Capítulo 18

El día de la fiesta llegó y el colegio era un hervidero de nervios que bullía sin cesar. Todos estaban muy nerviosos ya que no sabían que otras locuras se le ocurrirían al director. Varios profesores se resignaron a no poder realizar sus clases con normalidad por el constante murmullo que había dentro de su salón, menos Snape, ni si quiera el mismísimo Voldemort lograría que su clase no trabajara en silencio como debía ser y eso sus estudiantes lo sabían a la perfección.

Después del almuerzo reinó la calma en el colegio, como la que ocurre antes que se desate una tormenta ya que el nerviosismo seguía latente en el aire aunque no se escuchara nada. Las chicas rápidamente se retiraron a sus cuartos a prepararse, que fuera un baile de máscaras no significaba que no se fueran a maquillar y arreglar como para un matrimonio, y los chicos las dejaron tranquilas sabiendo que si las interrumpían terminarían maquillados ellos o con algún maleficio persiguiéndolos.

Ginny trasladó sus cosas al cuarto de su amiga, así no tendría que pelear por el baño con las demás chicas, y comenzaron a prepararse: baño, uñas, pelo, dientes, maquillaje, todo por su orden. Draco, que en ese momento entraba a la torre, sólo escuchó risas y murmullos mezclados con la música que Hermione había puesto. Eso lo hizo sonreír, le alegraba escuchar a su amiga feliz nuevamente, y sin molestarlas se retiró a descansar a su cuarto antes del baile, los chicos no necesitaban tantas horas para arreglarse.

Veinte minutos antes de que comenzara la fiesta, un joven Malfoy muy bien peinado y perfumado envuelto en su mejor traje de gala que consistía en unos pantalones y camisa negra, chaqueta y corbata verde musgo y unos zapatos, también negros, apuraba a las chicas para que bajaran ya. Cinco minutos más tarde, luego de amenazar con subir a buscarlas y entrar aunque estuvieran desnudas, bajaron dos mujeres radiantes enfundadas en sus vestidos, maquilladas muy sutilmente y peinadas con esmero. Ginny llevaba el pelo recogido en una trenza hacia un lado y Hermione venía con el pelo suelto y liso (así sería más difícil de reconocer). Malfoy apenas si pudo cerrar la boca de lo hermosas que se veían, incluso le ofrecieron un babero entre risas para que no fuera a manchar su ropa si seguía babeando así. Después de varios cumplidos, tomaron sus máscaras y se las pusieron; cuando las habían recibido, eran simples máscaras de forma redonda y color blanco, pero al colocárselas con sus vestidos el día de la fiesta, éstas cambiaron de forma y color para combinar con sus trajes, las de las mujeres parecían hechas de finos encajes, plateada con toques azules para Ginny y negra con toques verdes para Hermione igual al color de los zapatos de cada una. Por su parte, la de Draco, era también verde pero con diseños curvos negros que le daban un aspecto aún más elegante. Una vez que estuvieron listos, tomaron sus números de mesas y se dispusieron a bajar, el caballero les ofreció sus brazos a las damas y bajaron riendo a la entrada del gran comedor que todavía tenía sus puertas cerradas.

Nadie sabía a quién tenían al lado, todo era muy gracioso porque las máscaras y los cambios en las voces los hacía sentir como si estuvieran rodeados de pura gente desconocida. Cuando la campana dio las 8, las puertas se abrieron causando un "oh" general de todos los presentes que comenzaron a entrar buscando dónde sentarse. El lugar se veía maravilloso, incluso mejor que la fiesta del torneo de los tres magos. Las largas mesas habían sido reemplazadas por mesitas redondas para dos o cuatro personas, cubiertas con manteles blancos y negros de manera alternada, con pequeños arreglos sobre ellas y unas pocas velas a su alrededor. Sobre ellos caían pequeños copos encantados que se desaparecían apenas tocaban superficie para no dejar mojado el lugar ni a los invitados, además volaban pequeñas habas y luciérnagas para iluminar de manera tenue el lugar. Las murallas tenían los estandartes de las casas y, donde siempre se encontraba la mesa de los profesores, sólo ondeaba el estandarte del colegio como presidiendo la fiesta.

Antes que se fueran a sentar, apareció Dumbledore dando la bienvenida.

-Buenas noches a todos, espero que les haya gustado la decoración que con gran esfuerzo han realizado los profesores que me ayudaron con la organización—nadie sabía dónde estaban porque también debían usar máscaras—antes de comenzar, quiero pedirle a los caballeros que busquen sus mesas y se queden de pie.

Draco se despidió de las chicas con un beso en sus manos y se fue a buscar su lugar.

-Bueno señoritas—prosiguió el director cuando todos los hombres tomaron sus lugares—es hora de que vayan a sus mesas, espero que los hombres retiren la silla para que ellas se sienten primero como lo educados que son—luego el director bajó y se dirigió también a su mesa para correrle la silla a su acompañante, que claramente era la profesora McGonagall.

