¡Ni yo me la creooo! Voy a actualizar XD, si bueno… lo había prometido así que lo prometido es deuda y bueno aquí está el siguiente capítulo de Guardaespaldas por una semana, definitivamente tengo que estar loca para escribir tantas tonterías en un mismo fic XDD!, mi modo… ¡Espero que el capítulo sea de su agrado!
Por cierto este capítulo tiene el mismo nombre que uno de los fics de la generala, aunque no tengan nada que ver XD, se los recomiendo, el fic es muy bueno ;)
Nota: No releí el capítulo :S, disculpen si se me pasaron faltas de ortografía XD!, bueno :S aunque los revise siempre se me pasan igual XDD!
GUARDAESPALDAS POR UNA SEMANA
En el capítulo anterior…
Estaba claro que la situación había vuelvo a salirse de control, la cercanía que tenían sus cuerpos y en especial sus rostros daba a entender que era lo que seguiría. Y fue así como sus cómplices miradas se cruzaron por última vez. La fresca brisa primaveral y aquella anhelante sensación que los inundaba los hizo buscar en ese suave y tímido roce de sus labios algo más… deseaban sentir más…
Pero nuevamente algo interrumpió el encanto del momento. El inoportuno "toc toc" de la puerta los hizo romper el fascinante hechizo que los había mantenido cautivos hasta ese instante.
- Con su permiso… - una voz extraña llamaba del otro lado de la puerta, dando aviso de su próximo ingreso al cuarto.
- ¡¿Quién le dio permiso? – realmente se sentía frustrada, pero no se detuvo a meditar más, inmediatamente atino a alejar al joven de su lado, aunque su brusca acción consiguió que finalmente ella y él fueran a parar al suelo en una posición nada decorosa.
- He venido a consultar por el estado de la princesa… - Continuó el joven quien aún no veía nada de los que estaba sucediendo delante de él, porque alzaba justo delante de su cabeza un enorme libro.
Sin apuro cerró el texto, y lo sostuvo con una mano al lado de su cuerpo, observando incrédulo una escena un tanto extraña a su parecer.
- Tengo la ligera sospecha de que interrumpo algo… - Agregó despreocupado, dedicándoles una amigable sonrisa a los dos jóvenes que estaban literalmente tirados en el suelo, uno sobre otro.
El joven vestía un elegante y refinado traje, adornando y cerrando el cuello de su camisa estilo mao un listón grande y azul muy bien anudado le daba un toque algo "delicado", sus ojos azules enmarcados por lentes redondos, su pelo anaranjado y muy bien arreglado… no podía tratarse de otra persona, era… era… ¡EL PROMETIDO DE LA PRINCESA!
Ahora sí que estaban hasta las masas ¿Qué demonios iban a hacer en aquella comprometedora situación? ¿Cómo iban a explicarle a ese chico que estaban a punto de besarse delante de sus narices?
.-.-.-. Día cinco (II): Celos .-.-.-.
Ninguno de los dos atinó a nada, Link observaba con cierto aire de resentimiento al recién llegado, mientras Zelda era un lió de emociones.
- Ojala y me tragara la tierra – Pensó creyendo que esto ya era el colmo de los colmos, ¿Por qué tenía que ser justamente él? – Eso no te incumbe – dijo o mejor dicho "escupió" aquellas palabras, como respuesta al "estúpido" comentario que minutos antes había realizado el pelirrojo.
¡Era obvio que estaba interrumpiendo algo! ¿O acaso era idiota? ¿Qué no veía con sus propios ojitos que ella y su acompañante estaban MUY bien sin su intromisión?
- Disculpe mi atrevimiento – Agregó enseguida aún sonriéndoles – Nunca fue mi intención molestarla princesa – Se acercó al sitió donde aún estaban inmóviles Link y Zelda, y se hincó justo delante de sus cabezas – Usted debe ser el joven Link, guardaespaldas de la princesa ¿O me equivoco? – Indagó observando al rubio.
- Ehhhhh - Balbuceo nervioso el aludido, la verdad es que en esa postura se sentía con un tanto de desventaja.
- ¿Tú debes ser el hijo del amigo de mi padre, no? – Lo interrogó ella, interrumpiendo aquella "fluida" conversación entre los jóvenes, necesitaba estar segura de que este chico era el mismo de la noche anterior.
- Ohh, por supuesto – Murmuró como si acabara de recordar algo – Aún no me he presentado formalmente – Sonrió. – Mi nombre es Shad y me dedico a estudiar las leyendas y los mitos relacionados con los Uca - Continuo extendiendo su mano libre para sujetar la de la joven princesa, la otra aún la tenía ocupada sosteniendo el libro que traía consigo – Es un gusto conocerla, señorita Zelda – Y luego de proferir aquellas palabras beso suavemente el dorso de la mano derecha de la rubia.
La princesa observó incrédula la escena, sus mejillas aún se encontraban sutilmente sonrojadas por lo que había estado sucediendo antes de que ese chico apareciera en su cuarto.
A Link se le erizó hasta el último vello de su cuerpo, ahora sí que estaba furioso ¡¿Cómo se atrevía?, y justo delante de sus narices, literalmente XD!, ya que aquel acto se había desarrollado al frente de su cabeza, porque la princesa seguía "sentada" sobre sus piernas y aún tenía una de sus manos apoyadas en el suelo, justo al lado del cuerpo del rubio, que estaba tumbado de espaldas y boca arriba.
- El gusto no es mutuo – Agregó hiriente la muchacha, soltándose bruscamente del suave agarré con el que el pelirrojo sujetaba aún su mano.
Quizás estaba siendo demasiado sincera, pero a ella eso NO LE IMPORTABA y esperaba que desde el primer momento quedará muy claro.
