N.A. 2019: XD y aún sigo tratando de terminar de reeditar este fic, a penas termine esto seguiré actualizando los otros o quizás antes porque tengo varias cosas escritas que no he revisado para actualizar x0x, es que estoy recién adaptándome a esta nueva vida x0x, al menos este capítulo no tiene tantas palabras XD


GUARDAESPALDAS POR UNA SEMANA


En el capítulo anterior…

Zelda había estado tratando de mantener la "mentirilla piadosa" que se habían propuesto llevar a cabo con Link, todo para no admitir que habían cometido un crimen y que habían enviado por correo a la maestra de historia, ¿Quién lo diría? ¿La princesa y el tutor conspirando maquiavélicamente para deshacerse de una momia, cof cof… digo indefensa anciana? Extrañamente hasta ahora el Rey parecía totalmente tranquilo y ajeno a la espeluznante verdad que se cernía sobre sus propios ojos. Algo que evidentemente nos hacía pensar… ¿Por qué diablos Nohansen no se conseguía un buen especialista y unos necesarios lentes?

Pero justo cuando todo parecía bajo control…

– Oh, es una lástima, bueno… acércate querida… no sé porque tengo la ligera impresión de que… –Hizo una pausa meditando sus siguientes palabras.

El Rey había comenzado a dictar su sentencia… seguramente había descubierto que aquella "doncella" que ingresado al cuarto no era precisamente su hija. Y es que no seria nada extraño, ya que Link no tenía un cuerpo precisamente acorde al de la chica que estaba reemplazando.

– ¿De qué? –articuló notablemente asustado el joven, apretando sus puños ahora enguantados.

Estoy frita… adiós dulces privilegios de princesa –Zelda se abanicó desesperadamente en un intento por alejar su nerviosismo.


.-.-.-. Día tres (III): Mi Maestro… ¿Link? .-.-.-.


El incómodo silencio los estaba poniendo MUY nerviosos. Link sentía claramente como la gélida, mirada de la princesa le ORDENABA no dar un paso más, pero el en un intento de arreglar la situación y sabiendo que ya no había marcha atrás, avanzó… dio el primer paso y se tambaleo un poco, junto con el segundo paso volvió a tambalearse, la verdad es que no consideraba nada fácil usar tacos, esta era su primer acercamiento a ellos y para colmo, tenía los dedos doblados y el elegante zapato a punto de explotar.

– Papá yo… –La voz de Link denotaba su nerviosismo, una gota de sudor frío se deslizo por su frente al tiempo que su cuerpo trataba de buscar el equilibrio perfecto mientas avanzaba.

– ¡¿Te sientes bien querida?!, te vez algo pálida –Interrumpió Zelda parándose bruscamente de la mesa. Si existía una oportunidad de que todo quedara como estaba, debían largarse ambos del salón.

– No, la verdad es que me siento bien –Le respondió Link confundido, no habiendo entendido la indirecta de la chica, – Quizás no me puse suficiente rubor –Fue todo lo que atino a pensar nuestro ingenuo héroe.

Maldición –La chica se abanicó con más fuerza, estaba desesperada. Observó a su padre de reojo notando que su ceño estaba fruncido– estoy frita –Termino por condenarse.

Y entonces el Rey se levantó.

Ambos jóvenes tragaron saliva, asustados.

– ¡Has crecido mucho querida! –Exclamó muy sonriente el hombre acercándose a su "hija" – ¡Mira que brazotes! Sacaste el cuerpo de tu padre, no sabes lo orgulloso que me haces sentir –Sus ojos se llenaron de lágrimas de la emoción.

– Ehhhhhh –Link no podía creer lo que estaba sucediendo, el Rey… ¿Realmente lo había confundido con Zelda?

¡¿Qué?! ¡Esto no puede ser, parezco travesti! –Pensó la chica horrorizada escuchar las palabras de su padre– ¡¿Cómo es posible que mi propio padre sea engañado por un impostor tan malo?!

Definitivamente la frase "ver para creer" no encajaba con nuestro querido soberano, quien seguramente estaba más piti que la autora de este fic.

– Ven conmigo querida Zelda, siéntate junto a tu querido padre para que platiquemos con la maestra– Le dijo aún sonriente.

– ¡NOOO! –Interrumpió la "maestra" de repente.

Link y el Rey la miraron desconcertados.

– "La princesa Zelda" se sentará a mi lado – Aclaró con voz firme– Necesito conversar algo privado con la "señorita" –Continuó haciendo énfasis en la palabra "señorita"

– Como desees Nora –Aceptó el hombre encogiéndose de hombros.

Todos volvieron a sentarse frente a la mesa. Zelda, la verdadera se acercó a su "clon" y le susurró por lo bajo.

– ¿Cómo demonios se te fue a ocurrir algo como esto? Ahora sí que hemos metido las patas hasta el fondo –Le dijo molesta, tratando de no mirarle la cara al joven, le chocaba la imagen de Link vestido de mujer y aún más pintado, horrendamente maquillado.

– No te preocupes, tengo todo bajo control… –Le dijo sonriéndole– Puedo imitarte perfectamente.

Esto va a terminar mal –Pensó suspirando pesadamente.

– Bueno ahora que estamos reunidos los tres –Continuó el hombre– Puedes continuar Nora, ¿Qué me decías de mi hija? –Sonrió.

– Ahh eso… pues –Vacilo– ¿De qué diantres le estaba hablando? –Se preguntó un tanto confundida– ¡Ahh sí! ¡Ya lo recuerdo! –Exclamó sin percatarse de que esto lo había dicho en voz alta.

– ¿Qué? –Preguntó el Rey confundido.

Link le dio una fugaz, pero reprochante mirada a la muchacha, como diciendo… ¡No vayas a cagarla!

Bueno… al menos no más de lo que ya lo estaban haciendo.

– ¡Papá! –Lo llamó el chico tratando de desviar la atención del Rey –¡¿Qué te parece si brindamos por esta reunión?!

– ¡Es una excelente idea querida! –Asintió complacido –Brindemos por este encuentro, rara vez nos sentamos los tres en la mesa –Terminó y levantó su tasita de té.

Zelda lo imitó y Link también, pero no se percató de que estaba usando la mano equivocada, cosa que la muchacha no paso por alto.

– ¡Agarra la tasa con tu mano derecha! –Lo regañó enseguida, quizás en un tono demasiado alto.

– Ups –Cambio de mano rápidamente.

El Rey sólo observaba la escena y sonreía con despreocupación. Link por su parte sintió como la tasa se tambaleaba ligeramente en su mano, pero eso fue suficiente como para que parte del ardiente té rebalsara y le quemara la mano, soltando precipitadamente la tasa con el brebaje caliente dentro.

– ¡Ahhhh! –Gritó con su voz de macho– ¡Me queme! –Volvió a quejarse.

– ¡¿Eres un idiota?! –Chilló la chica a su lado molesta– ¿Mira cómo dejaste mi blusa? –Lo regañó.

– ¡No te sulfures que te puede dar un paro cardiaco! –Lo desafió el joven molesto, ahora haciendo el papel de Princesa.

– ¡Pues tu compórtate como señorita! –Lo desafió ella frunciendo el ceño en signo de amenaza.

– Te voy a acusar con mi papa –Chilló Link con voz afeminada– Mi papito vendrá a rescatarme…

– ¡Oye yo nunca he dicho eso! –Ya se le había olvidado por completo la farsa, y que además se encontraba delante de Nohansen.

– ¿A no? Entonces que te parece esto –La desafió levantándose de su asiento– ¡Hay Link ayúdame, un horrible monstruo quiere poseerme! –Alardeó haciendo un verdadero escándalo.

– ¡Ya déjate de estupideces! –Gritó la muchacha molesta abalanzándose contra el joven vestido de princesa.

Ambos cayeron al suelo y comenzaron una verdadera guerra, manotazos, patadas, jalones de peluca y todo delante de nuestro queridísimo soberano. El hombre se levantó e hizo orden.

– ¡Ya deténganse! –Gritó con voz potente y aparentemente molesto.

A los jóvenes se les congelo la sangre al escuchar la potente voz del hombre. Todo había acabado… había llegado el final de sus días. Un silencio sepulcral se había apoderado de la estancia.

¿Qué sucedería ahora?

– ¡Genial! Toda mi vida quise hacer eso –Sonrió divertido– ¿No les pareció imponente mi voz? –Les preguntó a los aturdidos muchachos.

El hombre se detuvo a mirar a su "hija" un segundo, había algo diferente en ella…

– ¿Te hiciste algo en el pelo querida? –le pregunto al ver el cabello de su hija notablemente más corto, era obvio… a Link se le había caído la peluca.

– Yo… –Aún no podía creer que el hombre no hubiera descubierto su verdadera identidad.

Zelda también incrédula, se levantó del suelo con la blusa y la falda estropeada y manchada– Papá… –Murmuró dispuesta a aceptar lo inaceptable, en verdad ya estaba harta de esto– ¡¿Cómo puedes ser tan IDIOTA?! –Le gritó exasperada– Yo soy tu hija… no me ves –Se quitó la peluca al instante.

– Ohhh querida, estabas aquí… pero ¿Son dos? –Preguntó confundido– No sabía que habían nacido gemelas.

PLOP!

Zelda agitó su cabeza tratando de guardar la cordura, el castillo era una locura, el Rey o estaba MUY demente o necesitaba una visita urgente al oculista.

– Papá… él es Link, ¿no lo ves? –Le explicó cansada.

El chico se quito la pintura de la cara y se levanto avergonzado.

