Capítulo 9
Los personajes y otros elementos pertenecen a J.K. Rowling. Yo solo los tomo prestados sin fines de lucro, para no olvidarme de soñar.
Edris los despertó al alba. El frío se colaba por las rendijas de la cabaña de piedra mientras fuera, aullaba el viento bajo un cielo gris.
- Ya trajeron el carro con sus bueyes y dos caballos. En la marmita queda algo de guisado. -les dijo Edris mientras el grupo se desperezaba y antes de salir cargando mantas y otros bultos – deberían cambiarse de ropa aquí. Estamos a un par de horas del pueblo.
- Me duele la pierna- Charlie, con expresión preocupada, deshacía su vendaje con ayuda de su varita- Hermione, alcánzame el morral.
- Yo lo hare - prestamente Luna se acerco a él y con manos diestras examino la herida que aun no terminaba de cicatrizar- No se ve mal… debe ser efecto del esfuerzo de ayer. Es mejor que vayas en el carro.
Terminaron los preparativos en silencio y con una tensa calma. Hermione nuevamente transmuto el cabello de Charlie, en una melena de color negro esta vez y lo ayudo a enfundarse el hábito marrón de tejido basto, sucio y raido que le ayuda caracterizarse como un monje mendicante.
Los demás conservaron su misma apariencia ya que el pelo rubio de Draco y Luna conspira a favor de la idea de pasar por hermanos. Ambos vestidos con telas gruesas de lana color azul celeste, convenientemente arrugadas para ayudar a la idea de un par de viajeros, acentúan su parecido por lo menos en la tonalidad blanca de la piel y los ojos claros.
La túnica de Luna es larga y recta, con un finísimo bordado de hilos de oro al borde del casto escote, su capa de terciopelo azul forrada en piel de conejo la protege del frio.
Draco con pantalones negros anudados a la usanza de la época y túnica corta, agrega a su atuendo una cota de cuero duro y una espada al cinto, además de un pequeño puñal en su funda de cuero, botas algo desgastadas y una capa negra larga y adornada en los hombros con piel de oso.
Theo, vestido con una sencilla túnica corta marrón claro y una capa de tejido marrón lleva al hombro un carcaj lleno de flechas y el arco largo que ya considera de su propiedad, demuestra su condición de siervo, lo mismo que Hermione, quien viste túnica larga de lana gruesa color marrón oscuro y su capa roja por encima.
Todos llevan sus varitas cosidas a las anchas mangas de sus trajes, han perfeccionado la técnica para tomarlas rápidamente y lanzar hechizo sin necesidad sacarlas completamente.
Caracterizar a Edris fue más complicado de lo que esperaban, pues el pobre puso cara de terror cuando vio a Charlie y Theo desenfundar sus varitas con la clara intención de cambiar sus facciones. Al fin logran convencerlo que los cambios no serán permanentes y pueden modificar su nariz hasta hacerla parecer el pico de un loro y agregar una larga barba canosa para hacerlo irreconocible.
Finalmente se ponen en camino por una senda que bordea el acantilado. Theo, Luna y Charlie van acurrucados en el carro conducido por Edris, que resultó ser un carruaje abierto pero cubierto con espesos cortinajes que poco y nada protegían de las inclemencias del tiempo. Draco cabalga adelante y Hermione cierra la marcha.
Llegan a un camino estrecho que zigzaguea hasta la cima del acantilado, el solo ver la altura a la que se eleva hace que a Hermione se le aprieta el estomago de pensar que irá a la retaguardia tras el carromato.
- ¡Granger! ven aquí adelante. – Draco le ordena con voz cortante – Iras por la parte interna y yo por la orilla. Una vez que empecemos a subir ya no será necesario vigilar la retaguardia.
- Voy yo…- Luna hace ademan de bajarse para cambiar lugares, pero Hermione la detiene con un gesto.
- No, yo puedo hacerlo Luna. Estoy bien… de verdad.- sonríe nerviosa intentando tranquilizar a sus amigos y adelanta su montura, mientras Luna y Charlie intercambian miradas de preocupación.
Comenzaron el penoso ascenso con ráfagas de viento golpeándolos a ramalazos y el rugido del mar haciendo eco en las paredes del acantilado. Edris vigila a Draco y Hermione mientras se alejan a paso firme, hasta que no son más que dos pequeñas siluetas.
