N.A. 2017: Al parecer nunca logré hacer un capítulo más corto XD, por lo que este viendo este también tiene casi 14.000 palabras x-x, pero seguro que borrándole las caritas llego a las 14.000 XP, aunque creo que este no tiene tantas como los primeros XP!
Advertencia: Creo que puse la advertencia en medio del fic, pero este capítulo contiene algo de lime, así que los que quieran saltarse la "noche", que fue agregada como flash back XD son bienvenidos a hacerlo.
GUARDAESPALDAS POR UNA SEMANA
En el capítulo anterior…
– … Antes que se marchen tengo una MUY buena noticia que darles.
– ¿Otra noticia? –Se preguntaron ambos al mismo tiempo que sentían como un escalofrió recorría la espina dorsal de sus agotados cuerpos.
– Déjenme informarles que… –hizo una breve pausa para dirigir su mirada hacia los jóvenes– ¿chicos?
Link y Zelda habían realizado su magistral acto de desaparición justo momentos después de que sus mentes procesaran lo que podía significar palabra "noticia", en especial si esta estaba acompañada por "MUY buena" en la misma oración. Dejando al Rey con la palabra en la boca y literalmente con la llave en la "mano".
– Creo que tenían demasiado sueño –se dijo a si mismo sonriendo despreocupadamente– será… mañana tendré que darles la llave para que puedan soltar sus esposas.
¡PLONK!
Era obvio que Link y Zelda no estaban "preparados" para otra "buena noticia" y menos si esta provenía de la boca del soberano de Hyrule. Los pobres chicos estaban tan traumados con las "ocurrencias Reales" que definitivamente prefirieron salir huyendo antes de volver a involucrarse en más problemas, si es que al salir corriendo no estaban ya metiendo en un gran lió. Aunque lo que ellos no sabían, es que esta vez la noticia que el Rey tenía darles sólo era la entregada de la "dichosa" llave que habían estado como locos persiguiendo por toda la cuidad a lo largo de todo el día… un día que ya se había esfumado…
.-.-.-.Día tres: Una noche para no olvidar.-.-.-.
Fue despertado por el alegre e incansable canto de las aves. Con gran pereza abrió sus ojos y estirando sus brazos bostezo largamente, dando inició a lo que consideraba una nueva y prometedora mañana de primavera. Sintió como los cálidos y reconfortantes rayos del sol matutino se colaban por el pequeño espacio que quedaba entre las cortinas del balcón, que aún se mantenían cerradas.
– Qué bien dormí –se dijo muy sonriente.
Al parecer, el soberano de Hyrule, había disfrutado de una reconfortante noche de sueño reparador. Luego de lo que él considero una cena algo "rara". Su hija y Link habían estado actuando más extraños que de costumbre.
– Los pobres debieron estar muy agotados… –pensó dirigiendo inconscientemente su vista hacia el pequeño y refinado mueble que se encontraba junto a su gran cama.
Y sobre la madera, reposando sin ninguna preocupación, estaba la diminuta llave, origen de un sin numero de problemas, que sin duda alguna el Rey aún desconocía y seguramente seguiría haciéndolo.
– Será mejor que me aliste para bajar…
No estaba segura donde se encontraba, pero se sentía bien, extrañamente reconfortada. Sin abrir sus ojos roto su cuerpo, buscando a tientas la almohada que debía estar junto a ella, pero en vez de la superficie suave y esponjosa del cojín, la palma de su mano izquierda se posó sobre algo mucho más firme y cálido, MUY cálido… que además se ¡¿Movía?!, si… no estaba loca, era un sutil movimiento que subía y bajaba de manera rítmica, y que a medida que el tiempo pasaba se aceleraba notablemente, era como... como el movimiento que realizaba el tórax al respirar…
– ¿Pero… qué…? –Aún dominada por la curiosidad y la duda, abrió sus ojos y lo primero que vio comprobó con creces todas sus sospechas– Link… –abrió sus ojos de par en par sin poder creer que él estaba justo allí– espera… –se sonrojó notoriamente– ¡¿Estoy tocando "descaradamente" el torso desnudo de Link?! –Un minuto de silencio siguieron a los pensamientos que se agolpaban con rapidez en su mente, al mismo tiempo que la sangre se le subía a la cabeza.
Link estaba más rojo que un tomate y para colmó la miraba "fijamente", de echo el pobre no había pegado un ojo en TODA la noche. Pero al percatarse de que la joven noto su "disimulada" mirada, inmediatamente la desvió, enfocando su vista en la MUY interesante y siempre didáctica… pintura del techo.
Zelda, con el pesar de su alma, apartó su mano del pecho del chico y se incorporó aún en silencio, hasta ese momento aún no había despertado del todo, pero cuando al fin se percato del pequeño hecho de que ella "semidesnuda" y él "en semejantes condiciones", se encontraban en la misma… ejem… cama…
– ¡AHHHHHH! –Exclamó ahora hasta con las orejas rojas.
Link del susto se fue de lado, yendo a parar directo al piso… exactamente… no podía faltar su pequeño saludo matutino con su ya "querido amigo" el suelo, pero esta vez no se había ido solo, las esposas hicieron muy bien su trabajo y con un sólo jalón Zelda también se fue junto a él y terminó con la mitad del cuerpo fuera de la cama.
Ahora sus rostros se encontraban a escasos centímetros de distancia, en una posición no muy cómoda y en un momento no muy indicado. Los segundos que se mantuvieron así, les parecieron horas y era entonces cuando se preguntaban ¡¿Por qué demonios dicen que el tiempo se pasaba volando?!
– Ejem… –se aclaró la garganta tratando de comunicarle a la muchacha que si ella no se movía él no podría hacerlo.
La chica entendió la "indirecta" y más avergonzada que antes, se incorporó sentándose sobre la orilla de la cama. Link la imitó, tan o más rojo que ella y se sentó a su lado, no muy lejos ni tampoco muy cerca.
El silenció volvió a reinar.
– Por las Diosas… ¡¿Qué fue lo que pasó anoche?! –Se interrogó mentalmente, haciendo un GRAN esfuerzo por extraer de su memoria algún recuerdo que le ayudara a responder esa pregunta.
Se sentía inquieta y notablemente preocupada, ni ella ni Link estaban "bien vestidos", pero esto no era lo más alarmante, en realidad lo que verdaderamente le preocupaba era el hecho de que hubieran "dormido" juntos, suponiendo que sólo hubieran dormido. Este pensamiento hizo que el corazón se le acelerara y su respiración algo más agitada, fue el claro resultado de ello. Disimuladamente dirigió su vista hacia el chico, que tenia la mirada pedida en alguna otra parte… al instante pudo notar la cara que tenía el pobre, definitivamente Link no había dormido durante la noche, pero… si no lo había hecho entonces ¿Qué había estado haciendo? O mejor dicho ¡¿Qué habían estado haciendo?! Y… ¡¿Por qué demonios ella no lograba recordar nada?!
– Tal vez la experiencia fue muy traumática y por eso mi mente bloqueo esos recuerdos… –pensó moviendo suavemente su cabeza en forma afirmativa, era casi como si ya se hubiera convencido de que "algo" había pasado entre ella y Link– ¡¿Qué estupideces estas pensando?! –Nuevamente el fuerte ardor en sus mejillas le estaba molestando, pero se regaño inmediatamente después, negando con la cabeza rápidamente, apartando esas "locas" ideas.
– Zelda me da miedo... –pensó al notar la "extraña" actitud de la joven.
Fue en ese momento cuando la Princesa, ya decidida, giró su rostro y enfrentó la mirada del joven. No había forma de que ella pudiera recodar lo que había pasado, por lo que decidió armarse de valor e ir directamente al grano y averiguarlo de la única persona que ciertamente, SI debía saber lo que había pasado.
– Link… anoche… –hizo una pausa, incapaz de poder encontrar las palabras adecuadas para continuar.
– ¿Te sientes bien? –La interrogó él ingenuamente. Ajeno a todos los pensamientos que se le estaban pasando por la mente a la joven Princesa.
Su vista bajo de los ojos de ella hacía los hombros y de sus hombros hacía más abajo, su mente se nublo por los innumerables recuerdos y el calor que había estado tratando de bajarse toda la noche, volvió a apoderarse de él.
– Anoche… –reiteró ella retomando lo que había comenzado, estaba roja... en verdad estaba muy roja–. ¿Entre tú y yo… bueno... tú sabes? –Desvió su mirada ULTRA avergonzada, por lo incómodo de la conversación. Espero nerviosa a que él le respondiera, pero su respuesta nunca llego– ¿Link? –Lo llamó dirigiendo nuevamente su confundida mirada hacia él.
Link estaba como petrificado, muy rojo y ni siquiera parpadeaba.
La chica paso agitando su mano izquierda frente al sonrojado rostro del joven, que tenía la mirada completamente perdida. Pero el muchacho no parecía reaccionar, su mente aún estaba divagando en los recuerdos de una noche que aún trataba de archivar en su memoria como un "sueño". Así era y así debía ser, sólo un sueño… una loca fantasía producto de sus agitadas hormonas y su traviesa mente juvenil en plena etapa de desarrollo.
– ¿Link? –Lo llamó ya por quinta vez.
Agitando levemente su cabeza, se despabilo, volviendo a la realidad. Luego, enfocó su vista en ella, pero se vio obligado a desviarla rápidamente, le era imposible mirarla a la cara sin imaginarse "cosas". Pero… ¿Qué podría haber sucedido durante una "tranquila" noche de primavera entre dos jóvenes que se encontraban esposados y por ende obligados a dormir juntos?... pues… nada… absolutamente NADA y era "eso" lo que precisamente lo tenía así. Aún no asumía el hecho de como demonios había podido soportar durante toda la noche el impulso de abalanzarse contra la joven y simplemente comérsela a besos.
– ¡¿Qué dientres te pasa, Link?! ¡¿Por qué no te atreves a mirarme?! –Se estaba impacientando, en verdad la rara actitud del muchacho la tenía con los nervios de punta.
– ¡Si ella lo supiera me MATA! –Pensó haciendo trabajar al máximo sus neuronas para inventar a tiempo una excusa que sonara realmente convincente, pero tenía tanto calor... en verdad hacía mucho calor, tanto que no le podía pensar con claridad.
– ¿Y bien? –Lo volvió a interrogar en espera de una respuesta.
– Etto… yo –miró al techo, luego al suelo... y luego... luego sonrió nervioso– es una linda mañana ¿no?
