Había olvidado subir este capítulo XD osea.. resubir XDD

Por ahora no dejaré comentarios owo...


GUARDAESPALDAS POR UNA SEMANA


En el capítulo anterior…

El rey sólo miraba MUY confundido la escena, la verdad es que ya se estaba preguntando si ellos estaban intentando hacer una interpretación musical con las notas "LA" y "MI", pero si eso fuera realmente cierto, sentía que les faltaba MUCHA practica y coordinación.

— ¡MAESTRA DE HISTORIA! —Exclamaron al mismo tiempo al fin completando sus palabras.

Link y Zelda sujetaban sus cabezas con ambas manos, en un signo claro de desesperación y nerviosismo… ¡¿Qué iban ha hacer ahora?!, la mujer que el rey buscaba estaba en estos momentos en… en alguna parte de Hyrule o tal vez en alguna lejana nación.

— ¿Chicos? ¿Pasa algo malo? —Les preguntó con notable confusión, aún observando la extraña reacción de los muchachos.

Claro que ninguno de los dos tuvo el valor de responder a esta nueva interrogante del Rey. No podían decirle que habían sido ellos los responsables de la "misteriosa desaparición" de la momia viviente del castillo… cof cof…digo… de la queridísima maestra de historia.

En realidad, cuando habían hecho "desaparecer" a la mujer, nunca se pusieron en el caso de que algo como esto sucediera… NUNCA se esperaron algo como esto. Ahora tenían que pensar en "algo", maquinar alguna tonta e ingeniosa excusa o algún absurdo y perspicaz plan que los ayudara a salir del "apuro" en el que ahora se habían metido… pero la pregunta clave estaba en… ¡¿Qué?!


.-.-.Día tres (II): ¿Dónde esta la momia? .-.-.


Esto no podía estarles pasando… simplemente… NO PODÍA…

¿Cómo era que se habían metido en este lío?

¿Qué los había impulsado a cometer semejante crimen? ¿Estaría aún viva la maestra de historia? ¿Y… a alguien le importa realmente esto último?, por lo menos a los muchachos eso… los tenía sin cuidado. Pero, bueno… tampoco era para hacerse las victimas, en realidad debían reconocer que después de todo, ellos solitos habían maquinado un plan tan… tan macabro como el hacer desaparecer a una persona encerrándola en una caja sellada y mandándola por correo al "país del nunca jamás" ósea… ni idea hacía que lado del mundo se había ido la "pobre" mujer.

Pero definitivamente todo lo anterior dejaba de tomar relevancia cuando se pensaba en el… ¡¿Qué harían ahora?!

Piensa… piensa… —se animaba una y otra vez la muchacha, tratando de conservar la calma y la serenidad que siempre la habían caracterizado. Si como no, ni ella se tragaba esa mentira— ¡Malditas neuronas, REACCIONEN! — se auto regaño cuando se percato de que ninguna ocurrente idea pasaba esta vez por su cabeza— ¿Dónde está la sabiduría de Nayru cuando se la necesita? —se preguntó ya completamente desesperada.

Y se podría decir que Link estaba "casi" en la misma situación.

¡¿Por qué demonios no esta Ganondorf para echarle la culpa?! ¡¿Por qué diantres tuvo que morirse?! Esperen… —hizo una breve pausa recordando un pequeño "detalle" de su pasado— … había olvidado que yo fui el responsable de su muerte… —suspiro resignado, ya no había vuelta que darle al asunto— Por todas las Diosas… nunca creí que pensaría esto pero… ¡GANONDORF, TE NECESITO!

Esto era el colmo de los colmos ¿Link rogando para que Ganondorf volviera? ¿La princesa con las neuronas más secas que la autora que escribe esta locura? Y yo que creía que lo había visto todo…

Bueno, y mientras nuestros "intrépidos" e "incansables" protagonistas seguían tratando de solucionar sus problemas existenciales, el Rey había llamado a una de las sirvientas para que le sirviera una reparadora tacita de té acompañada de galletitas de chipas de chocolate… ¡Alto! Una pausa por favor ¿No se suponía que el Rey iba ha comenzar una dieta?, seguro ya lo había olvidado…

— Link… —susurró la chica llamando la atención del muchacho.

— Dime que ya tienes una idea —le dijo también en un susurró mirándola intensamente, esperanzado que a ella le hubiera ido mucho mejor con esa "ocurrente idea" que ahora necesitaban con urgencia.

— Pues… —se acercó al rubio para poder hablarle junto a su oído— tal vez lo mejor sea…

….

…..

Estos puntos son innecesarios, pero… ayudan a mantener el suspenso ¿no?… ejem sigamos con la historia…

— ¡¿Qué?! —Exclamó exaltado, levantándose de un salto al escuchar la ocurrencia de la Princesa— ¡¿Quieres morir tan joven?! —la interrogo olvidando por completo la presencia del Rey en la estancia.

— ¡Claro que no!, solo… solo pienso que es mejor hacer lo correcto y cortar por lo sano —le explico también levantándose para poder encarar al chico.

— Eso no es SANO, es… CONDENA segura… —la contradijo.

Para aclarar un poco la situación, lo que Zelda había propuesto había sido, ser sincera y decirle toda la verdad al Rey de una vez por todas y claro, luego pedir clemencia para que no fueran castigados de por vida. Pero era evidente que Link no estaba dispuesto a revelar algo como aquello, si lo hacia sería tachado para siempre de criminal, imagínense ¿El "Gran Héroe" de Hyrule siendo apuntado como un vulgar criminal?

— Chicos… —los interrumpió el Rey acercándose a los jóvenes con tacita de té en mano— ¿Puedo ayudarlos? —Les pregunto con infinita calma, como si todos todas las contradicciones y las palabras sin sentido no le afectaran en lo más mínimo.

— Su majestad… —se adelantó Link, hablando de manera formal y segura, tal vez… DEMASIADO formal y no tan segura, pero para el caso daba igual— Le prometo que su audiencia que con la maestra de su hija se llevara a cabo en seguida, por favor… le pido que tenga algo de paciencia y nos espere en el comedor unos minutos —le indico hablando como si realmente hubiera sido entrenado en asuntos de diplomacia.

— Claro —dijo el Rey de manera muy simple, aceptando la propuesta del chico con una afable sonrisa.

En realidad, es de conocimiento de todos que el hombre conocido como soberano de estas tierras, nunca se hacía muchos problemas por nada.

Zelda estaba TAN impresionada por la actitud del muchacho o más bien de la seguridad y calma que de un momento a otro aparentaba, que no fue capaz de reaccionar, ni mucho menos de articular palabra. De hecho, ni siquiera parpadeo hasta que al fin su padre había desaparecido de la estancia.

— ¡¿Estás loco?! —le grito a Link sujetándolo del cuello de la camiseta blanca que usaba— ¡Ahora si estamos fritos! ¡¿De adonde vas ha sacar un clon de la momia que hicimos desaparecer?! —Estaba furiosa, pero más que furiosa alterada, era hipotéticamente imposible encontrar a la mujer en tan solo unos minutos, su única opción radicaba en hacer aparecer mágicamente a la hermana gemela de la momia, que evidentemente… no existía… y traerla para que se hiciera pasar por maestra, pero esa opción también estaba descartada.

— Relájate —la calmó como si realmente ya hubiera olvidado toda la presión que minutos antes había sentido por la situación— tengo todo bajo control —le dijo haciendo un guiñó.

— No me digas —murmuro con sarcasmo, soltando de su agarre al rubio— ¿Acaso tienes una brillante idea para sacarnos de este embrollo?

— ¿Dudas de mi increíble intelecto? —La interrogo mirándola con un dejo de soberbia.

— ¿Te digo la verdad o… seguimos siendo amigos? —Le preguntó ella cruzándose de brazos.

— OHHH vamos Zel, confía en mí, te aseguro que esta vez tengo una idea que no puede fallar —insistió juntando sus manos y observando a la muchacha como si se tratara de un niño chiquito esperando recibir el permiso de su madre para ir a jugar— ¿Lo harás? —Insistió acercándose peligrosamente a la joven, aún dedicándole esa adorable mirada.

— Mmmm… déjame pensarlo un momento… —alcanzó a articular fingiendo parecer dura y tratando de mantener un frío semblante, pero en realidad sabía que no podía resistirse a los encantos de él— Está bien… —acepto al fin, suspirando resignada.

— ¡SIIII! —exclamó jubiloso, lanzándose contra la chica para abrazarla.

La repentina acción del rubio tomo totalmente desprevenida a la Princesa, quien antes de perder por completo el equilibrio, alcanzó a aferrarse con fuerza al joven, cayendo "sentada" en el sofá que aún estaba tras ellos y de paso llevándose con ella al muchacho.

