Capítulo 4
Los personajes son de JKR. Todo lo demás es producto de mi imaginación.
Llevaban una semana escondidos en la cueva. Cada noche Edris y Charlie salían a cazar y explorar a la espera que Cearo dejara de buscar a los niños, pero todas las noches volvían con malas noticias. Había patrullajes cerca de las salidas de los túneles que bordeaban el bosque y botes de remos se deslizaban constantemente por el rio.
Al parecer Cearo había tomado como una afrenta personal el escape y su primera víctima fue el joven caballerizo al que azoto sin piedad, atado a un poste en medio de la plaza, hasta dejarlo medio muerto y sin un centímetro de piel en la espalda. Registro casa por casa, repartiendo latigazos a diestro y siniestro, mientras gritaba amenazas con la boca llena de espumarajos que lo hacían parecer un animal rabioso.
Al poco tiempo de estar en el refugio y gracias a los cuidados de Cassandra, los niños habían recuperado su energía y curiosidad natural. Los hijos de Kara tomaron la muerte de su madre con valentía y, salvo episodios de llanto y pesadillas nocturnas, parecían recuperarse bien y estaban ansiosos de reencontrarse con sus abuelos. Los más pequeños resultaron ser hermanos, también huérfanos, serían recibidos por sus padrinos quienes no tenían hijos y podrían hacerse cargo de ellos y además del mayor de los seis rescatados, un chico delgado de unos ocho años de ojos oscuros que brillaban de inteligencia y cuyo origen era algo incierto. Llego al pueblo con un carromato de mercaderes ambulantes y lo abandonaron cuando, en un episodio de magia involuntaria, hizo explotar los frascos con falsas pociones de aceite de serpiente.
Mientras los estuvieran buscando era imposible ponerse en marcha por los caminos. La única alternativa era partir atravesando el bosque y eso era lo que harían esa mañana.
- ¿Cómo lo haces Charlie? Este bebe parece un calamar, no puedo vestirlo- Hermione infructuosamente trataba de ponerle una túnica al niño pero cada vez que le pasaba un brazo por la manga, el escurridizo chiquillo se había sacado un zapato o había desabrochado los lazos del pantalón.
- Es fácil, solo tienes que inmovilizarlo así y ya está- con dos rápidos movimientos la ropa estuvo en su lugar- Tengo experiencia, ayudaba a mama con Ron y Ginny. Además George tenía la costumbre de huir desnudo por el patio. Entrégaselo a Luna para que le dé de comer.
Los chicos mayores estaban tomando su desayuno alrededor de Theo quien les contaba interminables historias de su invención y se había transformado en su héroe particular al enseñarles a disparar con arco y flecha, "Es tradición familiar". Luna estaba sentada a su lado terminando de dar de comer a la única niñita del grupo, con la que se había encariñado y había tomado bajo su cuidado desde que llegaron.
Draco, como todas las mañanas, se encontraba fuera en su puesto de vigía encaramado en el árbol a un lado de la entrada. Evidentemente evitaba relacionarse demasiado con el grupo, pero aun en la copa el árbol era difícil evitar a los niños, en especial al mayor de ellos.
- Hola, vine a despedirme- una cara pequeña y paliducha asomo entre las ramas- ya nos vamos.
- Entonces no te retrases- Draco le estiro la mano para despedirse pero el chico lo tomo como una invitación para subir a la rama en que estaba sentado- con cuidado o vamos a ir a dar los dos al suelo…
Se vio interrumpido cuando el niño lo abrazo fuertemente murmurando algo con la cabeza escondida en su gruesa capa "…miedo". Draco reacciono por instinto acariciando la cabeza del chico.
- Estarás bien… ¿Cómo se llaman esas personas que te cuidaran?
- Maude y Peter. ¿Vas a ir a verme?
