DISCLAIMER: Los personajes del anime y el manga de "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation Co., yo solo los tomo prestaditos en esencia a veces para inventar con ellos rómanticas historias.
Un abrazo inmenso a todos (as). Con ustedes dejo la siguiente parte de este fic.
Parte III
El día avanzaba y el soleado cielo comenzó después del cenit a volverse nuboso. Más el animado grupo si lo notó no le dio importancia, pues estuvieron tan entretenidos en sus juegos que les pareció de pronto que el tiempo se les iba demasiado rápido. Una razón válida para proponerse más adelante volver a repetir dicha aventura.
Después de conseguir gracias a la cátedra de pesca de Candy, varios peces, se les ocurrió extender una soga entre dos árboles a la altura de sus cabezas para hacerla pasar por red y se enfrascaron así en una animada partida de vóleibol divididos por parejas. Los Cornwell contra Candy y Anthony mientras conseguían secar la humedad de sus ropas. Candy que no recordaba haberse sentido tan feliz practicando aquel deporte desde su tierna infancia junto a sus amiguitos en el Hogar de Pony, inmersa en su emoción se esmeró tanto en su desempeño, que en un momento trastabilló luego de lanzar la pelota y Anthony como siempre un caballero andante a su rescate, impidió que se lastimara sosteniéndola de la cintura.
-Te tengo-
-Gracias-
Su repentina cercanía entre tímidas sonrisas, de haber estado solos pudo haber desencadenado algo encantador, pero allí acompañados lo que despertó fue un carraspeo por parte de Archie que llegado a ese punto cuando ambos un tanto avergonzados al volver a prestarles atención lo miraron, casi no pudo contener el disgusto que sentía, algo que a Candy en el fondo le pareció que podía traducirse en celos, como desde hacía días venía percibiendo de él aunque no lo hubiese comentado con nadie. Stear por su parte, cauteloso y pacífico como siempre prefirió no hacer ningún comentario sin darle importancia a la pequeña escena, animándolos al contrario a continuar con el partido. Más a su hermano no se le pasó la incomodidad, llegando por causa de ésta a actuar con una impremeditada rudeza.
-¡Hey ustedes dos, más atentos al juego!- exclamó lanzando el balón por el costado de Anthony, con tanta fuerza que éste cayó entre la arboleda que había detrás. La pareja de aludidos le observó extrañada, y Anthony ante aquello no dudó en responder advirtiendo la clara mala actitud.
-¡Lo hiciste a propósito!- le sacó en cara, sin embargo de inmediato intervino Stear actuando como el mayor del grupo para como de costumbre tratar de mantener la armonía.
-Ok, ok Archie, esa en definitiva pudo ser una lanzada digna del equipo nacional pero en vista de que estamos aquí llevando a cabo un simple remedo de encuentro deportivo, tocará ir a traer el balón- profirió reprochándole a su hermano de manera sutil su mal comportamiento –Esta vez lo haré yo, pero oye… –añadió en tanto se dirigía a abrirse paso entre los árboles por el tramo por donde se extraviara la pelota -Intenta tener más cuidado la próxima vez-
El alejamiento del intermediario aunque sabían que sería momentáneo produjo un incómodo silencio
-Creo… que iré a acompañarle- soltó Candy de repente prefiriendo alejarse un rato de allí hasta que la tensión entre Anthony y el menor de sus primos se despejara, luego de notar las amenazas silenciosas que intercambiaban los dos a través de las miradas.
-¡Candy espera!- le escuchó entonces proferir a Anthony a sus espaldas, lo que le hizo exhalar un suspiro de alivio pues no quería que se pelearan –Voy contigo… es lo mejor- dijo él colocándole una mano en el hombro al alcanzarla, ante lo que ella se volteó y le sonrió con cariño, procediendo luego a apretarle la mano con comprensión porque sabía que estaba reprimiendo su coraje.
Ambos tenían en cuenta que contaban con detractores respecto a lo que sentían pero cada uno procuraba ser fuerte a su manera para evitar que les afectaran sus malas vibras. Ella, así no hubiesen todavía conversado a profundidad de ese asunto, con su pequeño gesto solo quiso recordárselo, pues estaba segura que entre los dos el afecto era recíproco, y el conseguir que la paz volviera a su diáfana mirada y apareciera de nuevo en su boca una bonita sonrisa, se lo comprobó.
No mucho después de que ocurriera esto y sin permitirle disfrutar bien de su éxito, les llegó la voz de Stear entre la arboleda, en una exclamación que los sorprendió
-¡Oigan, no creerán lo que encontré! ¡Vengan a darle un vistazo!-
Intercambiando una mirada de sorpresa, Candy y Anthony se apresuraron en la dirección en que lo escucharan.
Fue entonces que descubrieron un hoyo constituido por un par de tablas desprendidas en ese lado de la gran cerca que rodeaba a la mansión veraniega y al traspasarlo se toparon frente a ésta cual espejismo ante sus ojos, ya que al estar tan resguardada (según decían) se habían hecho a la idea de que no la podrían visitar, y no porque no les faltaran ganas, sino debido a que preferían no traicionar la confianza de la tía abuela o no les daría permiso para salir de paseo los tres solos de nuevo… No obstante, aquella tarde al parecer la curiosidad de Stear había podido más que su acostumbrada responsabilidad.
