecho ella deseaba escapar inmediatamente del escondite y enfrentarse a su padre, al parecer ella aún estaba disgustada con él por haber desaparecido en el comedor mientras ella hablaba.
– Será mejor decirle a alguien que venga a limpiar todo esto –Meditó muy seriamente acariciando su barba, sin mucha intención de ponerse a ordenar– mientras –bostezo con pereza– tomaré una siesta en otro lugar –concluyo con una gran sonrisa.
Definitivamente el Rey de Hyrule en tiempos de paz no tiene mucho que hacer, pero para mantener esa barriga "mínimo" tenía que cuidarla y... vaya que la cuidaba.
Y con la misma "velocidad" que había entrado salió nuevamente de la habitación, sus pasos se perdieron me medio del corredor a medida que se alejaba y cuando ya no podía oírse nada Link decidió apartar su mano de la boca de la chica.
– ¡¿Pero qué demonios te pasa?! –Le grito furiosa cuando al fin pudo decir algo– no tenemos porque ocultarnos de mi padre, ÉL es el culpable de todo esto –cerró sus ojos y levantó una de sus cejas ligeramente, denotando lo molesta que seguía.
– Si pero… yo sería el culpable del desastre de su cuarto si él nos hubiera visto –aclaró puntualizando con su dedo índice, mientras mantenía sus párpados cerrados y movía la cabeza de arriba y abajo como denotando una afirmación.
Ahora que él lo mencionaba le encontraba algo de razón, después de todo como su tutor debía procurar que ella se comportara como la Princesa que se suponía que era y hasta ahora no podría decirse que había hecho un gran trabajo.
– Ya no tiene importancia… salgamos de aquí ¿sí? –Le propuso– este lugar es muy estrecho.
– Ni que lo digas –le comento tratando de moverse un poco.
Craso error… algunas de las perchas cayeron sobre ellos con ropa y todo… él cubierto por las telas intentó buscar con el tacto las puertas del armario pero en vez de eso su mano se poso sobre algo con una forma "muy" peculiar.
– ¿Qué es esto? –Se preguntó algo confundido aún sin ver nada, volviendo a apretar lo que sea que tenía entre su mano buscando en su mente algo con un tacto "similar", era una sensación extraña, diferente a todo lo que antes hubiera sentido, era firme y a la vez suave, pero mientras más apretaba parecía adquirir más firmeza– raro... muy raro –pensó aún sin siquiera imaginarse de que se trataba.
Zelda ya se había sonrojado al sentir la mano de Link en "esa" parte, pero al notar que este comenzaba "descaradamente" a ejercer algo de presión, la furia superó con creces a su bochorno y…
– ¡Atrevido! –Exclamó al mismo tiempo que lo abofeteaba con su mano izquierda, que por ahora era la única que tenía libre.
Link sintió el impacto de la palma de ella contra su mejilla y aún más confundido de lo que estaba intento quitarse las telas que cubrían su vista, aún sin apartar su mano de lo que casualmente había encontrado y que todavía no tenía la menor idea de que era.
– ¿Qué hice ahora? –Se preguntó entreabriendo sus ojos, encontrándose de frente con la furiosa mirada de ella.
Y al bajar su mirada… horrorizado... lo descubrió.
Ahora entendía perfectamente lo delicado de su situación actual, sin darse cuenta su mano había llegado a parar sobre "esa" parte de la anatomía de una mujer, que precisamente él no debería estar tocando, ni muchos menos mirando, como ahora lo estaba haciendo.
La sangre se le subió rápidamente a la cabeza y el poco aire que había en el estrecho armario no ayudaba mucho que digamos, Link retiró tan rápido como pudo su mano de "aquel" lugar y intentó buscar inútilmente las palabras adecuadas para disculparse, pero entre el calor, la penetrante y disgustada mirada de ella y la falta de aire le fue imposible poner en orden sus pensamientos.
– Más te vale que tengas una buena explicación para tu indecorosa actitud, Link… –estaba enojada, muy enojada.
– Yo… –¿Pero que iba a decir? ¿En verdad existía una forma de disculparse para no quedar como un verdadero estúpido?
– Muévete, ¿quieres? –Le ordenó empujándolo tratando de tomar distancia.
Otra mala idea…
Link perdió el equilibrio y cayó sentado en la base del armario y como era de esperarse, Zelda se fue junto con él, jalada por la infalible esposa que unía sus muñecas, aunque claro, como el armario era tan estrecho y ella había caído sobre el chico la posición en la que ahora se encontraba era absolutamente incómoda y que decir de lo comprometedora.
Sus rostros casi habían chocado en la colisión, si no fuera porque ella había alcanzado a reaccionar segundos antes y se había inclinado levemente hacia uno de los lados de seguro ahora estarían boca contra boca. Aunque ahora se encontraba completamente recostaba sobre él, con su rostro en medio del hombro del joven, además se había visto obligada a separar las piernas para sentarse sobre él empeorando indudablemente la situación.
Con algo de dificultad intentaron separarse, Link "quiso" sentarse mejor aunque no le fue posible o por lo menos así parecía hasta que ella al fin consiguió separarse levemente de él, apoyándose en sólo una de sus manos… luego de muchos movimientos y roces entre sus cuerpos al fin habían conseguido "sentarse", aunque no de la forma más "ideal".
– Escucha… –lo fulminó con la mirada antes de seguir hablando– ni creas que estoy así por gusto –le dijo sosteniéndose del hombro de él, aún sentada sobre las caderas del muchacho.
– Ya te dije que lo lamento –le repitió por doceava vez, en realidad había dejado de contarlas hace mucho rato.
Y con un último y mal calculado movimiento, Link doblo las piernas haciendo que la chica resbalara por su cuerpo y sus rostros quedaran a escasos milímetros.
Eso... era justo lo que les faltaba.
– Link yo... –de pronto su enojo desapareció, estaban tan cerca que se vio obligada a aguantar la respiración, nerviosa. Sintiendo como de pronto su mirada se perdía en medio de esa penumbra en la brillante mirada de su "caballero".
– Zelda… –la llamó suavemente respirando entrecortadamente al mismo tiempo que sin darse cuenta comenzaba a entrecerrar sus ojos dejándose llevar por una extraña sensación que ahora subía como juguetonas mariposas desde su estómago hasta su garganta, y aún presa de esa extraña sensación acercó su mano derecha a la mejilla de ella, acariciándola muy gentilmente, como si temiera dañarla o aún peor... despertarla de esa ensoñación que ahora estaban viviendo y sintiendo juntos.
La joven se dejo llevar por el momento, y cerrando sus ojos dejo que ahora Link fuera el encargado de dirigir sus movimientos. Sus cuerpos se rozaban continuamente con cada pequeño movimiento, estaban muy cerca... uno sobre el otro para ser más exactos. De pronto sus respiraciones comenzaron a mezclarse en una sola y ahora sólo milímetros era la casi imperceptible brecha que separaba sus labios de encontrarse por primera vez…
– Ya casi… –pensó él inclinando levemente su cabeza para facilitar la próxima unión.
Estaban tan pero TAN cerca, que casi podían escuchar el palpitar acelerado de sus corazones.
Pero lamentablemente un armario no era el lugar más seguro, ni el más predecible que podía existir y justo cuando ya casi se consumaba el momento que habían esperado durante años, las puertas del armario cedieron y junto con ellas Link y Zelda fueron a parar directamente al suelo.
Para mala suerte de Link o tal vez para su fortuna, él había sido el que recibió la mayor parte del golpe, por lo que técnicamente había cumplido MUY bien con su papel de "guardaespaldas", protegiendo a la Princesa, aunque como era de esperarse todo tenía su precio y a cambio de la "seguridad" de ella, ahora era él quien estaba noqueado.
– ¿Link? –Lo llamó separándose para poder observarlo.
Y a pesar de que aún todo le daba vueltas, ella estaba sana y salva.
– Link… –volvió a llamarlo preocupada apoyando la única mano que tenía libre sobre la frente del joven.
Pero como era de esperarse el chico no respondió, aunque por lo menos al examinarlo pudo comprobar que estaba bien, sólo había perdido el conocimiento.
– Él está bien –murmuró sonriendo para luego dejar escapar un suspiro largo y pausado, sintiéndose aliviada.
Se quedo durante unos minutos observando el rostro de él, le gustaba verlo… era… era tan guapo y la única forma que podía hacerlo sin que él se percatara era cuando este dormía o bien, en su defecto, cuando éste estaba "inconsciente".
– Me gustaría confesarle lo que siento... en verdad me gustaría pero…–Hizo una pausa y se recostó suavemente en el pecho de él, sintiéndose un tanto frustrada– pero... tengo miedo –pensó cerrando sus ojos escuchando el tranquilo palpitar del corazón del joven– tengo miedo de que no sientas lo mismo que yo... –susurró muy bajito, como si se tratara de un secreto.
La verdad es que en la situación que se encontraba no tenía mucho que hacer, le era imposible alejarse gracias a las esposas y no podía seguir buscando nada si él no despertaba, quiero decir…
¡De ninguna forma lograría mover el cuerpazo...! cof cof quise decir cuerpo inconsciente de Link.
– ¡Maldición! No me puedo quedar aquí toda la tarde –se dijo separándose nuevamente, sentándose junto a Link.
Sin percatarse, sus ojos volvieron a perderse en el apacible rostro del muchacho y entonces sonrió. Pero al percatarse, rápidamente agitó su cabeza, sintiéndose como una tonta.
Estaba ahí sentada en el suelo, junto al chico que seguramente debía ser el más apuesto del reino y si no lo era pues ella lo creía así ¿y qué?, la cosa es que no podía quedarse de boba ahí, sólo mirándolo y sonriendo, ¿no?
– Bueno… esta inconsciente y yo… –se inclinó levemente apoyando su mano en el piso, justo a los costados del rostro del joven– él nunca lo sabrá –pensó acercándose "peligrosamente" a él.
O sus hormonas estaban trabajando tiempo extra o definitivamente se había vuelto loca… no podía ser que a ella, "la Princesa" se le pasara por la mente ideas como aquellas, digo… ¿No podía aprovecharse de alguien que ni siquiera estaba despierto?, bueno… técnicamente si podía, la cosa es que ¡NO DEBÍA!... además… ¿Si él despertaba en ese momento?
– ¿Qué estoy haciendo? –Pensó deteniéndose de golpe a escasos centímetros del Hylian– ¡Zelda, reacciona!, ¡Esta es tú "oportunidad"!... nadie se dará cuenta…
Si, su mente le estaba jugando una mala pasada, y su cuerpo tampoco le estaba ayudando, su corazón parecía latir tan fuerte que casi sentía que le daría un infarto.