– ¡Hijo! Pensé que te habías quedado arriba –Le dijo sonriente como si todo fuera muy natural– Pero… si tú eres Zelda y él es Link… ¿Dónde está Nora?

Chan chan… La pregunta del millón ¿Dónde estaba la momia? Lamentablemente ni los mismos chicos conocían la respuesta.

– Este… – Balbucearon los dos sin saber que contestar.

Ahora si que había llegado su fin…

A pesar de que esta es como la milésima vez que la autora de este fic menciona esa frase… nunca está de más.

Ahora sí que había llegado la hora de confesar la verdad, la farsa ya se había ido a la punta del cerro y no tenían excusas para explicar la ausencia de la mujer.

– Se fue… –Dijo ella muy bajito.

– ¿Qué? –Insistió su padre sin haber conseguido escucharla.

– Que… metimos a la maestra en una caja sellada y la enviamos lejos por el correo –Le dijo bajando la mirada esperando su castigo.

– ¿Lo dices en serio? –Volvió a interrogarla el Rey al tiempo que se acercaba a la muchacha a paso firme y majestuoso.

– Si… –Fue lo único que dijo la muchacha y poco después sintió como las manos de su padre se posaban en sus hombros.

El momento había llegado… y en este último día de su vida, ya se estaba preparando para trasladar su cuarto a las celdas del castillo cuando…

– ¡Eres mi ídola! –Exclamó un efusivo Rey abrazando o mejor dicho estrangulando a su hija.

– ¡¿Qué?! –Link abrió los ojos como platos, nunca se espero semejante reacción de parte del Rey.

– Pa… papá… no… no res… respiro –Le dijo de manera entrecortada por la falta de aire.

– Ups –La libero del abrazo– Lo siento –Se disculpó volviendo a sonreír.

Luego se alejo de los muchachos y volvió a sentarse para seguir tomando su té con toda la naturalidad del mundo.

– No… no nos va ha ¿regañar? –Consultó el muchacho un tanto tímido aún sin creer lo que había sucedido.

– ¿Regañar? –El Rey rio divertido– ¡Claro que no hijo! Esto hay que celebrarlo –Sonrió muy contento.

– ¿Celebrar? –Ahora era la chica la que no conseguía entender que diantres sucedía.

– Por su puesto querida –Le respondió el hombre –Nora también fue mi maestra alguna vez y no sabes cuantos planes me ingenie para hacerla desaparecer… pero ninguno dio resultado –Confesó con toda naturalidad– Gracias a ti, tus hijos tendrán la fortuna de no conocerla… a veces pensaba que se le caería la mandíbula de lo vieja que era –rio nuevamente animado.

Los chicos sonrieron incrédulos, habían armado semejante farsa por… nada. No podían creerlo, de hecho, no podían aceptar que todo lo que habían planificado no había tenido sentido alguno.

Demonios… si hubiera sabido esto antes, que años que me hubiera desecho de la momia –pensó para sus adentros recordando las torturantes clases de historia.

– ¿Y bien muchacho? –Los llamó el Rey– ¿Aún les quedan cosas por hacer o…celebraran conmigo? –les preguntó.

– Este… Si… tenemos que hacer algunas cosas –Respondió el muchacho– tengo que quitarme este vestido ahora mismo –pensó completamente abochornado.

– Pues… ¿Qué esperan jovencitos?, muévanse que el día es largo pero las horas se pasan volando –Sonrió y posteriormente se llevo una galletita a la boca.

Zelda y su tutor salieron de la estancia aún confundidos, pero ya no había nada que hacer. Por lo menos debía agradecer que no fueron castigados. Era extraño pero cierto… y el Rey seguía sorprendiéndolos.

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Un poco después del gran bochorno que había pasado y ya habiendo acordado juntarse 15 minutos más tarde en los jardines del palacio…

El muchacho se encontraba apoyando su espalda a la pared más cercana que tenía, la fría piedra no alcanzaba a ser entibiada por los rayos del sol que ya se habían desviado y ahora chocaban contra la pared del frente. Nuevamente era él, un distinguido guerrero de Hyrule, ya no parecía el transexual que se había presentado ante el Rey hace minutos atrás, ahora si vestía como el solía hacerlo.

– Espero que Zelda no tarde mucho… además de las clases de esgrima tenemos que llevar a cabo la práctica con el arco y las clases de equitación, si no cumplo con la lista seguro Impa me matara… –Ni siquiera deseaba imaginarse a esa honorable mujer enojada, porque si su carácter de por si denotaba rudeza, quizás como sería alistándose para una "guerra".

Apretó con fuerza la empuñadura del arma que cargaba en su mano izquierda. No tenía idea como llevaría acabo una lección de espadas con la princesa, digo ¿Cómo enseñarle a una frágil y dulce muchacha a mover un arma asesina? Eso no era cosa de princesas, sino, más bien de guerreros. ¿Por qué Impa insistiría en poner aquello en la lista? Acaso… ¿La joven muchacha ya conocería el arte de la espada?

No… no puede ser, no me imagino a Zelda agitando una espada –Sonrió divertido ante la escena que se pasaba por su cabeza.

– Ya estoy lista Link –Lo llamó la Hyliana acercándose lentamente al muchacho. Sus pasos seguros pero silenciosos habían conseguido tomar por sorpresa al rubio.

El chico abrió sus ojos de par en par, nuevamente y para variar la joven muchacha lo había dejado sin habla.

– No puedo creerlo… –Susurró lo suficientemente bajo como para que la heredera al trono no lograra escucharlo.

Zelda se acercaba a paso majestuoso, sujetaba una larga y fina espada en su mano derecha mientras su izquierda reposaba sobre su cadera. El traje que ahora usaba contorneaba perfectamente su silueta, era demasiado ajustado, la tela de un azul oscuro se adhería a su cuerpo de manera exquisita, se trataba de un atuendo muy similar al que usaba Impa, seguramente era el mismo ropaje que usaban los Sheikah en sus tiempos mozos, cuando aún se podían ver muchos de ellos cerca de la ciudadela, ahora su historia era un verdadero misterio, pero al parecer Impa le había inculcado no solo algo de historia a la princesa acera de ellos.

– ¿Qué sucede Link? –Lo interrogó con voz firme al tiempo que se hacia a un lado la larga trenza en la que ahora estaba sujeto gran parte de su cabellera. Las vendas que cubrían la trenza y parte su cabeza le daban un aspecto muy singular a la muchacha, definitivamente ya no parecía princesa.

– Ehhh… –No pudo articular nada más ingenioso para el momento –Demonios Link, deja de balbucear como entupido– se regañó al tiempo que agitaba su cabeza para aclarar sus ideas y enfriar su mente… y quizás otra parte de su anatomía masculina.

– Muy Bien, ¿Qué te parece si empezamos de una vez? De esa forma terminaremos rápido con esto… los guardias no me puede ver vestida así, yo e Impa practicamos en un lugar secreto, pero ahora no hay tiempo para ir hasta allá –Le explicaba la muchacha sin tomar gran atención a la inquisitiva mirada que el chico le dedicaba– Impa dice que este traje es ideal para el combate, es ligero y me permite realizar toda clase de movimientos sin inconvenientes –Continuo ella al tiempo que daba un rápido vistazo a su alrededor para asegurarse de que nadie se hubiera percatado de su presencia.

– Perfecta… –Murmuro aún en trance sin tomar en cuenta que la chica ya estaba a su lado y podía oírlo con toda claridad.

– ¿Qué? –Lo interrogó rápidamente creyendo haber escuchado mal.

Link se sonrojó al instante, había metido otra vez la pata.

– Que… que… –balbuceo sin sentido tratando de articular algo coherente – que… ESE TRAJE ES PERFECTO PARA EL COMBATE –completo finalmente subiendo su tono de voz.

Desvío su mirada sintiendo el ardor de sus mejillas, estaba apretando con mucha fuerza la espada, tanto así que se podía notar un ligero temblor en su mano. Zelda por su parte soltó una suave y dulce risita, le había hecho gracia la actitud del chico.

– Tranquilo –Le dijo con dulzura posando suavemente su mano libre sobre la de Link.

La acción de la muchacha sólo consiguió enrojecer aún más al muchacho, quien lejos de tranquilizarse ahora parecía más nervioso que antes. Y justo en ese momento una firme idea se pasó por su mente, sentía que era hora de acabar lo que una vez o mejor dicho muchas veces había comenzado y aún estaba inconcluso…

– Zelda yo… –Su voz temblorosa capto rápidamente la atención de la joven–… tengo algo muy importante que necesito que sepas –continuo mientras su mano libre sujetaba la que anteriormente ella había posado sobre la de él.

En aquel instante sus corazones comenzaron a acelerarse. El rubor pronto se apodero de las mejillas de la chica quién ahora tenía su mirada fija en los ojos de su tutor. Link respiro profundo, tratando de encontrar las fuerzas y el aliento que le hacían falta para completar su frase ¿Qué tan difícil podía ser? Innumerables veces se había visto enfrentado a situaciones peligrosas, monstruos horrendos y malignos hechiceros, pero ahora estaba frente con la que a su juicio era la hechicera más grande de todos los tiempos, la mujer había conseguido robarle la voz sin siquiera murmurar un conjuro, la que le hacía perder la noción del tiempo tan solo con su simple presencia…

– Yo… –Volvió a articular aún más nervioso, si es que eso era posible.

– ¿Tú que Link? –Insistió ella muy tensa por el silencio de su compañero, el suspenso la estaba matando.