— Lo siento —se disculpó Link rojo como tomate, quien había alcanzado a reaccionar justo a tiempo y había conseguido apoyarse con ambas manos, antes de irse de cara contra la chica.

Y para variar este era otro de esos incómodos, pero a la vez nada infortunados momentos, en donde, sin la necesidad de revelar sus sentimientos, ambos muchachos podían disfrutar "disimuladamente" de la provocadora cercanía del otro. Para que comprendan un poco más el contexto de la situación actual, hace falta describir un poco la posición en la que ahora ambos estaban…

Link había terminado literalmente "sentado" sobre las caderas de ella, con una pierna apoyada en el acolchado sillón y la otra medianamente apoyada en el suelo, mientras que sus dos manos estaban a poyadas en los cojines justo a los costados del sorprendido rostro de la joven… en realidad más que sentados estaban semi acostados a lo largo del sofá. Zelda por su parte, había quedado atrapada entre el sillón y el… cof cof… masculino cuerpo del rubio… con sus dos brazos aún pasando por los costados del torso de él y las manos bien apoyadas en su espalda, ayudaba a mantener la cercanía entre sus cuerpos y ¿Por qué no?… sus rostros.

— No te disculpes… —dijo ella también notablemente sonrojada— fue mi culpa —le dijo sin la intención de liberar al joven, le gustaba sentirlo cerca y ya no podía disimularlo.

El Hyliano se "percato", al fin, de que no podría separarse de ella si la chica no lo soltaba primero, aunque debía admitir que no le molestaría quedarse en esa misma posición por una hora más, el problema estaba en que sus malditas hormonas trabajaban a paso rápido y si no hacía algo para distanciarse de ella, seguro la muchacha notaría algo que no debía notar.

— Ejem… ejem… —comenzó aclarándose la garganta— Este… Zelda… —continuo aún más sonrojado que antes, sintiendo ese misterioso calor que comenzaba nuevamente a sofocarlo.

Tal vez hace unos días atrás una situación como esta no le hubiera parecido tan complicada, pero luego de lo que había vivido con ella la noche anterior en el baño y más tarde en su cuarto… especialmente en su cuarto… le era demasiado difícil mantener su mente fría y más aún su cuerpo.

— Zelda… —volvió a llamarla, evitando hacer contacto visual con los ojos de ella, no quería quedar atrapado en su mirada como tantas otras veces le había pasado.

Y en ese mismo instante la joven Princesa recordó la decisión que había tomado la noche del primer día con Link como su guardaespaldas. Una decisión donde se había propuesto confesarle sus sentimientos al joven antes de que la semana terminara y en vista de todo lo que había vivido hasta ahora podía claramente dejar en claro que… ¡Había desperdiciado todas las oportunidades que se le habían presentado!

Al menos agradezcamos que se acaba de dar cuenta de ello. Eso también es un avance.

¡Se acabó! —Se dijo con determinación— esto de ninguna manera puede seguir así… si Link no piensa reaccionar lo haré yo y punto —ahora si que estaba decidida, después de todo ¿Qué tan difícil podía ser decir algo como…? "Te amo…" o en su defecto "Me gustas mucho" o en el último de los casos "¡Estoy loca por ti!"

— Este… ¿Podrías…? —continuo Link volviendo a enfrentar la mirada de ella, aún alargando una simple pregunta, incapaz de articular un "¿Podrías soltarme?"

— Shhhh… —lo silencio ella mirándolo con dulzura, mientras que apartaba una de sus manos de la espalda de él, para poder guiarla hasta el rostro del muchacho, acariciando con suavidad una de sus mejillas— hay algo… algo que debes saber… —continuo hablando de manera pausada, rozando delicadamente con la yema de sus dedos la piel y el cabello que había tras la puntiaguda oreja del Hyliano.

¿Dónde había quedado el problema con la maestra desaparecida? ¿Cuál era la genial idea que Link había tenido? ¿Qué era lo que el Rey se imaginaria si los viera ahora en la posición en la que se encontraban?... Nada de eso ahora les importaba, habían olvidado por completo lo que habían estado haciendo hace tan sólo unos segundos atrás…

Link cerró los ojos disfrutando del suave contacto proporcionado por las dulces caricias de la muchacha.

— Zelda… espera… —le rogó de manera entrecortada a causa de la falta de aire que en esos momentos estaba necesitando.

La Princesa sonrió enternecida ante la reacción de él, una suave risa se escapo de sus labios al sentir como el joven dejaba de oponer resistencia y recargaba completamente su cuerpo en ella, dejando que su calido aliento acariciara la piel desnuda del cuello de la joven, haciéndola estremecer.

Tal vez en este momento las palabras no hacían falta… y si ninguno de los dos, era capaz de articular una frase coherente, quizás la única alternativa que les quedaba para confesar sus sentimientos de una vez por todas, era… demostrándolo con sus acciones.

El rubio se separo escasos centímetros del cuerpo de la Princesa, sólo para que su intensa mirada se clavara en los ojos de ella, una de sus manos se poso con suavidad sobre la sonrojada mejilla de la muchacha, acariciando esa tersa piel que en esos momentos lo estaba volviendo loco, deseaba con todas sus fuerzas remplazar su mano por sus labios, pero antes… antes quería probar el sabor de esos tentadores labios teñidos por un suave rosa, esos labios ligeramente humedecidos que ahora se encontraban entreabiertos y parecían realizar una silenciosa y atrayente invitación…

— Link… —lo llamó en un anhelante susurró, permaneciendo con los ojos cerrados, mientras una de sus manos se enredaba en los rubios cabellos del muchacho y la otra subía y bajaba a un ritmo lento a través de la espalda de él, haciendo un interesante recorrido por su espina dorsal.

El gorro que Link usaba hace ya unos cuantos segundos que no estaba en su cabeza, de echo el pobre había sido completamente olvidado en el suelo, justo después de que Zelda lo hiciera a un lado. No se necesitaba ser un gran observador para percatarse que de hace un buen rato la situación se estaba saliendo de control y a una velocidad verdaderamente alarmante.

El Hyliano no necesitaba más incentivo para completar lo que hace demasiado tiempo había anhelado, la Princesa le había hecho una CLARA y sugestiva invitación, y él ya no podía esperar más… impulsado por sus ya incontrolables deseos fue acortando lentamente la escasa distancia que separaban a sus labios de los de ella, sonrió divertido cuando casualmente la punta de sus narices chocaba ante la eminente cercanía y al aún mantener sus ojos abiertos pudo ver la hermosa sonrisa dibujada en los labios de ella, haciéndolos aún más atractivos. Seguramente la joven también había sentido ese sutil y torpe contacto y al igual que él, le había hecho gracia. El chico volvió a concentrarse en lo que estaba, pero esta vez al acercarse inclino levemente la cabeza y cuando al fin el sutil roce entre sus labios ya era todo un hecho…

— Su majestad le traje más… —la sirvienta quedo muda al ver la… ahora MÁS que comprometedora escena.

El fuerte estruendo de otra bandeja estrellándose contra el suelo hizo que el perfecto momento se viera nuevamente interrumpido. Link sobresaltado perdió el equilibrio y se fue de espaldas al suelo justo un instaste después que la Princesa alarmada por el ruido lo empujara para separarlo de ella.

Y tal como se lo están imaginando, la chica que había interrumpido esta vez el inspirado momento entre los jóvenes, se trataba nada más y nada menos que de la misma sirvienta que horas antes los había encontrado en una situación relativamente "similar" en el comedor del castillo.

— Yo… no quise… —murmuró entrelazando sus dedos de manera nerviosa— no sabía que usted estaba…

— NADA —completo la Princesa levantándose del sofá, esquivando el cuerpo de Link en el suelo y encaminándose hacia la chica— no te preocupes… no interrumpes nada —mintió en un tono muy poco convincente, con un extraño tic en el ojo izquierdo— ¡¿Por qué?! —se preguntaba maldiciendo por lo bajo que una nueva oportunidad se le escapara de las manos.

— De verdad lo siento —insistió la sirviente mirando de reojo al pobre chico que seguía en el suelo.

— Créeme que yo lo siento más —murmuro sin darse cuenta, aún lamentando PROFUNDAMENTE ser interrumpida.

— ¿Disculpe? ¿Qué dijo? —preguntó la chica sin creer lo que había oído.

— Digo… —se sonrojo notoriamente y cubrió su boca con ambas manos— este… bueno —trato de responderle, esquivando la mirada de ella, clavándola en el suelo y luego en el techo— ¡¿Qué demonios le invento ahora?! —Se pregunto maldiciendo haber pensado en voz alta— ¿No tenía que llevarle las galletas a mi padre? —dijo al fin, evadiendo estratégicamente sus preguntas con otra.

— ¡Es cierto! Nuevamente pido disculpas —le dijo haciendo una pronunciada reverencia— de verdad lo lamento —dijo cuando ya desaparecía tras la puerta.