– ¿Eh? –Parpadeó un par de veces sin asimilar lo que él le había dicho– ¿Y eso qué tiene que ver con lo que yo le pregunte? ¡OHH por las Diosas! Tal vez... –Cuando ese fugaz pensamiento asalto su mente, no pudo evitar sonrojarse aún más, si es que eso era posible.
La extraña actitud de Link y su creciente nerviosismo lo delataban, ÉL le estaba ocultando algo… pero… ¿Qué?... acaso… ¡¿Seria cierto que entre ella y Link había pasado algo más que lo debido?!... debía reconocerlo… la incertidumbre la estaba matando.
Ciertamente los nulos recuerdos de Zelda y la tensa actitud de Link tenían una respuesta, pero esta sólo podía encontrarse en un instante ya pasado, en un momento que ambos habían dejado atrás, aunque indudablemente a nosotros no nos importaría viajar un poco en el tiempo y retroceder hasta el preciso instante donde todo había comenzado…
.-.-. BACK.-.-.-.
(Advertencia: Este recuerdo contiene lime! están advertidos!)
Era tarde, ambos lo sabían, pero aún así permanecían inmóviles sentados sobre el suelo sin hacer ni decir nada, apoyando sus espaldas sobre la cama. Se sentían avergonzados y tensos, no sólo por el incómodo momento que habían tenido que enfrentar al bañarse "juntos", sino que además ahora tenían que aceptar la idea que era de noche, estaban cansados, había una sola cama y estaban completamente solos en la habitación…
No había nada de que preocuparse… después de todo… ¿Qué podían hacer dos jóvenes y enamorados adolescentes, encerrados en un oscuro cuarto?
Les doy permiso para que dejen volar su imaginación...
Ejem... continuando...
Link estaba muy concentrado meditando que ESTE era el momento perfecto para poder de una vez por todas confesarle a ella sus sentimientos. Esta vez no había nadie que pudiera interrumpirlos, pero por otro lado también debía considerar el hecho de que aún estaban unidos por las esposas y fuera cual fuera la respuesta de la joven, por lo menos por esta noche no podrían separase, lo que significaba que si decidía declararse y sus sentimientos no eran correspondidos…
– No pienses en eso Link… hazlo de una vez… esta es tú oportunidad…
Con disimulo, observó a la muchacha que se encontraba junto a él, pero no pudo observar su rostro, las largas hebras de cabello dorado lo ocultaban, cayendo sobre sus hombros y bajando con una gracia encantadora a través de su espalda… y... de sus pechos...
– ¡¿Qué demonios estas pensando?! –Se regañó mentalmente desviando su mirada notablemente avergonzado– si no se lo digo me volveré loco, tengo que hacerlo…
La decisión ya estaba tomada, pero aún así los minutos siguieron avanzado de manera implacable y él no había dicho palabra alguna. Con la yema de los dedos de su mano derecha comenzó a golpear suavemente el suelo, de manera nerviosa. Hasta el momento había estado tratando de mantener la calma, pero a medida que el tiempo pasaba sentía que la tensión que se acumulaba en su cuerpo, aumentaba de forma exponencial.
– ¡Hazlo, ahora! –Se ordenó empuñando sus manos– Zelda yo… –comenzó titubeando– hay algo que debí decirte hace mucho… –continuo, haciendo una breve pausa para tomar aire y darse algo de valor.
La joven guardó un silencio absoluto, de hecho, ni siquiera se movió. Link no supo si interpretar esa actitud como que ella no tenía el menor interés en lo que él estaba hablando o tal vez estaba tan nerviosa que no era capaz de enfrentar su mirada. Pero fuera cual fuera la razón, tenía que continuar con lo que había comenzado.
– Sé que tal vez para ti esto sea algo repentino –desvió su mirada al techo, sintiendo el rubor colmar sus mejillas– pero yo…
No fue capaz de continuar, de pronto sitió como la cabeza de ella se posaba suavemente sobre su hombro. Su corazón se aceleró notablemente y su respiración se volvió entrecortada. Sin darse cuenta cerró sus ojos y aspiró profundamente el dulce aroma que emanaba de sus cabellos, era el mismo embriagante perfume con el que siempre soñaba y que durante estos últimos días había tenido más de una oportunidad de disfrutarlo.
– Tú… tú me gustas mucho… –terminó de decirle para luego dirigir su avergonzada mirada hacia ella, ¡Lo había hecho! ¡Lo había logrado!– ¿Zelda?
Pero nunca obtuvo respuesta...
Hace ya un buen rato que la Princesa había terminado siendo vencida por el cansancio y ahora estaba completamente perdida en el misterioso mundo de los sueños.
Al notarlo Link suspiró resignado y derrotado.
Debía haberlo sospechado, hasta ese momento las cosas habían estado andando demasiado bien. Volvió a suspirar maldiciendo su mala suerte… ¡¿Por qué diantres ella tenía que quedarse dormida justo en ESE momento?!, pero toda su rabia desapareció casi instantáneamente al ver el apacible rostro de la muchacha tan cerca suyo. Su respiración pausada y armónica, esos rebeldes mechones de cabellos que caían de manera traviesa sobre su rostro y esos tentadores labios, que ahora se encontraban entreabiertos y parecían llamarlo.
– Que linda es… –susurró completamente embobado por el durmiente rostro de la joven.
Zelda se estremeció al sentir el cálido aliento del chico tan cerca, él atraído por una fuerza casi magnética se encontraba ahora a escasos centímetros de besarla, pero antes de que eso ocurriera alcanzó a reaccionar y alejó su rostro, algo sobresaltado, ella no pareció notarlo, pero si se acurrucó junto a él, aforrándose a su brazo izquierdo. Link decidió que debía recostarla sobre la cama, dormir sentado en el suelo no era lo más cómodo del mundo, aunque debía reconocer que a la joven eso parecía no molestarle en lo absoluto.
Con cuidado la atrajo hacia su cuerpo y como pudo la sujeto, claro que las molestas esposas interferían en su trabajo. Todo iba bien hasta que la recostó en la cama, o mejor dijo, hasta que se cayó sobre la cama con Princesa y todo. La chica había quedado atrapada bajo su cuerpo y el colchón. Él, casual y torpemente, había tropezado momentos antes, ocasionando una incómoda situación.
El tenía el rostro sonrojado pegado al colchón, entre el rostro y uno de los hombros de la joven y TODO su cuerpo estaba reposando sobre el de ella, lo que le daba una excelente percepción de las perfectas curvas de su femenino cuerpo. Con obvias razones, la sangre se le subió a la cabeza, en especial después de que "intentara" separase, para lo que el creyó que sería su tangible muerte.
– De seguro ya se despertó y sólo esta pensando la forma de castigarme por mi atrevimiento.
Y era lógico pensar de esa manera, nadie en su sano juicio creería que él había estado sólo tratando de "recostar" a la muchacha, menos en la posición en la que ahora se encontraba. Para levantarse, se vio obligado a abrir sus piernas, apoyando sus rodillas sobre el colchón, dejando de esta manera las piernas de ella entre las suyas. Sólo tenía libre una de sus manos para usarla de apoyó y no dudo en hacerlo. Hasta ese momento había mantenido sus ojos fuertemente cerrados, ya se estaba imaginando el furibundo rostro de la Princesa aguantándose las ganas de gritarle "¡Pervertido!"
– ¡Lo siento! –Se disculpó esperando la fuerte bofetada que seguramente la chica le propinaría, pero para su sorpresa esta nunca llego– ¿Pero qué…?
Al abrir los ojos lo descubrió… ella aún se encontraba PROFUNDAMENTE dormida, lo que significaba que aún no era hombre muerto. Aliviado y más calmado decidió que debía separarse cuanto antes de la joven, aún la posición en la que se encontraba era comprometedora y no quería arriesgarse a ser repentinamente descubierto por ella. Además esa no era la única razón que lo impulsaba a cambiar de posición… él DEBÍA hacerlo si o si, por el bien de su salud mental y para intentar bajarse la… cof cof… calentura… ¡HEY! Él no estaba hecho de piedra y claramente acercamientos como este despertaban en su cuerpo algo más que un simple bochorno.
– ¡¿Qué estupideces se te pasan por la mente?!
Definitivamente este no era el momento para ponerse a analizar los cambios que se producían en su organismo al estar tan cerca de ella, ahora lo importante era separarse de una buena vez, ósea AHORA. Y de verdad que tuvo TODA la intención del mundo de llevar a cabo su "importante" misión, pero antes de que lograra hacer el primer movimiento la chica estiró su brazo izquierdo, enredándolo en su cuello y de un simple jalón de parte de la Princesa, él perdió el escaso equilibrio que tenía y cayó de cara entre el busto de ella.
¡¿Cómo demonios podía estar pasándole ESTO?! ¿Qué acaso a las Diosas no les bastaba con torturarlo frustrando su "intento" de confesión?... Zelda era una de las muchachas MÁS atractivas de todo el reino y ahora estaba atrapado en el mismo cuarto que ella y en ningún lugar más cómodo que… cof cof… mejor dejémoslo así.
– ¿Por qué a mí? –Trato de calmarse un poco y se dedicó a escuchar el armónico palpitar del corazón de ella, desde esa distancia podía escucharlo a la perfección, y considerando su situación actual pensó que por ahora era mejor concentrarse en ello.
El pobre de Link aún no podía entender que demonios había hecho mal para que lo castigaran de ESTA manera. Era cruel… MUY cruel… Ciertamente se estaba haciendo realidad uno de sus sueños eróticos más deseados y para colmo ¡No podía disfrutarlo!. Fuera como fuera tenía que buscar la forma de separarse de ella y tenía que ser rápido, porque toda la sangre que antes se le había estado agolpando en sus mejillas ahora estaba comenzando a circular hacía otra parte de su anatomía.
– Muy bien Link, esto no puede ser tan difícil… sólo… no respires y quítate de una vez el brazo de ella de tú cuello, es así de simple…
Si… claro, pensarlo era fácil, pero hacerlo era otra cosa. Debía tratar de apartar el brazo de ella lo más suavemente posible para no despertarla, cualquier movimiento brusco o mal calculado podía significar su fin, literalmente.
– Concéntrate…
Se movió delicadamente, pero los roces entre sus cuerpos le robaron más de un suspiro a los labios de ella, hecho que sin duda empeoró la situación. Ahora estaba más tenso y excitado que nunca, pero sabía que debía completar su objetivo como diera a lugar. Con sumo cuidado sujeto el delicado brazo de ella con su mano derecha e intentó separarlo de él. Pero para su desgracia, la joven no parecía tener intenciones de cooperar y moviéndose en sueños cambio de postura, rotando su cuerpo hacia la derecha. Para fortuna de Link y a pesar de que no consiguió liberarse del agarre de la chica, el cambio de posición, lo ayudo a tomar algo de distancia, aunque a cambio de esto sus rostros habían quedado frente a frente.
