Capítulo 5

Los personajes pertenecen a J.K. Rowling. Yo solo los tomo prestados sin fines de lucro.

Sintió el frescor sobre su piel. Una suave caricia húmeda sobre su frente le hizo soltar un suspiro de alivio y un suave gemido de placer se escapó de sus labios cuando la sensación se extendió hacia sus hombros y brazos. Arqueo la espalda con un gruñido cuando las manos húmedas y frías siguieron el contorno de su pecho y bajaron por su estómago hasta dibujar su ombligo y los huesos de la pelvis. El ansia se apodero de Charlie que movió las caderas para guiar esas pequeñas manos como mariposas que, desobedientes, no apresaban su ese preciso instante fue cuando despertó sobresaltado.

Al abrir los ojos se encontró frente a frentecon el rostro preocupado de Luna, que lo miraba fijamente con expresión de lechuza concentrada mientras le ponía en la frente un paño húmedo y frio.

- ¿Cómo te sientes Charlie? Gemías en sueños. ¿Te duele la pierna? Déjame verla- Luna hizo ademán de retirar las pieles con las que se abrigaba.

- ¡No!… Déjalo, no es necesario- Charlie se agarró de su cobija y enrojeció al darse cuenta que no era precisamente su pierna la raíz de sus molestias- Creo que ya está cicatrizada. ¿Dónde están los demás?

- Partieron temprano. Podemos esperar aquí si no te sientes bien para caminar o bien tratar de seguirlos por el paso de las montañas. Cassandra marcará el camino para nosotros desde aquí hasta la aldea- Luna lo miraba expectante- A mí me gustaría ir a la aldea, siento mucha curiosidad por conocerla…

- Entonces vamos. Yo estoy bien, solo me hace falta un cambio de vendaje y estaré como nuevo. Si me das las cosas puedo hacerlo yo mismo…- Charlie se interrumpe cuando la chica lo abraza con fuerza – Luna…¿Qué pasa? ¿Qué tienes?

Charlie, sentado en su lecho, trata de acomodarse para no caer de espaldas mientras Luna arrodillada frente a él lo abraza con fuerza, humedeciéndole el cuello con su aliento y haciéndole cosquillas en la nariz con su pelo. Torpemente trata de consolarlapero le parece que sus manos son muy grandes para la fragilidad de Luna. Le da unas tímidas palmaditas en la espalda "Ya…Ya, tranquila Luna. Todo va a estar bien" Agrega un suave beso en su sien y se atreve a rodearle la cintura con una caricia casi inmaterial. Aspira hondo y se traga a bocanadas el olor de la chica. Luna huele a manzanas, a hierbas medicinales y a algo primordial y antiguo que no puede identificar. Hunde la cara en su pelo y la sostiene con firmeza hasta que la chica deja de llorar y se acurruca en su regazo.

Eso es lo mejor de Luna, todo en ello es tan natural que no deja percibir lo extraño que es ese acercamiento tan todos los años que la conoce es primera vez que Charlie tiene a Luna en sus brazos de esa manera.

- Perdón Charlie, debe haber nargles por aquí…- Luna se frota los ojos secándose las ultimas lagrimas- se me deben de haber metido de repente. Ya sabes lo que dicen, se te meten por los oídos y te obsesionan con tus peores temores.

- Los nargles…No está comprobado que existan Luna- Charlie sonríe aliviado de ver a la chica más tranquila- ¿Y que puede asustarte tanto a ti?

- Que alguno de nosotros muera y no poder volver a nuestro tiempo jamás. Tú podrías haber muerto ayer…- Se separa y lo mira con fijeza- Tuve miedo a perderte Charlie Weasley. Tuve miedo de morir y no volver jamás y que nadie nunca más sepa que fue de mi…

- Luna…- Charlie la abrazo con ternura- Te prometo que volveremos y nos vamos a reír juntos de todo esto. ¿Sabes? Lo primero que vamos a hacer cuando estemos de vuelta será ir al Callejón Diagon y tomar un inmenso helado de nuez y caramelo….