- Sinceramente no creo que nos volvamos a ver- Draco sintió un pinchazo de tristeza al dejar al chiquillo que le había hecho compañía en silencio durante la semana- no te preocupes, eres especial. Les vas a gustar. Me gustas a mí y eso sí que es difícil… Te voy a hacer dos regalos de despedida, toma- dijo sacando del bolsillo de su túnica el último par de galletas- Y ahora mi segundo regalo… sostente de mí.
- Agarro al chico por la cintura y salto desde la copa del árbol, apuntando su varita directo al suelo para amortiguar la caída.
- GUAAAA! Eso fue genial. ¿Cómo lo hiciste?
- Cuando tengas tu propia varita vas a poder saltar de todos los árboles que quieras- Le dio un apretón de mano- Adiós Sal, todo estará bien.
- No me llamo Sal en verdad… Lo acorte porque se burlaban de mí. Me llamo Salazar… Salazar Slytherin. Adiós Draco Malfoy…
Y corrió dentro de la cueva donde lo llamaban a gritos para partir, dejando a Draco pálido y boquiabierto.
En el interior, ya todo estaba listo. Charlie y Edris llevaba cada uno a un niño en brazos y Luna se encargaba de los demás.
- ¡Sal! Ahí estas, deprisa tenemos que aprovechar la luz del día para llegar al otro extremo del bosque y de allí es un día de camino.- Cassandra apuro al chico hasta la entrada del túnel- ¿Estarán bien verdad? Hay provisiones suficientes para cinco días. Traten de no salir de aquí… Y dile a Draco que ya no es necesario que vigile desde el árbol, Cuervo les alertara si aparece alguien… Algo más? Ah sí, Hermione hay una cueva en la primera bifurcación a la derecha. Allí están los pergaminos que te hable.
- Tranquila Cassandra, preocúpense solo de llegar sanos y salvos- Theo se había despedido de los niños y tuvo que aclararse la garganta antes de hablar.
- ¡Oh! Es que viajo tan poco que siento que caí en un remolino… Volveremos pronto- y con esas palabras se internaron en el túnel y desaparecieron en la oscuridad.
Hermione retrocedió dispuesta a encerrarse a estudiar, cuando su espalda choco contra un bulto blando y peludo.
- Cuidado Granger- Draco estaba tras ella sosteniéndola- No es necesario que te lances así.
- Malfoy déjame tranquila, no quiero problemas- sus expectativas para esos cinco días empezaban a cobrar forma, sin la compañía de los otros quedaba desprotegida ante los sarcasmos del rubio- Solo… Yo voy a revisar esos pergaminos para ver si de una vez por todas encuentro algo que nos ayude a regresar.
- Tengo una idea mejor… Traigamos los pergaminos aquí. Estarás más cómoda y podemos buscar contigo, no es necesario que lo hagas sola. – la mira un momento a los ojos y de pronto se voltea en busca de Nott que finge estar abstraído frente a la chimenea pelando una manzana- ¡Theo! Ayúdame con los baúles…
Draco partió camino al túnel dejando a Hermione totalmente desconcertada por el cambio de actitud.
- ¿Qué te propones dragón? Si es una nueva estrategia para molestar a Granger no me metas. – Theo vigila el túnel de acceso por si Hermione se acerca, pero se tranquiliza cuando la ve ocupada despejando la mesa para trabajar.
- ¿Estrategia? Solo estoy siendo amable- Draco sonríe dándole la espalda a su amigo mientras revisa cada una de las cajas hasta dar con un orden- Si vamos a estar aquí es hora de ondear la bandera blanca… por mucho que me desagrade.
- ¡Hablemos claro de una vez! Soy yo… Theo. Te conozco todo lo que es posible conocerte. Deja de ser tan tortuoso y cuéntame tu historia con Granger. ¡Tu actitud con ella, desde aquí, huele a algo más que desacuerdos adolescentes y a tonterías de pureza de sangre! – Draco continua de espaldas sin dar muestras de escucharlo, seleccionando algunos pergaminos que va poniendo en una cesta vacía- Bien… Supongo que en algún momento querrás hablar.