Nerviosa se dirigió a la mesa nueve y se dio cuenta que era una mesa para sólo dos personas, y que su acompañante estaba muy tieso buscando a la chica que se sentaría con él. Mientras se acercaba, pudo apreciar que iba vestido entero de negro a excepción de la camisa que era blanca y con su máscara de color plateado con dibujos negros. Al llegar a su lado, él le dedicó una pequeña reverencia (igual a la de Krum) y le corrió la silla para que pudiera sentarse, después le dio un beso en la mano a modo de saludo y fue a sentarse a su lugar. ¡No podía ser cierto! Ese perfume y esas manos que reconocería en cualquier parte, manos que cortaban cada ingrediente con el mayor de los cuidados, esas que la habían abrazado y consolado, esas que le pertenecían a una sola persona: ¡Snape era su compañero de mesa! Menos mal Ginny insistió en que usara su perfume y no el que utilizaba a diario, de lo contrario corría el riesgo de que el profesor supiera con quien se sentaba y no quería darle ese gusto, también debería estar atenta por si intentaba usar legeremancia con ella y poder bloquearle el paso.

Cuando todos estuvieron en sus lugares, el director volvió a ponerse de pie y anunció que, luego de la cena, comenzaría el baile y todos, sin excepción, deberían bailar con sus parejas de mesa. Hermione vio que Snape apretaba las manos sobre la mesa a modo de negación y enojo, pero no dijo nada al respecto, no quería delatarse.

-Maldito vejestorio—pensó—definitivamente tanto dulces terminaron por volverlo loco y ahora no sabe lo que hace, deberían declararlo incapacitado, por qué todos debemos bailar si no sabemos con quién estamos sentado. ¡Por Merlín, estoy sentado con una alumna! Una bastante guapa por lo que puedo ver. ¡Severus, deja de pensar estupideces! Pero es verdad, mira como se le pega el vestido a sus curvas y esas transparencias que dejan ver sus piernas que se ven tan tersas ¡Por favor contrólate es una estudiante! Además escogió colores de Slytherin, ¿será de mi casa? Ya sé como averiguarlo.

Luego de su discusión con su conciencia lanzó un Legeremens sin decir palabra alguna intentando penetrar la mente de su acompañante pero…

-No es muy educado de su parte intentar leer la mente de las personas sin su autorización profesor Snape—dijo ella—no se sorprenda, con lo que hace terminé de confirmar que usted es mi compañero de mesa así que no intente negarlo.

-Si está tan segura de ello, dígame en qué basó sus sospechas antes de saber que era yo.

- Primero su manera de pararse tan tieso mientras buscaba a su pareja, después la reverencia tan bien ejecutada, eso no lo podría haber hecho cualquier alumno, Malfoy tal vez, pero yo venía con él así que está descartado. Luego sus manos, las he visto cientos de veces mientras nos dicta clases y corrige las pociones; por último su perfume, ese aroma es característico suyo y siempre lo ocupa cuando realiza las clases y cuando se acerca a revisar los calderos puedo percibirlo sin problemas. Y ahora que usó legeremancia conmigo terminé de confirmarlo, lástima que sé oclumancia y no pudo averiguar quién soy.

-Estoy realmente sorprendido de sus deducciones señorita… cómo puedo llamarla ya que no quiere que sepa quién es.

-Puede llamarme Jean profesor—dijo tomando un sorbo de agua.

Severus estaba realmente sorprendido, le tocó sentarse con una gran observadora y excelente oclumante porque una cosa era dominar el hechizo y otra muy diferente era ser capaz de sentir la intromisión en la mente cuando no se espera un ataque de esa índole. Por lo menos la velada se veía interesante si era tan inteligente como parecía demostrar, intentaría averiguar su verdadera identidad conversando con ella porque claramente esa no era ya que no tenía ninguna alumna de nombre Jean.

La comida siguió su curso de manera tranquila, conversaron de muchos temas (aunque Hermione evitó hablar de cosas que hubieran pasado juntos para que no sospechara). Cuando terminaron con el postre, vieron que Dumbledore pidió silencio e invitó a todos a la pista de baile.

-No tiene que bailar si no quiere profesor, no lo voy a hacer sufrir. Si quiere podemos seguir charlando (en realidad me muero de ganas de volver a sentir sus brazos rodeándome, pero sé que es mucho pedir).

-El director no nos ha dejado mucha opción señorita, pero no me molestaría bailar una piezas con usted (tal vez así pueda identificarla y estar más cerca de ella).

Severus se puso de pie y se acercó a su silla, volvió a hacer una reverencia, le ofreció su mano y se acercaron a la pista de baile donde buscaron un lugar apartado y sin tanta gente a esperar la música. Por su parte Albus, aprovechando que estaba sobre la tarima, no se perdió detalle del comportamiento del mago y sonrió tras de su máscara. Luego de asegurarse que todos los invitados estuvieron en la pista, hizo señas para que comenzara la música y fue a buscar a su pareja.