– Esta noche será MUY larga… –pensó conteniendo la respiración.
Ya había pasado por lo menos una hora si es que no era más, pero al fin había conseguido liberarse del abrazo de la muchacha, aunque fuera con el dolor de su alma. Por lo menos ahora podía tratar de imitarla y de una vez por todas dormirse. Respiró profundamente e intentó sacar de su mente todos los momentos que ahora se agolpaban uno tras otro y no lo dejaban conciliar el añorado sueño. Además debía admitir que el fresco de la noche era mucho más percibido sin… ejem… la parte de debajo de su ropa… ¡No piensen mal!, aún no había pasado nada… esperen... dije ¿aún?
– No puedo dejar que Zelda pesque un resfriado… –se dijo a su mismo observando el cuerpo de la muchacha, o más exactamente, admirado la blanca y tersa piel de la Princesa– ya deja de mirar más de lo debido –se regañó por milésima vez en el día, digo... la noche.
Sin pensarlo demasiado, la cubrió con las mantas, tapando su cuerpo, en especial sus piernas que habían quedado completamente descubiertas luego del último "incidente"...
En uno de los muchos intentos que realizó para zafarse de ella, el broche de su pantalón quedo "enganchado" con alguna parte de la falda que la Princesa usaba, y sin la intención de hurgar mucho en el enredo que había armado optó por la opción más rápida y menos complicada, sacarse los pantalones. Claro que luego de llevar a cabo su cometido aún se le presentaba un "pequeño" inconveniente, su pantalón seguía "enganchado" a la prenda de la joven, debía separarlos, pero… la poción en la que se encontraba ¡No le permitía ver el broche! a sí que resignado, pensó que lo mejor sería sacarle la falda a la chica soltar su pantalón y volver a vestirla, tan simple como eso, y todo hubiera resultado según el plan, si luego de desvestirla y separar las ropas hubiera podido colocar la falda en donde se suponía que debía estar…
– No sé si alegrarme del hecho de que ella aún se encuentre dormida… –pensó recordando como la joven lo había vuelto a atrapar entre sus brazos justo cuando él intentaba regresar la falda a su lugar.
Suspiró cansado y aún sintiendo un sofocante calor recorrer su cuerpo, estaba seguro que su problema se solucionaría con una buena ducha de agua fría, o mejor… CONGELADA. Pero también tenía muy claro el increíblemente eficaz trabajo que realizaban las esposas que lo unían a la Princesa. Volvió a suspirar más que resignado… no había nada que él pudiera hacer.
– ¡Ya déjate de estupideces y duérmete de una vez por todas! –Se ordenó obligándose a cerrar los ojos.
Al fin todo parecía tranquilo, el problema era que sólo "parecía" y de la creencia a la realidad había un largo trecho…
– Vas bien Link… vas muy bien… –se animo tratando de auto-convencerse.
15 minutos después…
– ¡Lo estás haciendo pésimo! ¡Sácate a la Princesa de la cabeza AHORA!
Estaba claro que la tarea sería mucho más fácil si no estuviera tratando de conciliar el sueño en la misma cama que la chica, con ella a menos de tres centímetros de él. De hecho de cuando en cuando sus pieles se rozaban y bastaba sólo un sutil contacto con ella para que toda su concentración en dormir fuera a parar directo a la basura.
– Muy bien Link, cambio de planes…
El muchacho había decidido intentar algo "diferente", en vez de tratar de poner su mente en blanco ahora trataría de llenarla con otro pensamiento, no importaba cual fuera…
– Contaré vaquitas Toaru… una vaquita… dos vaquitas… tres vaquitas… –abrió sus ojos y comenzó a imaginarse a las robustas y azules criaturas saltando una pequeña valla en medio de un campo soleado– veinte vaquitas… veintiuna vaquitas… –por lo menos hasta la vaca 21 todo iba bien.
Media hora más tarde…
– Un millón doscientos treinta mil novecientos noventa y nueve vacas Toaru… ¡Ya me harté! ¡Esto no esta dando resultado! –Pensó sintiéndose más despierto que nunca– Malditas vacas del orto... ¡No ayudan en nada! –Continuó maldiciendo a las pobres vacas que nada tenían la culpa de que ÉL no pudiera conciliar el sueño.
Estaba MUY entretenido calumniando a los inocentes bovinos que no se percató del momento en que la joven giró ciento ochenta grados y quedo demasiado apegada a su cuerpo.
– ¿Ze… Zelda? –La llamó suavemente con la esperanza de que esta vez la chica se encontrara conciente.
Como única respuesta, la joven, suspiró acurrucándose más junto a él, buscando su calor… y seguramente no sería difícil que lo encontrara, la temperatura del cuerpo del muchacho comenzó a elevarse rápidamente. Nuevamente se estaba sofocando.
– Puedes controlarte Link, yo se que puedes…
Tomó una gran bocana de aire e intentó "calmarse", pensar de manera fría y calculadora. Pero la intención no le duro mucho, sus sentidos estaban más despiertos que nunca y le fue imposible pasar por alto la suave caricia ocasionada por el aire que la joven exhalaba haciendo contacto con la piel desnuda de su cuello.
Suspiró de manera anhelante, haciendo todo lo que estaba a su alcance para retener el impulso de sus manos. Deseaba estrecharla, recorrer su suave piel, contornear su dulce figura…
– ¡Te prohíbo pensar en eso Link! –Se ordenó de manera cortante a él mismo– tengo que encontrar la forma de dormirme…
Link estaba haciendo todo lo humanamente posible para dormir, pero definitivamente las circunstancias no se lo permitían, o mejor dicho… cierta Princesita llamada Zelda no se lo permitía.
Trago saliva intentando concentrar su mente en… en cualquier cosa que no fuera la joven que ahora tenía pegada a su cuerpo.
– ¡Maldición! ¿Por qué no me suelta?
Estaba muy claro que la muchacha no pensaba soltarlo y lo peor es que a medida que el tiempo avanzaba sus acciones eran más y más atrevidas…
– Respira profundo… pon tu mente en blanco…en blanco… en… Zelda… –suspiró casi al borde del colapso nervioso.
La joven, profundamente dormida, recorría con la mano que tenía libre el torso "desnudo" del muchacho, y bajaba… bajaba lenta… muy lentamente, al mismo tiempo que posaba una de sus piernas entre las de él.
– Link… –escuchó que lo llamaba desde sus sueños, con una voz suplicante, un susurro verdaderamente excitante.
Para ese entonces la respiración del "tutor de la Princesa" era completamente jadeante, sus manos estaban empuñadas con gran fuerza, la misma con la que mantenía sus ojos cerrados.
– Necesito…necesito… aire… –hablo de manera entrecortada, inclinando su cabeza hacia atrás, dándole paso a la chica para que pusiera recorrer con más confianza su cuello.
Aspiró de manera afanosa y prolongada, luego dejo escapar el aire quien fue acompañado por un gemido que denotaba deseo y un creciente anhelo producto de la lujuria.
Fuera lo que fuera lo que la Princesa estaba soñando, estaba claro que no era NADA inocente…
– Link… –lo volvió a llamar entreabriendo sus labios, besando suavemente la piel del joven haciendo que este se estremeciera.
Y además ÉL estaba siendo participe de ESE sueño.
– Por favor… detente… –le suplicó entre suspiros.
La mano de ella se había detenido a escasos centímetros de la ropa interior de él y era sólo cuestión de tiempo para que continuara con su exploración y se encontrara con… bueno con ESA sensible parte en la anatomía de todo hombre.
– Zelda… –suspiró justo antes de morder con fuerza su labio inferior– para… –le volvió a rogar al sentir como ahora la suave lengua de ella saboreaba su piel, que se estremecía a cada contacto– por favor… –esta vez gimió, la mano de ella había vuelto a movilizarse y ahora acariciaba algo que "no debería".
Los ondulantes movimientos de la mano de la muchacha recorriendo su entrepierna, sumados a la exquisita caricia que la lengua de ella le otorgaba a la piel desnuda de su torso, lo estaban volviendo loco. Sus mejillas notoriamente sonrojadas, sus manos fuertemente aferradas a las sabanas y los incontenibles gemidos que se escapaban de sus labios delataban su creciente excitación. Esto era mucho más de lo que podía soportar… pero aún así controló el impulso de hacerla suya…
No importaba lo que sucediera… de ninguna forma se aprovecharía de la Princesa, debía ser fuerte… debía resistir…
¡Debía confesarle a la muchacha lo que sentía!
Ya no podía seguir ocultando un sentimiento tan fuerte como el que despertaba en su interior cuando estaba junto a ella, simplemente… ya no podría.
Volvió a gemir sonoramente, sin dejar de jadear… hacía… demasiado calor…
Después de lo que a él le pareció una eternidad la muchacha se detuvo, pero de ninguna forma se separo. Y la verdad es que Link tampoco deseaba que lo hiciera, disfrutaba enormemente del contacto entre sus cuerpos. De manera casi inconciente pasó su mano derecha por la espalda de la muchacha, ciñendo su brazo en la estrecha cintura de ella.
– Definitivamente hoy no podré dormir… –pensó suspirando resignado, admirando el apacible y durmiente rostro de la Princesa ya más calmada.
.-.-.-. FIN FLASH BACK .-.-.-.
– ¡Habla de una vez! –Le exigió ella.
El joven guardo un minuto de silencio y luego…
– ¡ANOCHE NO SUCEDIÓ ABSOLUTAMENTE NADA! –Exclamó agitando rápidamente su cabeza en signo de negación– nada… –volvió a decir esta vez susurrando, aunque su rostro reflejaba claramente la contrariedad, incluso parecía algo… desilusionado.
Sabía que lo que acaba de decirle era una mentira, entre ellos si había pasado algo, pero ella no tenía porque saberlo, seguramente no recordaba nada, ya que todo había ocurrido mientras ella se encontraba profundamente dormida.
– Está mintiendo… lo sé… –Pensó sin convencerse.
Hasta ese momento no lo había meditado, pero cabía la posibilidad que mientras ella dormía hubieran sucedido "cosas". No, de ninguna manera, algo como "eso" no podía ser posible… ¿O si?... la verdad es que debía reconocer que se sentía extrañamente bien, fuera lo que fuera lo que hubiera soñado durante la noche, ahora la hacía sentirse más libre… ¿Y quién le aseguraba que ella no hablaba dormida y qué sin darse cuenta le había profesado todos sus sentimiento al joven en un estado de inconsciencia?