- Hace años tuvimos algo y termino mal. Ella se fue… Fin de la historia- Draco se voltea con los brazos cargados de pergaminos y le señala la cesta a Theo- Ayúdame con eso.
- Bien. Si es historia pasada… ¿Te importaría si yo…?
Los ojos acerados de Draco taladran a Theo con una mirada indefinible hasta que se da cuenta de la sonrisita burlona de su amigo, "Touché dragón". Molesto Draco toma una brazada de pergaminos y sale sin mediar palabra.
Llevaban horas caminando por el laberintico túnel que se hacía cada vez más agreste. Incluso debieron hacer una pausa para descansar y dar de comer a los niños antes de continuar con el penoso viaje.
Al menos, mientras estuvieran bajo tierra se encontrarían seguros. Una vez fuera, la cosa cambiaría.
Se detuvieron una vez más junto a una pared por la que se filtraba un hilo de agua hasta formar un pequeño estanque rocoso. Luna utilizo su varita para entibiar algo de leche, les repartió pan y queso y se sentaron en un ruedo mientras se recuperaban de la larga caminata.
- ¿Creen que podremos salir ya? Afuera debe estar oscuro quizás sea mejor esperar hasta mañana- Luna sentía los músculos de sus piernas pedir a gritos un descanso.
- Es mejor atravesar el bosque en la oscuridad y alejarnos cuanto podamos de los límites del pueblo- En la semipenumbra de la cueva, los ojos de Edris despedían un brillo ambarino.
- Solo será un poco más y en el bosque recibiremos ayuda- dijo Cassandra- Pongámonos en marcha.
Finalmente salen al bosque y sienten en plena cara el viento gélido que se desliza por entre los árboles. "Silencio" Edris toma su forma lobuna y huele el aire nocturno. Su pelaje oscuro lo oculta totalmente y parte corriendo dando un rodeo para verificar que el camino este libre. El enorme lobo parece sonreír cuando vuelve a su lado y se transforma nuevamente. "La manada nos está esperando por allí y nos acompañaran hasta el pie de las montañas".
Charlie y Luna utilizan sus varitas para iluminar un sendero casi invisible guiados por Edris y Cassandra, a pesar de ello no pueden evitar que, cada tanto, los niños que llevan cogidos de la mano trastabillen de puro cansancio.
Luna comienza a canturrear en voz baja una canción que a ratos recuerda el zumbido de las abejas "Dice mi padre que atrae a las hadas" y, por primera vez en su vida, una de sus locas creencias resulta ser cierta y entre los arbustos se asoman pequeñas criaturas luminiscentes que los observan con curiosidad. Cassandra sonríe y le agradece la distracción pues la curiosidad de los niños ha logrado espabilarlos, con lo que avanzan más rápido. De pronto un ruido amortiguado hace que las hadas emprendan el vuelo para refugiarse en la copa de los árboles, dejando estelas luminosas tras de sí.
El primer impulso es esconderse tras los matorrales pero Edris y Cassandra los detienen con un gesto "Es Arcanus". El ruido se hace más fuerte hasta ser claramente distinguible el sonido de cascos sobre la tierra húmeda.
Un pequeño grupo de diez centauros hizo su aparición entre los árboles. Era una verdadera manada que incluía hembras de aspecto feroz y dos pequeños potrillos con cara de diablillos de ojos brillantes.
- Buenas noches Cassandra – Arcanus, un viejo centauro completamente blanco con una larga melena, barba como la nieve y ojos de un celeste profundo le tendió ambas manos a la mujer quien se las estrecho con cariño- Los astros dicen que es el momento propicio para ponernos a tu servicio. Los llevaremos con nosotros.
Y sin agregar nada más tomo por la cintura a la mujer con sus poderosos brazos y la ayudo a montar en su lomo. Uno a uno todos los centauros tomaron a los niños en brazos y un centauro joven de rostro picaresco le dio un giro a Luna y la deposito en su lomo "Este viaje será un placer".