Apenas comenzó a sonar la música, Severus puso una mano en la cintura de la chica (algo que llevaba queriendo hacer desde hace varios minutos) y con la otra tomó su mano para empezar un lento movimiento, no era muy diestro en los bailes, pero podía defenderse al menos sin pisar a su compañera. Hermione estaba muy nerviosa, que bueno que había aceptado bailar con ella porque se moría de ganas de sentir su abrazo y tomar su mano como en el verano. Podía notar que él también estaba nervioso ya que la mantenía bastante alejada de su cuerpo como si tuviera miedo del contacto.

-Profesor—dijo a su oído—no me voy a romper si me acerca un poco más.

-Señorita—contestó luego de que le recorriera un escalofrío por la espalda—eso lo sé, pero es mi alumna y yo su profesor por lo que debo mantener las distancias—terminó de decir también en su oído sintiendo como se estremecía en sus brazos.

-Pero si se da cuenta, todos llevamos máscaras para que no sepamos con quién bailamos, además todos están en la misma situación y usted es el único preocupado por lo que pensarán los demás. Lo único que conseguirá es que los otros lo descubran por ser el único que no quiere acercar a su pareja mientras baila.

Ante esa respuesta, no le quedó más remedio que estrechar su cintura para juntar sus cuerpos, algo que ella agradeció, y siguieron bailando al ritmo del vals que en ese momento sonaba. Por su parte, Snape estaba intranquilo porque tenía una discusión mental con su conciencia.

-¡Por qué lo hiciste! Si querías mantenerla alejada de ti por qué le hiciste caso.

-¡Porque quería tenerla cerca! Por Merlín, esta chica es preciosa e inteligente, quién no querría tenerla cerca.

-¡Tú! Recuerda que eres su profesor, el temido murciélago ex-mortífago. Además ya te olvidaste de Hermione ¿no era ella la que te gustaba?

-¡Sí! Pero ella también es mi alumna, acaba de terminar con el zanahorio y no quiero volver a perder una amiga por intentarlo, ya sucedió una vez y no resultó muy bien.

-Pero eso fue hace mucho, además no me cambies el tema.

-Basta (rayos ¿eso lo dije en voz alta?)

-¿Se encuentra bien profesor Snape? Si quiere paremos de bailar y vamos a buscar algo para tomar.

-No, sí, estoy bien, no se preocupe. Mejor será que salga un momento, no me agradan mucho los bailes y los tumultos de gente.

-Si quiere lo acompaño, podemos ir a una de las terrazas a tomar aire.

-Discúlpeme señorita, pero prefiero retirarme. Muchas gracias por su compañía, realmente la disfruté, que pase buena noche.

Luego de darle un último beso en la mano, se retiró a las mazmorras y se encerró en su despacho a oscuras.

En el salón una descolocada enmascarada se quedó mirando el lugar por donde el profesor se retiró. Todo había ido tan bien, la cena, la conversación y luego el baile, pero luego de que se acercaran parecía que su mente se había ido flotando a otro lado, ni si quiera se inmutó cuando ella se recostó en su hombro y aspiró su aroma. Siguieron bailando así un rato y luego de sobresaltarse con su "basta" él se despidió y la dejó en medio de la fiesta sola.

Ya que todos estaban bailando muy concentrados con sus parejas, decidió que lo mejor era retirarse y pasar desapercibida, pero no quiso irse a su habitación, no tenía nada de sueño, por lo que subió al séptimo piso y entró a la sala multiuso a la que había pedido un lugar agradable con un sillón y un poco de música tranquila. Eso sí tuvo la precaución de llevarse algo de comida del salón para tener algo para comer si le daba hambre.

Al entrar se dio cuenta que el espejo de Oesed volvía a estar ahí pero no el cuaderno donde siempre escribía. Decidió sentarse un rato junto al fuego y pensar en lo que había ocurrido: primero se alegró al saber que su acompañante era el profesor Snape, segundo no buscó a Ron y Lavender en toda la noche, ni si quiera pensó en ellos, tercero le pidió a Snape que la acercara a su cuerpo para tener mayor contacto, cuarto recostó su cabeza y por poco y se duerme sobre él. No sabía que le estaba pasando pero tenía una extraña sensación de que la sala sí lo sabía, así que se puso de pie y con cautela se acercó al espejo. ¿Qué le iría a mostrar? ¿A Ron? ¿Seguía deseando a Ron a pesar de todo? No lo tenía claro. Llegó junto al espejo, tomó aire, se puso delante de él y lo que vio la dejó intrigada.


Este es el capítulo más largo hasta ahora pero no podía cortarlo, ya veremos que sucede con el dichoso espejo.

Ojalá lo hayan disfrutado