Sólo había una solución para esto… debía… debía pensar en otra cosa… apartar de su mente todo "extraño" pensamiento y… calmarse.
– Vamos… no puede ser tan difícil –pensó esperanzada de que en verdad lo conseguiría, había cerrado sus ojos con fuerza, tratando inútilmente de sacarse de la mente el rostro del chico, pero ¡No podía!, por más que se esforzara no conseguía hacerlo– ¡Tú puedes Zelda!
Ya casi lo lograba su "difícil" cometido cuando un "inconsciente" Link pasó su brazo derecho sobre su cintura y la atrajo nuevamente hacía él. Ella obviamente sorprendida y confundida se vio obligada a abrir sus ojos encontrándose nuevamente con el rostro del joven.
Pudo sentir como todo su cuerpo se estremecía al mismo tiempo que su respiración se volvía entrecortada, su vista se había posado nuevamente sobre los labios entreabiertos del joven… con tan sólo un movimiento más podría sentirlos, podría probarlos… sólo… sólo debía acercarse un poco más.
– ¡MALDICIÓN!... ¡NO PUEDO!, ¡NO PUEDO HACERLO! –Se regañó completamente desesperada, en verdad ya no sabía que hacer.
¡¿Por qué demonios tenía que conocer el significado de la palabra "correcto"?!, todo… pero TODO sería mucho más simple si ella no dejara que su "conciencia" interfiriera en sus decisiones ¿Decisiones?... ¡¿De qué diantres estaba hablando?!, no era ella la que estaba pensando en cosas raras eran las malditas hormonas que la tenían así… ¿o no?
– ¡Se acabo! –Dijo con determinación, una que en verdad no creyó que conseguiría, no en esas circunstancias– ¡No volveré a pensar en nada que esté relacionado con Link! –Cerró sus ojos y se alejó un poco, lo suficiente como para no tener que sentir la respiración suave de él chocando contra su rostro–. Esto me está afectando…
Ahora sí que estaba decidida, nada, pero nada podría hacer que cambiara de opinión, definitivamente dejaría de lado todas estas estupideces y se concentraría en… en… bueno… se concentraría en cualquier otra cosa que no tuviera relación con el chico.
– Ahora sólo tengo que tomar más distancia –pensó un poco más calmada, analizando con cuidado cada próximo movimiento– vamos Link… sólo tienes que… soltarme –decía haciendo un "gran" esfuerzo para quitarse la mano de chico– ¡Por favor!, sólo quiero un poco de cooperación... sólo un poquito –su fuerza de voluntad se estaba marchando a la punta del cerro y con ella, su tan añorada cordura– ¡Por el amor de Nayru, Diosas sagradas de Hyrule, no me abandonen en este momento!
No sabía cuánto tiempo más podría seguir así, pero por lo menos tenía un pequeño consuelo… lo había intentado ¿no?, está bien, quizás... quizás eso no era un consuelo.
Y fue cuando creyó que todo estaba perdido cuando en un último intento por desviar sus pensamientos del joven su vista se posó sobre un lugar en medio de la habitación y justo delante de sus ojos, casi como por arte de magia, la vio…
– ¡La llave! –Exclamo casi sin creérselo.
Así era, justo delante de ella, a unos dos o tres metros de distancia, sobre el piso junto a uno de los muebles podía distinguirse claramente el brillo metálico del pequeño objeto que habían estado buscando.
– Tengo que alcanzarla –ahora todos sus pensamientos estaban enfocados en este nuevo objetivo, bueno no todos pero casi todos– esa es mi única salvación…
Aunque parezca increíble, la aparición de la llave había sido casi milagrosa, justo en el momento preciso, cuando ya todas sus fuerzas flaqueaban y estaba "a punto" de olvidarse de todo y dar rienda suelta a sus emociones y ¿Por qué no? a sus acciones… si no hubiera visto la llave en ese instante quien sabe que cosas estaría haciendo ahora con el pobre e indefenso chico.
Ejem... no sean mal pensados, alejen de sus mentes perversas todo pecaminoso pensamiento... ¡En este momento!
– ¡Suéltame! –Exclamó casi al borde del colapso nervioso inclinando todo su cuerpo hacia uno de los lados.
Mala estrategia.
Al hacerlo el cuerpo de Link se fue contra ella, ahora era la Princesa quien estaba siendo literalmente aplastada por el joven inconsciente.
En definitiva el héroe tenía un sueño muy pesado.
– ¡Piedad!
Para asegurarse de no caer nuevamente en la "tentación" procuró no ver de frente al joven que ahora estaba sobre ella, aunque claro que no era fácil, en estos momentos podía sentir claramente la suave y cálida respiración de él sobre la piel desnuda de su cuello y eso… eso era una mala señal.
– ¡¿Qué hice para merecer esto?!
Si otras hubieran sido las circunstancias y otro el momento, por supuesto que hubiera estado rogando para que lo que sucedía no fuera un sueño, pero con el joven inconsciente todo era diferente, como ya se lo había repetido por lo menos un millón de veces ¡NO PODÍA APROVECHARSE DEL ESTADO DE INCONSCIENCIA DEL CHICO!
– Respira profundo… y… y… ¡No puedo hacer esto!
A cada minuto que pasaba la situación empeoraba con creces, ahora Link se acomodaba sobre ella y lentamente acercaba su cabeza al pecho de ella.
– ¡No lo hagas Link!, ¡Te lo advierto!
Demasiado tarde, el chico ya había recostado su cabeza entre el "espacio" que formaban sus pechos. Ella tuvo que taparse la boca para impedir que un suspiro se escapara de sus labios al sentir como todo su cuerpo se estremecía con cada uno de los sutiles movimientos que él hacía para "acomodarse mejor".
– ¡No soportare esto ni un segundo más! –Pensó decidida a hacer algo al respecto.
Y usando todas sus fuerzas logro inclinar el cuerpo del chico hacia un lado, volviendo nuevamente a la posición inicial.
– Esta es mi oportunidad –dijo jubilosa apartándose de él– sólo debo conseguir la llave y todo volverá a ser como antes… nada de esto habrá pasado y yo… yo… ¡No podré volver a mirar a Link de frente! ¡No después de esto! –Quería llorar, se sentía tan frustrada que hubiera deseado gritar, pero tampoco podía hacerlo.
¿Y quién podría mirar al chico que le gustaba después de "eso"?, al menos, no después de todas las cosas raras que se le habían pasado por la mente en tan sólo esos minutos que le parecieron interminables. Había sentido he imaginado más de lo debido.
Bueno pero todos esos problemas tendrían que esperar, debía hacerlos a un lado y enfocarse de una vez por todas en "la llave".
– Todo por culpa de esa estúpida llave–maldijo por lo bajo.
Trató de acercarse lo más que podía al pequeño objeto, se arrastró por el caótico suelo haciendo un gran esfuerzo por llegar hasta su objetivo, pero como era de suponerse aún había un GRAN impedimento, las malditas esposas seguían uniéndola al cuerpo inconsciente del chico y lo más que podía alejarse de él era la distancia que lograban hacer sus dos brazos completamente extendidos y eso… eso no era suficiente.
– Esto debe ser una maldición –en verdad quería llorar.
Y justo cuando creyó que ya no tendría otra alternativa más que resignarse…
– Miau –Una simpática y adorable criaturita se atravesó en su campo visual.
– ¿Eh? –Perpleja observó esa "felina" figura sobre uno de los muebles– ¿No se suponía que estábamos solos?
Para absoluta sorpresa de ella, NUNCA se encontraron solos en el cuarto. En la habitación una pequeña y adorable criatura había estado dormitando durante todo el tiempo que ellos habían estado haciendo el verdadero "escándalo".
– ¿Un gato?
Ahora veía como el pequeño animal saltaba desde un alto armario, para luego estirar todo su cuerpo, quitándose la pereza.
– No esperen… es… es una gata…
Y tal como Zelda lo había notado, la criatura que ahora avanzaba distraídamente por el cuarto era nada más y nada menos que una linda gatita de pelaje moteado, negro, marrón y ocre eran las manchas que cubrían todo su blanco cuerpo, excepto sus patas.
La felina volvió a maullar deteniéndose justo frente a la pequeña llave, el brillo de la misma cautivo su atención y como si se tratara de un juego la atrapó en su hocico.
– ¡Esa gata tiene la llave!... Linda gatita… ven aquí –la llamó sonriendo nerviosa extendiendo su mano izquierda, indicándole que se acercara.
En estos momentos no le importaba ni en lo más mínimo como era que esa gata había llegado hasta el cuarto de su padre, ni mucho menos que era lo que hacía allí, ahora todo lo que le interesaba era recuperar el pequeño objeto que ella sostenía.
– Eso… eso… pequeña… ven… un poco más –Un pequeño tic en su ojos derecho fue claramente visible, estaba empezando a impacientarse al notar que la felina se demoraba más de lo esperado en llegar hasta ella.
La gata se acercaba lenta y desconfiadamente hacia la chica, que seguía llamándola. Pero justo cuando esta ya casi estaba al alcance de sus manos un horrendo estruendo, proveniente de alguna parte del castillo, se escucho claramente y la felina, dando un salto asustada se alejo de Zelda y corrió hasta la ventana más cercana.
– ¡NOO!, ¡Espera, no te vayas! –Le suplicó extendiendo su brazo sabiendo perfectamente que no la alcanzaría.
La minina observo por última vez a la desesperada chica y como si le hiciera gracia la situación, salto por la ventana, alejándose.
– ¡VEN ACÁ AHORA MISMO! –Exclamó furiosa al sentir que todas sus esperanzas huían con "patas" propias por esa ventana– ¡GATA DE…! (N.A: u-u me veo en la obligación de censurar el no adecuado vocablo de la princesa XD!)
Volviendo a Link… quien confundido y aún medio aturdido comenzó a abrir sus ojos, despertado por la "dulce" voz de la mujer de sus sueños... bueno en realidad, fueron los gritos desesperados de la joven que aún se encontraba junto a él lo que finalmente terminó por traerlo de vuelta a la realidad.
– ¿Qué pasa Zelda? –Le pregunto de lo más calmado, sin entender el actual dilema en el que estaban metidos.
– ¿Link?
Se auto piñizco para asegurarse de que lo que estaba viendo no era una ilusión producto de su ya perturbada mente, para su alivió, Link verdaderamente había despertado y ahora estaba sentado junto a ella, mirándola de manera interrogante.
– Estás... estás… ¿bien? –de pronto sintió como su mente se ponía en blanco.
– ¿A qué gata le estabas gritando? –Le pregunto bostezando despreocupadamente.
– ¿Gata?