Una vez que nuevamente la Princesa y su "tutor" estaban solos en el cuarto, Zelda cerró la puerta del cuarto y recargó su espalda en ella, suspirando pesadamente, pensando seriamente que esta vez si que había estado cerca…

Demasiado cerca… —pensó delineado sus labios con uno de sus dedos— demasiado cerca… —volvió a repetirse mientras cerraba los ojos y dejaba escapar un nuevo suspiro.

Link se incorporó al escuchar el sonido de la puerta cerrarse, estaba medio aturdido y no precisamente por el golpe que se había dado al caer al suelo.

— Zelda… —la llamo con seriedad desde su posición actual, ósea… sentado en el suelo junto al sofá. Estaba decido a aclarar de una vez por todas el asunto, no podían seguir así o por lo menos él, ya no podía.

— Y bien Link… ¿Cuál es tu "grandiosa" idea? —Lo interrumpió ella, hablándole como si realmente hace unos segundos atrás nada hubiera ocurrido.

El muchacho se vio obligado a voltear para mirarla, necesitaba comprobar con sus propios ojos cual era la postura que ahora ella había tomado. Zelda aún estaba apoyada sobre la puerta, con los brazos cruzados sobre su pecho y su mirada fija en el chico, pero sin ninguna expresión que reflejara confusión, aunque en realidad estaba maldiciendo su cobardía… nuevamente estaba buscando una forma para evadir el ya muy postergado asunto.

— Bueno —se levantó, encaminándose al lugar donde ella se encontraba ahora— mi idea… —le dijo ya retomando nuevamente el tema de "la maestra desaparecida".

Link apoyo una de sus manos sobre la puerta y acercó provocativamente su cuerpo al de ella. Zelda se sonrojó al instante, creyendo que él pretendía continuar con lo que habían estado a punto de hacer en el sofá, pero en realidad las intenciones del rubio eran otras, sólo se había acercado para revelarle su idea junto al oído de la muchacha, como si temiera que alguien pudiera escucharlos.

— ¡¿QUÉ?! —Exclamó separándolo bruscamente de ella y avanzando por el cuarto aún sin creer lo que acaba de escuchar— Eso… ¡Es una locura! —le dijo volteándose para mirar a un sonriente Link.

— El Rey nunca notara la diferencia —le dijo con gran seguridad y manteniendo esa sonrisa en el rostro.

— No lo haré, me niego rotundamente a hacer algo como aquello.

Link le sonrió con un dejo de picardía, y ella sólo atino a parpadear un par de veces, ante la notable confusión, y de pronto empezó a sentirse un tanto… ¿intimidada por esa mirada?

— ¿Estas segura? —le pregunto aun esbozando una traviesa sonrisa, viéndola acorralada en la pared.

Zelda se vio incapaz de seguir avanzando y supo que estaba atrapada cuando recordó que su espalda estaba contra la puerta de la habitación. Su mirada desafiante se clavo sobre la de Link, no sabía que era lo que estaba pretendiendo el muchacho, pero de ninguna forma picaría el anzuelo, no esta vez.

— Ya lo dije… mi respuesta es un rotundo NO y no cambiare de idea ni ahora, ni nunca —le respondió con una seguridad implacable, aun tratando de descifrar en los ojos del rubio sus intenciones— No voy a hacerlo —volvió a repetir como si ella misma intentara convencerse de ello.

Diez minutos después…

— Demonios… no puedo creer que vaya a hacer esto… —murmuro la muchacha acomodándose una ajustada falta color ocre.

— ¿Cómo vas? —la interrogo él desde el otro lado de la puerta.

En ese momento, Link esperaba fuera del cuarto a que la Princesa se "vistiera" o más bien, se pusiera su "disfraz".

— ¡¿Cómo crees que voy?! —Le pregunto molesta a ver lo MUY ajustada que le quedaban las prendas— mi padre notara inmediatamente la diferencia —pensó sintiéndose un tanto ridícula de haber aceptado ser partícipe de esta absurda idea.

Al Hyliano se le había pasado por la mente la magnifica ocurrencia de que Zelda se hiciera pasar por su maestra de historia… de esta forma no tendrían que decirle la verdad al Rey. El problema radicaba en que la momia que le hacía clases a Zelda era más plana que una tabla y evidentemente sus ropas puestas en la chica afirmaban claramente que el cuerpo de la muchacha era mucho más curvilíneo de lo que sus "trajes de Princesa" solían mostrar.

— Ya puedes entrar —le indico mientras dejaba escapar un suspiro cansado, viendo el surco que se formaba entre sus pechos y que la blusa semi abierta dejaba a la vista.

Link entro en el cuarto, pero no alcanzó a decir ni una palabra antes de quedarse pasmado en el umbral de la puerta con la boca abierta y con la mirada totalmente despierta.

La Princesa se veía demasiado provocativa en su nuevo atuendo, los botones superiores de la blusa sin abrochar dejaban a la vista parte de su busto, haciendo un recorrido por su curvilínea figura terminando en la falta exquisitamente ajustada, marcando su estrecha cintura.

— Cierra la boca, o te vas a tragar una mosca —le dijo aún más molesta y avergonzada de lo que ya estaba.

Sabía perfectamente a que se debía la reacción del muchacho, pero para tratar de disimular un poco y bajarle el perfil a la situación se apoyo en la muralla más cercana evitando hacer contacto visual con la intensa mirada que ahora él le dedicaba.

— Mi padre no se tragara esta farsa —comentó sabiendo que esto no daría resultado.

El chico logro despabilarse al fin, y antes de avanzar agito rápidamente su cabeza e intento, usando TODA su fuerza de voluntad, concentrarse en lo que tenían que hacer e ignorar sus hormonas y tratar de bajar el rubor de sus mejillas.

— Ejem… —se aclaró la garganta parándose frente a la Princesa— mente en blanco… mente en blanco —se repitió mentalmente tratando de aparentar una seriedad que evidentemente en esos momentos no tenía— No hay de que preocuparse Zel, nunca notara la diferencia —le mintió dándole una última y rápida mirada a la figura de ella— Nunca lo notara… —susurró mordiendo suavemente su labio inferior y apretando con fuerza sus puños— Contrólate Link… ¡Contrólate!

— ¿Ah sí? —lo observó de reojo— y ¿me podrías decir con que técnica vamos a ocultar mi busto y mi trasero? —le dijo siendo "tal vez" demasiado directa, porque efectivamente con esa ropa TAN apretada esas partes de su cuerpo realzaban bastante.

Link observo "indiscretamente" el cuerpo de la joven Princesa una vez más, viéndose incapacitado para articular cualquier silaba que sonara medianamente entendible, el calor lo estaba sofocando y además se vio obligado a cubrirse la nariz con una mano para detener una segura hemorragia nasal.

— Insisto —clavó su mirada en el techo, con la cara muy… muy roja— nadie lo notara —le dijo luego con una voz algo graciosa porque aun se estaba tapando la nariz.

— Y que me dices de… mis manos y mis ojos y…. mi cara —volvió a insistir ella, ciertamente su parecido con la momia era totalmente nulo, su piel era completamente tersa, blanca y suave al contacto, en cambio la de su maestra… puaj, mejor ni recordarlo.

— ¡Tengo la solución para eso! —Le dijo él muy seguro de sus palabras, se giro para que su vista dejara de ver el cuerpo de la muchacha y pudiera concentrarse en terminar de disfrazarla— Mira… tengo… esto para tus manos— le entrego dos guantes cortos de un color marrón muy claro que había sacado de una especie de bolsito que ahora traía consigo— esto para que cubras tú rostro —le paso un abanico "enorme".

— ¿Pretendes que use "esto" para que mi padre no vea mi cara? —Le dijo sosteniendo el GRAN abanico que le había entregado— ¡Se dará cuenta enseguida! Esto es ridículo Link, de verdad no funcionara —dijo bajando la mirada notablemente desalentada, realmente sentía que esta idea no era buena, porque en realidad "no lo era" — No sé en que momento me convenciste para llevar a cabo esta farsa —agrego luego soltando un cansado suspiro.

Link noto la desalentada mirada de la muchacha y se sintió culpable, en realidad en parte él era el responsable, aunque "ambos" habían estado involucrados en la "desaparición" de la momia, él había tenido esa genial idea de "reemplazar" a la mujer.

Con cuidado se acercó y de manera delicada apoyo su mano izquierda en uno de los hombros de la joven.

— Todo estará bien Zel —le aseguro con voz pausada al mismo tiempo que su mano derecha sujetaba con sutileza el mentón de la Hyliana y la obligaba a levantar la mirada— Además, no perdemos nada con intentarlo —esbozo una despreocupada sonrisa, la misma que siempre lo había caracterizado.

Con el dorso de su mano rozo dulcemente la mejilla de la Princesa y observó como ella le devolvía aquella sonrisa, al parecer ya estaba un poco más tranquila.