Edris se convirtió en lobo y se adelantó a la manada olfateando el aire en busca de intrusos. A Charlie no le quedó otra cosa que echar a correr tras el grupo que galopaba como el viento.
A pesar de tener una condición física envidiable, paulatinamente fue quedando atrás hasta estar completamente solo. "Lumos" y empezó a seguir el rastro de hojas pisoteadas y huellas casi invisibles hasta sentirse totalmente perdido en la oscuridad. Con los ojos desmesuradamente abiertos en el esfuerzo de atravesar las tinieblas a la débil luz de su varita y todos sus sentidos en alerta siguió avanzando trabajosamente.
Los vellos de su nuca se erizaron en un escalofrío cuando escucho un rumor de hojas a su espalda y su nariz de impregno de un olor rancio y sulfuroso. Infructuosamente giro en círculos alumbrando frenéticamente a su alrededor sin ver ninguna señal que delatara algo extraño.
Camino en línea recta hasta encontrar nuevamente el rastro de la manada de centauros, pero con la firme conviccion que algo lo acechaba desde las sombras. A poco andar escucho el rumor del agua y una ligera niebla que rodeaba sus pies y la presencia del animal, criatura o lo que fuera se hizo más fuerte. Aguzando el oído podía escuchar el leve rumor de un cuerpo entre las hojas que cambiaba de dirección cada cierto tiempo como si la criatura zigzagueara tras él.
Aún faltaba para salir a campo abierto, pero ya podía divisar entre los arboles la amplia llanura iluminada por la luna que se extendía a lo lejos.
De pronto, salida de la nada, una criatura le salto a la espalda y sintió el ataque de unas afiladas garras tratando de desgarrar su gruesa capa de viaje. Desesperado se la quito de encima logrando asirla por la piel fría y escamosa y tirándola al suelo con rapidez sin poder evitar que las garras del animal le arañaran los brazos y la mejilla.
La criatura que tenía todo el aspecto de un lince, salvo por la piel cubierta de escamas como los lagartos, emitió un bufido y se agazapo dispuesta a saltarle encima nuevamente. Charlie empuño su varita apuntando al animal en medio de esos extraños ojos que brillaban en la oscuridad, y le lanzo una andanada de chispas para espantarlo.
El extraño animal trato de agarrar las chispas con el hocico mientras enseñaba unos colmillos del porte de un dedo pulgar y emitía un extraño ronroneo que erizo los pelos de Charlie, disparando todas sus alertas a la vez que sentía los filosos dientes de un segundo animal hundirse en su pierna y el peso de un tercero caer sobre su hombro.
Desesperado trato de golpearlos con su varita hasta que se le soltó cayendo en medio de las hojas. Se defendió con golpes de puños de las criaturas que lo embestían una y otra vez tratando de hacerlo caer y enterrando las garras en la capa que ya estaba hecha jirones.
Un agudo dolor en su pierna lo hizo caer de rodillas lo que una de las criaturas aprovecho para lanzarse hacia su cuello y en ese mismo instante escucho el silbido de una flecha, que pasó rozando su mejilla y lo libero del animal, mientras los otros dos huían hasta perderse en la maleza.
La centauro de rostro fiero colocaba una nueva flecha en el arco dispuesta a disparar a lo que se moviera.
Mientras Luna se acerca a él corriendo y con rápidos movimientos descubrió la herida poniendo esencia de díctamo para sellarla. Rebusco entre las hojas hasta encontrar la varita de Charlie y devolvérsela a su dueño.
El Centauro joven que había llevado a Luna se acercó a paso lento.
- Humano tonto, ¿Por qué no dijiste que corrías tan lento? Te hubiéramos llevado.
- De donde vengo los centauros no se dejan montar por los humanos… - Charlie a duras penas había logrado ponerse de pie con ayuda de Luna. La pierna herida le latía con fuerza.- Esa criatura ¿Qué era? me mordió.
- Son linces de pantano. Feroces pero su mordedura no es peligrosa- le dijo el centauro joven restando importancia a la herida.
- Por favor, ¿pueden ayudarme? No puedo apoyar la pierna.