Luna se separa y toma el rostro del hombre con sus manos. Están tan cerca que los ojos de Luna bizquean tratando de enfocarlos. "Es una promesa Charlie" y se acerca para depositar un suave beso en el entrecejo. "Recojo un par de cosas y nos vamos" y alegremente comienza a dar vueltas por la cueva mientras enrolla un par de mantas y guarda los cacharros en un morral. Charlie por su parte, observa perplejo la frágil silueta de Luna como si la viera por primera vez.

Cuando todo esta listo comienzan la ascensión por un escarpado de grandes rocas negras entre las que crecen matorrales, siguiendo las marcas casi invisibles dejadas por Cassandra. Luna trepa con una facilidad abismante agarrándose la túnica con una mano y del borde de las rocas con la otra, dejando ver sus piernas enfundadas en gruesas medias de lana. En cambio para Charlie el trayecto es bastante penoso, su pierna no deja de latir y siente que la herida humedece su pantalón lo que le hace gruñir de cuando en cuando, sin embargo deja a Luna seguir avanzando hasta llegar a la cumbre y sentarse en una roca

- ¿Cómo estás?- Le pregunta a Charlie, quien sigue subiendo a duras penas la última roca.

- Bien… Ya llegue. Creo que se me abrió la herida, siento el vendaje mojado- Charlie da un profundo suspiro y se sienta en una roca junto a Luna tratando de acompasar su respiración. Esta pálido y se pasa un pañuelo por el rostro para secar el sudor.

El paisaje que los rodea es abrumador, en medio de montañas rocosas de cumbres nevadas y a sus pies un lago cristalino que refleja el paisaje y se pierde en la lejanía. El viento es una caricia gélida y sobre sus cabezas las nubes tienen un pálido color gris que no deja pasar el sol.

- Déjame ver tu pierna- Luna desata el hatillo y cubre las espaldas de Charlie con una manta antes de agacharse y descubrir la herida- No está mal… Sangró un poco con el esfuerzo pero está cicatrizando.

Charlie no evita detallar a la chica, su cabello rubio y ondulado que se desordena con el viento, el color rosado de sus mejillas, los frágiles huesos de la clavícula que se asoman por el escote de su túnica, sus manos blancas y agiles, de dedos firmes que enrollan un nuevo vendaje con maestría. Le parece estar viéndola por primera vez en su vida y ¡Por Merlín! Jamás había notado lo hermosa que era.

- Ya está… ¿Qué pasa? ¿Te hice daño? Tienes una mirada rara, como si se te hubieran metido torposoplos…

Charlie solo le sonríe y no contesta. Se levanta de la roca y le tiende la mano a la chica para ayudarla a levantarse.

- ¿Estás cansado? Solo queda bajar esta ladera y cruzar el lago. Ven, te ayudare a bajar, apóyate en mi. Soy más fuerte de lo que parece

Ágilmente Luna pasa un brazo de Charlie sobre sus hombros y lo ayuda a bajar el estrecho sendero hasta el borde del lago. Una vez en la arena, saca su varita y murmura una palabra ininteligible con lo que aparece de las aguas una pequeña embarcación pintada de rojo con la cabeza de un dragón dorado tallada en la proa y dos pares de remos a cada lado, que llega hasta el borde del agua y despliega una pequeña rampa por la que suben sin mojarse.

Luna se acurruca al lado de Charlie rodeando su cintura con un brazo "Tengo frio" y con una floritura de su varita pone a la embarcación en movimiento, extiende la manta para cubrirlos a los dos y así abrazados y medio adormilados surcan lentamente las aguas.

Solo para que el momento fuera de perfecta quietud, Charlie besa levemente la frente de Luna a lo que ella responde apoyando la cabeza en su hombro.

Draco despierta con mal sabor de boca y dolor de cabeza. La expectativa de levantarse y permanecer un día más encerrado en la caverna no lo motiva a moverse. Por el contrario, se pone de espaldas e intenta mantener su mente en blanco, pero los ronquidos de Nott lo desconcentran. Se levanta arropado con la gruesa menta de lana mientras camina hacia la cocina. Divisa a Hermione dormida o por lo menos fingiendo, acurrucada entre las pieles del lecho, con la mata de pelo desparramada a su espalda.