– Yo… yo tendré cuidado de no hacerte daño con la espada –Concluyó dejando que un largo suspiro acompañara su frase– Eres un cobarde –El gran guerrero del tiempo había sido vencido por el miedo.

– Ah… con que era eso –La desilusión podía leerse con facilidad en la cristalina mirada de la muchacha, era obvio que no se esperaba eso– Pues –Apartó bruscamente su mano de las del chico y volteo para no mirarle la cara. Estaba molesta– No me tomes a la ligera Link, que esta indefensa princesa puede herirte si bajas la guardia –Le dijo en un tono brusco y seco.

No podía creer que Link aún la tratara como si fuera una niña ¿Qué acaso pensaba que ella no podía llevar a cabo un combate? Pues… estaba muy equivocado.

– Zelda no… yo… –En vano trato de calmar a la muchacha– Maldición… ¿Qué demonios hiciste ahora Link? Acabas de ofender a la princesa.

– ¡NO! Escúchame tú a mi Link –Lo interrumpió enseguida– Tú y yo, uno a uno… esto será tomado como parte de mi entrenamiento. Levanta tú espada y prepárate para atacarme con todo lo que tienes –Le ordenó.

Link observó perplejo a la muchacha, aún no tenía muy claro que debía hacer, a su parecer un combate con espadas era algo peligroso y el no tenía intenciones de hacerle daño a la muchacha ¿Cómo combatir la chica que te gusta?

– Muy bien Zelda, será un combate uno contra uno –Le dijo, no sabía que estaba haciendo, ni el porque había aceptado el desafío– Pero te advierto que esta es la misma espada con la que alguna vez acabe con Ganondorf y te recuerdo que vas ha luchar contra el guerrero legendario –Le dijo haciendo alarde de sus hazañas con la intención de hacer entrar en razón a la princesa.

– No me digas cosas ya las sé –Le respondió ella haciendo caso omiso a sus advertencias.

Ambos avanzaban dibujando un círculo, la princesa empuñaba su espada sin temor alguno, su mirada había cambiado ahora su rostro mantenía una expresión neutra y sus ojos una frialdad que el chico nunca había visto en ella, era una mirada extraña, pero a la vez conocida… eran los ojos de una guerrera.

Link espero en guardia el primer ataque de la muchacha que no tardo demasiado en llegar, lo esquivo sin dificultad, pero al girar la perdió de vista.

– ¿Zelda? –La llamó más preocupado que nada.

En ese momento el ligero sonido del aire siendo cortado por una afilada arma lo hizo voltear y… ahí estaba ella, su cuerpo bien entrenado y sus instintos lo ayudaron a bloquear el segundo ataque de la princesa.

Eso estuvo cerca –Pensó viendo como su espada y la de la joven chocaban.

– ¿Aún piensas que necesito que me enseñes a usar una espada? –Lo interrogó sonriendo con arrogancia para luego deslizar el filo de su espada contra el filo de la espada legendaria.

Y antes de que el chico tuviera tiempo de responderle, ella nuevamente lo atacaba con la fuerza y el vigor que sólo una guerrera entrenada por la maestra más estricta podía tener. El Hyliano no tenía tiempo de contraatacar, la princesa se movía tan rápido como el viento, sus pasos eran tan sigilosos como si de una sombra se tratase y sus ataques tenían la precisión de una asesina.

Impa… has conseguido enseñarle a Zelda el arte de ser una Sheikah –Pensó aún sin creer lo que sus ojos veían.

Zelda por su parte no sólo tenía su atención puesta en el muchacho, sino también parte de su mente estaba inmersa en los recuerdos de aquellos duros entrenamientos que realizaba a escondidas de su padre. Había sido ella misma la que le había pedido a la mujer que le enseñara, no quería que nuevamente alguien como Ganondorf se apoderará del castillo y ella tuviera que limitarse a ser prisionera, deseaba luchar por su pueblo y para eso necesitaba dejar de lado todas sus clases de "como ser una educada señorita".

Era cierto que los Sheikah se especializaban en armas rápidas, para realizar ataques a distancia, rápidos y silenciosos, pero eso no quiere decir que estos conocimientos no se pudieran implementar a un arma como una espada, ya que ellos y el filo de la hoja hacían en conjunto una mortal combinación.

Fue entonces cuando un simple descuido le jugo en contra a nuestro intrépido protagonista, quien de un simple resbalón cayó al suelo de espaldas mientras Zelda aprovechando el descuido se arrodillaba sobre él acercando peligrosamente la punta de la espada al cuello del muchacho.

– Creo que ha perdido –Sonrió jubilosa ante su hazaña– ¿No lo cree así guerrero legendario? –Le interrogó con un notable sarcasmo en sus palabras, pero aún sonriendo.

Apartó lentamente la espada, de ninguna forma le haría daño al chico, sólo quería demostrarle que ella también sabía pelear como una guerrera, de ninguna forma dejaría en ridículo a su maestra.

– Eres muy rápida Zelda, no sabía que Impa te había entrenado así –le confesó aliviado de que la pelea hubiera terminado y que la chica había recuperado su semblante alegre y tranquilizador, la verdad es que de ninguna manera le gustaría volver a enfrentarse a ella– Pero sabe algo señorita… a pesar de que admito que me ha derrotado completamente, considero que aún hay una lección que no le ha quedado muy clara –Agregó en un tono juguetón y con algo de picardía.

– ¿Qué…? –Fue lo único que alcanzó a articular antes de sentir como con un ágil movimiento Link cambiaba los papeles y ahora era el quien se encontraba sobre ella, sujetándole ambas manos a la altura de su cabeza.

– Nunca debes bajar la guardia –Agregó luego sonriente, ahora nuevamente era él quien tenía el control de la situación.

– ¡Eso no es justo! –Se quejó la muchacha tratando de liberarse, pero verdaderamente no le era posible, quizás ella tenía mucha habilidad, destreza y agilidad, pero en fuerza Link aún seguía venciéndola.

– ¿Sabes algo? Te vez muy bonita con ese atuendo –le confesó aún con una sonrisa y ligeramente sonrojado.

Zelda se quedo en shock, nunca espero escuchar eso y menos en un momento como aquel. Había dejado de forcejear para ser liberada y ahora sólo trataba de desviar su mirada para no cruzarla con la de él.

– Link… –Lo llamó suavemente–… gracias –se sonrojó aún más tras decir estas últimas palabras.

Y por si aquello no fuera demasiado, con un rápido movimiento Link deposito un suave pero cariñoso beso sobre una de las mejillas de la chica, para luego apartarse, liberándola de su agarre.

– ¿Me permite ayudarla princesa? –Le dijo cordialmente extendiéndole la mano para ayudarla a levantarse.

La chica aceptó la ayuda del muchacho, y con un suave jaloncito él consiguió levantarla del suelo. Ella aún parecía confundida después de todo lo ocurrido, no comprendía muy bien el significado de lo último que había sucedido.

Este… ha sido un día verdaderamente extraño –Pensó acariciando ligeramente con la yema de sus dedos el lugar donde hace segundos atrás los labios de Link habían rozado su piel.

Primero lo de la momia, después la locura de su padre, ahora esta "típica" pelea de pareja con espadas… bueno… quizás no tan típica. Esperen un momento ¿Pareja? Acaso ya eran parejas, que tonterías escribo… sólo era pelea de amigos, imagínense si fueran pareja… uff yo prefiero no imaginármelo… ejem, bueno volviendo a lo que estaba… y ahora para cerrar con broche de oro, el extraño comportamiento de Link.

Aunque podría decirse que no era un día "tan extraño" si tomamos en cuenta los otros días de lo que llevaban esta semana, digo ¿Qué más podía pasarles? Después de enfrentar a las maestras, de hacer desaparecer una, de quedar atrapados con esposas, de bañarse juntos, de DORMIR juntos y todo lo que sucedió hoy… NADA podía ser peor ¿O sí?

– Link… –Lo llamo la princesa saliendo de su trance y volviendo a la realidad– ¿Aún seguiremos practicando con espadas?

– Mmmm ¿La verdad? –Le pregunto como respuesta para enseguida agregar– No creo que haga falta, me venciste limpiamente, se nota que Impa te ha entrenado bien, ella te ha enseñado todo lo que debes saber, pero podemos pasarnos enseguida a las practicas con arco y luego equitación ¿te parece?– Le interrogó él.

– Está bien, iré a cambiarme, como te dije los guardias no pueden verme vestida así… ¡Ya vengo! –Le decía al tiempo que se alejaba corriendo.

El chico observó como se alejaba, definitivamente era una lastima que se cambiara de atuendo, con esas ropas que traía se veía… sexy. Así es, existían muchas palabras para describirlo, pero a su parecer esa era la mejor.

– Si no hubiera sido por mi estúpido comentario seguro no hubiéramos terminado luchando con las espadas –Se dijo a si mismo algo molesto, sabía que había metido la pata y por eso había intentado remediarlo con sus últimas acciones, la verdad es que si deseaba confesarle sus sentimientos a la princesa, hasta se lo había propuesto una noche atrás, pero no era tan fácil como parecía– No puedo creer que después de todo lo que ha pasado, aún no puedo decirle un simple… me gustas –Suspiro.

Pero debía admitir que había sido una gran sorpresa descubrir las habilidades de Zelda en combate, de hecho, aquello a su parecer la hacía aún más atractiva a sus ojos, no sólo era bonita e inteligente, sino que además tenía la fuerza y la valentía para desempeñarse con habilidad en un combate.