- A eso hemos venido Charlie Weasley- y sin mayores miramientos la mujer-centauro lo monto sobre su lomo- agárrate fuerte.
La orden era perturbadora por que la mujer estaba totalmente desnuda en su parte humana y Charlie se sintió más azorado aun cuando la mujer partió al galope y debió abrazar firmemente su torso mientras galopaban entre los árboles, saltando troncos caídos y sorteando obstáculos a una velocidad imposible con lo que no tardaron en llegar al límite del bosque.
- Vamos Callia. Una carrera…- El joven centauro tentaba a la mujer, mientras Charlie se sentía cada vez más mareado y el golpeteo de su pierna en cada salto no había contribuido a mitigar el dolor.
- Bien Aetos, pero no dejes caer a la humana.- dándole una sonrisa a Luna que parecía estar gozando lo indecible con la experiencia.
Partieron a campo traviesa hasta llegar al borde de las montañas, galopando por el terreno pedregoso y acercándose cada vez más al leve resplandor que se divisaba a lo lejos.
- ¡Que pasó! Casi me matan del susto ¿Esta herido?- Cassandra los esperaba a la entrada de una pequeña cueva retorciéndose las manos con nerviosismo. En cuanto los vio corrió hasta a ellos y ayudo a Charlie a desmontar de la Centauro.
- Se encontró con linces. Uno le mordió la pierna. Pero Luna ya trato la herida- Aetos parecía un poco preocupado- No sabía que una mordidita le afectara tanto.
- Somos más frágiles que ustedes Aetos.- Edris se había acercado al grupo- lo llevare adentro. Ustedes dos debieran apresurarse. Su padre los espera en el rio.
- Gracias Aetos.. Callia, me alegro de haberlos conocido- Luna se despidió de ambos centauros con un abrazo.
- Mucha suerte y larga vida a ti, hija de la naturaleza…
Dentro de la cueva, todos los niños ya dormían al calor de la fogata. Edris medio arrastro a Charlie hasta tumbarlo sobre un lecho de hojas y sin miramientos le quito el pantalón para examinar la herida.
- Esto se ve feo Cassandra.
Efectivamente, la pierna de Charlie había tomado un color amoratado y se destacaban dos enormes ampollas de tono verdoso en el lugar donde el lince de pantano había hincado los colmillos. Rápidamente Edris amarra una delgada tira de cuero bajo la rodilla de Charlie para impedir que la ponzoña continúe avanzando.
- Me siento mal. Creo que tengo fiebre- El aspecto de Charlie empeoraba en segundos. Su piel se veía pálida y pegajosa con una película de transpiración fría y sus ojos estaban enrojecidos y con un brillo malsano.- La pierna me duele y palpita.
Cassandra se arrodilla junto a él para examinarlo más de cerca, rebusca en su morral y saca un pequeño cuchillo de plata que pone al fuego. En un pequeño mortero pone hierbas mezclándolas con un líquido amarillento hasta formar una pasta.
Al ver los preparativos Luna toma las manos de Charlie y las sujeta con firmeza.
La mujer hace un corte rápido sobre las heridas de las que mana una sustancia verdosa con un fuerte olor azufre, aprieta y masajea la pierna del hombre haciendo caso omiso a los gruñidos de dolor, hasta que la sustancia deja de salir y la pierna ha retornado a su color. Luego esparce la pasta cuidadosamente en la herida y pide esencia de díctamo, que Luna le alcanza trabajosamente con sus manos enrojecidas. Charlie no ha dejado de estrujárselas durante toda la curación.
Luna vuelve junto a Charlie y suavemente apoya la cabeza del hombre en su regazo, mientras con cuidado le hace beber un pequeño vial de poción para dormir sin sueños y le acaricia hasta apartar los mechones pelirrojos pegados a su frente.
- Vayan a descansar, yo lo cuidare.