Se mete a la pequeña oquedad que les sirve para asearse y corre la cortinilla que le da privacidad, se echa encima un par de baldes de agua apenas entibiada con su varita, se viste y se tiende en el improvisado sillón frente a la chimenea esperando dormir un poco más, pero su creciente inquietud se lo impide. El aire dentro de la cueva se le antoja rancio y viscoso, siente que se ahoga y que las paredes de la amplia caverna se estrechan cada vez más. Necesita salir urgentemente, respirar aire puro antes de que el corazón se le salga por la boca y el maldito hormigueo bajo su piel termine por volverlo loco. Se percata que está sufriendo un ataque de ansiedad en toda regla. "Y una mierda"… se levanta, toma su varita y sale de la cueva para treparse hasta la copa del árbol que ha sido su torre de vigilancia. El aire es frio y cortante pero levanta la cara y respira hondo hasta llenarse los pulmones con evidente alivio, como si el viento gélido que hace doler la piel, fuera un bálsamo para su incertidumbre.

Aprovecha de dar un vistazo alrededor en busca de peligro, pero todo parece calmado y lo único que interrumpe la apariencia inmóvil del paisaje, son los tenues hilos de humo gris contra el cielo, que indican la posición de la aldea a lo lejos

Más calmado apunta su varita y se deja caer desde la altura levitando sobre el poderoso chorro de aire que le sirve de colchón.

En el camino de regreso recoge unos cuantos frutos caídos desde un nogal cercano, se queda un largo rato en la entrada de la cueva mientras entra aire fresco al refugio, sin importarle que dentro la temperatura haya descendido un par de grados y deja la mente en blanco disfrutando de los últimos minutos de "libertad", mientras el sol comienza a salir tras las montañas nevadas.

De pronto algo llama su atención, escucha sonidos lejanos, voces casi inaudibles en dirección al rio y alarmado sube nuevamente a la copa del árbol trepando como un felino.

A lo lejos divisa un grupo de hombres que corren a todo galope en dirección al pueblo. Se escucha una campana de alerta y ve salir a los aldeanos que huyen hacia el bosque despavoridos llevando en brazos a sus hijos y lanzando alaridos de terror, mientras algunos de ellos se agrupan dispuestos a hacerles frente.

Ve acercarse al contigente de a caballo y advierte en el cielo un rastro brillante y luego el humo negro que indica que las flechas encendidas dieron en el blanco y los techos de paja de las casas de pueblo comienza a arder.

Algo se despierta dentro de Draco y salta del árbol bajando de rama en rama y corre a despertar a los otros. Sacude sin miramientos a Theo y al voltearse se encuentra cara a cara con Hermione, completamente vestida pero con la melena indomable haciendo competencia a Medusa.

"Están atacando el poblado" y sin siquiera pensarlo dos veces sale corriendo a todo escape a través del bosque con la varita levantada seguido por Nott y Hermione.

"Espera Malfoy, no podemos intervenir…" la voz de Hermione lo hace reducir la velocidad "No podemos cambiar nada" Sin hacer caso continua corriendo hasta llegar a la linde del bosque.

"Dragón espera" Theo lo toma de los brazos para detenerlo y a viva fuerza lo esconde entre los arbustos y lo obliga a agazaparse.

Frente a ellos se desarrolla una visión dantesca, el fuego se ha extendido por todo el pueblo y los pocos animales de granja huyen despavoridos algunos incluso chamuscándose el pelaje. El pequeño contingente de aldeanos se ha armado con lo poco que ha podido, palas azadas, cuchillos y viejas espadas medio oxidadas.

Se escucha el relincho de un caballo y Cearo aparece vestido para la batalla cubierto con una cota de anillas y la espada enjoyada desenfundada. En la mano izquierda lleva un escudo de madera recia pintado de rojo muy oscuro y con un perro negro de dos cabezas en el centro. Se detiene a la entrada del pueblo, como un dios maléfico con el fuego a sus espaldas.

Hermione lívida, les señala en dirección al rio en donde unos veinte hombres a caballo se agrupan para lanzarse a la carga. Se nota que son soldados, pero su aspecto maltrecho y lo abigarrado de sus armas le hace sospechar que se trata de mercenarios o desertores.