— Tienes razón… no perdemos nada con intentarlo —hizo una pausa y agregó algo disgustada— además… mi padre tiene la culpa por tener fósiles de docentes.

La verdad es que la chica aún se preguntaba cual había sido el motivo para escoger a unas profesoras "tan" especiales para su enseñanza… Link no comento nada al respecto, solo sonrió divertido al escuchar las palabras de ella, le había hecho algo de gracia el tono de "disgusto" que había usado ella para referirse a su padre.

Sólo espero que de verdad el Rey no note la diferencia —se dijo no muy esperanzado de que ese milagro ocurriera— Este… bueno… creo que también te hará falta esto —volvió a meter su mano en el bolso que traía consigo, sacando esta vez una peluca blanca con un moño bien armado, idéntico al que usaba la maestra de Zelda.

¿De donde la había sacado?... eso… es un completo misterio…. así que ni se les ocurra preguntar.

— Ven —le indico haciendo una pequeña seña para que ella se acercara.

Zelda se movió casi por inercia, parándose justo frente al Hyliano, sus miradas se cruzaron durante unos segundos y fue Link el primero en despabilarse y reaccionar, volviendo a sonreír, aunque ahora un dejo de nerviosismo era detectado en su mirada.

— Con esta peluca ocultaremos tu cabello —y antes de que la muchacha atinara y le quitara el objeto de las manos, él mismo le coloco la blanca peluca, acomodando con cuidado los rubios cabellos de la Princesa bajo esta— ¿Ves? —sonrió ampliamente al observarla, la chica se veía graciosa con la peluca puesta— Ya estas casi lista, ahora sólo necesitamos algo con lo cual cubrir tus ojos y… —hizo una breve pausa para darle algo de suspenso a sus palabras— casualmente ya había pensado en ello.

— Me sorprendes, tenías todo planeado —le comentó Zelda.

— Ten —volvió a hablar luego de sacar el último objeto que traía consigo y extendérselo a la chica, dejando en el suelo el ahora completamente vacío bolso.

La chica miró durante unos segundos el objeto que el rubio le había entregado y arqueo ligeramente una ceja antes de volver a mirarlo.

— ¿Lentes de sol? —preguntó notablemente confundida, su maestra de historia solía usar gafas, pero no eran unas estilo mosca como esta que Link le había entregado, realmente parecía de esos lentes oscuros que solían usar los ciegos.

— No encontré lentes de sol en el castillo así que… los pinté con pintura negra por el reverso— explicó él, llevando una de sus manos hasta su nuca, rascándose la cabeza como si estuviera nervioso.

— No veré nada si me pongo estas cosas —se quejó.

— Tal vez… y por eso —Link extendió su brazo izquierdo ligeramente doblado— Yo la guiaré hasta el Rey —agrego en un tono muy caballeroso justo antes de hacer una pequeña reverencia.

Sonrió divertida al verlo y luego de agitar ligeramente su cabeza de un lado a otro como si estuviera negando algo, pensó que definitivamente no había caso con ese muchacho.

— Está bien Link, comencemos con este teatro —le dijo sujetándose de su brazo y poniéndose las oscuras gafas, comprobando que definitivamente no veía nada más que la pintura negra.

Abrió el abanico y lo colocó de manera que cubriera parte de su nariz y boca, el objeto en ese momento lo sostenía con su mano izquierda ya que la otra estaba enredada en el brazo de Link, procurando mantener su cuerpo muy cerca del de él, aprovechándose de paso de las circunstancias. Para ese entonces un ligero rubor cubría las mejillas del muchacho, quien evidentemente había sentido nuevamente la cercanía que ahora mantenían sus cuerpos.

— Muy bien joven Link, guíeme hasta el lugar donde me espera el Rey de Hyrule —agregó en un tono coqueto, fingiendo formalidad, sin tratar de imitar la molesta voz de su maestra.

En realidad, la situación en si era algo graciosa, ella se sentía rara disfrazada y seguramente se debía ver aún "más" extraña sujetada del brazo del chico, como si fuera una ancianita incapaz de caminar por si misma.

— Como usted ordene, señorita —la complació, imitando ese formal tonito en ella, no podía evitar sonreír, esta boba actuación se había convertido en una travesura y a pesar de lo que arriesgaban, estaba divirtiéndose en ese momento— Será un placer guiar su caminar.

Para ese entonces ninguno de los dos estaba haciendo bien su papel, la chica NO estaba actuando como la maestra de historia y él NO la estaba tratando como si realmente fuera mujer desaparecida, en realidad ambos estaban jugando, él fingiendo extrema caballerosidad y ella coqueteando mientras se hacía la ciega, aunque en realidad en ese momento no veía nada así que no tenía mucho que fingir.

Y seguramente seguirían con ese juego hasta llegar a la entrada del comedor, porque por más que intentaran ocultarlo, cualquiera que los viera en ese momento pensaría que se trataba de una tierna pareja, bueno… tierna y algo rara. Zelda con peluca, abanico y lentes oscuro se veía bastante "llamativa", le faltaba el puro bastón y estaría lista para hacer el ridículo completo.


Dejando un poco de lado a nuestros queridos protagonistas, seguramente ustedes se estarán preguntando en donde diablos estaba en estos momentos la dichosa maestra de historia, bueno… para no hacer la historia tan larga…

El día en que la mujer desapareció "misteriosamente", fue encerrada por Link y Zelda en una especie de ataúd de madera "no muy bien sellado", nótese el sarcasmo, y mandado por correo a… "algún lugar", ahora ese ataúd estaba entre la carga de un barco de piratas en medió del gran mar de Hyrule, dirigiéndose hacia… hacia donde las aguas desearan llevarlos. En realidad, los piratas eran más desorientados que la autora de este fic, así que no tenían ni idea hacia donde navegaban.

— ¡Hey Gonzo, mira lo que encontré! —Gritó un pequeñito pirata de mirada algo infantil, con los dos incisivos superiores un poco sobresalientes.

El muchacho traía una camiseta rayada en rojo y blanco, pantalones verdes y sobre la cabeza cubriendo su claro cabello una pañoleta azul, además cargaba con una linterna con la cual se encargaba de iluminar gran parte del oscuro cuarto del barco.

— ¡¿Qué demonios quieres ahora Niko?! —Dijo otro de los piratas notablemente irritado, era un hombre mucho más alto y musculoso, parecía un GRAN gorila por la forma en la que caminaba, dejando colgar sus brazos con los hombros inclinados un poco hacia delante, vestía con una camiseta verde, pantalones blanco y un cinturón de tela rojo igual que la pañoleta de su cabeza— ¡¿No te das cuenta que estoy ordenando toda esta mercancía?!

El pirata estaba moviendo un montón de cajas de un lado a otro, mientras el pequeño chico lo miraba divertido desde una de las grandes pilas de de cajas amontonadas, apuntando insistentemente hacia una esquina.

— ¡Pero Gonzo, esto es bueno, mira! —Insistió bajando de un solo salto de la pila de cajas.

El grandulón, aún un tanto irritado por la insistencia de su compañero se decidió por seguirlo.

— ¿Qué diablos es eso? —Le preguntó con su mejor cara de tonto, abriendo la boca en signo de notable confusión, en realidad Gonzo tenía más músculos que cerebro.

— ¡Lo vez Gonzo, te dije que era interesante! —Lle repitió el chico emocionado— Mmmmm —murmuró como si meditara, acariciando ligeramente su barbilla con una de sus manos— ¡Venga, abrámoslo! —Le "propuso", al mismo tiempo que el chico intentaba con todas sus fuerzas, que no eran muchas, liberar la tapa del ataúd de madera.

— Eres un debilucho, Niko… córrete —con un pequeño empujoncito hizo que el pobre chiquillo cayera de espaldas al suelo— y deja este trabajo a un verdadero hombre.

Y antes de disponerse a abrir el ataúd, el pirata se puso a hacer toda una demostración frente Niko, mostrándoles sus súper e hiper increíbles músculos.

— Hey, bájale ¿quieres?, ya entendí el mensaje.

— Jejeje… Por supuesto

Luego de esa ridícula y nada necesaria demostración, Gonzo intento liberar la tapa del ataúd, pero por más fuerza que ejercía esta no cedía, el rostro del pirata ya estaba adquiriendo un anormal color amoratado producto del esfuerzo cuando repentinamente la voz del chico lo distrajo.

— Me parece que tú tampoco puedes —sonrió con mofa.

— ¡Cállate enano! —le dijo escupiendo saliva en la palma de una de sus manos para luego frotarla con la otra— ¡Mira y aprende! —Exclamó, con un falso tono de superioridad.