– Seguro hasta Ganondorf se hubiera sorprendido –Sonrió divertido al imaginarse la cara del hombre viéndose desafiado por una muchachita con el carácter y la agudeza de Zelda– Será mejor que prepare todo para practicar con el arco –Se dijo, hasta ahora había estado sólo perdiendo su tiempo en vagos pensamientos que a su parecer no lo llevarían a ninguna parte si Farore no le daba el valor para declararse.


Minutos más tarde la joven princesa regreso otra vez con un vestido de los que solía usar.

Se reunieron en el punto acordado, con una sonrisa tímida parecieron saludarse nuevamente y luego de despabilar, otra vez, se dispusieron a llevar a cabo la siguiente lección.

Estaban en una zona del jardín que se había adecuado especialmente para realizar estas prácticas, era un especio despejado, rodeado por un conjunto de árboles altos de troncos gruesos que daban contra una de las paredes del palacio, en donde estaban ubicados los blancos. Parecía un lugar seguro para evitar accidentes inesperados.

– Muy bien Zelda, muéstrame como lo haces, no creo que tenga nada que enseñarte aquí tampoco –le dijo sonriente sabiendo que la chica ya conocía bien como lanzar una flecha con el arco de hace ya mucho tiempo atrás.

La princesa sujeto el arco y se preparó para lanzar la flecha, ella sabía hacerlo perfectamente, pero la mirada del joven Hyliano la ponía nerviosa.

¿Por qué me mira tanto? –Pensó avergonzada sabiendo que sus mejillas nuevamente ya habían adquirido un suave rosa.

Tienes que decírselo Link, tienes que hacerlo… –Se ordenaba una y otra vez sin quitarle la vista de encima a la muchacha, a pesar de que ahora no tenía puesto el ajustado traje de combate, aún podía admirar su incomparable belleza con su atuendo de princesa.

La Hyliana no podía concentrase en su objetivo, trataba de fijar su mirada en el blanco, pero la penetrante mirada de Link la hacía sentirse incómoda, estaba tan nerviosa que sus brazos no conseguían mantenerse en el ángulo indicado y el arco junto a la flecha temblaban ligeramente. El joven se percató de esto y se acercó, sin importarle si quiera si alguien los estaba observando.

– Tranquila… –Le susurró junto a su oído, colocándose justo detrás de ella para rodearla en una extraña especie de abrazo.

De pronto sintió como nuevamente los papeles cambiaban, aún recordaba que tan sólo unos minutos atrás ella había sido la que había intentado tranquilizarlo, pero en esa ocasión él había desperdiciado la oportunidad que había tenido de dar un paso más en su relación con la muchacha, ahora estaba dispuesto a cambiar la situación… estaba decidido. Sus manos se posaron sobre las de la chica y su mentón lo apoyo ligeramente en el hombro de la muchacha, dejando que su respiración rozara suavemente el cuello desnudo de la rubia.

– Yo sé que sabes hacerlo bien Zelda, te he visto lanzando flechas –le susurró nuevamente– Debes sujetar con firmeza el arco y la flecha –Volvió a decirle, ahora si se sentía en el papel de un profesor y ella en el de una alumna –Mantén tu vista fija en tu objetivo, tensa la cuerda y sueltas, tal como lo has hecho siempre –Nuevamente le hablaba con dulzura– ¿O acaso, ya olvidaste como se hace? –La interrogó con un aire juguetón, al tiempo que cerraba los ojos para deleitarse con la dulce fragancia que despedía la piel de la muchacha.

La chica se estremeció con cada palabra que el joven pronunciaba, pero no quería que él lo notara, no podía dejar que su nerviosismo la llevara a un punto sin retorno, no podía dejar que su "mejor amigo" tomara el control de la situación así.

– Claro que no… –Ahora sí que estaba ruborizada y tenía razón para estarlo, de un momento a otro el chico había pasado de ser el apacible y despistado muchacho, al decidido y osado– Han sucedido muchas desde que Impa se fue del castillo –Le comento de pronto, tratando de apartar sus pensamientos de la cercanía que mantenía ahora con el Hyliano.

– Lamento mucho haberte subestimado antes Zelda, en verdad lo siento… y también siento mucho todos los líos en las que nos hemos metido por mi culpa –Le dijo ahora estrechándola por la cintura con una de sus manos, mientras la otra aún se mantenía sobre una de las manos de la princesa.

– No Link, ha sido culpa mía, la verdad es que no me he comportado como una princesa y he tratado de escapar a mis obligaciones –Le confeso, sabiendo que gran parte de lo sucedido hasta ahora y todos los problemas en los que se habían metido había comenzado por sus irresponsabilidades– Trataré de actuar con más responsabilidad.

Link sonrió divertido al escucharla.

– ¿Trataras? –La interrogó sujetándola con algo más de fuerza– Eso no suena muy convincente ¿no lo crees? –Soltó una risita divertida mientras la observaba.

– ¿Cómo qué no? Tratar ya es mucho, de echo el sólo pesarlo me es mucho esfuerzo –Agregó también sonriendo.

– Mira… hagamos un trato, si tú me prometes que no te escapas de otra clase yo te prometo…

– ¡Al fin los encuentro! –La inconfundible voz del despistado Rey de Hyrule había interrumpido al chico.

Del sobresalto, Zelda soltó la flecha que milagrosamente fue a parar justo al centro del blanco, pero no se movió del lugar donde se encontraba, ni mucho menos atinó a alejarse del muchacho.

– ¿Qué hacen muchachos? –Los interrogó el hombre observando inquisitivamente la comprometedora escena. Otra más para su gran listado de escenas comprometedoras de esta semana.

– Ehhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh –Un largo balbuceo de parte de ambos fue todo lo que atinaron a decir ante de percatarse que aún estaban MUY cerca– ¡Diablos! –Fue el pensamiento de ambos justo antes de separarse torpemente, acomodarse las ropas y mirar al Rey con caras abochornadas y acaloradas.

¿Porqué siempre había alguien que tenía que interrumpirlos? Si no era la sirvienta era el Rey. Si no era el Rey… era un guardia… y así suma y sigue.

– Me parece que ya se están llevado mejor ¿no es así? –Les pregunto a ambos con una GRAN sonrisa y su típica y despreocupada mirada.

Ni Link ni Zelda fueron capaces de responderle algo al hombre, ambos miraban el suelo con sus rostros del color de un tomate.

– Y al parecer Link es un buen maestro –Continuó al tiempo que observaba el perfecto tiro que había realizado su hija al darle justo en el centro al blanco– Bueno chicos la verdad es que yo venía a darles una buena noticia.

¿Noticia? Y ¿Buena?... ohh no… esto no podía significar nada bueno, otra buena noticia esta semana seguro no tenía nada de bueno. ¿Qué otra genial ocurrencia podía tener el Rey ahora que no podía esperar y tenía que salir a buscarlos?

Al instante se les paso el bochorno, después de esas palabras sus rostros habían adquirido una palidez extraña, casi enfermiza.

– Papá… este… ¿De verdad no puedes esperar hasta mañana para contarnos esta genial noticia de la que nos hablas? –Le pregunto esperanzada de aún poder dilatar aquella condena segura que el hombre les dictaría.

– No querida, no puedo esperar hasta mañana, porque mañana muy temprano ya tienen que estar listos –Les sonrió nuevamente con su característica naturalidad.

Doble ¡oooooh noooo!

– ¿Y qué es papá? –Le preguntó ella finalmente aún con la esperanza de que la noticia fuera tan mala.

– Adivina que es –la desafío el hombre sonriendo despistado como siempre.

– Papá… –Continuo ella quien ya comenzaba a perder la paciencia.

– Ohhh vamos Zelda querida, hace muchísimo que no juegas a las adivinanzas con tu queridísimo padre –Se justifico el con gran naturalidad sonriendo.

– ¡¿Yo puedo jugar también su majestad?! –Ahora era Link el que se había interesado por el ridículo juego del soberano.

– ¡Claro que si muchacho! –Exclamó jubiloso el Rey al ver que su futuro yerno… ejem… digo tutor de la princesa parecía realmente motivado con su idea.

– ¡Link! –Lo regañó– ¿Tú también?

– Ohh vamos Zel ¿Qué tan malo puede ser? –Le dijo intentando persuadirla usando esa miradita de corderito que tan bien sabía usar.

Por el amor de Nayru, no puedo con los dos –Suspiró resignada– Muy bien juguemos a las adivinanzas.

Eso era todo lo que hacía falta para que diera comienzo al ocurrente juego del hombre, ¿Cuál sería la sorpresa que esta vez les tendría preparada el Soberano de Hyrule?

– ¡Excelente! Muy bien la primera pista es… que se trata de algo que pasara mañana –Sonrió ante su ocurrencia, era una pista genial, nadie podría negarlo.

¿Qué clase de pista es esa? Con eso no se podía adivinar nada, o eso fue lo que pensó nuestra incrédula princesa, pero antes de que pudiera criticar lo que el Rey había dicho Link se le adelanto.

– ¡Yo sé, Yo sé! –Exclamó jubiloso el joven muchacho– Tendremos una reunión con la ballena del castillo… ups… digo con la maestra de etiqueta.

– ¡Cielos! No puedo creer que este enamorada de un chico que se divierta con los juegos de mi padre… esto… es el colmo –Volvió a suspirar.

– Casi, casi… estuviste muy cerca hijo –Le dijo con tono cariñoso y a la vez emocionado– Parece que necesitan más pistas… bueno aquí va otra… tiene que ver con el baile de primavera de esta semana.

– ¡Yo sé, yo sé! –Exclamó nuevamente Link antes de que Zelda pudiera articular palabra– La ballena va ha bailar en el baile para ayudar a la princesa Zelda.

