Capítulo 9

Nos llevó al borde costero, ahí había un montón de pequeñas casitas de variados colores y tamaños con pequeños jardines que miraban hacia el océano. Nos mostró una de las últimas de la calle, que tenía anexada una casita más pequeña. Me dijo que ese era el lugar, que la pequeña casita era una consulta de dentistas que habían abierto. En ese instante salió un hombre y una mujer de la casa y de dirigieron a la consulta, abrieron la puerta y entraron cerrando la puerta tras ellos. ¡Había encontrado a mis padres!, pero en vez de estar saltando de alegría temblaba como una hoja frente a un viento huracanado, el profesor se dio cuenta de mi estado y paso su brazo por mis hombros intentando tranquilizarme.

Andrew se dio cuenta que esto estaba superándome y nos invitó a comer algo a un lugar cercano. Mis padres atendían toda la tarde y no era hasta las 8 que cerraban la consulta y se iban a descansar, por lo que sugirió que esperara hasta esa hora para intentar lo que fuera a intentar. Estuvimos de acuerdo y lo seguimos al restaurant. Cuando íbamos llegando recibió una llamada urgente, se disculpó con nosotros diciéndonos que lo llamáramos si lo necesitábamos y se desapareció.

Ya estábamos frente al local, por lo que entramos y pedimos mesa para dos. Quedamos instalados en una mesita desde donde se podía ver el océano. Su vista comenzaba a relajarme y me dejé llevar por mis recuerdos sobre mis padres, pensaba en todos los momentos felices que había tenido junto a ellos y que podría seguir teniendo gracias a todos los que me habían ayudado, en especial a Severus. Sin él esto hubiera sido imposible, fue él quien encontró la solución al hechizo y quien me ayudó en todo el proceso. Fue ahí cuando me di cuenta que, mientras yo divagaba, él había ordenado bebidas y el almuerzo. Insistió en que debíamos probar la carne de canguro ya que estábamos en Australia. No me quejé y, aunque no le encontré ninguna gracias, estaba deliciosa y me la comí feliz. Luego sugirió que fuéramos a una heladería y pidiéramos ahí el postre para aprovechar de caminar por la costanera. Pagó la comida, salimos del lugar y me tomó de la mano para mostrarme la heladería que había visto hace un rato.

Se sentía tan natural pasear con él de la mano, ninguno de los dos había mencionado el beso de la mañana, pero fue como si no fuera necesario hacerlo. Me sentía en las nubes, muy dentro de mí sentía que ese era el lugar donde debíamos estar. Al llegar a la tienda, pedí los helados (él invitó el almuerzo así que quise corresponderle con el postre) y fuimos a un pequeño mirador a mirar el océano. Ahí nos quedamos un buen rato hasta que llegó la hora de ir solucionar el problema de memoria de mis padres.

Volvimos a la casa y antes de acercarnos más, el profesor recomendó que hiciéramos los hechizos desilusionadores. Me recordó también que debía moverme con cuidado y sin emitir sonido alguno, porque este encantamiento sólo camufla el cuerpo para no ser visto, pero no hace nada con respecto a los sonidos. Eso ya lo sabía, pero estaba tan nerviosa que si no me lo recordaba me hubiera puesto a hablar de los nervios. Una vez hechizados, me tomó nuevamente de la mano para que no nos separáramos y nos acercamos silenciosamente a la ventana del living.

¡Ahí estaban por fin! Mis padres habían permanecido a salvo de los mortífagos y se veían tan bien. Tenían el lugar decorado tal cual lo teníamos en Inglaterra, sólo que aquí faltaban mis fotos sobre la chimenea, en cambio habían muchas de ellos dos realizando diferentes actividades. Sentí como me guiaban a la puerta de la cocina tras la casa para poder ingresar sin que notaran nuestra presencia. Escuché un click y supuse que había realizado magia no verbal para que no nos detectaran. Avanzamos con cuidado por la cocina hasta que pudimos asomarnos a la habitación donde se encontraban.

Por fin pude verlos de cerca, estaban sentados juntos en el sillón, cada uno leyendo un libro diferente y con un trago frente a ellos. De repente escucho un ruido en la parte superior de la casa y mis padres se miran extrañados y van a ver el origen del misterioso sonido. En eso noto como Severus se separa de mi lado, veo los dos vasos desaparecer y luego los frascos de las pociones que son transformados en vasos idénticos a los que estaban hace un momento sobre la mesa. Mis padres vuelven a entrar a la habitación, toman los vasos y se los beben mientras se sientan. De inmediato Snape me toca el brazo para saber que es el momento para recitar el hechizo.

Tomo aire, me concentro y empiezo a decir el encantamiento, noto como mis padres ponen cara de susto al escuchar a alguien que habla cerca de ellos y no pueden ver, pero de a poco comienzan a tomarse la cabeza con un leve gesto de dolor hasta que yo termino de pronunciar el hechizo y luego, tras escuchar un "Hermione" por parte de mi padre, veo como se desmayan sobre el sillón.

Severus termina el encantamiento que nos ocultaba y se acerca a comprobar que estén bien. Una vez comprobado eso, realiza un pequeño Legeremens para corroborar que hayan recuperado la memoria y se retira de sus mentes. Luego se acerca a mí, me da un suave apretón en el hombro mirándome a los ojos que me transmiten toda la fuerza y tranquilidad que son capaz y se desaparece, supongo que al hotel a descansar.

Me acerco a mis padres para despertarlos pero estoy tan nerviosa, sin saber que decirles, que prefiero esperar un rato para tranquilizarme y poner mis ideas en orden. En eso comienzan a volver en sí y me miran sorprendidos, emocionados y muchas cosas más que no logro identificar a la vez. Mi padre abre sus brazos y de un salto me refugio en ellos como si volviera a ser una pequeña niña asustada y me pongo a llorar.


He vuelto, disculpen la demora, como recompensa les dejo dos capítulos.

Muchas gracias por los reviews, sé que esperaban ese beso, así que espero que no me maten con lo que sigue, no es tan terrible, pero tendrán que esperar para que haya más acción, sino la historia terminaría muy pronto y todavía tengo mucha información en la cabeza para este fic.

Espero les guste

Cariños ;)