Capítulo 7

Cuando aterrizamos, me sostuvo hasta asegurarse que podía mantenerme en pie por mí misma y luego me soltó lentamente, como si no quisiera separarse de mi (¿se sentía a gusto también o era mi imaginación?). De inmediato sentí el brusco cambio de temperatura, parecía que estuviéramos en la boca de un horno encendido, por lo que fue necesario que me sacara algunas prendas ante la atenta mirada del profesor que, con su famosa ceja levantada, me decía "te lo dije". En eso se nos acerca un joven preguntando por mí, era la persona que Draco había mandado a esperarme. Cuando se dio cuenta que iba acompañada me comenta que no sabía ese detalle y que solamente había reservado una sola habitación y que, lamentablemente por estar en período de vacaciones, no creía que hubieran más habitaciones disponibles dentro del hotel. Dicho y hecho, no quedaba ni una, y ya que no podía separarse de mí (había venido a cuidarme y ayudarme y blablablá) no nos quedó de otra que compartir la habitación. El joven que nos acompañó se despidió de nosotros y dijo que nos vendría a buscar al día siguiente un poco antes del mediodía para llevarnos donde mis padres (claramente Draco lo había informado de todo) y que si necesitábamos algo, no dudáramos en llamar. Dicho esto se fue, dejándonos solos en la habitación.

Era grande y lujosa, tenía una pequeña cocina, bar, una salita con terraza y vista al mar. Al fondo tenía una puerta que llevaba al dormitorio que contaba con una gran cama y un baño privado. No se preocupe, me dice el profesor, yo dormiré en el sillón. No hubo caso de convencerlo de que lo más lógico era compartir la cama, era lo suficientemente grande como para que cupiéramos los dos sin tener que toparnos en toda la noche. Transformó el sillón en una cama (cómo no se me ocurrió antes) y me informó que se daría una ducha para relajarse. Decidí pedir algo para comer, ya que ambos nos encontrábamos muy cansados como para salir después de todo un mes elaborando pociones sin parar.

Esperé que llegara el servicio a la habitación apreciando la vista que tenía del océano desde la terraza. Se respiraba tanta paz y tranquilidad, algo que necesitaba con desesperación porque comenzaba a ponerme muy ansiosa por lo que podría suceder al día siguiente, ¿y si algo salía mal? ¿Qué tal que la poción tenga una falla, o pronuncie mal el hechizo? ¿Y si mis padres se enojan por lo que les hice y ya no quieren volver a saber de mí? No lo resistiría. Estaba tan metida en mis pensamientos que no me di cuenta que Snape había salido de la ducha hasta que carraspeo para llamar mi atención ¿Cuánto tiempo habrá estado observándome? No lo sé, pero lo que sí sé es que verlo sólo con su pantalón de pijama me dejó la boca seca.

Tenía un torso pálido (obvio, vivía en las mazmorras y le decían murciélago) pero con los músculos bien marcados. Estaba cubierto de cicatrices, auspicio de su antiguo amo supuse yo, pero la que más se destacaba era la del cuello que, aunque nunca se cubría, se podía apreciar mejor sin el cuello de la levita estorbando la vista. Su pecho estaba cubierto de pelo aunque sin exagerar que terminaban en una fina línea que bajaba hasta el ombligo y se perdía en los pantalones dejándome con gusto a poco por saber qué había bajo ellos. Fue cuando sentí que me ruborizaba a más no poder. ¡Estaba analizando a mi profesor de pociones, que se encontraba sólo con pantalones y me lo estaba comiendo con la mirada! ¡Pero si tienes novio! Gritaba una parte de mi cabeza, mientras que la otra se dedicaba a imaginarse los atributos escondidos bajo la tela.

Cuando termine de analizarme, quiero informarle que están golpeando la puerta, me dice el sujeto en cuestión. Doy un respingo roja como tomate por mi descaro y corro a abrir la puerta. Agradezco al camarero e invito al profesor a comer de lo que he pedido. Trato de no levantar la mirada mientras comemos porque siento la mirada de Severus en mí todo el tiempo, tengo la impresión que si lo miro a los ojos, podrá leer mi mente sin que pueda oponer resistencia alguna y sabrá todo lo que estuve pensando de su cuerpo.

Una vez que terminamos, me retiro al dormitorio para poder descansar, le doy las buenas noches y me sumerjo en un agitado sueño. No recuerdo de que se trataba, pero si recuerdo que despierto sobresaltada y llorando porque siento una cálida mano que me remece un poco para despertarme. No lo pienso y sigo llorando abrazada a él, que se pone un poco tenso por mi reacción pero luego me abraza para transmitirme su calma y energía que logran tranquilizarme. Le pido que no se vaya, siento que si lo hace, mis pesadillas cobrarán vida y no me dejarán dormir nunca más. Accede a quedarse, me pide que me corra a un lado de la cama y se recuesta al otro mientras me atrae hacia él y me abraza por la espalda. Me dice que él también había tenido una pesadilla que lo había despertado y que fue ahí que me escuchó llorar y se acercó a verme. Mientras hablaba, sentí como el cansancio se apoderaba de mí y me rodea un agradable aroma que me relaja y me lleva al mundo de los sueños y no de las pesadillas. No recuerdo nada más hasta el día siguiente que despierto como si hubiera recuperado el sueño de todos esos meses sin dormir.