- Edris, que pasa. Esto no avanza nada.
- El carro es demasiado pesado, Charlie. Tenemos que ir lento.- Edris, desde el pescante contesta sin voltearse.
- ¡Edris detente! Bajen, tengo una idea- Theo levanta su varita- ¡Levianum! Miren ahora- y con un dedo empujo el carruaje que rodo fácilmente cuesta arriba.
- ¡Perfecto¡ solo espero que no se vuele con el viento- dice Edris entusiasmado y examinando con curiosidad el vehículo.
Después de eso el viaje fue más cómodo para todos, incluidos los animales.
- Ahora que estamos más tranquilos ¿Qué pasa con Granger? Y no me digan que no pasa nada. No creo que alguien que se enfrento al Innombrable pierda los nervios tan fácil.
- Le tiene miedo a las alturas, Nott- Dice Charlie desviando la mirada- Eso es todo.
- La muerte de sus padres la quebrantó, pero ya está bien.- le dice Luna haciendo caso omiso de la patadita de Charlie- Fue mientras estaba en Francia. Sus padres quisieron darle una sorpresa y tuvieron un accidente de carretera que les costó la vida. Ellos no estaban de acuerdo que Hermione viviera en París después de estar separados tanto tiempo, por lo que ella se culpo por su muerte. Perdimos todo contacto y se refugió en el mundo muggle.
- Yo me la encontré por casualidad en Rumania, trabajando como mesera y viviendo en un piso miserable. – Charlie hace una pausa mientras estudia la expresión de sorpresa de Theo- Logre convencerla de volver a nuestro mundo poco a poco. Al tiempo se mudo a mi departamento, le insistí que volviera a estudiar y terminar su carrera y que se reencontrara con los que la queremos. Finalmente todo volvió a la normalidad…
- ¡Vaya!- lo interrumpió Theo, con los ojos como platos- Nunca lo hubiera imaginado… Es por eso que desapareció tanto tiempo? Ella me ayudo mucho cuando iniciamos nuestra empresa, con todos los permisos del Ministerio… Siempre imagine que había terminado estudios en Francia de manera brillante y se ocultaba de los periodistas para poder desarrollar su carrera tranquila ¿Cuándo murieron sus padres?
- Hace un poco más de siete años.- dijo Charlie – No se dio mucho énfasis a la noticia, se publico solo una pequeña nota de condolencias pues fue más o menos en la misma fecha que asesinaron a los Malfoy y eso ocupo todas las portadas.
- Fueron tiempos difíciles para ella Theo, pero ya todo está bien. Lo importante ahora es no recordarlo ni divulgarlo más de lo necesario. Todos tenemos la oportunidad de volver a empezar. – le dijo Luna tomándole suavemente el brazo - ¿Quieren algo de comer?
Theo se queda en silencio procesando lo que acaba de oír mientras muerde un trozo de carne seca. Su curiosidad es proverbial y en su mente saca las cuentas necesarias para desentrañar un capítulo más en la vida de su amigo mientras observa las figuras que se recortan contra el cielo.
Draco y Hermione cabalgan a paso lento recorriendo el último recodo que los lleva a la cima del acantilado. Han hecho el camino en completo silencio, con el viento y el fragor del mar conspirando para que sea difícil hablar, si no es a gritos.
Ahora, de pie junto al camino se permite echar de reojo alguna que otra mirada al hombre que esta junto a ella escudriñando concentradamente a su alrededor. Quiere romper el silencio que le incomoda y que instala algo indefinible en su pecho.
- Malfoy…
- Mmmm.
- Yo quiero… eh… darte las gracias por lo de ayer. Creo que no te lo dije.- Hermione maldice esa extraña timidez que le hace tartamudear- Fue muy arriesgado y valiente…
- No te molestes Granger- le responde con tono frio y sin mirarla- había tres magos en la playa, Cualquiera de ellos podría haberte salvado. Fue un accidente y reaccione rápido. Nada más.
- De todas formas Malfoy, yo solo….- Hermione respira hondo tratando de explicarse.
- Solo querías ser amable. – Draco la interrumpe – además fue una decisión egoísta. Eres la única que tiene la cabeza lo suficientemente grande como para sacarnos de aquí.
- Pero de todas formas Draco….