Tras ellos, sienten un rumor de pasos arrastrados y logran ver a pequeñas criaturas de aspecto humanoide cubiertas con lo que parecen piel de pequeños animales. Los ojos negros brillan de expectación y sus bocas dejan correr hilillos de saliva entre sus dientes afilados y puntiagudos, pero lo que más llama la atención es la mancha de un rojo brillante en la coronilla. Emiten un sonido peculiar como si chasquearan la lengua muy rápido contra el paladar al tiempo que golpean una gruesa maza de madera contra el suelo. Se deslizan hasta ubicarse en el linde del bosque, haciendo caso omiso de los jóvenes escondidos.

De pronto los sobresalta un grito y la tierra se remece con la fuerza de los cascos de los caballos cargando contra el grupo de aldeanos. La batalla se convierte en carnicería cuando los dos grupos chocan. Un par de hombres mueren al ser arrollados por los caballos y son pisoteados por todos los demas, pero los aldeanos logran desmontar al resto usando unas largas picas de madera.

Hermione lanza un grito sofocado cuando ve el brazo humano dando volteretas contra el suelo y formando un reguero rojo tras él.

Los Gorros Rojos golpean sus mazas contra el suelo y se lanzan a morder los tobillos de los combatientes inoculándoles su saliva. El rostro de los hombres se torna de bestias, los ojos enrojecidos y las gargantas ya solo lanzan gruñidos destemplados.

El aire esta espeso con el humo, el olor de la sangre y las vísceras desparramadas sobre el césped. Una neblina rosada tiñe el polvo y el aire. Se suceden uno tras otro los gritos de dolor y de furia mientras los hombres caen a tierra, desgarrados.

Theo se dobla con las arcadas cuando ve que un hombre le da a otro una feroz cuchillada en plena cara que hace que todos los dientes se vean a través del tajo y el herido responde con un golpe de espada contra el cuello enemigo que le deja la cabeza colgando hacia la espalda.

Todo sucede rápido, al ritmo desquiciado de una danza macabra que va dejando muertes atroces y cuerpos mutilados y agonizantes.

Draco logra ver a Cearo a través del humo. No se ha movido de su lugar, observando todo con rostro impenetrable y ojos fríos, como si en vez de presenciar el sangriento fin de su pueblo hubiera sido invitado a un espectáculo que no fuera de su agrado. Cuando cae el último hombre, toma las riendas de su caballo y lo dirige al camino alejándose del poblado, en donde aún arden las últimas casas y establos.

Los Gorros Rojos rematan a los moribundos con sus mazas y todo acaba de repente. Instalándose un silencio sobrecogedor que los deja paralizados.

Draco trata de moverse, siente su cuerpo embotado y adolorido. Esta espantado por la brutalidad de la batalla. Peor, mucho peor que las presenciadas en el pasado. El olor adherido a su piel le da náuseas y se inclina para vomitar sobre la tierra. La cabeza le da vueltas y cierra los ojos para tranquilizarse. Su único pensamiento es salir rápido de allí, se gira para buscar a Theo y Hermione.

Ve a su amigo de rodillas y con las manos apoyadas en el suelo, escupiendo bilis. Cuando levanta el rostro muestra lágrimas frescas en su cara sucia de polvo. "Ayuda a Granger" le dice con voz ronca.

Draco se desliza hasta un bulto entre los arbustos, teme que Hermione esté herida pues no da muestras de haberlo escuchado. Cuando llega a su lado se da cuenta que la chica esta acurrucada en posición fetal con las rodillas pegadas a su barbilla y las manos en las orejas. Tiene los ojos apretados y su cara está sucia de tierra y lágrimas.

Le toca suavemente el hombro para llamar su atención "Granger… Granger debemos irnos rápido" pero ella no reacciona, ni siquiera abre los ojos. Draco trata de incorporarla levantándola por las axilas, pero Hermione es un peso muerto. Un bulto tenso que no responde a nada.

-Theo…- Draco susurra con nerviosismo – Vamos a tener que aparecernos. No puedo moverla.

- A la cuenta de tres a la entrada de la cueva.