¡Maldición! Eso… eso de ninguna manera era bueno.
– Será mejor dejar las cosas como están…
Luego de "vestirse", en realidad Link se había resignado y había pensado que, por lo menos por ahora, no valía la pena intentar colocarse algo para cubrir la parte superior de su cuerpo, a si que sólo bajo vestido de la cintura hacia abajo. Hecho que obviamente distraía no sólo a la Princesa que caminaba junto a él, quien no podía evitar dirigir una "disimulada" mirada hacía el apuesto joven, sino que además llamaba la atención de toda jovencita que se les cruzara por el camino. A más de una se le cayó lo que fuera que llevara en sus manos o se veían obligadas a voltear para ver si lo que habían observado era real o sólo parte de su imaginación.
Sin muchos ánimos de hacer otra cosa decidieron que lo más conveniente sería bajar a desayunar, comer algo y luego planear una nueva estrategia para liberarse de las esposas. Y en eso estaban ocupadas sus mentes cuando…
– ¡Buenos días muchachos! –Los saludo de manera tan enérgica como siempre el soberano de Hyrule.
– No sé que le vez de buenos –murmuró la Princesa de mal genio al ver a su "querido" progenitor saludándolos como si no sucediera NADA.
Era el colmo, por culpa de su padre habían tenido que pasar muchos VERGONZOSOS momentos y a él, ni cargo de conciencia le daba. Estaba segura que ni siquiera por un segundo se había puesto a meditar los muchos problemas que había ocasionado su GRAN idea.
Link por su parte, venía caminando como zombi, sus piernas se movían casi por inercia.
Indudablemente si en esos instantes su muñeca no hubiera estado unida a la de la chica ya se habría estrellado más de una vez contra alguna pared o bien contra una puerta.
– ¡Ey Link! –Lo salido sonriéndole con la mirada–. Traes una cara terrible –comentó el Rey riendo divertido.
– Mgrtmmnb… –murmuró el muchacho tratando de articular alguna palabra, que por su puesto ni el mismo consiguió entender.
El pobre chico zombi se sentó a la mesa junto a la Princesa, más específicamente, en la silla que estaba a la derecha de la que la joven había utilizado. Luego hizo todo lo posible por mantener su ojos abiertos, pero definitivamente ESO era un trabajo muy difícil para él, después de todo, toda la noche había pasado en vela, por razones obvias, y ahora era cuando eso le estaba pasando la cuenta…
¡Estaba muerto de sueño!
El desayuno comenzó "casi" sin contratiempos. El Rey comía sin ningún problema, degustando con gran gozó todo lo que tenía delante de él. Zelda trataba de manipular de la mejor manera posible los cubiertos con su mano izquierda, aunque sinceramente su intento era… deplorable y la chica estaba comenzando a perder la paciencia. Y Link, bueno… se podría decir que Link aún se mantenía en posición recta, cabeceando de cuando en cuando.
– ¡AHHH! ¡Estoy harta! No puedo desayunar así –exclamó soltando los cubiertos.
Y en el mismo instante en que la pequeña cuchara fue a dar contra la mesa, Link la acompaño, cayendo de cara al plato de tenía delante de él y que como era de esperarse, hasta ese momento no había tocado.
– ¡Link! –La chica se levantó de golpe con la intención de auxiliar al muchacho.
Pero en realidad no fue necesario, al darse de cara con el plato de… de lo que fuera que los cocineros del castillo hubieran preparado, se despertó inmediatamente.
– ¿Qué demonios es esto? –Se preguntó quitando parte del puré que tenía esparcido ahora por toda la cara– es… –llevo uno de sus dedos llenos de la "misteriosa" pasta hasta su boca y la probo– Mmmm... rico –conjeturó al fin sonriendo.
– No sé porque me preocupo –comentó ella volviendo a sentarse en su lugar– eres un tonto... –le dijo, pero esta vez de manera divertida, la verdad es que ver la cara de Link llena de pasta le parecía muy gracioso.
Tomó una servilleta y comenzó a limpiar el rostro del joven Hylian, sin siquiera preguntarle nada.
– ¡¿Qué hace?! –Se sentía notablemente avergonzado, la repentina acción de parte de ella había sido completamente inesperada para él y por ende el rubor volvió a cubrir sus mejillas.
Zelda parecía muy concentrada, por lo que en un primer momento no se había percatado del bochorno del muchacho, ni mucho menos de la mirada que el Rey les estaba dedicando.
– Sabían que hacen una linda pareja –les comentó sonriendo muy alegre– se ven como dos tortolitos.
Link se sonrojo mucho más de lo que ya estaba, si es que eso podía ser posible y Zelda lo acompañó, deteniéndose de golpe al darse cuenta de sus acciones.
Su reacción había sido casi refleja, no sabía que la había impulsado a ayudar al joven, pero ciertamente ahora se veía como una preocupada y cariñosa "novia" auxiliando a su "pareja".
– Lo siento… –murmuro aún más apenada al tiempo que desviaba su mirada.
– No tienes porque disculparte… –con su cara roja clavó sus ojos en el techo– en verdad agradezco tú ayuda –agregó sonriéndole con ternura.
El Rey sólo sonreía divertido ante la escena que protagonizaban los dos avergonzados muchachos, incluso se estaba imaginando lo agradable que seria tener a un joven como Link de yerno. Lamentablemente tuvo que dejar de lado esa idea, si las cosas seguían como estaban, el compromiso de su hija sería inevitable, pero ¿Qué podía hacer él? Sin darse cuenta introdujo una de sus manos en uno de los bolsillos de su chaqueta, palpando un pequeño objeto de forma bastante peculiar.
– ¡Lo había olvidado! –Exclamó al recordar la "noticia" que tenía que darle a los muchachos, rompiendo de golpe la atmósfera que comenzaba a formarse entre ellos.
– ¿Eh? –La Princesa dirigió su vista hacía su padre que estaba sentado frente a ella, desviándola de la de Link.
El chico también poso su mirada sobre el hombre, la reacción de este había sido realmente repentina y definitivamente lo había tomado por sorpresa.
– ¿Qué es lo que ha olvidado su majestad? –Se aventuro a preguntar.
– Que debía entregarles esto –Sonrió y luego extendió su mano empuñada hacia los expectantes jóvenes y al abrirla dejo a la vista el brillo metálico del diminuto objeto que sostenía.
– ¡No puede ser! –Exclamó la muchacha volviendo a levantarse, sin prestar atención a la indefensa silla que fue a parar al suelo a causa de su brusco movimiento.
– ¡Eso…! Eso es… –Link apenas podía articular las palabras que se estaban formulando en su mente.
– ¡LA LLAVE DE LAS ESPOSAS! –Exclamaron al mismo tiempo, aún con la sorpresa reflejada en sus juveniles rostros.
– No sé que comen que adivinan chicos –comentó el Rey aún sonriente.
– Pero… ¡¿Cómo?! ¡¿Cuándo?! ¡¿Dónde?! –Zelda aún no podía creer lo que estaba viendo.
– ¿Qué les pasa? ¿No van ha tomarla?
La Princesa agitó su cabeza e inmediatamente después le arrebato la llave al Rey.
– No… no... puedo… creerlo –dijo de manera entrecortada sintiendo por primera vez el objeto en su mano.
– Supongo que ahora debo dejarlos solos –comenzó a decirles al tiempo que se retiraba, aprovechando que los sorprendidos jóvenes aún no reaccionaban– si no salgo de aquí ahora seguro que me matan.
El Rey retrocedió con ambas manos tras su espalda, silbando con la mirada perdida en el techo, hasta que finalmente alcanzó una de las puertas de entrada al comedor y sin pensarlo dos veces desapareció más rápido de lo que canta un gallo.
Volviendo con Link y Zelda…
La llave seguía en la mano de la muchacha, con la mirada de ella y de su compañero fija en su metálico ser.
– ¿Estas absolutamente segura que lo que tienes en tu mano es… es… "la llave"? –Preguntó haciendo énfasis en "la llave".
– Por su puesto que es "la llave".
– ¿Segura, segurita?
– Muy segura –cerró sus ojos y elevo una de sus cejas un tanto incómoda.
– ¿Segura, segurita, segurisisisisisisima?
– ¡Ya te dije que sí! –Exclamó exaltada por la molesta insistencia del muchacho. Luego… suspiró –. Espera… ahora que lo pienso con más calma, creo que no estoy segura si esta sea "la llave" –sonrió sintiendo que una pequeña gotita de sudor frío recorría su cien.
¡PLONK!
– ¡Lo sabía! –Chilló el chico sintiendo que su libertad tan esperada se estaba alejando con cada minuto que pasaba manteniendo esa incertidumbre.
– Calma Link, no te pongas dramático, sólo tenemos que introducir la llave en las esposas y comprobar si realmente ES "la llave".
– ¡Cierto! –Volvió a sonreír animado, esperando que la muchacha hiciera lo que acaba de decir.
Los dos posaron nuevamente sus miradas sobre el pequeño instrumento y se quedaron ahí, inmóviles. Los minutos pasaron y ninguno de los dos parecía reaccionar, hasta que…
– ¿Y bien? –Fue Link el primero en hablar
– ¿Y bien qué? –Zelda estaba nerviosa y angustiada, tanto que casi había olvidado lo que estaba a punto de comprobar.
– ¿No vas a probar la llave?
– ¿Qué llave?
¡Doble PLONK!
– ¡Ahhhh! La llave –agregó inmediatamente después, sonriendo muy nerviosa– si claro… ahora mismo lo hacemos…
– ¡¿Qué?! –Exclamó con todos los colores subiéndosele a la cabeza.
¡¿Cómo era posible que ella le propusiera algo así en un momento como este?! ¡No tenía sentido!
Y claro que no tenía sentido, en especial porque Link había entendido un "poco" mal el mensaje. Zelda tardo unos segundos en entender la "extraña" reacción del muchacho pero cuando lo hizo…
– ¡MAL PENSADO! –Le gritó molesta– Yo… –ahora también estaba sonrojada– yo estaba hablando de la llave…
– ¡NOOO! Yo no me refería a eso –Sonrió nervioso y rojo como tomate–. Lo que sucede es… –desvió su mirada al techo– que creo que estoy algo tenso por saber si es o no la llave que buscábamos –se justifico.
– Si claro… –continuo ella no muy convencida de la "excusa" del muchacho.