- Es usted una jovencita con mucho carácter – Comentó soltando una suave risita divertido.
- ¿Qué demonios le parece tan gracioso? – Pensó aún más molesta al sentir que todos sus intentos por ofender al recién llegado eran en vano.
- Ejem – Los llamó el rubio desde abajo – Disculpen que interrumpa su conversación pero… podríamos continuar esta "amena" velada de pie ¿no lo creen?
Si… él también estaba molesto y lo que era peor ¡Se le notaba!, y eso si que era extraño para alguien tan tranquilo y amable como Link.
La muchacha se sonrojo a más no poder, había olvidado que Link estaba justo debajo de ella, rápidamente se quitó del paso, permitiendo que su joven guardaespaldas se incorporara.
Luego, el silencio reino la habitación y ahí estaban los tres, de pie, uno frente al otro. Shad sonriéndoles despreocupadamente como lo había estado haciendo desde que entro, Zelda con sus brazos cruzados mirando de reojo y con desdén al pelirrojo y Link, bueno… él pareciera que quisiera asesinar con su mirada al pobre Shad.
Y fue justo cuando la situación parecía que no podría sostenerse por más tiempo cuando…
PAF!
La puerta se abrió de golpe, dejando entrar al corpulento y animado gobernante de Hyrule, que aún traía puesta su gorra de dormir y sobre ella la corona.
- ¡Buenos días! n0n – Exclamó con su ya inconfundible ánimo, luego se detuvo y observando incrédulo la situación agregó – o-o ¿Qué hacen todos aquí reunidos?
- Ehhhh – Dijeron todos al unisonó un tanto confundidos y aturdidos. Nadie se esperaba que el rey llegara de la nada y menos con la corona sobre el gorro de dormir, y era obvio que ninguno de los presentes paso por alto ese "pequeño" detalle.
- Oh ya veo ¡Que tiernos! – Sus ojitos parecieron brillar de emoción - ¡Ahora todos son amiguitos, me hacen tan feliz! – Exclamó jubiloso, limpiándose una pequeña lagrimita de su ojo derecho.
Cuek! XD! Tenía que ser el rey.
- Ehhhh… – Nuevamente el coro de los tres jóvenes fue todo lo que el rey obtuvo como respuesta.
Enseguida los tres fueron atrapados por los brazos de nuestro querido gobernante en un apretado abrazo que se les hizo eterno y asfixiante.
- ¡Espero que sigan llevándose así de bien! – Agregó luego muy sonriente soltándolos al fin.
Los chicos recuperaron el aire que habían perdido y murmuraron – ¿Eh? – un tanto aturdidos aún.
- Los estamos esperando abajo, no se tarden… n-n – Continuó enseguida, para posteriormente desaparecer por el mismo lugar de donde había salido.
Cri… cri… Nuevamente el silencio reino la habitación!
Minutos más tarde estaban todos reunidos para variar en el comedor, bueno seguramente se estarán preguntando ¿Qué onda estos tipos, pasa puro comiendo? XD!, en fin…
- Bueno como al fin todo esta calmado. – Empezó Nohansen levantándose de su asiento. – ¡Sean libres de servirse! – Era justo a esa parte la que él quería llegar - ¡Ah comer!
Los tres chicos sujetaron sus cucharas y le dieron una probada a la extraña y no muy agradable papilla que tenían servida delante.
- Está muy bueno. – Comentó el pelirrojo sonriendo como era ya costumbre.
- ¡Si es justo como me gusta! – Exclamó jubiloso el amigo del rey.
- Exacto, lo pedí tal como te gustaba amigo, para recordar viejos tiempos. – Lo apremió el padre de Zelda quien también comía gustoso.
Link intentó no escupir la extraña papilla, que en realidad tenía un sabor un tanto repugnante, pero al parecer a los dos reyes y al "prometido" de la princesa les encantaba. Zelda por su parte había comenzado disimuladamente a meter la misteriosa comida en el macetero más cercano.
- Sí, que bueno está. – Mintió levantándose de su asiento con el plato "misteriosamente" ya vacío. - ¿No desean un poco de té? – Preguntó sonriendo con el único objetivo de ocultar sus verdaderas intenciones. Esta era su oportunidad, saldría a la cocina y se escaparía del castillo, ahora si que su plan era infalible, nada podía salir mal.
- Yo puedo ir por el, princesa. – Agregó Link levantándose de un salto de su asiento. – No puedo seguir comiendo esto. – Pensó enseguida, ya estaba a punto de empezar a hacer arcadas.
Sinceramente esa cosa que estaban comiendo tenía aroma a orina de gato y un sabor a… a… a una cosa amarga y muy vinagre a la vez, efectivamente era algo MUY raro para su gusto.
- ¡NOOO yo voy! – Lo contradijo la princesa dedicándole una mirada asesina a su compañero.
- Yo puedo ir, princesa. – Insistió Link, sonriendo sínicamente.
- Que no, yo voy y punto. – Le dijo ella queriendo dar por finalizada la discusión.
- Déjeme hacerlo, no es apropiado para alguien de su estatus ir y buscar el té. – Sabía que estaba metiéndose en un tema complicado, pero… ¡Estaba desesperado!
- ¡Al carajo la posición social, yo voy y punto! – La discusión se estaba tornando violenta.
- Se llevan tan bien. – Comentó estúpidamente Nohansen con una sonrisa, haciendo parecer que esto era algo "sumamente normal".
Pero por lo visto los chicos no le prestaron atención.
- Yo voy, princesa Zelda. – Le dijo nuevamente tratando de guardar la postura.
- ¡Que yo! – Era ella nuevamente contradiciéndolo.
- Yo voy. – Se estaba comenzando a poner nervioso, ya que sentía como todas las miradas en la mesa estaban fijas en ellos y en su "discusión".