– Casi, casi… estuviste muy cerca hijo, pero me parece que necesitan más pistas…

Y así siguieron por una hora, Zelda ya se había aburrido del tonto juego y ahora se encontraba sentada en el pasto viendo las caras de emoción de su "enamorado" y su padre, parecían dos niños jugando el juego más entretenido de la historia.

Son unos tontos –Suspiro un tanto enternecida. A pesar de que ambos compartían esa extraña y despreocupada forma de ser, a ambos los apreciaba demasiado. Claro que había que admitir que a veces el Rey se pasaba de la raya, aunque quizás era cosa de los años.

– Estas muy cerca Link, ya casi le aciertas –Agregó un emocionado Rey –Aquí va la pista numero 100, comienza con practica y termina con baile.

– ¿Comienza con practica y termina con baile? –Repitió la muchacha casi inconscientemente, por primera vez en la hora que había estado escuchando las estúpidas pistas del Rey y las estúpidas respuestas de Link le había crujido algo en el mate– No me digas que… –Su voz se quebró antes de poder terminar la frase, dejando a ambos Hylianos en suspenso.

– ¿Qué cosa Zelda? ¿Ya descubriste la respuesta? –La interrogó Link impaciente por saber lo que tenía que decir.

– Vamos hija, no tengas miedo, dime lo que piensas –insistió el jovial Rey todavía divirtiéndose.

Zelda se levantó del lugar que había mantenido durante todo ese tiempo y se acercó a su padre.

– ¿No me digas que mañana tengo clases extra con mi maestra de etiqueta para practicar los pasos para el baile de primavera? –Le dijo tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de hacer pausas ni mucho menos de respirar.

– ¡Exacto! –Gritó el Rey muy feliz de que su queridísima hija hubiera acertado a la adivinanza– Sabía que lo lograrías Zelda, después de todo… sacaste el mismo intelecto de tu padre.

– ¿En serio? Yo siempre creí que lo había heredado de mi madre –Le dijo con algo de sarcasmo mirando de reojo a su padre.

– Ahh bueno, detalles… detalles –Agregó el Rey dándole unas palmaditas en la espalda a su hija– Así que mañana temprano con la maestra, a ella no creo que la puedan hacer desaparecer porque no creo que entre por la salida del sector c del castillo –Sonrió divertido por su "chiste"– Bueno muchachos los dejo para que sigan con sus cosas –Hiciste un buen intento Link, para la próxima seguro le aciertas –Sonrió y sin más se alejó del lugar tarareando una canción.

– Genial… –Murmuró molesta la princesa quien había tenido la vana esperanza de no tener que ver a la gorda hasta la semana que venía –Ahora si estamos fritos Link, seguro la ballena aún se acuerda del florero ¿Recuerdas?

Fue entonces cuando el muchacho se puso ha hacer memoria, recordando esa "entretenida" clase de buenas costumbres y el "correcto" andar. Y por supuesto aún podía escuchar claramente los gritos de la colosal mujer llamándolos después de encontrar el florero roto que habían dejado en la sala de ensayos.

– No te preocupes Zel –Miro hacia arriba de manera despistada– Seguro ya lo olvido –Sonrió, de la única forma que el sabía hacerlo, con esa sinceridad y despreocupación que lo caracterizaban– Y si no es así, ya pensaremos en algo –Se dijo tranquilo, en realidad ya no quería hacerse problemas hasta que llegara el momento de hacerlo.

– No hay caso contigo Link –Le devolvió la sonrisa en un gesto de compresión, la verdad es que no tenía muchas ganas de pensar en el mañana por ahora– ¿Y ahora qué? –Le preguntó después de un breve silencio.

– Mmmmmm veamos –Link sacó de alguna parte de su traje la "pequeña" lista que Impa le había dado con todos los deberes –Supongo que debemos seguir con equitación ¿no? –Finalizó encaminándose a los corrales reales– Llamaré a Epona para que nos acompañe, Hay algo que no me quedo muy claro, en esta lista hay una nota acera de un potro blanco, pero no se muy bien a lo que se refiere –Pensó un tanto preocupado.

Justo debajo de "Práctica de equitación" en la lista había una pequeña notita escrita con una letra aún más chiquita que era a penas legible.

– ¡Que va!, no puede ser nada muy importante –Sonrió para si mismo y siguió avanzando con calma.

Pero lo que Link no sabía o mejor dicho lo que no se había esforzado por entender era… "Avertencia: El potro blanco NO esta domesticado", estas eran las palabras que Impa había plasmado en el papel para advertirle al joven que en el corral del castillo existía la presencia de un caballo que no era apto para ser montado, ¿Qué sucedería ahora?, supongo que ustedes ya se lo imaginan.


Ya en el corral y con Epona lista y dispuesta para el galope…

– Perfecto, sólo hay que escoger un caballo para Zelda y podremos empezar –Habló en voz alta en medio de los corrales observando con atención cada uno de los animales– ¿Cuál será el que suele usar ella? –Se preguntó tratando de hacer memoria, recordando que años atrás había visto a la muchacha subida en un corcel elegante con un pelaje tan blanco como la nieve– ¡Aquí estas! –Dijo jubiloso al encontrar al primer animal blanco que se le cruzo por el camino– Este debe ser el potro del que hablaba la nota –Sonrió disponiéndose a sacarlo.

Más al fondo en la estancia se encontraba el verdadero corcel real, un potro manso, de pelaje brillante y blanco, con una gran nota en la puerta de madera del corral "Este corcel esta destinado a la futura heredera de Hyrule".

Una vez afuera de los corrales…

– Muy bien Zelda, estamos listos, aquí esta tu potro –Le dijo a la muchacha con gran naturalidad.

– ¿Estás seguro que él es Niebla? –Lo interrogó un tanto asustada, observando la maliciosa mirada que el caballo le dedicaba– No crees que está un poco inquieto –Volvió a decirle observando como el animal mantenía sus orejas inclinadas hacia atrás en signo de riña.

– ¡Oh vamos Zel, este corcel no puede ser más manso! –Sonrió acariciándole el lomo.

El potro movió la cola de un lado a otro y lamió el rostro del muchacho, manipulando la situación… era un animal inteligente.

– ¿Lo ves? –Sonrió devolviéndole la caricia al animal pasando una de sus manos por su hocico.

La princesa aún desconfiada se acercó cuidadosamente al animal, algo le decía que ESE no era el caballo en el que había cabalgado toda su vida, era como si esa conexión que sentía al estar cerca de su corcel se hubiera quebrado.

Aún insegura de montarlo fue ayudada por el muchacho para subirse, luego Link monto a Epona y…

– Andando… –Indicó con una sonrisa en el rostro y un segundo más tarde…

– ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! –Chilló la muchacha horrorizada aforrándose con fuerza del pelaje del animal para no caerse.

El potro había salido disparado de manera repentina, dando rienda suelta a su ahora momentánea libertad.

– ¡Zelda espérame! –Gritó Link detrás de la aterrada muchacha– ¡Vamos Epona más rápido se nos escapa la princesa!

La chica intentó en vano tratar de ordenarle al corcel detenerse, pero el animal no seguía más órdenes que las de sus propios instintos.

– ¡Tira las riendas! ¡Detén al animal! –Le gritaba el chico persiguiéndola a unos tres o cuatro metros de distancia.

– ¡NO SOY YO, NO PUEDO PARARLO! –Le respondió la muchacha haciendo lo posible por no caer– ¡CUIDADO! –Gritó viendo como delante de ella un laberinto de arbustos se extendía justo al frente– ¡AHHHHH! –La chica cerró los ojos con fuerzas para no ver el inminente colapso.

Pero el animal estaba lejos de detenerse y sin previo aviso pegó un gran salto ante la primera barrera que se le atravesaba… nadie ni nada lo detendrían.

– Maldición –Link jaló de las riendas de Epona con brusquedad y esta se detuvo bruscamente parándose en sus miembros posteriores relinchando con vigor justo antes de chocar contra las plantas– Demos la vuelta Epona, los interceptaremos cuando salgan del laberinto… Si es que Zelda consigue no caerse del animal –Pensó enseguida movilizando rápidamente a la yegua.

Tenía que alcanzar a la princesa, ella era su responsabilidad, no podía permitir que un potro descontrolado se la llevara, ni mucho poner en riesgo la integridad física de la joven… TENÍA que atraparlo.

– ¡ALTO! –gritaba la joven desesperada, pero era inútil, el animal no escuchaba razones e incluso era casi como si ella le estuviera ordenando que saltara más alto.

Poco después de salir del laberinto se encontraban justo en la entrada principal del castillo, el animal corría descontrolado con la vista fija en la salida.

– ¡Detengan a la princesa! –Gritó Link que ya llegaba al lugar.

Los guardias tomaron sus armas y taparon la entrada del castillo y el más alto ordeno…

– ¡Deténgase ahí princesa, no puede salir del castillo!

– ¡Que más quisiera yo! –le respondió una aturdida muchacha, llena de ramas y ramillones.

– Todos alerta –ordenó el comandante esperando la llegada del corcel y su jinete– ¡Altoo!

– ¡Corran! –Gritó la chica al ver que el animal no tenía ninguna intención de parar y al percatarse que ni siquiera se sentía intimidado por las armas.

– No se muevan –Ordenó el comandante ahora más asustado que seguro– ¡Corran! ¡Salven sus vidas! –Gritó como desquiciado, saliendo disparado hacia delante siendo seguido por un montón de jóvenes aprendices quienes escapaban del animal que venía siguiéndoles los talones.