Y luego de aclarar ese "pequeño" mal entendido, ambos supieron que había llegado el momento de la verdad…
La chica comenzó a acercar lentamente el objeto hacia las esposas, su mano temblaba por lo cual no lograba acertarle al pequeño agujero en donde debía encajar la llave. Link estaba más que tensó y un sudor frío comenzó a perlar su frente, ni siquiera parpadeaba de lo nervioso que estaba.
– ¿Y si no es…? ¿Y si tenemos que vivir para siempre con las esposas? ¿Y si tengo que pasar otra noche en la cama de Zelda? –Miles de interrogantes se agolpaban en su mente, los pensamientos iban y venían… y lo peor de todo… ¡Ella estaba tardando demasiado acertarle a la cerradura!
Estaba seguro que si volvía a tener otra noche como la que había dejado atrás no lograría sobrevivir en una pieza. De hecho ni siquiera tenía claro como había conseguido soportar hasta el amanecer de este tercer día como guardaespaldas de la Princesa.
Al fin, después de unos segundos de tensión absoluta, Zelda consiguió parar levemente el temblor de su mano y darle al agujero. La llave entro sin problema alguno, lo cual alivio en gran medida a ambos, pero todo aún no había terminado, aún había que girar la llave y si al hacerlo la cerradura no se abría… ¡Mejor ni pensarlo!
– ¿E… e… es… estas… listo…? –Le preguntó con voz temblorosa, levantando su tensa mirada para observar al muchacho.
– La verdad… –también la miró– no, pero… ¡Ya no soporto la tensión! ¡Hazlo de una vez y terminemos con esto!
– Bien… aquí voy… –suspiro dándose fuerzas.
Su mano volvió a temblar, pero a pesar de ello logro hacer girar la llave dentro de la cerradura y…
Clic
¡ALELUYA!
El casi inaudible "clic" había sido perfectamente escuchado por los dos expectantes Hylian. Ese sonido era el producido por el mecanismo de las esposas al ABRIRSE, el mismo sonido que para ellos era sinónimo de libertad.
¡La cerradura AL FIN había cedido!
– Funcionó… –susurró la chica viendo como la manilla metálica se abría y dejaba su muñeca en completa autonomía.
Tardaron unos cuantos segundos más en asimilar la idea de que ahora eran nuevamente Zelda y Link por separado, la Princesa y el tutor, cada uno con absoluta soberanía sobre sus cuerpos y sobre cualquier movimiento que intentaran.
– ¡Somos libres! –Exclamó jubiloso el joven Hylian abalanzándose contra la muchacha que se encontraba de pie junto a él.
La abrazó con fuerza, usando "ambos" brazos, ya que ahora si podía hacerlo sin ningún problema. La chica se paralizó ante la repentina acción de él, pero no le grito, ni lo regaño, ni mucho menos intento apartarlo… se sentía increíblemente bien el volver a estar entre los fuertes brazos del muchacho.
Y ese abrazo perduró un buen rato, y cuando lo rompieron, sólo fue para separarse escasos centímetros, los justo y necesarios para que sus miradas pudieran encontrase.
– Zelda… –la llamó en un susurro, perdido en los brillantes ojos agua marina de la muchacha.
– Link… –respondió ella de la misma manera a su llamado, también perdida en el profundo mar de los ojos de él.
Y atrapados por esa romántica atmósfera que se había cernido sobre ellos, sus rostros comenzaron a acercarse peligrosamente, atraídos por una extraña fuerza. Link inclinó levemente su rostro al mismo tiempo que ella apoyaba sus manos sobre los hombros de él y se paraba de puntillas ayudando a acortar aún más la distancia. Cuando ya el contacto era casi un hecho, los ojos de ambos se cerraron en un mutuo acuerdo y sus labios se entreabrieron.
Zelda pudo sentir como el primer roce entre sus labios sólo aumentaba la creciente añoranza de besarlo. Con algo de timidez y desconfianza, el muchacho mantuvo unidos sus labios, en un contacto parcial, casi un sutil roce, sin hacer ninguna clase de movimiento y luego se separó con sus mejillas sonrojadas. Aún estaban muy cerca, por lo que sus alientos seguían entremezclándose en uno.
– ¡Bésala de una vez idiota! –Se ordenó mentalmente– ¡Ella desea que lo hagas!
¿Cómo lo sabía?, pues… era muy simple. Hasta ese instante ella no había puesto ninguna clase de resistencia. Además que luego de lo que había pasado entre ellos durante la noche le dejaba más que claro que la Princesa lo deseaba tanto como él a ella y ahora era el momento de demostrárselo.
Decidido a unir sus labios definitivamente y besarla por primera vez, volvió a acercarse. Pero cuando sus bocas estaban a punto de hacer contacto nuevamente, un estridente sonido hizo que todo el encantamiento se perdiera y ellos se separaran bruscamente, notablemente avergonzados.
Una de las sirvientas del castillo había dejado caer la bandeja con todo lo que en ella traía y todo a causa de la gran impresión que había sufrido al ver la "escenita" que estaban protagonizando los muchachos en medio de un descolado comedor. La silla donde la Princesa se había sentado seguía en el suelo, Link aún tenía el rostro algo manchado de la pasta y todavía estaba con todo el torso descubierto, y eso sumado al "abrazo" en el que la doncella los había encontrado.
– Lo… lo siento –se sonrojó– lamento haber sido tan inoportuna… –dijo con palabras atropelladas, cubriendo su cara con ambas manos.
– No tiene porque disculparse… –Sonrió aún sonrojada, sintiendo como un pequeño tic aparecía en su ojo derecho, ¡¿Por qué justo había tenido que llegar en "ese" momento?!–. Nosotros no hacíamos nada… ¿No es así, Link?
El chico no respondió.
– ¿No es así Link? –Insistió golpeando suavemente el costado del muchacho con uno de sus codos para hacerlo reaccionar.
– Por supuesto… –miró al suelo muy avergonzado y luego sonrió tontamente– yo sólo estaba ayudando a la princesa a… a… –rodó sus ojos clavando su mirada ahora en el techo– a lo que fuera que la estaba ayudando.
– Eso fue de gran ayuda –agregó con sarcasmo mirando de reojo al chico aún con las mejillas teñidas de rosa.
– Ohh, no se moleste en explicar nada su majestad –la chica hizo una pronunciada reverencia– yo… –sonrió notoriamente nerviosa– ya me retiraba…
Y antes de que los jóvenes pudieran apelar algo a su favor, la chica ya había desaparecido, dejándolos nuevamente solos. La Princesa sabía que la muchacha iría y le contaría todo quien se le pasara por delante lo que acaba de ver, después de todo era una "gran" noticia la de encontrase a la mismísima Princesa de Hyrule a punto de besar a su "guardaespaldas privado". Esto si que era una primicia y como la información vuelta tan rápido, en especial si se trataba de una situación comprometedora como "esa", seguramente muy pronto serían el centro de atención de todo el castillo y tal vez del pueblo. Ya se lo estaba imaginando, la exclusiva noticia de la semana…
Zelda suspiró frustrada, pero no precisamente por el hecho de que todo el mundo se enterara de su "naciente" relación con Link, sino por que de no ser por la intromisión de esa doncella al fin, él y ella, podrían haber concretado ese beso, el mismo con el que había estado soñando desde quien sabe cuando. Volvió a suspirar, esta vez maldiciendo su mala suerte y luego paso una de sus manos a través de sus cabellos, percatándose de "algo extraño".
– ¿Pero qué? –Al examinar nuevamente su mano vio lo que en un primer momento había tocado.
Se trataba de la misma pasta que Link aún tenía esparcida por el rostro. Seguramente cuando él la abrazo la había manchado sin querer. Volvió a suspirar, esta vez resignada.
– Creo que ambos tendremos que darnos una ducha… –le comentó de repente.
– Cuando hablas de "ambos" te refieres a… –nuevamente estaba rojo– ¿Tú y yo… juntos?
– ¡CLARO QUE NOO! –Exclamó abriendo sus ojos de par en par, volviendo a sentir un fuerte ardor en sus mejillas–. Esta vez podemos hacerlo por separado… –le respondió lo último en un susurró casi inaudible.
– Ella tiene razón… ¡Que BOBO! –Pensó notablemente abochornado.
Un incómodo silencio volvió a reinar entre ambos. Luego de las palabras de la muchacha, él no había respondido, pero supuso que eso se debía a que no tenía nada que agregar o que quizás estaba demasiado apenado por su propia pregunta como para decir algo en ese momento.
– Bueno… yo subiré a ducharme –comenzó ella– ¿Qué te parece si nos encontramos en una hora en al final de la escalinata principal del castillo?
– ¿Eh?
– Tenemos que ponernos de acuerdo respecto a como completar los "deberes" que teníamos para el martes, ayer por culpa de las esposas nos saltamos todo el programa de la tarde, ¿Recuerdas el "papelito" qué Impa te entrego?... seguro nos llevaremos un buen regaño si no lo cumplimos antes de su regreso –explicó con simpleza.
– ¡Tienes razón! –Golpeo la palma de su mano derecha con su mano izquierda empuñada, dando señal de que "acababa" de recordar ese pequeño detalle–. Había olvidado por completo la lista de Impa –ahora se golpeo suavemente las mejillas con la palma de sus manos para ayudarse a mantenerse despierto y luego agrego– Bueno, entonces… nos vemos en una hora.
Después de tomar el acuerdo la joven Princesa se retiró del comedor, siendo la primera en salir del lugar. Link espero a que los pasos de ella se pedieran por completo y recién allí comenzó su marcha.
La muchacha subió rápidamente las escaleras, pero al llegar al último peldaño se detuvo. De pronto se sintió extrañamente vacía, algo faltaba… pero ¿Qué?... inconscientemente su mirada se dirigió hasta la articulación de su muñeca derecha y entonces supo el porque de esa extraña molestia.
– A pesar de los muchos problemas en los que nos metió… la extraño… –susurró sujetando su mano derecha con la izquierda– o más bien… lo extraño… –agregó sonriendo de manera algo melancólica al tiempo que miraba hacia el costado derecho, comprobando que efectivamente estaba sola.
Era obvio que se estaba refiriendo a las esposas. Pero su pesar no nacía exactamente del hecho de no tenerlas puesta, sino que más bien de lo que eso traía consigo. Si bien eran MUY molestas, eso no quitaba el hecho de que la ayudaban a mantener a Link cerca, MUY cerca.
– Tal vez debí aceptar que nos bañáramos juntos, después de todo... no sería la primera vez –Se dijo sin pensar– ¡Que estupideces se te están pasando por la cabeza! –Se regañó en voz alta para que sus pensamientos no pudieran sobreponerse a sus palabras.