- ¡YO!
- No… ¡Yo!
- Jejeje… ¿Chicos? – Los llamó el amigo del rey que ya empezaba a sentir como una gotita de sudor frió surcaba su arrugada frente - ¿No sería mejor llamar a una sirvienta y decirle que lo traiga?
- ¡Que gran idea! – Lo apremió el rey jubiloso.
- ¡NO! – Exclamaron desesperados Zelda y Link al unisonó.
- Tengo una idea mejor padre. – Está vez era Shad quien interrumpía la conversación. - ¿Por qué no dejamos que la suerte lo decida? – Propuso como última medida.
- Mmm me gusta tú idea hijo. – Agregó tranquilo el hombre. - ¿Qué dicen ustedes? – Está vez se dirigía a la princesa y su tutor.
- ¡Siii, la monedita, la monedita! – Exclamaba el soberano de Hyrule que para ese instante ya estaba preparando los plumeros para hacer barra.
- Ehhh – Dijeron al unísono dedicándose una mirada, como buscando en el otro aquella respuesta. – Estamos de acuerdo. – Fue lo que finalmente respondieron en coro.
- ¡Siiii! – Nohansen parecía ser el más feliz de todos, ya tenía listo los plumeros y había comenzado a agitarlos torpemente en el aire cantando – Denme una L… ¡L! … Denme una I… ¡I!... Denme una N… ¡N!
Estaba claro que el rey estaba alentando a Link, pero en realidad ni a la princesa ni a su guardaespaldas les interesaba que demonios era lo que estaba haciendo el hombre.
- Muy bien, aquí va muchachos. – Agregó Shad, ya con la moneda lista para ser lanzada.
- ¡Ahora! – Exclamó el padre del pelirrojo.
Y fue en ese momento cuando Shad lanzó la moneda, objeto seguido con especial nerviosismo por las miradas de Zelda y Link, quien no se perdían ningún segundo de los "interesantísimos" giros que hacia esta en el aire y cuando al fin estaba a punto de volver a la manos del pelirrojo…
- Perdí… - Murmuró la joven desplomándose en su asiento resignada.
Todos miraron a la muchacha sorprendidos, ni siquiera Shad había visto la dichosa moneda aún, ¿Cómo era que ella ya sabía que había perdido?
- ¿Qué? – Preguntó luego al sentirse extrañamente observada.
- ¿Cómo sabes que perdiste? – Fue Link quien se atrevió a preguntar.
- ¿No es obvio? Por la velocidad de los giros, el ángulo de inclinación y de la trayectoria… - Se detuvo, todos la estaban observando como si fuera un bicho raro – Ehhh sólo lo supuse. – Finalizó sonriendo nerviosa, pero seguían mirándola. - ¿Por qué mejor no ven la moneda y dejan de mirarme con esas caras de estúpidos? ¬¬
Y como por arte de magia o mejor dicho por una "amable" invitación de la princesa, todos los ojos se posaron sobre la mano de Shad.
- ¿Y bien? – El rey de Hyrule estaba impaciente.
Lentamente, tal vez demasiado lento para el gusto de los presentes, el pelirrojo apartó su mano, dejando al fin a la vista sobre la mesa el resultado del juego…
Efectivamente Link había ganado.
Habían pasado aproximadamente unos diez minutos desde que Link había ido por el té, y ya estaba de vuelta con una bandeja con cinco tazas, sus respectivas cucharitas y una especie de tetera de porcelana con florcitas.
- Permiso… - Habló al tiempo que colocaba una de las tazas ya llena de humeante brebaje delante del rey y luego de su amigo de la infancia.
Seguidamente sirvió tres tazas más, una para él, otra para el prometido de Zelda y la última obviamente para la muchacha, pero de pronto y aprovechando que todos estaban distraídos en otras cosas tomó una pequeña botellita y agregó algo de un "misterioso" líquido a una de las tazas… ¿Veneno? , pues no… no es lo que parece…
- Muchas gracias por traer el té hijo. – Era Nohansen quien le agradecía la acción y que insistía en tratarlo como si fuera su hijo.
- Déjame ayudarle. – Era Shad quien nuevamente interrumpía y sin previo aviso y antes de que el chico pudiera reaccionar y detenerlo, tomó dos de las tazas y las colocó una delante de la princesa y otra al frente del puesto donde antes estaba Link. – Y esta es mía. – Finalizó sujetando la última taza y volviendo a sentarse con ella en mano.
Link palideció al instante, esto NO SE LO ESPERABA, no se había preparado para algo como eso y ahora no sabía que diantres hacer, no sabía que taza había tomado Shad, por lo que tampoco sabía quien de los tres tenía la taza con el… el…
- ¿Qué has hecho Link…? – Pensó notablemente arrepentido de sus actos, ciertamente hace unos cuantos minutos atrás sólo había estado buscando una forma de darle un "escarmiento" al pelirrojo y de esa forma alejarlo de Zelda.
- ¿Qué pasa Link? – Preguntó la muchacha quien también había tomado su tazón, pero aún no había bebido nada.
- Na… na… na… da… - Le respondió el tartamudo caminando tieso como un palo hasta su asiento.
- Estas actuando muy extraño. – Insistió la muchacha preocupada - ¿Te sientes bien? – Se había volteado para observar mejor el estado del rubio - ¿No tendrás fiebre? – Ahora su mano se encontraba apoyada sobre la frente del joven.
A Link inmediatamente se le subieron los colores a la cabeza y es que no sólo estaba siento tocado por "ella", sino que además habían seis ojos observándolo fijamente.
- No es… no… es… no es nada. – Le volvió a repetir apartando la mano de la muchacha con la suya. – Sólo, tengo… tengo un… un poco de calor. – Mintió tratando de parecer convincente.
