Capítulo 19

O en realidad lo que no vio.

Sólo veía negro, pero de repente escuchó una voz, su voz.

-Por qué ella, no entiendes acaso que eso no puede suceder aunque la quieras.

Y entonces se cayó, sacó su varita y se giró de su asiento. Y vio su rostro, sabía que era él pero el verlo se lo confirmó: su corazón y su mente deseaban a Severus Snape y ya no podía negarlo. Lo necesitaba y anhelaba su contacto y su compañía. Se dio cuenta que el profesor estaba listo para atacar a alguien, tenía la varita levantada y miraba a todas partes como buscando a alguien.

-¡Quién está ahí! Puedo sentirte aunque no te vea.

Acto seguido lanzó varios hechizos para asegurarse que no hubiera nadie en el despacho, todo esto bajo la atenta mirada de Hermione que miraba a través del espejo ¿podía sentir cómo lo observaba? Una vez que se aseguró que no había nadie ahí siguió observando pensativo, podía sentir que alguien lo miraba pero al parecer eran imaginaciones suyas, así que se retiró a su dormitorio y decidió intentar dormir.

La castaña decidió no seguir mirando, probablemente vería más de lo que estaba preparada para asimilar en este momento. Se volvió a sentar para analizar lo que el espejo le había revelado, ella Hermione Jean Granger deseaba a Severus Snape, su profesor y tutor de pociones. Eso no podía ser posible. Sabía que sentía algo especial por él, le gustaba su compañía y cercanía, pero de ahí a desearlo era decir mucho. Decidió no pensar más en ello y se retiró a su habitación.

Luego de la fiesta de navidad varios estudiantes se fueron a sus casas a pasar las vacaciones y otros, entre ellos Hermione, decidieron quedarse en el colegio. Ella les escribió a sus padres disculpándose con ellos por no ir a pasar las fiestas a su casa pero quería avanzar en sus estudios de pociones aprovechando el tiempo libre que tendría al no tener clases. Ellos la entendieron porque sabían lo importante que eran para ella sus estudios. La verdad era que quería aprovechar de estar la mayor cantidad de tiempo posible con su profesor, luego del descubrimiento del espejo, aprovechaba de ir cuando podía a la sala multiuso para verlo. La mayoría de las veces estaba corrigiendo ensayos o elaborando pociones. Aunque algunas veces lo pilló recostado en el sillón leyendo o durmiendo y era cuando más le gustaba, se veía tan tranquilo y relajado que le daban ganas de acariciarle el pelo y volver a sentir su tacto. No se le pasó por alto que cada vez que ella miraba, él levantaba la cabeza como sabiendo que alguien lo observaba, aunque después de un tiempo dejó de hacer hechizos para revelar la presencia de un intruso y volvía a lo que estaba haciendo antes.

Cuando no estaba espiando a Severus, estaba en su laboratorio elaborando pociones. Desde que se dio cuenta que lo quería, porque sí lo quería ya no sólo lo deseaba, trataba de pasar la mayor cantidad de tiempo con él intentando, sin éxito, que se volviera a producir algún tipo de contacto físico. Le pedía ayuda con los ingredientes, le pedía prestado algún instrumento que estaba cerca de él para poder rosarle la mano cuando se lo diera, pero parecía que le leía el pensamiento y no podía tocarlo. Volvió a acompañarla durante las rondas, pero siempre manteniendo la distancia para no rosarse ni si quiera la ropa. Un día, mientras lo espiaba por el espejo, se quedó dormida en la sala y comenzó a soñar.

Iba tarde al baile de máscaras, se había dormido y cuando despertó el baile ya había comenzado así que se apresuró a bajar las escaleras y cuando estaba por llegar, una mano salió del interior de una sala vacía y la metió dentro. Ella pegó un grito que nadie oyó por la música y se giró con la varita en alto para ver de quién se trataba.

Vio a un hombre enmascarado que la miraba con un dejo de tristeza en su manera de pararse, se notaba que algo le pasaba así que se acercó para averiguar quién era. Cuando estuvo a su lado, levantó una mano para acariciar su rostro.