Paso un segundo, dos, tres, cuatro, cinco… y…
– ¡La gata! –Exclamó levantándose de un salto, recordando algo "muy" importante.
– ¿Eh? –Él definitivamente aún no se estaba dando por enterado de lo que estaba pasando.
– ¡Link, esa gata se llevo la llave! –Le dijo dominada por la histeria.
– ¿Qué? ¿De qué llave le estaba hablando?
El chico tardó por lo menos un minuto en asimilar las palabras de la joven y cuando lo hizo…
– ¡¿Un gato se llevo la llave de las esposas?! –Casi no podía creerlo, se había incorporado tan rápido que había sentido un molesto calambre en una de las piernas, pero evidentemente lo ignoró... habían cosas mil veces más importantes que su pierna acalambrada.
– Era una gata –lo contradijo ella observándolo de reojo con sólo uno de sus ojos, el otro lo mantenía cerrado.
– ¡Que importa lo que fuera!, ¡Tenemos que encontrarla!
En ese punto sí que estaban de acuerdo, debían recuperar la llave raptada, si esa felina se alejaba demasiado tal vez… tal vez nunca podrían recuperar la llave. Y sin perder un instante más salieron corriendo del cuarto como desquiciados en busca de la gata.
Al salir de la gran edificación Zelda pudo divisarla, ahí estaba la ladrona, sobre la gran pared de piedra que delimitaba el castillo, a punto de saltar.
¿Cómo había llegado hasta ahí?
Eso era todo un misterio…
Pero era una gata, no deberían sorprenderse.
– ¡Esa esa la gata! –Le indicó a Link, apuntando a la susodicha felina.
– ¡Vamos! –Le dijo jalándola para que lo siguiera– ¡Tenemos que alcanzarla!
– Pero… ¿Y los guardias? –Había recordado repentinamente ese "detalle"– no nos dejaran salir.
– ¡Al diablo con los guardias!, nos escaparemos del castillo –le respondió al mismo tiempo que se escondía tras unos arbustos.
– ¿Qué?
¿Era su idea o había escuchado de la boca del "correcto" héroe la palabra "escaparse"? En verdad no podía creerlo, nunca desde que lo había conocido él había osado con hacer algo que considerara "incorrecto", y ahora que le estuviera proponiendo descaradamente que se escaparan del castillo había sido toda una novedad para ella... una grata novedad debía admitir.
Sin notarlo sonrió. Emocionada, presa de esa adrenalina que estaba ansiosa por compartir al lado del joven que le gustaba.
– Lo que oíste, vamos a capturar esa gata sea como sea…
Y sin decir una palabra más tomó una piedra que estaba junto a él y se la lanzó al desprevenido guardia de la entrada. El tipo sintió el golpe contra su casco y furioso se volteo a ver qué demonios era lo que lo había golpeado, entonces el chico lanzó otra piedra, cerca de otros arbustos. El guardia al sentir el ruido y ver el movimiento de las plantas fue a averiguar qué era lo que pasaba.
– Ahora –le susurró tomando a la joven con uno de sus brazos y corriendo hasta la salida.
– ¡Eyy ustedes! –Les gritó el guardia al notar que los jóvenes escapaban del castillo como si nada.
La verdad es que el hombre no los había reconocido, pero como era su deber "no podía" dejar que nadie saliera ni entrara al castillo sin una orden real o un permiso. Pero cuando se dio cuenta de las intenciones de los jóvenes ya era demasiado tarde, ellos ya habían atravesado las rejas y ahora se alejaban corriendo hacia el pueblo del castillo.
– ¿Qué hago ahora? –Se preguntó asustado por su GRAN falta– aquí… –Miró hacia arriba haciéndose el tonto y luego bajo su mirada al piso siguiendo la misma mecánica– nada paso –dijo para luego ponerse a silbar, tratando de disimular su nerviosismo.
Si él no decía palabra alguna de que "alguien" había escapado del castillo, todo saldría bien, ¿no?
Mientras en alguna parte de la ciudadela...
– No podemos dejar que se aleje –le señaló mirando como la gata se escabullía, corriendo por sobre los tejados de las casas y tiendas, aún llevando la llave consigo.
– Pero tampoco podemos volar –le indico ella mirándolo de reojo.
– Tal vez no… pero… –le devolvió la misma mirada, pero su boca dibujaba una curiosa sonrisa en su rostro.
– ¿Por qué me miras así? –Ahora se estaba preocupando, sentía que "algo" no iba a andar nada bien.
– Por nada –Insistió ampliando esa sonrisa.
– Me asustas –murmuró arqueando una de sus cejas sintiéndose "notoriamente" insegura.
– Ven, vamos –le dijo aún sonriendo al mismo tiempo que la sujetaba de la cintura y comenzaba a saltar una pila de pallet amontonados que había en un callejón.
– ¡Link espera! –Le pidió aforrándose con fuerza al cuello del chico, pero era demasiado tarde.
– Tranquila –le sonrió divertido al sentir como ella se aferraba a él como si su vida dependiera de ello– ya llegamos.
– ¿Eh? –La joven miró a su alrededor y se percato de que aún seguía aferrada a Link.
La verdad es que esta era una perspectiva completamente diferente, nunca había visto de esta manera la ciudadela, al menos no que lo recordara en ese preciso instante.
– Disculpa –Murmuró avergonzada, separándose del chico.
– Mira, ahí está la gata –le indicó, apuntando el tejado continuo al que ellos estaban.
– Espera Link… ¿No pretenderás que…?
– ¡Vamos!
Y nuevamente empezó la persecución, aunque está vez por sobre los tejados, saltaron, corrieron, se resbalaron, etc… pero en ningún momento perdieron de vista su objetivo, en realidad era Link el que no lo perdía de vista, porque la pobre chica avanzaba casi por inercia, preguntándose si alguna vez le habría comentado a Link que ella… que ella ¡Le tenía terror a las alturas!
Ósea, en su vida había hecho cosas peligrosas, había saltado lugares escarpados, había trepado árboles altísimos, inclusive había descubierto un lugar genial justo en la torre más alta del castillo, pero aún así... siempre que se acercaba al borde del abismo sentía esa rara sensación invadirla, algo... algo que se conocía como vértigo.
La gente que se encontraba abajo miraba confundida a los dos jóvenes que corrían a través de los techos, persiguiendo a una pobre e indefensa gatita, sin entender qué diantres estaba pasando.
"Hay cada loco en el mundo", comentaban algunos, juzgando la situación de pasada.
Volviendo a nuestros protagonistas y a la fugitiva…
La minina saltó de una casa a otra con una agilidad y habilidad que sólo podía tener un felino, una cualidad que evidentemente ellos no tenían al ir avanzando en dos "patas", no tenían ni el equilibrio, ni la elegancia, ni la gracia que poseía su fugitiva, por ende los jóvenes se detuvieron al borde del precipicio... digo, del tejado, y analizaron la situación.
– Tenemos que saltar –fue Link quien lo decidió.
– ¡Estás loco! –Lo contradijo ella horrorizada con la idea, seguro saldrían lastimados con esta tonta persecución– yo… –Cerró sus ojos y arqueo sus cejas denotando la inseguridad que sentía– yo no me moveré de aquí…
La verdad es que a esas alturas las piernas le temblaban, pero gracias a la larga falda que traía, el hecho pasaba desapercibido.
– Tienes… ¿Tienes miedo? –Le preguntó parándose delante de ella, mirándola fijamente.
– Se dio cuenta… –Pensó desviando su mirada al suelo, sintiendo como el rojo volvía a sus mejillas– claro que no –le respondió mintiendo.
– Si… si lo tienes –se burlo él, sonriendo divertido al notar el nerviosismo apoderarse de la Princesa.
– ¡Ya te dije que no! –Alegó molesta al sentirse "atrapada".
– ¿En serio? –Su sonrisa no podía ser más acusadora– No pareces muy convencida de eso –soltó una suave risita al notar como volvía a cerrar sus ojos notoriamente avergonzada.
– Por supuesto que estoy convencida… y… y voy a demostrártelo –era mucho más testaruda de lo que creía, ni siquiera su miedo podía sobreponerse a esa fuerte determinación que ahora pretendía mostrarle a él.
Zelda se acercó lentamente al borde del tejado y observó la gran distancia que la separaba del suelo… trago saliva y se inclinó sólo un poco para ver mejor, de pronto una de las tejas se soltó y fue a dar directo contra el piso, rompiéndose en mil pedazos.
– ¡Aaaaaahhhh! –Exclamó aterrada abalanzándose contra el chico, buscando refugio entre sus brazos.
– ¿Zelda? –Él también se sonrojó al sentir como ella lo abrazaba con fuerza desmedida, en verdad no se había esperado esa reacción en ella.
– ¡Era mentira! –Se sentía estúpida, pero no podía seguir manteniendo esa farsa por más tiempo– ¡Si tengo miedo! –Admitió lloriqueando aún abrazada al joven, usando evidentemente sólo uno de sus brazos.
Link suspiró resignado, no había nada que hacer, la gata ya se había perdido de vista y aunque aún pudiera verla, no continuaría con esta loca persecución sobre el tejado, no después de saber que Zelda estaba aterrada.
– Hey, tranquila... todo está bien –le susurró junto a su oído hincándose lentamente, guiándola a ella para que lo imitara– ¿Qué te parece si bajamos? –Le propuso sonriéndole dulcemente, mientras acariciaba con algo de timidez la cabeza de ella.
– ¿Lo dices en serio? –Le preguntó separándose ligeramente, ahora sentada sobre el tejado, mirando al chico con sus ojos vidriosos a causa de las lágrimas que amenazaban con escapar en cualquier momento.
– Por supuesto. –Volvió a sonreírle, pasando su dedo pulgar por el borde de sus ojos para eliminar ese pequeño rastro de humedad que se había juntado en ellos.
– ¡Gracias! –Agregó volviendo a sonreír, sin poder creer que esa frenética y peligrosa carrera sobre los tejados había terminado.
Fue tanta su emoción que sin más le planto de lleno un beso sobre la mejilla, y Link al sentirlo inmediatamente se paralizo, muy avergonzado.
– ¿Va... va… vamos…? –Le preguntó tartamudeando, totalmente rojo.
Sin más se levantó, tratando de alejar su bochorno y al mismo tiempo extendió su mano ofreciéndole ayuda a ella para incorporarse.
Ya habían decidido volver a pisar tierra, el problema estaba en… ¿Cómo diantres se bajarían de los tejados?, porque el subir había sido cosa fácil, pero bajar era otro cuento. Y Link se percató de que ese "detalle", en verdad no lo había tomado en cuenta.