El potro relinchó con fuerza persiguiendo a lo que a su parecer eran unas pequeñas cucarachas armadas, parecía… divertirse.

– Oh no… –Murmuró Link al ver a todos los guardias corriendo siendo seguidos por un animal salvaje– ¡Hay que alcanzarlos Epona! –Le ordenó a su fiel amiga quien hacia lo posible por mantener la carrera del potro descontrolado.

– ¡Abran el paso! –Gritaba el coronel haciéndose paso entre la multitud del mercado que veía horrorizaba como se acercaba el descontrolado caballo con la muchacha montada sobre él…

Toda la gente gritaba, se empujaban unos a otros para salir del paso, los niños tomaban a sus mascotas, las mujeres sujetaban a sus hijos, los hombres arrastraban a sus mujeres… era un verdadero caos el que estaba armando la princesa en medio de la tranquila ciudadela.

– Todos a mi señal láncense a un lado del camino –Gritó el coronel a sus pupilos– ¡Ahora!

Todos a la vez se lanzaron hacia los lados, dejándole el paso libre al descontrolado corcel blanco que avanza tal cual se tratase de una tempestad, arrasando con todo lo que se encontrara a su paso… de hecho era aquel el nombre de dicho animal.

Link detuvo a Epona junto a los guardias que se encontraban en medio de montañas de fardos de heno.

– ¿Todos se encuentran bien? –Preguntó con prisa.

Los hombres y jóvenes asintieron en signo de afirmación.

– No debemos dejar que el animal salga de la ciudad– Le dijo Link cada vez más preocupado por la muchacha– Tengo una idea… –En ese momento se acercó al capitán y platicó con prisa su nueva estrategia.


Minutos más tarde todos los guardias se encontraban en puntos específicos de la ciudadela tapando entradas con algunos fardos de heno y una antorcha encendida en las manos. El plan era acorralar al caballo en la parte del central de la cuidad, justo al lado de la gran fuente y delante del puente.

Fue entonces cuando el feroz corcel apareció entre un grupo de gente que lo esquivaba asustada.

– ¡Atentos! –Gritó Link dando la orden para que todos los guardias se prepararan– Ahora es cuando…

El potro y su desafortunada jinete se acercaron a la salida este de la plaza central justo donde un atemorizado y tembloroso guardia los esperaba tapándoles el paso con los fardos.

– ¡Eso no lo detendrá! –Gritó Zelda sabiendo que seguramente el animal saltaría esa barrera.

– ¡Ahora! –Le gritó Link al guardia quien enseguida soltó la antorcha encendiendo todo el pasto seco, haciendo una GRAN barrera de fuego.

El animal se detuvo con brusquedad, elevando del suelo sus patas delanteras al tiempo que relinchaba asustado, girando bruscamente casi botando a su joven jinete que se aferraba de él con fuerza.

– Por el amor de Nayru que alguien lo detenga –Rogó la princesa ya cansada de tanto saltar sobre el caballo que corría velozmente hacia otra salida, pero nuevamente una barrera de fuego detuvo su camino.

– ¡Lo tenemos acorralado! –Gritó Link que se encontraba sobre Epona al lado del puente con una soga en las manos listo y dispuesto a capturar al salvaje animal.

Pero Tempestad no lo veía así y no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente, y ahora corría velozmente hacia la salida principal de la ciudadela, iba ha atravesar el gran puente.

– ¡Suban el puente! –Ordenó al coronel a los guardáis que custodiaban el puente de la entrada.

Los hombres empezaron a girar las palancas arrastrando grandes cadenas que comenzaron a movilizar el enorme puente que ahora se estaba levantando.

El animal al ver esto aceleró aún más la carrera. Zelda cerró sus ojos para no ver lo que a continuación vendría y Link lanzó la cuerda enlazando el cuello del animal con la soga… Lo tenía.

Pero esto estaba muy lejos de acabar, el animal tiró de la amarra con una fuerza bestial que consiguió botar a Link de la yegua… Link no lo tenía, era el caballo el que lo había atrapado.

– ¡AHHHH! –Gritó siendo arrastrado por el animal quien se disponía a atravesar el puente que aún seguía cerrándose.

Y fue entonces cuando ocurrió lo inesperado… el animal se lanzó como bala y dio un salto digno de una medalla olímpica traspasando la entrada con facilidad llegando hasta el otro lado del río que separaba la ciudadela del mundo exterior. Link por su parte voló literalmente colgado de la soga, pero sus manos no fueron capaces de resistir la presión y resbaló, yendo a parar directo al río que abajo lo esperaba.

Splash!

Fue el sonido que hizo el agua al recibir el cuerpo de nuestro guerrero.

El corcel jubiloso por su hazaña relincho con fuerza… ahora podría seguir con su carrera, seguro no existía NADIE que pudiera detenerlo.

Link por su parte agitó sus brazos bajo el agua y movilizó su cuerpo de tal forma que este se desplazara hacía arriba, necesitaba aire fresco. Cuando pudo sentir como el reparador oxígeno llegaba hasta sus pulmones buscó con su mirada a la muchacha y al corcel, a simple vista no se veían.

– Demonios, tengo que atrapar a ese animal… –Pensó un tanto preocupado.

– ¡Cuidado abajo! –Escucho el grito del coronel de la guardia que daba la alerta porque el puente de la ciudadela volvía a bajar.

Link nado hasta la orilla del río y salió rápidamente del agua poco antes de que el puente volviera a tocar el suelo.

– ¿Y la princesa? –Lo interrogó la potente voz del capitán.

– No lo sé, los perdí de vista –Le respondió notablemente afligido el muchacho.

Ciertamente se sentía culpable y es que realmente había sido por él que la chica se había terminado subiendo en ESE potro… ¿Qué era lo que decía en la lista de Impa? La buscó entre sus ropas y al encontrarla descubrió que "lamentablemente" ya no podría recibir más ordenes de aquel papel, con el agua había quedado completamente arruinado, y la letra ya no era legible.

– Bueno en estos casos sólo hay una cosa por hacer –Se dijo haciendo una bolita con el húmedo papel entintado– Adiós lista de deberes… –La lanzó a un lado y silbó para llamar la atención de su compañera– ¡Hey Epona! Vamos amiga es hora de rescatar a la princesa… tal como en los viejos tiempos.

La yegua se acercó rápidamente para que su jinete la montara y una vez arriba le indicó al comandante que regresaran al castillo, que el se encargaría de traer a la princesa… o… lo que quedara de ella.

– ¡Adelante Epona! –le ordenó haciendo que el equino comenzara a correr en la dirección indicada por su compañero.


Esto debía ser una pesadilla… si seguramente eso era, sólo una pesadilla, cerraría los ojos y al abrirlos despertaría en su iluminada habitación, reconfortada por suaves y cálidas sábanas…

– ¡¿Dónde demonios estamos?!

Esquivó una rama que venía directo a estrellarse contra su cabeza, estaba en medio de un húmedo y oscuro pantano, el animal ya no corría, pero no porque no quisiera, sino porque sus patas estaban atrapadas entre el barroso y viscoso lodo que se cernía a todo su alrededor.

– Muy bien… esto es tu culpa ¿te das cuenta de eso? –Le habló al potro como si este la entendiera– Yo te dije que no dieras vuelta a la derecha, pero tú dale con llevarme la contraría –Lo regañó.

El animal relincho molesto ante el comentario de la muchacha y siguió avanzando atento a cada ruido del pantano.

– Sabes algo… ahora que estas más quieto no me pareces tan malo –Le confesó sintiéndose un poco más relajada al no tener que luchar por mantenerse arriba del animal.

La falda del vestido la traía toda arrepollada a la altura de los muslos, ciertamente no estaba sentada como una digna señorita ni mucho menos como la futura heredera de Hyrule, pero… ¿Qué más daba? Después de todo si se hubiera sentado de lado en un comienzo, seguro hubiera caído del animal lastimándose. De hecho durante un minuto pensó en lanzarse del caballo, pero cuando hizo el intento de "bajarse" se percató que su falta había quedado completamente enganchada bajo la montura del animal, por lo menos ese problema ya lo había solucionado en el pantano.

El sonido de una cosa reptante llamo inmediatamente la atención no sólo del animal. La princesa fijo su mirada en el agua fangosa, observando como una extraña figura hacía su aparición rodeándola a ella y "a su corcel".

– Escucha… no te muevas, si lo haces llamaras la atención de esa "cosa" –Le indicó apuntando con el dedo a la cosa que se movilizaba muy cerca de ellos.

Y a pesar de que el animal había entendido perfectamente el mensaje, se negaba rotundamente a obedecer. Tempestad relinchó con fuerza renovada y agitó sus patas delanteras en el aire buscando verse más grande de lo que era.

– ¡No hagas eso! –Gritó tratando de mantenerse sobre el corcel, pero fue demasiado tarde. Ahora que no estaba enganchada a las monturas cayó precipitadamente al denso fango.

Tan rápido como tocó fondo se incorporó, observando como una enorme y alargada bestia había atrapado a Tempestad y ahora lo jalaba para ahogarlo en medio del pantano. En ese momento se le pasaron dos ideas por la cabeza, una… alejarse hasta la rama más cercana y ponerse a salvo olvidándose del potro y dos, buscar la forma de salvar al animal arriesgando su vida ¿Cuál escogería?

Volteó con la intención de apartarse del lugar, apretó con fuerza sus puños y avanzó dificultosamente por el lodo tan rápido como sus adoloridas piernas se lo permitían, el potro relinchó con desesperación tratando de liberarse del agarre de la monstruosa serpiente. Zelda sujetó con fuerza una rama del árbol más cercano y jalo…

– ¡Resiste un poco! –Le gritó al animal con la astillada arma en sus manos– ¡Suelta a mi compañero ahora bestia!