Edris no se hizo de rogar y se acomodó junto a los niños. Cassandra cerro la entrada de la cueva conjurando raíces que crecieron y se entramaron hasta sellarla, después de esa precaución y con un suspiro de cansancio se fue a dormir, sin dejar de dar una última mirada a la joven mujer. "Todo debe seguir su curso" pensó enigmáticamente antes de caer en un profundo sueño.
Para Hermione el día se había hecho interminable. Si bien su capacidad de concentración era prodigiosa, se había visto anulada por la cercanía de Draco quien sin decir una palabra y permaneciendo prácticamente inmóvil lograba colarse en su mente y su retina.
Draco había improvisado un sillón cubierto de gruesas pieles, ubicándose cerca de la chimenea, dispuesto a leer y revisar un alto de pergaminos. No se había movido de allí en todo el día salvo para comer y dar pequeños paseos dentro del túnel para desentumecerse.
Theo no era dado al estudio, por lo que se había entretenido haciendo flechas a la manera muggle y tratando de tejer una red de pesca que resulto un lio informe de lanas y cuerdas que tuvo que desenredar con su varita y mucha paciencia y termino el día cocinando un estofado y pinchando manzanas para asarlas en la chimenea.
La tarea había sido infructuosa. Hermione reviso decenas de viejos pergaminos que parecían a punto de deshacerse, cubiertos completamente con una apretada caligrafía casi ilegible y en tinta desvaída, sin encontrar nada más que hechizos básicos y algunos caídos ya en desuso. Todos los pergaminos parecían más bien parte de algún tipo de manual para enseñar el uso de la varita con cosas cotidianas. Ni uno solo hacía mención a viajes en el tiempo o hechizos más complejos que esquilar animales con magia o poner un encantamiento de riego permanente en las huertas.
Frustrada, con un giro de varita hizo danzar por el aire los pergaminos hasta que fueron cayendo ordenadamente uno a uno sobre la mesa, ordenados por tema y convenientemente alisados. Cogió dos trozos de corteza y formo un tomo con los pergaminos.
Draco, al amparo de la contraluz, la observaba asombrado de la pulcra meticulosidad de la chica para hacer hasta lo más mínimo. Sus ojos recorrían desde su rostro de expresión concentrada, hasta detenerse en el casto escote de la túnica y la forma leve de los pechos y el movimiento de la melena mientras dirigía los pergaminos con su varita como si fuera un director de orquesta.
- Comamos algo. Pueden continuar con eso mañana. Esto se está enfriando- Theo llevaba las escudillas a rebosar de estofado que olía a hierbas y carne asada.- Cassandra nos dejo un barril de vino especiado bastante bueno.
- ¿Estuviste bebiendo?- Hermione lo mira con sospecha.
- Solo una copa o dos mientras cocinaba. ¡Relájate Granger!
Los primeros minutos comieron en silencio pero Theo, gracias a una generosa ración de vino, no se resignaba al mutismo de sus compañeros de mesa.
-Y bien… ¿No esta bueno el estofado?
- ….mmmm
- Está preparado con salvia y tomillo. Pienso que quedo más que bien.
- …
- ¿Encontraron algo útil en los pergaminos?
- No
- No
- Hermione, ¿Por qué no nos cuentas que ha sido de ti estos años?
- Lo siento Theo, estoy muy cansada. Si no les importa saldré un rato. Solo a poner algunos hechizos de protección… Gracias por la cena, estuvo deliciosa.- Apuro su copa de vino y se sirvió un poco más para llevarse la copa llena consigo.
- ¿Pretendes emborracharte Granger?- Draco la miraba por el rabillo del ojo- Si es así no vuelvas a entrar…
- Jaja que gracioso Malfoy, pero no tengo tus malas costumbres.- La respuesta le salió demasiado floja para su gusto. El estar toda la cena frente a Draco la había descolocado, más cuando lo sorprendió un par de veces estudiándola con sus fríos ojos grises y esa expresión hermética que la sacaba de quicio.