– ¿Pasa algo? –Preguntó preocupada al notar que el chico se acariciaba la barbilla con su mano derecha MUY pensativo.
– ¿Eh? –Volvió a mirarla– no nada, no te preocupes –le respondió tratando de parecer seguro– si claro ¿Ahora como le vas a explicar que no tienes idea como bajar? –Se regañó mentalmente.
No conseguiría nada quedándose ahí de pie, sin hacer nada, por lo que decidido empezó a avanzar, sin saber con exactitud a donde se dirigía. La chica lo seguía con algo de desconfianza, tenía la "ligera" impresión de que él no sabía hacia donde se dirigía con certeza y quizás sus suposiciones no estaban nada lejos de la realidad.
Mientras, en el castillo, el Rey comenzaba a despertar de su siesta reparadora y ahora estaba con renovadas fuerzas y energías para hacer lo que mejor sabía… ósea nada.
– Ser el soberano es verdaderamente agotador –comentó rascándose la cabeza, al tiempo que se levantaba aún con la pereza encima– además… esta corana pesa mucho –se quejo pensando que tendría que hacer algo respecto a eso más adelante– y para colmo... tengo que hacer dieta... este cinturón me está matando...
Y ahí estaba la viva prueba de las más "grandes" preocupaciones del Rey de Hyrule.
– Bueno, empezaré mi dieta desde la próxima semana.
Si se están peguntando ¿Por qué diantres no empieza ahora mismo?, pues déjenme decirles que había una razón muy pero MUY importante por la cual eso no era posible…
– Ahora mismo... tengo mucha hambre. –Agregó sonriendo al imaginarse lo que pronto podría echarse a la barriga.
Ahí estaba la principal razón. A sí que sin más, como todo buen glotón se encamino a la cocina del castillo.
Volviendo con Link y Zelda…
– ¡LINK! –Gritaba la chica tratando de sostenerlo a duras penas.
El joven se encontraba literalmente colgando del tejado, de no ser porque su muñeca izquierda estaba unida a la derecha de ella, hace ya MUUUCHO tiempo que se habría azotado contra el piso, y seguramente de esa caída más de una lesión hubiera sido ocasionada.
Pero… ¿Qué era lo que había pasado para que esos dos terminaran en este nuevo problema, para eso sólo debemos retroceder el tiempo en unos tres minutos, en donde…
.-.-. FLASH BACK .-.-.
Link seguía caminando sin rumbo alguno, aunque iba tan abstraído en sus meditaciones que no se fijo por donde diablos estaba pisando y en uno de esos malos pasos, su pie fue a parar sobre una teja "media" suelta y en muy mal estado y como pueden imaginarse lo que sucedió segundos más tarde es… historia.
El chico resbaló, deslizándose por el inclinado tejado llevándose consigo a Zelda, quien había sido jalada por las ya "malditas" esposas, pero ella había alcanzado a aferrarse de otra teja y había conseguido detener la mortal caída. Aunque desafortunadamente Link ya no se encontraba sobre el tejado, ahora… ahora estaba suspendido por lo menos a unos diez metros del suelo, como mínimo.
.-.-. FIN FLASH BACK .-.-.
Bueno y después de ese "mini" flash back y volviendo al presente...
– ¡Pesas demasiado! –Se quejo la chica que ya estaba sintiendo que su pobre brazo se iba a desprender de su cuerpo.
– Si otras fueran las circunstancias te diría que me soltaras pero creo que ahora eso es imposible.
Y tal como Link lo había expresado, de ninguna forma podían separarse. Si uno caía, por consiguiente el otro lo haría.
– Eso no es gracioso –se quejó sintiendo que sus músculos comenzaban a fatigarse.
– Vamos Zel, puedes hacerlo, sólo debes subirme…
– Es fácil decirlo –Obviamente no estaban así por gusto, era lógico que ella había intentado cambiar esa situación, que no se reflejara era otra cosa, pero de que ella lo había intentado... claro que lo había hecho.
– ¡Sólo inténtalo!
– ¡Lo he estado intentando todo este tiempo! –Se quejó ya cansada de tanto jalar– No podré resistir por mucho tiempo más… –pensó imaginándose lo "agradable" que sería estrellarse contra el suelo.
Pero lo peor estaba por venir, la teja sobre la que ella estaba sujeta cedió de un instante a otro y ella perdió todo el equilibrio…
– ¡Kyaaaaaa!
Ahora todo estaba perdido, ambos caerían, se matarían y adiós mundo cruel. Ejem... bueno... creo que eso es muy pesimista, aunque si no se mataban por lo menos su buen golpe se darían y más de un hueso terminaría roto.
Pero para sorpresa de ambos el duro impacto nunca llego…
– ¡CUIDADO! –Se escuchó que gritaba alguien a lo lejos.
¡PAFF!
Ninguno supo cual fue el milagro que salvo sus vidas, pero para su GRAN suerte habían caído sobre una carreta llena de paja, el misterio estaba en que segundos antes "esa" carreta no estaba ahí…
– ¿Estamos vivos? –Pregunto la chica saliendo de entre una verdadera montaña de pasto seco.
– Así parece.
– Pero… ¿De dónde salió toda esta paja? y… ¿No sientes como si nos estuviéramos moviendo?
– ¡CARRETA FUERA DE CONTROL! –Gritó un sujeto que corría a duras penas tras la carreta que ahora se deslizaba cuesta abajo por las calles de la cuidad.
– ¿Carreta qué…? –El chico en verdad aún no salía de su desconcierto.
Descubrir que seguían con vida había sido sólo una efímera sensación que se desvaneció tan pronto como descubrieron que ahora iban cuesta abajo sobre un "vehículo" fuera de control. Aquello que les había salvado la vida milagrosamente ahora volvía a ponerlos en peligro.
– ¡Link mira! –Exclamó Zelda viendo hacia el frente.
Unos inocentes niños jugaban en medio de toda la calle sin darse cuenta del verdadero peligro que corrían.
– ¡Muévanse! –Gritó advirtiendo a los pequeños que se dispersaron asustados al ver el "vehículo" descontrolado.
– ¡Tenemos que salir de aquí!
– No podemos… es muy peligrosos saltar…
– Pero… ¡Vamos a estrellarnos! –Le advirtió ella tomando el rostro del chico con su mano izquierda y obligándolo a mirar hacia el frente.
Y así era, el empinado camino terminaba metros más adelante con una gran y dura pared de ladrillos.
– Es nuestro fin –chilló abrazando a la muchacha como si se estuviera despidiendo.
– Fue un placer conocerte, Link.
Y ella correspondió ese abrazado con la única mano que tenía libre, imitándolo a él.
Pero con otra pizca de suerte la carreta se atascó con una piedra en el camino, frenando bruscamente, mandando a volar toda la paja que cargaba junto con sus dos ocupantes.
– Auch… –se quejo el chico saliendo de entre todo ese pasto seco que había logrado amortiguar nuevamente su caída.
La chica lo imitó y cuando al fin estuvo libre…
– ¿No me digas que aún estamos vivos?
– No lo sé… todo me da vueltas.
– ¡Ey! –Se trataba del mismo tipo de antes, el que estaba gritando lo de la carreta fuera de control– ¿Están bien? –Preguntó preocupado examinando la montaña de paja que tapaba por lo menos la mitad del cuerpo de los dos jóvenes que estaban tirados sobre el suelo.
Minutos más tarde...
Agotados y aún con la paja enredada en su cabellos y ropa se sentaron sobre una banca que había en el camino, la gente que pasaba junto a ellos los miraba de manera extraña, pero nadie se detuvo a preguntarles nada.
– ¿Qué haremos ahora? –Estaba abatida, desanimada y... llena de paja ¿Lo había mencionado ya, no?
– Deberíamos buscar otra forma de deshacernos de las esposas –Quizás esa había sido su mejor idea en lo que llevaba del día.
– Tienes razón –suspiró pesadamente perdiendo todas las esperanzas en encontrar esa "bonita gatita tricolor".
Se mantuvieron ahí sentados, mirando al vacío, pensando en una nueva estrategia, hasta que finalmente…
– ¡Tengo una idea! –Exclamó ella levantándose de un brinco.
– ¿Una idea? –La miró extrañado con un evidente dejo de curiosidad.
– Como lo oyes –se sentía orgullosa de esta nueva y brillante ocurrencia, y su sonrisa lo demostraba–. Visitemos al herrero del pueblo, de seguro el podrá ayudarnos.
– ¡Es cierto! –Le celebro, pensando en como demonios no se le había ocurrido algo así antes– Un herrero podría cortar la cadena que une las esposas.
Ambos se levantaron de un brinco con renovadas fuerzas, ahora tenían un nuevo y claro objetivo en mente...
El taller de herrería más famoso de Hyrule, estaba justo al otro lado del la ciudadela, era una construcción antigua de piedras bien organizadas, adentro la penumbra dominaba el ambiente que era sólo iluminado por el gran fogón del horno que había justo al fondo de la estancia, en donde el carbón ardía con fuerza durante todo el día. Toda la estancia estaba repleta de miles de objetos, pequeños grandes, extraños, curiosos y... peculiares, algunos colgaban del techo, otros se mantenían sobre largos mesones de madera y otros tantos parecían apilarse por aquí y por allá sin un orden aparente.
Esa atmósfera caldeada y pesada lleno sus sentidos en el mismo instante en que ingresaron al lugar, casi podían sentir como el polvo y todo ese material en suspensión se impregnaba en sus ropas como si fueran atraídos a ellos por una fuerza magnética y ese sonidito metálico y chirriante de una pieza siendo rozada por una banda para darle el filo adecuado casi los dejo aturdidos.
– Entiendo –murmuró sin despegar su vista de esa preciosa pieza que estaba terminando, toda una obra maestra a su parecer– ¿Me están pidiendo que corte esa esposa?
El herrero era un sujeto alto y robusto, con brazos anchos y musculosos, una espalda amplia, manos gruesas y grandes, en verdad le hacían honor a ese labor tan pesado que hacia día a día. Su piel broceada, ojos enmarcados por la edad y una gran y poblada barba cubriendo su rostro, le daban un aspecto algo... temible.
– ¡Por favor! –Le suplicaron ambos muchachos, esperanzados que esos serían sus últimos minutos junto a las esposas.
– Está bien… está bien –dejo de lado su maravillosa obra de arte y dirigió su severa mirada hacia los recién llegados– no tienen para que ponerse dramáticos –Sonrió tratando de calmarlos–. Traeré algo que de seguro solucionará en un segundo su problema.
Los Hylian observaron como el hombre se alejaba y buscaba entre todas las herramientas la más indicada.