- Ah bueno, si tú lo dices. – La princesa no estaba convencida del todo, pero tampoco quiso seguir insistiendo, a ella también le molestaban las intensas miradas de los otros tres presentes.
Por ahora sólo el rey Nohansen y su amigo habían tomado algo de té y Link pensó en la posibilidad de quitar las tazas con la escusa de que las había visto "algo" manchadas, pero justo antes de que se decidiera a hablar…
- ¡Ya sé! – Exclamó el rey volviendo a incorporarse. – Hagamos un brindis por el compromiso de la princesa.
- ¡Oh no! – Ahora si que estaba acabado, TODOS tendrían que tomar el té y había uno con… - ¡Tengo que hacer algo!
- ¡Que gran idea! – Ahora era el amigo del rey el que apremiaba la idea.
Zelda no se veía para nada complacida, pero prefirió omitir comentario, en realidad sentía que cualquier cosa que dijera no le interesaría ni su padre, ni a los otros dos idiotas que estaban en la mesa.
- Muy bien, ¡brindemos por el compromiso! – Exclamó Nohansen.
- ¡Por el compromiso! – Continuaron Shad, su padre y a regañadientes la princesa que apenas había levantado la taza y estaba con una expresión de fastidio en el rostro.
Su mirada se posó en los labios de la muchacha, quien con delicadeza los apoyó sobre la taza y inclinándola un poco dejo que el tibio líquido ingresa en su garganta, todo fue como en cámara lenta… estaba como aturdido.
- ¿Link? – Lo estaban llamando. – Hijo… ¿No vas a brindar con nosotros? – Era el rey, no podía tratarse de nadie más.
- Ehh, si… claro. – Agitó su cabeza para despabilarse y observó temeroso la taza de té que ni siquiera había levantado. - ¡Salud! – Agregó elevando la tacita, que temblaba en sus manos. – Yo, Zelda o el pelirrojo… ¿Quién la tendrá? – Su mano temblorosa avanzó reduciendo la distancia entre la taza y su rostro. – Maldición… y si está es la "taza". – Pensó sintiendo como su miembro temblaba aún más.
Y cuando ya la taza no podía estar más cerca, no le quedo de otra que decidirse o no a tomar de su contenido, ni siquiera podía fingir que lo hacía, ya que para variar todos lo miraban, inclusive Zelda. Tragó saliva, nervioso y finalmente cerrando los ojos bebió…
- ¡Que vivan los prometidos! – Agregó luego con una fingida sonrisa luego de haberse tragado el brebaje.
La velada continuó sin mayores problemas, Zelda seguía sin ánimos de nada, todo lo contrarío que su padre que pareciera casi que estuviera celebrando su cumpleaños.
- Por lo visto no hizo efecto. – Pensó el chico observando detenidamente cada una de las acciones de la rubia y el pelirrojo respectivamente. Los dos parecían actuar normales.
Y fue entonces, cuando creyendo que el efecto de la sustancia que había agregado al té había pasado sin pena ni gloria cuando…
- Me siento mal… - Sintió como su estomago parecía retorcerse. – No puede ser… - Observó incrédulo aún la taza que yacía vacía al frente suyo.
Poco a poco empezaba a sentirse peor, su estomago no sólo parecía estar revuelto, sino que además tenía una extraña sensación muy dolorosa en el vientre. Link se movió incomodo en su asiento y un sudor frió empezó a perlar su frente.
- Demonios… Me tomé el té con el purgante… - Fue todo lo que atinó a meditar, sus manos estaban completamente heladas y el incontenible deseo de ir al baño se estaba apoderando de él.
Exactamente… era ESO lo que Link había agregado al té que estaba destinado para Shad, pero lamentablemente sus planes habían fallado y ahora estaba sintiendo en carne propia las consecuencias de sus actos.
La chica volteó a observar a su compañero y de inmediato notó que algo no andaba bien. – Link… ¿Qué pasa? – Preguntó notablemente preocupada, ahora sujetando el rostro de él con sus dos manos. – Estas sudando… - Le dijo limpiando con un pañuelo el sudor frío de la frente del joven. - ¿En verdad te sientes bien?
El rubio no respondió, de hecho ya ni siquiera estaba escuchando, en verdad se sentía mal, MUY mal y sabía que tenía que salir de AHÍ ahora.
- ¿Link? – Ahora era el rey Nohansen quien lo llamaba, también parecía preocupado.
- Tengo… tengo… - Su cuerpo estaba empezando a temblar. – Tengo que subir… - Finalizó apartándose de la joven princesa y saliendo como un rayo de la habitación.
Zelda se levantó inmediatamente, tenía que saber que era lo que estaba pasando, pero antes de que pudiera dar el primer paso su padre la sujeto…
- El estará bien hija… - Le dijo para calmarla. – Necesita estar a solas ahora… - Al parecer por primera vez en la vida del rey había atinado a hacer un comentario cuerdo.
Quien sabe si el rey realmente sabía que era lo que le pasaba al muchacho, pero al menos… su idea esta vez SI era acertada.
Suspiró, ¿Por qué demonios había venido a la cocina?, en verdad no lo recordaba, después de la aburrida reunión en el comedor y cuando al fin todos habían decidido hacer algo diferente, ella había subido al cuarto de su joven tutor, aún preguntándose que diantres era lo que había pasado, pero por más que lo llamó nadie le respondió y bueno… después…
- Cierto, venía por un vaso de agua – Se dijo aún un tanto complicada con tantas cosas en la cabeza.
Avanzó hasta cruzarse de frente con la sirvienta que ya bien conocía, era la misma muchacha que había interrumpido "sus acercamientos" con Link.
- Buenos días princesa… - Murmuró la muchacha inclinando la cabeza.