Este cavernícola no conseguirá nada —medito Niko mientras examinaba a su alrededor, luego de ver como su compañero seguía inútilmente tratando de abrir el ataúd— ¡Con eso será suficiente! —se dijo a si mismo tomando una especie de tubo de hierro aplastado en una punta— ¿Me dejas hacer otro intento?

— ¡¿Qué?! —Lo miró divertido— ¿Tú? —lo interrogó como si no creyera lo que estaba escuchando.

— Sí, yo…

— Qué buen chiste Niko —le dijo dándole una leve palmadita en la espalda mientras se reía de buena gana.

El pequeño pirata hizo su mejor esfuerzo para no reflejar el dolor que le produjo el "leve" golpecito de su compañero, y luego le sonrió alegre.

— Mira y aprende —le dijo realizando un rápido guiñó con uno de sus ojos al tiempo que se acercaba al ataúd.

— ¿Qué pretendes hacer?

— Palanca —le respondió orgulloso de su propia idea.

Introdujo la parte aplastada del hierro entre la pequeña franja que dejaba la tapa y luego jalo con fuerza desde el extremo opuesto, no pasaron más de unos segundos antes de que la tapa del ataúd cediera y se aflojara.

— Ya está.

En esos momentos Gonzo estaba en una desolada esquina hincado en el suelo con una oscura y depresiva aura rodeándolo, mientras repetía entre dientes una y otra vez "no puedo creerlo".

— ¿Gonzo?

— ¡¿Cómo fue que me ganaste?! —chilló como si se tratara de un bebe.

— Ohh vamos Gonzo, no es tan terrible —lo animo su compañero dándole pequeñas palmaditas en la espalda para que se calmara.

— Snif, snif —lloriquero.

— Ya está, ¿lo ves?... todo está bien.

— ¡Eres un gran amigo! —exclamó Gonzo lanzándose contra el pobre chico para abrazarlo.

— Go… Gonzo… me… asfixias… —le dijo entre los brazos del grandulón, quien lo había elevado del suelo con su "abrazo".

— Ups… Lo siento —se disculpó liberándolo.

Niko cayó sentado al suelo, aún medio aturdido.

— No hay problema… amigo —dijo mientras tomaba una GRAN bocanada de aire, para recuperar el oxígeno perdido.

— Bueno… veamos lo que había dentro ¿no? —propuso Gonzo volviendo a acercarse ataúd.

— ¡Cierto!

Al abrir definitivamente la caja, ambos se quedaron petrificados con su descubriendo.

— ¡Una momia! –Exclamó Niko aún sin creerlo lo que veía.

Bueno en realidad no era precisamente una "momia" de verdad, ya que se trataba de la maestra de historia de Zelda, pero para el caso era "casi" lo mismo.

— Si… y… está muy bien conservada —comentó el otro pirata.

— ¡Ganaríamos una fortuna si la vendiéramos a un museo!

— ¡Que gran idea, Niko!

— Mira… si hasta se siente fresquita —volvió a comentar mientras tocaba insistentemente con uno de sus dedos la arrugada mano de la mujer.

— Ten cuidado Niko, yo que tu no tocaría esa cosa… una vez escuche una aterradora historia de muertos que volvían a la vida —le comentó el pirata a su compañero, dando un paso hacia atrás, sintiendo como sus piernas temblaban ligeramente.

Si no hubiera recordado ese estúpido relato ahora no se sentiría tan atemorizado ni indefenso, maldijo por lo bajo hecho de que quien estuviera en la "bodega" del barco con él fuera uno de los piratas más jóvenes del grupo. Niko notó como su compañero se alejaba ligeramente de él y de el ataúd, y suspiro resignado al recordar que a pesar de su aspecto de fortachón, Gonzo era bastante cobarde cuando se trataba de fantasmas o cualquier cosa que saliera de lo "normal".

— Nadie nunca te dijo que… las historias de muertos vivientes son solo eso… historias, yo nunca he visto un muerto levantarse.

— Aun así, es mejor ser precavido y no perturbar el descanso de los muertos.

Justamente estaba analizando el hecho de que su compañero era "demasiado" cobarde, cuando sintió como algo se aferraba a su muñeca, por obvias razones se sobresalto y dirigió inmediatamente su mirada hacía la "cosa" que ahora sujetaba su brazo.

Un sudor frío recorrió su cien al sentir como aquella huesuda mano se aferraba a su muñeca... aquella cosa dentro del sarcófago estaba… estaba…

— ¡Esta viva! —Gritó como loco tirando con fuerza su brazo soltándose del agarre de la mujer— ¡ESTA VIVA!

— ¡TE DIJE QUE NO MOLESTARAS A LOS MUERTOS! —Gritó el otro pirata sujetándose la cabeza con ambas manos, mientras corría en círculos como loco alrededor del ataúd.

— ¿Dónde…? —La mujer comenzaba a levantarse, seguramente tenía un TERRIBLE dolor de cabeza luego de despertar después dos días y pasando para el tercero, desde que perdió la conciencia.

— ¡Vive! ¡Vive! —Gritaba Gonzo como loco, deteniéndose bruscamente y extendiendo sus manos hacia el techo— ¡VIVE! —Exclamo nuevamente, casi como pidiendo que una luz divina cayera sobre él, "El creador".

— Gonzo… —se paró junto a su compañero cruzándose de brazos— Te recuerdo que no eres el protagonista de una película de terror.

— ¿En serio?

— Sí… eres pirata.

— OHHHH eso es… increíble… siempre quise ser pirata.

Niko se golpeo la frente con la palma de una de sus manos mientras murmuraba por lo bajo "idiota".

Entre tanto la mujer ya comenzaba a incorporarse, en realidad en la oscura bodega del barco ese simple hecho, sumado a la escasa iluminación, la pésima visibilidad y… el horrendo aspecto de la vieja… digo maestra, hacían del instante una verdadera escena terrorífica.

— ¿Dónde…? —Repitió la momia, aun manteniendo sus ojos cerrados.

Bueno entre tanta arruga era difícil poder determinar si los tenía abiertos o no, pero para el caso eso daba lo mismo.

Los piratas habían girado sus cabezas clavando sus vistas en la "criatura", sus cuerpos parecían petrificados por el horror, pero fue Gonzo el primero en reaccionar y presa de terror que le provocaba ver como la momia cobraba "vida" agarró a su compañero de la cintura y lo alzó como si nada para luego echarse a correr escandalizado en busca de la salida de bodega.

Y realmente esa fue una decisión acertada, créanme que a nadie le gustaría estar presente en el momento en que la maestra de Zelda despertara y menos luego de una jaqueca, de hecho, como estaba oscuro se veía a medias su terrible aspecto, pero…imaginase ver "eso" todas las mañanas. Con razón el pobre de Link se despertó tan sobresaltado luego de un desagradable sueño con la mujer hace ya unos días.

— ¡¿Dónde demonios metí mis lentes?! —Exclamó furiosa la momia al percatarse de que no traía consigo sus diminutos, pero infaltables lentes.

Seguramente para ese entonces Gonzo y Niko ya le habían contado toda la historia al resto de la tripulación y sin duda alguna ya todos estaban preparados con machetes, hachas, lanzas y otros instrumentos de peligrosa manipulación, listos y dispuestos a atacar a la criatura que había escapado de la muerte y ahora pretendía "perturbar" la tranquilidad del barco.

Esperemos que por el bien de la mujer, los piratas se den cuenta antes de abalanzarse contra ella que en realidad la vieja no es una momia real y que solo, tiene algunos añitos de sabiduría encima… nahh… que va... que la maten… luego le mando mis condolencias a los familiares, si es que tiene familiares con vida.


Volviendo con nuestros jóvenes e intrépidos protagonistas…

— ¿Estás lista? —le pregunto el rubio apoyando sus dos manos sobre los hombros de la muchacha.

— Eso espero —le dijo levantándose momentáneamente las oscuras gafas para verlo.

— Bueno… en ese caso… aquí vamos.

Después de decir esto el chico se distancio de Zelda y abrió una de las puertas del comedor, ingresando en la habitación. El Rey se encontraba tranquilamente esperando su llegada, tal como lo había prometido.

— Este… su majestad... —lo llamó Link con notable nerviosismo reflejado en cada palabra — Con usted… la maestra de su hija —dijo alzando ligeramente la voz al mismo tiempo que se inclinaba ligeramente a la espera de que la "mujer" apareciera por la puerta.

Unos segundos después…

CRI-CRI… CRI-CRI (N.A: vale por sonido de grillo XD!)

Nada sucedió, Zelda digo… la "maestra" aún no ingresaba al cuarto, quizás le había dado pánico escénico o algo por el estilo, así que volvió a aclararse la garganta y en voz aún más alta repitió la "presentación".

Afuera del cuarto…

La joven tenía ambas manos apoyadas en una de las paredes del pasillo, tanteando su alrededor tratando de encontrar la dichosa puerta mientras murmura una y otra ves "¿Dónde esta, dónde esta?".