Ambos hombres levantan a Hermione lo mejor que pueden y rápidamente se esfuman del lugar.

Al llegar, Hermione es un cuerpo laxo entre los dos. Theo la toma en brazos y corre al refugio con Draco pisándole los talones. Depositan a la chica en el camastro y la cubre con una manta. Draco aviva el fuego de la chimenea.

- Granger… Granger!- Theo le da golpecitos en las mejillas sin resultado,- ¿Qué le pasa? Esta fría y no reacciona.

- Esta inconsciente. ¡Enervate!...No reacciona…¡Granger!...¡Hermione!- Draco la sostiene tratando de despertarla. De pronto la chica abre los ojos y reacciona débilmente con la mirada perdida- Granger, despierta…. Mírame… Abre los ojos.

Hermione se incorpora desorientada y pasea la mirada por la cueva hasta que fija sus ojos en Draco. Sus facciones se crispan y rompe a llorar.

- ¡Están todos muertos! Se mataron entre ellos… Había mucha sangre y gritaban… Salvajes… Olor a sangre…- se tapa la cara con las manos mientras sus hombros convulsionan con sus sollozos ahogados. Draco hace un ademan de abrazarla pero Hermione retrocede bruscamente- ¡No me toquen!... Ya están muertos…

Theo se acerca silencioso y suavemente le toca el hombro para llamar su atención.

-Hermione…Toma esto. Necesitas descansar. – Le dice con voz suave mientras le alarga una taza con algo tibio. Hermione la recibe y toma la mano del chico mientras la bebe – Te hará bien... Bébelo todo… Eso es… Buena niña… Ahora recuéstate y trata de dormir.

Draco los observa con una mirada impenetrable en sus ojos grises y finalmente se aleja y se instala frente a la chimenea, mientras Theo se queda junto a Hermione sosteniéndola de la mano. Poco a poco el cuerpo de Hermione se relaja y su respiración se vuelve regular.

- Por fin se durmió, ¡Pobre, estaba en shock!… ¡Mataría por una botella de whisky de fuego! Me duele todo el cuerpo…Eso de allá afuera va a ser algo difícil de olvidar- Theo se deja caer frente a la chimenea y se restriega los ojos como para borrar la visión que aún le acompaña. Se da cuenta que en todo ese rato, Draco no ha despegado los ojos del fuego- ¿Estas bien?

- Todo lo bien que se puede estar después de haber presenciado una masacre…- se desordena el pelo y se levanta- Voy a cambiarme, tengo impregnado el olor a sangre. Y de ahí a revisar esos malditos pergaminos. ¡Es urgente irnos de aquí!

- Déjame ir a mi primero. Quédate con Granger, no sería bueno que despertara y se encontrara sola.

- Pero apresúrate, sabes que confía más en ti que en mí.- le dijo con indiferencia permaneciendo frente al fuego.

Algo en su tono de voz llamo la atención de Theo y disparo sus alertas.

- Dragón ¿No pensaras que yo…?

- No pienso nada. Solo digo que prefiere confiar en un inferí antes que en mi.- dijo amargamente y sin mirarlo.

- Draco ¿Por qué no…?

- No. Ve a cambiarte.- Su tono no admite discusión.

Una vez solo, se acerca sigilosamente al lecho y pone sus labios en la frente de Hermione. La siente fría y pegajosa por lo que, cuidadosamente, le limpia el rostro con un paño húmedo. Le quita los zapatos y la cubre con una gruesa manta. Cediendo al impulso acerca sus labios a los labios de ella sin llegar a tocarlos, solo percibiendo su respiración pausada. Súbitamente se aleja, asustado de la intensidad de sus sentimientos. No logra entender que el amor puede caer en un profundo sueño, arropado en el tiempo y la distancia, aturdido por el orgullo, anestesiado por la sinrazón. Pero que cuando se le despierta inesperadamente puede ser una llama abrasadora hecha de anhelos que no se calma hasta que quema todo a su paso.

Sentado frente al fuego trata de tranquilizarse pero sus recuerdos lo toman por sorpresa y se hunde de cabeza en el pasado.