- Buenos días… - Le respondió ella, aún sin mucho ánimo.
- Con su permiso. – Agregó luego la jovencita con la intención de irse.
- Espera… - La llamó ahora la princesa. – No te vayas… - En realidad tal vez le haría bien hablar con alguien, y ya que Impa no estaba aquí…
- ¿Qué se le ofrece majestad? – Le preguntó muy confundida la joven sirvienta.
La princesa se acercó a un mesón, sobre el habían algunos platos, varios panes y agregados para el pan, al parecer su padre ya había decidido el menú de hoy.
- Bueno… este yo… - Empezó sujetando uno de los panes con sus manos. – No sé como empezar. – Le explicó. – Necesito un consejo…
- No creo que pueda ayudarla, señorita. – Le indicó la muchacha, algo nerviosa. De verdad no quería meterse en problemas.
- No te preocupes, sólo quiero saber su opinión… - Insistió ella y al ver que la joven asentía con la cabeza continuó. – Bueno, este… imagina que estos dos panes son dos reyes muy amigos… - Comenzó sin saber de donde se le había ocurrido algo tan estúpido como eso. -… Y este… - Agarró una torreja de queso… - Este es el hijo del amigo de uno de los reyes y estos otros… - Sujetó un trozo de lechuga y un tomate. – Son dos chicos que se gustan.
- ¿La lechuga es la chica? – Preguntó la chica un tanto confundida con la rara asociación.
- Si, y el tomate esta aquí y luego la lechuga se acerca y eran felices y de pronto llega el queso y se pone encima y luego todo se revuelve – La chica empezó a mezclar todos los ingredientes con las manos sobre un plato - Y los dos trozos de pan aprisionan todo el revoltijo y la lechuga se asfixia y el tomate odia al queso y al queso le da lo mismo… ¿Qué piensas tú de esto? – Preguntó finalmente, observando el HORRIBLE sandwich que había resultado de todo eso.
- Pues… - La sirvienta no sabía que responder, TODO era muy raro, de hecho estaba empezando a pensar que la princesa se estaba volviendo loca. – Yo… yo creo que no me atrevería a comerse eso… - Fue lo que le dijo apuntando el revoltijo de cosas sobre el plato y luego de ese comentario desapareció tan rápido como sus piernas se lo permitieron.
Y fue así como Zelda se quedó sola en la cocina con su rara creación y una extraña sensación de que había asustado a la joven sirvienta…
Minutos más tarde…
Y ahí estaba ella nuevamente, sintiéndose sumamente frustrada y atrapada por aquella situación, realmente era hasta demasiado "molesto" para ser verdad y es que… ¿Qué podía ser peor que de un día para otro llegara un idiota haciéndose llamar prometido? Y no sólo, claro que no… para empeorar todo ahí estaba su padre, amigo de la infancia del rey Nohansen.
Después de abandonar la cocina dejando a aquella sirvienta con la rara impresión de que la futura reina se estaba volviendo loca, había decidido deslizarse hasta el área destinada a su entrenamiento, era un sitio un tanto inhóspito, un lugar estratégico dentro del castillo donde ninguna de las ventanas del mismo tenía vista hacia el sector donde se encontraba, era una especie de "claro", rodeada de una serie de árboles frondosos, un lugar que antiguamente visitaba con su padre, en donde él le relataba maravillosas historias acerca de sus hazañas, que ahora sabía, seguro todas eran inventos de él y es que… no se imaginaba a su obeso padre combatiendo con horripilantes bestias, la verdad es que no le parecía para nada atlético, ni astuto, ni intrépido, ni osado, ni… ufff mejor no seguir ¿no?
Bueno el tema es que necesitaba un lugar tranquilo para meditar con "calma y mesura" acerca de cual sería su siguiente acción y fue así como…
- ¡No, no y no! – Exclamó con fuerza, apretando fuertemente sus puños para seguidamente soltar una fuerte patada contra lo primero que se le atravesara, en este caso un maltraído muñeco de paja.
Suspiró, eso la había hecho sentirse ligeramente mejor, de pronto una "retorcida" idea colmo sus pensamientos y una expresión un tanto intimidante parecía dar indicio del significado de aquella idea. Quizás la sirvienta tenía razón…
El hombre le estaba haciendo un recorrido a su viejo amigo por el jardín cuando un extraño ruido llamo su atención, provenía de un lugar al que no visitaba hace años…
- Espérame un segundo. – Le indicó a su compañero al tiempo que se adentraba en el jardín.
Y fue entonces cuando la vio, ahí estaba su hija practicando sus ataques contra un indefenso muñeco a punto de desarmarse.
- ¡Querida! – Exclamó el hombre llamando la atención de la jovencita.
- ¡Papá! – Dijo ella notablemente sobresaltada, intentando cubrir con su cuerpo el muñeco. – No te escuche venir… ¿Qué haces aquí? – Le preguntó notablemente nerviosa.
Detrás de la princesa estaba el mismo muñeco de paja que siempre había usado para entrenar, pero ahora este tenía en la cabeza unos lentes y una peluca roja, y en el cuello un lindo listón azul, idéntico al que curiosamente Shad usaba.
- Pues… sólo pasaba por aquí… - Le dijo él sonriéndole. - ¿Y tú cariño? ¿Qué hacías? – La interrogó él.
- Ehhhhh – No sabía que responder.
El hombre inclinó ligeramente la cabeza observando el muñeco que estaba atrás de su hija.
- ¡Lo sabía! – Le dijo de pronto acercándose a la muchacha.
- Demonios… ya lo vio. – Haciendo un último vano intento por ocultar el pobre muñeco.
- No tengas miedo querida mía. – La abrazó protectoramente. – Ganondorf no volverá…
Cueck… XD! Nuevamente el rey y sus asociaciones torcidas.