- No sigas, Granger- le dice remarcando su apellido- Agradecimientos aceptados y lamento haber impulsados tus fantasías… Los otros ya llegaron, avancemos.- y enfila el caballo hacia el camino sin mirar atrás.
A medida que se descienden el empinado camino, notan que Aguasviejas no es el pequeño villorrio que imaginaban. Es un pueblo grande rodeado de un murallón de piedra con torreones y un muelle de pescadores en donde el colorido de las embarcaciones contrasta con las nubes grises que cubren el sol. El viento trae el olor salino del mar mezclado con el de la leña y ya divisan tenues hilos de humo de las muchas chimeneas.
Edris les hace una señal y cambian de lugares. Theo en el pescante, Draco a caballo y las dos chicas en la carreta a la que deciden quitar el hechizo para volverla a su peso normal. Draco se adelanta y la carreta rueda detrás con un suave bamboleo.
Charlie y Edris entraran a pie y acuerdan acampar fuera del muro, cerca de las chozas de los pescadores junto a la playa, para aminorar el riesgo improbable de ser reconocidos.
El sol ya estaba alto cuando por fin cruzan las puertas de ciudad, atrayendo la curiosidad de un grupo de mendigos situados junto a la puerta a los que Draco arroja unas cuantas monedas de poco valor para sacárselos de encima.
Al entrar les golpea de lleno la característica del poblado que les hace arriscar la nariz. El fuerte olor del pescado puesto a salar, se mezcla con el de un rebaño de cabras que ramonea la escasa hierba vigilada por unos niños de caras sucias y voces agudas.
Un grupo de mujeres conversa arrimadas a un pozo a la espera de llenar odres con agua, mas allá algunos vendedores vocean su mercadería. Los ojos de Hermione saltan de un lugar a otro recolectando las escenas de la vida cotidiana, que solo conoce por libros de historia. En la plaza, en medio del pueblo, se encuentran con un gentío que no los deja avanzar. Unos músicos ambulantes han armado una tarima y están representando lo que parece una obra teatral.
Hay dos personas sobre la tarima, un jorobado con una gruesa mata de pelo en la espalda y enormes orejas colgantes toca un tambor mientras una mujer joven semidesnuda baila una danza grotesca frente a un enorme caldero. La música cambia y aparece un hombre en escena, maquillado con horribles pústulas y un par de cuernos saliendo de su frente, toca una melodía altisonante con una flauta mientras arrastra una fila de marionetas de paja, caracterizadas como niños, atadas a su cintura, mientras el continua dando saltos al ritmo de la flauta. Da una vuelta alrededor del público, hasta llegar junto a la pareja que ha permanecido quieta en el escenario. Hace un ademan y los tres se abalanzan sobre los muñecos destrozándolos con las manos y a mordidas, mientras lanzan los pedazos dentro del caldero. Cuando terminan hacen una reverencia al público y desaparecen de escena, en medio del silencio y las caras horrorizadas de todos los aldeanos, para dar paso a un hombre alto y corpulento, con una corta barba negra y un largo pergamino en la mano.
Theo se voltea para dar una mirada divertida a las chicas, pero Hermione tiene una expresión de profunda preocupación en su rostro que lo sorprende.