La princesa no dejaría morir al animal en manos de esa criatura, no si ella podía evitarlo… era una locura, lo sabía. Estaba desarmada, cansada, y atrapada en medio del lodo, pero ese animal era su compañero ahora y ella no lo dejaría.

Un capitán nunca abandona su barco…


– ¡ZELDA! –gritaba una y otra vez el chico aún buscando a la muchacha, había estado siguiendo unas huellas enlodadas que se dirigían hacia el lago Hylia, en alguna parte de ese gran lugar debía encontrarse la muchacha.

Y fue entonces cuando lo vio, ahí estaba el animal en cuestión y la susodicha princesa, en la pequeña islita en medio del lago, junto a un alto árbol. La chica embarrada y aparentemente inconciente aún permanecía sobre el lomo del animal.

– ¡Suelta a la princesa! –Gritó Link desenfundando la espada desafiando al corcel que tenía "prisionera" aún a la doncella.

Tempestad relinchó con fuerza y se elevó del suelo amenazando al joven con sus fuertes patas delanteras y Zelda cayó al suelo con aquel brusco movimiento, pero no se movía ¿Estaría viva?

– Por todas las Diosas… ¡¿Qué le hiciste a la princesa?! –Exclamó Link bajando rápidamente de Epona amenazando aún al corcel que le hacía constante guardia a la muchacha, como si la estuviera protegiendo.

El animal cabeceaba y se levantaba tratando de alejar al Hyliano, pero no se apartaba de la joven y además parecía tener cuidado con no pisarla.

– ¿Pero qué demonios está pasando aquí? –Se preguntó el incrédulo rubio, de un momento a otro se había convertido en el ¿malo de la película?

Y justo entonces la joven comenzó a moverse con dificultad, aún entumecida y algo aturdida se apoyó en sus manos y trató de hincarse– ¿Dónde diablos estoy ahora? –Murmuró aún sin percatarse de la presencia del joven muchacho.

– ¡Zelda! –La llamó jubiloso Link al verla moverse, eso era una buena señal ¿no?

– ¿Link? –Abrió sus ojos de par en par y trató de enfocar al joven.

No paso mucho antes de que comprendiera la delicada situación, Link apuntando amenazante al potro con una espada, este desafiándolo ferozmente para alejarlo y ella justo detrás.

– ¡Baja el arma Link! Todo esta bien… bájala ya –Le gritó tratando de tranquilizar al chico y al animal al tiempo que conseguía levantarse– No hay nada de que preocuparse –Volvió a decirle esta vez dirigiéndose a ambos, Tempestad comprendió el mensaje enseguida y bajo la guardia. Aún tenía muchas cosas que explicar para aclarar esta confusión, pero justo antes de comenzar a hablar se piso la falda rota de su vestido y resbalo– ¡Ahhh! –Y al encontrarse al borde de la islita fue a parar directo al agua fría.

– ¡Zelda! –Corrió hasta la arilla buscando desesperadamente a la muchacha, se quitó su gorro, tiro la espada al suelo y se saco las botas… estaba dispuesto a saltar cuando…

– ¡Esta congelada! –La princesa ya se encontraba en la superficie del agua.

– Zelda ¿eres tú? –Otra pregunta estúpida para su gran lista de preguntas estúpidas en lo que llevaba de la semana.

– Oh no, claro que no… estas viendo al fantasma de la princesa –Le respondió esta con sarcasmo, mirándolo de reojo.

– ¿En serio? –Volvió a preguntar incrédulo aún.

– ¡Claro que no idiota, no ves que soy yo! –Le gritó perdiendo la paciencia.

– Tranquila… no te enojes –Le dijo poniendo carita de pena. Al menos se sentía aliviado de saber que ella estaba sana, mojada… pero sana.

– Está bien… –Suspiró agotada.

– ¿Qué fue lo que paso? –Le preguntó enseguida él queriendo respuestas.

– ¿Qué tal si me ayudas a salir del agua y luego conversamos al respecto? –Fue todo lo que dijo la muchacha mientras se acercaba nadando al borde de la islita, pero justo cuando Link comenzaba a extender su mano para ayudarla a salir, Tempestad hizo acto de presencia y dando un ligero empujoncito con su cabeza a la espalda del muchacho consiguió que este pediera el equilibrio y cayera también en el agua.

Relinchó divertido ante la escena y agitó su cola animado, al parecer el animal estaba de muy buen humor ahora.

– ¡Potro del…! –Comenzó a maldecir, pero no continuó al escuchar la suave risita de la muchacha.

– Parece que le agradas –Sonrió aún divertida.

Link estaba embobado, era un placer para él ver a la joven princesa sonreírle, aún no entendía que diantres había pasado, pero ahora se encontraba ahí junto a ella en medio de una hermosa tarde soleada en el lago Hylia, lejos del castillo, lejos de los guardias… lejos de los deberes.

– Pues si yo le agradó seguro tú más, no había forma de pararlo –Agregó sonriendo a recordar el lío en que nuevamente se habían metido– ¿No es tú corcel verdad?

– No –Su respuesta fue simple– No lo es, es mi compañero –Agregó sonriéndole– Tuvimos algunos percances en el camino hasta el lago, pero ya resolvimos nuestras diferencias.

– ¿Cómo se llama? –Preguntó aún un tanto confundido.

– Tempestad –Respondió con seguridad la muchacha– Es el potro salvaje que estaba en el corral numero 12, ¿ese fue el que sacaste no? Niebla, mi corcel esta en el corral 30 –Le explicó.

– Oh, ya veo –Fue todo lo que dijo, en verdad le sorprendía escuchar aquella información, en parte se sentía culpable de haber puesto en riesgo la vida de la princesa por un error como ese– Lo lamento mucho Zelda, por mi culpa estuviste en peligro –Se disculpó notablemente afectado.

La chica no dijo nada sólo se acercó un poco al joven y de manera juguetona le lanzó un poco de agua en la cara– Despabila hombre, estoy en perfectas condiciones –Y se echó a reír divertida.

– ¡Oye eso no es justo! –Se quejo devolviéndole el ataque con el agua.

Durante unos minutos estuvieron chapoteando en el lago, riendo, jugando y recordando su infancia. Era un día bonito y había que celebrar este nuevo reencuentro.

Entre tanto Tempestad estaba haciendo vida social con Epona (N.A: 1313 XD!) Al parecer ellos no tenían grandes problemas para expresarse y demostrar el afecto mutuo. ¡Ey! No se están imaginando cosas raras, sólo se están conociendo.


La tarde ya se estaba alejando y los jóvenes aún permanecían a las orillas del lago. Zelda ya había tenido la oportunidad de contarle la historia de como habían tenido que enfrentarse a una enorme serpiente y ella había perdido el conocimiento poco después de que el reptil se cansara.

– Ha sido un día extraño –Murmuró el muchacho sentado junto a la princesa, observando el agua cristalina del lago.

– Ya lo creo que si –Dijo suspirando cansada de tanto ajetreo– Link… –Lo llamó con suavidad– ¿Qué tarea había apuntado Impa después de la práctica de equitación? –Le consulto esperando que no les quedaran demasiados deberes, realmente estaba cansada.

– Este yo… –Comenzó nervioso.

– ¿Qué sucedió? –Le preguntó asustándose por la extraña actitud del muchacho.

– Perdí la lista… –Le confesó finalmente.

– ¿En serio? –Volvió a interrogarlo para asegurarse de que era verdad lo que escuchaba.

– Sí, se mojó y la tiré porque ya no se podía leer nada –Le respondió un tanto afligido.

– Eso significa… –Una breve pausa acompañó a sus palabras– ¡Que estamos libres! Ya no hay más deberes por hoy –Le dijo con alegría guiñándole con complicidad.

– Pues… viéndolo de ese modo… –Analizó con cuidado– Me parece que no –Sonrió aliviado de que la muchacha parecía más feliz que enfadada por la noticia.

El sol comenzaba a ocultarse rápidamente tras las altas montañas que encerraban al lago, un silencio incómodo se había apoderado del momento. Link dejo de observar el lago y miró de reojo a la muchacha, examinándola.

Por el amor de Nayru… –Pensó sintiendo como inmediatamente el rubor volvía a apoderarse de sus mejillas.

Hasta ese momento no se había detenido a observarla, ella se encontraba a una distancia no muy prudente y con toda la ropa adherida a su cuerpo, marcando cada perfecta curva con exquisita delicadeza.

Corría una brisa fresca y la chica parecía comenzar a sentir frío porque su cuerpo tembló involuntariamente, ella se abrazó a si misma tratando de conservar algo de calor, pero con la brisa su ropa húmeda se enfriaba con demasiada rapidez, no paso mucho antes que un suave estornudo se escapara de su boca.

– Vas a resfriarte –Le indicó levantándose para acercarse a Epona que reposaba muy cerca de ahí, junto a Tempestad.

La muchacha observó como el Hyliano buscaba entre sus pertenencias, para luego acercarse nuevamente hasta donde ella se encontraba.

– Ten, sácate el vestido y tápate con esto –Le dijo notoriamente sonrojado al tiempo que le extendía una especie de manta.

– ¡¿Qué?! ¿Quieres que me desnude aquí frente a ti? –Le dijo horrorizada y MUY avergonzada por la indecorosa propuesta del joven.

– ¡NOOO! –Se sonrojó aún más– Yo no miraré… o intentaré no hacerlo –Pensó agitando rápidamente su cabeza alejando ese pensamiento.