– ¡Es esta! –Exclamó elevando una GIGANTESCA hacha.
La impresión no tardo en reflejarse en el rostro de los dos muchachos, quien repentinamente comenzaban a dudar de que tan buena había sido la idea de acudir con el herrero de la ciudadela.
– Déjenme practicar un poco –les comentó mientras golpeaba una mesa cercana con la peligrosa arma.
La mesa se rompió en dos y todo lo que estaba sobre ella cayó al suelo. De pronto Link y Zelda no sabían si su impresión superaba al terror que de pronto les había despertado el temible sujeto haciendo juego con el hacha.
– Creo que con esto será suficiente para romper esa cadena –Agregó con una triunfante sonrisa en el rostro.
– ¿Piensa… piensa cortar la cadena con el hacha? –Se aventuró ella sintiendo como una pequeña gotita de sudor frío recorría su cien.
– Pues claro –Respondió con simpleza, extrañándose de tan obvia pregunta– ¿De qué otra forma podría hacerlo?
– Y… ¿Es seguro? –ahora era Link quien se aventuraba a preguntar.
– ¿Seguro? –Repitió la pregunta como si se tratara de un chiste MUY gracioso–. Por supuesto que no chiquillo, sólo un tonto se arriesgaría a hacer algo como esto –dijo admirando el magnífico filo de su arma con una mirada extraña, algo ensoñadora– pero… ¿No creen que es preciosa…? –Les preguntó mirando con los ojos casi vidriosos el metal del objeto que aún sostenía en sus manos– Esta belleza la forje hace años y aún no pierde ese magnífico olor a acero… una aleación de hierro que contiene por lo menos un 0,05 o un 2, 25 por ciento de carbono a la que pueden añadírsele níquel, silicio, magnesio, cromo u otros elementos… es… es… fabulosa…
Ahora el herrero acariciaba el hacha como si se tratara de un preciado tesoro, "su" tesoro.
– Este tipo está loco –pensó la chica comenzando a temblar, sintiendo la imperiosa necesidad de alejarse de la herrería cuando antes.
– Zelda… –la llamo susurrándole muy suave– creo que… debemos marcharnos –un pequeño tic había aparecido en su ojo derecho, aún no dejaba de observar al sujeto que seguía acariciando el hecha como si se tratase de su novia.
– ¡¿Marcharse?! –El hombre los había escuchado, al parecer tenía muy bien desarrollado el sentido de la audición.
– Este –una sonrisa nerviosa acompañó a sus palabras–. Si… acabamos de recordar que tenemos… MUCHAS cosas que hacer… –le respondió la Princesa retrocediendo lentamente, viendo como en los ojos del sujeto se reflejaba un extraño y perturbante brillito.
– Pero… pero… no pueden marcharse –de pronto parecía haber ¿enloquecido?– no sin…
– Es muy amable –volvió a forzar una sonrisa sabiendo que lo estaba interrumpiendo– pero de verdad, vamos con prisa.
Ya casi alcanzaban la salida…
– ¡De ninguna manera! ¡No pueden irse aún! –Ahora el hombre agitaba el hacha de un lado a otro.
Seguramente sus miradas horrorizadas ahora reflejaban claramente el terror que repentinamente había despertado en ellos aquel "extraño" sujeto amante del metal.
– Link… –miró al chico de reojo– ¡CORREEEE! –Le ordenó soltando a correr como loca.
El joven no necesito más incentivo y salió disparado a la salida junto a ella, pero el herrero no se daría por vencido y como un verdadero demente salió persiguiéndolos por las calles con el hacha en mano.
Después de mucho huir los jóvenes al fin habían encontrado un escondite "medianamente" seguro o por lo menos eso pensaban.
– ¿Crees… crees que… lo… perdimos? –Le preguntó ella casi sin aliento.
Tenían la espalda pegada a la pared del callejón, definitivamente sus piernas ya no podían soportar más está loca persecución.
– Eso… espero… –le respondió el de la misma manera.
– ¿A quién esperan?
Y ahí estaba de nuevo la voz carrasposa del herrero.
Inmediatamente a ambos se les fue el color de la cara con la impresión de tener al peligroso hombre justo a sus espaldas.
– ¿Qué les pasa chicos? –Les preguntó como si nada, sonriéndoles amablemente– ¿Parece que hubieran visto un fantasma?
– ¡WAAAAAAAAAAAAA!
Y nuevamente salieron disparados hacia quien sabe donde, esquivando a todos los transeúntes que se les atravesaban, hasta que…
– No doy más –dijo la chica cayendo de rodillas al suelo, absolutamente agotada.
– Yo tampoco –Link la imitó.
De pronto ambos pudieron observar la temible sombra que se divisaba frente a ellos, y con gran temor lentamente levantaron sus miradas sólo para asegurarse de que sus sospechas eran realmente ciertas.
– ¡No puede ser! –Exclamó la chica al ver frente a ellos nuevamente el gran cuerpo del hombre, haciéndoles sombra, ¿en verdad esto tenía que ser una broma? ¿Acaso el sujeto sabía teletransportarse o algo? ¿Cómo demonios los alcanzaba con esa facilidad?
– Haremos lo que nos pida, pero... ¡No nos mate! –Le rogó Link, quien no tenía forma de enfrentarse al herrero sin un arma.
– ¿Matarlos? –Evidentemente no estaba entendiendo– ¿De qué están hablando?
– ¿No nos estaba siguiendo para cortarnos con su hacha? –Preguntó Zelda sin comprender porque el herrero insistía en seguirlos a pesar de que ellos también insistían en alejarse.
– ¿Cortarlos? –Soltó una fuete carcajada– ¿Están locos? –El hombre parecía estar divirtiéndose de la extrañada expresión de ellos.
– ¿Eh?
Ahora sí que estaban confundidos.
– Lamento el mal entendido –sonrió amablemente rascándose su oscura barba– yo sólo los estaba siguiendo para devolverles esto... –les extendió una de sus manos dejándolos ver el objeto que traía consigo.
Se trataba de la tiara de Zelda, al llegar a la casa del herrero ella se la había quitado con la intención de apartar la paja que había quedado atrapada en ella y que obviamente le estorbaba.
– Gracias –en verdad estaba tan sorprendida y avergonzada que ni siquiera pudo atinar a decir algo más "elocuente"– no debió molestarse –agregó con una sonrisa nerviosa.
– No fue nada –Volvió a tomar su posición totalmente erguida– y ahora díganme… ¿En verdad no desean que les corte esa cadena?
– ¡NO! –Gritaron al mismo tiempo, casi como si les hubieran propuesto ir al infierno.
– ¿De verdad? –Insistió una última vez sin entender porque ese cambio en sus deseos, digo... ¿No habían ido a buscarlo para sacarse esas cosas?
– Amamos estas esposas –agregó Link con una sonrisa tonta en el rostro.
– Si... nos dimos cuenta que son geniales –agregó Zelda siguiéndole el juego– están muy a la moda.
– Por eso no queremos quitarlas –Volvió a insistir el muchacho– en verdad nos quedaremos con ellas.
– Si así lo desean –Murmuró extrañado por la rara actitud de los muchachos.
– No se preocupe –esbozó una fingida y tiesa sonrisa–. En verdad… estamos bien así.
– Bueno, si ese es el caso, no tengo nada más que hacer aquí… ¡Nos vemos! –Les dijo despidiéndose al tiempo que se marchaba.
La silueta del hombre se perdió en medio de la gente y ellos volvieron a quedarse solos y sin ideas.
– ¿Y ahora qué? –Pregunto Link dirigiéndose a su compañera.
– No sé... fuiste tú el que dijiste que amabas estas esposas –se burlo sintiendo nuevamente como la desesperanza se apoderaba de ella.
– Bueno... tú dijiste que estaban a la moda y que eran geniales ¿no?
Suspiraron pesadamente guardando silencio.
– Tal vez… –volvió a retomar la palabra después de ese incómodo silencio que se había formado entre ellos– debamos volver al castillo –agregó, dejando la tiara sobre el suelo, sin la menor intención de volver a colocársela.
Y en ese instante cuando creyeron que todo estaba realmente perdido, como una verdadera aparición "maligna" o un "fantasma" o algo similar, ambos vieron a la "desaparecida gatita" caminaba tranquilamente por las calles de la cuidad.
– ¡Ahí está la llave! –Exclamó Link apuntando a la pobre felina.
– ¡Hay que atraparla! –La chica ya se disponía a correr tras ella cuando el joven la detuvo.
– Tengo una mejor idea…
– ¿Sí?
– Confía en mí –sonrió convincentemente.
Minutos más tarde estaban ambos cargando un montón de pescados MUY olorosos, su nuevo plan maestro era…
Atraer a la felina hasta ellos.
Pero al parecer la gata era muuucho más lista de lo que ellos pensaron y cuando se acercaron, esta inmediatamente los reconoció y en vez de acercarse se alejó corriendo aún con la llave en su poder.
– Me parece que esa gata se acaba de burlar de nosotros –le comento con una mano en su mentón analizando la terrible situación.
– ¡Esa gata me las va a pagar! –Aseguró el guerrero, dispuesto a comenzar una contienda.
Pero...
De pronto se escucharon muchos maullidos rodándolos, los chicos observaron asustados a su alrededor y descubrieron a una verdadera manada de gatos hambrientos que los miraban de manera amenazante.
– Lindos mininos –Sonrió nervioso– no nos miren así.
– Link… –Estaba comenzando a preocuparse, esos "lindos gatitos" no se veían muy amistosos– esto... esto no está bien…
¡Y claro que no lo estaba!
Tan sólo basto un sólo movimiento para que todos los felinos hambrientos se abalanzaran contra ellos…
Evidentemente eso... eso no podía ser una buena señal.
– ¡AHHHHH!
Unos minutos más tarde...
Podíamos ser testigos de la verdadera degradación de la humanidad, Link caminaba a duras penas ayudándose con una rama que quien sabe de donde la había sacado y Zelda avanzaba junto a él, apoyándose eventualmente del chico para no caerse…. estaban arañados, sudados, sucios, pasados a pescado y para colmo ¡Llenos de paja!
¿Algo más podía faltarles?
No lo creo.
– Por lo menos… esto no puede empeorar ¿no? –Dijo él después de haber caminado largo rato en silencio.
– Ojala las Diosas te escuchen.
– Miau
– ¿O me estoy volviendo loco o un gato aún nos está siguiendo? –Le comento sin siquiera mirar hacia atrás.
– No me hables de gatos ¿quieres? –Estaba molesta y cansada, muy cansada.