Extendió sus brazos buscando nuevamente la puerta, y entonces pensó que era estúpido tener los dichosos lentes puestos, ella realmente NO era ciega, si se los sacaba podría ver perfectamente donde diablos estaba la puerta.

La entrada principal del comedor tenía dos grandes puertas, en esta ocasión solo una estaba abierta… la puerta que Link había usado para ingresar con anterioridad y ella, avanzó aún esperanzada que el bobo plan fuera lo suficientemente convincente para calmar a su padre.

Volviendo con el chico…

¿Por qué se tarda tanto?

Se estaba empezando a poner nervioso y tenía un ligero calambre en el cuello al mantener esa posición ligeramente inclinada.

Podía sentir la curiosa mirada que hasta ese instante el Rey le había estado dedicando, sólo esperaba que el hombre no notara nada raro en su actitud y que cuando Zelda, por fin entrara, no se percatara de la NOTORIA diferencia que había entre ella y su maestra "desaparecida", cosa bastante improbable. Aunque si las Diosas estaban de su parte, un milagro se hacía realidad, "tal vez" aún tenían una oportunidad, o por lo menos esa era la esperanza que aún lo mantenía de pie en ese momento.

Pasaron unos cuantos segundos más y luego se sintió un fuerte ruido… alguien se había estrellado con la puerta.

— ¡Auch!

¡Zelda! —inmediatamente levanto su mirada, enderezo su cuerpo y realizo un pequeño trote, deteniéndose en el umbral de la puerta.

— ¡¿Y eso?! —el Rey estaba un "poco" confundido, además de algo alarmado, según su parecer… fuera quien fuera el que se había chocado con la entrada, lo había hecho con "ganas" y seguramente ahora debía estar MUY adolorido, se paro con la intención de ir en ayuda del "accidentado", pero antes de que pudiera dar un paso el rubio lo detuvo haciendo un ademán con su mano indicándole que volviera a sentarse.

Link asomó su cabeza por la puerta abierta y comprobó que la pobre Princesa había tenido un "pequeño" problema de cálculos y se había aventado con gran seguridad contra la parte equivocada de la entrada.

La rubia había caído sentada al suelo luego del "impacto", y ahora se sujetaba con una de sus manos la frente. Sin pensarlo dos veces, el chico se acerco a ayudarla, estaba preocupado por su bienestar, o mejor dicho el de la falsa maestra de historia.

— Debes tener más cuidado Zel, van a descubrirnos —le dijo al tiempo que la sujetaba de un brazo y la ayudaba a levantarse.

— Para ti es fácil decirlo, porque no andas de ciego por los pasillos —le replicó ella muy molesta y adolorida.

Luego del incidente, Link y Zelda entraron juntos, esta vez por a puerta correcta, pero un metro antes de llegar hasta la parte donde comenzaba la mesa, el chico se separo de su acompañante y se adelantó para encargarse de correr la silla donde supuestamente la maestra se sentaría. La chica, al sentir la ausencia de Link, inmediatamente comenzó a sentirse nerviosa y extendió un poco sus brazos hacia delante con la única intención de no volver a chocar contra nada. El rey miraba como la `mujer´ no avanzaba mucho ya que estaba caminado en zigzag de una manera bastante sospechosa.

— ¿Nora? ¿Estas bien? —definitivamente el Rey ya no había podido resistirse a articular aquella pregunta, algo raro estaba pasando— Tal vez ya le llego el viejazo —analizó asintiendo con la cabeza, absolutamente seguro que ese era el `único´ problema.

La chica no respondió, en realidad la Princesa nunca se había tomado la molestia de preguntarle el nombre a su maestra, de hecho, siempre la llamaba de `usted´ y cuando se la presentaron por primera vez su reacción había sido MUY similar a la que había tenido Link hace unos días atrás y claramente no había prestado nada de atención a lo que le decía. Incluso recordaba que esas NOTORIAS arrugas habían llamado en extremo la atención de la pequeña rubia.

¡Las arrugas! —le grito su mente y casi enseguida volvió a colocar el abanico en el lugar que se suponía debía estar, ósea… tapando su rostro.

Era muy obvio que Link ya se había percatado de los `problemitas´ que tenía la muchacha para acercarse hasta el lugar donde él y su padre se encontraban, debía ayudarla, pero… ¿No se vería feo que el guardaespaldas de la Princesa se acercara descaradamente a la maestra de la chica y la sujetara de la mano, así sin más?

Claro que se vería raro pensó apartando esa idea de su cabeza, cruzando los dedos para que la muchacha no se estrellara con nada más antes de llegar hasta donde él estaba— tengo que ayudarla —esa idea no podía sacársela de la cabeza, este plan había comenzado mal y si seguía así se meterían en GRANDES problemas— ¡Por todas las Diosas! ¡ZELDA CUIDADO! —grito sin pensar siquiera lo que decía, pero… su advertencia no había llegado a tiempo.

No pasaron más de unos segundos ante de que Zelda volviera a colisionarse, esta vez golpeándose las piernas con una de las sillas, aunque más de otro asiento se fue con ella cuando cayó. Link había cerrado los ojos un instante antes de que todo sucediera, presintiendo cual sería el final de todo aquello, el Rey por su parte miraba toda la escena con una gran gotita recorriendo su cien.

— ¿Zelda? —la mirada del hombre se clavó en el guardaespaldas de su hija.

En realidad, la sorpresa fue tal, que todos se olvidaron de la pobre chica que ahora estaba en el suelo. Link se había puesto tan nervioso que sus manos ya comenzaban a temblar y la intensa mirada del Rey no le ayudaba a su estado de pánico absoluto.

— ¿Yo dije Zelda? —Preguntó haciéndose el desentendido.

— Pues… eso acabo de escuchar.

— ¿De verdad? —volvió a interrogarlo, casi como tratando de convencer al hombre de que el error había sido de él.

— De veritas, de veritas —insistió él, moviendo su cabeza de forma afirmativa.

— Nahhhh —agrego mirándolo con cara de chiste— me está tomando el pelo su majestad.

Eso fue lo más espontáneo y ocurrente que se le vino a la cabeza.

— Pero… si no te estoy tocando muchacho.

¡Plonk!

El rey, no había captado la idea y ahora era Link el que estaba en el suelo, a causa de la impresión, pero enseguida se levando y le dedicó una fingida sonrisa al padre de su novia… cof cof… digo… al padre de la que quería que fuera su novia y como era común en nuestro distraído soberano, este también le sonrió de manera amable, olvidándose completamente de lo que habían estado hablando.

Zelda reaccionó poco después de eso, y al verse en el suelo, la calma y serenidad que la caracterizaban salieron a flote, demostrando que la Princesa de Hyrule nunca perdía los estribos y siempre mantenía esa destacable actitud de señorita de sociedad que su maestra de etiqueta tanto le había inculcado en sus lecciones.

— ¡USTEDES PAR DE IDIOTAS DEJEN DE MIRARSE LAS CARAS Y VENGAN A AYUDARME! —Les grito, haciendo que los dos reaccionaran y dejaran de sonreírse como tontos enamorados— Demonios, ahora si que tengo tortícolis —maldijo en su mente, sacando una de sus piernas de entre las sillas.

— ¡No se mueva! —Ahora era Link quien daba aquella indicación. Exigiéndole de manera MUY convincente que "no se moviera", al tiempo que lo apuntaba con un dedo "acusador", casi como si estuviera acusándolo por un crimen obligando al hombre a quedarse quieto.

Claro que el Rey se tomó muy en serio las palabras de Link y no movió ningún músculo, ni siquiera para respirar, pero como el chico estaba mucho más interesado en ir a auxiliar a la "maestra", no noto ese pequeño detalle.

No pasaron más de unos minutos antes de que la chica volviera a incorporarse con la ayuda del rubio y también ayudada por él, llego hasta la supuesta silla destinada para la maestra.

— Link… —lo llamó con suavidad mientras su mirada se posaba sobre el Rey. Zelda no traía bien puestas las "gafas" — ¿Qué le paso a mi padre? —le susurró de manera "extrañamente" calmada, pero también muy bajito junto a su oído al ver que la piel del hombre había adquirido un color algo amoratado.

— ¡Majestad! —grito el chico arrebatándole el abanico a la Princesa y saltando con una increíble facilidad al otro lado de la mesa.

Zelda observó la escena como aturdida, casi no creyendo que lo que estaba pasando… realmente estaba ocurriendo. En ese momento Link estaba sobre la mesa abanicando a su padre a mil por hora con una de sus manos mientras que con la otra lo sujetaba para que no se fuera de bruces al suelo.

— ¡Suegrito, NO SE MUERA! —le rogó bajando de la mesa para darle repetidas palmaditas en la espalda del hombre, mientras batía desesperadamente el abanico frente a la cara del padre de Zelda.