La chica sujeto la manta en sus manos y medito un segundo el asunto antes de decidirse.

– Esta bien –aceptó finalmente– Pero tú no mires –Le ordenó alejándose un poco del lugar, deteniéndose cerca de la orilla del lado, desabrochó las amarras de su traje y miró de reojo hacía atrás asegurándose de que Link no estuviera mirándola y poco después dejo caer la húmeda prenda de su cuerpo.

El joven Hyliano se había sentado nuevamente, pero antes también se quitó la túnica húmeda que cubría su torso.

– No mires, Zelda te matara si te descubre –Se dijo murmurando, pero sus instintos parecían ensañarse en llevarle la contraría y sin darse cuenta de cuando ni como, desvió ligeramente su mirada espiando de reojo a la joven. La prenda húmeda cayó ante su asombrada mirada al suelo y el cuerpo casi desnudo de la muchacha quedo al descubierto– Eres un pervertido –Se regañó al tiempo que una de sus manos tapaba su nariz para evitar una segura hemorragia nasal.

La joven se quitó la parte superior de su ropa interior y también la dejo caer, él por su parte mordía su labio inferior tratando de controlar sus instintos más primitivos, la silueta a contraluz de la joven casi desnuda frente al inmenso lago, iluminada por los últimos claros del sol que ya los había abandonado era un espectáculo digno de ser observado. Poco después de eso la princesa se tapó con la manta que Link le había entregado, levantó todo del suelo y se volvió a acercar al avergonzado muchacho, quien maldecía para sus adentro que la manta fuera tan gruesa.

– Te… te quitaste la túnica –Murmuró sonrojada al ver el torso perfectamente tonificado del joven guerrero– Seguro lo hizo apropósito –Pensó clavando su mirada en el suelo para evitar morderse su labio inferior y no delatarse.

– Estaba algo húmeda, como tu vestido –Le dijo él tratando de parecer tranquilo y despreocupado, cuando en realidad se esforzaba por alejar de su mente la aún recurrente imagen del cuerpo casi desnudo de la muchacha.

La chica volvió a sentarse junto a él, arrepollándose muy bien con la manta.

– Supongo que tendremos que volver al castillo pronto, está anocheciendo –Le comentó dedicándole una que otra mirada aún avergonzada, no sabía como actuar, de pronto se sintió extrañamente tímida.

– ¿Desea volver princesa? –Le preguntó un tanto formal tratando de alejar de su mente todo caluroso pensamiento, su cuerpo… estaba ardiendo.

– Aún no… –Murmuró ella acercando un poco más al joven– No me digas princesa… por favor –Le suplicó ella sintiéndose algo incómoda– Si me hubieran dado a escoger antes de nacer, hubiera preferido ser simplemente una chica más del pueblo –Le confesó después, aun temblando ligeramente… todavía tenía algo de frío.

– Estas temblando.

– Un poco… –Murmuró sonrojada.

Y fue entonces cuando los instintos vencieron a la razón y sin previó aviso el joven Hyliano atrapó entre sus brazos a la muchacha, acercándola a su cálido cuerpo. Quería protegerla, deseaba sentirla cerca, muy cerca y ya no soportaba más.

– ¡¿Link qué estas…?!

– Shhhh –la silenció él posando su dedo índice sobre los labios de la princesa– Hay algo que tengo que decirte –empezó sin rodeos, volviendo a atrapar a la muchacha con ambos brazos, no dejaría que se le escapara esta oportunidad– hace tiempo que quiero decírtelo, sé que es una locura, sé que quizás no sea correcto… pero algo me dice que no soy sólo yo…

Con cuidado se acomodó para poder observarlo, no negándose a los cálidos brazos del muchacho, la verdad es que estar así la hacía sentirse reconfortada y segura.

– No entiendo…

No comprendía las intenciones del joven, pero tendía una vaga idea de lo que podía seguir a continuación, aunque no quería hacerse ilusiones de algo que seguramente no escucharía.

– No sé lo que estoy haciendo –Le confesó sonriendo con su habitual tranquilidad.

Sus miradas se cruzaron y sus corazones volvieron a acelerarse, ya no sabían cuantas veces durante esta semana habían estado así de cerca, pero si sabía que ahora no se encontraban en el castillo, no había ni Rey, ni maestra, ni guardia, ni sirvienta que los interrumpiera… ahora todo dependía de ellos.

– Eres un tonto ¿sabías? –Lo regañó en un tono cariñoso correspondiéndole su sonrisa.

– Quizás… pero también estoy algo loco –Le dijo acercando peligrosamente su rostro al de la princesa.

– Entonces somos dos… –Susurró ella entrecerrando sus párpados y acortando aún más la distancia que los separaba.

El joven la imitó acomodando un poco sus piernas para adquirir una posición un poco más estable, ella se encontraba sentada de lado y ahora sus manos estaban apoyadas en el fuerte cuello del muchacho. El tiempo volvía a detenerse para ambos y sus respiraciones volvían a mezclarse. Link nervioso comenzó a temblar ligeramente.

No es correcto –se dijo tratando de controlarse, y en un intento de aplazar lo ya muy aplazado, la abrazó con fuerza y ocultó su rostro entre el cuello de la muchacha– No es correcto –Murmuró ahora en voz alta.

– Link… –Lo llamó la dulce voz de la princesa, quien ahora enredaban sus finos dedos en la húmeda cabellera del Hyliano. De una forma u otra lo entendía, podía entender la lucha interior que ahora se desarrollaba en la mente del muchacho.

– No es correcto –Volvió a repetir apretando con fuerza sus párpados– Ella es la princesa de Hyrule y yo… yo soy nadie –Pensó, pero pronto una extraña idea lo hizo cambiar de opinión.

¿Qué sucedería si viera a la joven junto a un chico de sociedad? No… eso no podía ser posible, ella le pertenecía. Bueno técnicamente no, pero no era capaz de hacerse la idea de verla junto a otra persona, si dejaba pasar nuevamente esta oportunidad podría perderla.

– Ya no puedo más con esto Link… te necesito –Le confesó inesperadamente consiguiendo que el joven se separara ligeramente de ella para mirarla.

¿Había escuchado bien? Ella había dicho que… ¿Lo necesitaba? ¿A él? Algo tenía que estar mal, seguramente estaba soñando o se había perdido muy profundamente en sus pensamientos y ya comenzaba a alucinar.

Una mirada pura y sincera fue la que los cristalinos ojos de la princesa reflejaban, ya no necesitaba más pruebas. Si era sueño o realidad lo analizaría después, había tiempo para ello… Link cerró sus ojos, sujeto el rostro de la muchacha entre sus manos e inclinó ligeramente su cabeza para acercarse a la chica juntando suavemente sus labios a los de ella. Fue un roce sutil, tímido y algo torpe, pero lo había conseguido… al fin lo había hecho.

La Hyliana recorrió el torso desnudo de su compañero con sus manos, su pulso se había acelerado con aquel suave y tímido contacto, era el primer paso. Link la estaba besando o algo parecido, pero no le importaba, al fin habían conseguido vencer sus dudas y revelar sus sentimientos al otro de manera indirecta.

El joven volvió a acomodarse y profundizó el contacto aún con algo de timidez, moviendo sus labios al compás de los de su compañera, eran movimientos lentos, suaves pero muy rítmicos y afectuosos. Se trataba de un momento encantador, una atmósfera que sólo dos verdaderos enamorados podían sentir através del contacto entre sus bocas, su piel y sus caricias. Sus corazones latían con renovadora fuerza y vitalidad.

De pronto el relincho de ambos corceles los sacó de su mundo de ensueño, los jóvenes miraron a los animales y sonrieron divertidos al ver como estos parecían tan inmersos en su universo como ellos un momento atrás lo habían estado.

Ambos sabían que debían regresar, pero ciertamente ninguno tenía la intención de hacerlo. El cielo ya se había oscurecido y por ahora las estrellas serían los únicos testigos de lo que esa noche quedaría sellado como un secreto… un secreto que mantendrían hasta que llegara el momento oportuno para revelarlo…Y… ¿Qué pasará ahora?... Sólo la oscura noche sería testigo de lo que continuación acontecería. Pero mañana sería un nuevo día con nuevos preparativos para la llegada de un invitado muy especial.

Continuará…


Bueno antes que nada me veo en la obligación de pedir mil disculpas por la demora, demasiado tiempo sin escribir… y también debo disculparme por este capitulo… seguramente no era lo que esperaban, pero bueno XD intentare que el siguiente sea mejor.

Había hecho una escena un poco subida de tono pero en última instancia decidí eliminarla… no quería pervertir aún más sus inocentes mentes XP, por lo menos no por ahora 9-9

Gracias a toda a la gente que me ha apoyado, es por ustedes que no quiero dejar esta historia inconclusa… así que pronto estará el siguiente capítulo que ya comencé a redactarlo XD crucen los dedos para que sea mejor que esto jajaj XD

Y antes de despedirme deseo darle un especial agradecimiento a la gente que se tomó el tiempo de dejar un review en el capítulo anterior, agradezco a… El angel de la oscuridad, Fox McCloude, cris-sweetnavi, Dialirvi, Nayru Tonks, miss zelda, la generala, miru yumi, gami, Fairy-Li, life14, Annerya, Aiko_shirai, melissa_zelda, ELF0TITO, Toon Csi y un muy especial agradecimiento a Mego, que empezó a leer el fic hace poquito y me parece que se quedo en el capi 5, ojala y llegue a leer este agradecimiento, un saludo muy especial para ti.