– Miauuuuuu
Eso lo habían escuchado MUY claro, ambos se detuvieron y voltearon a ver si realmente había un gato siguiéndolos o efectivamente ya estaban alucinando, pero para su sorpresa el felino que los seguía no era un gato cualquiera, se trataba de nada más y nada menos que... ¡La gata que habían estado siguiendo durante todo el día!
– ¡Tú! –Exclamó la chica apuntando a la minina, que ahora la mirada con su adorable carita de "gatita buena".
– ¡¿Cómo tienes el valor de mirarnos a la cara después de todo lo que nos has hecho pasar?!
– Miaaauuuuu
– ¡Ahora no te nos escaparas! –Le advirtió la joven.
– ¿Miau?
– No te hagas la que no entiendes –la fulminó con la mirada– porque estoy segura que sabes perfectamente lo que te digo.
– ¿Miauuu? –La minina inclinó su cabecita aparentemente confundida.
Definitivamente todo lo que habían vivido durante el día les estaba afectando, aunque estaba claro que "esa" gata era más astuta de lo que parecía y era por esta razón que ahora Link y Zelda se acercaban cautelosamente hacia la felina, tratando de no asustarla.
– Ya casi…
Pero como ya lo había mencionado, "esa" gatita era muuucho más astuta de lo que aparentaba y cuando los jóvenes ya estaban a punto de atraparla esta pasó por entre las piernas de Link corriendo velozmente, alejándose de ellos.
– ¡No te escaparás! –Le gritaron ellos volviendo a la persecución inicial.
La felina los guió hasta una parte del pueblo en donde no parecía haber ni un alma en pena, y fue allí donde se detuvo… la verdad es que ya estaba oscureciendo y las calles de ese lugar en la cuidad no estaban para nada iluminadas.
– Te tenemos –dijo Link creyendo que al fin la minina se había cansado de correr.
Sin pensarlo dos veces los dos se lanzaron contra ella, pero la gata los esquivó sin problema alguno, saltando sobre ellos y fue entonces cuando descubrieron porque ella se había detenido en un primer momento.
¡Puajj!
Fue el sonido que hicieron sus cuerpos al caer en un GRAN charco de barro MUY espeso que los esperaba.
Ahora si podían dar fe y estar seguros de que las cosas SI podían empeorar, esto sí que era el colmo de los colmos… ¡¿Cómo era posible que una diminuta criatura como lo era esa gata se burlara de ellos de esta forma?! Digo...
¡Eran el héroe legendario y la Princesa de Hyrule!
– ¡Que asco! –Se quejo ella, quitándose el barro de la cara para por lo menos ver algo.
– No puedo creer que esto nos esté pasando –dijo al tiempo que se levantaba y ayudaba a la chica a hacer lo mismo.
Y justo cuando pensaban salir del charco de barro, Link resbaló con el mismo y cayó de espaldas nuevamente en la tierra mojada, seguido por Zelda que fue a parar justo sobre él.
Se separaron un poco después de la colisión, y fue entonces cuando sus miradas volvieron a cruzarse.
– Lo siento –Se disculpó muy avergonzada, sintiendo como sus mejillas comenzaban a arder.
– Fue mi culpa –desvió su mirada también notoriamente rojo, aunque con tanto barro seguramente eso no se notaba– yo debería disculparme…
Ambos olvidaron completamente el lugar en donde se encontraban y atrapados, para variar, por la mirada del otro fueron lentamente acortando la distancia que los separaba, ahora si… no había nada ni nadie que pudiera interrumpirlos ¡Esta era su oportunidad!
– Zelda… yo… –susurró entrecerrando sus ojos.
– Link… –la chica examinó con cuidado algo que parecía no estar en orden en el rostro de su guardaespaldas– tienes… tienes…
– ¿Si? –Ni siquiera se imaginaba lo que sucedería después, sólo estaba aún inmerso en esa cálida y reconfortante sensación de tenerla cerca, muy cerca.
– ¡Tienes una lombriz en la frente! –Gritó como loca separándose bruscamente de él.
Link aturdido se incorporó rápidamente, mientras el pobre invertebrado salía volando por el aire para terminar aterrizando sobre la cabeza de la chica.
– ¡AHHH! –Chilló levantándose de un salto agitando la única mano que tenía libre sobre su cabeza, tratando de quitarse la lombriz y con una fuerza que ni siquiera ella sabía que tenía salió corriendo arrastrando a Link quien a duras penas consiguió ponerse de pie para seguirla.
Definitivamente hoy no era un buen día.
Ya había anochecido y ellos al fin se encontraban frente a las rejas del castillo de Hyrule, no habían conseguido atrapar a la gata, pero eso verdaderamente ya no les importaba, se habían rendido y estaban exhaustos, ahora lo único que querían era… descansar…
– Alto ahí –los detuvo el guardia de turno.
– ¿Qué quieres? –Le preguntó la chica, sin una gota de paciencia, mantenía sus ojos cerrados y una de sus cejas se encontraba ligeramente levantada.
– ¿Cómo que qué quiero? –Se molesto al escuchar esa hilarante respuesta, los jovencitos de hoy no tenían respeto– ¿Qué no vez que soy un guardia?
– ¿Y qué con eso? –Miró de reojo furiosa al guardia, ¿Qué acaso no veía que se estaba dirigiendo a la única heredera al trono.
– Pues… ¡Que ustedes no pueden atravesar estas puertas! –Dictaminó enojado.
– Escúchame… YO soy la PRINCESA y te ordeno que habrás ahora mismo esas puertas –le exigió con un tono muy autoritario.
– ¿Princesa? –El tipo se echo a reír de buena gana, parecía que nunca en su vida le hubieran dicho algo más chistoso.
La verdad es que el aspecto que ambos tenían era absolutamente deplorable, si antes habían estado sucios ahora el barro en sus ropas, piel y cabello les sumaba incontables puntos en contra.
– ¡¿De qué demonios te ríes? ¡Estoy hablando MUY en serio!
– Si tú eres la Princesa… entonces… ese andrajoso que te acompaña debe ser tú papi – dedujo él, burlándose de los jóvenes.
– ¡OYE! ¡Yo no soy ningún andrajoso! –Se defendió Link sintiendo que estaban pisoteando su honra– soy el tutor de la Princesa Zelda y mi nombre es Link.
– ¿En serio? ¡Qué buen chiste! –Les dijo riéndose nuevamente de ellos– será mejor que dejen de jugar y se larguen chicos… no quiero verme obligado a sacarlos a la fuerza.
– Oye tú guardia de pacotilla, te lo repetiré sólo UNA vez más, si no me dejas entrar ahora…
– ¿Qué me harás? –De verdad creía que una jovencita sucia iba a convencerlo de algo.
– ¡Sólo muévete y déjanos pasar!
– Ustedes están locos…
– Si no quieres hacer esto por las buenas será por la malas –le advirtió Link interviniendo.
– ¡Guardias! –Gritó el hombre llamando a sus colegas.
Un montón de sujetos vestidos con armaduras, igual que el guardia de la entrada aparecieron en el acto.
– Llévense a estos locos a las mazmorras, pretendían suplantar a la princesa.
– Oigan… esperen… no pueden hacer esto… ¡Yo soy la Princesa! –Gritaba la joven aún oponiendo resistencia.
– ¡Exijo un abogado! –Pidió Link siendo arrastrado por tres de los guardias.
Minutos más tarde...
Las mazmorras eran un oscuro y tétrico lugar, los estrechos y fríos pasillos que separaban a las celdas estaban iluminados por pequeñas antorchas colgadas en las paredes a una distancias de dos metros una de otra, columnas de piedras y techos redondeados eran el artífice del lugar, y el brillo de esas antorchas reflejaban el moho de las húmedas paredes, dándole al lugar un color verdoso y lúgubre.
Un piso resbaladizo, una oscura celda, un olorcito a humedad molesto y penetrante llenaba sus sentidos... si... definitivamente este lugar era el broche para un día de esos en los que de verdad hubieras deseado no despertar.
– Este será su hogar desde ahora –les indicó uno de los cuatro guardias que "amablemente" los acompañaban.
Los tres que arrastraban a Link y uno que caminaba junto a los otros cargando a Zelda sobre su hombro, obviamente la chica lo golpeo hasta el cansancio, pero una fuerte armadura lo protegía por lo que él, no sintió ninguno de los intentos de la joven por liberarse.
– Espero que estén cómodos hasta que su alteza decida juzgarlos –se burlo otro, al mismo tiempo que los dos jóvenes eran empujados hacia el interior de una de las celdas.
– ¡¿QUÉ?! ¡¿Mi padre tiene que juzgarnos?! –Exclamó la chica empezando a sentirse abatida con esa "terrible" noticia.
– ¿Tú padre? –La miró de reojo sonriendo divertido– si que estás loca muchacha –le respondió de manera mordaz el guardia que la había cargado hasta la prisión subterránea, ella seguía insistiendo con la "mentira" de que era la Princesa.
– Vamos, dejemos solos a estos dementes –puntualizó otro al mismo tiempo que se alejaban.
– ¡ESPEREN! –Gritó la chica pegándose a las rejas de la celda tratando de llamar la atención de los sujetos que ya comenzaban a subir las escaleras.
– Es inútil Zelda – le dijo suspirando cansado.
– ¡¿Acaso no te das cuenta?!
– ¿De qué? –En verdad parecía no entender la desesperación de la muchacha. Digo... no iba a decir que la celda era un lugar bonito, ni mucho menos acogedor, pero al menos estaban.. emm bueno... al menos tenían salud.
– Si mi padre es quién juzga a los prisioneros podremos… podremos… –no sabía como continuar, en verdad estaba empezando a sentir una angustiosa sensación recorriendo su pecho– ¡Podemos estar semanas acá encerrados sin que nadie aparezca! –Exclamó dejándose caer en el húmedo suelo desalentada.
El joven Hylian parecía tan sorprendido de lo que ella acaba de revelarle que casi se desmaya de la pura impresión… ¡Semanas atrapados ALLÍ!
¡Esto debía ser una broma!
– No… no puede ser… –susurró aún incrédulo.
– Créeme, para cuando mi padre se digne a aparecer tal vez ya estemos momificados.
– ¡No quiero morir en un lugar como este! –Se lamento el chico observando a su alrededor notando que esas celdas estaban muy bien hechas.
– ESO debiste pensarlo antes de escapar del castillo son permiso –murmuró mirándolo de reojo sólo con uno de sus ojos, el otro lo mantenía cerrado.
– Pues no vi mucha oposición de tú parte –puntualizó también algo molesto, después de todo... ambos eran culpables de estar ahí ahora.
Y ese era el comienzo para lo que seguramente sería una GRAN discusión.
– ¡Pues todo esto es "tú" culpa! –Lo contradijo levantándose de un salto, enfrentando la mirada del joven.