¿Suegrito? —Los colores volvieron a subírsele a la cabeza.

Link no se percató de lo que hablaba hasta mucho después… y cuando digo mucho después es literalmente MUCHO después.

AHHHHH! ¡¿Qué hago?! —pensaba desesperado, casi al borde de un nuevo colapso nervioso.

En ese instante sólo dos ideas se le pasaron por la mente… una que definitivamente estaba tratando de "rechazar" y otra que evidentemente no estaba dando resultado porque era justamente lo que estaba haciendo.

¡Maldición! —pensó y chillo para sus adentros— ¡Tendré que darle respiración boca a boca al padre de Zelda!

Y efectivamente esa era su último y más desesperado recurso, no podía dejar que el hombre muriera de asfixia, sino él mismo sería hombre muerto, ¡Impa nunca se lo perdonaría!... y ni hablar de Zelda.

¡NOOOOOOOOOOO! ¡ No quiero, pero… debo! —pensó abanicando más enérgicamente como si milagrosamente el aire reviviría al Rey.

En vista de que todos sus intentos fueron en vano y que hasta ahora por alguna misteriosa razón, ninguna sirvienta había venido a socorrer al soberano de Hyrule, que la enfermera del castillo brillaba por su ausencia y que Zelda aún divagaba en sus pensamientos, imaginándose su boda con Link… pues… al pobre muchacho no le quedo más que resignarse y hacerse la idea que técnicamente su primer "beso" sería con el padre de la chica con la que en más de una oportunidad casi había pasado algo.

¡Estoy seguro que las Diosas confabulan contra mi persona!

Fuera o no confabulación, maldición, ironías del destino, mala suerte, una jugada extraña o como quisieran llamarle… en esos momentos habías algo que al parecer no podía ser detenido…. Link le daría… primeros auxilios la máxima autoridad de Hyrule…

El chico no tardo demasiado en quitar al Rey de la silla y "recostarlo" de una manera no muy delicada sobre el suelo, sus manos se apoyaron sobre el pecho del hombre y al dar los dos primeros apretones con fuerza sobre la caja toráxico, cruzó los todos sus dedos a ver si el Rey reaccionaba. Pasaban y pasaban los segundos y nada que el Rey daba señales de vida, Link se estaba poniendo nervioso, bueno… más de lo que ya estaba.

¡No tengo opción! —ahora si que estaba resignado, volvió a hacer un último intento con sus manos, pero aún no había respuesta…

Fue así como el rubio comenzó a inclinarse lentamente para besar… cof cof… digo… darle respiración de boca a boca al Rey cuando…

— ¡PAPÁ! —exclamó la muchacha quien corrió al auxilio de su padre y de paso alejo "delicadamente" a Link del hombre con un "suave" empujoncito.

Link había sido empujado con tal arrebato que sin lugar a dudas termino perdiendo el equilibrio, yéndose derechito al suelo.

— ¡Papá, reacciona! ¡No me puedes dejar sola!

— ¿Zel…? —El hombre recién comenzaba a reaccionar después de un sin número de zamarreos.

¡El Rey está reaccionando! —Link se levantó rápidamente, tenía que sacar a Zelda de escena si es que aún tenían alguna esperanza de que el Rey aún no se percataba de la farsa. Y con aquel único pensamiento en mente, sujeto a la muchacha de la cintura, la levanto…

— ¡¿Qué demonios estás haciendo?! —Exclamo la muchacha escandalizada, tratando de liberarse del agarre del Hyliano.

El rubio la traslado a paso veloz hasta alguna esquina cercana, con tanto pataleo estaba seguro que en cualquier segundo se le caería.

— Shhhh —Agrego bajándola cerca de una esquina, al tiempo que le tapaba la boca con una de sus manos y con todo su cuerpo la acorralaba para asegurarse que la chica no tuviera posibilidad de escapársele— Cálmate, el Rey estará bien… recuerda que ahora no eres la "Princesa", tú padre nos matara si descubre que lo estamos tratando de engañar —le susurró todo eso al oído, para asegurarse de que sólo ella pudiera escucharlo— ¿Estas más calmada? —Preguntó poco después un tanto inseguro.

Pero a pesar de ello, Zelda asintió con un ligero movimiento de cabeza, por lo que Link alejó su mano de la boca de la Princesa.

— ¡Estoy harta…!

— ¡Shhhhhh! —Y ahí estaba Link nuevamente silenciándola— Zelda…

— ¿Qué haces muchacho? —Esta vez era el mismísimo Rey quien interrumpía la conversación de los jóvenes.

El chico, sobresaltado, soltó a Zelda y giró rápidamente para divisar al padre de la princesa, quien en esos momentos estaba tratando de levantarse.

— ¿Dónde se fue la maestra? —Preguntó enseguida, de manera muy ingenua aún sentado en el suelo, al parecer, el Rey no había divisado a la muchacha detrás del joven.

— Ehhhh… yo… —No tenía ni la más remota idea de que decir ¿cómo era posible que no hubiera visto a la chica? o quizás ya la había visto, sólo que ya había descubierto que se trataba de Zelda y no de la maestra de historia como le habían tratado de hacer creer— Por todas las Diosas… estamos perdidos…

— Aquí estoy Nohansen… —Una voz firme y segura se alzó sobre los titubeos del muchacho— ¿Podemos sentarnos ya? — Indicó con algo de fastidió la "mujer" que comenzaba a caminar hacia uno de los asientos de manera lenta y majestuosa. Una de sus manos sujetaba delicadamente el borde de las grandes gafas oscuras, levantándolas sólo unos centímetros para ver el suelo y lo que estaba un poco más allá mientras avanzaba. — Y usted joven ¿podría ser tan amable de devolverme mi abanico? —Agregó enseguida, dirigiendo evidentemente a Link, quien entre su sorpresa y su embobamiento comenzaba recién a reaccionar.

— ¡Como usted ordene! —Exclamó corriendo hasta donde estaba el Rey, y al tiempo que recogía el gran abanico del suelo ayudo al hombre a incorporarse— ¿Está bien su majestad? —Preguntó algo preocupado por el actual estado del hombre.

— Claro que si Link. ¡Yo soy un hombre fuerte! —Le indico de manera jovial y alegre, posteriormente dio unas suaves palmaditas en la espalda del chico y agrego— No te preocupes por mí, ve y entrégale el abanico a la maestra —le dijo al tiempo que se acercaba un poco como para secretearle algo— Créeme, cuando esa mujer se enfada… uff… ¡ni hablar!

Link rio por lo bajo ante el "secreto" que él hombre le había revelado, alegrándose de que hasta ahora nada sospechaba. Sin más se adelanto y le entregó el objeto a la muchacha, quien inmediatamente lo uso para cubrir parte de su rostro. Zelda sabía que a su padre desde lejos no notaría la diferencia, pero si se acercaba era bueno tener la precaución de cubrirse el rostro.

— Ejem… Bueno ahora que estamos todos reunidos… —Comenzó el Rey, alzando ligeramente la voz para iniciar la conversación, como si nada fuera de lo usual hubiera ocurrido— ¡Esperen! Mmmmm… —Una mirada inquisitiva paso primero sobre una "nerviosa" maestra y seguidamente sobre un intranquilo muchacho.

— ¿Sucede algo majestad? —Fue Link quien se adelanto esta vez.

— Mmmm… si... la verdad es que si… hay… algo MUY extraño en esta mesa— Le respondió en todo severo, casi preocupante, ahora acariciando su barbilla con su mano derecha.

Link trago saliva y empezó a mover sus manos intranquilamente sobre la mesa, mientras Zelda batía rápidamente el abanico frente a ella. Algo… no estaba bien… ¿El Rey ya los habría descubierto?

— ¿Majestad? —Insistió Link, sintiendo como el silencio del hombre se le hacía verdaderamente atormentador. Un sudor frío recorría su frente en ese momento.

— ¡La sirvienta no ha llegado con las cosas para servirnos! —Dijo al fin cruzándose de brazos en una actitud un tanto molesta.

¡Plop!

Link y Zelda casi se caen de sus asientos al escuchar el "problema" del soberano de Hyrule. La verdad es que a esas alturas de la vida… ya nada debería sorprenderles de parte del Rey.

— Humm bueno, mientras esperamos, Nora podrías hábleme un poco de mi hija —dijo enseguida, percatándose de otro "pequeño detalle" — Por cierto… ¿dónde está Zelda?

— Ehhhhh —Fue todo lo que pudieron articular los dos chicos.

Ese sí que era una "excelente" pregunta.

¿Dónde diablos estaba la Princesa?

Zelda se movió otro poco las gafas y observó de reojo a su compañero, mientras este le dedicaba una asustada mirada a ella.

— ¿Qué hacemos ahora? —se había acercado un poco para susurrarle muy bajito.