Aquel caserón a Candy le traía especiales recuerdos, pues había sido donde se alojara junto a su amigo Albert, después de que la rescatara al caer de la cascada. Una memoria entre varias de una penosa época que por suerte divina cada vez parecía ser más lejana.
-¡La mansión del bosque!- exclamó Anthony maravillado adelantándose a observarla mejor y verificando si había alguna posibilidad de ingresar.
-Tienen candados al parecer todas las puertas y están entabladas las ventanas. Se ve que es cierto que esta vez la tía abuela se ha preocupado bastante por reforzar la seguridad- comentó Stear por su parte, con el balón bajo un brazo, quien ya llevaba husmeando allí un buen rato -He escuchado que planea hacerle más arreglos pronto para alquilarla el próximo verano. Al parecer tendremos inquilinos-
-No me extraña que tenga ahora todos estos cuidados- profirió Anthony después de fisgonear a través de una rendija que había entre dos tablas en una de las polvosas ventanas –Ella prefiere mil veces arrendarla así no sea de su agrado a permitir que se atreva a tomarla de morada algún otro vagabundo rufián- añadió con notorio desprecio. Algo que le llegó a Candy.
-El señor Albert no es un hombre malo. Es educado, gentil y ama a los animales. Tiene un buen corazón- no dudó enopinar saliendo en defensa de quien fuese su salvador aquella terrible noche, sabiendo que se refería a él.
-¿Un buen corazón? ¿Cómo puedes estar tan segura si tan solo pasaste unas cuantas horas en su compañía? – le increpó Anthony entonces sin dar preámbulos y terminando de enfadarse, ya que no era de su agrado tocar aquel tema.
-Pues esas pocas horas me bastaron para formarme una buena impresión de él- contestó Candy sin un ápice de duda y con total sinceridad, ganando de ese modo la discusión pero quedándole a su vez el mal sabor de boca de presenciar la decepción en la diáfana mirada de Anthony.
-Ya veo- fue lo único que dijo antes de retirarse
-Anthony…- le llamó ella pero no pudo continuar tras de él. Stear concluyó en su lugar lo que le quería preguntar
-¡Hey!, ¿a dónde vas?-
-Necesito estar un rato a solas- fue la sencilla respuesta que obtuvieron del chico rubio, mientras se alejaba sin mirar atrás.
-No lo entiendo, en ningún momento quise decir algo para que se enojara- le compartió Candy preocupada a Stear, sentada a su lado una media hora después frente a la fogata en tanto esperaban la cocción de sus pescados.
A esas alturas ya estaba cayendo la tarde y habían tenido que terminar de vestirse para evitar "pescar" también una gripe cuando el aire empezara a refrescar. Anthony había regresado al campamento por unos pocos minutos debido a aquello y luego se había vuelto a ir.
-Mencionaste a tu amigo Albert- el joven de anteojos dio su opinión –Supongo que a Anthony no le gusta que lo tengas tan presente-
-Pero ¿por qué, si no estoy haciendo nada malo?– consultó Candy con inocencia, incrédula de que Anthony pudiese considerar que ella sintiera algún tipo de atracción por alguien tan mayor a ella.
-Anthony está celoso- contestó simplemente Stear, confirmándole sus peores sospechas y al ver la impresión pintada en su pequeño rostro agregó algo adicional para hacerla sonreír un poco –Está celoso al igual que aquel engendro que está por allá- señaló entonces a Archie, que en esos momentos cerca de la orilla en solitario pateaba piedritas con el zapato y lanzaba otras al lago mientras esperaba que estuviese la comida, mirándolos de cuando en cuando con cara de pocos amigos –Es normal porque te quieren mucho. Así que desean toda tu atención para ellos- el muchacho inventor concluyó
Sonrojada Candy no supo que decir, solo atinó a morderse el labio inferior sintiéndose dentro de un grave aprieto, gesto que le hizo reír a Stear, divirtiéndole aún más.
-¡Stear no seas malo, esto es serio!- Candy protestó
-Tranquila, solo ve y habla con Anthony- le recomendó él sin darle más vueltas al asunto –Sé sincera en lo que sientes y te entenderá- le animó entregándole su plato ya listo y uno adicional con la porción de Anthony para que se lo llevara. Candy le sonrió con gratitud.
-Gracias Stear, de tener un hermano mayor me hubiese gustado que fuera como tú- expresó de corazón, levantándose después para pasar frente a él dispuesta a cumplir la sugerencia que le diera. Pero antes adentrarse entre los árboles siguiendo la dirección que tomara Anthony, volteó a mirarlo unos instantes necesitando con urgencia terminar de armarse de valor y notó entonces durante medio segundo que la estaba mirando de una forma especial, como si también guardase muchas cosas por decirle… no obstante asintió para animarla, y ella no lo dudó más y fue en busca de su príncipe de las rosas.
Continuará…