"Y así fue como sucedió" la voz cavernosa del hombre en escena los sobresalta "La malvada bruja y su esbirro, invocando poderes demoniacos, logro evadir la férrea vigilancia de nuestro bien amado señor, el noble Cearo y ensaño toda su maldad en contra de seis criaturas inocentes que tenían la desdicha de ser huérfanos y estaban sanos y salvos, tratados con dulzura de padre en la casa de nuestro respetado protector." El hombre hizo una pausa para acallar los murmullos de horror que se elevan desde el público. "Invocando a su patrono, el mismísimo Satán, la bruja y sus esclavos tenebrosos, interpretaron una melodía diabólica y bailando con impudicia, hechizaron a los pobladores, que no pudieron hacer nada para defender a las inocentes criaturas, que terminaron siendo muertas y devoradas para invocar quien sabe que males sobre esta tierra." A medida que los murmullos subían de volumen, Luna se arrima a Hermione y Theo, pálido como papel, se da cuenta que el relato hace directa mención a ellos. El hombre alza los brazos para acallar a todos "Pero eso no es todo. Viendo que la iniquidad cundía, el pueblo fue purificado a fuego encontrándose numerosos artilugios de artes macabras, dando cuenta que la semilla ponzoñosa plantada por esa bruja había arraigado y estaba comenzando a dar frutos" El hombre sonríe y levanta las manos en gesto teatral "Pero no todo son malas noticias. Cearo, nuestro protector, ha reubicado a las familias piadosas y temerosas de Dios, en tierras fértiles para que continúen con una vida piadosa de trabajo y religiosidad. En cuanto a la bruja y sus esclavo…"El hombre hace una pausa hasta asegurar la atención de todos. "Todos fueron nuevamente capturados. La bruja, haciendo mofa de la justicia, mato a sus propios sirvientes para evitar ser delatada." Hizo una pausa para escuchar las expresiones de horror del público "Es por eso que nuestro protector, el noble Cearo, considerando las innumerables fechorías que ha cometido esta despiadada mujer y como muestra de su lucha constante contra las artes diabólicas ha ordenado la ejecución pública mediante la purificación por fuego de la bruja confesa Bricia. Ajusticiamiento que se ejecutara hoy a la puesta del sol para que todas las alimañas demoniacas que habitan la oscuridad sean testigos del suplicio de la carne y la condenación eterna de su alma" El hombre calla y muestra el pergamino al público para que todos vean el sello de Cearo.
Draco espolea su caballo "Salgamos de aquí. Cambio de planes" y obliga a Theo a maniobrar el carruaje hasta salir del pueblo por el camino contario al que entraron.
Pasan por frente de la torre de Cearo, que se yergue como una fea mole cuadrada construida en piedra negra de cara al acantilado. Al pie de la torre logran distinguir unas pequeñas troneras en forma de media luna, cerradas con barrotes oxidados, demasiado oscuras para poder distinguir nada más.
- Esas deben ser las mazmorras- susurra Theo.
- Sigue avanzando, no mires fijamente. Tenemos que salir de aquí y encontrar a Weasley.- Draco mira nervioso a su alrededor, el carro y su vestimenta están llamando la atención de la gente- ¡mierda! Hay guardias en la salida.
Draco se adelanta y con su actitud más altanera se detiene frente a dos hombres armados con lanzas, aportados en el portón que separa el pueblo de la caleta de pescadores. Sin desmontar, se acerca a hablar con ellos.
- Salud. Vaya uno de ustedes a informar a Cearo que Eldric de la casa Rohesia ha llegado y requiere presentarse ante él.
Los ocupantes del carro no movían un pelo, mientras Draco parlamentaba. Lo vieron arrojar un par de monedas a los hombres y hacerle señas para que lo siguieran hacia la salida del pueblo.
Todos van en completo silencio, pues a esa hora de la mañana el camino está bastante concurrido con mercaderes que entran y salen del pueblo, pastores que arrean su ganado y granjeros que conducen mulas cargadas con sacos de trigo que los miran con curiosidad.
Cuando se han alejado del pueblo, un monje sale al camino y se sube rápidamente a la carreta.
Draco hace una señal a Theo para que conduzca a campo traviesa hasta llegar a un grupo de arboles que los ayuda a camuflarse.
- Salvio Hexia… Cave Inimicum… Repelo muggletum….- Hermione de un salto baja del carro y rápidamente inicia una retahíla de hechizos protectores a su alrededor.- Partis temporus…
Draco desmonta rápidamente y se acerca al grupo mientras un gran lobo de ojos amarillos hace su aparición desde atrás unos arbustos.
- Cearo no está en el pueblo. Los guardias dicen que volverá a la hora nona para preparar la ejecución- Draco los mira desconcertado- ¿Alguien sabe cuándo es eso?
- Las tres de la tarde más o menos- Hermione esta pálida y unas arruga le marca el entrecejo- Vísperas es las seis de la tarde.
- Luna, ¿cuánto tiempo nos queda?- Theo la urge mientras Luna dibuja un circulo en la tierra para marcar la posición del sol.
- Por lo menos unas ocho horas de luz, dijo que lo harán al anochecer.- Luna esta pálida y tiene los ojos llorosos y se estruja las manos hasta hacerlas enrojecer - No vamos a dejar que la maten, ¿verdad?
- Claro que no Luna… - Theo le da unas torpes palmaditas en el brazo mientras mira al resto con rostro desencajado.- ¿ Verdad que no?