- ¿Gano… qué? – Ahora si que no entendía de que diantres le estaba hablando el rey.
- Yo se que te atemoriza la idea de que ese maligno ser vuelva a atacar Hyrule, pero no te preocupes amor, no tienes para que practicar formas para destruirlo con este viejo muñeco de paja, yo… - Busco en su bolsillo. – Tengo una réplica de Ganondorf tamaño natural e inflable ¡¿No es genial? – Le terminó de decir con los ojitos chispeantes en alegría. – Soy un genio… lo estaba guardando para tú cumpleaños, pero ¿ya sabes…?
- Si… este… es genial… - Recibió el regalo no muy animada. – Digo, nunca me hubiera imaginado algo más… repugnante, escalofriante, no sé… grandioso. – Finalizó sonriéndole, o por lo menos intentando hacerlo.
- ¡Sabía que te encantaría! – Exclamó jubiloso apoyando una de sus manos en el hombro de la chica. – Ven querida, acompáñame, tengo una GRAN idea que se que va a encantarte…
- ¡Oh no! ¡No otra idea! – Esto si que era lo último que podía faltarle.
A regañadientes avanzó guiada por su padre, arrastrando la réplica desinflada de Ganandorf tamaño natural.
¿Podía pasar algo más el día de hoy?
Shad y Zelda se encontraban en la biblioteca, habían sido sus queridísimos padres los de la brillante idea, "Porque no van juntos y le muestras la biblioteca del castillo a nuestro invitado", le había "propuesto" el Rey Nohansen, "Es una gran idea, así podrán conocerse mejor" Había agregado el padre de Shad.
Y bueno, ahí estaban ahora, los dos encerrados en la biblioteca sentados uno frente al otro, separados por una gruesa mesa de madera. Shad estaba MUY concentrado en un antiguo y misterioso texto que había encontrado en la sección de libros históricos y Zelda… bueno, ella estaba sentada con los codos apoyados sobre la mesa y sus dos manos sujetando su cabeza.
- Esto debe ser una pesadilla. – Pensó al borde de una crisis de aburrimiento.
- Mmm interesante. – Murmuró Shad media hora más tarde, mientras se acariciaba el mentón. – Esto es muy interesante…
- Veo que le gusta mucho leer. – Comentó ella de manera tonta, la verdad es que no sabía que demonios decir.
- Sí, bastante. – le respondió él, sin siquiera apartar su vista de las interesantísimas letras del texto.
Silencio…
- ¿Usted y su padre son investigadores? – le preguntó después de un rato.
- Mi padre comenzó la investigación acerca de los Uca y yo he heredado sus investigaciones, espero algún día poder concluirlas. – Le respondió nuevamente sin mirarla.
- ¿Uca? ¿Qué demonios son los Uca? – Pensó, tratando de hacer memoria si alguna vez había escuchado aquella curiosa palabra, sabía que esta era como la decima vez que el pelirrojo le hablaba de los dichosos Uca, pero en verdad no podía recordar que demonios eran. – Ya veo. – Agregó sin mucho interés de seguir indagando en el tema - ¿Y cuáles son sus pasa tiempos? – Volvió a interrogarlo.
- Leer, estudiar, hacer ensayos, mi pasión es la investigación. – Contestó esta vez dedicándole una amable sonrisa.
- Que interesante vida llevas… - Agregó ella "tratando" de no parecer TAN sarcástica - ¡Demonios! No puedo creer que este comprometida con un nerd como este. – Pensó tratando de esbozar una sonrisa, o al menos una mueca que pareciera una sonrisa.
- ¿Y usted señorita, le gusta leer? – Ahora era él quien la interrogaba.
- Depende. – Respondió ella. – Si es un tema de mi interés, claro está. Pero la verdad hay otras cosas que me llaman mucho más la atención. – Agregó, por un segundo pensó no responderle, pero de verdad que estaba MUY aburrida y aunque esta conversación no era la más interesante que había tenido en su vida, prefería esto que guardar silencio y hacer nada. – Me gustaría tener la libertar de salir y conocer el mundo.
- ¿En compañía de su guardaespaldas? – Le preguntó él con una sonrisa cauta al mismo tiempo que se acomodaba los lentes para poder observarla mejor.
La joven se sonrojó notoriamente, ¿Qué acaso había descubierto sus ocultos sentimientos hacia el Link?
- Puedo cuidarme sola. – Le respondió defendiéndose de manera cortante, desviando la mirada muy avergonzada.
- Lo mismo pensé la primera vez que salí de excursión. – Soltó una carcajada. – Y al final terminé siendo auxiliado por una muchacha con un valor implacable, de hecho usted me recuerda mucho a ella. Pero que carácter tienen las muchachas de hoy. – De pronto su mirada pareció perderse en aquel pasado momento, algo en su expresión daba a entender la profunda admiración que sentía por aquella doncella.
- ¿Una joven? – Se aventuró a consultar, la conversación estaba tomando un extraño e inesperado giro. – Y luego… ¿volvió a reencontrase con ella? – Fue su siguiente interrogante.
- ¡Por supuesto! – Respondió como si de ello dependiera su vida. - Tarde meses en dar con su paradero. – Le confesó dejando escapar un suspiro un tanto melancólico. – No conocía su nombre, ni su origen… sólo tenía un vago recuerdo de su ferviente mirada y su cabello negro azabache. – Continuó el relato emocionado – Pero sabe, nuestros destinos volvieron a cruzarse, fue sólo una casualidad, pero estoy muy agradecido que las casualidades existan. En un principio me trató como un inútil, ella es una mujer fuerte, enérgica y muy valiente y bueno yo no soy precisamente un valeroso caballero armado, pero quizás fueron nuestras diferencias las que finalmente nos unieron.