- ¿Dónde estamos? Dijiste que me invitabas a almorzar.- Hermione desciende del automóvil mágico y mira la campiña, que se extiende soleada y solitaria hasta el horizonte.

- En realidad no lo sé… Al sur de Londres. Solía venir por aquí cuando quería estar solo.- Draco acomoda una canasta y una frazada bajo un pequeño grupo de árboles y comen en silencio escuchando el sonido de los pájaros interrumpidos solo por el tintinear de sus cubiertos.

Draco observa el perfil de Hermione, recortado contra el cielo. Sabe que es una locura, que está arriesgando su paz mental. Sabe que lo que está a punto de hacer puede terminar muy mal, sin embargo ya no puede detener el ansia que se instala en su estómago cada vez que la ve.

No se miente a sí mismo, sabe que no se ha enamorado…aun. Pero eso llegara pronto, lo adivina por la sonrisa que se le instala en la cara cuando piensa en ella. Y sabe que no le es indiferente, pero ella y su maldita honestidad no le permiten vislumbrar nada más que un sutil brillo en sus ojos castaños cuando cruzan las miradas.

Pero hoy están allí, solos en un paisaje bucólico y sereno, y parece que no existe mañana. No existe nada más que ellos dos y el cielo azul.

"Hermione" Ella lo mira y en sus ojos nota una dulzura nueva que le hincha el alma. Pone una mano en su cuello y la acerca a él. Le sorprende no encontrar resistencia cuando la besa. Siente la calidez de sus labios y el leve aroma de vino dulce que lo embriaga. Siente la mano de ella posarse en su hombro y no sabe cómo terminan tendidos en la manta. No han dejado de besarse, con calma, con suavidad, alargando el momento hasta hacerlo eterno.

Las manos de Hermione acariciando su nuca prenden una hoguera entre sus piernas y se atreve a deslizar la mano por el costado hasta posarla en su cadera. Y ya nada es real, todo se ha esfumado y se licua cuando baja los labios por su cuello hasta llegar al borde de su escote y nota su mano temblorosa cuando le desabrocha la blusa.

Y quiere que ella lo detenga o que lo desnude pero que se termine ese limbo de sensaciones que lo tiene entre cielo e infierno mientras acaricia sus pechos y la siente jadear sobre sobre sus labios. Hasta que por fin se cuela un susurro en su oído "No te detengas".

Y todo se acelera y cae en espiral o quizás asciende, no lo sabe ni tampoco quiere pensarlo mientras le arranca la ropa y la sed de ella le quema la garganta. La besa toda entera, desnuda bajo el sol con la sombra de las hojas formando tatuajes en su piel.

Y más que penetrarla, se funde con ella. Se deja caer en su humedad hasta sentir cada latido de su cuerpo pequeño. Y la abraza y no quiere soltarla nunca más, que llegue el fin de los días y que los sorprenda en ese momento mientras la boca dulce de Hermione se pega a su hombro soltando gemidos de placer.

Y siente el cuerpo de ella arquearse bajo su peso y sus dedos hundirse en la piel de la espalda y sus piernas abrazarle las caderas mientras se deja ir en éxtasis. Y teme estallar de placer mientras la acompaña en el orgasmo que hace temblar la tierra, espanta a los pájaros y cambia el color del aire.

Con el corazón retumbando en su pecho y el cuerpo laxo, se pone de espaldas y acomoda esa cabeza de rizos indomables sobre su pecho, mientras las respiraciones se calman y conjugan. Y queda tiempo para acariciarle la espalda y a ella para darle un beso tierno sobre el pecho

Un "te amo" le cosquillea en los labios pero se lo traga sin remordimientos, se lo dirá cuando ella quiera oírlo.

Si le dieran a elegir un momento en particular, un momento que fuera su eternidad, sin dudarlo elegiría repetir por siempre ese. Con esa frágil felicidad que lo cubre como una manta, sofocando todos sus temores, aplastando su pasado y nublando su futuro. Solo presente, solo aquí y ahora.

Con un gemido, Draco vuelve a la realidad. Mira el cuerpo dormido de la mujer y el "te amo" que cosquillea aun en sus labios ha cambiado de sabor. Ahora es amargo como su vida.