Es casi mediodía cuando el carromato vuelve a entrar al pueblo y enfila decididamente a su destino.
El rubio noble se dirige decididamente a los guardias apostados a la entrada de la torre y desmonta de su caballo con elegancia.
-Avisad a vuestro amo que Eldric de Rohesia ha llegado, acompañado de la Dama Diot y el monje Abelardo. Traed un par de sirvientes para bajar los baúles y lleven mis animales a la caballeriza.- Draco dio las órdenes sin titubear- y ayudad a las damas a descender.
Los hombres, acostumbrados a recibir órdenes, obedecen sin chistar. Mientras Theo y Hermione, en su papel de fieles sirvientes ayudan a descender a Luna y al "muy pío padre Abelardo"que se apoya en un cayado para mitigar su pronunciada cojera.
Al cruzar el umbral del portón que conduce a la torre, se encuentran con un enorme salón rodeado de columna cuadradas y estrechas ventanas ojivales, el techo casi no se divisa pues los braseros distribuidos por el lugar no dan suficiente luz, dejando todo en una semipenumbra que inquieta a los jóvenes. El piso, construido de losas de piedra, pone eco a sus pasos mientras se adentran en la hostil estancia.
Nadie sale a recibirlos por lo que se quedan quietos en el centro del lugar, esperando algún indicio de vida en el silencio opresor que les rodea. De pronto un rumor de pasos se escucha a sus espaldas y aparece un hombre muy viejo y encorvado, vestido con una larga túnica negra y un chaleco de piel de oveja. De su calva cuelgan unos pocos mechones blancos y sus ojos, rodeados de arrugas y con grandes bolsas, se ven empañados por las cataratas.
- Mi amo no se encuentra en casa- la voz del viejo era casi un silbido y sus pocos dientes se movían al hablar lo que provoco un inicio de risa nerviosa a Theo, el que fue rápidamente sofocado ante la mirada de sospecha en los ojos legañosos del hombre- ¿Quiénes sois y de donde venís sin anunciaros?
- Mi nombre es Eldric de la casa Rohesia, venimos del sur de Wessex en misión piadosa. Traemos presentes para vuestro amo y una propuesta solo para sus oídos.- Draco mira al viejo con una mueca altanera para remarcar su estatus- me acompañan el hermano Abelardo de Muns, mi purísima y noble hermana, la dama Diot, su dama de compañía Lady Aldith, y mi sirviente Calvino… Y ya que hemos satisfecho vuestra curiosidad os agradecería que rindierais honores a la hospitalidad de esta casa mientras esperamos a vuestro amo.
"Confundus" el susurro apenas audible se desliza desde los labios de Hermione, el hombre abre la boca y hace una reverencia. A señas le indica a los sirvientes que suban los baúles al piso superior mientras con voz cascada les dice "Venid conmigo, os serviré algo de comida y vino en lo que llega mi amo". Les guía a través del espacio en penumbras hasta una larga mesa a un costado del salón, cerca de la única chimenea prendida. Con una vara enciende una a una las antorchas empotradas en la pared, lo que les permite ver un poco mejor el lugar en que se encuentran. Da un par de palmadas y una joven sirvienta aparece portando una jarra de vino y varias copas, seguida de un hombre que trae una bandeja de pan y queso.
Las chicas se sientan a la mesa con la mirada baja en señal de modestia y junto a ellas se ubican el padre Abelardo y el falso Eldric. Theo casi da un traspiés al hacer ademan de sentarse junto a ellos pero a una mirada de advertencia de Draco, sigue a los sirvientes en dirección a las cocinas.
No han alcanzado a probar bocado cuando una serie de ladridos y el sonido del pesado portón anuncian la llegada de Cearo en persona, que entra rápidamente seguido de tres mastines flacos y bulliciosos.
-Amo…Os está esperando el noble Eldric enviado por el rey de Wessex- el viejo se esforzaba por seguir los pasos de Cearo mientras cruzaba a zancadas la estancia hasta llegar a la mesa en que los jóvenes lo esperan mientras los perros se arremolinan a su alrededor y les gruñen enseñando los colmillos.
Cearo da un golpe con el arco en el suelo y los perros obedecen a su llamado echándose junto al fuego.
- Mi nombre es Cearo, señor de estas tierras. ¿A qué debo vuestra presencia en mi casa y en mi ausencia?- la voz de Cearo carece de emoción mientras los observa apretando sus delgados labios.