Inmediatamente apartó esa "loca" idea y continúo con su marcha. Pero nuevamente algo distrajo su atención, a mitad de un pasillo, atravesando un corredor alterno una pequeña cosa velluda se cruzó en su campo visual.
– ¿Y eso?
Lo que fuera que hubiera visto había desaparecido por otro corredor. Pero ella no dejaría que se perdiera, debía averiguar que era. Hizo un pequeño trote hasta la parte donde el corredor se dividía y volteo hacia la izquierda, hacía el mismo lugar por donde había visto desaparecer a la felpudita criatura. Y entonces la vio… ahí estaba, justo delante de ella caminando sin ninguna prisa de manera elegante con su larga cola bien erguida.
– Una gata –susurró aún observando a la criatura– mmm… –con su mano derecha sostuvo su mentón mientras pensaba– hay… hay algo que se me hace muy familiar en ella…
Su pelaje moteado, la fina forma de caminar, esa larga cola erguida y esas puntiagudas orejas una manchada de negro y la otra de blanco… ¿Dónde la había visto antes? Trató de hacer memoria durante unos segundos, pero definitivamente su mente estaba en un completo bloqueo.
La Princesa siguió observando el lento avance de la criatura. La minina se detuvo justo antes de doblar en la siguiente esquina y volteo a verla, un suave maullido se escapó de su pequeño hocico, mostrándole a la chica claramente sus afilados pero diminutos colmillos. Y fue en el preciso instante en que sus miradas se cruzaron cuando la joven reaccionó.
– ¡ESA GATA! –Exclamó apuntándola con el dedo índice de su mano derecha– ¡¿Tú?!
No podía equivocarse, era la misma felina fugitiva de ayer, pero ¿Qué hacia allí ahora? Estaba segura que había algo más en todo esto, esa gata no podía estar allí por simple justo. Fue entonces cuando miles de recuerdos le volvieron a la mente y supo que la conocía desde mucho antes…
.-. BACK.-.-.
Su padre llegaba alegremente a un salón en donde ella se encontraba muy concentrada terminando un "pequeño" informe para su maestra de historia acerca de "la legendaria historia de los Zoras".
– ¡Maldición!, me falta más de la mitad de este estúpido informe y debo tenerlo listo para las doce –se dijo algo histérica escribiendo de manera temblorosa y apresurada.
Cabe mencionar que a estas alturas eran un cuarto para las doce.
– ¿Por qué siempre dejo estas cosas para última hora…?
Su mente se encargó de responderle casi instantáneamente esa pregunta… la imagen de un apuesto joven practicando con la espada con el torso descubierto en los jardines reales había quedado grabada a fuego en su memoria y aún no podía sacarla de ahí.
– Link… –suspiró como ida apoyando el codo de su mano izquierda sobre la mesa mientras que su mano sostenía su rostro embobado.
Definitivamente la muchacha estaba más que ida y lo peor es que los minutos avanzaban sin piedad alguna.
– ¡Hija, mira lo que traje! –Exclamó feliz el Rey sacando a su queridísima hija de sus ensoñaciones.
– ¿Papá? –Observó como el hombre se acercaba sólo por unos instantes ya que su mirada se poso inmediatamente después en el gran desorden de papeles y libros que tenía sobre la mesa y para colmo, sin darse cuenta había golpeado casualmente la botellita de tinta con su codo y ahora todo lo que llevaba de informa estaba NEGRO y eso sin mencionar parte de lo que supuestamente debían ser guantes "blancos".
– ¡Me van a matar! –Exclamó desesperada tratando de limpiar el "desastre", lo que evidentemente sólo empeoró la situación.
– ¡Hija! ¡Hija! –la volvió a llamar insistentemente parándose frente a ella con sus dos manos tras su espalda.
– ¡¿Qué demonios quieres ahora padre?! –Estaba molestándose con la insistencia de su papá– ¿No ves que estoy algo "ocupada"? –le preguntó irritada ahora con el vestido, la cara y toda la mesa manchados de negro.
– Pues… veo que te has cambiado el color del traje –Sonrió despreocupadamente– te sienta bien en negro, aunque deberías decirle a Impa que te enseñe a maquillarte.
– ¡ERES UN IDIOTA!
– ¿Idio… qué?
– I... DIO…TA –le respondió haciendo pausa tras cada silaba, esperando que su padre finalmente la entendiera.
– ¿Me podrías repetir lo último que dijiste?
– Maldición –Cerró sus ojos y levantó una de sus cejas– no hay caso con mi padre… olvidado –le respondió resignada para luego suspirar.
– Yo sólo venía a mostrarte esto –le dijo alegre extendiendo sus dos brazos hacia la muchacha, sosteniendo una pequeñita y peludita criatura.
– Miauuu –maulló la minina, mirando a la joven con sus brillantes ojitos ambarinos, moviendo su pequeña colita de lado a lado.
Se trataba de una gatita de no más de dos meses de vida. La muchacha parpadeo un par de veces observando algo distraída a la adorable criaturita, pero no se detuvo mucho en ella, ya que justo detrás del Rey un gran reloj le indicaba los escasos segundos que la separaban de las doce del día…
– Será mi nueva mascota... –Su sonrisa se agrando triunfante– se llamará…
Las campañas del cambio de hora resonaron fuertemente en medio del castillo interrumpiendo al Rey, pero para ella sólo había un "único" significado.
– ¡ESTOY MUERTA! –Gritó observando la pila de papeles manchados, el desastre con su ropa y lo más importante… lo poco y nada que tenía del fatídico informe ARRUINADO. Miró desesperada hacia todos lados, en el salón donde se encontraba habían dos puertas y una GRAN ventana que daba al jardín– Debo escaparme del castillo –maquinó en menos de un segundo su "perfecto" plan de escape para luego comenzar a correr– ¡Nos vemos más tarde padre! –Se despidió agitando su mano derecha justo antes de saltar por la ventana.
– ¿Me pregunto si habrá escuchado lo que le decía? –Se preguntó el Rey acercándose hacia la ventana para observar la gran maestría de su hija para burlar a los guardias del castillo.
– ¡PRINCESA ZELDA! –El grito furioso de la maestra de la muchacha resonó por todo el castillo.
Seguramente la mujer había visto como la chica se escapaba del palacio desde su posición en la biblioteca que casi se encontraba en el último piso, o al menos eso fue lo que pensó el Rey sin mucha preocupación por el asunto, la verdad es que esto era cuento de… todos los días.
– Miauuu –maulló haciéndose notar.
– ¿Qué pasa pequeña?
– Miauuuuuu –volvió a maullar.
– Tienes hambre ¿verdad? –La elevó en el aire extendiendo sus brazos– Ahora mismo te daré un buen tazón de leche tibia…
.-. FLASH BACK.-.-.
Ahora todo tomaba sentido… esa felina era la mascota de su propio padre y ella… ella acababa de recodarlo.
– Eso explica muchas cosas… pero... ¡¿Qué estoy haciendo?! –Se preguntó percatándose de todo el tiempo que había perdido.
Tal vez la gata del Rey la había metido en muchos líos, pero hoy no sentía la misma rabia al verla, sinceramente era una minina muy linda y sin duda alguna… consentida. Sin pensarlo más volvió a retomar su camino original, avanzando a paso rápido por los corredores en dirección a su cuarto.
Link se había detenido al ver a la joven Princesa al final del corredor observando fijamente "algo". Se preguntó que era lo que la muchacha podría haber visto para distraerla de esa manera, pero también decidió no interrumpirla, por lo que no siguió avanzando y se quedo allí, mirándola.
De pronto una antigua idea despertó en él. En ese momento no había nadie que pudiera interrumpirlos y él podría confesarle sus sentimientos sin problemas o por lo menos eso esperaba.
– Debo hacerlo… –se dijo volviendo a retomar la marcha, caminando lentamente– Zel… –murmuró demasiado despacio como para que ella pudiera escucharla.
Pero antes de que Link alcanzará a la joven, ella volvió a avanzar y esta vez rápidamente, como si de pronto hubiera recordado algo. Pensó en alcanzarla, no le costaría mucho trabajo. Luego apartó esa posibilidad de su mente y se detuvo justo en el lugar donde momentos antes ella había estado parada.
– Debo encontrar un mejor momento… –pensó suspirando frustrado.
Miró hacía su costado izquierdo, queriendo descubrir que era lo que la Princesa había estado observando.
– ¿Un gato? –Se preguntó caminando hacia la felina sin saber que era ella y no él– Hey, minino, ven pequeño –lo llamó hincándose en el suelo, extendiendo una de sus manos hacia la gata.
La felina que no se había movido de su lugar observó de manera inquisitiva al extraño, pero al ver su amistoso rostro decidió acercarse. Link vio como la gatita aceptaba su invitación y sonrió al acariciar su velluda cabecita. La gata se recostó en el suelo de manera juguetona, mientras Link reía divertido al verla rodar sobre su cuerpo.
– Eres adorable –le dijo sujetándola entre sus manos para poder elevarla cuando él se incorporó.
El joven Hylian la observó un buen rato, había algo que se le hacía familiar en ella… pero… ¿Qué sería? La miró con más detenimiento y entonces lo descubrió… sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa…
– ¡¿Tú?! –le dijo soltándola casualmente.
La felina cayó sobre sus cuatro patas, sin ningún problema y maulló reprochándole al muchacho su repentina acción.
– ¡Tú eres! –Hizo una pausa aún sorprendido– ¡Una gata! –Terminó de decir apuntando a la minina.
PLONK
A si es… Link… había descubierto el… verdadero sexo de la felina, pero de ninguna manera había logrado recordar que el día anterior "esa" gatita había sido una de las responsables de todos sus problemas.
– Lo siento pequeña, no lo sabía –se disculpó inclinándose un poco para acariciarla nuevamente–. Tengo que irme, otro día jugaremos…
Luego de decir eso salio corriendo por el otro corredor en dirección a su habitación, el cuarto que se encontraba junto al de la Princesa.
El vapor de agua inundaba el cuarto de baño, dificultando la visibilidad. Ella se inclinó levemente junto a la bañera, tocando con su mano derecha el agua tibia.
– Perfecta… –susurró levantándose nuevamente al mismo tiempo que soltaba el amarre de la toalla que ahora era la única prenda que cubría su cuerpo, dejándola caer al suelo.
Con cuidado se introdujo en la bañera repleta de agua que obviamente se rebalsó un poco, pero a ella… eso no le importó. Completamente relajada apoyo su espalda en la superficie de fina cerámica y suspiró.