Aún no podía creer que lo que estaba escuchando era cierto, Shad… ¿Estaba enamorado de otra mujer?
- Entonces… - Se aventuró, buscando una palabra adecuada para no sonar demasiado entrometida, pero…
- Sí, al igual que usted mis pensamientos y mi corazón le pertenecen a otra persona. – Se adelantó el pelirrojo, sabía perfectamente a donde pretendía llegar ella. – Entiendo perfectamente su malestar, se que piensa que he venido a arrebatarle su libertad, pero no es lo que parece.
- Si eso es cierto, entonces ¿Por qué vino a Hyrule? – Le preguntó, su corazón había vuelto a encenderse, por primera vez en el día veía un pequeño rayo de luz en su camino.
- Tampoco lo sabía, me enteré un poco antes de ingresar al castillo. – Le respondió encogiéndose de hombros. – Mi padre no sabe nada acerca de Ashei, y supongo que eso lo llevó a creer que podría comprometerme. – Completó suspirando resignado.
Era mucha información en muy poco tiempo, por lo que aún estaba un tanto confundida. Ashei debía ser el nombre de la doncella a la que Shad se refería, era lógico ¿quién más podía ser?
- ¡¿Qué diantres hacemos entonces comprometidos? – Exclamó levantándose de un salto de su asiento. - ¿Por qué no lo dijo antes? Esto cambia mucho las cosas. – Agregó sintiendo como si el enorme peso que hasta entonces había sentido encima se hubiera desvanecido.
- Porque pensé que su joven tutor reaccionaría al ver que usted estaba comprometida. – Le confesó sonriente. – A mi me parece que él, esta que se muere de celos. – Concluyó para soltar una carcajada.
La chica parpadeo dos o tres veces de manera repetitiva, no lo había pensado pero, Shad tenía mucha razón, Link se había estado comportando de una manera muy extraña el día de hoy.
- Tiene razón, Link ha estado muy raro hoy. - Y enseguida ella se unió al pelirrojo, riendo divertida al recordar parte de los "extraños" sucesos del día.
Nuestro joven guerrero, ya repuesto de su malestar gracias a una medicina, había estado esperando fuera de la biblioteca. Se había enterado que Zelda y "su prometido" se habían dirigido hasta allí, y obviamente él no se iba a quedar de brazos cruzados. Tenía que mantenerse cerca, y vigilar… no iba a permitir que ese "tipo" intentara aprovecharse de la princesa.
A su parecer, TODO se había complicado desde que él había llegado al palacio, la verdad es que no se había dado el tiempo de conocer al joven, pero tampoco le interesaba hacerlo, le molestaba su presencia y le molestaba aún más que estuviera cerca de Zelda.
Pasaban los minutos y él empezaba a ponerse nervioso, acercó su oído a la puerta e intentó escuchar qué diantres hacían dentro ella y el pelirrojo. – Maldición, no se escucha nada. – Pensó frustrado, y comenzó a golpear el piso con uno de sus pies de manera impaciente, si… nuevamente estaba perdiendo el control.
De pronto una extraña sensación lo invadió y le fue inevitable estornudar. – Creo que alguien está hablando de mí. – Pensó aún con la rara sensación en el cuerpo.
Y fue poco después cuando escuchó risas al interior de la biblioteca. – No puede ser. – Su imaginación inmediatamente empezó a volar más de la cuenta. Estaba claro que Zelda y su acompañante la estaban pasando bien. ¡Por todas las diosas! Tenía que hacer algo, NECESITABA saber que era lo que estaba pasando dentro, no podía quedarse ahí tranquilamente, no después de lo que había escuchado.
De quien sabe donde, sacó un enorme cono y lo apoyó contra la pared, tratando se amplificar la acústica y poder distinguir algo de la "divertida" conversación que tenían en el interior. Estaba muy concentrado en lo que estaba haciendo, tanto que ni siquiera se percató que alguien se acercaba.
La extraña figura avanzó hasta donde el chico se encontraba y a unos dos o tres metros se detuvo. - ¡Link, hijo! n0n – Exclamó alegre el hombre haciendo que el chico se sobresaltara tanto que casi fue a pegarse contra el techo.
- Majestad… - Murmuró habiendo sido pillado con las manos en el cono XD!
- ¿Qué estás haciendo? – Lo interrogó curioso, observando el peculiar objeto que el rubio traía en sus manos.
- Ehhh, yo… – De pronto no supo que decir, no podía confesarle al rey que había estado espiando a su hija y su prometido. – Yo… estaba bueno… estaba inspeccionando las paredes del castillo. – Le mintió finalmente tratando de esbozar una convincente sonrisa.
- ¿Las paredes? – Ahora parecía mucho más confundido. – ¿Tienen algo de malo las paredes del castillo? – Le preguntó observando al joven de manera inquisitiva.
- Este… si… - Respondió tartamudeando. – Bueno… este… verá… usted sabe jejeje – Ya no sabía que inventar, por lo que sólo terminó soltando una risita nerviosa.
- ¿Yo sé qué? – Nohansen no entendía qué diantres era lo que el chico trataba de decirle.
- ¡Termitas! – Exclamó luego como último salvavidas. – Las paredes están llenas de termitas. – Concluyó su mentira agitando su cabeza de arriba abajo en señal de afirmación.
- Ahhh termitas…– Continuó el rey más tranquilo, como si fuera la cosa más normal del mundo tener termitas en paredes de ladrillos. - ¿Puedes escuchar a las termitas con esa cosa? – Fue su siguiente interrogante.
- Este… bueno… yo… ¡Claro!, escuché como las termitas planeaban algo muy malo. – Siguió mintiendo, sabía que lo que estaba diciendo era estúpido y de verdad esperaba que el rey se lo creyera.