Fuera del refugio, el frio era cortante. No había una sola nube en el cielo y se veían tantas constelaciones que parecían una neblina brillante sobre la copa de los árboles. Grandes luceros se destacaban en el cielo como diamantes sobre terciopelo negro y un viento gélido hacia revolotear las hojas secas elevándolas a media altura. La luz de una enorme luna plateada permitía ver claramente a su alrededor y Hermione se sintió tentada a instalarse a leer un poco más bajo ese paisaje mágico de luz sobrenatural.
Bebió calmadamente su copa de vino especiado, dulce y potente, sucumbiendo al agradable calor que le proporcionaba paladearlo. Se sentó en un tronco y dejo la copa vacía a su lado. Poco a poco la melancolía fue adueñándose de su ánimo. Su mente comenzó a divagar sobre las personas en su vida. Harry, Ginny, Ron e incluso Crookshanks se colaron en su mente y lo desesperado de su situación y el temor de no volverlos a ver le arrancaron las lágrimas que tan cuidadosamente había reprimido.
De pronto sintió pasos a su espalda y rápidamente se secó las lágrimas y se recompuso lo suficiente para sonreír mientras sentía una manta de piel cálida y suave depositarse en sus hombros.
- Gracias Theo, se te está haciendo costumbre evitarme un resfrío…
- Nott ya está durmiendo, pero le hare llegar tus agradecimientos Granger.
Hermione se giró rápidamente para encontrarse cara a cara con Draco.
- Estabas llorando…
- No.
- Mientes mal Granger- Le toco suavemente la mejilla- no es necesario parecer una heroína todo el tiempo.
Hermione se separó de el en silencio y dándole la espalda se internó en el bosque con el corazón desbocado y agradeció que la oscuridad no dejara ver el temblor de su mano que empuñaba la varita con fuerza mientras recitaba una lenta retahíla de hechizos protectores en voz baja.
- Granger…- Draco toma suavemente sus hombros y la volteo acercándola y la abrazo suavemente. Hermione apoyo el oído en su pecho y escucho el rápido latido de su corazón- Siento que no haya resultado. Siento haberme comportado como un imbécil estos días…En verdad lo siento. Estamos en una situación desesperada. Debemos hacer una tregua para encontrar como salir de aquí- Draco acaricio suavemente su pelo- Aunque ya no quede nada entre nosotros, debemos actuar civilizadamente. Por el bien de todos.
- Tienes razón. – Se tragó la punzada de decepción y la voz le tembló un poco pero levanto la cabeza buscando los ojos de Draco- Bienvenida la tregua…
Draco la aparto un poco para poder mirarla a la cara, una ráfaga de viento frio lo hizo temblar, o quizás no fue solo el viento sino algo más que le enronqueció la voz y le seco la garganta. Al ver el rostro de Hermione levantado hacia él, con sus labios brillantes y sus ojos firmes, la resolución de su conciencia se fue de paseo y reino el impulso. La tomo con firmeza por la cintura y poso la mano en su nuca para que no pudiera escapar mientras se acercaba a sus labios lentamente.
- ¿Dónde están?, ese maldito cuervo no deja de picotearme… Shuu, sal de aquí. ¡ay! ¡Hermioooneeee quítamelo de encima…!
El momento se rompió y Hermione corrió en dirección al refugio para auxiliar a Theo.
- Aquí estoy Theo… solo tiene hambre. Vamos adentro, le daré algo de grano…
Ambos entraron al refugio con las garras del enorme cuervo negro firmemente prendidas del pelo de Theo, que manoteaba inútilmente tratando de zafarse.
Draco se quedó de pie en la oscuridad, mientras la sensación de ensueño daba paso a la rabia consigo mismo. Sus emociones lo habían traicionado como a un adolescente y se había expuesto a hacer el ridículo.
- De ahora en adelante no más sustancias alcohólicas, no puedo darme ese lujo.
Encendió un cigarrillo y volvió a paso lento a la entrada de la cueva. Espero lo suficiente para asegurarse de encontrarse a todos dormidos o por lo menos acostados, antes de entrar.