– ¡¿Ahora resulta que todo esto es "mi" culpa?! –La interrogó indignado por la actitud de la chica, haciendo énfasis en la palabra "mi"–. Le recuerdo PRINCESA, que si usted se comportara como una "señorita de sociedad" yo no tendría porque estar aquí haciendo de niñero.
No era normal que Link tratara de "usted" a la Princesa, ni mucho menos que le hablara de una manera tan mordaz e irónica como lo había hecho.
– ¡YO NO SOY UNA NIÑA! –Se defendió ella empujando a Link hasta la pared más cercana molesta– ¡Y déjame informarte que eres el tutor más patético que he conocido en mi vida! –Le dijo furiosa.
– ¡¿Patético?! ¡Tú eres la Princesa más insoportable que puede existir en este universo! –La desafió con la mirada como nunca creyó hacerlo.
– ¡Y tú un TONTO! –Cerró sus ojos y arqueo sus cejas notoriamente molesta.
– ¡MIMADA! –La miró de reojo desafiante.
– ¡ANTIPATICO! –Ahora había abierto bien sus ojos y había elevado una ceja.
– ¡AMARGADA!
Ok... quizás estaba yendo demasiado lejos.
– ¡INSENSIBLE!
Pero no podía quedarse atrás si la princesa seguía gritándole, ¿no?
– ¡PESIMISTA!
Los dos dejaron de gritarse sólo para tomar algo de aire, sus pulmones ya se habían quedado sin oxígeno después de tanto gritar, aunque en ningún momento aparataron sus miradas desafiantes de su acompañante. Finalmente fue la Princesa quien volvió a tomar la palabra.
– ¡TE ODIO¡ ¡Eres un BAKAAAA*! –Exclamó antes de voltearse para darle la espalda e ignorarlo por completo.
En ese momento Link sitió como si un verdadero balde de agua fría le cayera encima, era la primera vez que la chica le decía "te odio" o mejor dicho se lo gritaba.
– Me… me odia… –pensó sintiendo por primera vez un vacío tan grande dentro de su pecho, no podía creerlo, no podía creer que todo había terminado en "eso". En verdad comenzó a sentirse miserable, como un verdadero idiota.
Zelda aún le daba la espalda, mantenía sus ojos cerrados y sus cejas enmarcaban su indudable enfado.
– ¿Qué hiciste Link? –Maldijo su pérdida de calma, su tonta forma de sobrellevar esa situación.
Estaba mucho más arrepentido de lo ofendido que podría haber llegado a estar, era cierto que estas discusiones eran muy comunes cada vez que se enfadaban, pero ninguna de sus "peleas" habían terminado con un "te odio" de parte de ella.
Zelda se calmó un poco y suspiró cansada, había sido un largo y difícil día como para que finalmente terminaran encerrados en las mazmorras de su propio "hogar", nunca creyó que terminaría conociendo este lugar de ESTA forma, además de ser horrible, todo estaba húmedo y oscuro, incluso hasta creyó ver más de un par de ojos rojos y brillantes mirándola con curiosidad desde las sombras.
– Ratas… –pensó desviando nuevamente su mirada hacia otra parte del cuarto, sintiendo como un escalofrió recorría todo su cuerpo.
Por su parte Link estaba DEMASIADO concentrado en arreglar el malentendido que habían tenido, por lo que no le importaba si no estaban solos o en la prisión, de hecho ni siquiera le importaba estar toda una eternidad ahí encerrado si ella lo perdonaba.
TOC TOC
– ¿Quién es? –Preguntó el hombre sobresaltado por la repentina interrupción.
– Soy yo, su majestad –respondió otro hombre tras la puerta.
– Y… ¿Quién es exactamente "yo"? –Volvió a preguntar el Rey.
– Pues… yo –le respondió el sujeto tras la puerta, sin entender muy bien la pregunta de su soberano.
– AHHH… tú… –Sonrió– pasa.
¿Qué fue eso?
Bueno... como a nadie le importa, seguimos con la historia...
El hombre ingreso en el cuarto, se trataba de uno de los guardias que habían llevado a Link y a Zelda al calabozo. El Rey al ver que el sujeto entraba a la habitación y al percatarse de lo que tenía sobre el escritorio se abalanzó sobre la mesa, tapando todo lo que estaba sobre ella.
– ¿Está muy ocupado señor? –Le preguntó el guardia al ver al Rey tirado literalmente en la mesa.
– Si, MUY ocupado… –le respondió rodando sus ojos hasta quedar mirando fijamente el techo– ¿Se podría saber a qué has venido a estas horas de la noche? Has interrumpido mi concentración en el jue… cof cof… digo… en el importante asunto que estoy resolviendo.
La verdad es que momentos antes de que el guardia entrara en la "oficina" del Rey había estado MUY ocupado jugando al solitario y tenía un montón de cartas esparcidas por todo el escritorio.
– ¿Pues…? Sólo vine a informarle que hemos encerrado en el calabozo a dos locos, uno asegura ser la Princesa y el otro dice tratarse de su tutor.
– Y para esa estupidez has venido a interrumpir mi jueg… digo mi "trabajo".
– Lo siento señor –Se lamento el hombre sintiendo que había metido la pata.
– Ya no importa… sólo vete –suspiró, fingiendo cansancio.
– Pero ¿Y qué haremos con los prisioneros?
– Mmmmmm… creo que tendré que ir a verlos ¿Hay que juzgarlos, no?
– ¿Lo hará ahora señor?
– Tal vez sonrió–. La verdad es que estoy un poco aburri… cof cof… digo cansado de tanto trabajar.
– Lo que usted diga señor… –Una gotita de sudor frío recorrió la cien del guardia.
Volviendo a las mazmorras…
– Tal vez fui un poco dura con él –pensó la chica también comenzando a arrepentirse de todo lo que le había gritado– además... tiene razón… yo soy la causante de todo este embrollo…
– Esto es mi culpa… si fuera un buen guardaespaldas nunca hubiéramos terminado aquí.
Al parecer ahora los dos se estaban auto culpando de lo sucedido, pero aún ninguno se había atrevido a dar comienzo a una nueva conversación.
– ¡Tengo que disculparme…! –Pensaron los dos al mismo tiempo.
– Zel… –comenzó él pero se cayó al darse cuenta que la chica volteaba para mirarlo nuevamente.
– Espera… déjame hablar a mi primero –le pidió acercándose más a él– Yo… –Sus cejas se arquearon demostrando la angustia que en ese instante estaba sintiendo– siento mucho lo que te dije, la verdad –se sonrojo y desvió su mirada al suelo– no te odio… nunca lo he hecho y nunca podría hacerlo… yo…
Link también estaba sonrojado, no se esperaba que ella se disculpara tan abiertamente con él, además a pesar del barro, la paja, los arañazos y la peste a pescado, le parecía que ella se veía encantadora en medio de la penumbra que se formaba con la poca luz que alcazaba a llegar a la celda.
– ¿Tú qué...? –Le pregunto apremiándola a que continuara, su corazón había comenzado a palpitar con fuerza y una sensación extraña empezaba a envolverlos en ese preciso instante.
Dio un paso al frente, acortando esa prudente distancia que podían mantener con las esposas, en realidad no podían alejarse demasiado, pero sí que podían acercarse.
– Yo… lo que pasa es que… tú y… ¡Maldición! ¿Cómo podía ser tan difícil expresarle sus sentamientos?
Sin saber como, nuevamente sus rostros estaban a una "peligrosa" distancia. Él se había inclinado levemente para estar más a la altura de la chica y ella había apoyado su mano izquierda sobre el hombro de él.
– Shhh… –la silencio, posando suavemente el dedo índice de su mano derecha sobre los labios de ella.
La joven se estremeció al sentirlo, y se sonrojó aún más al notar que ahora los dedos de las manos que estaban atrapadas por las esposas... estaban entrelazados.
– Tal vez… –le susurró muy suave, dejando que su cálida respiración chocara con la piel de ella– tal vez... debamos aprender que... a veces… las palabras son traicionaras y no expresan lo que realmente sentimos…
– Link…
A esas alturas ella ya había cerrado sus ojos y el Hylian la atraía más hacia su cuerpo, abrazándola por la cintura con la única mano que tenía libre. Sus respiración se mezclaban en una y sus labios entreabiertos estaban deseosos de al fin culminar el esperado momento… sus bocas se rozaron sutilmente al tiempo que el palpitar de sus corazones se aceleraba aún más al igual que su pulso.
– ¡Es aquí! –Indicó el hombre.
Los jóvenes se separaron bruscamente al sentir la voz del sujeto irrumpiendo en medio de la oscuridad, al mismo tiempo que los pasos de él y alguien que lo acompañaba se acercaban.
– Vaya, hace años que no bajaba a este sitio… –comentó examinando el sitio con detenimiento– creo que tendremos que hacerle algunas remodelaciones…
Link y Zelda escucharon la conocida voz del Rey de Hyrule y se sintieron aún "más" avergonzados, esta vez sí que habían estado a PUNTO de besarse, si tan sólo hubieran pasado unos segundos más…
– Maldición… estuve tan cerca –pensó Link, suspirando resignado, aún sin poder bajar el ardor de sus mejillas.
– ¿Por qué mi padre tiene que venir justo AHORA? –Maldijo su mala suerte–. Hasta me estaba empezando a gustar lo lúgubre de este lugar…
Los dos hombres hicieron su aparición delante de la celda en la que los jóvenes se encontraban. El guardia llevaba una antorcha en su mano con la que pretendía iluminar la oscura prisión, para que de esa forma el Rey pudiera ver a los "impostores".
– Son estos, señor
El Rey examinó con MUCHO cuidado el aspecto de los dos jóvenes dentro de la celda.
– Mmmmm –se rasco la barbilla con una de sus manos– interesante… –Comentó después de un buen rato.
La chica estaba a punto de perder nuevamente la paciencia.
– ¿Qué sucede señor? –Lo interrogó el guardia.
– Mmmm… hay… hay algo familiar en estos chicos… –le respondió aún meditando.
Esa fue la gota que derramó el vaso…
– ¡ERES UN ESTUPIDO! ¡¿Cómo es posible que no reconozcas a tú propia HIJA?!
Link sólo sonrió nervioso.
– ¿Zelda?... pero ¿Qué haces encerrada aquí, querida? –Le preguntó de lo más calmado, sin ningún tipo de estrés, ni apuro.
– ¡ENCERRAMOS A LA PRINCESA! – pensó el hombre a quien casi le da un infarto.
El guardia al percatarse del malentendido desapareció cautelosamente de la escena del crimen.