- Perdonad señor pero venimos de un largo viaje….- Luna enmudece súbitamente cuando es atravesada por la mirada gélida del hombre.
- Tenéis que venir de un lugar muy lejano si se permite que las mujeres interrumpan la conversación de los señores.- los ojos de Cearo brillan como carbones encendidos y sus labios se aprietan un poco más.
- Disculpad a mi hermana. Para ella el motivo de este viaje es la mayor emoción pues significa fortalecer la cristiandad frente al ataque de hordas paganas. Me presento ante vos y estas son mis credenciales.- Draco le extiende un pergamino, cuidadosamente confeccionado por Hermione, con el sello real. Cearo lo estudia en silencio mientras todos esperan expectantes su reacción.- Y esto es un presente de su majestad anticipando el valor de vuestros servicios.
Los ojos del hombre se agrandan cuando recibe el grueso anillo de oro con un zafiro engastado que fácilmente puede cubrir la falange de un dedo.
- Por supuesto que podéis fundar un convento en mis tierras y agradezco el generoso acuerdo al que llegaremos… a su debido tiempo. – Cearo les mostro su sonrisa lobuna de dientes amarillos, que resulta más intimidante que su fría mirada- y si el hermano Abelardo pudiese darme los detalles…
- Me temo que el hermano no puede responderos pues tomo voto de silencio. Pero lady Aldith puede ser vuestra interprete- Draco señalo a Hermione a lo que esta respondió con un modesto movimiento de cabeza- siendo novicia tiene el permiso de sus superiores.
- Su señoría si me permitís explicaros- Hermione ha hablado casi en un susurro sin levantar los ojos- el hermano Abelardo trae todo por escrito para que vos lo estudiéis con calma. Aquí están los folios con el sello de monseñor, el obispo.
Hermione le acerca un sobre hecho de cuero que Cearo recibe con una mueca y examina cuidadosamente. Se ve impresionado con el sello del pergamino el que acaricia suavemente con el dedo índice antes de guardarlo mientras sus ojos brillan de codicia. Por la expresión de su cara casi es posible adivinar las fantasías de poder que empiezan a tomar forma en su mente.
- Mi señor, hay una cosa más que interesa al hermano Abelardo- Hermione titubea pues siente el corazón martillándole el pecho. Es la parte crucial del plan y teme que Cearo aun no este del todo convencido- el hermano Abelardo se ha enterado de la existencia de una… bruja. Y solicita le permitáis interrogarla antes de su purificación para intentar darle el consuelo de la confesión.
Cearo permanece en silencio, cavilando. Su rostro resulta aun más cadavérico a la luz danzante de las llamas que se reflejan en sus pupilas negras. Los chicos están tensos, dependen de su respuesta y se reprimen salvajemente para evitar que el hombre se dé cuenta de la ansiedad que los embarga.
No veo la razón de negar una última posibilidad de arrepentimiento a esa pobre desdichada, pero mucho me temo que no podre acompañaros pues debo preparar todo para esta noche, pero daré la orden al carcelero para que os deje pasar. - el hombre desliza su lengua reseca por los labios como anticipando el placer que le proporcionara quemar a la mujer en la hoguer. De pronto capta una fugaz visión del rostro de Hermione- ¿No nos hemos visto antes Lady Aldith? Vuestros ojos me son familiares… debo confesaros que tengo una particularidad… un don, si queréis llamarlo así. – Cearo lentamente se acerca a Hermione, con estudiada suavidad levanta su barbilla para mirarla a la cara y su voz se vuelve amenazante- Como sabéis, los rostros pueden enmascararse e incluso mutar con el paso del tiempo, pero los ojos nunca cambian y puedo reconocer a cualquiera solo mirando sus pupilas…
Hermione estaba paralizada bajo el escrutinio de Cearo, como un pájaro bajo la mirada de una cobra, sin atreverse siquiera a desviar la vista. Finalmente el hombre la soltó despreocupadamente e hizo una seña al viejo sirviente.
- Es un don, pero no infalible. Estaba equivocado, quizás vuestros ojos solo me recuerdan a alguien.- y dirigiéndose al sirviente- Romo os enseñara vuestros aposentos. Os sugiero que descanséis un poco. Y hermano Abelardo, podéis bajar cuando lo estiméis prudente.