-Me dejaste plantado en la cena—dijo el hombre—todos estaban con sus parejas y tú no estabas.

-Perdona, me quedé dormida, no quise faltar, por eso corría hace un momento.

-Da igual, ya todos se dieron cuenta que estaba solo y soy el hazme reír del colegio—se giró dándole la espalda.

-Quisiera compensarte por eso.

-¿Cómo?

-Mira—dijo ella mientras lo rodeaba y quedaba frente a él, luego desató su máscara y mostró su rostro.

-Hermione.

-Ahora ven conmigo.

Conjuró un montón de cojines en el suelo luego de haber sellado la entrada a la sala y puesto un hechizo silenciador, aunque con el ruido de la fiesta no creía que fuera necesario. Luego le indicó que se recostara y simplemente mirara. Una vez que estuvo acostado sobre los cojines, ella hizo sonar una canción lenta y comenzó a moverse de manera sensual a su alrededor mientras se desabrochaba el vestido lentamente y una vez que terminó, se paró frente a él y simplemente lo dejó caer, quedando en una sexy ropa interior color negra.

Su compañero tenía los ojos muy abiertos y había quedado mudo de la impresión así que le tendió la mano para que se recostara con él, pero ella no le hizo caso, sólo se acercó y se puso de rodillas con una pierna a cada lado pero sin tocarlo más de lo necesario.

-Sólo quiero que disfrutes—le susurró al oído.

-Pero antes que sigas, es importante que sepas quién soy—acto seguido se quitó la máscara, revelando al profesor Snape.

Ella ni se inmutó, al contrario, sonrió y volvió a su tarea de hacerlo disfrutar. De a poco comenzó a desabotonar su camisa para luego sacarla y dejarlo con el torso desnudo. Cuando iba a seguir con los pantalones, él la detuvo y la tomó de las manos para girarla y quedar sobre ella. Allí comenzó a besarla con hambre, con desesperación mientras sus manos la tocaban y recorrían su cuerpo. Le quitó el sostén y se entretuvo besando y mordisqueando sus pezones, luego fue bajando con besos hasta sus pequeñas pantaletas y con los dientes las fue bajando mientras aspiraba el aroma a excitación que salían de ellas.

Mientras él hacía todo esto, ella no dejaba de retorcerse y desear por más. Trató de incorporarse para seguir con lo que estaba pero se vio atrapada con magia de sus muñecas y tobillos, no podía moverse. En eso sintió como Severus comenzaba a subir con su lengua por el interior de sus piernas hasta que llegaba a su vulva, ahí separa de manera lenta y tortuosa sus labios hasta encontrar lo que buscaba, su clítoris que lo llamaba a gritos para que lo tocara y eso hizo, primero con sus dedos y luego con la lengua. La castaña se retorcía y gemía por más pero cuando estuvo a punto de llegar al orgasmo, él se detuvo, llevándose un grito de protesta, y de inmediato introdujo dos dedos en su interior. Eso la hizo suspirar y gemir tan alto que podría haber sido escuchado en el salón. Él siguió con la tarea de darle placer hasta que se volvió a acercar al orgasmo y esta vez, con un par de lamidas a su hinchado clítoris se vino gritando el nombre de su amante.

-¡Severus!

Con ese grito involuntario salido de su boca se despertó y se dio cuenta que estaba con la respiración agitada, con su ropa interior empapada y, gracias a Morgana, aún en la sala multiuso, porque de lo contrario Draco podría haberla escuchado. ¡Había tenido un sueño húmedo con su profesor! Esto ya se estaba pasando de la raya. Ella soñando con él en situaciones indebidas y Severus ni se enteraba que ella lo deseaba. Decidió volver a su cuarto, darse una buena ducha de agua fría y luego acostarse.


Perdonen que haya cortado el capítulo anterior ahí, pero debía hacer una pausa dramática, como ven ya empieza la acción y de a poco irán acercándose los tortolitos.

No desesperen, ya va quedando menos, mil gracias por sus comentarios y por leer el fic

Cariños ;)