– ¡Sólo sácanos y ya! –Le ordenó sintiendo como Link le daba palmaditas en la espalda para que se calmara.
– Claro linda –Sonrió con su usual despreocupación– sólo déjame encontrar la llave de esta celda –le dijo mientras sacaba un montón de llaves.
Ya habían pasado más de quince minutos en los que el Rey iba probando una a una la gran cantidad de llaves de todas las celdas que había en la mazmorra y aún no conseguía encontrar la que buscaba.
– ¿Podrías darte prisa? –La impaciencia la estaba consumiendo por dentro, era exasperante ver como su padre probaba lenta y calmadamente cada una de las dichosas llavecitas.
Luego de un buen rato, el Rey al fin consiguió dar con la llave de la celda y por fin Link y Zelda fueron libres.
Y mientras subían por las escaleras…
– ¿Me imagino que para esto también tienen una excelente explicación? –Los interrogó el Rey riéndose del mal aspecto de su hija y el joven.
– No estoy de humor para tus malos chistes, papá.
– Esta bien, luego hablaremos del asusto, primero que nada ustedes deben darse un BUEN baño ¡Apestan chicos! –Les comentó, tapándose la nariz para no respirar.
– ¿Un baño? –Repitió ella un tanto contrariada.
– Pues claro… no pretenderán pasearse por el castillo en esas fachas y con ese aroma.
– Pero… –Ella seguía sin aceptar la idea.
– Nada de peros jovencita –el Rey fingió ponerse serio– es una orden de tú padre…
– Eres mi padre sólo cuando te conviene –alegó ella sintiendo que se estaba aprovechando de su posición.
– Pues… –cerró sus ojos y se encogió de hombros– con una hija como tú no debería extrañarte –y soltó a reír divertido viendo la molestia en el rostro de su niña.
– Que gracioso "papi"
– Ya, será que mejor los deje solos, los espero en media hora en el comedor –finalizó volviendo a sonreírles amablemente.
El Rey desapareció ágilmente por los pasillos, sin darles oportunidad para protestas ni para "matarlo", dejando nuevamente solos a los dos sucios y cansados jóvenes.
– ¿Por qué no quieres tomar un baño Zel? –Le preguntó inocentemente el muchacho, quien miraba aún extrañado como la chica seguía maldiciendo por lo bajo a su padre.
– No juegues conmigo Link –lo fulminó con la mirada antes de continuar– sabes muy bien el POR QUE.
– En realidad… –volvió a mirarla extrañado– en realidad no tengo idea –y entonces le sonrió.
La joven suspiró cansada, en realidad no quería o mejor dicho le daba mucha vergüenza tener que explicarle a Link lo que significaba darse un baño, precisamente "hoy".
– Este… –se sonrojó notoriamente al tiempo que cerraba los ojos sin querer mirar al Hylian– ¿Me podrías explicar cómo vamos a bañarnos con ESTO? –Levanto su mano derecha para que Link pudiera ver las ya MUY conocidas esposas.
Y entonces por primera vez había caído en cuenta de algo que era "muy" obvio.
Ella tenía razón, el bañarse era un verdadero problema con ESAS cosas puestas, de partida no podían separarse, lo que significaba que tendrían que ducharse JUNTOS, pero ese era sólo un problema menor para el real lío en el que ahora estaban, digo ¿Cómo demonios se sacarían la ropa si sus brazos estaban unidos por una cadena? Era absolutamente imposible desvestirse, no sin romper las mangas de la ropa. Pero todo no terminaba ahí, aún había un tercer inconveniente, suponiendo que lograban bañarse luego… ¿Cómo diantres se vestirían?
– Definitivamente esta no es una buena semana –pensó él más rojo que un tomate.
Zelda estaba en la misma condición, las interrogantes que ahora asaltaban la mente del chico eran las mismas que ahora perturbaban la suya. ¡Estaba segura que su padre lo había hecho a propósito!, de ninguna manera creía que fuera TAN distraído como para no darse cuenta del gran problema que conllevaba consigo la palabra "baño".
El Rey había vuelto a su "oficina" para ordenar su muy importante "trabajo", de ninguna forma podía dejar todas las cartas tiradas sobre la mesa, si una se le perdía tendría que mandar a pedir otro mazo de cartas y eso significaba… muchos días sin entretención.
Y en eso estaba cuando de pronto…
– Miau
El maullido de una pequeña criatura hizo su aparición en la habitación.
– ¿Eh?
El Rey buscó con la mirada el causante de ese "peculiar" sonido, hasta que al fin diviso a la adorable criatura que se acercaba caminando lentamente hasta él, con la cola bien erguida al igual que su cabecita, había ingresado al cuarto por la puerta entreabierta.
– ¡Botita! –Exclamó el hombre extendiendo sus brazos para que la felina saltara hacia él.
Y tal como lo están sospechando, "Botita" era el nombre de la pequeña felina moteada que ahora estaba sobre los brazos de su "amo", si… así era… la gata que Link y Zelda habían estado siguiendo durante toda la tarde se trataba nada más y nada menos que la mascota de Rey de Hyrule.
Ironías de la vida ¿no?
– ¿Qué traes ahí pequeña? –Le preguntó quitándole el objeto que aún traía atrapado en su hocico– ¡La llave! –Sonrió alegre al descubrirlo–. Que linda eres, todo este tiempo has estado cuidando por mi esta llave.
– Miauuuu –asintió con la cabeza, refregándose en los brazos del hombre muy coquetamente.
– Buena chica –la felicito acariciando su cabecita– en recompensa te daré doble ración de atún en lo que queda de esta semana.
– ¡Miaaaaauuuuuuu!
Si, definitivamente esta era una gata con suerte.
– Mi hija y Link estarán muy felices cuando les de esta noticia.
Media hora después…
– ¿Qué tal chicos? –Los saludo el Rey con una alegre sonrisa– ¿Qué les paso? ¿Por qué vienen tan rojos y vestidos de esa manera?
La verdad es que la sorpresa del Rey no era para menos, los dos venían con los cabellos mojados y despeinados. Link se había puesto unos pantalones nada fuera de lo común y una camisa, aunque sólo una de las mangas, todo lo que sobraba de la prenda colgaba desde su espalda y Zelda traía una falda muy simple y una especie de corsé sin tirantes ni nada.
Esas prendas eran lo ÚNICO que habían conseguido para ir "medianamente" vestidos al encuentro con el Rey, ya que las MALDITAS esposas no les permitían separar sus manos para colocarse la ropa que solían usar.
Dos miradas asesinas se posaron sobre el hombre en ese preciso segundo.
– Lo bueno es que consiguieron quitarse la peste –les comento él sin siquiera inmutarse de las miradas de ellos– ¿Tienen hambre?
– No –fue la única respuesta que dieron los dos sonrojados muchachos.
– Si no quieren comer no los obligaré.
Alentados por las palabras del Rey los jóvenes ya empezaban a marcharse cuando…
– Pero… –los detuvo– antes que se marchen tengo una MUY buena noticia que darles –sonrió.
– ¡¿Otra noticia?! –Se preguntaron los dos sintiendo como un escalofrió recorría sus cuerpos.
– Déjenme informarles que… ¿chicos?
Link y Zelda habían desaparecido con una velocidad nunca antes vista, dejando al Rey con la palabra en la boca y con la llave literalmente en la "mano".
– Creo que tenían demasiado sueño –se dijo a si mismo concluyendo que esa era la razón por la que ambos habían escapado del comedor con tanta prisa– será… mañana tendré que darles la llave para que puedan soltar sus esposas.
¡PLONK!
Los pobres chicos estaban tan traumados con las "ocurrencias Reales" que definitivamente prefirieron salir huyendo antes de volver a involucrarse en más problemas, lo que ellos no sabían es que esta vez la noticia que el Rey tenía darles sólo era la entregada de la "dichosa" llave que habían estado como locos persiguiendo por toda la cuidad a lo largo de todo el día…
Pero como dicen por ahí, mañana sería otro día y con algo de esperanza y MUUCHA suerte tal vez las cosas mejorarían ¿Y quién sabe?… tal vez el sol si podría brillar después de esta "tormenta"… Lo que si estaba claro es que la noche aún no terminaba y para nuestros dos protagonistas de seguro se haría eterna…
Continuará…
AL FIN! ToT no puedo creer que por fin actualizara XD!, tenía un pequeñísimo problema con una escena que ni siquiera agregue en este capi, seguramente para el próximo la pondré n.n, la verdad es que de por si el capítulo ya estaba extremadamente gigante , TOT lo siento!, prometo que los siguientes no serán tan interminables como este -.-U (Yo el 2017, ¬¬ eso también lo estoy esperando XD! me tardé como mmm no se XP demasiado tiempo corrigiendo este capítulo XDD!)
Para el siguiente capítulo… Cuando un día ha sido tan intenso es imposible que la noche se quede atrás XD!, y obviamente en la mente de dos jóvenes adolescentes es imposible borrar recuerdos como aquellos… y por supuesto los misterios dan lugar a muchas preguntas como ¿De qué forma Link y Zelda consiguieron ducharse? ¿Qué harán durante toda la noche si aún no pueden separarse? ¿Descubrirán algún día que la "diabólica" gata que habían estado siguiendo era la mascota del Rey?¿Podrán finalmente deshacerse de las esposas?... descubran las respuestas a todas estas interrogantes y más en el siguiente capítulo de GUADAESPALDAS POR UNA SEMANA.
El quinto capítulo del fic: Día tres: Una noche para no olvidar.
Y por supuesto, no puedo marcharme sin antes agradecer a todos aquellos que se han tomado el tiempo de leer este fic, en verdad nOn muchas gracias, en especial a … AnAbLaCk0516, Fairy-Li, Dialirvi, Fox McCloude, Galia V, Nayru Tonks, mineko-chan, sweet fairy, yamiana, mike19, El angel de la oscuridad, la generala, Miko Rowan Farore Tonks, Guenhwyar, '-Final Fantasy-'Final Evil-', Danae A. Lise, alecacahuate, y miss zelda… muchas gracias por sus reviews n.n
Hasta la próxima! XD
P.D: Casi lo olvido, hay algo que me gustaría aclarar n.n, no estoy muy segura si ya lo había hecho antes, pero… como la mayoría de ustedes ya debe saber, el fic original constaba de siete capítulos, sin contar el prologo y el posible epilogo (de eso aún no me decido XD), aunque yo no contaba con el hecho de que las ideas que tenía apuntadas para cada día al ser redactadas dieran tantas hojas xOx, es por eso que hasta ahora todos los capis que he escrito los he tenido que dividir en dos, pero no puedo asegurarles que en todos suceda lo mismo .
