Capítulo 8
Los rayos de sol comenzaron a entrar a través de las cortinas, dándome de lleno en los ojos, por lo que no me quedó otra que despertar. Cuando mi mente empezó a funcionar otra vez, me di cuenta de que había un brazo, que no era mío, alrededor de mi estómago y que alguien me respiraba en la nuca. Pero lo que más me llamó la atención era lo bien y descansada que me sentía, no quería moverme de ahí. Me giré lentamente, tratando de recordar cuándo sucedió esto y quedé un poco confundida al darme cuenta que el dueño del brazo era nada menos que Severus Snape. Cuando me recobré de la impresión inicial, me dediqué a analizar su rostro de cerca. Se veía tan relajado, aunque tantos años de estar con el ceño fruncido dentro del colegio le habían dejado esa arruga tan característica en medio de los ojos. Su nariz, de la que todo el mundo se burlaba, me encantaba, le daba un toque distintivo y especial a su rostro. Y luego su boca, que mientras más miraba, más ganas de probar el sabor de sus labios tenía. De repente me siento observada y sé de inmediato que el profesor llevaba más tiempo despierto que lo que yo suponía. Después de darme los bueno días se levantó y de inmediato una sensación de vacío se apoderó de mí, la magia de su tacto se había ido con él.
Mientras pedía el desayuno a la habitación me di una ducha más fría de lo normal, estar en esa situación con él me despertaron sensaciones que no sabía que existían, pero que suponía debían sentir los cuerpos que desean a otro. Lo que me llamaba la atención era que jamás me había sentido así con Ron, ni si quiera mientras nos besábamos y él aprovechaba de acariciar mi cuerpo (lo poco que le permitía) y ahora que sólo habíamos dormido abrazados quedaba con la sangre y las hormonas revolucionadas.
Una vez que desayunamos, nos dedicamos a repasar los pasos a seguir para que todo saliera de acuerdo al plan. Primero debíamos encontrarlos, lograr que se bebieran la poción y luego recitar el hechizo para que me recordaran. El problema estaba en que el hechizo debía ser pronunciado a una distancia muy corta y no sabía cómo iba a lograr que confiaran en mí y aceptaran tomarse una poción mientras yo decía unas palabras graciosas frente a ellos. Severus me dice que para no correr riesgos innecesarios utilizaremos el hechizo desilusionador, nos permitirá dejar los frascos de las pociones donde puedan encontrarlos y hacer que los beban. Una vez lograda esa parte de la misión tendré que pronunciar el hechizo, como ya se habrán tomado la poción, no será tan terrible que me escuchen hablar porque todo será bastante rápido. Cuando termine, él nos quitará el hechizo y se retiraría para dejarme con mis padres.
Como ya tenía dominada esa parte del plan, se dedicó a enseñarme el hechizo para desilusionarme. Estaba tan nerviosa por todo lo que vendría que no lograba realizar correctamente el movimiento de la muñeca, por lo que, al igual que cuando me enseñó a tomar el cuchillo, se puso atrás mío y me tomó de la cintura con una mano mientras con la otra tomaba mi mano con la varita y guiaba mis movimientos hasta que pudo corroborar que los hacía a la perfección. Estaba tan concentrada en los giros de mi mano, que no me percaté que él no había retirado su mano de mi cintura, aun viendo que ya no tenía problemas.
Me gustaba sentir su presencia junto a mí, sentía como movía su pulgar y me acariciaba la cintura lo que enviaba pequeñas corrientes eléctricas a mi columna que hacían que me relajara pero a la vez me comenzara a poner nerviosa y ansiosa por no querer que ese pequeño contacto terminara.
Junté todas mis fuerzas y me giré en su brazo, hasta quedar frente a él. Se quedó quieto como una estatua pero no quitó su mano de donde se encontraba. Aproveché para seguir mi exploración de su cara, esta vez con las manos. Delineé el contorno de su cara con la yema de los dedos de manera casi imperceptible consiguiendo que cerrara los ojos ante el contacto. Seguí entonces con las cejas y los ojos, repasé la nariz y terminé en los labios, esos que tantas ganas tenía de probar. Estaba en eso cuando noté que se le escapaba un suspiro y besaba el dedo que, en ese momento, tenía en sus labios. Ahí perdí todo el autocontrol que me quedaba y acerqué mi rostro al de él muy suavemente para no espantarlo y lo besé muy suavemente.
Al principio se sintió extraño, él no reaccionaba, parecía haberse quedado como una piedra, pero de a poco sentí como empezaba a corresponder a mi beso de manera suave, casi como si estuviera degustando un vino, queriendo sentir cada parte de mi boca. Yo ya había perdido todo tipo de pensamiento racional así que tanteé sus labios con mi lengua para poder profundizar el beso. Esta vez no se hizo derogar y comenzó a besarme con más ánimo a lo que, claramente no me opuse.
De repente mis manos comenzaron a tomar vida propia y se fueron a su pelo, tan liso y suave al tacto que las enterré en él. Al parecer sus manos también cobraron movilidad porque me acariciaba todo el contorno de mi cintura. En un momento sentí como esas manos empezaban a subir, rozaron el borde de mis pechos y volvieron a bajar a la cintura. Fue cuando sentimos que golpeaban la puerta. Nos separamos de golpe, como si ese simple sonido hubiera puesto fin al hechizo que nos mantenía juntos.
Severus se repuso rápido de la impresión, se fijó que no tuviéramos nada fuera de lugar y fue a abrir la puerta mientras yo estaba ruborizada hasta el pelo, con los labios que me quemaban y mirando el piso como queriendo que me tragara. Era Andrew (ahora recuerdo que ese era su nombre) y venía por nosotros para indicarnos donde estaban mis padres. Esa simple frase me hizo reaccionar, así que fui a buscar mis cosas y lo seguimos.