- OMG! ¡Eso quiere decir que las termitas están planeando conquistar Hyrule!... o0o – Exclamó el rey horrorizado, era obvio que un plan maligno de tal magnitud, organizado por un grupo de termitas era algo que debía ser detenido al instante, o eso era lo que el hombre pensaba.
- ¡NOOO! – Se contradijo. – Digo… sii, pero no conquistar Hyrule, sólo se están comiendo la pared del castillo. – Finalizó sintiendo que cada vez que abría la bocota metía más la pata.
- ¡Ohhh! Eso es malo… muy malo… - El rey estaba inmerso en sus meditaciones, si las termitas se estaban comiendo el castillo luego ¿dónde dormiría él?... ¡Cielos! Eso sí que era un problema de gran gravedad, tenía que hacer algo de inmediato. - ¡Tenemos que pedir ayuda! – Le dijo enseguida con una determinación implacable - ¡Tengo que llamar a un exterminador!
XD! Al parecer el rey había caído redondito en la mentirilla de nuestro joven e intrépido Hyliano, ahora sólo quedaba una cosa para finalizar con éxito aquella mentirita.
- ¡Si! Valla y llame a un exterminador ahora mismo, eso será perfecto. – Lo apremió el muchacho, esperando que el hombre se fuera.
Eso era justamente lo que buscaba, una escusa con la cual hacer que el rey desapareciera de escena.
- ¡Sí, eso haré!, llamaré enseguida a un señor exterminador de termitas. – Y comenzó a alejarse presuroso.
- Ufff – Link suspiró aliviado, al fin había conseguido alejar al rey, pero cuando pensó que ya todo había pasado…
- Esperen un momento… - El rey se detuvo y el chico obviamente se percató de ello – Link, hay algo que me parece MUY extraño de todo lo que me has dicho… - Agregó enseguida, retrocediendo.
¡OH NO! ¡El rey había descubierto su mentira! ¡Estaba acabado! ¡Ahora sería Hyliano frito y servido en el baile de primavera! Bueno quizás estaba exagerando un "poquitín", pero eso ahora no era importante.
- ¿De qué habla señor…? – Se aventuró a preguntar un tanto nervioso.
- Pues… el castillo esta hecho de ladrillos ¿Cómo van a vivir termitas en los ladrillos? – Fue la crucial pregunta que terminó por desmoronar toda la "brillante" mentira de Link.
- Buen punto… - pensó sintiendo como una gotita de sudor frió recorría su cien. La verdad es que no se había detenido a meditar aquel "pequeño" pero "importantísimo" detalle XD! – Y ahora ¿qué demonios invento? – Se preguntó asustado, ALGO tenía que ocurrírsele y pronto - ¡Ya se!... Es que… son termitas súper poderosas. – Dijo al fin.
Si… ciertamente era OTRA estúpida idea poco creíble, pero bueno… ¿A alguien se le ocurre algo mejor?... Pobre del que diga que si XD!.
Bueno el caso es que a pesar de que la idea ciertamente era estúpida, nuestro queridísimo rey aún no hacia funcionar su neurona, así que se la creyó…
- ¡Por todos los cielos! ¡Termitas súper poderosas! – Exclamó más que sorprendido. - ¿Cómo no había pensado en eso? – Estaba pensando en voz alta.
- Eso mismo digo yo… - Insistió Link sintiendo como una gotita de sudor surcaba su cien.
- ¡Entonces debo llamar a un exterminador súper poderoso AHORA! – Volvió a elevar la voz, haciendo parecer aún más urgente el hecho.
- ¡Sii, eso debe hacer, valla, valla! – Link le estaba dando cuerda, lo único que quería era que desapareciera de escena.
El rey se alejó con más rapidez que antes, ahora si que estaba completamente convencido de que unas termitas súper poderosas se estaban comiendo los ladrillos del castillo.
- Ufff – Volvió a suspirar aliviado.
Pero la tranquilidad no le duró mucho… y no… no era el rey que volvía a preguntar por las termitas, está vez se trataba de algo diferente. Eran Shad y Zelda que venían saliendo de la biblioteca platicando de sus vidas como si se hubiera conocido de toda la vida.
- ¿Qué? – Ahora si que no podía creerlo, ella se había hecho "amiga" de su "prometido", esto tenía que ser una PESADILLA. – Que alguien me despierte…
Continuará…
Bueno como ya se habrán dado cuenta la historia ha dado un giro inesperado, ahora Shad y Zelda son buenos amigos y Link… bueno Link no sabe que paso XD! ¿En qué terminará todo este enredo?, supongo que se esperaban algo como "Zelda eres la razón de mi vida!" De parte de Shad jajaja XD, no podía hacer eso porque se me acaban los días y me tengo que deshacer rápido del prometido jajaja XD!
Este capítulo no tiene mucho Zelink, porque... el siguiente tendrá mucho XD y si no me falla la memoria se llamará "Festival primaveral"
Antes de despedirme deseo darle las gracias a toda la gente que lee esta historia, en espacial a aquellos que se han tomado la molestia de dejar sus comentarios :D, en verdad muchas gracias… ThE CoLoUrS Of My LoVe, Vanilj, Grise ZxL, Fox McCloude, Winter snow723, linkzel s, Annerya, mininaxoxo, GanniVal04, Princesa Estrella, la generala, Gash (Sii, era Shad XD!), clamp-girl, MontseCat-Destiny, Sir Vrolok, Demon Rei, aKt-Kawaii, Melomana, Dialirvi, pipe85694, Kamilius-moon, Luminia, Vaidoli, amoperu y miss zelda… en verdad ¡Muchas gracias por su apoyo!
¡Saludos!