— Que se yo, esta fue TÚ genial idea —le dijo ya bastante fastidiada como para meterse en más líos.

¡¿Qué hago?!

Ahora si que el Rey los había pillado, si Zelda estaba en la sala haciéndose pasar por la maestra, obviamente no podría estar allí presente en aquella reunión, ¿Cómo explicarle al Rey algo como eso?

Se suponía que el era el tutor de la muchacha, y por ende, debía saber en donde se encontraba, entonces…

— ¡Zelda fue a tomar una ducha! —Exclamó levantándose de un salto. Esa fue la primera excusa que se le pudo pasar por la cabeza.

La "maestra" se golpeó la frente, sintiendo que cada minuto que pasaba la situación empeoraba.

— Pero no se preocupe su majestad, ¡Iré enseguida a traer a su hija! —¿Cómo iba a hacer eso? Ni el mismo lo sabía— Me disculpo, vengo enseguida —Dijo dirigiéndose a la "maestra" y luego realizando una sutil reverencia antes de salir disparado hacia la puerta como si hubiera visto al mismísimo Ganondorf saliendo de su tumba.

¿Qué tendrá pensado hacer? —Fue todo lo que pudo preguntarse, ya que en esos momentos estaba "atada" a la silla, no podía pararse y dejar solo a su padre.

— Nora ¿No sientes que estos muchachos están algo extraños? —Fue lo siguiente que dijo el Rey, poco después de sentir el "suave" portazo que Link realizaba al salir de la habitación presurosa.

— ¿Eh? —La pregunta había tomado totalmente desprevenida.

— Bueno, sé que entre nosotros no existe la confianza suficiente, ya sabes… tú eras mi maestra cuando yo era joven y bueno…

— ¡¿Qué?! —Las palabras del Rey fueron interrumpidas por la repentina reacción de la Princesa— ¡¿Cuántos años tiene la momia?! —Exclamó la muchacha tan sorprendida que ni siquiera había percatado que estaba metiendo la pata.

— ¿Nora? ¿A qué momia te refieres? —Le preguntó nuevamente el Rey, tan o más confundido que su acompañante— Cielos, pobre mujer… ya esta tan vieja que ahora hasta ella misma se auto reconoce como una momia— pensó en tono solemne, lamentando el "deplorable" estado de la mujer.

Que ingenuo era el Rey de Hyrule.

— Este, yo… digo… cof cof… lo siento majestad, sucede que estaba algo distraída, pensé que me estaba hablando de otra cosa —Una risa nerviosa acompaño aquella mentira— Discúlpeme por favor… ¿De que estábamos hablando?

— Bueno… si tú lo dices —Dijo no muy convencido— Estaba preguntándole algo sobre mi hija y su joven tutor, pero antes de volver al tema, me ha llamado la atención su timbre… Si me permite decirlo, está usted adquiriendo una voz mucho más… mmm como decirlo… suave, tal vez hasta melodiosa… —medito un momento y enseguida agregó— Digo, no es que antes no la tuviera, pero…me parece que los años se le estaba yendo de encima.

— Ehhh Bueno… usted sabe… ejem —Se aclaró la garganta antes de continuar— últimamente me he estado tomando algunos brebajes a base de miel para suavizar mis cuerdas bucales, ya sabe… cantar en la ducha requiere de toda una preparación —Mintió al tiempo que otra risita nerviosa acompañaba su engaño— ¡Esa mentira no te la creerías ni tú!

— Ohh, No me diga… no tenía idea que cantaba en la ducha —le comentó notablemente sorprendido— Y no me gustaría escucharla —pensó recordando su infancia y los malos momentos que había pasado junto a aquella mujer, que en esos años ya estaba vieja y arrugada como pasa.

— Este, pues si, ya ve que todos tenemos por ahí nuestros talentos ocultos —otra risa nerviosa acompaño lo dicho.

En eso llega una de las sirvientas con las tazas para el té, una teterita que contenía un brebaje oscuro y humeante y un platito con galletas recién horneadas, de esas con chispitas de chocolate que tanto le gustaban al Rey, y que cultivaban su panza.

— ¡Que rico! —Exclamo en tono infantil y muy inmaduro levantándose de su asiento para recibir las cosas de la sirvienta y llevarlas el mismo a la mesa.

— Pero… su majestad… ese es mi trabajo —murmuró la chica que se había quedado extrañada con la actitud del Rey.

— Nahh que trabajo ni que nada, si quieres puedes traerte una taza y compartir con nosotros —añadió muy amable el hombre.

— Este… —la muchacha había divisado a la joven disfrazada de vieja y trato de hacer caso omiso al hecho— Algo extraño está pasando aquí… —Pensó un tanto confundida, preguntándose como era posible que el Rey no se diera cuenta.

Zelda había tomado una de las tazas de cafés y ya se la estaba sirviendo tranquilamente cuando…

Justo en ese momento, el ruido de una nueva puerta abriéndose llamo la atención de todos los presentes, quien indudablemente y casi de manera instintiva, dirigieron sus miradas hacía el sitio desde donde provenía el ruido y desde donde ahora "alguien" cruzaba el umbral de la puerta ingresando a la habitación.

— ¡Ya estoy aquí majestad! —Una voz muy poco femenina acababa de irrumpir el misterioso silencio que se había formado— ups digo papi —corrigió luego tratando de hacer que su voz fuera lo más "femenina" posible

Era Link quien venía vestido de Princesa, el traje le queda un poco estrecho y no se veía NADA delicado en su "escultural" figura masculina, además traía puesta una peluca y se había maquillado horrorosamente… ¡Por todas las Diosas! ¿qué le había pasado a nuestro héroe?

No estoy viendo esto… —Pensó la sirvienta casi en shock, en verdad estaba pensando que se estaba volviendo loca.

— ¡Hija! Que bueno que vinieras, ¿Dónde se quedó Link? —Le pregunto al ver que su "hija" llegaba sola al comedor.

La verdadera Princesa escupió todo el café que tenía en la boca, era mejor eso que atragantarse con el. Claro que todo el líquido fue a parar a la cara de nuestro simpático Rey, quien entre confundido y algo aturdido, miró a la "mujer" algo preocupado. Zelda obviamente se percato de lo que había pasado y antes de que cualquiera se moviera, se adelanto y ella misma le entregó un pequeño pañito de fina tela para que se limpiara.

— ¡Lo siento mucho majestad! ¡No se que me pasó! –—Le dijo disculpándose enardecidamente, mientras trataba de ver algo con los lentes puesto y sujetaba el abanico para no dejar ver su cara.

— No te preocupes Nora —insistió el Rey pasándose el pañito por la cara— ¿qué me decías hija?

— Ehhhhh… se quedó arriba —respondió nuevamente con su voz "femenina", totalmente mata pasiones— Me dijo que le dolía la espalda —Mintió otra vez.

Será mejor que me vaya, esto… esto es demasiado para mí —Pensó la sirvienta al tiempo que desaparecía tan rápido como sus pies le permitían— Todos están dementes…

— Oh, es una lástima, bueno… acércate querida… no sé porque tengo la ligera impresión de que… —Hizo una pausa meditando sus siguientes palabras.

Y ahí se quedaron todos expectantes por saber cual sería la acotación del Rey esta vez, ¿Habría descubierto ya la farsa? ¿Qué pasara cuando el Rey se entere que la maestra había desaparecido? ¿Cómo harían Link y Zelda para salir de este enredó?

Quien sabe…

Lo único que si es claro es que esta historia…

Continuará…


Bueno después de… uff mucho tiempo he vuelto, lamento enormemente la tardaza y aún más lo chafo de este capi XD que por cierto tuve que cortar en dos, el que sigue se llama como lo tenía predispuesto al final del capi pasado .

Quiero agradecer a toda la gente que me apoyaba y tengo que pedirles una gran disculpa a todos!, de verdad lamento haber dejado tan botado este proyecto y otros que tengo, ;) pero ya estoy de vuelta! Y esta vez no se desharán tan fácil de mi XD

Espero que el capítulo sea de su agrado ;O; de verdad se que esta chafo XD pero es lo que hay , corregiré lo que queda del otro para que sea mejor que esta XD, lo prometo

Y antes de despedirme como siempre quiero agradecer a la gente que lee este fic en especial a aquellos que dejan sus reviews, muchas gracias a –x-Mapachita-x, Dialirvi, Fox McCloude, El angel de la oscuridad, la generala, aLma, SoulTalim15, GaliaV, Kitsa, Neo180, , sweet fairy, cristinaa, Kyoto D, Nayru Tonks, morphine.p o p, ale, Melisa-chan, lycan007, Tanahira Chan y Mego.

Nos estaremos leyendo!

Zilia K

P.D: Esta vez no pondré el nombre del que sigue porque ya estaba puesto XDDD