– Por lo menos hoy no ha sido un día tan loco…
Pasó el jabón por su cuerpo y luego el champú en su largo pelo. La espuma comenzó a cubrir de inmediato la superficie del agua, pero la muchacha estaba más concentrada peinando sus cabellos con sus dedos. No tardo demasiado tiempo en quitarse lo que fuera que había tenido en el pelo, por lo que una vez terminado su labor decidió permanecer un rato más en el agua.
– Es increíble los muchos problemas que nos hicimos ayer para hacer algo tan simple como… bañarnos… –sonrió levemente sonrojada y no precisamente por el cálido vapor que inundaba el cuarto.
Apoyo sus antebrazos en el borde de la bañera observando el nubloso ambiente. De pronto sus pensamientos la trasladaron a otro instante…
.-. BACK.-.-.
Los dos habían ingresado a el cuarto de baño más grande del castillo, uno en el que había una GRAN bañera circular en medio de toda la habitación, la que por lo menos tenía capacidad para seis personas, claro que nadie acostumbraba a tomar un baño en grupo, por lo que la habitación no era muy usada, aunque eso no le quitaba lo lujoso. También en una esquina había una especie de ducha bastante larga.
Todo el cuarto estaba cubierto de baldosas color crema y en una pequeña repisa había una gran variedad de jabones, champú, cremas de masajes, líquidos especiales para hacer espuma y otro montón de cosas que ni idea para que servían. Y en otra esquina una especie de armario en donde guardaban las toallas y las batas de baño.
– Zelda… ¿Aquí vamos a ducharnos? –Preguntó el muchacho sintiéndose algo "intimidado" por el lugar.
– Pues… es la bañera más grande del castillo y nuestra mejor opción en este momento… ¿O me vas a decir que tenías un buen plan para que entráramos los dos en una micro bañera? –Le preguntó con algo de sarcasmo en su voz.
– La que está en tu cuarto no es tan pequeña –le comento él sonrojado pero sonriéndole, recordando el encuentro que habían tenido esa mañana en el cuarto de baño de la muchacha.
– Si, pero –lo miró de reojo también sonrojándose– tampoco es para dos personas –le dijo ella, también recordando la "incómoda" posición en la que habían terminado por un casual desliz de Link.
– Creo que no –desvió su mirada incómodo.
– Bueno… ¿Qué te parece si analizamos eso de mi bañera otro día? Ahora tenemos que quitarnos toda esta porquería de encima –puntualizó mirando el deplorable estado de ella y luego el de su compañero.
Ambos con las ropas arañadas, desgarradas, sucias, llenas de barro, paja y con un increíblemente "agradable" aroma a pescado.
Para resumir un poco la situación el plan era el siguiente… llenarían la gran bañera con agua hasta el tope y le echarían el líquido que hiciera más espuma posible, de esa manera la superficie del ayuda no dejaría nada visible hacía el fondo, pero antes de introducirse al agua debían quitarse toda la mugre que tenían encima. Por lo que Zelda propuso que se "ducharan" con ropa y todo antes de entrar en la bañera, pero Link insistió que sería más rápido si sólo lo hacían con ropa interior, además que había que tomar en cuenta que técnicamente tenían que "romper" las mangas de los brazos que las esposas mantenían juntos y eso se dificultaría más si la ropa estaba mojada.
– Está bien Link –en verdad estaba muy avergonzada– esta vez te daré la razón… lo haremos como tú dices pero –lo miró de reojo– pobre de ti si miras más de lo debido –le advirtió tajantemente– la ropa interior blanca se trasluce con el agua– pensó maldiciendo haber escogido precisamente "ese" color el día de hoy.
– Digo lo mismo –se defendió él.
Ya todo estaba dicho ahora sólo debían poner "manos a la obra". Link se desvistió sin problemas, por lo menos su ropa interior era un short ni muy largo ni muy corto, por lo que cubría bien lo que se suponía que debía cubrir. Pero para Zelda el trabajo de desvestirse no fue tan fácil, como era de esperarse el maldito corsé era un lió y además ella no tenía la fuerza suficiente para rasgar la tela del tirante del vestido sobre su hombro derecho.
– Link –lo llamó notablemente avergonzada.
Ambos se estaban dando la espalda, aunque no podían separarse demasiado a causa de las esposas.
– Dime –le respondió sin voltear, para prevenir cualquier contratiempo.
– Este… –era sumamente molesto tener que pedirle ayuda para algo como eso– ¿Podrías ayudarme?
– ¿Ayudarte a qué? –Preguntó aún inseguro de voltearse.
– A… desvestirme –Respondió muy roja.
– ¿A qué? –La interrogó sin creer lo que escuchaba, se había sonrojado notoriamente.
– Dije… a "desvestirme" –repitió elevando la voz asegurándose que él "entendiera".
– ¿Estas… segura? –En verdad no podía creer lo que ella le estaba pidiendo.
– Claro que si –sonrió nerviosa.
– ¿Segura? –Insistió.
– ¡VOLTEATE YA! –Le ordenó girando ella misma, encontrándose con el joven casi totalmente desnudo.
Link giró al escuchar la orden de la muchacha y ambos quedaron frente a frente, ella "semi" desvestida y él… bueno, él completamente desvestido.
– Link… yo… –comenzó a hablar algo tartamuda, con sus ojos muy abiertos y muy sonrojada– De seguro debe ser un pecado no admirar ese cuerpazo –pensó recorriendo con la vista al joven, parpadeando constantemente al tiempo que intentaba no sofocarse.
– ¿No querías que te ayudara? –Le preguntó desviando su mirada, intentando pasar por alto la que la Hylian le dedicaba.
– ¿Ayuda… qué ayuda? –Definitivamente todos sus pensamientos racionales se habían borrado de su cabeza.
– ¿Zelda? –La llamó sintiéndose un poco incómodo y "muy" observado– ¿Por qué no deja de mirarme?
La chica reaccionó segundos más tarde y al darse cuenta de la intensa mirada que le estaba dedicando al pobre muchacho, agitó rápidamente su cabeza y miró hacia un lado.
– Este… si… no puedo quitarme esto sola –respondió al fin al mismo tiempo que luchaba contra el impulso de seguir "admirando" al joven Hylian que estaba frente a ella.
– Yo lo haré –dijo acercándose aún más a la joven, pasando la única mano que tenía libre atrás de la cintura de la muchacha.
Link había juntado su cuerpo al de ella, para de esa forma ver la espalda de la Princesa a través del hombro de ella y de esa manera, usando su no muy hábil, mano derecha, desatar el corsé. Zelda se tensó al sentir el roce del cuerpo casi completamente desnudo de él con su propio cuerpo. El joven tardó unos cuantos segundos en lograr desatar el dichoso corsé, segundos que para ella fueron una verdadera eternidad… lo tenía tan pero TAN cerca.
– Todo está bajo control… no pienses en nada… –se dijo mentalmente al mismo tiempo que mordía con fuerza su labio inferir y rogaba para que el fuerte palpitar de su corazón no fuera escuchado por su "tutor".
¡Al diablo con lo de tutor! Link era… era… ¡Increíblemente atractivo! Y en el preciso instante cuando estaba a punto de perder el control de sus acciones, Link se separó de ella, la miró unos instantes con su rostro completamente sonrojado y luego tomó el tirante del vestido de la muchacha para romperlo, ahora la tela cayó sin ningún problema, dejando a la vista la parte superior de su ropa interior.
– Listo –le indicó, para ese instante algo sofocado, bueno MUY sofocado y ultra rojo–. Ahora puedes terminar de desvestirte –continuo, volteándose para no caer en la tentación de hacer nada "indebido".
Zelda consiguió escapar de su nuevo trance y terminar de una vez por todas de quitarse la ropa. Luego los dos avanzaron hasta la ducha ubicada en una esquina, procurando mantener sus miradas fijas en el poco y nada interesante campo visual que tenían hacia el frente. La Princesa se encargó de girar la llave de la ducha, dejando que el agua comenzara a caer sobre ellos.
Link cerró sus ojos e inclinó su cabeza hacia atrás, dejando que el agua que caía se encargara de limpiar su cuerpo y de paso humedeciera más de la cuenta su ropa interior, pero de esto él aún no se percataba, de hecho lo único que sentía era la tibia agua deslizarse por su piel. La Princesa mantuvo sus ojos abiertos con la mirada baja, observando como lentamente el agua teñida de marrón, gracias al barro, de deslizaba a través de su silueta y lentamente se hacía más trasparente, llevo su mano izquierda hasta su cabello y trato de peinarlo un poco, pero al hacerlo, inconcientemente inclinó su rostro hacia un lado y al tener los ojos abiertos pudo ver perfectamente al joven junto a ella.
– Link… –lo llamó su mente, mientras su vista analizaba con cuidado el recorrido del agua por sobre su cuerpo.
¿Cuánto tiempo podría conformarse con sólo mirar? ¿Cuánto tiempo podría mantener sus manos en el sitió donde debían estar?
– Mira hacia otro lado… mira hacia otro lado –le ordenaba su mente, pero su cuerpo no parecía responder– ¡Ya basta! –Exclamó desesperada cerrando con fuerza sus ojos al mismo tiempo que tapaba su cara con ambas manos.
El joven escuchó el grito de ella y seguido el jalón sobre su brazo izquierdo, intrigado abrió sus ojos y sin pensarlo miró a la muchacha que se encontraba junto a él.
– Por el amor de Nayru…
Sin poder evitarlo su mirada se quedo fija en lo que el consideraba un hermoso espectáculo protagonizado por la mismísima Princesa. El agua se había encargado de llevarse todo el barro y la suciedad y ahora la blanca y humedecida piel de la muchacha era claramente visible, al igual que el agua que se deslizaba a través del cuerpo de ella, sus largos y dorados cabellos completamente mojados se apegaban a su silueta de manera exquisita…
Un suave suspiro ayudo finalmente a calmar del todo a la muchacha que retirando las manos de su cara pudo ver como Link la "mirada". Zelda observó su propio cuerpo y se percató de lo que ella de antemano sabía que pasaría, la tela de su ropa interior no ayudaba a cubrir nada y lo peor es que el agua se había encargado de endurecer los pequeños botones que coronaban sus pechos, que ahora eran claramente visibles a través de la tela y seguramente también serían claramente palpables.
– ¡LINK! –Exclamó al mismo tiempo que cubría sus pechos con su antebrazo izquierdo.
– ¡Los siento! –Estaba rojo, muy rojo y además sentía que no podía respirar bien – no vi nada, lo juro…
Esa patética excusa no lo salvo de la fuerte bofetada que recibió segundos más tarde. Y luego de que las "aguas" se calmaran, ambos salieron de la bañera, aún avergonzados, sofocados y empapados… Dándose la espalda se terminaron de quitar lo que les quedaba de ropa y envolvieron sus cuerpos en las toallas.
Para ese entonces la GRAN bañera central estaba más que llena. Sin intercambiar una sola palabra y mucho menos una mirada, ambos volvieron a introducirse en la espumosa agua, con las toallas puestas por seguridad.
– No debí golpearlo... también vi más de la cuenta… a si que… técnicamente, estábamos a mano –comenzó a meditar sintiéndose terriblemente culpable– tengo que disculparme…
Los jóvenes se encontraban sentados uno junto al otro, completamente mudos. Link no sabía que era lo que había estado pensando todo este lapso de tiempo la Princesa, pero no soportaba el absoluto silencio entre ellos y mucho menos aguantaba la densa atmósfera que los rodeaba producto del vapor de agua que se había acumulado en el cuarto de baño.
– Seguramente está pensando que soy todo un pervertido –pensó algo entristecido, acariciando su mejilla golpeada con la única mano que tenía libre– tengo… tengo que pedirle disculpas…
– Lo siento –dijeron al fin, hablando al mismo tiempo.
– Link yo… –en verdad era molesto sonrojarse cada vez que tenían que comunicarse.
– No Zelda… déjame a mí –la interrumpió él.
El joven se adelantó y cambio repentinamente de posición, hincándose frente a ella con toda intención de pedir disculpas… no pudo continuar hablando al ver el entristecido semblante de la muchacha, sus mejillas sutilmente sonrojadas a causa del calor y la pena, algunos mechones completamente mojados caían sobre su rostro tapándolo parcialmente, sus ojos entreabiertos miraban hacía un lado sin atreverse a enfrenar la mirada de él y sus cejas levemente curvadas en signo de culpa y arrepentimiento.
– No lo soporto –pensó sintiendo como si algo oprimiera su corazón– no soporto verla así… y… menos si es por mi causa… Zelda –la llamó suavemente, olvidándose por completo del lugar y las condiciones en las que se encontraban– Por favor, perdóname –le pidió acercando su mano derecha hasta una de las sonrojadas mejillas de la muchacha, acariciándola con suavidad al mismo tiempo que acomodaba algunos húmedos mechones de cabellos detrás de las puntiagudas orejas de ella.
– Link –fue lo único que pudo articular al ser repentinamente sorprendida por las acciones del muchacho.
– Se que me merezco todo el castigo que quieras darme por mi atrevimiento, pero… no soporto que me ignores –le confesó sujetándola del mentón y obligándola a levantar su mirada– de verdad siento mucho lo que paso.
Zelda se sonrojo aún más al ver al joven Hylian TAN cerca, era tan dulce con ella, actuaba tan tiernamente. Pero mirada seria hizo que se le paralizara el corazón y la forma en que la miraba derritió por completo su cuerpo. Pequeñas gotitas caían desde el travieso flequillo en su frente, el rubor adornaba sus mejillas… debía estar soñando… esto no podía ser real… no podía… pero… lo era… Y fue en esa rápida inspección cuando noto la sutil marca que aún delataba el golpe que ella misma le había propinado.
– No es eso –comenzó débilmente cuando al fin había recuperado el don de la palabra que casi creía completamente perdido– yo… yo soy la que debe disculparse… no quise hacerte daño… –le susurró también llevando la mano que tenía libre hacia la golpeada mejilla de él– lo siento –terminó de decirle, regalándole un fugaz beso sobre su mejilla– ¿Me perdonas? –Le preguntó con una dulce voz, bajando su mirada avergonzada.
Link no fue capaz de responder, de pronto sintió que la densa atmósfera que los rodeaba le estaba impidiendo el respirar.
– Yo… –toda la sangre se le subió a la cabeza y el calor se hizo insoportable– acaba de… acaba de…besarme… –pensó aún sintiendo los suaves labios de ella sobre su húmeda piel.
– ¿Link? ¿Estás bien? –Le preguntó preocupada al verlo con el rostro tan rojo, realmente parecía que se estaba ahogando.
Ella también había olvidado la situación y el lugar donde se encontraban y sin meditación alguna se acercó peligrosamente a él. La mano de ella se poso sobre su frente.
– Esto… esto… ¡Es demasiado! –Pensó justo antes de sentir que toda su mente se nublaba y el se desvanecía.
– ¡Link! –Exclamó al verlo desmayarse– ¡Aguanta! –Le dijo sujetándolo como podía, evitando que él se ahogara.
.-. FLASH BACK.-.-.
– Maldición… nunca podré olvidar eso –se dijo levantándose completamente sonrojada a causa del recuerdo– Tengo que vestirme y bajar ¡Eh perdido mucho tiempo!
Cubrió su cuerpo con la toalla y salio precipitadamente del baño, estaba segura que había pasado DEMASIADO tiempo.
Link esperaba a la joven Princesa en el lugar indicado, no había pasado mucho tiempo desde que había llegado al lugar de encuentro cuando…
– ¡Link! –Escuchó que lo llamaban desde la parte más alta de la escalera.
Sonrió aliviado al ver que la joven no había decidido escaparse en el último segundo y realmente había cumplido con su palabra de reunirse con él. Esperó a que se acercara, notando que ella traía puesto el traje que solía usar, con hombreras y todo, aunque el color era diferente, en vez de rosa esta vez la tela era de un azul ultramar, que estilizaba aún más su figura y hacia juego con sus brillantes ojos agua marina.
– ¿Tienes… la… lista? –Le preguntó con una voz algo agitada, cuando ya se encontraba frente a él– ¿Tú ropa ya estaba seca?
Link también volvía a vestir con su típica túnica verde, su infaltable gorro, esos ajustados pantalones blanco invierno y sus botas.
– Sipis –le respondió sonriendo– y… aquí traigo la lista –le indicó mostrándole el muy enrollado papelito en su mano.
– Perfecto, vamos a la sala de estar a leerlo ¿Te parece?
– Claro –fue la simple respuesta de él–. Por cierto –llamó su atención justo antes de que ella diera el primer paso– el azul te sienta muy bien –le comento sonrojándose–. Está tan hermosa como siempre –esto último sólo lo pensó.
– Gra… gracias… –agregó algo tartamuda sorprendiéndose por el cumplido que Link acaba de hacerle.
Tiempo después podemos ser testigos de una escena en donde los dos muchachos, sentados uno junto al otro en un cómodo sillón, analizaban con cuidado cada uno de los deberes que Impa había apuntado en su "pequeña" lista.
– Pero… Impa no está… eso significa que… –comenzó a decir la chica al detener su mirada sobre uno de esos "deberes".
– Yo…–Link también estaba algo confundido.
Pero ninguno pudo continuar con su frase ya que en ese preciso instante el Rey hizo su magistral aparición en la sala donde ellos se encontraban.
– Al fin los encuentro muchachos –sonrió.
– ¿Eh? –Ambos miraron confundidos al hombre que se acercaba.
Sin duda alguna ambos se estaban preguntando que sería lo que esta vez quería el Rey.
– Querida… ¿No has visto a tú maestra de historia? Desde ayer que no logro dar con su paradero y tengo un asunto muy importante que arreglar con ella.
– ¿Maestra… de… historia? –Repitió mentalmente al tiempo que sentía que todos sus músculos se tensaban.
Link y Zelda giraron sus cabezas mirándose mutuamente. Sólo ellos sabían del "paradero" de esa mujer… bueno tal vez ahora no tenían idea en donde estaba, pero ellos habían sido los responsables de su… ejem… "misteriosa desaparición".
– La... la... –Link apuntaba con su dedo índice a la joven.
– Mi... mi… –decia ella también apuntando al muchacho.
El Rey sólo miraba la escena MUY confundido.
– ¡MAESTRA DE HISTORIA! –Exclamaron al mismo tiempo sujetando sus cabezas con ambas manos.
– ¿Chicos? ¿Pasa algo malo?
Ninguno de los dos respondió, sus miradas denotaban el terror y la tensión de esa inminente verdad.
Cuando habían hecho "desaparecer" a la mujer, nunca se pusieron en el caso de que algo como esto sucediera… NUNCA se esperaron algo como esto… ahora tenían que pensar en algo… maquinar alguna tonta e ingeniosa excusa o algún absurdo plan que los ayudara a salir de ESE "problemita"… pero… ¡¿Qué?!
Ninguna ocurrente idea pasaba por sus desesperadas mentes en ese momento… pero… algo tenía que ocurrírseles…
Continuará…
Después de una verdadera eternidad he actualizado , en verdad ToT lo lamento, no tengo excusa para la GRAN tardanza.
Para el siguiente episodio… ¿Cuál será la ingeniosa idea que los salvará del gran lio en el que se han metido Link y Zelda al hacer desaparecer a la maestra de historia? ¿En que escalofriante cementerio estará enterada la momia, dijo la mujer ? ¿Cuáles serán los "deberes" pendientes de los muchachos?... estas y otras interrogantes serán respondidas en el siguiente capítulo de "GUARDAESPALDAS POR UNA SEMANA" que tiene título pero no pienso decírselos XD!, no broma
El sexto capítulo del fic: Día tres(II): Mi maestro… ¿Link? ((n.n me imagino que ya sabrán de que tratara XD!))
Y como siempre no puedo marcharme sin agradecer a todos aquellos que utilizan parte de su valioso tiempo leyendo esta estupidez… y por su puesto un especial saludo para… …. Quienes se tomaron la molestia de dejar sus comentarios n.n, en verdad MUCHAS GRACIAS, en especial a Dialirvi, la generala, El angel de la oscuridad, Ishia Urua, SaulTalim15, Galia V, Fox McCloude, mineko-chan, -x-Mapachita-x-, aLma, sweet fairy, alecacahuate, Kitsa y Mego.
¡Nos estaremos leyendo!
N.A. 2017: Bueno, he terminado de corregir el sexto capítulo. A pesar de que es bastante largo (no tanto como el anterior) XD no me demoré tanto, porque este si estaba mejor redactado. La verdad XD no me acordaba bien como había sido la "noche" XDDD, creo que ha sido bueno volver a leer esto, me ha inspirado XP (ahora me estoy auto inspirando XP)
Por cierto a todos quien estén leyendo este fic o lo estén releyendo a medida que voy corrigiendo los capítulos, pues... :) les informo que he subido un "capítulo extra" llamado "Un día de locos", que se ubica cronológicamente justo al termino de este fic.
